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Los Peligros de Perseguir a un Duque. por Candy-Uchiha

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Notas: Esta historia ni sus personajes no me pertenecen, es una adaptación de la autora Julia London... Los personajes le pertenecen a M. Kishimoto. Yo solo la adaptó para compartirla con todos ustedes.
CAPÍTULO 5



“¿Pero ¿cuándo lo conociste? ”quiso saber Hinata por enésima vez desde que llegaron a su casa el día anterior”. No recuerdo que nos lo presentaran.


”¿No? Supongo que fue antes de que falleciera mamá ”explicó Sakura, con la mente puesta en algo más urgente, mientras se vestía para salir.


”No, no lo recuerdo ”insistió Hinata”. Estoy segura de que me acordaría de él. ¿Y por qué te pidió que le reservaras un baile? No te relacionas con nadie y, aunque lo hicieras, él rara vez asiste a las fiestas. No lo entiendo.


”No hay nada que entender ”contestó Sakura”, sólo estaba siendo amable. Y, además, tenemos cosas mucho más importantes en las que pensar.


”Puede que tú las tengas, pero yo siento mucha curiosidad ”dijo Hinata, levantando la vista de su costura”. Daba la impresión de que te conocía.


”¡Por Dios! ¿Quieres, por favor, pensar en otra cosa? ”exclamó Sakura”. Piensa en un mayordomo; si vamos a entrar de nuevo en sociedad, tenemos que tener uno.


Nadie discutió, todas eran muy conscientes de que cualquier casa elegante de Mayfair tenía un ejército de criados y, en caso de no tenerlos, era obvio que los dueños estaban arruinados. Y si los desdichados habitantes de dicha casa carecían de fortuna, tampoco tenían ninguna perspectiva social.


De hecho, varios meses antes habían llegado a estar en una situación desesperada que exigió de ellas que hicieran algo inconcebible. No obstante, Sakura y Ino empezaron a llevar criados a la casa poco a poco. Se unieron a la Sociedad Benéfica de las Damas, su único alivio durante los difíciles meses del duelo, soportando la vigilancia de Lucy Pennebacker.

Esta nunca se separaba de su lado, cerniéndose sobre ellas como un buitre y tomándose muy a pecho su misión de vigilarlas; estaba completamente decidida a custodiarlas, a ellas y su virtud.


Sólo salían para hacer labores de caridad, y ni siquiera Lucy podía oponerse a eso. La sociedad estaba formada por un grupo de mujeres que, bajo los auspicios de la parroquia de St. George, tenían la misión de ayudar a aquellos que eran más desafortunados que ellas.

Se reunían todas las semanas en un pequeño asilo de la parroquia, donde llevaban fruta y dulces para las pobres almas que habían llegado allí, un lugar que las damas estaban convencidas era un antro de corrupción. A cambio, invitaban a los asistentes a escuchar la lectura de versículos escogidos de la Biblia y, al acabar, afirmaban que se habían dedicado a motivarlos para que llevasen una vida decente y piadosa.


Tsunade solía decir, riendo, que eso era lo menos que las buenas mujeres podían pedir, ya que ellas mismas llevaban una vida increíblemente libre de pecado y de pobreza.


Los miembros de la Sociedad Benéfica de las Damas estuvieron encantados de contar con Sakura y con Ino, y les hablaron con cariño de lady Tsunade y de su maravilloso sentido de la caridad. Eso era algo que las jóvenes desconocían de su madre. La verdad es que Sakura siempre creyó que era miembro de un club social.


En el asilo de la parroquia ”que, por extraño que pareciera, estaba situado detrás de los establos públicos de Portland Street, cerca de la elegante Regent Street”, Sakura y Ino repartían la fruta a los residentes, leían en voz alta los versículos de la Biblia y observaban con disimulo a los asistentes cuando no fingían estar rezando.


Después de varias visitas, lograron convencer a varios de ellos, seleccionados con mucho cuidado, para que fueran a la casa de Downey, en Clifford Street, donde les darían comida y refugio a cambio de sus servicios.


Sin embargo, la falta de un salario hacía que la oferta fuera muy poco atractiva, incluso para el más mísero de los habitantes del asilo. Sakura y Ino consiguieron convencer solamente a tres y, así, Sally Pierce, una ramera reformada, se convirtió en su doncella.


”¿Y qué pasará si no está reformada del todo? ”preguntó Hinata preocupada la noche en que Sally empezó a trabajar.


”Esperemos que lo esté, querida, porque de no ser así estaremos todas perdidas ”susurró Sakura.


También lograron contratar a William y a su hijo, Samuel; ambos habían resultado heridos en un terrible accidente de coche.

El padre perdió una pierna y por lo tanto no pudo continuar con su trabajo, que consistía en encender las farolas. Su hijo, un aprendiz, se había destrozado un brazo, que ahora le colgaba formando un extraño ángulo sobre el lado izquierdo. Pero entre los dos lograban formar un lacayo bastante aceptable.


Sin embargo, las Haruno no contaban con los servicios de un mayordomo, y Sakura no podía imaginar nada peor que alguien llamara a la puerta y lo recibiera Lucille Pennebacker.

Estaba decidida a conseguir como fuera un mayordomo adecuado de entre el montón de pobres del asilo, para poder instruir al afortunado sobre sus funciones antes de que ellas volvieran a entrar en sociedad.
Se disponía a hacer exactamente eso cuando Ino se levantó.


”Sakura, antes de que te vayas tengo que deciros algo.

Tanto Sakura como Hinata, que estaba cosiendo el dobladillo de un vestido ”los modificaban para que parecieran nuevos”, se volvieron para mirarla.


”He estado pensando mucho en nuestra situación y... bueno, allá va: tengo un tío por parte de padre a quien me parece que fue a parar toda la fortuna cuando mi padre murió ”les informó cogiéndose las manos”. Puede que ese tío pueda ayudarnos, porque si no me equivoco, no hay ningún varón a quien pueda legar su fortuna. Hay bastantes posibilidades de que yo sea la única heredera. Por lo tanto, le he escrito para solicitar una entrevista, y tengo la intención de pedirle que me anticipe algo de la herencia. Una anualidad o algo así, que nos ayude a independizarnos. ¿Qué os parece?


”¡Es una idea maravillosa! ”exclamó Hinata en el preciso instante en que Lucy llegaba a toda prisa, cargada de ropa recién lavada y planchada.


”¿Y dónde está? Supongo que en Berkeley Square; allí hay un montón de gente mayor trabajando.


”¿Quién está en Berkeley Square? ” preguntó Lucy al instante.


”¿Berkeley Square? ”repitió Ino con incredulidad, ignorando a Lucy”. ¡Eso no está ni a un kilómetro de aquí, Hinata!
¿No creerás que si estuviera en Berkeley Square, no habría ido a visitarle? No, no; está en La Marca, boba.


”¿La Marca? ”exclamó Hinata, tomada por sorpresa”. ¡Ino! ¡No puedes estar pensando en ir allí! ¡Eso está casi en América!


”No... está en Gales ”contestó Ino frunciendo el cejo”. Hace tiempo que no le veo.


”No le ves desde que tenías ocho años, Ino ”le recordó Sakura mientras Lucy soltaba la ropa y miraba, boquiabierta, a Ino.


”Pero no le he olvidado ”añadió Ino con rapidez”. En realidad tengo muy buenos recuerdos y una carta con su dirección entre las cosas de mi madre. Puedo hacerlo.


”¡Santo Dios, lo dice en serio! ”dijo Hinata horrorizada.


”Sólo estaré fuera unos meses ”prosiguió Ino, obstinada”. Puede que tres como mucho. ¿Cuánto puedo tardar en llegar a Gales y convencer a mi tío para que me adelante un poco de mi propia herencia? La verdad es que creo que será fácil.


”¿Fácil? ¡No seas ridícula! ”gritó Sakura”. ¿Cómo piensas ir hasta allí?


”En diligencia... con la señora Smithington. Le pidió a lady Anko que le recomendara a una compañera de viaje adecuada, y lady Anko pensó en mí.


”¡Oh, estoy segura! ”exclamó Sakura, exasperada.


La afición de lady Anko a meterse en sus vidas no había disminuido un ápice después de la muerte de su madre.


”Pero ¡está muy lejos! ”insistió Hinata.


”No seas tonta, niña ”la regañó Lucy”. Deja que vaya si quiere. Es una adecuada compañera de viaje y será una boca menos que alimentar, ¿no?


”¡Lucy! ”se escandalizó Hinata.


”¿Qué? ¿Crees que es fácil, con la asignación de Egbert, alimentaros, a vosotras y a las molestas ratas del asilo?


”Lucy, por favor ”le pidió Sakura irritada”. La parroquia nos paga cinco libras por cada uno, por sacarlos del asilo de pobres, y aun así sólo les permites comer patatas...


”Supongo que debería darles tu comida, ¿no? ”contestó la mujer con la misma irritación”. Dejad que se vaya ”insistió”. Cuando vuelva Egbert, todas vosotras os iréis ”añadió con tono amenazador; y, dando media vuelta, abandonó la estancia.


Sus palabras flotaron sobre ellas. Nadie dijo nada; intercambiaron sus miradas mientras la verdad de lo dicho por Lucy penetraba en sus mentes.


”Me marcharé mañana mismo ”murmuró Ino”. La señora Smithington desea embarcar en Hertfordshire y viajar sin prisa hacia el oeste.


”¡Oh, no! ”exclamó Hinata dejando escapar una lágrima”. No voy a poder soportar tu ausencia.


”Santo Dios ”suspiró Sakura, extendiendo los brazos para abrazar a su hermana.

Ino se unió a ellas y las tres permanecieron abrazadas un rato, murmurando que volverían a reunirse y que, algún día, todo aquello les parecería que había sido como una pesadilla.


Esa misma tarde, mientras Sakura cruzaba la ciudad en dirección al asilo de la parroquia, luchó para aferrarse a la creencia de que todo era sólo algo pasajero, que quizá un día no muy lejano sus vidas volverían a ser como siempre habían sido. Tenía que creerlo, porque era su única esperanza.


Y, además, se le había ocurrido otra idea, algo que llevaba varias semanas meditando.


Era imposible que alguien entendiera el peso de la responsabilidad que sentía junto con la desolación por la pérdida de su madre, pero era muy consciente de que, al ser la mayor, era ella quien debía cuidar de Hinata y de Ino.

No se sentía en absoluto preparada para hacerlo, lo que la preocupaba mucho; estaba convencida de que Lucy tenía razón, y de que su padrastro deseaba librarse de las tres rápidamente. Y lo peor de todo era que, sin duda, ella sería la primera en ser ofrecida en matrimonio.


Era inevitable. Había sido inevitable desde el momento de su nacimiento. Pero en una de sus frecuentes noches de insomnio, se le ocurrió que si el matrimonio era ineludible, entonces, ¿no sería más inteligente por su parte aprovechar la ausencia de su padrastro y forjar su propio destino?


En otras palabras, si se aseguraba de recibir una proposición apropiada por su cuenta, antes de que su padrastro le presentara a alguien, podría encargarse de Ino y de Hinata, y de ese modo impedir que sufrieran el mismo destino que ella: casarse antes de estar preparadas para hacerlo.


La verdad era que no tenía ninguna otra opción. Era una mujer. No podía abrir un negocio y ganar un salario; o comprar un cargo en la Marina Real, o heredar las propiedades de su madre, o invertir las treinta libras que mantenía ocultas en una caja de porcelana.


Pero ¡casarse! Le parecía algo desproporcionado.


¡Cuánto echaba de menos a su madre! Ella sabría exactamente lo que había que hacer.

La vida había sido muy fácil y alegre cuando todavía vivía. Su madre disfrutaba la vida y le encantaba asistir a veladas y cenas; lo que más le gustaba de todo era ir de compras por Bond Street para adquirir vestidos, complementos y muebles para la casa.


Siempre se reía encantada con las historias que le contaban ellas al volver de las fiestas a las que asistían, y les devolvía el favor contándoles las suyas.


Había sido una buena madre para ellas. Se hizo cargo de Ino cuando ésta tenía ocho años y, mientras el padre de Sakura vivía, residían todos juntos en Bingley Hall.


Durante el verano, las muchachas jugaban en los prados rodeadas de caballos pastando y flores silvestres. En los fríos inviernos, su madre organizaba juegos para entretenerlas, y bailaban y cantaban para su padre, el cual siempre aplaudía entusiasmado todas y cada una de las funciones.

Si hacían las tareas escolares, se las recompensaba con una excursión a los armarios de su madre, para que jugaran entre su enorme cantidad de vestidos, sombreros y zapatos.


”Preocupaos de vuestros modales y de ser unas perfectas damitas, y algún día tendréis un montón de vestidos como éste ”les decía, mostrándoles la última moda recién llegada de Londres.


”Yo me haré los míos ”insistía Hinata. Incluso a los seis años ya sentía pasión por la costura.


”¿Asistiremos a bailes? ”preguntaba la pequeña y gordita Ino; y su madre la cogía de las manos y la hacía girar, respondiendo con voz de falsete:


”¡Asistiréis a bailes, veladas y reuniones, claro que sí! ¡Seréis la sensación de Londres, queridas, y todos los hombres desearán casarse con vosotras!


Pero luego se ponía seria y se arrodillaba para poder mirarlas a los ojos.


”Pero tenéis que prometerme que no seréis tan tontas como para enamoraros, porque el matrimonio es una mezcla de fortuna y conveniencia. El amor llega después ”añadía, guiñando un ojo.


Por supuesto, todas lo prometieron obedientemente, pero Sakura nunca llegó a entender del todo el razonamiento de su madre. Creía que amaba de verdad a su padre; los días en Bingley Hall fueron felices.

Estaba segura de que a Tsunade le traía sin cuidado la fortuna de su padre; sin embargo, no abrigaba demasiadas ilusiones sobre el segundo matrimonio de su madre. Quizá hubiera algo de afecto entre lord Downey y ella, pero ¿amor? ¿Un amor capaz de parar el corazón? En absoluto.


Hasta que no fue presentada en sociedad, no entendió lo que había querido decirles; varias debutantes se casaron con hombres de igual fortuna, estatus y disposición que ellas. Sólo recordaba a dos que supuestamente se habían casado por amor; en ese caso, su estatus social no se había visto incrementado, más bien había sucedido lo contrario.


Pero ¿tan terrible era eso? ¿Era el nivel social más importante que el amor? Sakura no podía por menos que preguntarse si la vida de cualquier persona no mejoraría drásticamente con un poco de afecto genuino hacia su pareja, con independencia de su dinero.


Su confusión sobre tal asunto era uno de los motivos por los que nunca se había decidido por ningún pretendiente en especial.


Ahora se arrepentía de su despreocupación. Casi podía oír a su madre diciendo: «Ahora es un asunto de conveniencia, querida. Ya es hora de que tengas un marido y la seguridad de su fortuna».


Bien, de acuerdo, se casaría, pero no con sir Chõji. Había decidido atrapar a alguien más acorde con sus gustos, y tenía en mente a uno mucho más atractivo y peligroso: lord Uchiha.


Desde que experimentó aquel beso ilícito que todavía recordaba con gran claridad, era incapaz de pensar en nadie más. Si tenía que casarse, le gustaría conocer más besos de ese tipo; y más cosas aún. Y si tenía que casarse por conveniencia y por dinero, ¿qué mejor fortuna que la de un hombre que un día se convertiría en duque?


Llevaba mucho tiempo dándole vueltas, y había llegado a la conclusión de que no tenía nada que perder intentando conseguir que él pidiera su mano. Su único dilema era saber cómo había que actuar cuando se iba a la caza de un duque.
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