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Omega por Kala1411

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Capítulo 22

 

 

Días después, Mark aun pensaba en la estrecha relación que había nacido entre Ashton y su hermano Jimmy. Se había propuesto ser un mejor hermano mayor y escuchar más al pequeño, su amiga tenía razón en lo que le había dicho aquel día por teléfono.

Estaba tumbado en la cama de Daisy, mirando al techo y pensando en Ashton, cuando su novia le habló.

-¡MARK! –Gritó con su voz aguda.

-¿Qué? –Preguntó con desgana.

-¿Ya estás otra vez pensando en esa furcia? –Era evidente el odio en las palabras de Daisy.

-No, no estoy pensando en ti.

Aquel insulto velado no era el primero que él le decía, cualquier chica se habría sentido muy ofendida y le habría pegado un tortazo ipso facto, pero Daisy no. A ella le daba igual lo que él le dijera, no le importaban sus palabras porque no tenía sentimientos por él. Era algo mutuo.

Mark se levantó de la cama para empezar a vestirse, ignorando el definido cuerpo desnudo de la chica. Intentaba pensar en otras cosas, lecciones de clases o algo parecido para evitar pensar en lo que hacía y en lo asqueroso que se sentía después.

-¿Crees que no sé qué te la imaginas a ella cuando me estás follando a mí? –Inquirió con rencor la chica.

Él no contestó. Solo cogió sus zapatos y su mochila y salió de aquella habitación.

 

 

Fue uno de los primeros miembros de la fraternidad en llegar a su habitual mesa del comedor, Kyle y Matt estaban allí repasando las lecciones de una asignatura que tenían en común. Él se sentó con un vaso de agua en la mano y una pastilla para el dolor de cabeza, el estrés y la ansiedad le estaban pasando factura.

-Tío, no tienes muy buena cara –comentó Matt. -¿Cuántas pastillas de esas te has tomado en los últimos días?

-No lo sé, prefiero no pensar en ello.

-No voy a volver a meterme en tu vida, Mark –comenzó a decir Kyle, -pero deberías dejar a Daisy.

Él miró al que alguna vez fue su mejor amigo.

-Es la mejor forma de mantenerla alejada de Ashton.

-Ni tú te crees eso.

El barullo de los estudiantes que empezaron a entrar en el comedor les impidió seguir hablando. Ashton fue de las primeras en llegar, estaba muy animada porque había sacado un sobresaliente en el examen de Matemáticas y casi saltaba con cada paso que daba.

-Estoy pensando coger la asignatura de Historia Clásica para el próximo semestre, ¿quién la cursó el año pasado? –Algunos de los miembros levantaron sus manos, entre ellos Mark. -¿Y cómo son las clases? ¿Son interesantes?

-No están mal, si te gusta la Filosofía no necesitarás esforzarte mucho para aprobarla –la comida y la charla distendida con ella le estaban sentando bien. –Pero si te mandan algún trabajo sobre latín o griego, te ayudaría encantado.

Sus amigos empezaron a reírse ante sus palabras, él cayó en lo que podía malinterpretarse, pero Ashton no.

-¿Por qué os reís ahora?

-Déjalo –le aconsejó él riéndose también, -estos tíos siempre piensan las peores cosas.

-Es algo sobre sexo, ¿no? –Inquirió ella con una media sonrisa.

-¿Es que acaso lo dudabas? –dijo Jason.

Ashton negó con la cabeza mientras se levantaba para llevar su bandeja. Cuando la había colocado en el carrito, se giró y una gran cantidad de líquido rosado y pringoso le empapó la ropa.

-Vaya, que torpe somos…

Levantó su mirada y vio a Daisy con las chicas que siempre la acompañaban como si fuera su sombra. Una sonrisa malvada definía sus rasgos delicados, sabiéndose poderosa en aquel momento. Toda la gran estancia se había quedado casi muda, salvo por las risitas y los cuchicheos que se escuchaban en el fondo. Algunos miembros se acercaron corriendo a ellas, la rabia y la animadversión tensaron sus cuerpos.

-Estas pirada, tía –le dijo Adam.

-Mark, dile a los miembros de tu fraternidad que me guarden respeto –se lo decía al chico pero no dejaba de mirar a Ashton.

-Vete a la mierda, Daisy –contestó el aludido.

Una exclamación generalizada se oyó por todo el comedor y la chica rubia giró su cara hacia él con la ira destellando en sus ojos. Quiso decirle algo, pero Ashton se adelantó y la abrazó con todas sus fuerzas… llenando su carísima ropa de aquel mejunje rosado. Daisy empezó a gritar como una posesa al sentir el espeso líquido en su ropa, sus acompañantes estaban estupefactas ante aquella imagen, y las carcajadas de Victor y Jason fueron las primeras en retumbar en el gran lugar.

 

 

Tras ducharse en la mansión para librarse del viscoso batido, Ashton bajó al salón dispuesta a ver la televisión un rato y relajarse junto a sus amigos. Se sorprendió al ver a Jessica allí, pero apenas le dio tiempo de saludarla cuando la chica la abrazó.

-Me han contado lo que esas zorras de la Hermandad Delta te han hecho, ¿estás bien?

-Sí, solo ha sido batido, nada más.

-Esas manchas no saldrán tan fácilmente, cielo –dijo acariciándole la mejilla como si fuera una niña pequeña. –Pero, ¿sabes qué? Hay que mirarle el lado positivo…

Su gran sonrisa le hizo desconfiar de las intenciones de su amiga. Miró de reojo a sus amigos, pero todos tenían la cabeza agachada o simulaban estar haciendo otras cosas.

-Y… ¿cuál es el lado positivo? –Casi temía hacer la pregunta.

-¡Que nos vamos de compras!

 

 

A las 9:30 de la noche y tras visitar todas las tiendas de un centro comercial cercano al campus, Ashton volvió a la mansión de la fraternidad. Jamás había visto tanta ropa en toda su vida, se habían probado más prendas de las que podía contar y llevaban tantas bolsas de ropa que tuvieron que pedir un taxi porque no cabían más en sus manos.

Tuvo que pulsar el timbre para que le abrieran porque ella no podía coger sus llaves. Adam le abrió y la dejó pasar con la sorpresa pintada en su cara.

-Guau.

Ella soltó las bolsas en mitad de la entrada, demasiado cansada para cargarlas por un segundo más y, arrastrando los pies, se fue directa al salón.

-¿Te encuentras bien? –Le preguntó Kyle.

Ella no se lo pensó dos veces y fue hacia el sofá donde estaba sentado el chico, se tumbó con la cabeza en su regazo, y cerró los ojos.

-He tenido sesiones de entrenamiento de 24 horas, he realizado simulaciones de misiones en desiertos y con temperaturas bajo cero… Y creo que nunca me había sentido tan cansada.

Varias risas llegaron a sus oídos, pero ella apenas las percibió. Se quedó dormida con suma facilidad, olvidando donde se encontraba.

 

 

Kyle estuvo sin moverse durante más de una hora y media, Adam le llevó algo para cenar al ver que su amigo no se iría de aquel sofá hasta que Ashton despertara. Podía parecer raro, pero él sabía que haría lo mismo si se tratase de Jessica.

Casi a medianoche, Mark se acercó a Kyle.

-¿No vas a despertarla?

-¿Tú lo harías?

Él joven negó con la cabeza, sabiendo que acababa de sincerarse más de lo que creía con Kyle.

-Si puedes cogerla en brazos sin despertarla, te acompañaré para abrir la puerta de su habitación.

Kyle asintió, se movió lo más lentamente posible para no despertar a la chica y la cogió en brazos. Ashton se acomodó contra él poniendo su cara contra su cuello. El joven se paralizó por un momento al sentir su respiración y sus labios en el punto exacto en el que no podía evitar excitarse.

-Si te empalmas delante de mí, te daré un puñetazo, Kyle –advirtió Mark con voz amenazadora.

-¿Es envidia lo que oigo en tu voz? –Inquirió con sorna.

Se dirigieron a la habitación de Ashton, Mark abrió la puerta y retiró las sábanas para que su amigo dejase a la chica. Ella gimió a modo de protesta al dejar de sentir la calidez de corporal y se agarró a la camiseta de Kyle cuando estuvo tumbada. El chico estaba casi encima de ella, en una posición con poco equilibrio y algo incómoda. Se le ocurrió que podía quedarse en aquella cama por esa noche.

-Quítate la camiseta –ordenó Mark cuando comprendió lo que él estaba pensando. –No vas a dormir con ella.

-No sería la primera vez –dijo con orgullo en su voz.

Se quitó la prenda y Ashton se abrazó a ella mientras murmuraba algo en sueños. Mark sintió como los celos calaban más profundos en su corazón al ver aquella escena.

-Tranquilízate –susurró Kyle al ver su expresión. –Solo es mi camiseta, no soy yo.

Los chicos salieron sigilosamente de la habitación de Ashton y cada uno se fue a su respectiva habitación. Conocían los sentimientos propios y del otro, pero ninguno quería volver a pasar por lo mismo que el año anterior, mucho menos si esa vez la tercera era miembro de la fraternidad.

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