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Saints por Fersaw333

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Notas del fanfic:

Hola gente, soy yo y despues de unas largas vacacions lejos del a escritura he regresado con esta historia que relamente me ha rondado la cabeza desde hacia muchos dias.

Desde ahora adelanto que será una historia larga, y habrá de todo, accion, romance, terror, drama, quizas algo de comedia, etc.

Esto es por que me inspiré en muchos animes para crearla la verdad.

Como sea, espero la histpria sea de su agrado y si tienen alguna duda o comentario lo responderé con gusto.

 

ATTE: Fersaw

Notas:

Bueno he aqui el primer cap, estuve trabajando en el un largo rato, y puede que haya uno que otro error ortografico.

“Solo aquellos nacidos bajo la bendición de una estrella pueden ser llamados santos y, solo aquellos que el nombre de santos reciben forjaran el destino de nuestro mundo, para bien o para mal”

1ero de marzo del año 1750 de la 2da edad de Plea.

Un día más comienza en las tierras sureñas del reino de Albores, en las costas del sur de este pacifico reino se encuentra una pequeña aldea frente a las blanquecinas playas. El nombre que recibe este poblado es Irden, famoso por la abundante pesca y la variedad de peces que se pueden obtener en esas aguas.

En el paisaje de grandes praderas verdes y bosques lejanos es donde se erige este pintoresco pueblo, lleno de pequeñas construcciones humanas, casas en su mayoría de madera, adobe y roca, dando una apariencia humilde pero alegre, esto exceptuando algunas construcciones que destacan más, tales como la iglesia, una escuela, el sanatorio, y cuartel de la guarida local.

Sobre una pequeña colina, en los límites del pueblo casi al iniciar un bosque, está construida una preciosa casa que no es nada diferente a las demás, quizás un poco más grande que las otras. En el 2do piso una ventana abierta dejaba a la luz del sol entrar y alumbrar completamente su interior.

Fueron pues estos cálidos rayos de sol que perturbaron el sueño de la persona que en esa habitación descansaba, aunado a esto, alguien tocó a su puerta de forma algo suave.

 – ¿Hermana? ¿Ya estas despierta? Vamos, por favor, ya es tarde, no te dará tiempo para desayunar – Decía la voz de un hombre, posiblemente joven,  usando un tono muy amable.

Entre las sabanas de la mullida cama se removía una grácil figura femenina. Se sentó en la cama saliendo de su agradable sueño, sus cabellos, largos y lacios en color oscuro, cubrían de forma deshornada su rostro.

– Ya, ya desperté hermano, bajo en unos minutos – Respondió ella aun medio dormida y bostezando.

Se levantó de su cama con dirección al baño para lavarse la cara, vestía un camisón color celeste que cubría todo su cuerpo hasta sus rodillas.

Lo primero que hizo fuer domar su alborotada melena, peinándose completamente hacia atrás, dejando solo tres mechones sobre su rostro. Y hablando de su rostro, vaya que era una joven hermosa, piel blanca y tersa, claramente por su juventud, pues esta hermosa joven apenas posee 23 años de edad, sus cejas perfectamente delineadas, largas pestañas que enmarcan de forma perfecta sus ojos azules celeste que parecieran brillar ligeramente y a ojos masculinas serían las más hermosas gemas del mundo, sumado a esto, unos lindos labios rosados que serían la tentación de cualquiera y de los cuales fácil sería enamorarse.

Ahora su figura. No es muy alta, quizás 1.70 de estatura, de complexión delgada, sus pechos eran algo grandes para una chica de tan inocente apariencia, sus uñas ligeramente largas en color azul oscuro.

Sin duda era una joven encantadora en toda la extensión de esta palabra. Pero antes de salir de su habitación debía vestirse, así que eligió un atavió típico de ella, el cual constaba de una blusa a botones blanca, con un lindo moño rojo en el cuello, una falda negra que llegaba justo arriba de sus rodillas, unas medias negras que llegaban justo a la mitad de sus muslos, luego, una botas de cuero con un pequeño tacón, siguió y se colocó su fiel capa azul marino la cual porta un símbolo muy conocido, en sus manos dos guantes blancos con el mismo símbolo de la capa, el cual, es el símbolo de una famosa academia de magia, y finalmente, un cinturón donde colocó la funda de su varita, junto con la varita, y en otra funda un pequeño libro con extraños símbolos en su portada.

– Lista – Se dijo a si misma mirándose al espejo, sonriendo inocentemente sin saber lo que ese día depararía – Creo que será un día muy tranquilo – Dirigió su mirada a la ventana y a tan hermosos sol que iluminaba desde un cielo despejado.

Salió de su habitación bajando las escaleras con dirección a la cocina, donde su hermano le esperaba terminando el desayuno de ambos.

– Casi no querías despertar flojita – Sonrió el chico al verla llegar – Te vez muy linda hoy Diane.

– Gracias Albert – Sonrió y se acercó a abrazarlo con cariño – Me alegra mucho que pudieras pasar toda la semana conmigo hermano.

– Bueno, fue un poco difícil pero logré zafarme de algunos deberes en el cuartel así podemos aprovechar las vacaciones de la semana del rey para estar juntos – Correspondió al abrazo suavemente sonriendo – Pero bueno, anda, a desayunar que vamos salir al mercado

– ¿Y eso porque hermano? – Cuestionó curiosa mientras tomaba asiento frente a la mesa.

– Debo comprar algunas cosas para preparar los fuegos artificiales, me lo ha pedido el alcalde – Respondió mientras serbia el desayuno para ambos – Vamos, que esto ya está.

Albert, es el hermano mayor de Diane, esto por cinco años. Ambos tienen un gran parecido que hace más obvia su relación. Aunque claro, él es más alto, llegando al 1.85 de estatura, de complexión delgada, con musculatura ligeramente marcada por los ejercicios militares. Su cabello, oscuro como el de su hermana, es corto completamente peinado hacia atrás, sus cejas algo gruesas, tal como su hermana heredó el color de sus ojos, azul celeste, los ojos de su madre, su piel también es blanca, aunque no tanto como la de Diane, finalmente una ligera barba con poco días de crecimiento.

Él viste una camisa manga larga blanca, sobre la cual lleva un chaleco oscuro, aunada una corbata roja con el símbolo del ejército. Un pantalón oscuro y zapatos negros perfectamente lustrados, también, como Diane, unos guantes con el símbolo del ejército, en su cinturón, su varita y otros aditamentos más que ella.

Pasaron un rato conversando y disfrutando de su desayuno, para luego de eso salir de su casa con dirección a la plaza del pueblo, donde se encuentra el mercado local.

– Cielos, hoy sin duda es un día muy hermoso, el sol brilla en todo su esplendor, las nubes son hermosamente blancas y la brisa sopla divinamente – Comentaba Diane mientras caminaban por las calles sonriendo feliz.

– Si, es el inicio de la primavera hermana, es normal, pero debo admitir que este ambiente es muy lindo y es difícil no disfrutar el día. Además, este pueblo y su paz lo hacen aún más ameno.

El pueblo de Irden, estaba lleno de personas buenas, amables y muy respetuosas, todos se dedicaban a trabajar arduamente para salir adelante, no había odios, rencores o rivalidades entre ellos, y esto también gracias a los fuertes y valientes guardias locales que se encargan siempre de cuidar esa paz y si es necesario resolver los problemas de la mejor forma posible.

Después de un rato de caminar llegaron a su destino, la plaza central, donde se ubica el mercado local, un amplio espacio abierto y de suelo adoquinado donde decenas de mercaderes se reúnen en pequeños, medianos y grandes puestos para ofertar sus productos, habiendo una gran variedad de cosas, desde las más comunes hasta las más atípicas.

– Bueno, voy a tardar un rato comprando todo lo de la lista – Comentó Albert revisando la nota que escribió.

– De acuerdo hermano, voy a dar una vuelta y luego te alcanzo ¿Si?

– Bien, pero no tardes, voy a necesitar ayuda con las compras – Luego de esto él se alejó para ir a las tiendas.

Mientras Diane aprovechó para dar un corto paseo por el mercado y ver alguna que otra baratija que llamara su atención. Más tarde se acercó al malecón, el cual ofrecía una hermosa y espectacular vista del inmenso mar azul y en el cual soplaba una brisa muy fresca.

– Creo que elegimos el mejor lugar del mundo para vivir, que paisaje más hermoso – Se dijo así misma sonriendo.

Entonces sus ojos pudieron divisar algo, en la playa a algunos cientos de metros más adelante de ella, sobre la arena había una gran flor roja, y por gran quiero decir enorme, por lo menos de 3 metros de altura y dos de ancho. Pero no había florecido aun, de modo que solo era un capullo rojo y gigante que solo emergía de la arena como si nada, algo por demás extraño.

– ¿Qué es eso? Jamás había nada igual – Se dijo así misma sorprendida.

Un grupo de guardias se acercaban a esa cosa para inspeccionarla, claramente acompañados de un mago de la ciudad. Desde donde estaba Diane podía verlos perfectamente.

– Oye ¿Qué tanto miras? – Llamó su hermano acercándose a ella.

– Albert mira ¿Tu sabes que es esa cosa? – Le preguntó señalando tan misteriosa flor.

– Vaya, pero mira que flor más grande, jamás había visto nada igual, aunque se me hace algo familiar, quizás la he visto en algún libro – La miró detalladamente tratando de recordar algo con respecto a eso. Hasta que decidió tomar el libro que portaba consigo en su cinturón, uno más grande que el de Diane.

– ¿Crees que sea algún tipo de flor rara que crezca de ese tamaño en las arenas? – Cuestionó ella muy pensativa mirando a los guardias y al mago revisarla – Bueno, debo admitir que tiene un lindo color rojo escarlata, ¿Se podrá hacer un tinte con ella? Me quedaría muy bien en las uñas – Sonrió inocentemente sin saber lo que era esa cosa.

– Toda materia vegetal puede convertirse en tinte hermana ¿Ya lo olvidaste? – Comentó el mientras seguía  investigando en su libro – Rojo escarlata, rojo escarlata… ¿Rojo escarlata?

Sus ojos amenazaron con salirse de sus cuencas por la sorpresa que se llevó al encontrar la información, sus manos temblaron como nunca y no pudo evitar dejar caer el libro mientras su pie palidecía.

– ¿Albert? – Preguntó ella algo asustada, ya que nunca lo había visto así.

– La, la, la flor, la flor del infierno, la, la puerta, la puerta de la horda, el inicio de una época de caos y destrucción – Balbuceaba con la mirada fija en la flor.

– Hermano, que, que dices, me estas asustando – Dijo ella tratando de hacerlo reaccionar.

Se acercó rápidamente al límite del malecón.

– ¡Ustedes, aléjense rápido de esa cosa! – Gritó a los soldados que estaban revisándola – ¡Regresen ahora, rápido!

En ese momento, y antes que lograran entender lo que les gritaba, uno de ellos clavó su lanza en la flor. Allí es donde todo comenzó. La flor explotó como si de una bomba se tratase.

– ¡Al suelo! – Gritó él arrojándose sobre su hermana para que se echaran al suelo.

Tal explosión hizo temblar la tierra y la llamarada de elevó varios metros por el aire, esos incautos hombres fueron carbonizados al instante por tan terrible llamarada, una llama de color rojo puro, y no solo eso, bolas de fuego escarlata surgieron siendo arrojadas sobre el pueblo, iniciando incendios por doquier y calcinando inocentes al instante.

El pánico se expandió en segundos, pero solo era el inicio, el infierno abría sus puertas apenas. Albert se levantó para mirar donde estaba esa flor antes, en su lugar una gigantesca puerta de fuego se había creado, y un mal atroz e inhumano cruzaba el portal.

– La, la, la horda – Dijo Albert aterrado y temblando.

– Hermano, hermano ¿Que está pasando? ¿Que eso? – Decía Diane desesperada e inundada por el pánico.

Un dragón negro cruzó el cielo, pues de aquel portal había surgido, su sola presencia destrozó la voluntad de cualquier mago o soldado que allí estuviera, paralizados por el miedo y la incredulidad, mirando a tan colosal y poderosa bestia surcar el cielo.

– El inicio de una época de caos, destrucción, muerte y perdición – Enuncio Albert mirándolo, perdido en tan maligna imagen, solo cayó de rodillas – Vamos a morir en las llamas eternas.

Unas temblorosas manos tomaron suavemente su rostro por las mejillas, él bajó la mirada a esos tiernos ojos azul celeste como los suyos, llenos de lágrimas y que reflejaban el miedo en toda la extensión de su significado.

– Hermano, hermano, ¿Por qué dices eso? ¿Porque vamos a morir? – Preguntó sollozando por el miedo, más al ver al hombre que más admiraba, su hermano, temblaba y decía tan  sombrías palabras.

Pero no hay miedo, o imagen, que dobleguen el espíritu de un mago tan poderoso como él, la persona que más amaba y que había jurado proteger estaba frente a él y lo necesitaba ahora. Tomó suavemente las manos de su hermana y luego secó sus lágrimas.

– No vamos a morir, esto solo es el inicio, y serán ellos lo que tiemblen de miedo – Recobró todo su valor sonriendo seguro.

Rápidamente los guardias se acercaron a ellos, que no sabían que hacer y estaban también asustados.

– Señor Albert, señor Albert. ¿Qué debemos hacer? No sabemos que está ocurriendo, por favor señor, díganos que hacer – Cuestionaba desesperado el capitán, un hombre rudo y veterano, que estaba lleno de miedo.

– Primero cálmese, recobre su valor y el de sus hombres – Respondió serio y con tono autoritario, levantándose más decidido que nunca – Estamos siendo atacado por la horda, si, lo oyeron bien, la horda, no era solo un mito de cuentos antiguos, es verdad y está aquí ahora.

Al oír eso los hombres claramente temblaron y se miraron entre sí.

– Pero no han ganado, no dejaremos que su presencia sola nos derrote, tanto ustedes como yo hicimos un juramento, proteger y servir al pueblo, a este reino, y a esta ciudad, no dejaremos que esos sucios monstruos nos quiten lo que es nuestro.

Mientras hablaba con ellos, un grupo de esas criaturas treparon por el muro del malecón haciendo retroceder a los soldados. Monstruos como duendes, de baja estatura y complexión deplorable, famélicos o regordetes, de pieles rojas y escamosas, ojos negros y pupilas rojas que brillan con sed de sangre, orejas en punta, largas y deformes narices, cabellos blancos, negros o en su defecto, calvos, dientes podridos y afilados. Visten con armaduras de metales terriblemente maltrechas e incompletas y espadas aserradas, algo rotas o roídas más que oxidadas. Sin embargo poseen una sed de sangre inhumana.

– Se, señor Albert – Llamó tartamudeando el capitán señalando lo que había detrás del mago.

– Her, hermano – Agregó también Diane retrocediendo con los soldados.

– ¡Yo soy un mago de decimo nivel, soy un maestro de la magia! – Se dio vuelta encarando con ira a esas criaturas – ¡Yo sirvo al rey, soy un fiel siervo de este reino y no permitiré que nada, ni nadie haga daño a mi pueblo, a mi gente, o a mi familia. Eligieron un mal lugar para aparecer bastardos del infierno! – Tomó el libro en sus mano, haciendo brillar el símbolo en su guante y en la portada del libro – ¡Lucharan contra mi ira! – Un viento fuerte emanó de él haciendo ondear su capa y alejar un poco a esos monstruos

– Albert – Dijo Diane sorprendida, ya que nunca había visto a su hermano mostrar todo su poder.

¡Sword Master: Lluvia de espadas! – Extendió su mano a ellos con la palma abierta.

Decenas de pequeñas luces de energía amarilla se formaron detrás de él para luego formar espada de luz que con fuerza y velocidad acribillaron a esos siervos del mal, destrozándolos en pedazos y regresándolos fuera de la muralla del malecón, todo, en cuestión de segundos.

– Jamás vi a mi hermano usar tanto poder, nunca lo vi pelear así ¿Este es el poder de un mago de nivel 10? – susurró la joven Diane, sorprendida y admirada por las habilidades de su hermano mayor.

– Guardias, ellos también pueden morir, ya lo han visto – Volvió su seria y valerosa mirada a los hombres – Ahora, recobren su valor y salvemos a los civiles, ese es nuestro deber, nuestra misión y nuestro objetivo, debemos abandonar el pueblo, contenerlos será imposible.

– ¡Si, señor! – Respondió el capitán también invadido por ese sentimiento de valor y deber.

– Diane, ven conmigo – Ordenó Albert a su hermana, quien sin pensarlo asintió.

Corrieron a toda velocidad por las calles del pueblo. Más y más de esos monstruos invadían, y sin motivos destruían cualquier cosa a su paso.

– ¿Hermano, que son esas cosas? – Preguntó Dian siguiéndolo mientras corrían a toda velocidad, tratando de evitarlos.

– Son Zánganos soldados básicos de la horda, son demonios de muy bajo nivel que solo sirven para intimidar por su número, carecen de habilidades especiales y no suelen ser muy fuertes, pero como dije, siempre luchan en grandes números, eso los hace peligrosos – Respondió él.

– Pero ¿Por qué nos atacan, porque hay demonios invadiéndonos? – Insistió sin dejar de estar asustada y nerviosa.

– Eso no lo sé, la flor que vimos, se llama flor del infierno, es un portal, solo aparecen en lugares poco comunes y cada cierto tiempo, no entiendo cómo logró aparecer aquí. Como sea, la activaron y ahora es un portal abierto para que la horda nos pueda invadir.

– Es una pesadilla ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo los detendremos? – Comentó ella mirando a los monstruos destruir las casas

– Nosotros solos no podremos, lo único que puedo hacer es ayudar a las personas a escapar, debemos informar a la academia de magos y al gobernador de la región, y este avisará al rey.

Después de tanto correr llegaron a su hogar, algo agotados por la carrera.

– ¿Que hacemos aquí hermano? – Cuestionó ella jadeando entrado junto con él.

– No debemos perder tiempo en avisar al gobernador y a la academia – Rápidamente fue a su estudio y comenzó a buscar en los cajones su equipo de combate.

– Entonces ¿Cuándo salvemos a los civiles iremos a la capital de la región? – Preguntó ella.

– Si, y no – Rápidamente sacó una maleta donde estaba lo que buscaba. Comenzó a vestirse con la armadura.

– No entiendo Albert – Se acercó a él para ayudarlo.

– Yo me quedaré para ayudar a los civiles, y tu iras a la capital de la región para avisar a todo el mundo – Dijo mientras terminaba de alistarse.

– ¡¿Qué? Claro que no, no te dejaré solo! – Alegó ella molesta por esa idea.

– No está a discusión Diane, no tenemos tiempo que perder, entiéndelo – Comenzó a buscar en la bolsa las ultimas cosas de su equipo y colocó su espada en su cinturón.

– ¡No! Entiéndelo tú, yo no te voy a abandonar hermano, te voy a ayudar a…

Pero Albert cortó sus palabras intimidándola con fuerte golpe en el escritorio que la hizo retroceder un poco.

– Diane, por favor entiéndelo, no podemos perder tiempo, mientras más minutos pasen y ese portal no se cierre más de ellos van a venir a nuestros mundo y será más difícil detenerlos. Necesitamos soldados, magos guerreros y a los santos del reino – La miró sobre el hombro – Hermana, soy un mago de nivel 10, yo puedo luchar con ellos y detenerlos lo suficiente para salvar a las personas que una estén en el pueblo, pero tú, tu solo eres una aprendiz aun, eres de nivel 2, no te ofendas, pero este lugar es demasiado para ti.

Se acercó a ella y la abrazó con cariño, a lo cual ella temblado correspondió.

– Eres todo lo que tengo en este mundo, si te algo te pasara por mi culpa, nunca me lo perdonaría, y no podría seguir viviendo hermana. Le juré a nuestros padres que yo te protegería y eso haré – Dijo suavemente.

– Yo, yo tampoco quiero perderte hermano – Se aferró a él sollozando – Pero, sé que tienes razón, es demasiado para mí. Quisiera ser tan fuerte y poderosa como tú, para poder ayudarte.

– No te menos precies Diane, tú eres fuerte de corazón y de voluntad y algún día, créeme, algún día serás más poderosa que yo.

Sonrió mirándola a los ojos.

– Está bien hermano, me iré para avisar, pero, prométeme que cuando los civiles hayan huido tú también lo harás, y que nos volveremos a ver, promételo por favor – Pidió con miedo mirándolo con sus hermosos ojos llenos de lágrimas.

– Lo prometo Diane. En ese caso, tu prométeme que no te detendrás hasta llegar a la ciudad e informar de lo que ha ocurrido – Sonrió con cariño para ella y el dio un tierno beso en la frente, para luego soltar el abrazo.

– Si, también lo prometo hermano. Entonces, es hora de irme – Dijo ella tratando se sonar decidida y secando sus lágrimas.

– Si, necesitaras esto – Le entregó una maleta – Es mi viejo equipo de combate, quizá haya algunas cosas que te sirvan la ciudad capital de la región está a unos cuantos días a pie, y esto también te hará falta – Le entregó un collar – Es mi selló de mago del rey, con esto creerán todo lo que les digas sin dudar, no lo pierdas.

Lo tomó y colocó la mochila en su espalda y el collar en su cuello. Salieron rápidamente de su casa para ver cómo iba la invasión, y era terrible, ya había unas cuantas centenas de demonios invadiendo y mucha gente tratando de huir aun.

– Es el infierno mismo – Alegó ella aun temblando de miedo al ver lo que estaba pasando – Quien pensaría que algo así pudiera ocurrir de la nada, hoy, hoy era un día muy hermoso – Logró contener las lágrimas esta vez.

– Tranquila, este no es el fin hermana, está vez no será como en la 1era edad de la tierra, estamos preparados para lo que venga– Comentó el sonriendo para animarla.

Entonces una nueva bestia  apareció frente a ellos. Una criatura similar a un rinoceronte, pero más grande y fuerte, de piel oscura y dura como la roca, con cuatro atemorizantes ojos rojos, un largo y afilado cuerno en la punta de su cabeza y una cola llena de pinchos, no obstante, solo era un animal del infierno, pues sobre su lomo tres Zánganos lo montaban.  

Ataremus – Comentó colocándose en guardia y tomando su libro y varita – Una bestia de guerra del infierno.

– Hermano, como, como vas a pelear contra eso – Alegó ella retrocediendo temblando.

– Diane, no te preocupes por mí, recuerda nuestras promesas – Respondió este serio mirándola – Es hora que te vayas, y te prometo que nos veremos luego.

Tragó saliva indecisa aun si irse o quedarse. Veía el bosque por donde huiría y luego miraba la bestia de guerrera frente a ellos. Cerró los ojos y se decidió.

¡Iluminus! – Desenfundo su varita muy rápido y con ese conjuro arrojó una esfera de luz cegadora para distraer a la bestia y a sus jinetes – ¡Cumpliré mi promesa hermano, los refuerzos vendrán pronto! – Entonces se echó a correr tan rápido como podía a través del bosque.

– Sé que lo harás, eres muy fuerte y decidida – Sonrió el al verla alejarse. Luego suspiró para centrarse y mirar serio a sus rivales – Ahora es mi turno – Tomó su varita también, y dejó fluir su energía una vez más – ¡Rangeki: Lanza relámpago!

Un poderoso relámpago salió de su varita e impactó al ataramus perforándolo por completo y arrojando al suelo a sus jinetes

– Enfrenten el poder de Albert Will basura del infierno – Sonrió con su vara en mano y desenvainando su espada listo para destrozarlos.

Por otro lado, la joven Diane corría y corría por el bosque tratando de alejarse lo más que podía, claramente corría hacia el norte, hacia donde está la mencionada ciudad capital de la región y su objetivo. Pero no sabía que un grupo de criaturas viles de la horda se había dispersado por el bosque y la seguían.

Llegó a un descampado en el centro del bosque donde paró un momento para recuperar el aliento después de un largo rato corriendo.

– Cielos, aun, aún falta mucho camino por recorrer, a este paso me tomará dos días llegar – Decía jadeando. Arrodillada. Sacó su varita – Aqua: Agua dulce

Con este conjuro de la punta de su varia comenzó a salir un pequeño chorro de agua del cual bebió para saciar su sed.

Después de recuperarse se concentró en el lugar, no era una parte cualquiera del bosque, era una donde ya había estado antes y conocía bien. En el centro de dicho descampado había una estatua de bronce que era un hombre, una que ella conocía y que se sabía albergaba un gran misterio.

Dicha estatua era muy extraña, un hombre arrodillado cubierto por una capucha y que parecía golpear la tierra con ambos puños, su cabello le cubria el rostro, y era aún más rara por el realismo y su calidad y pensar que estaba hecha de bronce sólido.

– Vaya, la vieja estatua del bosque, creo que he avanzado menos de lo que pensaba – Suspiró y se acercó a la estatua, donde se sentó en el suelo un momento, abrazando sus piernas – Me pregunto ¿cómo estará mi hermano? Espero que esté bien. No seas tonta, claro que lo está, él es un mago de nivel 10, nadie podría contra él, ninguno de esos monstruos puede ser tan poderoso.

Trató de convencerse a sí misma, luego miró al cielo.

– Pensaba que esas historias sobre la horda y las puertas del infierno solo eran mitos y leyendas, jamás pensé que pudieran pasar de verdad – Suspiró y luego volvió la mirada a esa estatua – Si eso era verdad, entonces, que tal si tu leyenda también lo es, y que dentro de ti se esconde un gran poder.

Se quedó un momento en silencio.

– Claro, que no, pero que tontería – Se dijo así misma riendo – Solo es una vieja estatua de bronce que alguien dejó aquí hace muchos años, esa leyenda es solo un cuento de niños para ir a dormir.

El sonido de las ramas y arbustos la alertaron. Frente a ella un grupo de Zánganos exploradores sonriendo con sus sucios dientes y tomando sus armas.

– Carne fresca – dijo uno de ellos con una voz muy baja y casi inentendible.

– No, no puede ser – Se levantó ella rápidamente – ¿Que, que voy a hacer? – Tal y como Albert lo dijo llegaron en gran cantidad, al menos 10 de ellos que la rodearon rápidamente.

El miedo la invadió una vez más, pero ahora estaba sola y su hermano no la ayudaría esta vez. Los monstruos atacaron rápidamente y lo único que se le ocurrió a ella  fue arrodillarse para hacer un conjuro rápido.

Mercy: Escudo burbuja – Invocó un escudo de energía que la cubrió a ella como un domo y también abarco a la estatua.

Los zánganos chocaron contra este, sin embargo se levantaron rápidamente comenzando a golpear la burbuja con sus armas, y esta no tardaría mucho en ser destruida.

– Dios, ¿Qué debo hacer? No puedo pelear contra ellos son muchos, debo pensar antes que esta burbuja se rompa – Decía desperada y asustada. Solo pudo mirar la estatua una vez más – Si tan solo tu leyenda fuera real, tú me salvarías, ya deja de decir estupideces Diane, concentrarte.

Los zánganos insistían más y más golpeado la burbuja, haciendo pequeños agujeros con sus armas

– Eso no pasará, estoy sola, no podré cumplir la promesa que hice a Albert – Trataba de contener las lágrimas, pero estas escapaban por si solas de sus ojos – Si tan solo, si tan solo tuviera un poco más de poder.

Y ya la burbuja estaba al límite, uno de esos zánganos lograba comenzar a hacer una abertura por la cual metió marte de su cuerpo y su lanza, ella no lo había notado aun, estaba temblando por el miedo y la frustración tratando de pensar. Ella volvió la mirada hacia dónde el monstruo trataba de colarse y solo pudo sentir el afilado metal de esa lanza clavarse con fuerza en su piel y ser penetrada.

El grito ahogado en dolor fue seguido de la sangre que salpicó el suelo, la lanza, la ropa de Diane y la estatua, logró caer al suelo sentada y sacarse la lanza que había perforado su hombro. Contenía el dolor y la sangre de la herida con sus manos, pero ella no era una guerrera, jamás había sentido algo similar y no podía evitar quejarse y gritar de dolor.

– ¡Ayuda, ayuda por favor! – Gritaba desperrada, llorando pues sabía que este solo era el comienzo de una dolorosa muerte, veía su sangre, su camisa otrora blanca ahora era carmesí y sus manos completamente rojas.

El Zángano trataba de colarse dentro de la burbuja un poco más para volver a herirla y sonreía emocionado al verla sufrir

– ¡Basta, por favor! – Trataba de levantarse apoyándose en la estatua mancándola con más y más sangre – ¡Duele, duele mucho, no quiero morir, no quiero morir! – Sus sollozantes ojos no veían salida a tan funesta situación.

Perdió un poco el equilibrio por la desesperación y terminó colocando ambas manos en los hombros de la estatua, plasmando allí su sangre.

Y es aquí, donde una leyenda que se contaba solo a los niños cobraba vida como si de un milagro se tratase, los ojos de la estatua brillaron, la tierra tembló con fuerza, destrozando la burbuja, pero también haciendo a los zánganos y Diane caer al suelo por la sacudida.

– ¡¿Qué, que pasa ahora, que pasa ahora?! – Gritó la joven sin entender nada.

Una sombra hizo que el mismo sol se ocultara, el día, se hizo noche en unos segundos, las miles estrellas del firmamento fueron visibles brillando con fuerza, parpadeando en cientos y cientos de colores diferentes. Pero fue una en especial que atravesó el cielo de Plea, una estrella negra dejando una estela del mismo color a su paso la cual desparecía lentamente.

La chica, e incluso los monstruos miraban el cielo sin entender nada de lo que pasaba. Dicho espectáculo duro solo un minuto. Las estrellas dejaron de brillar y el sol fue descubierto por esa sombra volviendo a iluminar el día. El temblor cesó, pero un gran destello cubrió la estatua, dejando deslumbrados a Diane y los zánganos.

– No, no puede ser, esto no es posible, pero, pero ¿Y si lo es? – Decía ella sin poder mirar por tan radiante luz, pero sabía que emanaba de esa estatua – La leyenda que nos contaban de niños, es verdad. 

Notas finales:

Bueno, espero que les haya agradado, si, sé que estuvo bastante largo, pero es probable que los siguientes no lo sean, aun estoy pensando en eso.

Si tienen dudas o comentarios con gusto las responderé

 

Gracias por leer,

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