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Omega por Kala1411

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Notas:

Vuelvo a subir dos capítulos en un mismo post, pues estoy muy ocupada con exámenes y no se si tendré oportunidad de conectarme en los próximos días.

¡Saludos!

Capítulo 19

 

 

A la hora del almuerzo, el rugido feroz de sus tripas la despertó. Fue a su habitación a coger lo necesario para darse una ducha rápida y comprobó con satisfacción que Adam le había hecho caso y había quitado sus sábanas. Aun así, tendría una pequeña charla con él.

-¡Por fin ha despertado la Bella Durmiente! –Exclamó Jason cuando la vio llegar a la cocina. –Por cierto, tienes un bonito culo… ¡Ay!

Matt le golpeó en la nuca.

-Gracias –le dijo ella con una sonrisa.

Matt le guiñó un ojo mientras se sentaba a su lado en la gran mesa del comedor. Al parecer, habían pedido pizzas de nuevo ante el cansancio generalizado y las pocas ganas que tenían de cocinar. Ashton vio llegar a Kyle y aprovechó para hablar con él.

-Kyle, te devolveré luego la camiseta que te cogí prestada anoche para dormir.

-No te preocupes, no hay prisa –dijo él muy sonriente.

-No te molestes en lavarla, Ash –dijo Victor. –Seguramente Kyle se masturbe con ella y la ensucie.

Las risas llenaron la estancia. Kyle se acercó a Victor con intención de pegarle, pero Adam lo detuvo. Mark continuó con su bebida, intentando ignorar la conversación de sus amigos y poniendo toda su concentración en olvidar el hecho de que Ashton había dormido en la misma cama que Kyle.

Él tenía “novia” en esos momentos y no debía molestarle tanto que su Beta hubiera pasado la noche con Ashton, pues no había pasado nada, solo habían dormido. Sin embargo, los celos hacían mella en su ánimo y no podía evitarlo. No quería volver a pasar por esa situación de nuevo con Kyle, sobre todo en aquellos momentos que parecía que su amistad empezaba a recuperarse poco a poco, pero era una sensación indescriptible e inevitable la que sentía cuando los imaginaba juntos.

Tenía un problema muy jodido.

 

 

Por la noche, Ashton se dirigió a la habitación de Kyle para devolverle la camiseta. Llamó levemente a la puerta y él le abrió, iluminándoseles los ojos, pero ella no se percató de ello.

-Hola, vengo a traerte tu camiseta –le dijo entregándosela como si fuera una ofrenda. –Muchas gracias por “prestármela” –sonrió poniendo las comillas con los dedos.

-No tienes que darlas, puedes volver a cogerla cuantas veces quieras.

-¡Eh! ¡Pero si es nuestra pequeña Ash! –Exclamó Adam tumbado en la cama.

Ella le miró mal y recordó la conversación que quería tener con él. Entró y se cruzó de brazos frente a la cama, con una sonrisa ladeada.

-¿Quién es ella?

Adam la miró interrogante.

-¿Qué?

-La chica que huele a cerezas.

Él pretendió desconocer a lo que se refería, pero ella sabía mentir mejor que todos los miembros de la fraternidad juntos. No iba a conseguir engañarla.

-Ash, no sé de qué me estás hablando.

-Cada vez que has vuelto de una fiesta, el olor a cerezas estaba impregnado en ti –empezó a explicarle. –Y anoche, cuando entré en mi habitación y te vi… haciéndolo con esa chica, toda la estancia olía a cerezas –había dado en el blanco y podía verlo por su expresión. –Así que, ¿quién es ella?

Kyle cerró la puerta y se giró a su compañero con el ceño fruncido.

-Dime que no has vuelto con ella.

Adam bajó la vista hasta sus manos con expresión resignada y asintió levemente.

-Joder… -murmuró Kyle.

-Ash, ¿le has dicho a alguien más que me viste con esa chica anoche? –Preguntó Adam inquieto.

-No –ella comenzaba a preocuparse.

-No se lo digas a nadie, por favor –le pidió con ojos suplicantes.

-De acuerdo.

-Ella… es la melliza de Jason…–Adam sentía que debía contarle eso a su amiga si iba a guardarle el secreto. –Él es muy sobreprotector con ella, y casi me partió la cara el año pasado cuando empecé a verla.

-¿Cómo se llama?

-Jessica –dijo con un tono en la voz que no le pasó desapercibido. -Tiene los mismos años que yo, los mismos gustos que yo, e incluso compartimos algunas manías.

A Adam le gustaba realmente aquella chica.

-Te la partirá este año si os descubre –advirtió Kyle.

-Lo sé, pero no puedo evitar verla. No quiero tener que evitar verla.

Los hombros del joven se hundieron.

-No te preocupes –le dijo Ashton. –Tarde o temprano, Jason entrará en razón. Solo es cuestión de tiempo, ya verás.

 

 

El miércoles, Adam sabía que tenía un rato hasta que los demás volvieran de clases o del gimnasio, así que invitó a Jessica a la mansión de la fraternidad. Él le abrió la puerta muy sonriente y ella se apresuró a entrar.

-Espera, cogeré el bote de nata y nos iremos a la habitación.

Ella se rio como quien sabe que va a hacer una travesura.

Al mismo tiempo, los miembros de la fraternidad volvían desanimados del gimnasio. El Esparta estaba cerrado por “motivos personales” según rezaba en un gran cartel en la entrada del edificio. Así que decidieron volver antes a la mansión.

Jason entró primero en la gran casa y vio a su hermana allí. Se miraron durante unos segundos, ella como si hubiese visto una aparición, y él con el asombro pintado en su cara.

-Jess, ¿qué…?

No terminó de formular su pregunta cuando vio llegar a Adam de la cocina con el  bote de nata, y su visión se tornó roja.

-Adam –dijo simplemente.

El joven se había parado en seco al ver a Jason. Los demás miembros también se habían quedado paralizados ante la escena, Mark y Matt se miraron de reojo, dispuestos a sujetar a Jason si fuese necesario.

-¡¿Puedo saber qué…?!

-¡Jess, tía!

Ashton se apresuró a pasar al lado de sus amigos, con una expresión sonriente, y se dirigió a la hermosa chica morena. La joven la miraba estupefacta, así que Ashton la abrazó para decirle al oído en un susurro:

-Sígueme –se alejó de ella sin quitar su expresión de alegría. –Perdona que haya tardado, ya sabes lo lentos que pueden ser los chicos a veces.

Jessica reaccionó como una auténtica profesional.

-Lo sé, tía. Cuando necesitas que vayan rápido, son como tortugas. Y cuando les pides que vayan lento, parecen Flash.

Ambas bufaron con cierto dramatismo.

-Ashton, ¿de qué conoces a mi hermana? –Preguntó Jason un poco más tranquilo, pero solo en apariencia.

-Nos conocimos el otro día en la biblioteca, me aconsejó un libro para leer.

Jason miró a su hermana, aun desconfiado.

-¿Y tú, como la reconociste?

Ante el segundo dubitativo que tuvo Jessica, Ashton soltó una pequeña carcajada divertida.

-Jason, cada vez soy más conocida por pertenecer a una fraternidad solo de chicos.

Él sonrió con un poco de cinismo y giró su cabeza para mirar a su amigo, quien parecía haberse quedado mudo, al igual que los demás miembros de la fraternidad a su espalda.

-Y la nata, Adam, ¿para qué era?

Él reaccionó rápido, demostrándole a Ashton lo que acababa de aprender de ella.

-Voy a ver la televisión y me apetecía comer fresas con nata, pero al escuchar que había entrado alguien, he salido de la cocina para ver quién era –él se encogió de hombros con semblante honesto. -¿Qué te pasa últimamente? Estás muy cotilla, joder.

Se giró para volver a la cocina, sintiendo como su corazón bajaba de su garganta y volvía a su lugar original.

-Jess, sube y te enseñaré otros libros que tengo, por si te interesa alguno –invitó Ashton.

-¡Gracias!

Las dos chicas subieron animadamente la escalera y solo volvieron a respirar cuando estuvieron en la habitación de Ashton. Jessica se tumbó en la cama, pues los nervios habían hecho que sus piernas se sintieran como si fuesen gelatina.

-En serio, tía, muchas gracias –murmuró mirando al techo.

-Adam me contó el otro día sobre lo vuestro –Ashton se sentó a su lado.

-Me ha contado lo del olor a cerezas que descubriste –le dijo la chica con una sonrisa. –No nos hemos presentado formalmente, yo soy Jessica.

Se rio, estrechándole la mano.

-Ashton, encantada de conocerte.

-Sé quién eres –Jess se sentó con las piernas cruzadas como un indio. –Hasta hace unos minutos, la pequeña celosa que hay en mi te detestaba al saber que estabas siempre tan cerca de Adam.

-Y… ¿ahora?

-Ahora te quiero más que a mi consolador de conejito.

Empezaron a reírse.

-Adam y mi hermano me dijeron que eras una chica estupenda, y no les di crédito. Pero me alegro que seas cojonuda, no te imaginas el desastre que has evitado ahí abajo.

-Me hago una idea al ver la expresión de Jason cuando vio a Adam llegando con la nata. ¿Para qué era?

Jess se rio.

-Muy buena broma.

-No, es en serio. ¿Para qué queríais la nata? –Insistió Ashton.

Ella se la quedó mirando durante unos segundos, y se percató de que la curiosidad de la chica era real.

-Pues… para el… sexo… -musitó sin dejar de mirarla con los ojos muy abiertos.

-Pero, ¿sería algo muy sucio, no? –Ashton puso una cara rara cuando intentó imaginarlo. –Es decir, es comida lo que ibais a utilizar -Jess asintió. -Pero… ¿dónde…? –Y entonces lo comprendió. -¡Vale, no me lo digas! No sé si quiero saberlo.

-A-Ashton, dime una cosa: ¿cuándo fue la última vez que te acostaste con alguien? –Preguntó dulcemente la morena. –Ya me entiendes, la última vez que pusiste los ojos en blanco en la cama con un chico.

-Soy virgen –contestó mientras se reía, sabiendo cuál sería la reacción de la chica.

Jessica se tapó la boca con una mano y la miró con pena.

-Tú… ¿nunca has tenido un orgasmo? –Le preguntó conmocionada.

-Sí que los he tenido. Me masturbo algunas veces y me quedo satisfecha –dijo encogiéndose de hombros. –No entiendo la obsesión de todo el mundo con el sexo, tampoco es para tanto…

-Si no has follado nunca, no puedes decir esas palabras –sentenció la morena. -No sabes lo que es el sexo, mucho menos un orgasmo. Pero, no te preocupes, tu inexperiencia tiene fácil solución.

-Si crees que voy a acostarme con un chico cualquiera, estás muy equivocada –aclaró ella levantándose de la cama.

-No tiene que ser con un chico cualquiera, puede ser con el que te guste.

Jess se puso también de pie y la cogió por los hombros para llevarla delante de su espejo.

-Mírate. Eres muy guapa, y seguramente tienes un buen cuerpo por el ejercicio que haces. Solo necesitas resaltar tus puntos fuertes y tendrás al tío que quieras comiendo de tu mano –explicó con una sonrisa. –Bueno, a cualquier tío menos a Adam, por su puesto.

Ashton se rio, comprendiendo los sentimientos de la chica.

-A ver –dijo Jess abriendo el primer cajón de su cajonera, -¿qué tenemos aquí? ¡Ah! La ropa interior, a ver… a ver… -tras un minuto de infructuosa búsqueda, preguntó: -¿Dónde tienes los sujetadores normales? Aquí solo veo los deportivos.

-Es que solo utilizo sujetadores deportivos.

-¿Qué? –Se giró para mirarla boquiabierta.

-Son los más cómodos para mí… -ante la expresión atónita que seguía teniendo la chica, se vio obligada a explicar. –Tengo un tamaño muy grande y son muy incómodas, ¿vale? Es muy difícil encontrar un sujetador que me vaya bien y sea confortable para los entrenamientos que hago.

Jessica sacudió la cabeza para aclarar sus ideas ante las palabras de Ashton.

-Pero ya no tienes que entrenar tanto como en la Academia Militar, ya no estás allí. No tienes excusa para conseguirte otro tipo de sujetador.

Ella comprendió el punto de Jessica, pero no le gustaba la idea de tener que cambiar su ropa interior.

-Puede que tengas razón, pero no voy a conseguir otros. Tengo sujetadores suficientes.

La morena se tocó la barbilla con actitud aparentemente pensativa.

-¿Las víboras de la Hermandad Delta no te destrozaron un par de sujetadores?

-¿Cómo sabes eso? –Inquirió Ashton.

-Adam me lo contó –respondió la chica encogiéndose de hombros. –Así que te propongo algo a modo de agradecimiento por lo que has hecho por mí antes: ven conmigo de compras y te conseguiremos un par de sujetadores normales.

Ashton sonrió, pensando que sí jugaba bien sus cartas, podría contar a Jessica entre sus amigos. Le caía bien la chica y quería pensar que era algo mutuo.

-Te lo agradezco, pero no hace falta. No tengo tiempo para ir de compras y ni siquiera sé cuál es mi talla de ropa interior.

-Eso tiene fácil solución, quítate la ropa y te mediré.

 

 

A la hora del almuerzo, las chicas bajaron. Jessica había quedado en el comedor para comer con su grupo de estudio, por lo que no podía quedarse mucho más tiempo, pero Jason le pidió disculpas antes de que se fuera. Había comprendido lo exagerado de su reacción y se sintió culpable.

 

 

Capítulo 20

 

 

Para sorpresa de Ashton, Jessica se presentó al día siguiente en la mansión de la fraternidad con varias bolsas para ella. La joven estaba estudiando tranquilamente en su habitación cuando escuchó el sonido de tacones que se acercaban por el pasillo. Abrió la puerta y se encontró a la sonriente morena con más bolsas de las que podía contar.

-¿Qué es todo esto?

-Todo lo que una chica necesita –contestó Jessica, -empezando por unos sujetadores monísimos.

-Ya te lo dije, no necesito más ropa de la que ya tengo. Mucho menos sujetadores.

-Pero te he traído varios –dijo poniendo cara de cachorrito. –No supe exactamente qué color te gusta, así que he comprado de diversos modelos…

-Jess, no va a servirte esa expresión conmigo. Estoy estudiando y no vas a convencerme para probarme todo eso. Te agradezco tu intención, pero estoy muy ocupada.

-Bueno… -musitó apesadumbrada la joven. –Entonces, no me dejas más alternativa.

Soltó todas las bolsas al lado de la puerta de la habitación de Ashton y se acercó a la escalera que daba al gran hall, y aprovechándose de la presencia de la mayoría de los chicos en la planta baja de la casa, habló en voz alta.

-Miembros de la Fraternidad Alpha Omega, le he traído a Ashton varios sujetadores–solo con esa frase, todos le prestaban atención. -¿Quién quiere apostar por la copa y la talla que uti…?

Ashton corrió por el pasillo hacia ella, la cogió del brazo y la arrastró a su habitación escuchando de fondo las apuestas que sus amigos hacían entre risas.

 

 

Resultó que Jessica no solo le había conseguido ropa interior, también algunos vestidos (que para su sorpresa le gustaron), y un juguete de un sex shop del centro de la ciudad.

-Esto –dijo mostrándole la caja rosa, -es una cápsula vibradora. Se controla mediante un pequeño mando, y tú puedes elegir la intensidad de la vibración. Es muy parecido a un tampón, por lo que nadie se dará cuenta de que lo llevas puesto.

-Jess, ¿de verdad crees que lo utilizaré fuera de mi habitación? –Inquirió Ashton riéndose.

 

 

Al día siguiente, tras pasar varias horas estudiando para un examen de matemáticas que la señora Smith pondría al final de la semana, Ashton decidió relajarse un poco. No era la única que tenía una asignatura con esa profesora, y al parecer era famosa por realizar parciales difíciles en todos los cursos. Ella llevaba bien las lecciones, pero le gustaba asegurarse.

Decidió leer las instrucciones del juguete que Jessica le había regalado y probarlo. Hacía mucho que no se relajaba de esa forma, y aquella tarde lo necesitaba. Limpió bien el pequeño aparato y se tumbó en la cama poniendo en su pequeña radio música de los Rolling Stone a un volumen medio, lo suficiente para meterse en su mundo privado y no molestar a sus compañeros en las otras habitaciones.

Apenas había empezado a relajarse y probar las pequeñas vibraciones del aparato mediante el pequeño mando, cuando llamaron a su puerta. Rápidamente, se vistió con los pantalones del pijama y abrió la puerta.

Era Mark.

-Hola Ash, ¿estás ocupada?

Ella ignoró la leve vibración que aun sentía en su entrepierna.

-No, ¿qué pasa?

-Necesito que me prestes el libro de Historia del Arte que cogiste de la Biblioteca. Te lo devolveré mañana.

-Se lo dejé a Kyle, pero espera lo buscaré.

Salió disparada para la habitación de Kyle, no muy lejos de la suya, y Mark entró tímidamente a la habitación de Ashton al reconocer la voz de Mick Jagger. Se acercó a la pequeña cadena de música que tenía su compañera en una mesa y vio algunos discos que reconoció entre sus favoritos.

Empezó a sonar una de sus canciones favoritas y buscó el botón para subir el volumen, pero no lo vio. Se percató entonces del pequeño mando que había sobre la cama y empezó a pulsar, dirigiendo el mando hacia la cadena, sobre el símbolo de “más”, pero el volumen se mantenía.

A algunos metros de allí, Ashton llamaba a la puerta de Kyle. Su amigo abrió la puerta y sus ojos brillaron al verla.

-Hola Kyle…

No pudo continuar su frase. Las vibraciones en el centro de su cuerpo aumentaron de repente, provocando una sensación que nunca antes había sentido.

-Hola preciosa, ¿qué puedo hacer por ti?

-¿Po-Podrías devolverme… el libro… -le costaba pensar y hablar al mismo tiempo, -de… Historia… del Arte?

Se mordió el labio para reprimir un gemido.

-Sí, un momento.

Kyle la miraba raro, sabía que su expresión debía ser muy extraña, pero no podía evitarlo. El calor en su cuerpo aumentaba cada vez más y su excitación humedecía sus muslos. Recordó que no llevaba ropa interior, pero no le importaba. Empezó a jadear y tuvo que apoyarse sobre el lateral de la puerta para no caerse. Sus rodillas parecían gelatina y notaba como el sudor perlaba su frente.

-Ten.

Kyle le tendió el libro y cuando ella lo cogió, su cuerpo no pudo más. Gimió cuando su orgasmo la atravesó.

-Ash, ¿te encuentras bien? –El joven se preocupó al ver su extraño comportamiento.

-Sí… -musitó con la respiración agitada. –Muchas gracias.

Sus propios fluidos impregnaban su entrepierna, y seguramente debería alarmarle que sus compañeros pudieran notar la mancha de humedad, pero su cerebro estaba tan embotado que no le importaba.

Llegó a su habitación sintiendo las réplicas del orgasmo, acrecentadas por la constante vibración de aquel pequeño aparato. Casi no tenía fuerzas para sujetar el libro a pesar de lo pequeño que era, y se lo entregó a Mark. El chico la miró detenidamente al ver su expresión.

-¿Te… ocurre algo?

Ella negó, incapaz de recordar cómo se articulaban las palabras.

 

 

Debía agradecerle a su amiga por el fantástico regalo. Tras probarlo un rato más, se dio una ducha rápida, durante la cual, recordó las caras de sus amigos. La habían visto en un momento muy íntimo y empezó a sentir vergüenza.

En la cocina, mientras cenaba, intentaba ignorar las miradas de Mark y Kyle, pues sabía que buscarían la primera oportunidad que tuvieran para preguntarle acerca de su extraña reacción. Y en ese caso, ella no sabría qué responderles.

Intentó escabullirse a su habitación, pero los chicos fueron más rápidos y la detuvieron al final de la escalera.

-Mark, tengo que hablar un momento con Ash –comentó el chico rubio, un tanto molesto por la presencia del otro.

-Yo también quiero preguntarle algo importante.

-Creo que tu pregunta podría esperar.

Mark abrió la boca para contestar a su compañero, comenzando a enfadarse por su actitud. Ashton se percató de la tensión de sus amigos y decidió dejar a un lado su vergüenza para evitar un conflicto entre los dos.

-Chicos, sé lo que vais a preguntarme los dos –su rostro estaba poniéndose rojo, pero continuó. –Esta tarde tuve un comportamiento raro y os pido disculpas. Tranquilos, no me pasaba nada malo.

-¿Pero qué te ocurría? Estabas muy sofocada cuando llegaste a mi habitación –inquirió Kyle.

La chica desvió la mirada, buscando una posible salida de aquella situación.

-Ash, suéltalo. Sabes que puedes confiar en nosotros –animó Mark.

Ella era reticente a explicarles esa parte, pero viendo sus rostros, sabía que no la dejarían marchar sin saber qué le ocurría. Respiró hondo y cerró los ojos, mientras en su cara el color granate se acentuaba.

-Jess me trajo un… artilugio muy… peculiar y yo lo estaba probando cuando Mark llamó a mi puerta… -nunca había vivido un momento tan embarazoso. -Yo… lo llevaba puesto cuando fui a la habitación de Kyle y… el aparatito empezó a… vibrar demasiado… y yo no pude aguantarme y me… me… -tuvo que tragar duro antes de decir la última frase en un susurro. –Tuve un orgasmo.

Los chicos estaban anonadados ante esa confesión, ni siquiera la detuvieron cuando se giró para correr a encerrarse en su habitación. Mark ató cabos cuando sus neuronas volvieron a ponerse en marcha, y recordó el pequeño mando cuyo botón había pulsado repetidas veces.

-Entonces… -comenzó a decir Kyle con una sonrisa confiada, -yo he visto su expresión cuando tiene un orgasmo.

-Sí… y yo he provocado ese orgasmo.

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