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El portador de la oscuridad por Mega

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El humo grisáceo proveniente de un cigarrillo encendido inundaba la limusina. Lo sostenía un hombre moreno de cabello castaño, rizado y corto, que iba dando caladas al mismo de tanto en tanto.

-¡Joseph, te he dicho mil veces que no fumes en el coche, apesta! -se quejó la mujer que tenía a su lado.

-Silencio -ordenó la persona que tenían en frente.

Era un chico de pelo negro, corto y echado hacia atrás con gomina. Su piel era muy pálida, más de lo normal, como si llevase años sin que le diese la luz del sol. Vestía una camisa de seda y pantalones y zapatos blancos, que parecían ser bastante caros.

Pero lo más llamativo del joven era su rostro. Su expresión era fría y amenazadora, y sus ojos verdes, pequeños y afilados, se clavaban en el rostro del hombre como cuchillas.

-Siento mucho haberte interrumpido, Shiro... -dijo la mujer.

Él, por otro lado, apagó el cigarro en el cenicero que había en el asiento.

-Claire, Joseph -dijo el joven con seriedad-, ¿os habéis enterado del plan, no?

-Más o menos -respondió el hombre-. ¿Por qué ese chico es tan importante? Sé que es un portador, pero llegar a estos extremos...

-Eso no te incumbe. No podemos dejar que el Sector Delta lo encuentre, si lo hace...

-Será el fin -continuó otro hombre, el cual estaba sentado en una de las esquinas de la limusina, alejado del resto.

Vestía una sudadera azul, pantalón corto blanco... pero lo que tenía de peculiar era que toda su piel estaba vendada, dejando apenas sus ojos al descubierto.

-Así es -confirmó el líder-. Recordad que nadie puede enterarse de esto, y mucho menos mi padre, si se entera estaremos acabados.

Todos los que estaban allí reunidos asintieron con complicidad. Sabían perfectamente lo que estaba en juego y lo que tenían que hacer para ganar. Pero aún así... no sería sencillo.

 

 

Una ligera voz resonaba en la oscuridad. Apenas podía escucharse, parecía estar a mucha distancia...

-¡Kuro!

Hubo un temblor. La voz resonó de nuevo, esta vez más clara.

-¡Despierta, hostia!

Cuando abrió los ojos, Kuro vio a un chico rubio zarandeándole. Era fuerte y alto, con el pelo de punta y unos ojos azules que brillaban con luz propia. Vestía con el uniforme de la escuela, el cual consistía en un jersey rojo, camisa blanca y pantalones negros.

-¿Qué quieres, Derek? -preguntó aún adormecido.

-Te quedaste dormido. La clase terminó hace cinco minutos -explicó.

-Lo siento... últimamente casi no duermo.

-¿Te pasas la noche pensando en ya-sabes-quién o qué?

El muchacho se sonrojó al escucharle y se levantó sobresaltado.

-¡C-claro que no, deja de molestarme con eso!

Tras soltar una carcajada, Derek salió del aula y le indicó que le siguiese. Como todos los días fueron a las escaleras que llevaban a la azotea, donde permanecieron durante todo el recreo.

Generalmente no pasaba mucha gente por ahí. Derek tenía mala reputación, incluso había repetido dos cursos, y la gente no quería relacionarse con él. Kuro, a diferencia de él, simplemente no se relacionaba con casi nadie y tendía a responder a todo con monosílabos. Con los únicos con los que no se comportaba de esa forma tan desagradable era con Derek y Asuka. Y ella no solía dirigirle la palabra, era bastante popular.

-¿Entonces cuándo te declararás? -preguntó el rubio de pronto con cierto sarcasmo.

-No digas tonterías -respondió él sin darle mucha importancia-. Ella es guapa, no perdería el tiempo conmigo.

-En eso te doy la razón. ¿Pero y si te ama en secreto y no te dice nada por vergüenza?

-¿Qué clase de películas ves tú?

Lo cierto era que Kuro tenía razón. Asuka era una chica bastante atractiva, de pelo castaño claro y hermosos ojos marrones. Participaba en numerosas actividades y era amable con todo el mundo...

Y él era un chaval paliducho de pelo negro y ojos oscuros. Su mirada era sombría y tenía unas ojeras enormes por dormir poco. Además, si la antipatía tuviese forma humana, probablemente tendría su rostro.

Unos minutos después sonó la campana y ambos volvieron a clase. Las horas siguientes transcurrieron con total normalidad, no hubo nada fuera de lo común.

Pero todo cambió a última hora, cuando estaban en la clase de matemáticas.

Kuro estaba ya medio dormido, no se enteraba de nada y tenía un sueño de muerte, mas de pronto un temblor sacudió el suelo.

«¡Un terremoto!» -exclamaron los estudiantes.

Pero unos segundos más tarde hubo un nuevo temblor, esta vez acompañado de una fuerte explosión desmintió esa teoría y alertó al muchacho. Se levantó rápidamente y se aproximó a la ventana, desde la cual observó algo totalmente fuera de lo común... un portador.

Más concretamente era una profesora de la escuela, la cual se encontraba de pie sobre el patio sujetando un trozo de tierra de gran tamaño con una sola mano. Aunque desde esa distancia no podía verla bien, se dió cuenta rápidamente de que estaba toalmente fuera de sí

Derek también se acercó a la ventana para observar la escena. Estaba mucho más serio de lo normal y pareció caerle una gota de sudor al ver el panorama.

-¿Qué hacemos? -murmuró.

-Esperar a los soldados del Sector -contestó en voz baja-. Si es un grado 5 no podemos hacer nada. Además...

Kuro echó un vistazo al resto de su clase. No podrían salir de allí sin ser vistos, y eso sería un gran problema.

-Odio quedarme de brazos cruzados...

-Lo sé, Derek. Por eso usaste tu poder para salvar a ese chico... pero esto es diferente. Está fuera de control y hay testigos, no podría encubrirte mucho tiempo.

Derek apretó con fuerza sus puños, impotente. Sabía perfectamente que los portadores, como él mismo, estaban en busca y captura. Que Kuro supiese su secreto ya era un peligro, pero sa conocían desde hace años y podía confiar en él.

Aún así quería lanzarse a pelear. Si esa profesora era una portadora y se había descontrolado no dejaría de atacar hasta reducir el instituto a cenizas...

Pero antes de que ella pudiese lanzar el trozo de cemento y tierra que acababa de recoger, algo la frenó.

Se trataba de un chico joven pelirrojo que vestía la ropa de educación física.

-¿Qué hace Akaru ahí? -exclamó el rubio al verlo.

-¿Ese no es el de la clase de al lado?

-Sí... es bastante bueno en los deportes, pero...

La profesora, llena de furia, se abalanzó sobre él a gran velocidad. Mas cuando estaba a punto de alcanzarle... desapareció.

No tardó ni un segundo en volver a aparecer a un par de metros de distancia, como si se hubiese teletransportado.

Tanto Kuro como Derek se quedaron anonadados al verlo. «Un portador...», pensaron los dos al verlo. No se estaba cubriendo el rostro ni trataba de ocultar su identidad, lo que les hacía preguntarse hasta qué punto era consciente de la situación en la que estaba.

La mujer trató de golpearlo de nuevo, mas esta vez apareció en su espalda y le asestó tres puñetazos en el vientre antes de retroceder con un salto. No le había hecho nada. Aquella mujer era verdaderamente resistente, usar sus puño no serviría de nada.

Al verlo pelear Derek salió corriendo de clase. Kuro, al ver que estaban conentrados en el combate, decidió ir detrás suya. Lo conocía lo suficiente como para saber que pretendía ir a ayudarle.

Akaru esquivó con su poder de teletransportación los continuos ataque que la portadora trataba de asestarle. No era especialmente difícil para él, pero cada vez que la golpeaba observaba que no era capaz de hacerle ni un rasguño.

-Es resistente... -murmuró jadeando por el esfuerzo-. Si tuviese su fuerza podría vencerla, pero así...

El pelirrojo sintió un ligero mareo y notó como un líquido bajaba por su nariz hasta sus labios. «Sangre», pensó. Había usado su poder demasiadas veces, por mucho que fuese un portador eso siempre acarrea consecuencias. Otro intento de golpe hizo que usase la transportación nuevamente y se alejase más de ella, tratando de detener la pelea.

Sabía perfectamente que si seguía superaría su límite... y eso no era nada bueno. Podía terminar descontrolándose, al igual que ella, o terminar llegando a su grado 5.

Derek estaba ya en el hall. Por suerte no había conserges cerca, debían estar en alguno de los lugares que habían sido dañados, por lo que Kuro, que corría detrás suya, no tendría que medir sus palabras.

-¡Espera! -exclamó-. ¿Te das cuenta de que si le ayudas el Sector te perseguirá?

-Sí, pero... ¡si no lo ayudo terminará muerto!

-Y si lo ayudas tú también. Te matarán o te usarán para sus experimentos, lo sabes.

El rubio agachó un momento la cabeza. Sabía a lo que se arriesgaba, incluso podía perder contra aquella portadora. Al fin y al cabo no estaba totalmente acostumbrado a usar sus poderes y sabía que Kuro no tenía ninguno.

Mas en ese momento se escuchó un gran golpe y ambos decidieron salir al exterior para ver qué ocurría. Temían que hubiese sucedido lo peor y Akaru hubiese muerto, pero al llegar vieron a la desbocada profesora tumbada en el suelo.

Frente a ella estaba Misa, una chica de cabello rubio bastante popular de un curso mayor que ellos. En sus manos sujetaba una especie de canica metálica de la cual salían chispas, y junto al cuerpo de la portadora había otras tres.

-¡Vámonos, los del Sector tienen que estar al caer! -exclamó a la vez que agarraba la mano de Akaru.

Los dos salieron corriendo hacia la puerta principal con ella ayudándole a caminar debido a su cansancio, y pronto se perdieron entre las numerosas calles de la ciudad. Como esperaban, los soldados del Sector Delta, armados hasta los dientes con armas anti-portador, llegaron unos minutos más tarde. Esposaron a la profesora y la metieron en un limusina negra.

Esa fue la última vez que alguien la vió.

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