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Luxia [Contactar]

Nick: Luxia [Contactar]
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Historias por Luxia

Nada nuevo. New! Por Luxia

Clasificación: Mayores de edad • 0 Comentarios
Resumen:

He decidido hacer un especial de one short. Cada capitulo tendrá una historia nueva y diferente que comienza y termina. Ninguna tendrá continuación... a menos que tenga muchos votos. Espero que lo disfruten!


Descubriendo nuestro futuro New! Por Luxia

Clasificación: Solo Mayores de Edad • 4 Comentarios
Resumen:

Prólogo: El culpable es Vegeta…



    Sentado en el suelo,dentro de aquella habitación en la oscuridad veía por la ventana hacia la calle.Poco a poco la ciudad se estaba recuperando de las ruinas y la poca gente que había sobrevivido a aquel trágico destino,estaban recuperando su vida,la que había sido perturbada cruelmente por el último enemigo que los asecho.

    Pero él no,él no tenía ninguna vida.En su mano derecha sostenía una vieja fotografía que tanto había guardado con cariño,pues en ella se podía ver una joven madura de cabello y ojos azules,con mirada triste y perdida.La fotografia la había tomado el hace ya algunos años,había sorprendido a la mujer pues a ella no le gustaban las fotos.Pero el sin pedir permiso,tomó una vieja cámara y apunto hacia esa mujer que le había dado la vida y tanto amaba.La mujer se ruborizo al darse cuenta y antes de decir nada,sonrió a su pequeño hijo.

    El no podía más que sonreír a ese recuerdo,pero las lágrimas huyeron cobardemente de su rostro y salieron sin permiso.Apoyó la fotografía sobre su pecho y con un susurro mudo dejó salir la palabra “madre…”

    Dejó aquel retrato y tomó la siguiente fotografía,allí se veía una mujer más joven de cabello largo de color negro y unos ojos llenos de energía del mismo color.Toco con su dedo índice su rostro y con más dolor apoyo el mismo dedo sobre el abultado vientre de la joven que se reflejaba en la foto.

    Con dolor cerró sus ojos y trató de inventar en su mente los rostros de aquellos dos niños que no llegó a conocer,pues la mujer que más amaba descubrió la muerte llevando a sus hijos con ella y sin darle tiempo de visualizar sus dos pequeños milagros que crecían dentro de ella.

    El hombre dejó ambas fotografías en el suelo con dolor.Pues se había prometido dejar de torturarse de esa manera,pero no podía,no podía encontrar paz.Morir no era sencillo,él era un saiyajin y el suicidio ni siquiera estaba en poder concretarse.

    Abrió sus ojos llenos de odio,pues no existía otro sentimiento en ese corazón,Odio,rencor,ira!.Era lo único que podía sentir.

    Se puso de pie rápidamente y tomó la decisión más abrupta que existiera,él dejaría de existir y ya había encontrado una solución para eso.

    Miró hacía la ventana y salió volando hacía el olvidado y destruido laboratorio donde ella permanecía por horas,cuando estaba viva.Era el momento,llegó la hora de su fin.

    Terminaría con su dolor y su pena,terminaría con el culpable de todo lo malo que le había pasado,terminaría con Vegeta de una vez por todas.

    Entró al viejo laboratorio,y a lo lejos vio una máquina cubierta de una manta blanca llena de tierra,como pudo se las ingenio para cargar la batería que aunque estaba vieja,aún funcionaba.

    Se acercó a un escritorio y abrió uno de los cajones.Algo llamó su atención,pues había una caja de color rojo,unos planos y una pequeña botellita de medicinas.

    Al instante se dio cuenta de todo lo que aquello era.Espero tres horas mientras entrenaba duramente.tres hora serían suficientes,una vez que la máquina hizo un pitido suave,se dio cuenta que ya estaba lista.Tomó las cosas que encontró en el viejo cajón,tomó su vieja espada que también yacía en otro de los largos cajones del escritorio,se despojó de su chaqueta y subió rápido a la máquina y puso las coordenadas de su destino.

    La máquina se encendió y con ella,el corazón del último saiyajin.El último día de su vida…


Loca Traición New! Por Luxia

Clasificación: Mayores de edad • 0 Comentarios
Resumen:

Prólogo: Te contaré una historia...

 

 

Año 755, En algún rincón del planeta Vejita.



Hacia aquella celda oscura y fría se dirigía. Aún no entendía como era posible que un hombre como él, que había dedicado su vida completa a Dios, estaba en un lugar asi.

Había llegado tan solo hace dos horas a aquel planeta y ya sentía el olor a sangre y muerte recorrer el tétrico ambiente.

Al bajar de su nave fue directo a la cárcel, en donde habían solicitado su presencia. Pues sabía que aquella humana era muy especial y que aunque aquel era su último día de vida aún la complacian en todo.

Era ilógico saber como una bella y joven mujer podía llegar a tanto. De verdad había puesto patas para arriba aquel planeta, cuya reputacion era intachable y temida por todo el universo.

Una simple mujer había logrado sacudir a todo habitante no solo de allí si no que en toda la galaxia en donde conocían su nombre o mejor dicho, su apodo.

El sacerdote joven, de unos veinte años caminó escaleras arriba apenas entró al sitio. Unos pasillos silenciosos y perturbadores hacían su vista, despacio atravesó un oscuro pasillo al dejar atrás las enormes escaleras, en donde una ventana cada treinta metros hacía aparición. Las antorchas encendidas alumbraban el lugar que estaba construido de piedras y acero. El sitio era silencioso, pues solo las almas en pena vagaban por allí.

Se acercó a una de las ventanas mientras esperaba a ser llamado por uno de los guardias y vio como preparaban aquel lugar en donde le iban a dar muerte al fin a aquella mujer que tanto daño le había causado no solo al planeta entero, si no al mismo rey de la raza más poderosa de todas, con su traición.

El padre Isaías tembló al ver como estaban preparando un escenario macabro para decapitar cabezas, una guillotina que probaban con frutas, un artefacto un tanto primitivo, pero muy eficaz, lo levantaban y cuando bajaba rompia todo a su paso con su espeluznante filo. Tembló al pensar en el cuello de alguien siendo atravesado por aquella navaja.

El joven volteo la mirada, simplemente no comprendía como había culturas que aún condenaban a muerte a los traidores o los indignos. El no estaba de acuerdo con aquellos castigos, él era un hombre de dios, y su señor imponía el perdón y justicia divina, no podían tomar ajustes por mano propia, eso era pecado. Pero, sabía que no podía hacer nada, así era en aquel planeta y él debía abstenerse a comentar algo inadecuado o sabía que las pagaria caro.

Abrió sus ojos despacio y vio como el guardián del lugar le hacía señas para que se acerque. Camino hasta el final del pasillo y pudo ver frente a él una inmensa roca que cubría una especie de cueva. El soldado lo miró un segundo esperando que esté en posición y rápido abrió una especie de puerta de piedra enorme y muy pesada. El cura no pudo evitar pensar que la persona que estaba dentro la consideraban muy peligrosa, de otra manera la seguridad de su prisión no sería tan grande.

Despacio se acercó y entró al lugar, miró al guardia y con una sonrisa preocupada asintió con la cabeza. El guerrero lo miró y quedó serio.

-Solo tienen hasta el amancer… Lo vendré a buscar al alba.

Isaías, el cura rubio de ojos azules, bajó de estatura pero muy fornido solo asintió con la cabeza.

Vio al guerrero marcharse y cerrar detrás de él la enorme puerta parecida a una gigantesca roca.

Se dio la vuelta y buscó con la mirada aquella que lo había solicitado. Frente a una ventana, hecha de piedras también y cerrada con barrotes de hierro muy gruesos se encontraba una mujer.

La primera reacción de Isaías fue de sorpresa, increible que una criatura tan bella y joven pudiera tener la reputación que tenía. Luego pensó en la paz que tenían sus ojos. La joven parecía rendida, pero tranquila, esperaba su muerte y no demostraba aflicción por eso.

La chica se dio la vuelta y miró al sacerdote. Le sonrió con sinceridad y se giro para que la pudiera ver. Isaías vio sus ojos azules hermosos, brillantes y grandes, unos labios de color rosa, que a pesar de no ser muy gruesos, demostraban una grande y sincera sonrisa. Viajó por su rostro y contempló los pómulos altos y marcados de la joven, a pesar de estar a punto de morir, no tenía ojeras, y su piel estaba lisa y preciosa.

-Usted es el cura que pedi?. -Dijo la chica con calma.

Isaías asintió en silencio y siguió estudiandola, mientras veía como la mujer volvió a mirar por la ventana.

Su cabello era largo, hasta la cintura y de un hermoso color azul, su cuerpo estaba cubierto por una especie de túnica blanca y tenía un pañuelo de color rojo que envolvía su mano.

-Ven, acercate. Te juro que no muerdo.

Isaías sonrió ante el comentario. Despacio se acercó y tomó asiento en la litera del lugar que tenía como cama. Miró a su alrededor, la mujer a pesar de estar en prisión y vivir sus últimos días de vida, estaba como una reina.

En el lugar había ropa hermosa, comida de sobra, una ducha improvisada que cubría una fina cortina, junto a está un inodoro que se escondia detras de unas paredes de piedra muy privada, con una pequeña puerta como si fuera un cubículo y una cama pequeña pero comoda con colchón y almohada. El sacerdote miró sorprendido. Parecía más una habitación de la nobleza confortante en vez de una cárcel.

La chica se dio la vuelta y sonrió al verlo.

-Sabes, a veces me viene a ver y según él necesita sus comodidades aunque sea una cárcel…

-Como?. -El cura la miró sorprendido, no entendio a lo que se refería.

La chica negó con la cabeza y no dijo nada. Seguia mirando por la ventana y contemplaba aquella guillotina que la enviara con su familia en tan solo unas horas.

-Como se llama, padre?

El cura la miró y despacio respondió.

-Williams Isaías 2do. Pero tu puedes decirme solo padre Isaías. Soy del planeta Tierra,como tu.

La chica se dio la vuelta y se sorprendió ante esa declaracion.

-El planeta Tierra fue destruido hace cinco años…. Como sobrevisite?.

-Mi madre era una bruja de la Tierra, yo nací allí. Ella, mi hermana y yo nos escapamos antes de que lleguen los saiyajines. Mi madre tuvo una visión y nos sacó antes. Mi padre era un weins de Cuy, cazador de brujas, nos recibió en su planeta Cuy. Desde hace cinco años vivimos allí, con mi hermana menor.

La joven sonrió por el irónico romance de los padres del cura y se acercó despacio.

-Pues eres más parecido a los de nuestra raza que aún weins.

-En realidad los weins no son tan distintos a nosotros. Tienen el mismo aspecto, solo que llevan orejas puntiagudas, colmillos en toda la mandíbula y sus ojos no tienen pupilas… Creo que es una ventaja tener la genetica de mi madre.

-Eso es bueno, así no asustarias a la gente. Cuánto hace que eres sacerdote?.

-Bueno, mi madre era una bruja blanca y amaba a Dios, me ha enseñado las escritura desde niño, digamos que siempre quise ser cura.

-Que bien. Entonces puedo confiar en usted?

-Por supuesto. -El hombre sonrió. -Tu eres aquella que todos llaman “demonio azul”?...

-Así que ese es mi nombre ahora?... vaya, suena profundo y nefasto, pero poco original.

El cura la vio acercarse nuevamente a la ventana.

-Cuantos años tienes?, perdón, es que te vez realmente joven.

-Tengo 22 años. y Usted?

- 20 años terrícolas, 10 lunas Cuy… -La chica volvió su vista al exterior de la cárcel. El sacerdote la miró. - Bien, supongo que quieres confesar tus pecados?. -El hombre fue directo al grano, su curiosidad lo estaba matando, necesitaba saber más de esa chica.

-Los míos no, quiero confesar los pecados de Bulma Brief…

-Y quien es Bulma Brief?

La peli azul se dio la vuelta lo miró un rato en silencio y miró de nuevo por la ventana con un brillo extraño en sus ojos. Sonrió.

-La mujer más bella, inteligente y estúpida de todo el universo… una maldita loca que destruyo mi vida…. -La mujer se dio la vuelta y miró los ojos del cura. -Ven, acercate hay una historia que te quiero contar….