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Entre Viñedos por Candy-Uchiha

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Notas: Esta historia ni sus personajes no me pertenecen, es una adaptación de la autora Kristan Higgins... Los personajes le pertenecen a M. Kishimoto. Yo solo la adaptó para compartirla con todos ustedes.
Capítulo 4



”Gracias por obligarme a salir ”dijo Sakura tres días después de llegar al pueblo”.No sé cómo mis abuelos no se han matado a estas alturas. Cuando intento quedarme dormida sigo oyéndolos en mi cabeza. «Sí que quieres mostaza. Siempre te ha gustado la mostaza. ¿Cómo puedes hacer un sándwich sin mostaza? Toma la mostaza.» Ya podría estar quemándome viva que seguirían peleándose por las tostadas francesas.”Le dio un buen sorbo al martini, una de las mejores cosas del restaurante Hugo’s”. Empiezo a pensar que vivir con ellos es el camino más directo hacia el suicidio.


Ino Yamanaka sonrió.


”Ay, estos Haruno. Sois una familia monísima.


Ino y ella eran amigas desde los siete años, cuando Sakura tuvo un ataque y Ino fingió tener otro, celosa por la atención que Sakura recibía. Según contaban, el de Ino fue tan fuerte que acabó golpeándose la cabeza contra una mesa y necesitó que le pusieran cuatro puntos de sutura, algo que la alegró mucho.


”Bueno, quitando a tus abuelos, ¿cómo te sientes de vuelta en casa? ”preguntó Ino.


”De maravilla ”contestó Sakura”. Mi padre me llevó a cenar anoche y nos lo
pasamos estupendamente. El Red Salamander. Esas pizzas están de muerte.


”Me casaría con tu padre si me dejaras. ”Ino enarcó una ceja”. A ver, si tolera ese espectáculo tan horroroso de mujer, imagina lo que sentiría por mí y por todo esto. ”Se señaló la cara y el cuerpo que, la verdad, los tenía muy bien.


”Ni se te ocurra mirar a mi padre ”le advirtió Sakura”. Y, por el amor de Dios,
ayúdame a encontrarle a alguien. Nos preocupa que Lorena se lo lleve a dar una vuelta y acaben casados, y mi padre ni se dará cuenta porque estamos de vendimia. ”Dio otro sorbo a su Martini.


”Estaré atenta ”dijo Ino”. Ahora mismo no se me ocurre nadie lo bastante bueno.


Ese era el problema. «Lo bastante bueno» para su padre quería decir que buscaban a alguien a caballo entre la madre Teresa de Calcuta y Meryl Streep. Raro era quedarse corto. La noche anterior se había pasado tres horas buceando en la página web «eCompromiso/AmorMaduro», y solo encontró una candidata.


”¿Qué tal va tu proyecto? ”preguntó Ino”. Esa cosa… ¿el granero?


”Bueno, estos dos últimos días he estado dando vueltas por la finca, haciendo fotos, calculando la inclinación del terreno y el coeficiente de escorrentía. No me mires así. Es fascinante.


”¿Y será algo para bodas y cosas del estilo?


”Sí. Pero hay un montón de sitios estupendos para casarse y celebrar fiestas por los alrededores, así que el granero tiene que ser especial. Así se va a llamar: «El Granero de Blue Heron». ¿Te gusta?


”¡Me encanta! Muy elegante. ”Ino sonrió”. ¡Así que estás de vuelta, Sakura!
¡Estás aquí! Es estupendo. Te he echado mucho de menos. ¿Te vas a quedar dos meses?


”Más o menos. Anoche hablé con Liza y me dio la impresión de que el Maravilloso Mike vive allí.


”No dejes que te eche. Me encanta tener un sitio donde quedarme en Frisco.


”San Francisco. Solo los turistas lo llaman «Frisco».

”Me doy por enterada, so finolis. ”Le hizo una señal al camarero.

Habían pedido en la barra, atendidas por Karin Dunn, que casi ni las saludó, pero ese empleado era un hombre, y como tal, casi tropezó al ir corriendo hacia la mesa.


”Hola, Ino ”la saludó con voz afable”. Llevo un tiempo sin verte. Estás increíble. ”Pasó totalmente de Sakura y se apoyó en la mesa, con el culo contra el plato del pan de Sakura. Ese era el problema de tener a una ninfa guapísima por amiga.


Los hombres se amontonaban alrededor de Ino como un enjambre de mosquitos rodearía a un hemofílico.

”. Salgo dentro de una hora ”añadió el camarero.


”¡Estupendo! ”repuso Ino, al tiempo que se apartaba la larga melena rubia para que el chico pudiera verle mejor las tetas”. ¿Te conozco? Eres muy mono.


El camarero resopló y se enderezó. Sakura apartó el plato con el filo del cuchillo.


”¿No te acuerdas de mí? ”preguntó el hombre”. ¡Vaya!


”¿Por qué? ¿Tenemos un hijo en común? ¿Nos casamos en secreto? No, espera, ¿no te doné un riñón? ”Ino sonrió al hablar y Sakura se dio cuenta de que el camarero se ablandaba.


”Menuda lagarta estás hecha ”dijo él, pero con cariño.


”No me odies porque soy guapa ”replicó Ino, que pestañeó de forma exagerada”. ¿Nos traes otra ronda?


”Yo necesito otro plato de pan ”dijo Sakura.


El camarero no le hizo ni caso.


”Greg. Me llamo Greg.


”Greg. ”Ino pronunció el nombre como si lo estuviera saboreando”. ¿Nos traes otra ronda, Greg? El tiempo es oro. Y en mi bar yo no haría esperar a un cliente.


La Taberna de los Yamanaka desde luego que era el lugar de moda, hogar de la carta de vinos más extensa del pueblo, así como de diecisiete tipos distintos de cervezas artesanas y encima con los mejores nachos del mundo mundial.

Habían ido a Hugo’s porque Ino no podría hablar tranquila si se quedaba en su propio local.


Además, Sakura estaba regresando a la vida de Manningsport poco a poco. Y también se escondía de Sasori, la verdad fuera dicha, que era cliente habitual de la Taberna de Yamanaka.

Sasori no solo era el médico local, sino que también participaba en todos los eventos benéficos que se organizaban, patrocinaba cuatro equipos de la liga infantil de béisbol y era dueño de un viñedo que daba trabajo a unas doce personas. Seguramente fuera el hombre más popular del pueblo, si no lo era de la Tierra.


”Marchando otra ronda ”dijo Greg, que le rozó el dorso de la mano a Ino”. Invita la casa para compensar por el retraso.”Porque, sí, así de guapa era.


Ino podría clavarle un tenedor en el ojo al camarero, que él querría llevársela a
su casa de todas formas.


”Eres una bruja o algo ”comentó Sakura cuando el camarero se alejó”. Me postro a tus pies.


”Puede que me acostara con él en verano. Empiezo a recordar algo. Una alfombra blanca, un riesling blanco seco, de Blue Heron, claro… Centrémonos en lo que interesa, ¿te has encontrado ya con algún amigo o enemigo?


”Karin Dunn me está asesinando con la mirada ”contestó Sakura”. ¿Sigue
siendo un zorrón?


”No que yo sepa. ¿Has visto a alguien más?


”A Theresa DeFilio. Está embarazada otra vez. Qué bonito, ¿verdad?


”Precioso. ¿Y no ha habido nadie más? ”preguntó Ino, que entrecerró sus
preciosos ojos”. ¿Un hombre con el que estuviste comprometida y cuyo nombre empieza… ay, no sé, por… ese?


Sakura suspiró.


”Le he mandado un mensaje de correo electrónico. ¿Estás orgullosa? Hemos
quedado para la semana que viene.


Ino suspiró.


”¿Sigues hablando con sus padres?


Sakura asintió con la cabeza.


”Sí. Comimos juntos en Pacific Grove hace un mes.


”Eres una santa.


”Además de verdad. Pero si alguien me vuelve a decir «pobrecilla», puede que se me vaya la pinza y mate a todos los que me rodean. Menos a los niños y a los perros. Y a los ancianos. Y a ti. Y a Dei. De acuerdo, no me cargaré a nadie. Pero me está volviendo loca.


”¡Lo sé! ”exclamó Ino con voz cantarina”. Yo también soy muy popular de repente. Más que popular, vamos. La gente viene a mi local, se sienta y me dice: «Ino, ¿está…?», y aquí va una pausa para darle dramatismo al asunto, «¿Está bien?». Y yo les contesto: «¡Claro! ¿Por qué no lo iba a estar? Ah, ¿te refieres a que don Perfecto la dejó tirada en el altar? ¡Eso es agua más que pasada, querida! Ya ni se acuerda».


”¡Gracias! ”dijo Sakura”. Me han estado lanzando esas miraditas cada vez que salía. ¿Te has fijado en que Hugo ha salido para hablar conmigo? La primera vez en la vida. ”Le dio un buen trago al martini”. Llevo viniendo aquí desde siempre y hoy es la primera vez que el dueño habla conmigo.


”No te preocupes, cariño ”repuso Ino”. Los cotillas ya se buscarán otro tema de conversación. Alguna le pondrá los cuernos al marido o alguien desfalcará al consejo de la biblioteca, así podrán ocuparse con otra cosa que no seáis Sasori y tú.


”La esperanza es lo último que se pierde ”opinó Sakura.


Greg les llevó las bebidas y unos rollitos de huevo monísimos, sonrió a Ino y pasó por completo de Sakura, que tuvo que cambiar el plato del pan por el de una mesa en la que no había nadie.


”Oye, hablando de la biblioteca”comentó Sakura”, Julianne Kammer, ¿te acuerdas de ella? ¿Delgada, pelo castaño, muy agradable, que vomitó en séptimo durante el examen de matemáticas?


”Sí, me acuerdo. Yo no soy la que se ha ido a vivir a la Costa Oeste, cariño.


”De acuerdo ”dijo Sakura”. En fin, me ha pedido que haga un trabajo mientras estoy en el pueblo. El patio que hay detrás del ala infantil. Voy a diseñar un pequeño laberinto, ya verás. A los niños les encantan esas cosas. Y le dije que lo haría gratis. Porque soy superamable.


”Y también estás tirando a borracha, ¿a que sí? ¿Cómo es posible que una
Haruno no aguante el alcohol?


”Soy un gen recesivo de mis antepasados puritanos. ”Mmm. Sí, se le trababa un poco la lengua.


”Bueno, ¿ha llegado el momento de regresar para siempre? Se suponía que Frisco no iba a ser tu hogar permanente.


”San Francisco.


”Muy bien, muy bien, perdona. Espera, ahora me lo cuentas, que tengo que ir al baño. ”Ino se levantó y la dejó sola.


Sakura bebió otro sorbo de martini, aunque cada vez se le trababa más la lengua, y echó un vistazo a su alrededor. Habían hecho bien al ir a Hugo’s. Era un lugar tranquilo, diseñado más para la temporada turística que para los lugareños que acudirían todo el año.

La vista del lago era increíble; los manteles, de un blanco níveo; y había jarrones con orquídeas. Acababan de sentar a un grupo; habían pasado por Viñedos Blue Heron ese mismo día. Sakura había hecho una sustitución en la tienda de recuerdos y reconocía la sudadera rosa con el osito de una de las mujeres.

Salvo por el grupo, en Hugo’s no había nadie a quien reconociera, excepto a Karin Dunn, que era desagradable como ella sola.


Sakura y Sasori solían ir a ese restaurante. Tenían una mesa especial, junto a la ventana, donde hablaban y se tomaban de las manos y se besaban de vez en cuando. A veces, Sasuke también aparecía para ver a Karin Dunn (conocida como Karin, la Facilona en el instituto).

Siempre se producía una situación incómoda cuando los cuatro, o los tres, quedaban. A Karin nunca le había caído bien Sakura…, lo mismo que le pasaba a Sasuke, por cierto.


Aunque Sakura creía de todo corazón que todas las chicas de la Tierra deberían tener un novio como Sasori Lyon, una extraña corriente cargaba el ambiente cada vez que Sasuke estaba cerca, y esa sensación solo aumentaba cuando Karin se unía al grupo. Sasori era muchísimo más atractivo (Sakura siempre creyó que era un exótico príncipe con su piel blanca y sus oscurísimos ojos), pero Sasuke tenía algo de lo que Sasori carecía.

La heterosexualidad, como llegó a descubrir ella.


Sin embargo, en el instituto, Sasuke la ponía nerviosa. Cuando miraba a Karin con esos ojos negros entornados, con el pelo negro oscuro siempre revuelto, y se sabía sin lugar a dudas que los dos se lo estaban montando… A diferencia de Sasori y ella, que eran mucho más… esto… recatados.


En una ocasión, Sakura sorprendió a Sasuke y a Karin dándose el lote en el
guardarropa de Hugo’s, y se quedó paralizada al ver la voracidad contenida en ese beso, lento, apasionado y sin prisas.

Sasuke parecía mucho mayor que todos los chicos de su edad, con unos musculosos brazos y unas manos grandes que despertaban la imaginación de todas las alumnas del instituto Manningsport High.

En aquel momento, dichas manos se deslizaban por la espalda de Karin, acercándole las caderas a las suyas con un movimiento explícitamente sexual, sin apartar la boca de la de Karin mientras se inclinaba sobre ella.


Las cosas de las hormonas…


Sakura dio media vuelta y regresó corriendo a su mesa y a su novio, el perfecto, tierno y protector Sasori. Estaba colorada y le temblaban las manos. Señor, ojalá que no la hubieran visto. Ese numerito había sido tan… vulgar. Sí. Vulgar.


Por aquel entonces, creía que el motivo de que Sasori no la besase era porque se querían de verdad. Era algo más puro y especial que la simple lujuria, que ese… ese… revolcón que sin duda se daban Sasuke y Karin.


Claro.


”Odio ese cuarto de baño ”dijo Ino, sacando a Sakura de la maraña de
recuerdos”. Entre otras cosas, porque es un congelador, y todos esos inodoros automáticos son un peligro, se podrían tragar a un crío. ”Se sentó de nuevo”. Oye, ¿te has dado cuenta de que llevo un sujetador push-up, Haruno? Para ti. Deidara siempre dice que las mujeres nos arreglamos más para otras mujeres que para los hombres.


”Es verdad. Yo llevo una combinación moldeadora de microfibra de Slim-Nation en tu honor.


”¿En serio? ¿Solo para mí? Con razón eres mi mejor amiga.


”De nada. Pero tú siempre llevas un sujetador push-up.


”Ahí le has dado. Pero me he puesto sombra de ojos metalizada, ¿ves? ”Ino pestañeó de forma exagerada para que Sakura pudiera admirar sus larguísimas, negrísimas, supernaturales e injustísimas pestañas.


De repente, Sakura notó que se le erizaba el vello de la nuca. Primero sintió el eco en el estómago y después la oyó.


La voz de Sasori.


Ay, Dios, tenía la mejor voz del mundo, ronca, cariñosa y siempre risueña, como si el mundo entero y todos sus habitantes le resultaran maravillosos.


”Ha llegado el momento ”confirmó Ino.


”¡No! No, no, no. No estoy… no estoy preparada. Odio este jersey. ”Sakura tragó saliva”. Ino, ¿qué hago? ¿Qué hago?


”Bueno… ¿acercarte a saludarlo?


”¡No puedo! ¡Tengo que perder siete kilos! Además, no estoy preparada. Tengo que… prepararme.


Ino se echó a reír.


”¡Quítate el apósito de un solo tirón! Estás estupenda.


”No. De verdad. Todavía no. ”Se arriesgó a dirigirle una miradita… Hombros
anchos, ese precioso pelo negro y se estaba riendo… ¡Ay, mierda! Solo tenía que girarse cuarenta y cinco grados y la vería.


”Cuarto de baño ”dijo, y salió corriendo.


Lo consiguió. No había nadie más dentro, gracias a Dios. El corazón intentaba
imitar el ritmo de los cascos de Secretariat cuando ganó la carrera de Belmont, y había muchas posibilidades de que se pusiera a vomitar.


Sakura miró su imagen en el espejo. Desde luego que no estaba lista. En primer lugar, por los siete kilos de más. Y ese día tenía el pelo hecho un desastre. Además, tal vez se pondría sombra de ojos metalizada y algo más sexy que un jersey negro que parecía sacado de un funeral menonita.

La verdad, ¿en qué estaba pensando cuando se lo compró? Ni siquiera tenía escote.


No.

Tenía que prepararse, porque cuando viera a Quien la dejó plantada en el altar estaría estupenda y habría memorizado unas cuantas frases. No se habría bebido dos martinis y… ¡por Dios! Tenía una mancha de huevo en una teta, ¡y Ino no le había dicho ni pío! Menuda amiga.


De acuerdo. Llamaría a Ino y le pediría que pagase la cuenta y que la avisara cuando Sasori estuviera distraído para correr hacia la libertad.


¡La madre que…!

Se había dejado el bolso, con el teléfono dentro, en la mesa.


En fin.

De todas maneras tenía que hacer pis. Era por culpa del pánico. Se metió en uno de los aseos, se quitó el jersey, porque la combinación moldeadora de microfibra de Slim-Nation (como para decirlo cinco veces seguidas) la obligaba a desnudarse casi por completo, y se levantó la combinación.

Los martinis, aunque eran muy relajantes y excelentes, no la ayudaron a mantener la coordinación de movimientos ni la elegancia; y eso por no hablar de las botas con tacón de vértigo que se había puesto para Ino.


Los hombres nunca tenían que lidiar con esas cosas, pensó Sakura. Los hombres no se ocultaban en los cuartos de baño ni se peleaban con la microfibra y las medias.

Era muy injusto.

Los hombres lo tenían muy fácil. ¿Acaso ellos tenían que hacerse las ingles brasileñas y ponerse ropa interior incomodísima? No, claro que no. Sakura
apostaría la vida a que un hombre inventó el tanga. Los hombres eran unos cerdos.


Mientras se colocaba bien la combinación moldeadora de microfibra de Slim-Nation, echó mano del jersey… ¡Qué complicación! Consiguió meter un brazo, no encontró la otra manga, se agarró a algo, volvió a fallar… y, de repente, oyó el rugido del inodoro traganiños.

Sintió un tirón en el brazo, se tambaleó hacia atrás y vio, horrorizada, cómo le arrancaba el jersey y desaparecía casi por completo por el desagüe.

Solo quedó una manga fuera, como una serpiente muerta. Imo había dicho la verdad. El inodoro se drogaba o lo que fuera.


”En fin, esto… es un asco ”dijo, y su voz resonó por todo el baño.


Su jersey estaba en el inodoro y era evidente que no se lo podía poner. Le dio un leve tironcito a la manga seca que todavía asomaba. Se oyó otro rugido… El dichoso sensor se activó otra vez y, en un abrir y cerrar de ojos, el jersey desapareció.


Y Sakura se quedó sola en el cuarto de baño con una falda roja, unas botas con taconazo de ir pidiendo guerra, un sujetador push-up de la talla 95D y la combinación moldeadora de microfibra en color beis que le llegaba justo por debajo de las tetas y que era la única responsable de que todavía cupiera en ese modelito.


Estaba atrapada. Un momento, un momento… tenía una gabardina en el Mini de Ino; Ino condujo esa noche y parecía que iba a llover, pero no había llovido, así que se la dejó en el asiento. Ya estaba. La solución. Solo tenía que llamar a Ino, pedirle que fuera en busca de la gabardina, ponérsela y ya podrían marcharse a pastos más verdes. Además, tenía que dejar de beber martinis.


Se volvió en busca de su bolso.

¡La leche!

Ya, estaba en la mesa.

Se mordió el labio inferior un segundo antes de mirarse y ajustarse la copa derecha del sujetador. De acuerdo. Hora de llamar a la caballería.


Se acercó de puntillas a la puerta, aunque por qué lo hizo de puntillas era un misterio, y asomó la cabeza. Para ver el comedor en sí, tendría que salir del cuarto de baño, adentrarse unos cuantos pasos en el pasillo y correr el riesgo. Pero debería poder hacerle un gesto a Ino, que, después de todo, seguramente recordase que su mejor amiga estaba en un apuro.


Abrió la puerta. Nadie a la vista. Dio un paso. Y otro. Se cruzó los brazos por delante del pecho y luego los bajó hasta el corte de su combinación moldeadora de microfibra. ¿Qué quería esconder con más ahínco: las tetas o la faja? Pues se decidió por la combinación moldeadora de microfibra. Otro paso. Podía ver tres mesas vacías, pero el ruido había aumentado de nivel.

Otro autobús con turistas, seguramente. Un paso más y, sí, podía ver su bolso. Sakura se inclinó un poco hacia delante, dispuesta a sisearle a su amiga para que fuera a salvarla.


Pero no.


Ino no estaba allí. ¿Dónde narices…? Ya, estupendo. Estaba en la barra, coqueteando con Greg, el camarero.


Y allí que se acercaba una ancianita con su bastón.


Sin pensar siquiera, Sakura corrió de nuevo hacia el cuarto de baño, sintiendo el frío en los hombros desnudos, y se metió en el aseo más alejado de la puerta. ¡Por Dios, qué vergüenza más grande! Se quedó allí plantada, a la espera de que la anciana hiciera sus cosas. Los segundos pasaron muy despacio. Empezaba a tener bastante frío.


¡Por fin!

La cisterna rugió, la mujer salió del aseo y se lavó las manos. Con fruición, para lamento de Sakura. Una toalla de papel. Y otra. Y otra más. Después, oyó el bendito ruido de la puerta al abrirse con un crujido y al cerrarse con un silbido.


De repente, Sakura se dio cuenta de que podría haberle pedido a la anciana que avisara a Ino. Salió corriendo del aseo, provocando que la cisterna se activara de nuevo, pero la mujer ya había desaparecido… Pues sí que era rápida la ancianita, con bastón y todo.

Sakura recorrió de puntillas el pasillo todo lo rápido que pudo con la esperanza de alcanzarla. Ni hablar. Speedy González, versión sénior, había desaparecido. Y Ino seguía a lo suyo.


Sasori, en cambio, estaba sentado en la mesa más cercana al pasillo.


Soltó una palabrota para sus adentros, se dio media vuelta y se alejó corriendo antes de que pudiera verla, de regreso al santuario del cuarto de baño.


Pues ya se estaba hartando. Había llegado la hora de irse. No había salida trasera, pero sí que había una ventana en el último aseo. Podría escabullirse por ella; no estaba demasiado alta. Saltaría a la calle, sacaría la dichosa gabardina del automóvil de Ino, encontraría una cabina, si la única que había junto a la oficina de correos seguía funcionando, llamaría a Ino y le diría que dejara de coquetear y saliera pitando de Hugo’s.


Era un buen plan, pensó, al menos para salir de esa especie de pesadilla sin ropa en la que se encontraba. Se subió con cuidado a la taza del inodoro (la bestia hambrienta rugió una vez más). La ventana no era enorme. Calculó la anchura de la ventana y la de su delantera. La cosa estaba un pelín justa, pero podía conseguirlo.


Tendría que atravesarla, no subirse a ella. Pero, a ver, ¿por qué no? ¿Cuándo se alcanzaba el tope de humillación que se podía soportar? Las combinaciones moldeadoras de microfibra y los inodoros tragajerséis seguían siendo mejores que las mujeres furiosas y los niños monísimos que la llamaban a una «puta», ¿no?


Sacó la cabeza por la ventana. Cinco o seis vehículos, incluido el de Ino, y
nadie a la vista. Sería ideal que su padre pasase por allí en ese preciso momento y pudiera rescatarla. Pero no, solo vio un perro cerca del contenedor de basura.

¿Asilvestrado? ¿Agresivo? ¿Agresivo y asilvestrado?


”Hola, bonito ”dijo con intención de averiguar si era agresivo. El perro meneó
el rabo”. Buen perrito ”continuó. El perro meneó el rabo otra vez. Un labrador
amarillo. Nada agresivo.


Gracias a Dios, era casi de noche. Perfecto. Hora de imitar al hombre araña.


Apoyó las manos en el alféizar de la ventana y dio un saltito, ayudándose de los brazos para sostener su propio peso mientras se colaba por el hueco. Pasó la cabeza, pasó los hombros, pasó las tetas y pasó la barriga. En ese momento, perdió de repente el impulso.


El trasero no pasaba.


Se removió de nuevo. Nada.


El perro ladró, como si supiera que iba a suceder algo gracioso.


”Chitón ”ordenó Sakura”. Calla, precioso. ”Se inclinó hacia delante en vez de retorcerse, pensando que la fuerza podría ser más útil que la torsión o lo que fuera.


Bajó las caderas e hizo fuerza con los brazos. Agitó las piernas, que no tenían nada en lo que apoyarse para tomar impulso. Se retorció y tironeó. Se retorció y se dejó caer.


Se irguió. Empujó. Gruñó.


Nada. Nyet. Nanay.


De acuerdo, muy bien. Tendría que entrar de nuevo y pensar en otra cosa. Sin embargo, al parecer lo de «entrar» tampoco era una posibilidad. Estaba
encajada como el corcho de una botella.


”Mierda, mierda ”dijo en voz alta. La cabeza le daba vueltas por los dos
martinis o, tal vez, por el hecho de que la ventana le estaba cortando la circulación. O por las dos cosas.

Hizo fuerza con los brazos, contuvo el aliento y lo intentó con más ganas. Al
menos, la combinación moldeadora de microfibra resbalaba bien. Ay, sí, sí, otro centímetro. Se miró el trasero. Casi lo tenía.

Por supuesto, si su pompis pasaba de golpe la ventana, se caería de cabeza y se partiría el cuello. «Mujer que desconocía que su prometido era gay muere de una caída fatal vestida solo con su combinación moldeadora de microfibra.»


”¡Vamos! ”exclamó con más ánimo. El perro ladró de nuevo y después saltó,
colocando las patas contra la pared del restaurante”. Ayúdame, Lassie ”pidió Sakura. Se removió, pero era inútil.


En ese momento, la luz de unos faros la cegó cuando un vehículo patrulla del
departamento de policía de Manningsport entró en el aparcamiento.
Notas finales:

Hola gracias por vuestros comentarios nos vemos mañana con la coti..

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