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Omega por Kala1411

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Se equivocó la paloma,

se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur,

creyó que el trigo era agua.

Creyó que el mar era cielo,

que la noche, mañana.”

 

-Es un poema de un escritor español, Rafael Alberti –dijo Fudo a las afueras del centro veterinario.

Ashton abrió su mapa y empezó a analizarlo. Se habían sentado en el césped, a la sombra del edificio, mientras comían algunas barritas energéticas.

-Veamos, nosotros estamos en la zona este del campus en este momento, el edificio de Ciencias de la Salud estaba en la parte oeste.

-¿Dónde estaba la mansión de la fraternidad? –Preguntó el chico.

-En la parte sudoeste del campus. Estamos casi en el centro del campus, hay casi 15 kilómetros tanto para el norte como para el sur. Creo que en esta parte deberíamos separarnos e ir cada uno a una dirección.

-Sí, ¿pero qué buscamos concretamente?

-No lo sé. A ver, analicemos detenidamente el poema. La paloma se equivocó y fue al sur, encontrando “agua”, “cielo” y “mañana”.

-¡La piscina olímpica del campus! –Exclamó Fudo.

Tras unos segundo meditando, Ashton entendió lo que su compañero quería decir.

-Bien, pues tú irás al sur, en busca de la piscina. Yo me dirigiré al norte e intentaré averiguar lo que significa la otra parte del acertijo.

-Pero con tanta distancia, los walkie talkies no funcionarán, ¿cómo sabremos quién ha encontrado la última pista?

Ella se paró a pensar un momento.

-Saca el reloj de pulsera que nos metieron en la mochila –indicó. -¿Cuánto crees que tardarás en llegar hasta el pabellón de la piscina?

-Son 15 kilómetros, así que unos… 40 minutos –respondió él avergonzado.

-Vale, yo puedo llegar al norte del campus en 15 minutos, lo que me dará tiempo para pensar en la otra parte del poema. Haremos lo siguiente: tú irás hacia el sur e intentarás encontrar la pista, si no la encuentras, dirígete hacia la mansión y espérame allí. Creo que podremos tardar una hora cada uno en nuestras respectivas zonas. El que encuentre la pista se irá directamente hacia el porche de la mansión y esperará allí al otro.

-De acuerdo –dijo Fudo.

 

 

Al ritmo al que estaba acostumbrada, Ashton se dirigió al norte, pensando en el poema. El “norte” estaba relacionado en el poema con las palabras “trigo”, “mar” y “noche”. En aquella zona del país no había una gran producción de trigo, sin embargo recordaba haber leído algo relacionado con ese cereal y la Universidad de Berkeley.

-Piensa, Ashton, piensa –se decía a sí misma.

En la parte norte del campus había cuatro edificios que marcaban el final del territorio universitario: las facultades de Ciencias Sociales, Medicina, Derecho y un pequeño centro de salud. Tuvo que pararse frente a ellos para intentar pensar con claridad.

-A ver, que sé sobre… el trigo y California… el trigo y California… el trigo y el mar… California y el mar… el trigo y la noche… -y de repente, se acordó.

Corrió hacia la facultad de Ciencias Sociales y la atravesó hasta llegar a un pequeño patio interior, y allí, rodeada de diversos árboles, encontró una placa conmemorativa.

Aquí se alza este monolito en memoria de todos los estudiantes caídos durante el incendio acaecido en la noche del 27 de mayo de 1890.

Requiestcat in Pace.”

 

Según había leído en un artículo cuando investigaba sobre aquella Universidad, y si no recordaba mal, esa noche se desató una tormenta eléctrica como nunca antes se había visto. Provocó muchos destrozos a lo largo y ancho de toda California, pero la peor parte se la llevó aquella zona, pues un relámpago tocó tierra en un campo de trigo y todo se volvió un infierno. Periódicos nacionales lo describieron como un mar de fuego y horror en el que sucumbieron las esperanzas de vida de muchos granjeros y sus familias. Pero hubo unos estudiantes y profesores de la antigua universidad que no dudaron en salir para intentar sofocar las llamas. Algunos de ellos perecieron y ni siquiera se les pudieron entregar sus restos a las familias para darles sepultura. Por ello, la Universidad decidió plantar aquellos árboles en su  memoria.

Ashton conocía esa sensación, la de ir a visitar a los muertos a tumbas vacías o a monolitos como aquel porque no se habían podido conseguir sus cuerpos. Respiró profundamente, sobrecogida por el significado de aquel lugar. Tras varios minutos, empezó a pasear por los árboles, inspeccionando sus ramas para localizar la pista. Hasta que se percató de unos ramos de flores colocados a los pies de un gran naranjo.

Las flores eran frescas, por lo que dedujo que no debían llevar allí mucho tiempo. Se agachó, apartó los ramos con cuidado y descubrió un gran cartel de madera con una frase tallada: “Mientras lees estas palabras, pregúntate por tu hermano”.

Ashton se levantó poco a poco, procesando esas palabras y lo que significaban.

Fudo estaba en peligro.

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