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Carissa por dallana4

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Notas del fanfic:

Novela finalizada. Estará pasando por un proceso de edición, no afectará mucho la trama, pero si espero poder agregar descripciones de personajes o lugares

Antes de conocer a Carissa mi vida era tranquila, demasiado tranquila y vacía. Creía conocer a las personas que me rodeaban, creía que era malo ser pervertido, creía que si hacías bien te iba bien... Creía en tantas cosas y al final estaba más que equivocado. Jamás la había visto, pero ella observaba todo. Ella era como un libro abierto escrito en una lengua inexistente, con extraños signos y dibujos que solo te confundían más cuando empiezas a entenderlo.

Era un viernes y para mí eso no era motivo de alegría, sino lo contrario, significaba quedarme en casa encerrado en mi cuarto. La última clase para mi grupo era computación, después de eso el maestro buscaba a algún alumno que se quedara a hacer el aseo en el aula y a cambio de créditos extras, así él salía más temprano y yo siempre me ofrecía, de esa forma llegaba más tarde a casa y usaba una computadora antes de la salida definitiva.

Estar en casa era como estar en una jaula, mis padres estaban obsesionados con el riesgo del internet, tanto que cualquier tecnología era prohibida y solo mi hermano tenía celular "de emergencia" (De esos que solo reciben llamadas y mensajes).

Después de limpiar el aula encendí una de las computadoras —normalmente siempre elegía la misma— y entré a mi perfil, tenía una nueva solicitud «Caín McAdams» era el nombre, no tenía ni foto ni información a la vista. También tenía un nuevo mensaje de la misma persona

—Hola Christian, sé que me lo agradecerás luego....

—¿De qué hablas? ¿Quién eres? —parecía que esta extraña persona estaba esperando el momento en que yo contestara, porque en menos de un minuto estaba en línea.

—Revisa tu correo electrónico :)

—¿Quién eres? ¿Qué quieres?

Después de enviar ese mensaje se desconectó. La duda saltaba sobre mí y sin pensarlo revisé la bandeja de entrada, y sí, ahí estaba de nuevo su nombre. Remitente: Caín McAdams. Jamás había oído ese nombre antes, parecía de película, pero el nombre no era lo más extraño; el título del correo decía: «No te sientas mal, a todos nos gusta lo prohibido».

El contenido eran fotos y un vídeo, tenía miedo de abrirlos y que fuese un virus o algo sangriento... Pero la curiosidad mató al gato, ¿no? A los pocos segundos de ver las fotos deseé jamás haberlo hecho. Incluso a veces aún lo deseo. Eran todas fotos de Viviana, la chica de la cual yo estaba enamorado, pero había un pequeño detalle: ella era mi cuñada.

Las fotos eran muy comunes, nada pervertido, era obvio que fueron tomadas sin que ella se hubiese dado cuenta. Al principio sentí mucho coraje. ¿Qué intenciones tenía Caín McAdams? ¿Era un voyeur?

Cerré el correo, cegado por los nervios, y tomé mis cosas torpemente. Planeaba salir del salón y avisar a alguien sobre la situación, pero algo en mí no me lo permitió. Regresé a sentarme, abrí nuevamente el correo y me quedé meditando unos minutos: «¿Qué puede pasar? Estoy solo, nadie tiene que saberlo. Pero es la novia de mi hermano... ¡Al carajo! a mí me gustaba desde antes, él me la robó, son sólo fotos y ni siquiera las he visto bien, quizá no sea nada malo... Es sólo mirar ¿Quién podrá sospechar que las vi? Ni siquiera McAdams puede saber si abrí el correo»... Esos fueron mis pensamientos por unos minutos, hasta que me convencí y comencé a ver las fotos. Me sentía un pervertido y tenía remordimiento, pero casi 17 años sin novia, enamorado de un imposible que jamás iba a corresponderme... Ver unas simples imágenes no era mala idea.

Como mencioné, las fotos eran trabajo de un voyeur, habían unas donde Viviana estaba bajando las escaleras, se podían ver sus bonitas piernas más blancas que el resto de su cuerpo; Otras del último día de lluvia donde se había mojado su ropa y se le pegaba al cuerpo. Otras en la clase de deporte; El cabello castaño se veía más claro con el sol, su rostro sonrojado y su cuerpo en el short deportivo. Y la última foto, una donde se podía ver su ropa interior.

Quizá para alguien eso no representaría nada, pero para mí era un tesoro. Todas eran perfectas, mi imaginación volaba, la razón se hacía cada vez menos audible, no podía dejar de ver con detenimiento, apreciando cada detalle guardándolo solo para mí. Sabía que no era normal, ni el momento ni el lugar, pero estaba tan excitado. El salón estaría vacío hasta mañana, el maestro ya se había ido, al igual que toda la clase, la gente que quedaba en la escuela se iría hasta dentro de veinte minutos, la puerta estaba cerrada, yo estaba solo, nadie tenía que saber nada. No lo pensé mucho, en casa habría menos privacidad que ahí: Bajé mi cierre y empecé a tocarme. Sí, sé que suena patético, pero en ese momento solo pensaba en lo bien que se sentía. Siempre tenía papel en mi mochila, primera y última vez que lo usaba así... Afortunadamente no dejé semen por todas partes, fui cuidadoso —o eso pensé—, pero pronto mi conciencia volvió a mí, taladrándome con culpa. Revisé varias veces que el mensaje estuviera borrado, la persona que lo envió estuviera bloqueada y el historial en blanco. No había pruebas. No había delito. Sabía que había hecho algo malo e intenté verme normal, pero las ansias me consumían. Dejé las llaves en la dirección, me despedí y nadie parecía notar nada.

Sentía un cargo de conciencia del tamaño de Texas, pero entre más pronto me fuera menos tenía que fingir. Estaba acomodando la mochila «Nadie te vio —pensaba—. Ya relájate, no hiciste algo tan grave». Pero, seguramente, en ese momento Dios se estaba burlando de mi ingenuidad. Levanté la mirada y vi a una chica parada en la sombra de enfrente, estaba mirándome fijo, de pronto me sonrió y eso me puso más nervioso, no podía tomar las llaves. Noté que ella se acercaba, así que quise apresurarme a subir a la motoneta.

—Hola, me llamo Carissa Palafox —me dijo la chica.

Apenas la miré de reojo mientras pensaba «Ajam ¿Y a mí qué?», pero contesté:

—Hola, ya me tengo que ir.

—¿Me llevas a dar una vuelta? —su pregunta me sacó por completo de mi ensimismamiento y pude verla mejor. Tenía el cabello largo, color negro, piel blanca, pecas en los pómulos y su nariz.

—Lo siento, Carissa, tengo que irme ya —ella soltó una bocanada de aire de manera pesada mientras rodaba los ojos.

—Vamos, Christian... Entre más rápido me lleves más rápido llegas a casa.

—¿Cómo sabes mi nombre? Sabes... olvídalo. Me voy —puse la llave y en cuestión de segundos sentí el cuerpo de Carissa abrazado al mío. Estaba sobre mi motoneta con sus brazos rodeaban mi cuerpo.

—¿Por qué tanta prisa? El irte rápido no borra el hecho de que te hayas masturbado viendo fotos de "tu cuñis" —mientras decía eso puso en su teléfono un video. ¡Ella no sólo me vio, sino que me grabó mientras me tocaba en el salón!

Me quedé en shock ¿Cómo pudo darse cuenta? ¿Ella era Caín? Por el ángulo del vídeo supuse que estaba grabado desde la ventana, la cual se supone no se podía abrir. Me bajé de un salto. Pareciera como si la moto estuviese en llamas y sobre ella Carissa, sentada, con una sonrisa burlona clavando sus ojos azules en mí. Me sentía en pánico, incluso creo que grité, no sé.

—¿Pero qué cara... Qué quieres? ¿Por qué hiciste eso?

—Vamos a dar una vuelta, Christian.

—No jodas. ¡Responde!

—Vamos a dar una vuelta.

—¡Qué no, mierda! ¿Cómo puede pasarme esto?

—¡Basta! Vamos a dar una vuelta y te respondo lo que gustes.

—¡Qué no! Entiende, ¡No quiero ir contigo! ¡No quiero verte!

—Bien... Mañana todos verán el vídeo —contestó, bajando de la moto.

—¡No lo hagas! —no me había dado cuenta que las últimas frases que respondí fueron a gritos. Una maestra asomó su cabeza por la ventana y nos miró unos segundos.

—Entonces... Llévame a dar una vuelta —dijo subiendo de nuevo a la motoneta.

Respiré profundo. Sabía que no tenía opción, pero estar con ella me resultaba repulsivo, y sentirla cerca de mí aumentaba mi coraje.

—¿A dónde vamos? ¿Me usarás de chofer?

—Vayamos al parque Morelia —no tenía idea del porqué ir ahí, podría ser porque estaba cerca o porque ahí está Miguel Ángel y Viviana.

De solo pensarlo temblaba. Miguel Ángel siempre fue un buen hermano, no sabía que pasaría si él supiera que estaba enamorado de su novia y me masturbé pensando en ella. Aún con miedo accedí a ir con Carissa.

Sin querer iba aumentando la velocidad.

—Tranquilo, CriCrí, no queremos tener un accidente por tu culpa, ¿verdad?

—¿Mi culpa? A estas alturas un accidente sería un favor de Dios —ella solo rió. Conduje hasta donde me dijo y después de estacionar caminamos unos metros hasta una banca desocupada.

Nunca había estado en ese lugar del parque, parecía descuidado y hasta habían tiradas algunas jeringas usadas. Era escalofriante. Carissa se sentó sin mirarme mientras yo me limité a verla de pie, después de unos terribles segundos de silencio ella me hizo el ademán de sentarme a su lado, lo cual me hizo enfurecer más porque sentía que jugaba conmigo.

—Y bien... ¿Qué quieres?

—Ahmm, me apetece un helado de limón, hace calor.

—¡No juegues! Te hablo en serio —me levanté y me paré frente a ella—. ¿Para qué me trajiste?

—En realidad tú me trajiste. Literalmente, vengo contigo.

—¡¿Qué mierdas pasa contigo?! ¡Te estoy suplicando que dejes de jugar! Vamos, necesito saber... —ella soltó una carcajada y me pidió que me sentara, le hice caso y el cuerpo comenzaba a dolerme por el estrés.

—Seré directa —dijo y después de meditar unos segundos me miró fijo. Tenía tantas ganas de golpearla—: quiero que seas mi novio.

«Bromea, tiene que ser una broma ¿Qué carajos?»

—Carissa, basta por favor, no juegues. Esto es molesto. Realmente estoy desesperado.

—No bromeo, es en serio. Y sí, me di cuenta de tu desesperación, tengo el vídeo.

—¿Novios? ¡¿En serio?! ¿Todo se trata de eso? ¿Estás tan desesperada por salir con alguien que me pones una trampa, me manipulas y chantajeas? —ella sólo miró al cielo y contestó:

—Sí, algo así. ¿Aceptas? —eso me hizo enfurecer más. De verdad quería golpearla

—¿Tengo opción?

—Sí, entre esas opciones está el que Viviana se enamore de ti al saber que te tocas viendo sus fotos, o que tu hermano decida hacer un trío para que no te quedes con las ganas.

—¡Cállate ya! Viviana no es así... Y el sarcasmo no era necesario —Carissa soltó una carcajada.

—Pobre de ti, cricri —«¿Cricri? ¿Esa mierda qué?»

—De verdad estás loca. ¿Te das cuenta que sólo estaré contigo por obligación? No siento por ti otra cosa. Qué asco. Dudo que alguien pueda quererte con tu forma de ser tan cruel.

—Blah blah blah —sacó un cuaderno de su mochila y comenzó a escribir y yo no quería siquiera voltear a verla. Arrancó la hoja y me la pasó, decía «Contrato» con una caligrafía bastante legible, tenía la fecha, un texto en el que decía que yo aceptaba ser novio de Carissa durante el tiempo que ella creyera suficiente y debajo del texto dos líneas donde debíamos firmar ambos. Todo eso me parecía una tontería pero aun así firmé, le pasé el papel para que ella firmara, después lo guardó en su mochila y me sonrió.

—Bien, Christian, ya me voy, nos vemos luego... —tomó sus cosas y se puso de pie. Antes de que ella se marchará la detuve. Tenía muchas dudas respecto a todo.

—¿Entonces qué pasará con el vídeo? —pregunté.

—Nada, nadie más lo verá.

—Carissa... ¿Por qué me elegiste a mí? ¿Por qué de esa forma? ¿Por qué para algo tan banal?

—Muchas preguntas, Christian, ya me tengo que ir.

—Por favor...

—Bien... fuiste el candidato más sencillo y no creí que cayeras tan fácil en mi trampa, pero me ahorraste mucho esfuerzo. Gracias. Hasta entonces —dicho eso y se marchó dejándome más preguntas y mucha impotencia...

 

Notas finales:

¡Saludos!

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