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Omega por Kala1411

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Capítulo 16

 

 

Ashton decidió esperar unos días para volver al gimnasio, no sabía cómo reaccionaría Dimitri al verla y aún tenía que lidiar con su cada vez más creciente fama en el campus. El segundo fin de semana que pasaba en la mansión aprendió que la ley de la jungla se aplicaba más a la organización de la ropa para la colada que al cuadrilátero donde se había enfrentado a Dimitri. Había un par de lavadoras industriales y otras tres más pequeñas en el sótano de la casa, y ni aun así consiguió encontrar un hueco para lavar sus prendas.

Frank, al verla un poco desesperada, le ofreció compartir con él el uso de una de las lavadoras industriales, pues las prendas de ambos eran oscuras, y ella aceptó agradecida. A mitad de la tarde, mientras descansaba de las lecciones de Matemáticas que había estado repasando, fue a recoger su ropa al sótano. Simplemente la llevó en una cesta a su habitación, demasiado ensimismada y saturada para colocarla en su armario en ese momento.

Bajó para la cena y se encontró en la cocina a varios miembros intentando animar a Frank. Le resultó extraño ver al enorme chico cabizbajo y triste, por lo que quiso saber qué ocurría.

-El equipo de Futbol Americano del campus tiene muchas bajas. El año pasado se graduaron muchos de los mejores jugadores que teníamos, y solo quedamos 6. Necesitamos más miembros, pero nadie se apunta para las pruebas –el joven no levantaba la mirada de la mesa. -Si el martes no hay al menos otros 6 interesados, el equipo desaparecerá hasta el próximo curso.

Frank era el único miembro de la fraternidad que jugaba a ese deporte, y aunque los demás intentaron animarle durante la cena, fue en vano.

 

 

El lunes, Ashton decidió que quería ir al gimnasio en la hora y media que tenía libre a mitad de la mañana, por lo que se llevó lo necesario en su mochila para no tener que volver a la mansión por si iba mal de tiempo cuando terminase en el Esparta. Su próxima clase empezaba a las 12, así que le daba tiempo de hacer algunos ejercicios… si Dimitri no la expulsaba nada más verla entrar, claro.

Respiró hondo cuando entró en el recinto y se dirigió a los vestuarios femeninos para cambiarse con rapidez. De nuevo, volvió a ver algunas bolsas de gimnasio con el llavero de la Hermandad Delta y la embargó la misma sensación, pero decidió desoír su instinto por aquella vez y centrarse en su inminente encuentro con el entrenador ruso.

Se dirigió a la zona de las máquinas, y vio a algunos de sus amigos. Se acercó a ellos, pero un potente grito la detuvo.

-¡JONES!

Dimitri se acercaba a ella con su habitual semblante furioso. Las personas que estaban en las máquinas no se habían percatado de su presencia al principio, pero tras ese alarido, dejaron momentáneamente sus ejercicios o redujeron su ritmo, expectantes por ver en qué iba a consistir el siguiente enfrentamiento entre el entrenador y la chica.

-¡¿Dónde te has metido estos días?! –Ella abrió la boca para contestar, pero Dimitri siguió gritándole. -¡He estado esperándote, jovencita!

Nick y Jason se apresuraron a interceder.

-Señor…

-¡No estoy hablando con vosotros! –Cortó el hombre. -¡Seguid con vuestros entrenamientos! ¡Tú –señaló a Ashton con un dedo, -acompáñame!

Ella miró con inseguridad a sus compañeros antes de seguir a Dimitri. No se alejaron muchos metros de donde se encontraban sus amigos, lo que la tranquilizó un poco. No quería estar mal con el entrenador, pero el desconocimiento de lo que podía esperar de aquel hombre le provocaba una gran incertidumbre.

-Empezarás aquí –señaló a un banco de pesas, -ajusta el peso al que estés acostumbrada y haz 3 series de repeticiones de 3 minutos cada una. Realiza 100 flexiones y descansa unos minutos, te quiero en el cuadrilátero en menos de cuarenta minutos, me gustaría ver como golpeas.

-Sí, señor.

Complacida por las palabras y la actitud del entrenador, Ashton obedeció. Dimitri se quedó con ella durante la primera serie, para ver cómo lo hacía y el peso que le ponía. Ella estaba acostumbrada a ejercitarse con una gran cantidad de peso, y aunque esperaba que el hombre dijera algo, Dimitri se guardó sus pensamientos para sí. Asintió cuando vio que era capaz de ejecutar los ejercicios con concentración y eficacia, y se dirigió a reñir a algunos chicos que estaban a su alrededor, pues se habían quedado embobados mirándola y habían dejado de hacer sus ejercicios. Ella aprovechó el primer descaso para ponerse los cascos y escuchar música mientras realizaba las series y las flexiones.

Cuando finalizó lo que le había ordenado Dimitri, bebió un poco de agua y se dirigió al cuadrilátero, sin percatarse de que las chicas de la Hermandad Delta la habían localizado y no le quitaban la vista de encima.

El entrenador se encontraba con el material preparado y le ayudó a ponerse los guantes de king boxing. Durante los primeros minutos, Dimitri le estuvo dando órdenes exigentes, pero después dejó que ella actuase por instinto a cada movimiento o ataque que él hacía para comprobar sus reflejos.

-Eso es todo por hoy –dijo tras 20 minutos en el cuadrilátero. –Realmente estoy impresionado, Jones. Nunca había visto a ninguna chica que luchase como tú lo haces, era escéptico a creer que fueses tú quien se había graduado con honores por la Academia Militar, pero me equivocaba. Endureceré tu entrenamiento para que seas incluso mejor, a estos capullos de aquí no puedo exigirles tanto.

Le guiñó un ojo a modo de broma y ella se rio. Se despidió de Dimitri y se dirigió a los vestuarios. Iba un poco apurada de tiempo, por lo que no se paró a mirar a su alrededor cuando entró en la pulcra sala con bancos y taquillas, sino que cogió su neceser y su toalla y se metió en una ducha. Para su sorpresa, no había nadie en aquel momento en el vestuario, pero quiso terminar rápido para llegar con tiempo a su próxima clase: Biología.

Salió de la ducha envuelta en una toalla y secándose el exceso de humedad del pelo con otra, y fue entonces cuando vio el estropicio. Toda su ropa estaba hecha jirones. Suspiró con pesar mientras miraba a su alrededor: ni rastro de las bolsas de las otras chicas.

Se apresuró a mirar dentro de su mochila, por si habían dañado algo más. Le habían destrozado hasta el recambio de ropa que llevaba en una pequeña bolsa. Exasperada, sacó todo lo que llevaba dentro, sus libros, su cartera, su móvil, sus llaves... y una camiseta que estaba escondida al fondo de la mochila. Era oscura y recordaba haberla cogido esa misma mañana del cesto de ropa que recogió el día anterior en la lavandería de la mansión. La sacó de la mochila para comprobar que efectivamente estaba en buen estado y… No era suya, era una camiseta enorme.

Le dio la vuelta a la prenda, buscando una explicación, y leyó en la parte trasera el nombre “FRANK” en letras blancas y un número 9.

Era la camiseta de Futbol Americano de su amigo. ¿Qué podía hacer? Era la única prenda que tenía en esos momentos y Frank podría molestarse si la utilizaba, pero no tenía otra salida. Se la puso, sacando por el cuello de la camiseta la cabeza y los brazos y haciéndose un nudo con las mangas bajo el pecho para sujetar la prenda y que no se cayese, se miró al espejo. Ni siquiera le habían dejado su ropa interior, por lo que era todo lo que llevaba.

Mirando el reloj y observando que faltaban menos de 5 minutos para que comenzase su clase, se apresuró a recoger las prendas destrozadas y todo lo que había sacado, se hizo un moño desecho y salió rápidamente de allí.

Notaba la mirada de los demás estudiantes y apresuró el paso, pues sabía lo que estaban observando. Sus pechos eran demasiado grandes e incómodos, y si no tenía la sujeción de su sujetador deportivo, le resultaban muy molestos. No le importaba lo que los demás pensaran, nunca le había importado, pero le preocupaba que su amigo se enfadase con ella.

Llegó al aula de Biología a tiempo y se apresuró a sentarse en un rincón disimulado, aunque su presencia ni mucho menos pasó desapercibida entre los estudiantes. Era la única de la fraternidad con esa clase, pues todos la habían aprobado el año anterior, así que tenía una hora y media para pensar que disculpa le daría a Frank.

 

 

El comedor empezaba a llenarse a medio día con estudiantes de todos los cursos y especialidades. La mayoría de los miembros de la fraternidad estaba intentado animar a un desconsolado Frank, al parecer no solo su equipo de deportes estaba pasando por graves problemas, sino que además había perdido la camiseta de su equipación, la que según él le daba siempre suerte.

-¿Qué voy a hacer? –Se lamentaba.

-Frank, tranquilízate. Aparecerán candidatos, aún falta casi un día para que se cierren las listas –le decía Matthew.

-Sí, no te pre… -Jason se había quedado embobado en algo. -Joder…

Los demás siguieron la mirada del miembro Delta y se quedaron boquiabiertos.

Ashton se dirigía a la mesa con todos ellos. Llevaba un corto vestido que, unido a su pelo recogido, resaltaba toda su figura. Prácticamente todos los chicos de la cafetería la estaban mirando hipnotizados, pero ella andaba apresuradamente hacia la mesa de la fraternidad. Soltó la mochila y se sentó frente a Frank, con una expresión acongojada.

-Frank, te lo suplico, perdóname –no miraba a nadie más, solo a su enorme amigo, quien estaba atónito. –Me equivoqué ayer y cogí tu camiseta del equipo de Futbol Americano, y hoy he tenido un problema y… he tenido que ponérmela.

Tanto Frank como los demás tardaron en reaccionar a lo que ella estaba diciendo.

-Sí, no te preocupes, no pasa nada –susurró Frank.

-Sé cuál es la respuesta, pero solo confírmamelo: no llevas sujetador, ¿verdad? –Victor prácticamente estaba en trance.

-No, no llevo ropa interior ahora mismo –dijo ella preocupada. –Frank, te prometo que la lavaré y te la devol…

-¡No! –Exclamó él. –Quiero decir, que no hace falta que… la laves…

-Ahora entiendo porque decías que era tu camiseta de la suerte –murmuró Jason.

-¿Problemas? –Inquirió Kyle. -¿Qué te ha pasado?

Ella miró a la izquierda, Mark, Matthew y él la estaban mirando ahora con expresiones interrogativas. Ashton no quería decir lo que había ocurrido.

-¿Ashton? –Presionó Mark.

Ella suspiró, cogió su mochila, la abrió y sacó las tiras de su ropa destrozada. El ambiente en la mesa se volvió tenso y sombrío, Mark miró de reojo a Matthew y a Kyle.

-Chicos, no quiero causar problemas por esta tontería… -empezó a decir preocupada por los semblantes serios de sus compañeros.

-No es una tontería, Ashton –declaró Kyle. -Eres miembro de nuestra fraternidad, y si se meten contigo, se meten con todos.

-Kyle, solo ha sido una broma pesada, nada más –ella le sonrió, intentando calmar los ánimos.

No iban a dejarlo así aunque Ashton lo quisiera. Todos sabían quienes habían sido las responsables de aquellos actos y buscarían explicaciones.

-Oye, Ashton, ¿estás son tus braguitas? –Preguntó Victor cogiendo una de las tiras destrozadas de ropa. -¿Te importa si me las quedo? Ya no te sirven y…

Ella se la arrancó de la mano, con la cara completamente roja, y se levantó para ir a buscar su almuerzo.

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