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Omega por Kala1411

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Capítulo 18

 

 

El último fin de semana de septiembre, Ashton se marchó a visitar la Academia Militar. Los chicos intentaron convencerla para que se quedara, pues planeaban ir a una gran fiesta de la espuma.

-Chicos, os lo agradezco, pero quiero ver a mis padres. Sé que van a organizar una misión de entrenamiento y no sabéis lo divertido que es –dijo ella mientras bajaba las escaleras del porche. – ¡Pasáoslo bien!

Cuando su taxi se alejó de la casa, los chicos entraron desanimados al salón. Apenas había salido del recinto del campus y ya la echaban de menos. Llegaron a desesperarse y aburrirse tanto, que decidieron organizar ellos otra fiesta para el sábado por la noche. Ella estaría dos días fuera, y su tren no llegaría hasta el domingo por la noche, por lo que tendrían tiempo para limpiar y ordenar la casa para cuando estuviera de vuelta.

Pensaron los detalles durante la hora del almuerzo y cuando casi habían terminado de comer, Mark recordó algo importante.

-Por cierto, me olvidé de avisaros –dijo mirando a Kyle y a Adam, -pedí dos nuevas camas para vuestra habitación, pero me han informado que hasta el lunes no llegarán por problemas con el transporte.

Los chicos se miraron con el ceño fruncido.

-¿Y qué haremos durante el fin de semana sin camas? –Preguntó Kyle.

-Sé que no es una gran idea, pero creo que la única solución que tenéis es utilizar una de las camas de matrimonio que hay en el ático…

Las risitas empezaron a recorrer la mesa.

-¿Estás vacilándome? –Kyle había dejado de comer momentáneamente.

-Tío, no te preocupes. Puedes tener la cama de matrimonio para ti, yo tengo en mente otro lugar en el que dormir –le dijo alegre Adam.

-Seguro que ese lugar incluye una tía –bromeó Victor.

Todos se rieron, menos Jason.

-¿Podemos conocer la identidad de la afortunada? –Inquirió con una media sonrisa que no llegó a sus ojos.

Adam se enfrentó con su mirada, sabiendo lo que su amigo estaba pensando.

-Aun no la conozco ni yo, tío –dijo encogiéndose de hombros.

Pero su actitud despreocupaba no casaba con sus pensamientos.

 

 

El viernes por la tarde, a las 18:45 y tras casi 4 horas de viaje en tren, Ashton se bajó en la estación central de Seattle. John y Paul la esperaban en el andén con los brazos abiertos. Les había echado de menos más de lo que creía. La llevaron a cenar a su pizzería favorita antes de dirigirse al centro militar, para poder tener un rato de “padres” e hija. Solo esperaba que no se diesen cuenta de la pequeña mentira que ella les había estado contado desde que se fue. Era una gran mentirosa, le enseñaron a serlo para las ocasiones que más lo requiriese, pero esa era la primera vez que engañaba a sus padres.

-Bueno, ¿y cómo es la hermandad a la que perteneces? –Preguntó John.

-¡Es genial! La casa es enorme y muy luminosa.

-¿Cómo son las chicas que viven contigo?

-Pues son todas distintas entre sí, pero formamos una piña. Estamos muy unidas y nos apoyamos mucho las unas a las otras –bebió un poco de su agua mientras simulaba pensar. –Supongo que no puedo decir cuál podría considerar como mi mejor amiga aún.

-No tienes que precipitarte en nada –le dijo Paul sonriéndole. –Estás en la Universidad, rodeada de cultura y gente nueva, disfrútalo todo con tranquilidad.

Sus platos llegaron y empezaron a cenar, pero ella sabía que aún había preguntas en el aire y sus padres solo estaban esperando el momento propicio para hacerlas.

-Y, con el género masculino, ¿cómo vas?

John formuló la pregunta con aparente desinterés, pero ella lo conocía mejor que eso y había estado ensayando mentalmente su respuesta durante todo el camino.

-Se me han acercado algunos chicos, pero les he dejado claro que estoy centrada en mis clases –ella sonrió inocente. -He hecho algunos amigos, pero nada más. No me interesan en este momento de mi vida.

Pudo observar claramente como la tensión en los músculos de sus padres desaparecía, incluso les vio sonreír levemente aunque intentaron disimularlo.

-Bueno, háblanos de tus clases, ¿cuáles son tus favoritas?

 

 

La misión de entrenamiento empezó a las 3 de la madrugada, en una zona boscosa. Ashton estuvo corriendo, escondiéndose y planeando con sus compañeros durante doce horas, hasta que consiguieron su objetivo. La mayoría de los componentes de su equipo eran jóvenes que habían estudiado al mismo tiempo que ella en la Academia Militar, solo que algunos años mayores. Sabían la historia de su vida y de quiénes era hija, por lo que ninguno se atrevía a verla como algo más que su compañera.

Por desgracia, sus padres le informaron de un imprevisto en la otra punta del país que debían solucionar. La llevaron a la estación de trenes el sábado por la tarde y cogió el último tren que salía para California. Le apenaba no poder pasar más tiempo con ellos, pero el trabajo era el trabajo.

 

 

Su tren llegó casi a medianoche, se apresuró a coger un taxi pues estaba deseosa de acostarse. No había dormido en casi 24 horas, y ni siquiera había recuperado fuerzas tras la ardua misión de entrenamiento.

Cuando se bajó del taxi y vio la enorme fiesta que habían formado los chicos de su fraternidad, solo suspiró. Sabía que no le costaría quedarse dormida por el cansancio acumulado que tenía, así que no estaba preocupada.

Sus amigos estaban esparcidos por toda la casa, bebiendo, bailando y babeándose con las chicas que había por doquier. Ni siquiera se paró a buscar a nadie para avisar de su regreso anticipado, solo se fue directa a su habitación.

Cuando abrió la puerta, el olor a cereza llegó a su embotado cerebro antes que la escena. Adam estaba follando con una guapa morena en su cama. Cerró la puerta de golpe, notando sus mejillas rojas. ¿Qué podía hacer? Su cuarto había sido invadido por Adam, así que ella se aventuró a ir a la habitación que él compartía con Kyle. Si el chico le había robado su cama, ella se apoderaría de la suya. Ya tendría tiempo de pegarle una paliza al día siguiente, cuando hubiese descansado lo suficiente.

Entró en la habitación de los chicos y se quedó pasmada al ver la cama de matrimonio. Pero tampoco le importó mucho, pues su cuerpo y su cabeza le pedían a gritos meterse en ella. Su pretensión había sido llegar a su habitación, ponerse su pijama favorito y acostarse, dejando para el día siguiente la tarea de deshacer la maleta. Pero debido al cambio de su plan, no se lo pensó dos veces y cogió una camiseta de una cajonera. No sabía de quien era ni le importaba, solo se la puso y se acostó. En cuestión de segundos, estaba sumida en un profundo sueño.

 

 

Kyle había bebido más de la cuenta, aunque no llegaba a estar tan borracho como algunos de sus amigos. Había estado hablando con varias chicas, pero ninguna de ellas le atraía como para tener sexo, y eso que llevaba casi dos meses desde la última vez que se acostó con alguien. Pero la presencia de Ashton le había trastocado más de lo que él había creído, no podía evitar comparar a cada fémina con ella.

Llegó a su habitación y se percató levemente del bulto que había en la cama. Sonrió divertido, pues parecía que Adam no había encontrado tampoco a ninguna chica que le gustase para pasar la noche. Él comprendía a su amigo, solo pensaba en una persona y resultaba ser la menos indicada, pero así era el amor. Se quitó la ropa, quedándose solo en slips, y se metió entre las sábanas, harto de sus pensamientos y de lo complicado que era todo a veces.

 

 

A la mañana siguiente, Kyle se despertó relativamente pronto por los rayos de sol que entraban por la entreabierta ventana. Tenía la boca pastosa, pero eso no fue lo que más le incomodó. A medida que tomaba conciencia de su postura, se dio cuenta que estaba pegado contra el cuerpo de su amigo, quien había metido su cabeza bajo la almohada para eludir los rayos del sol para seguir durmiendo. Su culo estaba pegado a su entrepierna, y su pene estaba completamente erecto.

Se había empalmado con su compañero de habitación.

De repente, se despertó por completo y se alejó de la cama tan rápido como pudo. Se apresuró a salir de allí, y una vez fuera, se apoyó contra la puerta jadeando y con las manos sobre su miembro.

-¿Qué cojones te pasa, Kyle? –Se recriminó a sí mismo.

Tardó un poco en normalizar su respiración y esperar que su pene recuperase su tamaño habitual. Bajó las escaleras para buscar algo que poder desayunar, o con lo que poder volver a emborracharse, lo que encontrase primero.

Se paró en seco cuando estuvo en la puerta de la cocina y vio a varios de sus amigos allí, entre ellos Adam.

-Adam… ¿Qué estás haciendo aquí?

El aludido lo miró, con el sueño aun dominando su gesto.

-¿Cómo que qué hago aquí? Pues desayunando, ¿no lo ves?

-¿D-Dónde has pasado la noche? –Tragó mientras hacía la pregunta.

-En la habitación de Ashton.

-¿Te has follado a una chica en la habitación de Ash? –Inquirió Victor. –Va a matarte cuando se entere.

Adam iba a contestarle, pero Kyle habló antes.

-Si tú has dormido en la habitación de Ashton… ¿Quién ha dormido conmigo en la cama matrimonial?

Todos los presentes se quedaron paralizados durante unos segundos antes de reaccionar y apresurarse a subir las escaleras. Kyle era el más rápido, pues la adrenalina impulsaba sus pies a correr para averiguar la identidad de aquella persona. Abrió la puerta de golpe, seguido de sus amigos, y no se demoró en destapar las sábanas.

Un redondeado culo y unas firmes y tersas piernas le dieron la bienvenida. La chica gimió, apartó la almohada de su cabeza y se sentó en la cama, sin ningún tipo de vergüenza porque todos sus compañeros estuvieran viendo sus braguitas negras y notasen sus pechos libres de sujetador.

-¿Qué crees que estás haciendo? –Preguntó molesta Ashton.

Kyle se quedó paralizado de la sorpresa.

-Cre-Creí que llegarías hoy… -expuso Kyle. -¿Cuándo has llegado?

-Llegué anoche –dijo bostezando y restregándose los ojos. –Pero un cerdo fornicador había invadido mi cama –dijo mirando mal a Adam.

-Sí, eso… -el aludido no sabía qué decir. -Espero que me perdones, Ash…

Ella le tiró un cojín a la cara.

-Quiero mis sábanas lavadas antes de esta noche –le advirtió. –Y ahora, si no os importa, quiero seguir durmiendo.

Se levantó para bajar la persiana, y todos los presentes aprovecharon para mirar detalladamente su culo. Ella ignoró sus miradas y volvió a meterse en la cama para seguir durmiendo.

-¿Os importa? –Dijo a modo de invitación para que todos salieran de allí.

Una vez la puerta estuvo cerrada, los chicos volvieron lentamente a la cocina, pensando en los muslos de su compañera. Casi había llegado a la escalera, cuando Adam se giró hacia Kyle y le dijo en voz baja:

-Necesitaremos ducharnos durante la mañana, y toda nuestra ropa está en la habitación. ¿Por qué no vas y me buscas mis prendas? Si Ash me ve entrar a mí, puedo despedirme de mis futuros hijos –explicó elocuentemente.

Kyle le sonrió a su amigo, Adam podía parecer muy bromista, pero se percataba de muchas cosas que pasaban a su alrededor.

Entró sigilosamente en la habitación, admirando detenidamente a la chica. Tenía la sábana por la cintura, pero la silueta de su culo era perfectamente visible. Sigilosamente empezó a buscar su bolsa de baño y ropa para él y para su amigo.

-No me importa si necesitas encender la luz –le susurró Ashton.

Él la miró sonriendo, ella le devolvía la mirada con un ojo abierto y varios mechones sobre su rostro.

-Ya lo tengo todo, pero gracias –se acercó a la cama y se sentó. –Siento la forma en la que te he despertado, no sabía que eras tú.

Ella empezó a reírse antes de bostezar y disponerse a dormir de nuevo.

-¿De qué te ríes? –Le susurró él, curioso.

-Una parte de ti sí que se había dado cuenta que era yo –la leve risilla traviesa retumbó en su interior como si fueran campanas.

Kyle salió de la habitación rezumando felicidad.

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