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Entre Viñedos por Candy-Uchiha

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Notas: Esta historia ni sus personajes no me pertenecen, es una adaptación de la autora Kristan Higgins... Los personajes le pertenecen a M. Kishimoto. Yo solo la adaptó para compartirla con todos ustedes.
Capítulo 3




Sasuke Uchiha conoció a Sasori Lyon justo antes de que comenzaran segundo de bachillerato en el instituto.

Nunca esperó trabar amistad con él. Desde el punto de vista económico, las cosas no funcionaban así.


Manningsport estaba situado a orillas del lago Keuka. En la plaza del pueblo había un sinfín de establecimientos pequeños y con encanto: tiendas de antigüedades, una tienda de vestidos y complementos de novia, la Taberna Yamanaka, una pequeña librería y Hugo’s, el restaurante francés donde Karin Dunn trabajaba de camarera.


La Colina quedaba un tanto alejada del pueblo, y era la zona donde vivían los niños ricos cuyos padres eran banqueros, abogados y médicos, o los dueños de los viñedos: los Klein, los Smithington, los Haruno.

Cientos de turistas visitaban el pueblo de abril a octubre para contemplar el precioso lago y el paisaje, probar el vino y marcharse con una caja o dos.


Lejos del lago estaban las perfectas granjas menonitas, que se extendían por las colinas, salpicadas de rebaños de vacas blancas y negras, hombres ataviados con ropas oscuras que conducían tractores con ruedas de hierro, y mujeres con cofias y faldas largas que vendían queso y mermelada en los mercadillos de productos artesanales los fines de semana.


Y luego estaba lo demás, el resto de los lugares situados en medio.

Sasuke vivía al pie del lado malo de los viñedos, donde la sombra de La Colina hacía que la noche cayera un poco antes. En esa parte del pueblo estaban el vertedero, una tienda de alimentación mugrienta y una lavandería donde, según contaba la leyenda, se vendían drogas.


Durante los años de colegio, los bienintencionados padres ricos invitaban a toda la clase a las fiestas de cumpleaños, y Sasuke asistía con Karin Dunn y con Tiffy Ames.


Los tres sabían que debían demostrar sus buenos modales y agradecer a las mamás que los hubieran invitado, y después entregaban un regalo que les había costado la paga semanal completa.

Sin embargo, no se correspondía a la invitación. Cuando uno vivía en un aparcamiento de autocaravanas no se invitaba a la clase entera a la fiesta de cumpleaños. Se podía jugar con esos niños en el colegio, o quedar con ellos
durante el verano para saltar en las cascadas, como Meeting Falls, pero los distintos estilos de vida no tardaban en pasar factura.

Los niños ricos empezaban a hablar sobre la ropa que llevaban o sobre el vehículo nuevo que se había comprado su familia o de dónde iban a pasar las vacaciones, y entonces aquel día de pesca en el muelle de Henley ya no tenía tanta importancia.


De modo que Sasuke siguió relacionándose con Karin, Tiffy y Suigetzu Hozuki.

Sasuke y su hermanastra crecieron en West’s Trailer Park, en una caravana doble con dos goteras que no había forma de arreglar por más que intentaran parchear el techo.


Después de que su madre tuviera a Hinata cuando él cumplió diez años (y de que otro hombre abandonara sus vidas), la caravana les pareció un lugar muy estrecho, pero era un hogar limpio y feliz.

El aparcamiento no era un lugar espantoso, ni mucho menos, pero no se trataba de La Colina ni del pueblo. Todo el mundo notaba la diferencia, y quien no, era o bien un ignorante de la vida o bien un forastero.


El primer día de los entrenamientos del equipo de fútbol, un mes antes de que
comenzara el segundo curso en el instituto, el entrenador les presentó un nuevo alumno. Sasori Lyon era «quien os va a enseñar a jugar al fútbol, mariquitas perezosas», en palabras del propio entrenador. Sasori estrechó la mano a todo el equipo.


”Hola, soy Sasori, ¿qué tal? Encantado de conocerte. Sasori Lyon, encantado de conocerte, amigo.


«Gay» fue lo primero que pensó Sasuke.


Pero nadie más pareció darse cuenta. Tal vez porque Sasori sabía jugar. Una hora después, todos comprendieron que era un jugador de fútbol fantástico. Parecía llevar años jugando en la liga profesional:músculos como piedras y una envergadura capaz de soportar el envite de tres defensas que quisieran tirarlo al suelo.

Era capaz de hacer pasar la pelota por el ojo de una aguja, de sortear a los defensas y de colarse en la zona de anotación usando lo que el entrenador llamaba «el bailecito de Notre Dame».


La posición de Sasuke en el campo de juego, en la banda, hacía que su misión fuera atrapar los maravillosos pases de Sasori. Aunque él era un buen jugador y jamás lograra obtener una beca para estudiar en la universidad, por más que su madre así lo esperara, Sasori era fantástico.

Tras cuatro horas de entrenamiento el equipo empezó a pensar que a lo mejor podían ganar el primer título en nueve años.

El viernes de aquella primera semana Sasori invitó a todo el mundo a su casa a comer pizza.

Y menuda casa. Moderna, con ventanas en todas partes y el suelo de la cocina tan brillante que Sasuke se quitó los zapatos. Los muebles del salón eran blancos y de líneas rectas, como en las películas.

Sasori tenía una cama de dos metros de ancho, el último modelo de Mac, un televisor enorme con una PlayStation y unos cincuenta juegos. Sus padres se presentaron como Ted y Elaine, y les dejaron claro que nada les parecía más divertido que tener en casa a treinta y cuatro muchachos del instituto.

La pizza era casera (horneada en un horno especial para pizzas, montado en la cocina junto a otros tres), y además había montones de bandejas con emparedados inmensos hechos con un carísimo pan de nombre italiano.

También había bebidas gaseosas de marca, no de imitación como las que compraba la madre de Sasuke. Tenían una bodega especial para los vinos, con un frigorífico para las botellas, y cervezas artesanales de la zona.

Cuando Suigetzu Hozuki pidió una cerveza la señora Lyon se limitó a alborotarle el pelo y a decirle que ese día no le apetecía acabar en la cárcel.


A Suigetzu no pareció molestarle en absoluto.


Sasuke recorrió la casa con una botella de cerveza de raíz en la mano tratando de no quedarse boquiabierto de asombro.

Cuadros modernos y esculturas abstractas; una chimenea que ocupaba toda una pared; otra chimenea en la terraza; otra en la sala de arriba en la que la familia veía la tele, donde también habían instalado una mesa de billar, un futbolín, otro enorme televisor, otra PlayStation y un minibar con todo tipo
de bebidas.


Y de repente se dio cuenta de que Sasori estaba a su lado.


”Gracias por venir esta noche, Sasuke.


”De nada ”dijo él”. Bonita casa.


”Gracias. A mis padres se les fue un poco la olla, creo. A ver, ¿necesitábamos
una estatua de Zeus? ”Sonrió y puso los ojos en blanco.


”Exacto ”convino Sasuke.


”Oye, ¿quieres que quedemos mañana? Podríamos ver alguna película o quedarnos aquí.


Sasuke bebió un buen sorbo y después miró a Sasori. Sí. Era gay. Estaba casi seguro.


”Ah, a ver, colega ”dijo”. Tengo novia. ”Bueno, de vez en cuando se acostaba con Karin, si es que eso contaba. De todas formas, el mensaje estaba claro:


«Soy hetero».


”Muy bien. Podéis venir los dos si no tenéis nada mejor que hacer. ”Sasori hizo una pausa”. Es que todavía no conozco a nadie.


Era una petición directa y Sasuke no sabía por qué lo había elegido a él. En un momento dado, supuso, alguien le diría a Sasori, algún otro niño rico, que los Uchiha eran escoria, más o menos en esos términos; que él no tenía automóvil y que trabajaba en dos sitios distintos después de salir de clase.

Pero, de momento, la oportunidad de frecuentar un sitio así, de echarle un vistazo a la vida de la otra mitad del pueblo…


”Claro. Gracias. Veré si está libre. Se llama Karin.


”Estupendo. ¿A las siete? Mi madre cocina de maravilla.


”Gracias, cariño ”dijo su madre, que entró en ese momento con una bandeja de emparedados.

Al verlos juntos se quedó petrificada. Su sonrisa se transformó en un gesto helado.


”Es la verdad, mamá. ”Sasori le pasó un brazo por los hombros a su madre, que era muy bajita, y la besó en la cabeza, tras lo cual se llevó un sándwich de la bandeja”. Me pega si digo lo contrario ”añadió, dirigiéndose a Sasuke.


La señora Lyon lo estaba mirando con el ceño levemente fruncido.


”¿Cómo te llamabas, cariño?


”Sasuke ”contestó Sasori por él”. Juega en la banda. Hemos quedado mañana, si te parece bien. Su novia también viene.


”¡Ah, tienes novia! ”Su madre se relajó al instante”. ¡Qué bien! ¡Claro! Sí, sí,
podéis venir. Será estupendo.


”A lo mejor tiene que trabajar ”señaló Sasuke”. Se lo diré. Pero gracias.


”¿Tu novia tiene alguna amiga? ”preguntó la señora Lyon.


”Allá vamos, tratando de encontrar a su futura nuera ”dijo Sasori con una sonrisa afable. En la planta alta algo se cayó al suelo con gran estruendo y acto seguido se oyó una palabra malsonante”. Me parece que se ha derramado algo en la tapicería blanca. Te dije que no compraras ese sofá ”añadió.


”Ya está bien. Ni que fueseis una panda de animales ”exclamó su madre.


”No me gusta reconocerlo, pero lo somos ”terció Sasuke.

La sonrisa de Sasori se ensanchó mientras se alejaba con su madre para limpiar el desastre, supuestamente.


Pues sí.

Sasori era gay.

O tal vez solo fuera californiano. O las dos cosas.


Sasuke apareció a la noche siguiente, aunque tuvo que hacer dedo para que alguien lo recogiera en la carretera al salir de trabajar en el club náutico. Había pasado seis horas limpiando embarcaciones en el dique seco, una actividad que, aunque agotadora, le permitía trabajar sin camiseta, de modo que Amber-como-se-llame, que estaba en el pueblo de fin de semana, se lo comía con los ojos.

Karin no quería perderse las propinas que conseguía los sábados por la noche, así que Sasuke fue solo a casa de Sasori.


Una vez allí, cenaron con los padres (pato, increíble), y después hicieron lo que cualquier muchacho: comer un poco más y jugar al Soldier of Fortune en la PlayStation de la planta baja.

Cuando Sasori le preguntó qué pensaba sobre ir a la universidad, Sasuke titubeó, porque no quería que se enterara tan pronto de que la universidad era algo tan inalcanzable para él que ni siquiera se había planteado la idea de enviar solicitudes.


”Todavía no lo sé ”dijo.


”Yo tampoco ”admitió Sasori con sinceridad, aunque Sasuke había oído decir que varias universidades lo estaban tanteando”. Bueno, dime quiénes son las nenas más monas del instituto. Espero echarme una novia este año.


Sonó tan raro que Sasuke estuvo a punto de dar un respingo. No obstante, Sasori tenía un aire como de inocente o algo así.


”¿Tenías novia donde vivías antes? ”le preguntó, para ver cuál era su reacción.

”No, la verdad. Nadie especial. Ya sabes. ”Sasori apartó la mirada”. Con el
fútbol, las clases y demás, es complicado encontrar tiempo.


La experiencia de Sasuke había sido muy distinta. Las mujeres se le insinuaban constantemente. A no ser que fueras un alumno de primero de secundaria con apariencia de niño, lo normal era que alguna muchacha flirteara, siempre y cuando llevara el uniforme los viernes por la noche y sin importar que el equipo hubiera obtenido un mal resultado.


Cuando se hizo tarde, Sasuke dijo que volvía a casa caminando, aunque había más de once kilómetros desde La Colina hasta el aparcamiento, rodeando antes el pueblo.


Sasori insistió en llevarlo. Tenía un descapotable, por el amor de Dios, y la verdad, no podía decir que fuera un capullo.


”Hace una noche estupenda para conducir, ¿verdad? ”comentó Sasori
amablemente mientras se metía en el descapotable saltando sobre la puerta en vez de abrirla.


Sasuke lo imitó al instante, ya que supuso que era lo que la gente hacía si tenía descapotables.


Sasori estuvo hablando durante todo el trayecto por la ruta 15, le contó a Sasuke cómo era su vida en Napa (asombrosa, la verdad), las razones por las que sus padres habían querido mudarse (su padre tenía una úlcera y habían supuesto que en Nueva York el negocio del vino sería más tranquilo), y le hizo preguntas sobre el entrenador y sobre alguno de los equipos con los que se enfrentarían.


”Es aquí. West’s Trailer Park. ”Esperó a que Sasori comprendiera que había elegido mal al compañero de equipo con el que trabar amistad.


”Estupendo. ¿En cuál? ”le preguntó Sasori mientras tomaba el camino de
entrada.


”La última de la izquierda. Gracias por traerme, colega. Y dale las gracias a tu
madre por la cena.


”De nada, ha sido un placer quedar contigo. Ya nos veremos en el entrenamiento.


Se despidió con la mano y dio media vuelta con precisión antes de marcharse. El sonido del motor se fue perdiendo en la distancia.


Y así comenzó una amistad. A lo largo del mes siguiente, Sasori invitaba a cenar a Sasuke con frecuencia, hasta que una noche su madre le soltó:


”¿Por qué no lo invitas aquí? ¿Te avergüenzas de nosotros o qué?


Cuando Sasori apareció, llegó con un ramo de flores para la madre de Sasuke, le dijo a Hinata que era preciosa y no hizo el menor comentario sobre el techo manchado por las goteras, sobre la jarra del vino del frigorífico ni sobre el hecho de que apenas hubiera sitio en la cocina para los cuatro.


”¿Macarrones con atún? ”preguntó cuando la madre de Sasuke dejó la fuente recién sacada del horno en la mesa”. ¡Madre mía, es mi comida preferida! Hace años que no la comía. Mi madre es muy estricta con la comida. Pero esto… Esto sí que es vida. ”Sonrió como si hubieran acabado de atracar un banco y se sirvió tres platos.

La madre de Sasuke suspiraba, encantada.


”Es un muchacho fantástico ”declaró cuando Sasori se marchó, con un deje
reverente en la voz.


”Ajá ”convino Sasuke.


”¿Tiene novia?


”Creo que eres un poco mayor para él. ”Le sonrió, y ella se puso colorada.


”Yo seré su novia ”afirmó Hinata con vehemencia.


”Y tú eres un poco joven ”replicó Sasuke, que le tiró del pelo”. Ve a lavarte los dientes. ”Su hermana le obedeció.


Su madre se pasó una mano por el pelo, que llevaba teñido de rubio, si bien se le notaban las raíces más oscuras.


”Bueno, a ver. Me refería a que es muy guapo, muy simpático y muy educado. Aver si se te pega algo.


”Gracias, mamá.


”Me apuesto lo que quieras a que no es de los que van por ahí con facilonas.


”No, la verdad es que no.


”No entiendo qué le ves a esa Karin Dunn.


”Es fácil. ”Su madre le dio un guantazo en la cabeza y Sasuke se agachó, sonriendo”. Y también tiene una personalidad estupenda ”añadió”. O algo así.


”Eres muy malo. Ayúdame a recoger. Te apuesto lo que quieras a que tu amigo ayuda a su madre.


Un día después de que las clases comenzaran de nuevo, Sasuke y Sasori iban de camino a la cafetería. La puerta estaba bloqueada por alguien. La Linda Princesita, con su pelo rosa recogido en una coleta, siempre pidiéndole a la gente que firmara una petición para recoger botellas o salvar a las focas.

Su objetivo en la vida era asegurarse de que todos los habitantes de la tierra la quisieran. Ahora estaba allí plantada sin darse cuenta del montón de gente que no podía entrar para almorzar.


”Quítate de en medio, Haruno ”dijo Sasuke.


Ella no contestó.

Mierda, ya estaba haciendo lo de siempre: tirándose de la camiseta con volantitos con expresión confundida. Sasuke dio un paso hacia ella, pero antes de poder atraparla la vio caerse al suelo y empezar a sufrir convulsiones.


”¡Ay, Dios mío! ”exclamó Sasori, que tiró la mochila al suelo y se arrodilló a su lado”. Oye, oye, ¿estás bien?


”Tiene epilepsia ”dijo Sasuke, que se quitó la sudadera y la enrolló para
ponérsela debajo de la cabeza.

Los mirones empezaron a arremolinarse alrededor; los infrecuentes ataques de Sakura siempre cosechaban un gran éxito de público. Doce años conviviendo con los mismos compañeros…, cualquiera diría que a esas alturas ya estaban acostumbrados.


Todos los años la enfermera iba a su clase y les daba la charla sobre la epilepsia,como si todos tuvieran que acordarse y Sakura tuviera que pasar vergüenza. Era el único momento del año en que a Sasuke le daba pena. Bueno, también le dio pena cuando su madre murió. Sasori le pasó los brazos por debajo del cuerpo.


”No debes moverla ”le advirtió Sasuke, pero Sasori la levantó en brazos y
empezó a abrirse camino por el pasillo.


Y eso fue todo.

Las conversaciones sobre el episodio duraron días en el instituto.


Decían que Sasori era una especie de caballero de brillante armadura; que era lógico que Sakura se enamorara de él; que era muy romántico; que quién no desearía sufrir epilepsia o tener algún desmayo de vez en cuando. Sasuke se cansó de poner los ojos en blanco.


”Estoy enamorado, amigo mío ”afirmó Sasori un par de semanas después”.
Ella es increíble.


”Ajá.


”En serio. Es preciosa. Como un ángel.

Sasuke lo miró.


”Claro que sí.


Pese a no tener padre, Sasuke era lo que su jefe llamaba «un hombre como Dios manda».

Jugaba al fútbol desde primaria, era manitas con las herramientas, tuvo su
primera novia a los doce años, y perdió la virginidad a los quince. Repitió curso cuando su padre los abandonó, y por eso era un año mayor que sus compañeros de clase.

Empezó a desarrollar músculo en primero de secundaria, sabía conducir al año siguiente, y todas esas cosas le granjearon cierto respeto. Siempre se había relacionado con un grupo de amigos, hombres como Dios manda.


Y los hombres no decían que sus novias eran preciosas como ángeles. Hablaban de sus tetas, de sus culos, de si les permitían hacer algo y de cuándo lo hacían. Si alguno estaba enamorado de verdad guardaba silencio y a veces le daba un puñetazo a aquel (normalmente Sasuke) que especulaba sobre las tetas o el culo de la muchacha en cuestión.


Sasuke no era experto, pero supuso que Sasori no sabía que era gay. O si lo sabía, tal vez todavía no quisiera admitirlo.

Sasori parecía muy cuidadoso en los vestuarios, algo raro para un muchacho que llevaba diez años jugando al fútbol. La mayoría del equipo pasaba del tema, aunque a algunos no les importaba pasearse desnudos, pavoneándose delante de los demás.

De vez en cuando se producía la típica bromita gay, y Sasori se reía un poco, y a veces miraba a Sasuke para comprobar si de verdad tenía gracia (algo que nunca pasaba).

No, Sasori se mantenía cabizbajo hasta que acababa de vestirse. Cuando Frankie Pepitone, la Mole, se hizo un tatuaje en el hombro, todos los demás lo admiraron y se aseguraron de darle una palmada justo sobre la piel aún enrojecida (porque a los futbolistas les gustaba hacerse daño entre
ellos, al fin y al cabo), pero Sasori no fue capaz ni de mirar el tatuaje.


”Impresionante ”fue lo único que dijo.

A Sasuke le dio la impresión de que a Sasori podría darle miedo mostrar la expresión de su cara si miraba a Frankie, la Mole.


Qué más daba.

El caso era que Sasori era buena gente, y a Sasuke le daba igual que Sakura Haruno fuera una fachada o el amor de su vida.

Era su último año de instituto y suponía que se uniría al Ejército, así que iba a tratar de pasarlo lo mejor posible. Y relacionarse con Sasori era divertido. Era un muchacho gracioso, listo, sencillo y decente como ninguno.

Sasuke y Karin quedaban a veces con Sasori y Sakura para ver alguna película o ir a casa de los Lyon, porque Sakura tenía muchos hermanos y ¿por qué ir a un aparcamiento de autocaravanas cuando la casa de Sasori era como un salón recreativo?

Sin embargo, a Karin no le caía bien Sakura (y la imitaba a la perfección), así que muchas veces solo estaban ellos tres: Sasori, Sasuke y Sakura.


Sakura Haruno… era difícil de aguantar, sí. Monísima, inquieta y agotadora. Estaba colada por Sasori y parecía estar inmersa en el casting de futura esposa, siempre pestañeando de forma exagerada cuando lo miraba o abrazándolo a la menor oportunidad.

A Sasori no parecía importarle. Les hacía la pelota a los padres de Sasori, se ofrecía para recoger la mesa y estaba claro que los Lyon pensaban que era maravillosa.


”Menos mal que por fin ha encontrado a alguien ”oyó Sasuke que la señora Lyon le decía una noche a su marido cuando él estaba a punto de darles las gracias por haberlo invitado a cenar.


”Ya era hora ”protestó el señor Lyon”. Empezaba a pensar que sería imposible. ”Intercambiaron una mirada y después siguieron viendo la CNN.


Así que Sasuke no era el único que pensaba que Sasori podía jugar en el equipo contrario.


El último año de instituto fue el mejor de la vida de Sasuke. Al final de la temporada Sasori le hizo un pase a treinta y cinco metros de distancia. Sasuke lo atrapó en el área de anotación sin problemas, tal era la puntería de Sasori. Los leones de Manningsport Mountain se proclamaron campeones de su categoría, aunque perdieron en la siguiente fase.

No les importó. Esa había sido la mejor temporada de la historia del instituto, así que era difícil sentirse desanimado.


Y Sasuke, que no tenía ni hermanos, ni padre, ni tíos, contó con su primer amigo de verdad, una persona que no se parecía en nada a Ashwick, Tommy o Frankie, la Mole.

Sasori era mucho más maduro que ellos en muchas cosas, parecía sentirse tan cómodo en la caravana de Sasuke como en la elegante casa de sus padres, se reía con facilidad, no se emborrachaba por diversión y nunca le importó que los niños de La Colina no se mezclaran con los del aparcamiento de autocaravanas.


Con Sakura lo intentaba tal vez con demasiado ahínco. De vez en cuando la besaba y Sasuke hacía una mueca por lo mal que quedaba. Sasori hacía todas esas cosas ridículas y antiguas que ningún hombre heterosexual haría jamás, como ponerle una flor en el pelo y tonterías por el estilo.

Y Sakura… ¡por favor!, se lo tragaba todo. Se sentaba en su regazo y proponía que todos participaran en unas jornadas para limpiar las cunetas, o que Sasuke y Karin se apuntaran al coro del instituto para ir a cantar al hogar del pensionista.

Sasuke comentaba de vez en cuando que había medicamentos para su trastorno. Sakura se reía, aunque era evidente que no sabía cómo interpretarlo, y después él se sentía como si acabara de darle una patada a un perrito, tras lo cual Sasori decía: «No seas desagradable, colega. La quiero», y Sakura empezaba a mover el rabo otra vez.


Una noche de primavera, Sakura los dejó en casa de los Lyon; Ted y Elaine estaban fuera, y Sasuke sospechaba que se sentía incómoda porque Sasori y él habían sacado dos cervezas del frigorífico de la planta baja, y por supuesto ella no pensaba tolerar semejante infracción de la ley.

Sasuke, sentado en el sillón de la terraza, la había observado marcharse con su bonito pelo resplandeciente a la luz de la luna y el enorme perro de los Haruno trotando a su lado.


”¿Sakura y tú lo habéis hecho? ”le preguntó a Sasori por curiosidad.


”No, no ”contestó él”. Somos… chapados a la antigua. Ya sabes. A lo mejor
esperamos hasta después de la boda.


Sasuke se atragantó con la cerveza.


”¡Ah! ”exclamó sin aliento.


Sasori se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa en los labios mientras pensaba en la Linda Princesita.


Y después, de repente, llegó la semana en la que Sasori y Sakura se tomaron «un descanso». El instituto al completo se quedó alucinado. Sasori se mostró muy serio, algo poco característico en él, y no quiso hablar del asunto.

Por fin, suponía Sasuke, Sakura había salido del trance y se había percatado de que había algo raro en su novio.

Él tenía bastante con sus problemas; una universidad poco prestigiosa de Pensilvania le había ofrecido para su sorpresa una beca muy decente (gracias a que Sasori lo había hecho quedar fenomenal durante toda la temporada).

Entre la cantidad que le ofrecían y sus ahorros, solo tenía que reunir cinco mil pavos y podría seguir adelante.


No le pidió el dinero a su madre. Cinco mil pavos eran demasiado dinero. Podría habérselos pedido prestados a Sasori o a los Lyon, y ellos habrían estado encantados de aceptar, pero no le parecía correcto. No quería contraer deudas con nadie.


Por eso se lo pidió a su padre. Decidió que Fugaku Uchiha estaba en deuda con él y no al contrario. Le siguió el rastro y descubrió que vivía en un pueblo no muy lejano.


Llevaba once años sin verlo. Nunca lo había llamado por teléfono ni le había enviado una tarjeta de felicitación por su cumpleaños, aun viviendo a apenas treinta kilómetros de distancia, en una casa de una sola planta pintada de azul oscuro, en cuyo camino de acceso estaba aparcado un flamante automóvil.


Fugaku Uchiha podía ser un padre espantoso, pero lo reconoció nada más verlo. Le estrechó la mano, le dio unas palmadas en un hombro y lo invitó a pasar al garaje.


”Bueno, en fin, iré directo al grano ”dijo Sasuke”. Necesito cinco mil pavos para ir a la universidad. Tengo una beca para futbolistas, pero solo cubre parte de los gastos. ”Hizo una pausa”. Esperaba que pudieras ayudarme.


Su padre… caramba, su padre tenía los mismos ojos negros que él y los mismos brazos fuertes. Su padre asintió con la cabeza, y por un ridículo segundo la esperanza hizo que el corazón le diera un vuelco.


”Ajá, me gustaría ayudarte, sí. ¿Cuántos años tienes, dieciocho?


”Diecinueve. Repetí tercero de primaria. ”«El año que nos abandonaste.»


”Sí, sí. ”Su padre asintió de nuevo con la cabeza”. Bueno, el caso es que acabo de casarme. He empezado de cero y todo eso. ”Hizo una pausa”. Mi mujer está en el trabajo. De lo contrario, te la presentaría. ”No, no lo haría”. Ojalá pudiera ayudarte, hijo. Pero es que no tengo esa cantidad.


Había un montón de cosas que Sasuke quería decir. Cosas como que lo que tendría que haber pagado por su manutención eran más de cinco mil dólares. Cosas como que Fugaku Uchiha había perdido el derecho a llamarlo «hijo» hacía once años.

Cosas como que había repetido tercero porque se había pasado las horas muertas todos los días después de clase sentado en la cuesta, esperando que el Chevrolet El Camino de color mostaza enfilara la vereda de entrada de West’s Trailer Park porque sabía, sabía muy bien, que su padre no habría podido irse así porque sí para siempre.


Pero mantuvo la boca cerrada y sintió que la vergüenza le quemaba el estómago por haberse permitido sentir un poco de esperanza.


”Yo también jugaba al fútbol, ¿lo sabías? ”le preguntó su padre.


”No ”contestó.


”Jugaba en la banda, de receptor.


”Estupendo. Bueno, tengo que irme.


”Claro. Lo siento, Sasuke.


Escuchar su nombre con esa voz que tan bien recordaba estuvo a punto de hacerle perder el control. Sin echar la vista atrás, condujo directo hasta Geneva para alistarse en el Ejército. No permitiría que su padre le arrebatara más de lo que ya le había arrebatado. Esa noche se emborrachó un poco con sus amigos y Karin tuvo que acostarlo, pero no hubo mayores daños.


Al final de esa semana, Sakura y Sasori habían vuelto. Como si no hubiera pasado nada.


Cuando llegó el día de la graduación Sasuke ya había superado las pruebas para entrar en el Ejército, y le esperaban dieciséis semanas de instrucción básica a partir de agosto. De repente, su casa se convirtió en lo más importante.


El verano adquirió un tinte melancólico. Se dio cuenta de que estaba sentado en el borde de la cama de su hermana cuando ella dormía, deseando que estuviera bien sin él. La llevó a nadar, fue a verla cuando acampó con las scouts e hizo que todas sus compañeras prometieran enviarle galletas y cartas.

Un día le llevó flores a su madre, aunque solo consiguió que se echara a llorar.


Las frondosas colinas y las hileras de vides, así como el olor dulzón que flotaba en el aire, le parecieron preciosas de repente.Era duro saber que nada sería igual en el futuro, que cambiaría y que dejaría atrás su antigua vida. Que ese año tan perfecto jamás se repetiría.


La víspera de su marcha a Fort Benning el señor y la señora Lyon celebraron una fiesta en su honor, le dijeron a su madre que había criado a un hombre fantástico, y los tres progenitores lloraron un poco juntos. Karin cortó con él durante la fiesta. Sin aspavientos ni nada. Con un simple: «Oye, no creo que tenga sentido seguir con esto, ¿no te parece?».

Sasuke convino en que no, no tenía sentido. Ella lo besó en la mejilla, le dijo que tuviera cuidado y que le escribiera de vez en cuando.


Sasori lo recogió a la mañana siguiente. Sasuke se despidió de su madre con un beso, abrazó a Hinata con fuerza y les dijo a ambas que dejaran de llorar.


Posiblemente él también tuviera que limpiarse las lágrimas. Después, Sasori le preguntó si quería conducir el descapotable, y él le contestó que qué narices, sí.


Hicieron el trayecto hasta Hornell en silencio. Desde allí, el autobús lo llevaría
hasta Penn Station, y luego seguiría hasta Fort Benning. Sasori se marchaba al Boston College a la semana siguiente porque empezaban los entrenamientos del equipo de fútbol. Ese año sería suplente del quarterback.

El abismo que separaba sus vidas, ese al que Sasori jamás había prestado atención, apareció de repente entre ellos. Su amigo sería una estrella del fútbol en una universidad para ricos, seguramente lo ficharían para jugar en la liga profesional y, fuera cual fuese el resultado, disfrutaría de una vida cómoda y privilegiada.

Sasuke serviría a su país en una guerra que la mayoría de sus compatriotas pensaba que no iba a solucionar nada y rezaría para no morir.


Sasori compró un par de cafés y esperó hasta que el autobús Greyhound apareció soltando una humareda por el tubo de escape y el conductor bajó para fumarse un cigarro.


”Bueno, pues me voy ”dijo Sasuke, que se colocó el petate al hombro.


”Busca un asiento con ventana ”le advirtió Sasori, como si tuviera una enorme experiencia viajando en autobuses.


”Lo haré. Cuídate, amigo ”se despidió Sasuke, y se estrecharon la mano”.
Gracias por todo.


Una frase ridícula y tonta, vacía de contenido.


«Gracias por no haber tenido en cuenta dónde vivo. Gracias por intentar que los ojeadores se fijaran en mí. Gracias por lanzarme ese pase. Gracias por tus padres. Gracias por elegirme para ser tu amigo.»


”Yo también te lo agradezco. ”Sasori lo abrazó con fuerza y durante un buen rato, al tiempo que le daba palmadas en la espalda. Cuando se apartó, Sasuke vio que tenía los ojos llenos de lágrimas”. Eres el mejor amigo que he tenido en la vida ”le dijo, con la voz trémula.


”Lo mismo digo, colega ”aseguró Sasori”. Lo mismo digo. ”Pasó un minuto y, por alguna razón extraña, Sasuke pensó que tal vez debería abrir la puerta aunque fuera una rendija aprovechando que se marchaba”. Y eso tampoco cambiaría nada”añadió.


”¿A qué te refieres? ”le preguntó Sasori.

«Si salieras del armario.» Pero la respuesta se le quedó atascada en la garganta.


Sasuke se encogió de hombros.


”Pues que… que siempre podrás contar conmigo. Pase lo que pase. Y ya sabes, que puedes contármelo todo. Llámame. Envíame mensajes de correo electrónico. Esas tonterías.


”Gracias ”dijo Sasori, y se abrazaron de nuevo. Sasuke se subió al autobús.


No regresó a Manningsport en casi cinco años.
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