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Omega por Kala1411

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Capítulo 17

 

 

El resto de la semana pasó sin ninguna otra dificultad para Ashton. Frank la recibió uno de los días con un abrazo de oso, agradeciéndole efusivamente su colaboración con el equipo de Futbol Americano.

-Multitud de chicos te vieron el lunes paseando con mi camiseta y se apuntaron a las pruebas para entrar en el equipo –le dijo mientras la apresaba entre sus musculosos brazos. –Si no hubiese sido por ti, el equipo habría desaparecido –ella apenas podía respirar. -¡Muchísimas gracias, Ashton!

-Tío, déjala ya o empezará a ponerse azul –avisó Victor.

La chica resultaba ser una compañera increíble, tenía una visión diferente del mundo y unos valores muy fuertes. Era amble, divertida e inteligente, incluso Dimitri parecía apreciarla más que a ninguno de los otros chicos a los que entrenaba en el gimnasio. Pero Mark sabía que Ashton no solo provocaba esas reacciones en quienes la rodeaban.

El viernes había una gran fiesta en otra casa de estudiantes, y todos estaban invitados, pero Ashton prefirió quedarse en la mansión, pues al parecer no se encontraba muy bien. Les aseguró que no era nada grave y que les avisaría si empeoraba.

El lugar estaba muy ambientado, música de moda, bebidas y muchas chicas guapas. Sus amigos no tardaron en perderse entre los barriles de cerveza y los cuerpos sudorosos de la pista de baile. Mark se quedó con Matthew, Peter y Scott en el jardín bebiendo algunas cervezas y hablando de deportes y clases, pues no tenía la mente en la fiesta. Estaba preocupado por la situación de Ashton y las acciones de Daisy contra ella, y sabía que debía hacer algo para que no fuese a más.

Como si la hubiese llamado por telepatía, la presidenta de la Hermandad Delta se acercó hasta ellos.

-Buenas noches, chicos –saludó con voz provocativa.

Los chicos la miraron con animadversión, y Mark se levantó con los brazos cruzados.

-¿A qué has venido?

Ella soltó una risita aguda.

-¿Por qué tienes esa actitud conmigo, querido Mark?

-Sabemos que tú y tus chicas fuisteis las responsables de destruir la ropa de Ashton.

Ella le miró cruzándose de brazos, pero manteniendo su sonrisa.

-¿Y qué con eso? Solo fue una broma.

-No, no lo fue. Déjala en paz, Daisy.

Ella dobló su cabeza, pensativa.

-Si vuelves conmigo, me olvidaré de su existencia.

-¿Qué? –Ni Mark ni sus amigos daban crédito a lo que oían. – ¿Por qué quieres que volvamos?

-Porque es lo que se espera de nosotros –se acercó a él y puso sus manos por detrás de su cuello, pegando sus curvas a sus músculos. –Tú eres el Alpha de la fraternidad más importante del campus, y yo la presidenta de la Hermandad Delta, estamos hechos para ser una pareja y un ejemplo para el resto del campus.

-No sé qué tiene que ver eso con Ashton.

-No tiene nada que ver en realidad, pero su reputación está en mis manos –le explicó. –Ahora es conocida como vuestro juguete, vuestra puta intercambiable.

-Y todo gracias a ti –Matthew no pudo evitar el comentario sarcástico.

Daisy se rio levemente.

-No voy a negar que tuve algo que ver con el inicio de ese rumor… Pero de la misma forma, también puedo hacer que desaparezca –acarició la barbilla de Mark para dar más énfasis a su propuesta.

El chico sintió como la bilis le subía por la garganta, pero sabía que era su deber como Alpha defender a los miembros de su fraternidad. Costase lo que le costase.

 

 

Demasiado borracho como para sentir algún tipo de asco en ese momento, Mark llegó con Daisy a la mansión a altas horas la madrugada. Ella no había bebido tanto y había logrado convencerlo para que se fueran a la mansión y pasaran la noche juntos. Él no tenía la estabilidad suficiente para subir las escaleras, y tras dos intentos infructuosos en los que casi se cae, Mark decidió que dormirían en el sofá del salón.

Pero Daisy no quería dormir. Ella quería marcarle como suyo, demostrarles a todos los miembros de la fraternidad, en especial a Ashton, que Mark le pertenecía.

Lo tumbó en el sofá y empezó a besarle frenéticamente, le acarició en los lugares donde sabía que más le gustaban y él le respondió con la misma desinhibición. Su ropa fue desapareciendo poco a poco, hasta que estuvieron casi desnudos y ella cogió el pantalón de Mark y sacó de su cartera un preservativo.

Se lo puso y se montó sobre él, pues el chico se caería si intentaba ponerse encima. Empezó a cabalgarlo, pero él no se mantuvo quieto. Sus embestidas eran potentes y Daisy no tardó en comenzar a gemir. No le importaba si la veían, su pretensión era anunciar su presencia, así que empezó a gritar cuando el ritmo de Mark fue aumentando. Estaba segura que todos los miembros de la casa la estaban escuchando, pero por si acaso, alzó más la voz con cada movimiento placentero que sentía.

No fue un polvo largo, pero tampoco podía esperar más dada la cantidad de alcohol que él había ingerido. Sin embargo, fue muy satisfactorio y excitante, Mark nunca defraudaba a las chicas por muy borracho que fuera, o como en su caso, por mucho que la detestase. Daisy se limpió con algunas toallitas de su bolso y le quitó el preservativo lleno a un Mark casi dormido.

-Ash… -murmuró él.

Daisy se paralizó por un momento. Acababa de follar con él, pero ¿la habría confundido con aquella chica? Los celos y el odio afloraron en su interior, esos sentimientos le ayudarían a planear su siguiente movimiento contra su rival. A la mierda con el trato que había hecho con Mark.

 

 

Ashton se despertó alrededor de las 6 de la mañana, los intensos calambres de su menstruación le impidieron seguir durmiendo. Se retorció de dolor y se puso en posición fetal, intentando regular su respiración. El día anterior había sentido algunas molestias estomacales y sabía que la llegada de su periodo era inminente, pero esperaba que aquella ocasión fuese una de las veces en las que los calambres eran mitigados por los anticonceptivos que tomaba. Sin embargo, no parecía que fuese a ser así.

Una hora después y sin ningún tipo de mejoría, decidió levantarse de la cama y bajar a la cocina para prepararse un té. Se miró levemente en un pequeño espejo que tenía sobre la cajonera de su habitación y vio el lamentable aspecto que tenía. Su melena estaba despeinada, su cara estaba pálida y sus ojeras eran enormes, pero todo eso a ella le daba igual. Lo que le preocupaba realmente eran los cambios de humor que iba a tener, los cuales se volvían tan incontrolables que su comportamiento rayaba la bipolaridad. Era casi matemático, cuanto más dolorosa fuese la menstruación, más cambios de humor tendría.

Bajó las escaleras, llevando un libro de lectura para leer mientras se tomaba la primera taza de té. Su ginecóloga hacía años que le aconsejaba evitar los refrescos y el café durante los peores días de regla, pues podrían agravar sus altibajos emocionales, pero por muchas tazas de té que se tomara su humor seguía siendo horrible y cambiante esos días.

 

 

Daisy se despertó, se vistió y miró brevemente a Mark antes de salir del salón. Una figura en la cocina llamó su atención y se acercó disimuladamente. Era Ashton y tenía un aspecto horrible, como si no hubiese dormido bien. Una sonrisa cínica se formó en su rostro mientras salía, sabiendo que ella la habría escuchado follando con Mark la noche anterior. Había conseguido su objetivo.

 

 

Alrededor de las 8, algunos miembros de la fraternidad empezaban a bajar a la cocina, la mayoría de ellos con expresiones sombrías pues todos habían escuchado el espectáculo porno de Daisy. La sola idea de que ella volviera a meter sus narices en la fraternidad tenía a muchos preocupados. Solo Peter, Scott y Matthew sabían lo que había ocurrido y se lo explicaron a algunos compañeros, en susurros.

Todos se quedaron paralizados al ver a Ashton allí, con la mirada perdida en un punto indeterminado de la mesa.

-Buenos días, Ashton –dijo Jason.

Ella le respondió con un murmullo casi ininteligible mientras tomaba otro sorbo de su taza. Él miró a sus amigos con la inquietud instalada en sus ojos. Habían quedado claras las intenciones de Daisy con Ashton, y a su compañera parecía haberle afectado mucho.

 

 

Los pasos procedentes de la escalera despertaron a Mark. Se mantuvo tumbado en el sofá mientras los recuerdos de la noche anterior iban apareciendo en su cabeza como si fuese una película. Se levantó lentamente para no vomitar, más por el asco que sentía hacia sí mismo que por la resaca. Era un presidente horrible y, aunque nadie le pediría explicaciones, sentía que defraudaba cada vez más a sus amigos cuando se trataba de Daisy.

No sabía si sería capaz de mirarlos a la cara, pero lo que más le avergonzaba era tener que hablar con Ashton sobre lo que había hecho. La chica podía sentir que la había traicionado acostándose con su enemiga, y entendería si no quería volver a mirarle a la cara, aunque eso le partiese por dentro.

Se dirigió a la cocina con la mínima esperanza de poder hablar con los demás miembros antes de tener que tratar con Ashton, pero sus ánimos se derrumbaron cuando la vio sentada. Parecía estar en trance, completamente ajena a todo a su alrededor. Estaba despeinada y con el rostro macilento, seguramente por la falta de sueño, pero aun así le parecía que estaba guapa. Lo que más le turbaba era la mirada que tenía en sus ojos.

Adam entró en la mansión en ese momento y, al ver a sus compañeros en la cocina, se paró en la entrada, al lado de Mark. Siguió su mirada y comprendió todo sin siquiera haber pasado la noche en la mansión, pues había visto salir de la fiesta a su amigo con Daisy.

-Explícaselo, seguro que lo comprenderá –susurró a Mark intentando animarle.

Con paso dubitativo, se acercó a la mesa y se sentó frente a Ashton. Ninguno de los presentes dijo nada, pero el desasosiego inundaba la habitación. Ella ni siquiera le miró, como si ignorase su presencia. Su voz se quebró cuando empezó a hablarle.

-Ashton… Perdóname…

Ella levantó los ojos y le miró con un profundo resentimiento. Algo en su interior se agrietó, a punto de romperse al ver cómo le estaba mirando. Quiso continuar su disculpa, pero ella le interrumpió.

-Te odio –dijo con voz clara y destilando un profundo rencor.

La respiración de Mark se detuvo ante esas dos palabras. Nunca pensó que llegaría a afectarle tanto escucharlas de una chica que hacía tan poco tiempo que conocía, pero así era.

-Yo… Lo siento mucho… -se detestaba a sí mismo en aquellos momentos.

-¿Qué lo sientes? Dime, ¿qué es exactamente lo que sientes? –El tono de su voz enfurecida estremeció a todos los presentes. -¿Cómo puedes pedirme perdón si no sabes cómo me estoy sintiendo ahora mismo? –Se levantó de la silla y plasmó sus manos en la mesa, fijando sus ojos en los de Mark. -¡No tienes ni idea de cómo me siento! ¡No puedes saberlo porque tú no tienes una MALDITA VAGINA SANGRANTE!

La estupefacción inundó la cocina. Todos los miembros se quedaron mirando a su compañera sin saber qué decir ante sus palabras. Mark se había echado hacia atrás, atemorizado por la reacción de Ashton.

-¿Q-Qué?

-¡Que tú tienes un pene, maldito suertudo de mierda!

Se dispuso a salir de la cocina, los chicos se apartaban de su camino mientras la miraban sin dar crédito a lo que acababa de pasar. Cuando pasó al lado de Adam, se paró un momento y lo miró durante unos segundos con la misma expresión que a Mark.

-¡Muchas gracias, Adam! ¡Ahora me apetecen cerezas y no es temporada!

El joven ni siquiera pudo disculparse, pues ella subió las escaleras y todos pudieron escuchar claramente el portazo.

-Jo… der… -susurró Victor.

-¿Qu-Qué le pasa? –Jason casi tenía miedo de preguntar en voz alta, por si ella le escuchaba.

-Creo que nuestra compañera ha empezado con su periodo –se aventuró a decir Matthew.

 

 

Nadie quiso molestarla, todos se pusieron de acuerdo en intentar no enfadarla durante un par de días, aunque no confiaban mucho en poder conseguirlo dada la reacción que tuvo con Mark. Durante la mañana del sábado, los chicos realizaron sus habituales actividades: estudio, limpieza, lavandería,...

Mark volvió del gimnasio con otros miembros alrededor de las 12 del mediodía, un poco más aliviado que esa mañana, pues aunque Ashton le había gritado iracunda, el motivo no había sido Daisy. Sus amigos no habían querido sacarle el tema, pues solo les hizo falta verle por la mañana para saber lo afectado que estaba por culpa de la chica rubia. Esperarían unos días para hablarlo entre todos e intentar buscar una solución a su chantaje.

Apenas había entrado por la puerta cuando Kyle le llamó, acercándose apresuradamente a él.

-Mark, tenemos un problema: Ashton está llorando en el salón.

Los chicos miraron hacia el arco que conducía al gran salón y vieron a varios miembros allí congregados.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado para que esté así? –Preguntó Jason preocupado.

-Está viendo la televisión –contestó Matthew.

-¡Ah, bueno! –Dijo el chico. –No será tan grave, seguramente esté viendo alguna mierda cursi como Titanic o El diario de Noah.

-No, Jason. Está llorando mientras ve capítulos de The Walking Dead –aclaró Kyle.

Mark, Jason, Frank y Nick fueron hacia la entrada del salón, los demás miembros se apartaron para que viesen lo que ellos aún no lograban entender. Ashton estaba llorando como si no hubiese un mañana, rodeada de pañuelos usados, con la cara enrojecida mientras se escuchaba de fondo los terroríficos alaridos de los zombis.

-Tim, tú eres el veterinario del grupo y tienes experiencia con fieras–empezó a susurrar Adam, -acércate e intenta calmarla.

Sorprendentemente, Adam no estaba bromeando cuando le dijo eso a su amigo.

-Ni de coña, tío –le contestó Timothy sin apartar sus ojos de la desdichada Ashton. –Ya viste lo que hizo con una serpiente estando de buen humor, no quiero imaginarme de lo que es capaz estando con el periodo.

-¿Creéis que deberíamos llamar al hospital? –Inquirió Victor. –Por si pueden prestarnos una camisa de fuerza.

-No seas bestia, tío –riñó Scott.

-Tú estás estudiando Psicología, ¿puedes afirmar con rotundidad que no está loca viéndola así?

Como si quisiera enfatizar las palabras de Victor, Ashton empezó a llorar más fuerte aun cuando un gran chorro de sangre apareció en la pantalla. Algunos hasta se asustaron más al escuchar el alarido de tristeza.

-A ver, dejadme pasar –se atrevió a decir Kyle. –Intentaré tranquilizarla.

-Te recordaremos siempre, tío –le aseguró Adam.

Kyle ignoró a su amigo, se acercó lentamente hasta el sofá y se sentó al lado de la afligida chica.

-Ashton, ¿por qué estás tan triste? –Preguntó dulcemente.

Ella señaló la pantalla de la televisión sin poder contener las lágrimas.

-Los están matando. ¡Los están matando!

Los protagonistas de la serie se estaban defendiendo del ataque de los zombis, la escena era sangrienta y angustiosa para cualquiera que la viese, pero al parecer en su amiga solo provocaba un gran sentimiento de pena.

-Ashton, tranquilízate. Los protagonistas solo se están defendiendo del ataque –intentó utilizar la coherencia.

-¡Pero los están matando! ¡¿No lo ves?! –Otra nueva oleada de lágrimas. –Me dan mucha pena, ellos solo se dejan llevar por su naturaleza… No tienen culpa de lo que hacen…

Más lágrimas.

-¿Qué… se dejan llevar por su naturaleza? –Preguntó extrañado.

-¡Sí! Los zombis no saben lo que están haciendo, solo se dejan llevar por su instinto… -hipó levemente. –Y Rick y los suyos los están matando… ¡No es justo!

Kyle se quedó un momento procesando las palabras de la chica, miró hacia sus compañeros y todos se encogieron de hombros, atónitos, sin saber qué hacer para calmarla.

 

 

Tras un domingo lleno de altibajos emocionales, Ashton se levantó más animada el lunes. Se acicaló y bajó para desayunar.

-¡Buenos días! –Saludó animada a todos los presentes.

Sus amigos la miraban con cierto recelo y temor.

-¿Te sientes… mejor? –Preguntó Adam.

-Sí, me siento mucho mejor –se acercó a la cafetera y empezó a prepararse el café.- Quería pediros perdón, mi humor ha sido una mierda este fin de semana y lo he pagado con vosotros.

Los chicos le sonrieron al comprobar que había vuelto a la normalidad.

-Nos advertiste el primer día y no te hicimos mucho caso –dijo Matt, -pero no volveremos a estar confiados.

-¿Y eso? –Cuestionó ella divertida.

-Nos hemos descargado un calendario menstrual –contestó Jason, -ahora no nos cogerán desprevenidos tus próximos periodos.

Todos los presentes le mostraron sus móviles con la aplicación abierta y ella no pudo más que reírse.

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