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Omega por Kala1411

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Capítulo 21

 

 

El primer fin de semana de octubre, los miembros de la fraternidad organizaban una excursión a la costa para “despedirse” del verano. En los últimos años, varios grupos y otras hermandades y fraternidades habían empezado a adherirse a ese plan. Era algo “memorable” según Jason, pero Ashton no podía ir. Quería hacer varios trabajos académicos antes y, aunque todos le suplicaron, ella se mantuvo firme. No quería que le faltase tiempo para algunas asignaturas y ni tener que realizar esos proyectos de forma precipitada. La realidad era que todos aquellos trabajos debían hacerse en parejas o grupos y nadie quiso hacerlo con ella, pero no quería confesar eso a sus amigos.

Los chicos se fueron el viernes tras las clases, después de intentar “secuestrar” infructuosamente a Ashton, y ella consiguió dejar su proyecto de Biología bastante avanzado cuando cayó la noche. Aún debía pensar qué hacer para su clase de Psicología, pero decidió idearlo al día siguiente.  

El sábado por la mañana bajó de su habitación dispuesta a realizar un poco de ejercicio en el Esparta para luego continuar con sus proyectos. Empezó a preparar su desayuno cuando el timbre de la gran mansión sonó. Ella se apresuró a abrir la puerta y se encontró a un niño que tendría unos 9 años, con cara de pocos amigos.

-Hola –dijo ella dulcemente, -¿cómo te llamas?

-Eso a ti no te importa, ¿quién eres, la siguiente puta de mi hermano? –Inquirió entrando en la casa.

Ashton se sorprendió ante la animadversión de las palabras del niño.

-¿Dónde están todos? –Volvió a preguntar mirando a su alrededor.

-Se fueron a la costa este fin de semana…

El niño tiró su mochila y una pequeña bolsa de lona que llevaba.

-¡Vaya mierda! –Gritó iracundo.

Su respiración estaba agitada, pero Ashton no estaba segura de que aquello fuera un simple berrinche.

-¿Quieres desayunar? Estoy preparando huevos y beicon –invitó.

Él la miró muy enfadado, Ashton presintió que el chico quería pelear con alguien, pero ella no le daría ese gusto sin saber antes qué le ocurría. Así que solo se encogió de hombros y se fue para la cocina para seguir preparando el desayuno. El niño no tardó más de un minuto en sentarse en la gran mesa y ella le puso un plato y un zumo.

-Yo soy Ashton –dio su primer bocado.

-Jimmy.

-Encantada –dijo con su segundo bocado.

-Tienes nombre de tío –comentó el niño a modo de ataque.

-Lo sé.

Jimmy necesitaba pelear para sacar algo de su interior, a ella también le pasaba a veces.

 -¿Eres transexual?

Casi se atraganta de la risa.

-No, soy una chica. Y por cierto, no soy la novia de nadie.

Él la miró brevemente.

-Pero sí eres una puta, ¿no? Eso no lo has desmentido.

Él no iba a darse por vencido tan fácilmente, pero Ashton podía llegar a ser muy paciente.

-Tampoco lo soy, solo vivo aquí porque soy miembro de la fraternidad.

Jimmy dejó suspendido el tenedor en el aire y la miró fijamente.

-Esta es una fraternidad de chicos, tú no deberías estar aquí. Las chicas que aquí entran solo son zorras entrometidas –empezó a negar con la cabeza, cada vez más enfadado. –Mark es gilipollas.

-Yo pasé todas las pruebas para entrar aquí.

Se levantó para recoger la mesa.

-Eso es mentira. Una tía no puede pasar las pruebas que organiza la fraternidad, son muy duras.

Ella no pudo evitar soltar una carcajada y él se sintió ofendido.

-Seguro que solo utilizaste alguna estratagema para manipular a mi hermano y a los demás para que te dejasen entrar, igual que hizo aquella prostituta rubia.

Ashton se quedó paralizada por un momento, sabiendo a quien se refería Jimmy. Al parecer, el niño necesitaba pelear de alguna forma para deshacerse de algo que lo perturbaba y molestaba en demasía, alguna situación que habría vivido en su casa o en el colegio. Y llegar a buscar a su hermano para encontrar a una chica en su lugar le enfurecía más, pues solo había tenido como referente a Daisy.

-Jimmy, quiero que vengas conmigo al gimnasio –se giró para mirarle a la cara. –Te demostraré lo que soy capaz de hacer, así comprobarás que no te he mentido sobre lo de entrar en la fraternidad por mis propios medios.

Él bufó, pero aceptó. Ella le ayudó a subir sus cosas a la habitación de Mark y esperó en la entrada de la casa mientras el niño se ponía ropa deportiva. No le dirigió la palabra durante el trayecto hasta el Esparta, pero a Ashton no le preocupaba.

Durante la primera hora que estuvieron en el casi vacío gimnasio, Jimmy disimuló su asombro con una expresión seria, pero sus preguntas le delataban. Cuando Ashton terminó su entrenamiento, le indicó que le siguiera hasta el cuadrilátero central.

-Yo practico king boxing, pero también sé taekondo, karate y judo. ¿Quieres aprender algunas técnicas? –Él se encogió de hombros con aparente desgana. –Si no te gusta, lo dejaremos. Tú me dices hasta dónde quieres aprender.

 

 

 

Estuvieron toda la mañana en el gimnasio, Jimmy se lo estaba pasando mejor de lo que nunca reconocería en voz alta, y Ashton veía con grata satisfacción como el niño aprendía rápido. Tenía mucha energía y mucha fuerza, y en cierta manera le recordaba a ella. Resultó ser un alumno perseverante y obcecado, John y Paul estarían encantados de entrenarle, pensó cuando salían del Esparta.

-¿Te gustan los macarrones con perritos calientes? –Le preguntó. –Puedo llevarte a tu casa después del almuerzo.

-No quiero regresar a mi casa –su ira se reflejaba en su voz. –Jamás. Allí todo es una mierda –la miró desafiante. –Y tú no puedes hacerme volver.

-Tienes razón –respondió Ashton. –Así que dime, ya que vas a quedarte, ¿qué te gustaría hacer esta tarde?

El niño casi se paró al escuchar sus palabras, cualquier otro adulto habría intentado hacerle entrar en razón o le habría obligado a volver a su casa sin importarle sus quejas, pero Ashton no reaccionó así. Aquella chica no estaba actuando como el resto de la gente, y eso hizo que un pequeño destello de confianza apareciese en sus ojos. Era la primera persona en mucho tiempo que no parecía querer librarse de él.

-¿A ti no te molesta que diga palabrotas? –Preguntó él curioso.

-Pues no, muchas veces es la mejor manera para expresar como nos sentimos.

Jimmy no volvió a hablarle hasta que llegaron a la mansión, ensimismado en sus pensamientos.

-Estoy harto de que me riñan y no me escuchen –murmuró con el ceño fruncido. –Mis padres están divorciados y mi hermano apenas aparece por casa desde que entró en la Universidad, además mis profesores son idiotas que me tratan como si yo fuese una especie de criminal…

-Eso es una gran mierda, Jimmy –le respondió ella, pero al niño no le gustaría demasiada condescendencia. –Escucha, démonos una ducha rápida y bajemos a comer.

 

 

Ashton decidió no preguntarle sobre lo que le había ocurrido, no quería que se sintiera presionado, así que dejó que el almuerzo transcurriera con una conversación sencilla. El niño tenía 8 años, casi 9, le gustaban los deportes y las películas, pero apenas había visto ninguna porque nadie tenía tiempo de llevarlo nunca al cine o al videoclub.

Cuando terminaron de comer y mientras recogían la mesa, Jimmy empezó a contarle acerca de lo ocurrido.

-Ayer, me dieron mi primer aviso de expulsión en este curso y ni siquiera me preguntaron por qué le pegué un puñetazo a Sebastian Prince.

-¿Quieres contármelo a mí?

Él estuvo reticente a sincerarse durante unos segundos, pero decidió contárselo.

-Estaba molestando a uno de mis amigos, y solo porque es mayor que nosotros se cree que puede atemorizarnos. Pero claro, cuando aparece algún profesor o algún adulto, se comporta y por eso nunca le riñen –desvió la mirada. –Mis padres se enfadan conmigo y se dan por vencidos porque creen lo que los demás dicen, pero no me escuchan a mí… Y Mark ha empezado a comportarse igual que ellos, pero él antes no era así conmigo.

Aquel relato la conmovió, empezaba a entender a aquel niño y quería ayudarle. Nadie había sido justo con él y solo necesitaba que un adulto le diera cierto margen de confianza. Si alguien le escuchaba y no le etiquetaba, Jimmy volvería a creer en las palabras de los adultos.

 

 

Mark estaba pasando un fin de semana genial a pesar de la presencia de Daisy. Había conseguido evitarla casi todo el tiempo, pues al no estar presente Ashton, la chica rubia no veía la necesidad de marcar su territorio con tanta insistencia. Sus amigos habían empezado a compararla con una perra abiertamente y no solo por la actitud acaparadora que tenía a veces.

Sin embargo, un nudo en el estómago se le formó al ver la llamada de su madre.

-¿Sí?

-Mark, querido, creo que Jimmy ha ido a visitarte.

Se levantó apresuradamente del sofá y salió a la terraza para huir del sonido de la música y escuchar mejor a su madre.

-¿Cómo que ha ido a visitarme?

-Pues… acabo de encontrar una nota diciendo que estaba harto y que se iba a vivir contigo. En fin, no debería extrañarte tanto, no es la primera vez que lo hace. Solo mantenlo ahí hasta que pueda ir a recogerlo mañana. Chao, cielo.

-¡Espera! –Gritó desesperado a una línea muda.

Reprimió las ganas que tenía de tirar el móvil contra la pared y respiró profundamente. Sus padres solo pensaban en ellos mismos y él debía hacer de niñera cada vez que su hermano tenía un problema y decidía escaparse de casa. Como si no tuviese bastantes cosas en las que pensar.

Varios de sus amigos salieron a la terraza para preguntarle qué le ocurría, preocupados por su expresión.

-Jimmy está en la casa de la fraternidad.

Los miembros se miraron entre ellos, pues el niño ya era conocido por todos. Mark marcó rápidamente a Ashton, rezando para que la pobre chica no estuviese al borde del suicidio por la exasperación.

 

 

-Hola Mark, ¿qué tal todo por la costa?

Ella estaba preparando su bolso para salir a pasear con Jimmy al centro de la ciudad. Acababa de darse cuenta que no había llamado a su amigo para avisar que estaba con su hermano pequeño y eso la inquietó, pues seguramente Mark entraría en cólera.

-Ash, escucha, ¿mi hermano está ahí? –Sonó acelerado.

-Sí, llegó esta mañana. Siento no haberte llamado antes para comentártelo –puso el manos libres mientras continuaba con su tarea.

-No te preocupes por eso, ¿estás bien?

A ella le extrañó que no preguntase primero por el niño.

-Sí, claro que estoy bien. Y Jimmy también está bien, por cierto –respondió molesta.

No se había dado cuenta, pero el niño estaba escondido en el pasillo escuchando.

-No, mi hermano no está bien. Te pido disculpas por lo que te haya dicho o hecho –Mark sonaba muy preocupado y enfadado al mismo tiempo, -yo no sabía que él iría allí este fin de semana, de lo contrario, no te habría dejado con ese problema…

-¿Cómo le has llamado? Es tu hermano Mark, ¿cómo puedes decir que es un “problema”?

-Por qué es un niño hiperactivo, maleducado y agresivo. Mis padres no saben qué hacer con él y los profesores están cansados de castigarle por su mal comportamiento.

-A lo mejor, si pasaras más tiempo con él y le demostrases que le quieres, lo comprenderías mejor –contestó ella.

La línea se quedó muda unos segundos.

-¿Qué? –Musitó el joven.

-Jimmy solo quiere que se le escuche un poco, Mark. Solo necesita comprensión y cariño, pero todos a su alrededor pasan de él y anteponen sus propios planes a las necesidades que pueda tener –notaba como el enfado crecía en su interior. -No es nada de lo que has dicho, te lo puedo asegurar. Es un niño noble, amable e inteligente, y si yo me he dado cuenta de ello antes que tú, que eres su hermano, es que el “problema” no es Jimmy –a pesar de que no podía verla, ella se cruzó de brazos. –Te aprecio como amigo y te admiro como presidente, pero quizás deberías mejorar en tu papel como hermano mayor, Alpha.

Colgó, furiosa con Mark, y se obligó a tranquilizarse mediante respiraciones lentas. No quería estar alterada cuando Jimmy fuera a su habitación a buscarla.

 

 

Pasearon por algunas calles del centro, tomaron varias tartas en una cafetería muy pintoresca y entraron en un videoclub para alquilar varias películas. Las nubes grises habían invadido el cielo de la ciudad y sería una noche tormentosa, por lo que Ashton le explicó a Jimmy que no había mejor plan para noches así que las “3 P”: palomitas, películas y pizza.

El niño no sabía que películas coger, solo dejó claro que no quería “mierdas cursis”. Se decidieron por un par de comedias y por un clásico que le gustaba a Ashton. Apenas llegaron a la mansión cuando la lluvia empezó a caer, y no se demoraron en ponerse sus pijamas y preparar la comida.

-¿Pesadilla antes de Navidad? ¿No es muy antigua? –Preguntó Jimmy.

-Es una de las mejores películas de todos los tiempos –dijo Ashton. –Creo que te va a gustar mucho.

Ya habían visto la primera comedia mientras terminaban con el primer bol de palomitas, y cuando las pizzas estuvieron listas, comenzaron a ver la ciudad de Halloween. Ninguno de los dos despegó los ojos de la pantalla hasta que el final llegó, y para entonces, el pequeño estaba demasiado cansado para ver la película que les quedaba.

Una vez recogido todo el salón, estaban subiendo las escaleras cuando un trueno resonó en el exterior, haciendo que las ventanas vibrasen por la violencia del sonido. Jimmy, inconscientemente, agarró la mano de Ashton, pero se percató de lo que había hecho y la soltó. Sin embargo, a ella no le pasó desapercibido.

-Oye, Jimmy, a mí… me dan miedo los truenos –susurró. -¿Te importa si duermo contigo en la misma habitación?

Sabía que el niño no reconocería jamás su temor, pero ella quería que descansase aquella noche.

-De acuerdo, dormiré contigo… -dijo con voz cansada.

Ashton tuvo que reprimir una sonrisa ante su tono.

Una vez en la habitación de Mark, ella se dirigió a la cama de Matt para dormir allí. Las camas apenas estaban separadas por poco más de un metro y medio, pero a Jimmy no le gustó la idea.

-Deberías dormir conmigo, en la misma cama, así podré protegerte mejor de los truenos –explicó.

Ella obedeció, pues sabía que en realidad era él quien necesitaba su compañía. Se abrazó a él y le dio las buenas noches, dispuesta a dormirse, pero la respiración del chico no se estabilizaba, por lo que ella decidió esperar.

-A mí tampoco me gustan los truenos –murmuró Jimmy. –Me recuerdan a las discusiones de mis padres.

Ashton lo abrazó más fuerte y el niño no tardó en dormirse, sabiéndose protegido por aquella noche.

 

 

A la mañana siguiente, ella le propuso visitar un centro de juegos de la ciudad, en el que había una gran zona en la que se podían jugar con pistolas láseres. Se enfrentaron contra otras parejas de jóvenes durante toda la mañana y ganaron. Ashton le enseñó algunas estrategias de distracción y le dio algunas nociones sobre cómo hacer una buena emboscada, y él se comportó como el mejor de los soldados.

Comieron en una famosa hamburguesería mientras comentaban los puntos fuertes y débiles de los contrincantes que habían tenido. Con el estómago lleno y envueltos en una nube de felicidad, llegaron al campus. Los coches delataron la llegada de los miembros a la mansión, y Jimmy supo que su alegría se esfumaría en cuestión de segundos.

Entraron en el gran hall y allí estaba Mark, con los brazos cruzados y una expresión iracunda. Los demás miembros estaban a su alrededor, pero alejados de su Presidente, pues aunque no iban a meterse en aquella discusión, Mark pensó que así podía intimidar más a su hermano.

-Jimmy, quiero una explicación. Ahora.

-Nuestra casa es una mierda, y tú lo sabes.

-¡Basta! –Gritó Mark. -¿Sabes lo preocupado que me tenías? No puedes seguir escapándote de casa y siendo una molestia para la gente, tienes que cambiar –el niño miró al suelo con los puños cerrados, cada vez más irritado con las palabras de su hermano. -Destrozas todo lo que hay a tu paso y eres tan egoísta que no te das cuenta del estorbo que has supuesto para Ashton este fin de semana…

-No se te ocurra hablar por mí, Mark –advirtió ella con una voz afilada.

El joven la miró como si fuera la primera vez que la veía. Ashton se agachó hasta que estuvo a la altura del niño.

-Jimmy, me lo he pasado genial contigo –él levantó sus claros ojos con la sorpresa pintada en ellos. -Eres el chico más divertido que he conocido en mi vida, el mejor compañero de equipo y me gustaría que volvieras de visita cada vez que quieras.

El niño la abrazó con todas sus fuerzas ante la estupefacción de todos los presentes, y Ashton le devolvió el abrazo con una sonrisa.

-No me lo puedo creer –musitó Matt.

-Chucky tiene corazón… y Ash se lo ha ganado –comentó en un susurro Jason.

-Es la puta ama –le contestó Kyle sin dejar de mirar la escena.

El niño rompió el abrazo cuando se escuchó una bocina en la puerta de la mansión.

-Jimmy, esa es nuestra madre –susurró Mark con un hilo de voz, enternecido por aquella escena.

-Ash, en unas semanas es Halloween y voy a disfrazarme de Jack Skeleton –le dijo mirándola fijamente a los ojos. -¿Quieres ser mi Sally?

Ella sonrió ampliamente.

-Me encantaría.

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