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Omega por Kala1411

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Sus compañeros la recibieron efusivamente, al igual que habían hecho con Fudo. La zona de la Hermandad Delta estaba en un completo silencio, muchas la miraban con animadversión y otras con asombro. Daisy anunció el momento en el que las candidatas de la hermandad comenzarían su parte de la ceremonia. Una chica bajita se acercó a la plataforma, se presentó con el nombre de Victoria Simons y esperó a que su presidenta le vendase los ojos para subirse a la plataforma. Ashton miró, curiosa, por ver cuál de sus compañeros saldría para sellar el ritual de la chica, pero ninguno se adelantaba.

El minuto transcurría y la joven, encima de la plataforma, se ponía cada vez más nerviosa. La rubia le estaba diciendo algo a Mark en susurros y con una expresión colérica, pero el Alpha solo se cruzó de brazos, dando a entender que respetaba la decisión de los demás miembros de su fraternidad.

-¿Qué os pasa? –Le preguntó a Kyle en un susurro.

-Nosotros también sabemos comportarnos como unos hijos de puta. Daisy nos ha echado un pulso y vamos a demostrarle cómo jugamos.

-Pero la chica no tiene culpa de lo que haga su presidenta. Ella es nueva y no se merece pagar por las acciones de Daisy.

Ashton se estaba dirigiendo a Kyle, pero los miembros de la fraternidad que estaban a su alrededor oyeron sus palabras. A falta de pocos segundos para que el minuto impuesto por Daisy terminara, Matthew se adelantó y selló, con un casto beso, el ritual de la joven.

Ashton no pudo más que sonreírle cuando el chico volvió a las filas de la fraternidad.

-¿Y eso? –Le preguntó Jason a su mejor amigo.

-Creo que Ashton tiene razón –respondió él simplemente.

Dos chicas más se subieron a la plataforma en los minutos siguientes, y Victor y Tim fueron quienes se adelantaron para sellar aquel rito.

 

 

Cuando la ceremonia terminó, la fiesta comenzó. Había grandes mesas con frutas, aperitivos y sobre todo, muchísimas bebidas de todas clases y colores. Todas alcohólicas, por supuesto. La música de un conocido DJ de la ciudad animó poco a poco el ambiente, y la gente de otras fraternidades y hermandades del campus empezó a llegar.

Se había corrido la voz acerca de la nueva chica que había conseguido ingresar en la Fraternidad Alpha Omega y multitud de curiosos asistieron a la fiesta solo para poder ver cómo era de cerca. Ashton se sintió observada, y hasta incómoda, mientras llenaba una pequeña bandeja con diversas frutas. Se fue directa para una mesa de madera, donde varios de sus compañeros estaban bebiendo animadamente. Aun iban por las primeras copas de alcohol, así que se comportaban como normalmente eran.

Jason bufó al ver su bandeja.

-¿Hoy tampoco vas a beber alcohol?

-Recuerda, 17 añitos –respondió ella llevándose una uva a la boca.

-¡Oh, por cierto! –Exclamó de repente Fudo. -¿Quién fue la chica que selló mi ritual? Olía a coco y fue muy dulce cuando me besó.

Todos se miraron entre ellos, sin saber que responder.

-¿Te gustó el beso? –Preguntó Aston alegremente.

-¡Sí, fue genial!

-Pues fui yo.

Fudo la miró detenidamente, mientras ella seguía comiendo sus frutas. Los demás miembros prefirieron seguir bebiendo.

-¿T-Tú?

-¡Sí! Y me alegro que te gustara, era la primera vez que besaba a alguien.

Jason y Victor casi se atragantan con su bebida, los demás se quedaron mudos del asombro ante su revelación. Fudo, por su parte, no pudo evitar esconder una tímida sonrisa de dicha.

-¿De verdad? ¿Nunca antes habías besado a nadie? –Preguntó Adam.

Ella lo pensó un momento.

-¿La reanimación cardiopulmonar cuenta?

-No –dijeron todos al unísono.

-Entonces, no, nunca antes había besado a nadie –respondió ella encogiéndose de hombros. –Y decidme, ¿quién me besó a mí?

-Fui yo –respondió Mark a su espalda.

 

 

A medianoche, la música y el alcohol dominaban a todos los invitados. Ashton se lo estaba pasando como nunca, no recordaba haberse reído tanto en su vida. Hubo personas, sobre todo chicos, que intentaron acercarse a ella, pero les intimidaba que estuviera rodeada del resto de los miembros. Las demás chicas ni siquiera parecían tener ganas de mirarla, más bien se alejaban cada vez que la veían bailando cerca.

A ella no le importaba, solo quería disfrutar de aquella noche.

-¡Voy por más agua! –Gritó a Victor, su pareja de baile en ese momento.

Él asintió y buscó otra pareja para seguir bailando.

Le costó un poco llegar a la casa, pues había más gente de lo que se había percatado en un principio, unos bailando, otros tumbados en el suelo, otros enrollándose…

Estaba sudando mucho después de haber bailado durante casi una hora con varios de sus amigos. Le daba miedo pensar así de ellos, pues nunca antes había considerado a nadie de esa forma, pero era como lo sentía. Se bebió un vaso entero de agua fresca y rellenó otro, añadiéndole algunos hielos.

-¿Realmente vas a esperar hasta diciembre para probar el alcohol? –La voz de Mark sonó desde la entrada de la cocina.

-Por supuesto, de lo contrario estaría cometiendo un delito.

Él se acercó, riéndose entre dientes.

-A propósito –comenzó a decir ella, -muchas gracias por lo del ritual. Si no hubiese sido por ti, ahora no pertenecería a la fraternidad.

Sus cuerpos estaban muy próximos, Mark podía sentir como su olor lo atraía, lo engatusaba para que rozara su piel de alguna forma y dejar salir sus instintos con ella tras haberse reprimido anteriormente, cuando la besó en la plataforma.

-Solo fui el más rápido, o el que estaba más cerca. Si no hubiese sido yo, habría sido otro –sus ojos no se apartaron de los de ella. –Pero no tienes que agradecerme nada, ha sido un placer –esta vez, su mirada se centró en sus labios. –Podemos repetirlo cuando quieras.

Ella empezó a reírse, negando con la cabeza, divertida.

-Me encantan las bromas que gastáis por aquí –lo rodeó para salir de la cocina, pero se paró al ver a una persona. –Hola Kyle, no sabía que estabas aquí.

Mark se dio la vuelta para encontrar a su compañero mirándole fijamente. Ambos sabían todo lo que estaba pensando el otro, pero disimularon sus emociones.

-Venía a buscar hielo… si aún no se ha derretido con el calor, claro…

Ashton bufó, divertida. Ella no sabía el doble significado de aquella frase, pero Mark sí.

-Claro que no se ha derretido, está en el congelador.

 

 

La fiesta duró hasta altas horas de la madrugada. Ashton se fue a su cama alrededor de las 4, no sin antes escuchar sonidos muy explícitos procedentes de diferentes partes de la casa: el baño, el salón, e incluso en rincones oscuros entre los árboles. Estaba tan cansada, que cayó en un profundo sueño y ni siquiera se percató del volumen de la música.

A la mañana siguiente, entró en el baño, se dio una ducha rápida y bajó a desayunar. La mansión estaba casi en silencio, salvo por alguien que dormía en el salón a juzgar por los ronquidos. Ashton empezó a prepararse su desayuno, pero el sonido de pasos apresurados llamó su atención. Se acercó a la puerta de la cocina para ver cuál de sus amigos había sido el más madrugador, pero se encontró con una chica guapa y despeinada.

-Buenos días –saludó ella sonriente.

La joven se paró en seco al escucharla.

-Buenos días –respondió avergonzada.

Ashton podía ver como bajaba la cabeza y la mirada en un intento de ocultar su rostro. Casi había llegado a la puerta cuando, ella le preguntó de improviso:

-Oye, ¿te apetece desayunar conmigo? -La chica se giró con los ojos muy abiertos. –Voy a hacer tortitas.

-Me gustan las tortitas… Pero engordan mucho…

Sin embargo, sus tripas rugieron a modo de protesta, incitándola a que aceptase la invitación.

-Por comer algunas una vez no vas a engordar –dijo ella guiñándole un ojo.

La chica la acompañó a la cocina, con una sonrisa tímida, y Ashton la invitó a sentarse mientras ella terminaba de hacer las tortitas.

-¿Cómo te llamas?

-Me llamo Nancy –Ashton se percató del leve timbre agudo de su voz. -¿Y tú?

-Ashton –contestó poniendo la primera tortita en el plato.

-¡Ah! Encantada de conocerte, y gracias por invitarme a desayunar.

 Ashton le puso a su invitada el plato con tres tortitas y un zumo de naranja mientras ella se preparaba su parte. Le agradaba hablar con una chica, pues las que había conocido hasta el momento no parecían ser muy amables con ella.

-¡Están deliciosas! –Exclamó Nancy.

-Gracias –se sentó frente a la chica, muy alegre por su alago.

-Nunca había desayunado aquí antes, siempre me he ido rápidamente para que nadie me viera.

-¿Por qué?

-Por el “paseo de la vergüenza” –contestó la chica poniendo los dedos como si fueran comillas.

-¿El qué? ¿Qué es eso?

-Pues si la gente te ve saliendo de la habitación o de la casa de un chico que no es tu novio, se corre la voz por el campus de que eres una puta –la joven miró a Ashton preocupada. –Tú… ¿le dirás a alguien que me has visto? Yo… Yo no quiero que la gente crea que…

-No, no se lo diré a nadie –dijo rápidamente, pasmada por aquella revelación.

Nancy le sonrió ampliamente y siguió comiendo, pero Ashton se quedó paralizada por unos segundos, reflexionando sobre lo que le acababa de contar su invitada. En ese momento, varios de sus compañeros empezaron a entrar en la cocina con diferentes grados de desnudez y de somnolencia. Incluso Adam, que parecía ser el foco de los ronquidos del salón, llegó con una sábana atada al cuerpo como si fuese un emperador romano, y se sentó al lado de Ashton, quien percibió un leve olor a cerezas en él. Todos se prepararon cafés y tomaron asiento en la mesa, sin darse cuenta de la presencia de Nancy.

-Buenos días, Ash… -Jason se sentó al lado de la invitada, percatándose de su leve error.

En ese momento, los demás también advirtieron la presencia de la pequeña rubia. Sin embargo, Nancy pareció ponerse muy nerviosa y se levantó apresuradamente para marcharse. Ashton se preocupó aún más por la joven.

-Espera, ¿no quieres terminarte las tortitas? –La chica solo negó, cabizbaja. -¿Es por lo que me has contado? ¿Por lo del estúpido “paseo de la vergüenza”? –Nancy asintió levemente, ya casi a punto de salir de la cocina. -¡Vaya gilipollez!

-Ashton, tranquilízate –le dijo Matthew. –Nosotros no vamos a decir nada –se dirigió a la chica esta vez, -puedes salir por la puerta trasera si te sientes más cómoda.

-Pero, ¿por qué? Ella no ha hecho nada malo.

-En ocasiones, los rumores del campus definen como te ve la gente, sobre todo si eres una chica –le contestó Matthew.

-Casi todas las mujeres del campus se acuestan con quienes les da la gana, es algo sabido por todos –explicó Kyle. –Pero si te ven saliendo de la casa o de la habitación de un chico que no sea tu pareja, te señalan como si fueras una prostituta barata.

-Es decir, ¿solo por qué una chica quiera disfrutar del sexo libremente, se la considera una prostituta? ¿Y a vosotros, los tíos, no se os dice nada? –Preguntó ella cada vez más indignada. -Las chicas debemos soportar, incluso entre nosotras, esa clase de calificativos y esa actitud de mierda, solo porque nos apetezca acostarnos con quién queramos, y ¿nadie protesta por eso ni dice nada? Eso me parece una actitud retrógrada e intolerante.

-¡Sí! ¡Tienes toda la razón! –Dijo efusivamente Nancy. – Vaya… Eres muy inteligente… -alagó ella, mirándola con admiración. –Me caes muy bien, a pesar de que te acabe de conocer con tu nombre real y no con el que me dijeron anoche.

Algunos miembros se miraron de reojo.

-¿Cómo te dijeron que se llamaba ella? –Preguntó Mark, apoyado en la puerta de la cocina.

-Me dijeron que se hacía llamar “la puta de la fraternidad” –Nancy se dio cuenta muy tarde de lo que había dicho y se tapó la boca con la mano.

Ashton empezó a reírse a carcajadas, pero sus amigos se despertaron como si les hubiesen lanzado cubos de agua fría a todos.

-¿No te molesta que te conozcan por ese nombre? –Inquirió Nancy inclinando la cabeza, extrañada.

-No, para nada. No hago caso de comentarios como esos –comentó ella levantándose para recoger los platos y cubiertos. –He aprendido que, si lo que los demás dicen de mí no me hace sentir bien, es mejor ignorar esas palabras.

-Oh… Eres muy sabia –dijo Nancy con fascinación. -Por cierto, ¿qué significa “retrógrada”?

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