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Entre Viñedos por Candy-Uchiha

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Notas del fanfic:

Esta historia ni sus personajes no me pertenecen, es una adaptación de la autora Kristan Higgins... Los personajes le pertenecen a M. Kishimoto. Yo solo la adaptó para compartirla con todos ustedes.

Prólogo.


Un precioso día de junio, delante de medio pueblo, con un vestido de novia con el que parecía Cenicienta y un ramo de rosas de un perfecto color rosa, a Sakura Haruno la dejaron plantada en el altar.


No lo imaginamos ni por asomo.


Allí estábamos todos, sentados en la iglesia Trinity Lutheran, sonriendo, de punta en blanco, con todas las bancas ocupadas y gente de pie amontonada en el fondo. Las damas de honor iban vestidas de rosa, y la sobrina de Sakura, que acababa de cumplir trece años, iba monísima.

El padrino llevaba su uniforme de gala y el hermano de Sakura formaba parte de la comitiva del novio.

¡Todo era precioso!


La boda de estos dos chiquillos, Sakura y Sasori, que llevaban juntos desde sus días de instituto, iba a ser una de las jornadas más felices que se habían visto en el pueblo desde hacía años.

Al fin y al cabo, los Haruno eran una de las familias fundadoras, unas personas muy respetadas. Poseían más tierras que cualquier otra familia del condado vitivinícola de los Finger Lakes: hectáreas y hectáreas de viñedos y bosques que llegaban hasta Keuka, «el lago Torcido» como lo llamamos aquí.

En cuanto a los Lyon… bueno, eran de California, pero de todas formas los apreciábamos. Era una familia adinerada. Buena gente. Sus tierras colindaban con las de los Haruno, de modo que los niños habían crecido siendo vecinos.

¿No era tierno?

Y Sasori… ¡ay!, era divino.

Podría haber sido jugador de la Liga Profesional de Fútbol Americano. No, en serio, era muy bueno. Pero, en cambio, lo dejó en cuanto obtuvo el título de médico. Quería ejercer la medicina en el pueblo, casarse con la dulce Sakura y formar una familia.


El primer encuentro de la pareja fue muy romántico, al menos desde el punto de vista médico.

Sakura, que cursaba en aquel entonces segundo de bachillerato, tuvo un ataque epiléptico. Sasori, que acababa de mudarse al pueblo, se abrió paso a codazos para llegar a su lado y la levantó como un héroe con sus fuertes brazos de futbolista, algo que, puestos a pensarlo, no se debía hacer, si bien sus intenciones eran buenas, y menuda imagen la suya: el alto y moreno Sasori llevando en brazos a Sakura por los pasillos.

La llevó hasta la enfermería y siguió a su lado hasta que el padre de la muchacha fue a buscarla. Según dicen, se trató de un flechazo.


Fueron juntos al baile de graduación, Sakura con su rizada melena pelirosa suelta.


Su piel clara resaltaba muchísimo gracias al tono azul marino oscuro del vestido.

Sasori estaba guapísimo con ese cuerpazo atlético de metro noventa, su pelo rojiso y sus ojos oscuros. Parecía un conde rumano.


Estudió en el Boston College y entró a formar parte del equipo de fútbol. Sakura logró entrar en Virginia Tech para estudiar paisajismo, de modo que la distancia y la edad… En fin, que nadie esperaba que siguieran juntos.

Todos imaginábamos a Sasori con una modelo, o incluso con una actriz de Hollywood jovencita, dada la riqueza de su familia, sus éxitos deportivos y su estupendo físico.

Sakura era muy mona, pero no dejaba de ser normal y corriente, aunque ya sabemos cómo funcionan estas cosas. El muchacho olvida a la novia y sigue con su vida. Todos lo habríamos entendido.


Pero no.

Nos equivocamos.

Los padres de Sasori no paraban de quejarse de las abultadas facturas de teléfono y de los numerosos mensajes de texto que su hijo enviaba a Sakura. Era como si Ted y Elaine estuvieran presumiendo: «¿Veis lo fiel que es nuestro hijo? ¿Lo entregado que está? ¿Lo mucho que quiere a su novia?».


Cuando estaban en el pueblo, durante las vacaciones, Sasori y Sakura caminaban de la mano, siempre sonrientes. Él solía arrancar una flor de las frondosas jardineras de la ventana de la panadería y se la colocaba a ella en la oreja.

Muchas veces los veíamos en la arena junto al lago, sentados en el suelo, él con la cabeza en el regazo de ella. O navegando en el lago con la lancha motora Chris-Craft de los padres de Sasori, con ella al timón y él detrás, rodeándola con sus musculosos brazos, como un anuncio para atraer turistas.

Parecía que Sakura había encontrado una mina de oro, y muy bien que había hecho atrapando a alguien como Sasori. Todos le teníamos un cariño especial a la pobre niñita que Mel Stoakes rescató de aquel terrible accidente.


A Laura Boothby le gustaba alardear del dinero que Sasori se gastó en flores para celebrar su primer aniversario, el cumpleaños de Sakura, el Día de San Valentín y, a veces, porque le apetecía sin más.

Algunos de nosotros pensábamos que se estaba pasando un poco, sobre todo teniendo en cuenta que nos encontramos en una zona plagada de granjas menonitas y que los habitantes del estado nos caracterizamos por la sensatez, pero la familia Lyon venía del valle de Napa, y ya se sabe cómo son…

A veces veíamos a Sakura con sus amigas en la Taberna de los Yamanaka. Alguna se quejaba de su novio inmaduro y descuidado, que la engañaba o le mentía, o que cortaba con ella con un mensaje de texto o cambiando el estado en Facebook.

Si Sakura se mostraba solidaria, esas chicas le soltaban algo así como: «¡Sakura, no tienes ni idea de lo que estás hablando! Tú tienes a Sasori», como si fuera una acusación o algo parecido. La simple mención de su nombre hacía que le aflorase una sonrisa en los labios y que su mirada se tornara soñadora.

Sakura comentaba de vez en cuando que siempre había querido un hombre tan bueno como su padre, y que todo indicaba que lo había encontrado. Aunque fuera joven, Sasori era un médico maravilloso.

Tal vez por eso todas las mujeres del pueblo parecieron sufrir alguna dolencia los primeros meses de instalar la consulta en el pueblo. Él se mostraba paciente a la hora de escuchar, siempre tenía una sonrisa en los labios y recordaba muy bien lo que le habían contado en la visita anterior.


Tres meses después de acabar su período de residencia, un bonito día de septiembre, con las colinas llenas de pinceladas rojas y doradas y el lago brillante y plateado, Sasori puso una rodilla en el suelo y le regaló a Sakura un anillo de compromiso con un diamante de tres quilates.

Todos nos enteramos, claro que sí, y así comenzaron los preparativos. Las dos hermanas de Sakura serían las damas de honor, y la guapa Ino Yamanaka la madrina.

El padrino de Sasori sería el muchacho de los Uchiha, si podía volver a casa desde Afganistán. ¿No sería maravilloso ver a un héroe de guerra condecorado al lado de su gran amigo y antiguo compañero futbolista?

Sería tan romántico, tan bonito… La verdad, la idea nos arrancó una sonrisa a todos.


Así que imaginad nuestra sorpresa cuando, con la pareja delante del altar de la iglesia Trinity Lutheran, Sasori Lyon decidió salir del armario.
Notas finales:

Dejenme saber en sus comentarios si les guasta la historia para continuar adaptandola ????

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