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Aferrada a una Realidad Alternativa {One-Shot} por EvGa

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Notas del fanfic:

“En ciertas situaciones podemos tomar decisiones al sentirnos demasiado seguros, o simplemente no le damos la debida importancia que tendrán las consecuencias. A pesar de continuar la vida con normalidad, hay momentos en los que miramos atrás e inconscientemente nos aferramos a la idea de volver al pasado y hacer las cosas de manera distinta; una forma de darse cuenta de ello es por medio de nuestros sueños, un refugio que esconde todos los secretos de nosotros mismos en lo más profundo de la mente e increíblemente desconocemos”.

Notas:

Mortal Kombat y sus personajes pertenecen a Netherrealm Studios.

Aferrada a Una Realidad Alternativa

 

Recordaba una vez cuando se reunió con él en el lugar donde se conocieron, en aquel desolado paisaje de cielo púrpura y playas tétricas; pero dichas características se veían totalmente alteradas pasando a ser una costa agradable, cálida y con la brisa fresca de agua salada acariciando sus rostros. Todo eso lo provocaba él con su presencia.

En otra ocasión, sus caminos se cruzaron en uno de los últimos sitios que frecuentaron justo antes de la segunda derrota del Emperador. Estaban dentro de la Catedral, sin ninguno de sus conocidos presentes que los observara. Ella sólo podía revivir ciertos fragmentos de aquella reminiscencia, como el haber hablado de recuperar la relación que inconscientemente habían estado construyendo, y el primer beso que se atrevieron a compartir en la oscuridad de su confuso recuerdo.

Y así continuaron…

Sus reencuentros a veces se hacían frecuentes, cada vez más peligrosos.

En otras dejaban de verse por bastante tiempo.

Pero sin ella esperarlo, sin imaginarlo, él regresaba…

 

Y ahí estaba de nuevo, siendo rodeada por sus brazos… tan fuertes y al mismo tiempo tan gentiles con ella, la hacían sentirse protegida.

Su corazón latía vivamente. Los nervios de estar a su lado le generaban una emoción que llenaba de cosquillas su estómago. Una codiciada paz acariciaba su alma con el simple hecho de tenerlo así, con las manos entrelazadas, con su brazo rodeándola bajo los hombros, y con su cabeza reposando delicadamente sobre la de ella.

Todo era tan perfecto…

De pronto, una sensación familiar comenzó a acecharla. La odiosa realidad era la sensación de la que huía secretamente, sin ella misma saberlo del todo; le susurraba cada vez más fuerte que reaccionara antes de que fuera demasiado tarde.

Con una repentina desconfianza de lo que le rodeaba, se aparta lentamente de él manteniéndose cabizbaja mientras asimilaba su confusión.

Era cierto.

¿Dónde estaba? ¿Qué era ese lugar?

Kitana levantó la vista para estudiar su entorno: bastante claro, con una especie de neblina delgada que difuminaba el contorno de cualquier objeto; distinguió también un campo blanco a varios metros de distancia, donde se alzaban altas montañas cuyos picos helados de algunas lograban incluso superar la altura en la que ella estaba. Fue entonces cuando se dio cuenta de que se encontraba en la cima de una de las montañas. A sus espaldas, apenas consiguió divisar una estructura de tonos rojizos y diseño sofisticado de temas orientales, adornados con dragones de bronce, y otros eran de piedra tallados elegantemente.

—¿Qué sucede? —Le escuchó decir.

Rápidamente se giró hacia esa voz. Sus ojos se cruzaron inmediatamente con los de ese hombre. La mirada de aquel joven poderoso estaba concentrada en la de la fémina con una expresión de curiosidad.

Kitana sintió un hoyo en su corazón, un nudo en la garganta que le cortó la respiración al principio, una impresión de alegría, nostalgia, y culpa al mismo tiempo. Él no era a quien acostumbraba ver diariamente. Él no era a quien le había jurado amor y fidelidad. Él no era a quien todos apodaban de héroe, salvador, campeón… Él no era Liu Kang.

—Te he extrañado demasiado… —continuó el muchacho de cabello negro —Desearía poder pasar más tiempo contigo.

Kitana lo observaba mientras él tomaba sus manos y las besaba con ternura frente a ella; se veía sonriente, feliz de por fin estar a su lado, aunque también notó que tenía la misma expresión taciturna, como si compartiera esa nostalgia y culpa por alguna razón.

La princesa Edeniana se repetía constantemente estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué ahora? ¿Por qué…?

Y su tranquilidad se esfumó. Se insultó a sí misma por haberle hecho caso a aquel susurro en su interior, pues gracias a éste se dio cuenta de lo que ocurría… Se dio cuenta que aquella situación, que aquel hermoso paisaje de mágico atardecer, y que, lastimosamente, aquel hombre no era su realidad…

 

Abrió los ojos con una pequeña exaltación.

Sus fuertes palpitaciones perforaban su pecho, y apenas recuperaba el aliento perdido.

Se vio en su habitación, reposando en su cama con las cobijas hechas a un lado. Miró a la ventana que tenía a su izquierda; aún no amanecía, pero las tonalidades que iba adquiriendo el cielo vaticinaban la pronta llegada del astro rey. Estaba sola en el silente confort que brindaba su recámara en el castillo de Edenia.

En cuanto la agitación de sus pulmones disminuye ligeramente, Kitana lleva una mano frente a su boca percatándose del reciente sueño. De nuevo sucedió. Creyó que lo había superado, creyó que finalmente había quedado atrás… Sus ojos se humedecieron aunque tratara de evitarlo, y con ambas palmas ocultó la tristeza que emergió de su rostro, opacando en vano el llanto que ya no podía seguir conteniendo.

—¿Por qué no te vas? —Sollozó débilmente sintiendo que la consumía la desesperación —¡Ya vete! ¡Déjame! —Continuó exigiendo.

Pero no quería que se fuera…

 

En el pasado, aclaró delante de los que conocía, de sus amigos, de sus aliados, que estaría siempre al lado de Liu Kang. Después de todo él liberó su reino de la conquista de Shao Kahn, venció y exterminó al Emperador que bastante daño le había hecho a su mundo –a Edenia, a su familia–; y le declaró su amor al terminar la guerra, cuando la paz en los reinos fue recuperada definitivamente.

El monje Shaolin le perdonó la vida durante un combate, gesto que le devolvería la humanidad y la compasión a una guerrera que sólo vivía para obedecer las sanguinarias órdenes de su supuesto padre. No sabía cómo agradecerle por sus hazañas, y por lo que hizo personalmente por ella.

Creyó haber hecho lo correcto en ese entonces. Kitana aceptó su propuesta de estar juntos, de convertirse en una pareja aunque vivieran en sus respectivos reinos mientras restauraban lo que Kahn había destruido. Al decir sí delante de los demás, la presencia de un individuo quiso hacerla dudar, tentarla de no corresponder a ese amor que le ofrecía Liu Kang; y no le hizo caso…

Al principio, las cosas continuaban su curso con naturalidad, y fue el tiempo lo que le empezó a dar indicios de que había cometido un error, uno del que se lamentaría por el resto de su existencia.

Él cambió.

Ya no era el monje humilde, amable, ni ingenuo que conoció y le simpatizó. Su título de campeón supremo lo había transformado en su peor versión, en una persona completamente opuesta; alguien soberbio, despectivo, arrogante, presumido, y extremadamente obsesionado en conservar su reputación intachable.

Kitana intentaba no enfocarse tanto en eso pensando en las cosas buenas que podía ofrecer aún, pero los días se convirtieron en semanas, meses… y parecía empeorar. Ella quedó totalmente en un segundo plano, pues Kang prefería concentrarse en su entrenamiento, en demostrar su supremacía a cualquiera que osara pretender ser mejor que él.

—Kuai Liang… —susurró con más fuerza, como si lo odiara; pero en realidad lo deseaba ahora más que nunca.

 

—Oye, pero, ¿qué ocurre? —Esbozando una sonrisa que acompañaba sus dudas, Kitana no comprendía el comportamiento taciturno del Cryomancer que evadía su mirada —Todos parecen estar felices porque Liu Kang y yo estemos juntos, excepto tú que eres mi amigo…

—No soy como los demás—. Respondió todavía evasivo, bajando el rostro y luego girándolo a un lado; pero nunca la miró directamente.

—Te conozco bien… Kuai, mírame—. Pidió, sin caer en cuenta de que le tomó del brazo con suavidad. Sub-Zero observó largamente aquella pequeña acción de su parte, sin decir nada todavía —Por favor, mírame.

La voz de la bella dama venció su orgullo.

El ninja había resistido más de lo que podía soportar, y esto se lo hizo saber a la princesa cuando finalmente la miró fijo a los ojos.

La confusión y la angustia de Kitana se incrementaron al notar la rabia y la tristeza que expresaban aquellos zafiros celestes. No halló palabras en seguida ante tan inusual suceso, nunca se lo había imaginado de esa forma, ni en el peor de los casos como la muerte de su hermano Bi Han hace un tiempo; lo cual, demostraba que desconocía mucho del guerrero de hielo. Su alteza no sabía qué decir, aunque no hizo falta cuando Kuai Liang se le adelantó:

—No puedo ser hipócrita conmigo mismo… —comenzó a decir conteniendo la alteración de su enfado —Y te ruego que tampoco lo seas.

—¿A qué te refieres?

No lograba hacerle hablar más, que le confesara lo que le sucedía. Le constaba que era un hombre de pocas palabras que se le hacía difícil expresarse abiertamente, por lo que debía sacarle las respuestas de otra manera; tenía que ser más directa con sus interrogantes.

—¿Qué es lo que te molesta?

Él movió la boca como si fuera a responderle, pero desistió al mantenerse callado.

—¿Es Liu Kang?

Desvió la mirada. La dama sospechó por ello.

—¿Te molesta que esté con él?

—Sí—. No pudo esconderlo, ya no más.

Kitana agrandó los párpados sutilmente necesitando escucharle, por algún motivo que ignoraba, se sentía bastante interesada en saber lo que quería decir. El mercenario regresó la vista a ella suavizando sus facciones:

—Por supuesto que me molesta…

La voz de Sub-Zero sonó más débil que antes, acrecentando la curiosidad de la princesa. Kuai Liang respiró hondo sin dejar de admirarla con sus achantados ojos.

—Porque no puedo imaginarte con otra persona… porque no quiero que estés con otro hombre…

Sin presentirlo en absoluto, Kitana percibió la suave caricia que él le obsequió en su rostro. Aquella mano áspera demostraba un cariño tan delicado y tan tierno que ella nunca esperó de un guerrero frívolo. Tal contacto la embelesó haciendo que sólo se concentrara en mirarlo atentamente.

—¡Cuántas veces he querido decírtelo…! —Suspiró con cierto enojo, una rabia que iba dirigida a él mismo por no haber sido capaz de confesarle sus sentimientos —Me enamoré de ti, princesa…

Kitana sintió un inmenso vacío en el pecho. Le faltaba el aire, su corazón parecía haberse detenido por un momento, sus piernas perdían estabilidad; y con todo eso, sumado a la mezcla de pensamientos y sentimientos encontrados que le generaron esas palabras, ella seguía perdida en su mirada tan cristalina.

—¿Por qué…? —Musitó la fémina sin creerlo todavía —¿Por qué dices eso ahora?

—De haberlo hecho antes, aun cuando él apareció primero en tu vida, ¿las cosas habrían sido diferentes? —Preguntó con una sonrisa de resignación.

Kitana lo pensó demasiado.

Tenía razón… Se había apresurado en su obsesión por estar con aquel hombre que hizo tanto por ella, correspondiéndole al amor que tanto le prometía sin darse cuenta realmente que sólo sentía un inmenso agradecimiento. Ahora, con el ninja de hielo frente a sí misma, estando de esa manera, y escuchando sus palabras, fue como recibir un duro golpe de realidad; ya había dado el paso con muchos testigos, y su carácter terco no le permitiría hacerse para atrás.

Sin embargo, esa decisión se tornó más difícil de poder llevar a cabo. La confesión de Kuai Liang la desarmó por completo. Una tormenta de emociones que nunca experimentó con el Shaolin lo hacía ahora con el Lin Kuei: la ponía nerviosa, prestaba demasiada atención a cada detalle del Cryomancer, quería revelar cada una de sus facetas, le causaba una peculiar emoción poder verlo sano y salvo después de infinitos combates contra Outworld…

Pelear a favor de Earthrealm los convirtió en aliados. Luchar juntos contra el Emperador y sus subordinados los acercó constantemente. Compartir los pequeños instantes de calma tras las batallas les brindó la oportunidad de conocerse uno al otro, descubriendo tantas cosas que sus vidas tenían en común, y que su visión hacia la vida era similar; que bajo su máscara de ninja solitario yacía un hombre de gran corazón.

Kitana se sentía encantada con su presencia, Sub-Zero se había ganado su confianza plena y su amistad; pero ambos permitieron que su cercanía pasara a ser más especial que algo de sólo amigos, y él fue el primero en haberse dado cuenta cuando una sensación incómoda lo invadía al escucharla pronunciar el nombre de Liu Kang. Ella, por otro lado, no hallaba una explicación más concreta para entender por qué las palabras del guerrero azul le provocaban felicidad; una satisfacción muy diferente a la que le causó la propuesta del monje.

“¿Cómo logró algo así…?” Se cuestionó sin comprenderlo.

Simplemente no hubo respuesta que pudiera dar, y él lo sabía… aun así, realizó un último esfuerzo.

Sin dejar de contemplarla, sin dejarla escapar de su atrapante mirada, comenzó a acercarse más de lo que alguna vez se hubiese atrevido. Percibió la suavidad de esos carnosos labios al rozarlos levemente con el pulgar, adquiriendo el impulsivo deseo de un beso de ella.

Kitana seguía relativamente inmóvil. El cuerpo le temblaba, le costaba respirar, sentía las mejillas ardiendo y que el corazón le estallaría.

La distancia que los separaba se hacía cada vez más corta, y se dejó llevar al último momento. Sin embargo, unas voces aproximándose lo detuvieron. Kuai Liang se mantuvo a sólo unos centímetros de ella, la miró de nuevo, como si esperara algo de su parte; al no suceder nada, él se alejó, soltándola.

—No me pida que la felicite—; susurró de repente —porque nunca voy a hacerlo.

Y con eso, le dedicó una última mirada antes de darle la espalda para retirarse.

—Kuai… espera…

Trató de llamarle, dirigirse hacia él; pero no logró moverse ni articular un sonido audible. Kitana le siguió con sus castaños ojos hasta perderlo de vista al pasar el umbral de la puerta de la Catedral, con el presentimiento de que no volvería a verlo en mucho tiempo. Quizás nunca.

 

El sol comenzaba a asomarse en el horizonte.

Abrazada por el calor de una pequeña manta, una Kitana más serena salió a recibir al astro rey desde su balcón. Se había tomado varios minutos para reflexionar sobre aquel sueño que ocasionalmente la visitaba; en primer lugar, le sorprendía que después de tantos meses se haya reunido con él de nuevo en el reino de Morfeo.

Después de esa tarde lejana, sus caminos tomaron rumbos completamente distintos al del otro imposibilitando que se cruzaran. Desconocía con exactitud qué era de su vida ahora, luego de tantos años… Sólo sabía que pudo reconstruir su clan luego de eliminar a los Cyber Ninjas de Sektor, que de alguna forma logró acabar la rivalidad que tenía con el espectro Scorpion, que ahora era el Gran Maestro de los Lin Kuei, uno de los protectores de Earthrealm, y un importante aliado de Raiden.

—Tal vez fue mejor así… —dijo en voz baja, admirando las montañas al recordar su sueño.

Durante mucho tiempo consideró la idea de hacer todo a un lado, arriesgar todo lo que tenía por cumplir con las exigencias de sus sentimientos recién descubiertos, pero no tuvo el valor; simplemente no quiso entregarse a una fantasía que atesoraba en lo más profundo de su alma, y que no se atrevía a sacarla por miedo a morir en la decepción, optando por mantenerlo como un hermoso recuerdo.

Sub-Zero fue un gran amigo en aquella época de guerra contra Shao Kahn, tanto en Outworld como en Earthrealm. Él supo ganarse su afecto desde un principio. Era bastante serio y distante, aunque lo compensaba su nobleza, su humildad, su perseverante búsqueda por justicia, y sobre todo, su capacidad para perdonar…

Pero, ¿le perdonaría por lo que pasó entre ambos?

¿Perdonaría el haber elegido a Liu Kang antes que a él?

—Buenos días, su alteza—. Saludó su mejor amiga desde el interior de la habitación —El “campeón supremo” de Earthrealm ya está aquí.

Kitana rio con complicidad por su sarcasmo.

—Voy en seguida… —Jade asintió con media sonrisa, dejándola sola otra vez.

La dama de largo cabello azabache suspiró evitando imaginarse una posible escena que hiciera Liu Kang en cuanto se enterara de la decisión que tanto tiempo le había tomado llevar a cabo, sin duda afectaría su ego; no sería nada fácil.

—Se acabó… —dijo.

Tenía la pequeña e ingenua ilusión de reencontrarse con él algún día y dedicarle esas palabras: “Se acabó”; “No fui feliz”; “¿Me darías otra oportunidad?”

Nunca lo sabría. Lo dudaba. Aunque de algo sí estaba segura: Siempre tendría un lugar muy especial para Kuai Liang en su corazón, siempre sentiría por él un cariño muy grande, uno que consideraría hoy amor imposible.

Notas finales:

Les agradezco por haberse tomado la molestia de leer esta historia, espero que la hayan disfrutado o al menos que los haya entretenido.

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