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Los Peligros de Perseguir a un Duque. por Candy-Uchiha

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Notas: Esta historia ni sus personajes no me pertenecen, es una adaptación de la autora Julia London... Los personajes le pertenecen a M. Kishimoto. Yo solo la adaptó para compartirla con todos ustedes.
Tsunade Reemes Pennebacker, lady Downey, murió repentinamente a la edad de cuarenta y cinco años.


Aunque a algunos les pudiera parecer que apenas se acababa de echar la última palada de tierra sobre su tumba cuando su marido, Egbert Pennebacker, vizconde de Downey, partió con destino a Francia, en realidad había transcurrido un mes.

Un largo e interminable mes durante el cual Egbert tuvo que soportar el llanto de las hijas y de la sobrina de la fallecida, mientras a él lo que le preocupaba era su amante, Violet, quien quizá ya hubiera encontrado a otro benefactor. Pero no podía saberlo, porque ella estaba en Francia.


La verdad era que Tsunade no podía haber elegido un momento más inoportuno para morir. Egbert, a quien nunca le habían atraído los eventos de la Temporada, tenía pasaje en un barco con destino a Francia para el mismo día en que enterraron a su esposa. Por supuesto, envió rápidamente una carta a Violet para anunciarle la triste noticia, y dinero suficiente para que pudiera viajar a Inglaterra y lo ayudara en aquellos duros momentos.


Sin embargo, no llegó de ella ni una palabra, ni un mensaje, ni siquiera un indicio de condolencia en todo el mes.


La incertidumbre sobre lo que pudiese estar sucediendo lo tenía bastante enloquecido, y se pasaba la mayor parte del tiempo paseando de un lado a otro de su estudio, recorriéndolo nervioso con sus fuertes piernas y sus pequeños pies, mientras se mesaba los pocos mechones de pelo que le quedaban en las sienes.


En ese estado de intensa ansiedad, apenas podía soportar la compañía de las entristecidas muchachas, que andaban cabizbajas, apenas salían y lo habían cubierto todo de negro. Pocas noches antes, había mencionado de pasada que hacía mucho que no tomaba sopa de espárragos porque a Tsunade no le gustaba, y Hinata se echó a llorar, lo que le llevó a perder los nervios por completo.


”¡Por el amor de Dios! ”bramó con tanta fuerza que hasta se le cayó el monóculo”. ¿Cuánto tiempo voy a tener que seguir aguantando este lloriqueo incesante en esta casa?


”No está lloriqueando, milord ”intervino Sakura rápidamente mientras Ino le entregaba un pañuelo a Hinata”. Seguramente entiende lo mucho que mi hermana siente la pérdida; todas la sentimos. Nuestra madre acaba de morir.
Como si necesitara que se lo recordaran.


Egbert miró fijamente la cuchara llena de sopa antes de metérsela en la boca y volver a hundirla en el plato. Era verdad que no les había concedido el tiempo suficiente como para llorar adecuadamente por su madre; él mismo lamentaba que hubiera fallecido. Después de todo, había sido su esposa durante diez años, y era una mujer bastante soportable. Pero lo que quería era que lloraran en sus habitaciones y no lo distrajeran de sus turbios pensamientos.

Aunque la muerte de Tsunade fuera una desgracia, en realidad, la vida continuaba, ¿no?


Terminó de cenar en silencio, pero su humor se fue ensombreciendo más y más al mirarlas, pues lo contemplaban como si el irrazonable fuera él.


Después de la cena, Sakura se llevó a Hinata y a Ino a sus habitaciones y lo dejó a solas con su oporto y su cigarro, no sin antes lanzarle una mirada de desaprobación. Era exacta a su madre.


Egbert se imaginaba que todas ellas lo despreciaban, pero en realidad no era tan insensible; era sólo que Violet llevaba casi ocho años siendo su florecilla; no podía soportar la idea de perderla.


Estaba desesperado por encontrar una excusa para abandonar aquel interminable luto e irse de Londres para averiguar por qué Violet lo había olvidado.


Y esa noche, con la ayuda del oporto y del cigarro, dio con esa excusa. Lleno de alegría, se puso en pie de un salto y se encaminó hacia su estudio tan de prisa como se lo permitía su rechoncho cuerpo. Una vez allí, cogió pluma y papel para, apresuradamente, escribir una carta dirigida a Violet llena de declaraciones de adoración y devoción eterna, e informándole que llegaría a París en un plazo de quince días.


Después, escribió una segunda carta para su hermana soltera, Lucille Pennebacker, que vivía en la casa solariega de la familia, en Troutbeck. En la carta, la instaba a acudir a Londres de inmediato.


Una semana más tarde, Egbert convocó a sus hijastras en el salón principal. Cuando las vio entrar, vestidas de luto de la cabeza a los pies, se felicitó en silencio por ser tan caritativo, porque lo que iba a hacer por las tres muchachas era lo más bondadoso que podían esperar de nadie.

Por supuesto, jamás echaría de su casa a tres jóvenes que se habían quedado solas, y desde luego no les deseaba ningún mal; pero al fin y al cabo no era su padre, ¿verdad? Por lo tanto, no era responsabilidad suya asegurarse de que encontraran su lugar en la vida.

No, eso era cosa de Tsunade, y ahora que ella no estaba, cuestión de los familiares de las chicas, quienesquiera que éstos fueran. Por eso exactamente era por lo que había apremiado a Tsunade para que las casara antes de que fuera demasiado tarde.

Por desgracia y como de costumbre, ella no le había hecho ningún caso. Una pena, porque de habérselo hecho les podría haber ahorrado a todos muchas preocupaciones.

Y allí estaban las queridas muchachas, dependiendo por completo de su caridad. Se sentaron educadamente y le dirigieron una vacilante sonrisa a Lucille, que había llegado esa misma mañana y quien, a juzgar por la tensa sonrisa que exhibía en su pálida cara, había encontrado a sus pupilas bastante necesitadas de su guía.


Sakura, la mayor y más valiente de las tres, paseó la mirada de Egbert a Lucille y viceversa. Nunca lo había apreciado realmente y él podía leer la cantidad de ideas y la suspicacia que brillaban en sus ojos verdes.

En su opinión, Tsunade tenía aspiraciones demasiado elevadas para ella, porque nunca había aceptado ninguna de las peticiones de mano que habían recibido.


Egbert quiso aceptar la generosa oferta que el mismísimo lord Villanois hizo en la última Temporada, pero Tsunade no quiso ni oír hablar del tema.


”No posee la fortuna que deseo para nuestra Sakura ”replicó”, y es demasiado aficionado a la bebida. No voy a desperdiciar una buena dote en alguien como él.


Egbert no creía que Villanois fuera más o menos aficionado a beber que cualquier otro hombre, pero Tsunade continuó poniendo excusas, igual que hizo con los siguientes caballeros que pidieron la mano de su hija; ninguno le parecía lo suficientemente bueno para su querida Sakura.

Ahora que la máxima autoridad en el tema era él, daba por supuesto que cualquier oferta le resultaría aceptable. Sakura no seguiría disfrutando del lujo de llevar una vida libre de preocupaciones; había sobrepasado la edad adecuada para revolotear de baile en baile. A sus años, ya debería tener un hijo en los brazos y otro en el vientre.


Sakura pareció percibir su descontento y miró a Hinata de reojo. Pero ésta no poseía la intuición de su hermana y se limitó a sonreír. Egbert siempre había pensado que Hinata era demasiado confiada.


”Os presento a mi hermana, la señorita Pennebacker ”dijo, señalando a Lucille.


Las tres jóvenes saludaron educadamente, inclinando la cabeza; Lucille se había puesto en pie y les hizo una reverencia como si pertenecieran a la realeza.


”Es un placer conocerlas ”dijo.


”Gracias ”contestó Sakura.


”He llamado para que traigan el té ”anunció Egbert, haciendo un impaciente gesto a Lucille para que se sentara. Cuando ella obedeció, prosiguió”: Llegará en un momento.

Miró distraído a Hinata mientras ésta se colocaba el vestido.


Era muy parecida a su hermana en estatura y constitución, pero tenía el pelo negro azulado claro, y los ojos de un color azul lila. A Egbert siempre le había parecido la más hermosa de las tres y pensaba que no permanecería soltera demasiado tiempo. Por desgracia, era demasiado tímida para su propio bien, y, lo que era aún peor, era propensa a soñar; tenía siempre la cabeza en las nubes, metida en un libro, u ocupada con algún tipo de trabajo artístico; y él suponía que ése era el motivo de que no hubiera recibido ninguna oferta.


Cuando le expuso a su esposa su preocupación por la falta de pretendientes de su hija, Tsunade le quitó importancia con la ridícula excusa de que Hinata tenía un talento especial para el arte, y que casarse la privaría para expresarse en ese campo.


”Si la obligáramos a contraer matrimonio, su marido la mantendría embarazada y en el cuarto de los niños en vez de permitirle pintar ”dijo con aires de superioridad.


Egbert no entendía el razonamiento de su esposa, ya que ése era exactamente el lugar donde deberían estar todas ellas. Una llamada a la puerta lo distrajo de sus pensamientos.


”Aquí está el té ”anunció Lucille, saliendo al encuentro de Richard, el mayordomo, contoneando sus anchas caderas cuando éste entró con la bandeja.


Sakura y Hinata se volvieron para ver lo que hacía, pero Ino permaneció quieta mirando a Egbert con curiosidad. Ino era una chica bastante inteligente y curiosa.

Era la oscuridad donde sus primas eran la luz; tenía el pelo rubio como el sol y ojos azul claro. A su modo, era tan hermosa como sus primas, pero algunos hombres tenían que mirarla dos veces para darse cuenta de su belleza.


Cuando la madre de Ino, la hermana menor de Tsunade, murió, su padre se apresuró a casarse de nuevo con la esperanza de tener el varón del que le había privado el fallecimiento de su primera esposa.

Entonces Tsunade se hizo cargo de Ino y, por lo que Egbert sabía, el padre nunca volvió a interesarse por la niña. Por lo tanto, Egbert la consideraba una pariente pobre; aunque quizá sintiera más cariño por ella que por las otras, ya que tenía su misma naturaleza práctica y perspicaz.


Desdichadamente, como Ino era una pariente pobre, la caridad de Egbert no podía hacerse extensiva a ella.

Seguramente habría algún otro miembro de la ilustre familia Haruno que pudiera mantenerla o, al menos, que se ocupara de casarla.


Ino también había recibido ofertas, pero cuando las comentaron, Egbert se dio cuenta de que Tsunade pretendía conservarlas a todas a su lado, por lo que él se desentendió de las excusas que esgrimió en contra del matrimonio de Ino.


Ahora, al mirarlas, una inconsciente sonrisa asomó a sus labios. Tenía la intención de remediar su condición de solteronas en cuanto regresara de París.

Las casaría una tras otra con el mejor postor, y si se negaban, las mandaría a vivir con sus parientes.


No tenía ningún deseo de seguir soportándolas más tiempo del necesario.

¡Por el amor de Dios, ya tenía bastante con la carga de Lucille!


Las tres jóvenes lo miraban expectantes mientras Lucille servía el té.


Egbert suspiró, se presionó las sienes con los dedos y se echó hacia atrás en la silla.


”Muy bien, ya estamos todos aquí y no voy a entretenerme con preámbulos. La pregunta es sencilla: ¿qué debemos hacer ahora que Tsunade ha muerto? Os diré lo que voy a hacer yo. Me resulta muy difícil poder llorar apropiadamente la muerte de mi esposa teniendo sus cosas y a sus hijas alrededor. Es muy... ”se rompió la cabeza buscando la palabra apropiada, y, al no encontrar ninguna, repitió”: difícil.


”¡Pobrecito! ”exclamó Lucille, colocando una mano encima de la de él y apretándola con cuidado”. No tenía ni idea de que estuvieras tan apenado.


Egbert bajó la vista hacia su rechoncha mano y luego la miró a la cara. Lucille se apresuró a interrumpir el gesto.


”Si me lo permite, milord ”intervino Sakura, echándose ligeramente hacia adelante en la silla”, quizá pudiéramos ahorrarle la... dificultad. Lo hemos hablado, y nos gustaría decirle que estaríamos dispuestas a vivir en otro lugar si le parece bien.


Vaya. Aquél era un interesante giro en los acontecimientos, y algo completamente inesperado.


”¿En otro lugar? ¿Dónde? ”preguntó casi con regocijo.


”Estábamos pensando en una casita en Mayfair. Nada demasiado ostentoso, desde luego. Y sólo necesitaríamos a Beverly, nuestra doncella. Y una ama de llaves, por supuesto.


A Egbert lo cogió de sorpresa; Tsunafe nunca había mencionado que las chicas tuvieran fondos propios. No sabía cómo podía ser posible. De haberlo sabido habría insistido en conocer todos los detalles para poder administrar el dinero en su nombre, porque, a fin de cuentas, ¿para qué iban a necesitarlo tres jóvenes?


”Vuestra propia casa ”repitió despacio.


Sakura asintió.


”Y supongo que tenéis suficiente dinero.


Sakura intercambió una mirada con las otras.


”Estoy bastante segura de que sí.


Pero no parecía estarlo por completo, porque era una mujer, y se suponía que las mujeres no manejaban su propio dinero.


”¿Puedes asegurarlo?


Sakura parpadeó.


”¿Perdón?


”¿Cómo es posible que esperes alquilar una residencia si no sabes de cuánto dinero dispones?


”¡Egbert, querido, esto es tan vulgar! ”lo reprendió Lucille ganándose una mirada de reprobación de su hermano menor.


”¡Es un asunto del que hay que hablar, Lucy! ”dijo con impaciencia”. ¡Y no se me ocurre otra forma de hacerlo que decirlo claramente!


”Le ruego que me perdone, milord ”intervino Sakura rápidamente”, pero usted está en mejor posición para saber el... dinero... que tenemos.


Ahora el confundido era él.


”¿Yo? ¿Y por qué iba yo a saberlo?


”Bueno ”Sakura seguía pareciendo igual de desconcertada”, nos... nosotras no sabemos cuánto... cuánto hay, pero suponemos que será suficiente para conseguir una vivienda modesta.


De repente lo vio todo claro, y aun siendo Egbert tan caritativo como era, casi saltó de la silla en su apresuramiento al inclinarse por encima del escritorio y mirar a la osada con severidad.


”¿Estás sugiriendo que os alquile una casa?


Sakura parpadeó.


”Yo, esto... tan sólo creía que usted...


”Entonces, ¡has creído mal! ”bramó él”. ¡Está claro que no entiendes que vosotras tres sois una carga financiera y social para mí!


”Lo entendemos ”procuró tranquilizarlo Sakura mientras Hinata y Ino asentían vehementemente a su lado”. Por eso hemos pensado en irnos a otra parte.


”Os quedareis aquí ”dijo él con brusquedad, retrepándose en la silla”. No puedo permitirme el lujo de alojaros en otra residencia. Bien, como estaba diciendo antes de que me interrumpieras, me resulta muy difícil llorar adecuadamente a mi esposa con vosotras y sus pertenencias alrededor. ”Señaló vagamente los muebles que, en efecto, habían sido comprados con el dinero de su mujer”. De modo que he decidido irme a París una temporada. Vosotras permaneceréis aquí acompañadas de mi hermana.


Las tres miraron a Lucille como si la vieran por primera vez, pero Sakura devolvió rápidamente la atención a Egbert.


”¿Eso es todo, milord? ¿Usted se va a Francia y nosotras tenemos que quedarnos aquí, igual que antes?


”¡Aja! ”exclamó él, levantando un dedo”. Exactamente como antes no. Se han acabado los interminables días de comprar vestidos, zapatos y chucherías.

Sakura y Ino se quedaron boquiabiertas, mientras que Hinata parecía que estuviera enferma.


”Además, ahora que estáis de luto, no veo razón alguna para pagar a un montón de criados. Ya no vais a ir a ninguna de las fiestas de esta Temporada, ¿no es cierto? Por otra parte sois unas jóvenes laboriosas; supongo que seréis capaces de hacer una cama y barrer las alfombras. Conservaré a Cook, pero sólo durante el día.


”¡Oh, Dios! ”gimió Sakura cerrando los ojos”. Le ruego que me disculpe, milord, pero nuestra madre era muy rica. Si me permite la indiscreción..., ¿seguro que no dejó nada para nosotras?


”Claro que sí ”contestó él afablemente”. Dejó una modesta dote para cada una. El resto me lo legó a mí para que hiciera lo que quisiera con ello.


”¡Estamos arruinadas! ”susurró Hinata mirando al techo.


”¡Oh, vamos! ”se burló él”. ¡No es como si os hubierais quedado en la calle! Me ocuparé de que estéis bien atendidas. Tendréis un techo sobre la cabeza y el estómago lleno, ¿qué más podríais necesitar?


”¿Qué más? ”repitió Hinata, demasiado irritada para su gusto”. ¡No podemos salir sin la ropa adecuada!


”La última vez que me fijé, tenías más ropa de la que cabe en una habitación individual ”le recordó él ásperamente”. Creo que os bastará hasta mi regreso.


”¿Cuánto tiempo estará usted fuera? ”preguntó Ino con calma.


El se encogió de hombros.


”Supongo que hasta principios de otoño. O puede que incluso hasta que empiece la próxima Temporada.


”¡Eso es mucho tiempo! ”vociferó Sakura”. ¿Nos va a obligar a vivir como si fuéramos pobres durante meses?


”¡No me levantes la voz, lady Sakura! ¡No hay motivo para que hagas un drama de esto! Me he ocupado de vuestras necesidades, en realidad ínfimas.


Hinata se volvió hacia Sakura que le agarró la mano y se la mantuvo apretada. Ino era la única que conservaba la calma, mirando a Egbert con tal intensidad que provocó en éste un estremecimiento.


”Milord, ¿puedo preguntarle qué piensa hacer con nosotras cuando vuelva?


”Exactamente lo que hace tiempo que se debería haber hecho. La primavera que viene habrá otra Temporada social, y aceptaré las peticiones de mano que, sin duda, llegarán ”explicó él con una sonrisa conspiradora, levantándose de la silla”. Y lo haré tan rápido como sea posible, porque hace mucho que todas vosotras deberíais estar adecuadamente casadas.


Sakura abrió la boca, pero él la interrumpió antes de que pudiera decir nada.


”La entrevista ha terminado. Me gustaría repasar algunos asuntos con mi hermana y luego tengo que reunirme con los criados, de modo que si nos perdonáis...


”Milord, ¿no irá a despedir a Beverly? ”imploró Hinata.


”¿No? ¡Tres mujeres jóvenes que gozan de una perfecta salud no necesitan que nadie las ayude a vestirse todos los días! ”respondió con dureza”. Podéis ayudaros entre vosotras. ¡Vamos, no desesperéis! Os las arreglaréis bastante bien entre las tres y con la ayuda de Lucille, os lo aseguro. Ahora idos.


Las tres se pusieron en pie de mala gana.


”Vamos, vamos, no hay por qué estar tan abatidas ”las reconvino Lucille”. Si seguís frunciendo así el cejo, os van a salir arrugas.


Las jóvenes miraron a Lucille con inquietud mientras salían con las cabezas gachas y los labios firmemente apretados.

”Oh, querido ”suspiró Lucille cuando la puerta se cerró tras ellas”, no ha ido demasiado bien, ¿verdad?


”Ha ido perfectamente, Lucy ”masculló Egbert, con la mente ya puesta en la manera de despedir a los criados.


El personal de servicio se fue a finales de esa misma semana. Sakura, Hinata y Ino permanecieron de pie en el vestíbulo, luchando por contener las lágrimas mientras se despedían de los sirvientes que llevaban tanto tiempo con su madre que ya eran casi de la familia; gente que estaba siendo puesta en la calle tan sólo con el salario de quince días y la promesa de darles referencias.


”Pero yo no tengo ningún lugar adonde ir, milady ”le dijo el viejo Derreck, el jardinero y mozo de cuadra, a Sakura mientras se pasaba la mano por su pelo gris”. A mí nadie va a contratarme.


Sakura contuvo un sollozo, lo rodeó con los brazos y lo abrazó con fuerza.


”Lo siento, Derreck. Lo siento muchísimo.


”Toma ”dijo Hinata, apartando los brazos de Sakura del anciano y cogiendo sus manos entre las suyas”. Toma esto. ”Y depositó las últimas tres coronas de oro que poseía en la palma de su mano”. No es mucho, pero al menos te proporcionará alojamiento durante un tiempo.


”Hasta que pueda enviarle a lord Ramsey una nota recomendándote ”intervino Sakura pensando en uno de los amigos de su madre”. Siempre se necesita un buen jardinero, seguro que puede encontrarte un sitio en su casa ”prometió, encogiéndose interiormente por la mentira.

No tenía ni idea de lo que necesitaba o dejaba de necesitar lord Ramsey, pero iba a pedirle que contratara al viejo Derreck aunque sólo fuera como un favor en memoria de su madre.


Beverly fue la última en irse, y las tres se echaron a llorar cuando abrazaron a la mujer que las había ayudado a bañarse y vestirse desde que tenían memoria.


”Vamos, secaos las lágrimas ”dijo Beverly valerosamente”. No os preocupéis por mí. Llevo siglos queriendo ir a visitar a mi madre en Derbyshire, de modo que dejad de llorar todas. A lady Tsunade no le gustaría veros llorar, y os preguntaría qué ibais a hacer para mejorar vuestra situación, ¿no es así?


Tenía razón, pero no por eso dolía menos.

Cuando se hubo marchado, Sakura cerró la puerta y sintió el peso de su dolor y la preocupación por lo que iba a ser de ellas como una pesada losa sobre sus hombros.

”Le odio ”susurró Hinata.


Sakura se reunió con Hinata y Ino, y las tres se retiraron a sus habitaciones para lamentarse en privado.


Lord Downey partió dos días después con paso increíblemente rápido para un hombre que era casi tan ancho como alto.

Antes del lunes siguiente, un pequeño comentario escondido entre las páginas de sociedad de los diarios sugería que tres conocidas jóvenes de la ciudad habían perdido su fortuna en beneficio de su padrastro y que, sin duda, irían a la caza de la fortuna de otro hombre en cuanto pudieran quitarse el luto.


Para ellas, esa pequeña reseña fue el golpe de gracia para su vida de relación.

En la alta sociedad, el dinero lo era todo, y los que no poseían al menos una pequeña fortuna, por lo general no eran bien recibidos en los salones de los que tenían bienes en abundancia.


Durante días se atormentaron pensando en lo que podían hacer y, al final, tomaron una decisión que era poco convencional e, incluso, poco aconsejable.

Estaban bastante desesperadas, cierto, pero más que decididas a vivir sin ayuda tras la muerte de su madre.
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