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Omega por Kala1411

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Capítulo 24

 

 

Aquel viernes, Ashton había accedido a ir con sus amigos a un local para ver un partido de baloncesto. Los chicos habían preferido pasar esa noche “más tranquila”, tomado cervezas y comiendo nachos en un bar mientras veían un partido de baloncesto. Pero ella no era tan ingenua para creer que solo era eso, pues había oído acerca de la gran fiesta que iban a celebrar en una hermandad. Ashton era una persona non grata a ojos de las féminas del campus (por suerte, Jessica era la excepción) y prefería evitar ir a una fiesta en la que seguramente intentarían hacerle alguna jugarreta. Sus amigos se habían percatado de su reticencia y decidieron pasar esa noche con ella.

-Entonces, ¿realmente te disfrazarás de Sally? –Mark se sentó a su lado mientras tomaba un poco de su cerveza.

-Por supuesto, ya tengo el disfraz casi terminado –ella le sonrió. –Es la primera vez que voy a pedir caramelos y estoy impaciente por que llegue la semana que viene.

Gritos de protesta llenaron el bar, al parecer el árbitro había pitado una falta inexistente.

-Jimmy también está muy ilusionado, aunque intenta disimularlo –Mark sonreía mientras pensaba en su hermano. –Por cierto, aún no te he dado las gracias por cuidar de él ese fin de semana.

Ante el aumento de los gritos, ella tuvo que hablarle al oído para cerciorarse de que él la escuchaba.

-No tienes que darlas, es un niño increíble.

Durante el descanso, los ánimos parecieron calmarse un poco, y entre risas Ashton les agradeció a todos por pasar esta noche con ella en lugar de ir a la fiesta.

-Tampoco es para tanto, Ash –dijo Jason quitándole importancia.

-Habéis renunciado a una noche de sexo por mí, ese es un detalle muy bonito.

Se pararon a pensar un momento y el desánimo por aquella revelación fue mayor que por los puntos de ventaja que tenía el equipo rival sobre el local.

-Es cierto… -reflexionó Victor. –Nos debes una muy gorda, jovencita.

Las bromas empezaron, a cada cual más picante y subida de tono, sobre cómo Ashton debía devolverles aquella noche de abstinencia.

-Puedes lavar nuestros coches en bikini –propuso Jason.

-Hace demasiado frío para eso –respondió ella riéndose.

-Yo me conformo con que te vistas de animadora y vengas a animarme al próximo partido –comentó Frank con una sonrisa boba.

-¡Buena idea, tío! –Exclamó Nick.

Las risas continuaron hasta que comenzó la siguiente parte del partido. La cerveza y el alcohol fluyeron durante toda la noche, así como las bromas y las anécdotas. Los chicos no llegaron a emborracharse como en otras ocasiones, pero sí iban más alegres de lo normal.

 

 

Ashton quiso agradecerles por la pasada noche, así que tras su carrera matutina, compró ingentes cantidades de todos los ingredientes que necesitaba para hacer tortitas y una enorme ensalada de frutas. Regresó a la mansión, se duchó y se dispuso a mezclar los ingredientes para aquel desayuno especial, sabiendo que tenía el tiempo justo hasta que sus amigos empezaran a bajar. Alguien llamó a la puerta y ella se apresuró a abrir. Una mujer muy guapa le sonrió con simpatía y la saludó.

-¡Hola! Soy Lidie Davis –saludó tendiéndole la mano.

-Encantada, soy Ashton Jones –dijo estrechándosela.

-¡Así que eres una chica en realidad! –Su brillante sonrisa se ensanchó. –Yo soy la madre de Kyle. Él me ha hablado sobre ti, pero no me dijo que eras una chica.

Ashton empezó a reírse mientras se apartaba de la puerta para dejar que la mujer pasase al interior.

-¿Dónde está él, por cierto?

-Aún está durmiendo, puede esperarle conmigo en la cocina si quiere. Estoy preparando tortitas para todos.

-¡Oh, me encantan las tortitas! Te ayudaré.

Mientras cocinaban, Lidie (como insistió que la llamase) le contó muchas anécdotas de su vida. Al parecer, había sido fotógrafa y había viajado mucho, pero con la llegada de Kyle se asentó en California y montó su estudio fotográfico.

Ashton también le contó algunas cosas de su vida, y la mujer se mostró bastante impresionada. La conversación era amena y divertida, y ella no supo si fue el olor a tortitas recién hechas o las risas lo que despertó a sus compañeros.

-¿Mamá? –Kyle fue uno de los primeros en entrar en la gran cocina. -¿Qu-Qué estás haciendo aquí?

El chico estaba despeinado y había bajado en ropa interior, pero la expresión de somnolencia había dado paso a la incredulidad al ver allí a su progenitora.

-¡Buenos días, cariño! –La mujer se acercó y le dio un sonoro beso en la mejilla.

-¡Señora Davis!

Otros amigos de Kyle empezaron a saludarla efusivamente, incluso Mark le dio un abrazo cuando la vio.

-Vamos, chicos, sentaos. Ashton y yo hemos preparado tortitas para todos.

Algunos vítores sonaron por la gran estancia mientras los platos con tortitas y frutas eran repartidos entre todos los miembros.

-Mamá, ¿qué estás haciendo aquí? –Volvió a preguntar Kyle cuando el ruido se calmó.

-Tras nuestra última llamada, quería hacerte una visita –respondió ella encogiéndose de hombros. –Y aquí estoy.

Al chico no le daba buena espina todo aquello. Sabía que su madre era muy querida por todos, pero él temía sus locuras.

 

 

Tras darse una ducha rápida, estaba bajando por las escaleras con algunos de sus amigos, pensando qué podía hacer para pasar tiempo con su madre, preferiblemente lejos de la casa de la fraternidad. Escuchaba su voz desde la cocina, hablando con Ashton muy animada.

-El truco está en relajar la garganta y aguantar la respiración –Kyle se paralizó por un momento, al igual que sus amigos, mientras escuchaba las palabras de su madre.- Debes ir soltando el aire poco a poco por la nariz, así lo interiorizarás mejor y no te atragantarás.

Adam, Matt, Mark y Jason empezaron a reírse mientras Kyle saltaba los últimos escalones y entraba en la cocina como si fuera un vendaval.

-¡Mamá!

-¿Qué te pasa, cariño?

-¡¿Qu-Qué le estás diciendo a Ashton?! –Su respiración era agitada y sentía las palpitaciones de su corazón en las sienes.

-Le estoy explicando cómo logro alcanzar algunas notas difíciles cuando canto con el coro.

Esa explicación le calmó un poco los nervios y resopló tranquilo.

-¡Ah! Y también puedes utilizar esa técnica cuando estés haciendo una felación –expuso la mujer con naturalidad.

Las carcajadas resonaron por toda la casa y Kyle sintió como su cara enrojecía. Se acercó a su madre, la cogió de la mano y la arrastró fuera de la cocina.

-Disculpa Ash, tengo que hablar un momento con mi madre –intentó sonar calmado, pero le costó un esfuerzo enorme.

Sus amigos estaban, literalmente, tirados en el suelo, casi asfixiados de la risa.

-Mamá, ¿qué estás haciendo?

-Solo estaba hablando con Ashton, me cae muy bien y no me habías dicho que era una chica…

-Mamá, escucha…

-Es increíble, Kyle…

-Sí…

-Es inteligente, divertida y bastante guapa…

-Créeme, lo sé…

-¿Sabes qué? –Su madre le puso las manos en los hombros. –Creo que es la candidata perfecta para ser la madre de mis nietos…

-Sí, yo… Espera, ¿Qué?

El chico entendió tarde las palabras de su madre, y cuando quiso reaccionar, ella ya volvía a la cocina en busca de su amiga. Su madre no iba a cambiar nunca y con las carcajadas de sus amigos aun resonando por la casa, él solo pudo apretarse el puente de la nariz para calmar sus nervios.

 

 

Lidie insistió en pasar la mañana en la mansión, pues el cielo se había llenado de nubes grises que amenazaban con lluvias imprevistas. Estuvo casi una hora contando anécdotas sobre la infancia de Kyle, y para desgracia del chico, Ashton no paraba de preguntar. Su madre tenía demasiada buena memoria.

-Por cierto, Ashton, estoy pensando que podrías ayudarme con un proyecto que tengo entre manos –un escalofrío recorrió el cuerpo de Kyle. –Verás, estoy montando un calendario solidario para recaudar fondos para la protectora de animales de la ciudad, pero me falta una modelo. ¿Te gustaría participar?

-¡Claro! –Respondió la chica entusiasmada. -¿Qué tendría que hacer?

Kyle bebió un poco de agua para mitigar su inquietud, pues parecía que por una vez, su madre no iba a decir nada fuera de lo común.

-Solo tendrías que venir un día a mi estudio fotográfico y te haría unas fotos desnuda. No tienes problema con eso, ¿no?

Casi se atragantó con el agua, sus amigos intentaban disimular los ataques de risas, pero era en vano.

-¡Mamá, por Dios! ¡¿Cómo puedes pedirle algo así?!

-No entiendo por qué te pones así –dijo ella cruzándose de brazos y volviendo a dirigirse a la chica. –Si no le hubiera pillado con 16 años en la cama con una chica, pensaría que sigue siendo virgen y le aterra el cuerpo femenino.

Esta vez sus amigos no pudieron seguir disimulando. Kyle se levantó del sillón, con el semblante granate, y salió del salón para encerrarse en su habitación. Si no lo escuchaba, no sería tan malo. Al lado de la escalera se encontró a Mark, doblado por la mitad, con la cara roja y los ojos lacrimosos. El joven quiso decirle algo, pero la risa no se lo permitió. Kyle decidió ignorarle y se apresuró a subir las escaleras.

Tim, Frank, Jason y Victor se acercaron a la señora Davis cuando se hubieron calmado un poco, y aprovechando que Ashton había ido al baño, le preguntaron a la mujer entre susurros un tanto avergonzados:

-¿Podría guardarnos algunos de esos calendarios?

-¡Oh! ¿También queréis colaborar con la asociación de animales?

-¡Por supuesto!

-Todo sea por esos animalitos.

-Ya sabe que mi corazón pertenece a los animales –comentó Tim.

 

 

Los chicos prepararon el almuerzo mientras Lidie y Ashton no paraban de hablar ni poniendo la mesa. Al parecer, la mujer era como la figura materna que la chica nunca había podido abrazar, y ella era la niña que siempre quiso tener. Durante el almuerzo, Mark le pidió a la señora Davis que se sentara en el lugar que siempre ocupaba él y ella insistió que Ashton se sentara a su lado.

-Mark, querido, ¿te importaría sentarte tú a mi otro lado? –El joven se sorprendió ante la petición. –Kyle empezará a darme patadas por debajo de la mesa si digo algo que él considere “inadecuado”.

El chico sonrió y accedió. Una vez sentados todos en la mesa, apenas hablaron durante los primeros minutos, degustando la carne y las verduras, obra de Lewis.

-Ashton, ¿te gustan los niños?

Un mal presentimiento recorrió la espina dorsal de Kyle.

-Sí, me encantan.

-Y… ¿te gustaría tener hijos algún día?

-¡Por supuesto! Es decir, sé que aún soy joven, pero me gustaría tenerlos.

-¡Oh, eso es fantástico! ¿Y te gustaría ser la madre de mis nietos?

-¡MAMÁ! –Gritó Kyle.

Ashton empezó a reírse, contagiada por las risas sofocadas de los demás. El joven se sentía humillado, y ella quiso salvar un poco su orgullo. Se notaba de la señora Davis adoraba a su hijo, pero él no disfrutaba tanto de su sentido del humor.

-Pues, si dentro de unos años yo estoy libre y Kyle también, no me importaría.

Mark sintió como una pequeña daga se hundía en su corazón al escucharla, pero el rostro de Kyle expresaba su sorpresa. Con los ojos muy abiertos y mirándola fijamente.

-¿Qué?

-¡Fantástico! –Gritó eufórica Lidie.

 

 

La señora Davis se marchó por la tarde, feliz por haber conocido a Ashton y tomando su palabra de que la visitaría en las próximas semanas para las fotografías. Kyle se sentó en los escalones del porche de entrada mientras veía como el coche se alejaba. Estaba agotado física y mentalmente, su madre tenía ese poder en él. Sin esperarlo, Ashton se sentó a su lado.

-Tienes una madre increíble.

-Tengo una madre loca –murmuró sonriendo. –Te ha cogido mucho cariño.

-Sí, espero no decepcionarla si llego a ser la madre de sus nietos.

Él bufó, riéndose.

-No le hagas caso, hace muchas bromas como esa.

Ashton le miró de reojo sin perder la sonrisa.

-Eres muy inteligente, Kyle, pero creo que aún no te das cuenta de cuando se trata de una broma y de cuando las palabras van en serio…

Se levantó y entró en la mansión, dejando al chico con una sorpresiva sonrisa incrédula. Se quedó allí un rato, ensimismado e imaginando.

 

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