Fanfic Es
Fanfics en español

Omega por Kala1411

[Comentarios - 55]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

Capítulo 23

 

 

Ashton se pasó una semana intentando evitar las jugarretas de las chicas de la Hermandad Delta, no quería comprometer a sus amigos ni quería que Mark discutiese con Daisy por su culpa. No era su persona favorita, pero era la novia de su amigo y aguantaría por él.

El día 16 de octubre amaneció con algunas nubes, pero no hacía demasiado frío. Era un día de otoño normal en el que predominaban los marrones y naranjas en los árboles. Se sentó en su cama, observando la ciudad que despertaba, y respiró hondo. Miró hacia el pequeño retrato que había en su cómoda y le sonrió.  

-Feliz cumpleaños, mamá.

Se apresuró a prepararse y bajó a desayunar. Sabía cómo sería ese día para ella, los sentimientos confusos y contradictorios, indefinibles, que la invadirían. Su cabeza estaría en las nubes, imaginando lo que podría haber sido y no fue, como habría sido vivir con ella tanto los buenos como los malos momentos. Pero serían solo eso, momentos ilusorios, como si estuviera en un desierto y viese el espejismo de un oasis.

-Buenos días –saludó.

Algunos murmullos adormilados llegaron a sus oídos mientras se recordaba a sí misma que debía llamar a sus padres antes de entrar a clases. Ellos lo pasaban peor, como si no hubiesen transcurrido 18 años desde la última vez que celebraron el cumpleaños con ella.

-Ashton –la llamó Jason.

-¿Qué?

Se había quedado embobada en el paisaje del exterior con su café en la mano y no se había dado cuenta de que su amigo la estaba llamando. Él la miraba con el ceño fruncido.

-¿Estás bien?

-Sí, ¿qué pasa?

Jason no parecía muy convencido con su respuesta.

-Te preguntaba si querías ir al cine mañana con nosotros.

-¡Oh! Sí, me encantaría.

Notó las miradas extrañadas de sus compañeros en su nuca y decidió beber rápidamente su café para salir de allí cuanto antes.

-¿No desayunas hoy? –Le preguntó Victor.

-No tengo mucha hambre –dijo encogiéndose de hombros.

Corrió hacia su habitación para coger sus cosas y bajó las escaleras como un rayo.

-¡Ashton! –Llamó Mark. -¿Dónde vas tan temprano?

-Tengo que hacer un par de cosas antes de entrar a clases –se excusó mientras abría la puerta principal. -Os veré en el gimnasio.

Mark se quedó mirando la puerta, sin comprender el comportamiento de su amiga. Se dirigió a la cocina y preguntó a los demás.

-¿Tenéis alguna idea de lo que le ocurre a Ashton?

-No es su periodo –dijo Jason mirando la app.

-¿Será algo que habrán hecho las chicas de la Hermandad? –Inquirió Frank.

-No, no lo creo –respondió Adam.

-Está evitando contárnoslo –reflexionó Matt. –Deberíamos esperar y darle un poco de tiempo, seguramente nos diga lo que la tiene tan ensimismada un poco más tarde.

A ninguno de ellos le gustaba la idea de esperar a que ella les explicase qué le ocurría, pero sabían que su amigo tenía razón. Solo cruzaban los dedos para no equivocarse.

 

 

Ashton se sentó en unos bancos en la parte trasera de la Biblioteca, respiró hondo y buscó el número de Paul. El lugar estaba completamente desierto dada la temprana hora que era y las fragancias otoñales impregnaban el ambiente.

-Buenos días, pequeña –saludó Paul. –Espera pondré el altavoz del móvil.

Notaba en su voz la emoción que lo embargaba, estaba segura que John estaría igual.

-Buenos días, Paul. Buenos días, John. ¿Cómo estáis?

-Hola, Ash. Pues… hemos empezado con nuestro entrenamiento matutino. ¿Qué tal tú?

-Yo estoy bien, en fin… ya sabéis… -Respiró hondo antes de hacer su petición. -¿Me contaréis la misma historia de siempre?

-Claro, cariño –respondió Paul.

-Siempre, pequeña.

 

 

Había cogido los apuntes de su clase de Filosofía como una autómata, pero le había costado concentrarse en algunos momentos. Tenía una hora y media antes de su clase con la profesora Smith, así que se fue al gimnasio. Ese día no conseguiría tener la concentración suficiente para hacer su entrenamiento de fuerza, así que se decantó por correr en la cinta con música a todo volumen saliendo de sus cascos.

Casi sin darse cuenta, empezó a recordar momentos que ella no vio ni vivió, pero que los había escuchado tantas veces que parecía que fuesen suyos.

Aquel último cumpleaños, John y Paul le prepararon su desayuno favorito y se lo llevaron a la cama. Pasearon por la ciudad con ella durante todo el día, visitando los lugares que más le gustaban y haciéndole infinidad de fotos para burlarse posteriormente de su peso. Ella se vengaba de ellos comiéndose los dulces más suculentos que podía encontrar, sabiendo que sus dos amigos debían llevar una dieta estricta en aquel momento para ganar más masa muscular.

Se reirían de infinidad de chistes y jugarretas que se habían hecho entre ellos, como si fuesen niños de 8 años y no adultos, y por la noche le prepararían una gran tarta de chocolate en la que aparecerían las velas que debía soplar. Sus compañeros estaría presentes, John y Paul le cantarían una versión del “Happy Birthday, Mrs. President” entre las carcajadas de los demás mientras le daban un ramo de rosas, y todos le felicitarían por la inminente llegada de su pequeño hombrecito. Era la persona más feliz del mundo en ese momento y…

-¡JONES! –Dimitri le arrancó los auriculares de los oídos.

Ashton reaccionó al alarido de su entrenador y paró la máquina ante la furibunda mirada del hombre.

-¡¿Qué te pasa?! ¡Llevas más de tres horas en la máquina!

Ella miró el reloj más cercano a la pared y comprobó que tenía razón. Se había perdido la clase de Matemáticas y no había notado la fatiga en sus músculos.

-Lo siento, entrenador –su voz sonó ronca a sus propios oídos.

-No importa. Date una ducha y descansa mañana –Dimitri se percató del estado de la chica.

Se sumió momentáneamente en su propio recuerdo, cuando él también había actuado así, mientras veía a la joven correr cabizbaja a los vestuarios. En ese momento, algunos miembros de la fraternidad salían del vestuario del gimnasio y la vieron.

-Entrenador –Kyle se acercó al hombre seguido de Nick y Matt, -¿le ha pasado algo a Ashton?

-Lo que a cualquier soldado, que necesita agotar su cuerpo para descansar su mente de los recuerdos.

 

 

Ya había perdido una clase y no le apetecía ir al comedor, su cabeza no estaba donde debía estar y no tenía fuerzas para aguantar a las chicas de la Hermandad Delta y sus intentos de fastidiarla. Dejó un mensaje en el grupo de la fraternidad donde todos iban a leerlo, avisando que pasaría el resto del día en el centro de la ciudad, y apagó el móvil.

Le dolían las piernas por el excesivo ejercicio físico y sabía que al día siguiente los músculos le dolerían más, pero le daba igual. Anduvo sin rumbo fijo hasta que no pudo más y se sentó en una pequeña cafetería para almorzar. Visitó un parque mientras leía y escuchaba las voces de las madres y las risas de los niños durante horas, pensando en una manera de homenajear a su madre en la distancia. Era la primera vez que pasaba ese día lejos de sus padres y del lugar donde descansaba ella, por lo que no podía dejarle ninguna ofrenda allí.

Salió del parque, dispuesta a buscar la inspiración, y casi como si fuese una casualidad, vio a los pocos metros una pintoresca floristería. Recordó entonces, como si un pequeño rayo se colase en su cerebro, el primer día que llegó al campus y el monumento conmemorativo que visitó para pasar una de las pruebas de la fraternidad. No se lo pensó dos veces y compró un ramo de rosas, ya sabía cómo homenajearía a su madre.

 

 

El sol se había escondido cuando Ashton regresaba a la mansión. Una parte de ella se sentía culpable por haber apagado su móvil durante todo el día, pero no se sentía capaz de responder a las preguntas que sus compañeros. Solo esperaba que ellos no se enfadaran mucho. Llevaba una pequeña ofrenda de paz, pero sabía que debía dar una explicación a su comportamiento, sus amigos se preocupaban por ella y estarían a su lado durante varios años, así que se merecían conocer a su madre.

Entró en la gran mansión y escuchó pasos apresurándose desde el salón y desde la cocina.

-Ashton… -llamó Mark.

-Esperad –dijo ella con una pequeña sonrisa, -dejad que deje mi mochila en mi habitación y me reuniré con vosotros en el salón.

Se apresuró a subir a su cuarto, dejó la mochila y cogió la foto de su madre. La joven de la fotografía era un calco a ella, iba vestida con unos vaqueros y una camiseta negra con el logotipo de los SEALS, y estaba sentada en un columpio con una gran sonrisa y los ojos brillantes de felicidad.

-Te van a caer genial, mamá.

Bajó con el corazón latiéndole de forma irregular, pero se calmó cuando vio a sus amigos en el salón. Sus caras denotaban el nerviosismo y la preocupación, pero sabía que la comprendería cuando hiciera las presentaciones. Colocó la bolsa de la pastelería en la mesa y puso la fotografía en el centro, se sentó como si fuese un indio en el suelo y respiró hondo.

-Estás muy guapa en esa foto, Ash –comentó Victor.

-No soy yo -ella sonrió. -Os presento a Marion Rose Jones. Era mi madre.

Todos comprendieron al instante el significado del verbo y el mutismo en la habitación lo hizo patente. Ella se dispuso a sacar la tarta de chocolate que había comprado y las velas, y empezó a colocarlas mientras hablaba.

-Hoy es su cumpleaños, y mis padres y yo soplamos las velas en su honor. Pero como ellos están demasiado lejos, me gustaría que vosotros las soplaseis conmigo… -ella les miró sonriendo. –Bueno, si queréis claro.

Todos los presentes se acercaron a la mesa, sonriendo y emocionados al mismo tiempo, mientras ella encendía las 42 velas que debería soplar su madre ese año. Cantaron “Cumpleaños Feliz” a la radiante chica de la fotografía y soplaron las velas entre todos. Partieron la tarta en trozos pequeños para que todos probasen un poco.

-¿Cómo era ella? –Preguntó Victor.

-Por lo que me han contado, soy casi igual que ella en cuanto a la personalidad. Mis padres dicen que ella era más rebelde, pero eso es porque aún no se han dado cuenta de algo muy gordo que he hecho –explicó riéndose como si fuese una niña pequeña.

-¿Sabes cómo eligió tu nombre? –Quiso saber Matt.

-Le habían dicho durante todo el embarazo que yo sería un chico, y ella había elegido el nombre desde el momento en el que le dieron la noticia. Pero cuando nací y descubrieron que era una niña, no tuvo tiempo de pensar uno nuevo.

-¿Qué no tuvo tiempo? –Inquirió el chico.

-Se… fue… a los pocos minutos de darme a luz y mis padres decidieron respetar su deseo de llamarme Ashton.

-Entonces… ¿se fue el mismo día de tu cumpleaños?

Mark evitó utilizar aquel fatídico verbo que ella tampoco había pronunciado. Ya era duro perder a tu madre, pero si además tu cumpleaños era un recordatorio anual de ello, el peso debía ser inimaginable.

-En realidad, no. Yo nací el día 30 de diciembre, a las 23:57 según me han contado, y ella… se marchó unos 12 o 13 minutos después, es decir, el día 31.

A muchos les costó tragar los últimos bocados de sus porciones.

-¿También estuvo en el ejército? –Adam quiso cambiar el rumbo de la conversación.

-Sí, era una de las mejores y ganó varias medallas al mérito.

Estuvieron casi una hora preguntándole sobre su madre, y al contrario de lo que creyó, no se derrumbó. Se sintió bien al hablarle de esa parte de ella a sus amigos.

 

 

Kyle salió al patio trasero antes de irse a su habitación. Era muy tarde, pero le dio igual e hizo la llamada. El teléfono se descolgó al segundo tono.

-¿Kyle? ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?

-Buenas noches, mamá. No, no ha pasado nada, estoy bien –se apresuró a decir. –Solo… quería llamarte, hace más de dos semanas que no hemos hablado por teléfono. ¿Cómo estás?

-Pues estoy bien, cariño… ¿Seguro que no te ocurre nada?

-No, de verdad… Supongo que en realidad te llamo para decirte que… te quiero. Hacía tiempo que no te lo decía.

La línea se quedó en silencio durante unos segundos.

-Yo también te quiero, Kyle –podía notar la sonrisa en su voz. –Cuéntame, ¿cómo te van las clases? ¿Hay alguna chica nueva en tu vida?

Usted debe login (registrarse) para comentar.