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Omega por Kala1411

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Notas:

Me encuentro muy ocupada, por lo que vuelvo a publicar dos capítulos seguidos en un mismo post, pues no sé si podré conectarme mañana.

Capítulo 14

 

 

Ashton pasó el resto del domingo de una forma relajada, paseó por el campus para conocer mejor sus instalaciones y cogió un libro de la biblioteca para empezar a leer mientras iba a una cafetería que había visto el día anterior en la ciudad. Era pequeña y estaba regentada por una señora de mediana edad muy simpática.

Cuando la tarde empezó a caer, se dirigió con paso tranquilo a la mansión. Echaba de menos a sus padres y a sus antiguos mentores, pero se sentía muy bien allí. Nadie le decía que hacer, las noticias preocupantes parecían estar a miles de kilómetros, y podía disfrutar de las cosas sencillas.

A su corta edad había conocido muchas pérdidas, de personas muy allegadas y de desconocidos que solo había visto de reojo una vez en su vida, pero eso no evitaba que el peso fuese menor. Ella recordaba ese sentimiento a veces, y aunque no era agradable, sentía que se lo debía a todos ellos de alguna forma. Ashton sabía los esfuerzos y sacrificios que hacían quienes se alistaban en el ejército, personas increíblemente capaces de superar sus límites, quizás por eso le sobrecogía tanto cuando escuchaba algunas fatales noticias.

Respiró profundamente cuando estuvo frente a la mansión de la fraternidad, decidida a no pensar en eso. Se sacudió mentalmente para recordarse que la vida también podía disfrutarse con cosas pequeñas, plasmó una sonrisa en su cara y en sus ojos, y entró.

-Ashton, ¿puedes venir al salón ahora, por favor? –llamó Kyle.

El chico parecía serio, y ella se percató de la presencia de los demás miembros en la estancia.

-Sí, voy a dejar mi mochila arriba y ahora voy.

“¿Habré hecho algo indebido?”, se preguntaba para sus adentros inquieta.

Cuando entró al gran salón, el cual tenía más sillones y sofás de los que había visto nunca en su vida, su intranquilidad aumentó.

-Toma asiento –Matthew se indicó un sillón de cuero marrón.

Ella obedeció.

-¿He hecho algo?

-No, tú no has hecho nada, tranquila –le dijo Matthew con una sonrisa triste. –Pero tememos que puedan afectarte los comentarios que se están extendiendo por el campus sobre ti.

Ella le interrogó con la mirada, frunciendo el ceño.

-Hoy te reíste cuando esa chica dijo el sobrenombre que te han puesto en el campus –dijo Adam serio, -pero no es algo gracioso. No queremos que te afecte.

-¡Ah! ¿Es eso? –Ella suspiró como si le hubiesen quitado un gran peso de encima. –No os preocupéis, no me afecta.

-Ashton, esto es serio –dijo Kyle. –Está bien que seas fuerte y no permitas que te dañen los comentarios así, pero con nosotros no tienes que fingir.

-Yo no fingí, es que me hace mucha gracia que crean que soy una puta.

-¿Qué tiene de gracioso? –Inquirió Jason muy serio.

-Jason –centró sus ojos en él, -yo aún soy virgen.

Durante varios segundos, solo los grillos del jardín se escucharon en la gran mansión.

-¿Q-Qué? –el joven apenas supo cómo reaccionar.

-Que soy virgen.

Ella empezó a reírse de nuevo ante las expresiones de sus compañeros.

-Estás de coña, ¿no? –Victor la miraba como si le hubiesen salido dos cabezas.

-Joder… -susurró Joe, el miembro Psi.

-Joder… Joder… -dijo más alto Frank.

-Bueno, no es tan raro –empezó a decir Matthew reflexionando un momento. –Al fin y al cabo, anoche admitiste que tu primer beso se lo diste a Fudo.

-¿Por qué os extraña tanto? –Preguntó ella.

-¡Porque es algo inaudito! –Exclamó Jason. – ¡Yo toqué mi primera teta a los 13! ¡Y a los 14, ya me había acostado con dos chicas! -Ella bufó, divertida. –No sé de qué te ríes, ahora mismo, en esta sala, eres la única que no ha tenido sexo nunca.

-¿Y quién te ha dicho que no haya tenido sexo nunca? –Ella se cruzó de brazos.

Jason abrió la boca pero ninguna palabra salió, y su expresión de desconcierto le recordó a Ashton a un pez.

-Espera, espera –Adam se levantó de su lugar. -¿Estás diciendo que… te masturbas?

-Pues sí –casi todos los presentes empezaron a lanzar quejidos lastimeros. –No sé por qué reaccionáis así, no es para tanto. Vosotros también lo hacéis, ¿no? –Dijo ella a la defensiva.

Kyle se acercó a ella, y mirándola fijamente, aguantando a duras penas las ganas de reírse, le explicó.

-Ashton, acabas de confesar que eres una virgen que se masturba a toda una fraternidad de tíos que solo piensan en el sexo.

Ella abrió la boca para rebatirle, pero pensó en ello y se dio cuenta de lo que Kyle quería decir.

-¡Oh! ¡Vale!

Su cara se tiñó por completo de rojo y, sin saber qué más decir, se levantó y se fue.

-¡¿No dices ninguna palabra de despedida?! –Gritó Adam.

-¡Ya he dicho suficiente! –Le respondió ella.

Todos en el salón empezaron a reírse, algunos aún anonadados por lo que ella había confesado de forma tan inocente.

-Joder, creo que me explotará la cabeza si sigo conociéndola más –susurró Kyle mientras se reía.

-A ti y a todos –le dijo Mark a su lado.

El chico rubio no se había dado cuenta de su presencia, pero no le contestó.

 

 

Capítulo 15

 

 

Los primeros días de clase le resultaron estimulantes y divertidos. La profesora Smith la había acogido como su favorita, la trataba con cariño disimulado cuando le pedía que explicase cómo había resuelto problemas que otros alumnos de cursos superiores no sabían solucionar. Aunque su clase favorita era Psicología, con el profesor Jefferson, un hombre joven entrado en la treintena, sus lecciones eran dinámicas y refrescantes.  Era agraciado y tenía a muchas estudiantes soñando con su oscura y recortada barba.

El martes, durante el almuerzo, ella le preguntó a sus amigos acerca de los gimnasios del campus, y todos le aconsejaron el Esparta, regentado por un ex-soldado ruso. Tenía, según palabras textuales de Adam, “un carácter de mierda” pero sabía lo que hacía cuando al ejercicio se trataba.

Ella los acompañó el miércoles por la tarde, decidida a ver cómo entrenaban sus compañeros y saber qué máquinas podía utilizar para mantenerse en forma. Nick, el miembro Tau, le advirtió que Dimitri podía llegar a tener una actitud intimidante y un poco machista.

-Deberías buscar a Nora, es una de las mejores y la más solicitada por las chicas –le aconsejó Frank.

El gimnasio Esparta estaba situado al lado del edificio de Ciencias de la Salud y cerca de las otras facultades en las que ella recibía clases, lo cual era un punto a su favor, pues podía planificar su horario con más facilidad. El lugar estaba lleno de máquinas para ejercitar las diferentes partes del cuerpo, además de varias salas reservadas para quienes se entrenaban en artes marciales o asistían a clases de yoga o baile.

-Por ahí –Jason le señaló un pasillo a la izquierda de la entrada, -se va a los vestuarios femeninos. El nuestro está a la derecha… ya sabes, por si algún día quieres hacer otra tipo de ejercicios –él el guiñó un ojo, provocador.

Matthew le dio un tortazo en la nuca.

-Vamos, casanova, ya sabes cómo se pone Dimitri si llegamos tarde.

Ashton se dirigió a los vestuarios y se cambió, observando que había muchas bolsas con nombres de chicas, algunas de ella con llaveros de la letra Delta. Las chicas de la hermandad estaban allí, y eso le dio mala espina. Solo esperaba no tener problemas con ellas.

Se reunió con sus amigos en la zona de las máquinas tras hacer algunos estiramientos.

-¡Eh! -dijo Adam cuando la vio llegar. –Las mallas deportivas no te quedan nada mal, te hacen un cu…

-¡ADAM! –El fuerte grito puso a todos en tensión.

Un hombre calvo y enorme se acercaba a ellos con cara de pocos amigos.

-¡¿Qué demonios estáis haciendo todos?! –Vociferó con un acento muy marcado. -¡Aquí venís a entrenar, joder!

El hombre le recordaba a Ashton a una enorme montaña rocosa, medía dos metros de altura y su mirada era amenazante. Ella observó sus facciones detenidamente, pensando que le recordaba a alguien pero no sabía a quién en aquel momento.

-¿Quién eres tú y por qué estás aquí? –Le preguntó a ella en una postura que pretendía asustarla.

-Hola, soy Ashton Jones –dijo ofreciéndole la mano con una sonrisa. –Soy miembro de la Fraternidad Alpha Omega.

El hombre no apartó sus ojos de ella y los chicos empezaron a temer por la seguridad de su compañera.

-¿Cómo dices que te llamas? –Preguntó él lentamente.

-Ashton Jones.

-¿Ashton Jones? ¿Cómo el chico que venía de una Academia Militar?

Ella asintió. Dimitri la miró por unos segundos y, para sorpresa de todos, empezó a reírse como un maníaco.

-Esto no pinta bien –susurró Jason a sus amigos.

-Tú no eres Ashton Jones, niñita.

-Sí lo soy, señor.

Aún carcajeándose, le dijo:

-Aunque lo seas, esta zona no es para ti. Podrías hacerte mucho daño aquí, mejor acompáñame y te presentaré a Nora.

-Gracias por su ofrecimiento, pero prefiero entrenarme con las pesas, es a lo que estoy acostumbrada –le respondió con una sonrisa dulce.

-Mira, pequeña, puedes haber engañado a los demás, pero a mí no. Esto no es solo un gimnasio, esto es un pequeño fragmento de la jungla, donde estarás perdida si no eres el miembro más fuerte.

-Yo soy fuerte, puedo demostrárselo.

-Niñita, no tengo tiempo para jueguecitos, así que será mejor que te busques alguna clase de yoga o lo que sea. Yo tengo que entrenar a estos capullos de aquí.

Ashton empezaba a molestarle sobremanera aquel hombre.

-No me voy a ninguna parte –dijo cruzándose de brazos. –Voy a ejercitarme aquí.

Las pupilas de Dimitri se achicaron, y Mark y Matthew creyeron conveniente intervenir. Pero el hombre les levantó el dedo índice, ordenándoles en silencio que se quedasen dónde estaban.

-No admito cambios en la forma en la que hago las cosas, niñita.

Ella le seguía aguantando la mirada, desafiante.

-A lo mejor por eso le han partido tantas veces la nariz.

Dimitri se acercó más a ella y se agachó hasta sus caras estuvieron a la misma altura. Su ira interior se reflejaba en sus claros ojos.

-Te veo en el cuadrilátero central en 10 minutos, niñita.

Y sin decir nada más, se fue.

La acalorada discusión entre el bruto entrenador y la chica Omega había llamado la atención de todo el gimnasio, solo que Ashton no se había percatado de ello. Sus amigos se acercaron a ella cuando Dimitri desapareció entre las máquinas de ejercicio.

-¿Qué coño has hecho? –Dijo exasperado Adam.

-Vete ahora, Ashton –le aconsejó Mark, claramente preocupado. –Nunca había visto a Dimitri así y temo por tu seguridad.

-Ese tío no controla su fuerza, puede hacerte mucho daño –intervino Jason.

Ella les miró a todos, viendo sus expresiones.

-Chicos, no os preocupéis, sé defenderme sola.

 

 

Diez minutos después, Ashton se encontraba en el cuadrilátero frente a un Dimitri iracundo. Una gran multitud se había concentrado alrededor de ellos, expectantes por lo que pasaría. Incluso habían llegado otros miembros de la fraternidad, entre ellos Kyle, quien se apresuró a buscar a Mark.

-¿Qué coño estás haciendo? Sácala de ahí, va a matarla –le susurró frenético.

-¿Crees que no he intentado convencerla? –Le respondió él en el mismo tono.

De repente, Dimitri alzó la voz para hacerse escuchar.

-Las reglas de mi gimnasio son claras, pequeña: cuando dos entran en el cuadrilátero, solo sale uno. Sin consideración, sin resentimientos, ¿entendido?

-De acuerdo, pero si le venzo, ¿podré entrenar en la parte del gimnasio que yo quiera?

El entrenador soltó una risa seca.

-En mi zona solo entrenan los mejores, pequeña. Solo quienes son dignos tienen cabida en aquellas máquinas, y te aseguro que tú no lo eres -Ashton mantuvo su cara de póker mientras él se carcajeaba aún más. -¿Estás preparada, niñita? No digas después que no te avisé.

Dimitri no lo sabía, ni siquiera los miembros de la hermandad habían tenido oportunidad de ver ese gesto en su cara por el poco tiempo que hacía que la conocían, pero cuando Ashton ponía su cara de póker, completamente en blanco, estaba completamente concentrada en vencer a su rival.

Y hacía años que Ashton no perdía cuando de una pelea se trataba.

Dimitri se abalanzó sobre ella, los miembros de la fraternidad y los demás espectadores se quedaron petrificados al ver la expresión homicida en la cara de su entrenador. Pero solo fueron tres segundos, ni más ni menos, lo que duró aquel enfrentamiento. Ashton se valió de la potencia del ataque de su oponente para llevar a cabo su movimiento.

Giró su cuerpo, y cogiendo del brazo a Dimitri, pasó el enorme cuerpo por encima de ella, dejándolo caer por su propio peso al suelo del cuadrilátero. Un sonido parecido a un trueno retumbó por todo el gimnasio cuando el peso muerto del entrenador cayó como si de un gigante se tratase. El hombre apenas se dio cuenta de lo que había pasado, solo miró al techo unos segundos, intentando recobrar la respiración tras el duro golpe.

Ashton se acercó a él cuando se percató de que no se levantaría, Dimitri la miró desde su debilitada posición, incapaz de moverse al sentir como el dolor se iba expandiendo por sus extremidades.

-Sin consideración, sin resentimientos, entrenador.

Salió del cuadrilátero, con la estupefacta mirada de todos los que habían presenciado el acontecimiento sobre ella.

 

 

Sabía que aquello había causado una gran conmoción y que no tardaría en correrse aún más la voz acerca de la extraña chica que vivía en la casa de la Fraternidad Alpha Omega, por eso Ashton se apresuró al vestuario femenino para coger su mochila y salió de allí casi corriendo. No tenía miedo a represalias del entrenador ni de nadie, pero sabía que no se sentiría cómoda en el gimnasio en aquel momento.

Anduvo hacia la mansión escuchando música y entró saludando a algunos miembros que se encontraban estudiando en el salón. Soltó la mochila en el primer peldaño de la escalera, entró en la cocina y se dispuso a comerse una manzana mientras miraba en el frigorífico en busca de inspiración para su cena.

Un fuerte portazo la hizo estremecerse.

-¡Ashton! –La llamó Mark.

Ella salió de la cocina con paso tranquilo y se acercó a él, observando de reojo como los miembros que estaban en el salón llegaban a la entrada al escuchar la voz alterada de su Presidente.

-¿Qué pasa? –Preguntó con naturalidad.

Mark y todos los demás miembros de la fraternidad que habían presenciado lo acontecido en el gimnasio tenían expresiones que iban desde el desconcierto a la incredulidad, como si aún estuviesen en estado de shock. El Alpha abrió la boca para contestarle, pero Kyle fue quien explotó.

-¡¿Que qué pasa?! ¡¿Has perdido el jodido juicio?! –Sus gritos sorprendieron a todos, pues normalmente era un chico que cuidaba su tono. -¡¿Cómo se te ocurre enfrentarte a Dimitri?! ¡Podría haberte herido!

-Pero no lo ha hecho –contestó ella calmada.

-¡Podría haberte matado, Ashton! ¡Eres una inconsciente!

-Basta, Kyle –dijo en un tono más firme. –No vuelvas a gritarme, jamás –le miraba a los ojos mientras le hablaba. –Comprendo tu preocupación y la de todos los demás pero…

-No –cortó Mark, -no tienes ni puta idea de lo que hemos sentido cuando hemos visto que se dirigía hacia ti con la intención de aplastarte.

Quiso protestar a lo que Mark acababa de decirle, pero se percató de los semblantes de sus demás compañeros, el miedo aun brillaba en sus ojos. Le sobrecogió sus expresiones y, por un momento, se puso en el lugar de cada uno de ellos e imaginó lo que sentiría ella si viese a algunos de sus compañeros en una situación así.

-Lo siento, chicos –dijo mirándoles. –No quería preocuparos.

Se giró cabizbaja, cogió su mochila y subió a su habitación.

 

 

Una hora después, alguien llamó tímidamente a su habitación. Pensó brevemente en fingir que estaba dormida, pero decidió no comportarse como una cobarde, no le habían educado así.

-Adelante.

La puerta se abrió un poco y Fudo asomó la cabeza con una sonrisa taimada.

-Hola, ¿puedo pasar?

Ella asintió, encogiendo sus piernas e invitándole a sentarse en la cama.

-Me han contado lo que ha pasado, y déjame decirte que eres increíble –dijo riéndose un poco, -pero creo que hubiese reaccionado igual que los demás si lo hubiese visto.

Ashton encogió sus rodillas hasta su pecho y se las abrazó, centrando su mirada en un punto fijo de su cama.

-No estoy acostumbrada a esto, ¿sabes? Es decir, cuando he salido bien de alguna pelea o de algún entrenamiento, mis padres no se preocupaban porque sabían que estaba ilesa –ella lo miró muy seria. –Donde me he criado, la gente solo reacciona como ellos lo han hecho cuando algo ha salido horriblemente mal, ya sea en un entrenamiento o en la vida real… Tengo la sensación de que los he decepcionado a todos y les he hecho un daño irreparable…

-No les has decepcionado, ya están más tranquilos… ¿Por qué no bajas un rato? Están preparando una gran cena como la de la primera noche que estuvimos aquí.

Ella bajó los ojos hasta los dedos de sus pies.

-¿Y si me tratan de forma distinta?

-No lo harán, tienen miedo de que les hagas alguna llave de Karate Kid –bromeó Fudo, consiguiendo arrancarle una pequeña sonrisa. – Vamos –le dijo tendiéndole la mano.

Ashton tomó su mano y, no sin cierto temor, le siguió hasta la planta baja. El olor a pasta y pan de ajo llenó sus fosas nasales antes de entrar en el comedor. Todos estaban en la mesa, hablando animadamente de temas banales, pero se callaron brevemente hasta que ella se sentó.

-Bien, ya que estamos todos –empezó a decir Jason, -demos gracias al Señor por la cena.

Ashton lo miró extrañada, pues no había hecho eso las noches anteriores, pero cogió las manos de Fudo y de Nick y esperó a que Jason continuara con su oración.

-Señor, te damos gracias por estos alimentos que vamos a comer hoy, y por permitir que nuestro entrenador siga con vida después de la paliza que le ha dado Ashton.

-Amén –dijeron todos al unísono.

Ella no pudo evitar reírse, agradeciendo internamente que la siguieran queriendo después de todo.

 

 

La cena transcurrió con normalidad, nadie volvió a hablar del tema. Se despidió de sus compañeros a una hora temprana, pues quería levantarse temprano para salir a correr al día siguiente. Cuando estaba a punto de llegar a la puerta de su habitación, escuchó unos pasos apresurados. Se dio la vuelta y vio que Kyle se apresuraba hacia ella con paso firme y rostro serio.

-¿Qué…?

Él la abrazó, apretándola contra sí. Ella se quedó paralizada unos segundos antes de devolverle el abrazo.

-Siento haberte gritado antes –susurró él contra su sien.

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