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Una propuesta casi indecente por angelcaido

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Notas del fanfic:

nada de lo que hay aqui es, algo que no me pertenece, con los personajes de naruto que pertenecen a Masashi Kishimoto y la historia es de Mia del Valle, una adaptacion al sasusaku

Notas:

nada de lo que hay aqui es, algo que no me pertenece, con los personajes de naruto que pertenecen a Masashi Kishimoto y la historia es de Mia del Valle, una adaptacion al sasusaku

Capítulo 1

 

_Su saldo no es suficiente para realizar la siguiente llamada_

 

Nuevamente lo mismo, mi celular sin saldo.

 

Apoyo los codos en la mesa del comedor y descanso la cabeza en mis manos. Mi perro

Lechuga mueve su cola a mi lado esperando algún mimo, acaricio su papada y rasco sus orejas, bueno mejor dicho su oreja y media, es que una de ellas la tiene por la mitad.

 

Cuando lo encontramos en la calle era tan solo un cachorro, yo volvía del secundario andando y unos niños malvados lo estaban torturando, lo pateaban y uno de ellos con una navaja le corto su pequeña oreja. No dudé ni un segundo ante semejante película de terror, tome un palo que encontré en la calle y mandé un fuerte y característico grito de los míos.

 

?Bastaaaaaaa, dejen ese animal ya mismo o van a ver. Uno de ellos, el más grande, que tendría unos 12 años se me vino encima.

 

?Si no querés lo mismo para ti nenita, mejor vete.

 

?Nenita tu madre mariconcito, es mejor que dejes a ese animal o te las verás conmigo ?mantenía mi mentón en alto tratando de intimidar a los agresores.

 

Él comenzó a reír, en verdad daba miedo, era de mi altura y robusto, un pequeño proyecto de matón, dio unos pazos y me empujó, trastabillé pero me mantuve firme. La pequeña bola de pelos blanca con manchones negros temblaba y lloraba, no paraba de sangrar. El otro niño dejó por un momento al animal mientras observaba la contienda que se estaba armando, también lo disfrutaba, dos sádicos, ¡qué asco!

 

?Mejor dejamos al perrito, y nos ocupamos de esta pequeña putita, creo que necesita atención?esa fue la frase antes de tocar uno de mis pechos, estiró el brazo y con una mano me manoseó.

 

«Plaf»

 

Puede sonar parecido al sonido que produjo el tronco rompiendo su cara, o su cara rompiendo el tronco; todo depende del cristal con el que se miran las cosas. Fue uno; no, fueron dos. Tres, sí, fueron tres dientes los que escupió el gordo baboso, luego que yo estrellara el tronco en su nariz y boca. Ante el asombro del segundo niño, tomé en brazos al cachorro y salí corriendo como alma que lleva el diablo.

 

Está bien que sea valiente, pero vamos, tampoco loca, y era seguro que en cuanto salieran del shock vendrían por mí. Corrí lo más rápido que pude, con el animal sangrando en brazos, hasta llegar a mi querido barrio. Directo a la veterinaria del señor Flanginsky, él y su hijo, me vieron entrar y colocar al sangriento cachorro sobre la camilla.

 

No pude decir más, me largué a llorar aflojando toda la tensión que había dentro mío. Flanginsky padre, me acompaña hasta la pequeña cocina, me entrega un vaso con agua, yo lo acepto con mi temblorosa mano. No puedo dejar de llorar. El buen hombre toma asiento frente a mí con los codos apoyados sobre sus rodillas.

?¿Sakura Haruno, te pasó algo?, ¿te han hecho daño? —me observa con preocupación.

 

—No, solo al cachorro. ?logro responder.

 

—Bueno, tranquila. Tú quédate aquí, vamos a ver al pequeño. —Sale de la cocina y acto

seguido entra Kiba, Flanginsky hijo.

 

—Sakura, papá me dijo que te haga compañía ?intento sonreír, no lo consigo, mi labio tiembla con la amenaza de otro llanto inminente. —Gracias —logro decir.

 

Kiba  es un chico dulce y guapo, tiene un bello rostro, y espalda ancha. Es tres años mayor que yo, vamos al mismo instituto, dentro de poco ingresará a la Facultad de Veterinaria y así continuar con su pasión; los animales.

 

Más tarde llegaba mi tío por mí. Por suerte, el cachorro, mejor dicho mi cachorro, con el

correr de los días se fue recuperando hasta que por fin pude llevarlo a casa. Con media oreja menos y unos traumas, llegó a ser un perro feliz. ¡Si hasta ríe!

 

«Se los juro.»

 

Es bandido, le gusta esconder cosas, si se molesta por algo orina dentro y ¡ríe! Amo a Lechuga. Se preguntarán porqué el nombre, bueno eso no tiene nada muy científico que digamos, la noche que vino a casa, su primer acto de vandalismo fue tirar el bote de basura, luego de revolver todo se durmió con una hoja de lechuga encima, y así fue su nombre, Lechuga para aquí; Lechuga para allá.

 

Pero bueno, es mi turno de presentarme, soy Sakura, Sakura Haruno, a sus órdenes,

25 años, cabello rosa claro, ojos miel o verdes dependiendo el clima, solterísima y en este

momento de mi vida pobre, muy pobre. Bien, no sé qué más contar.

 

«Ah sí que estoy en bancarrota»… ¿ya lo mencioné?

 

Vivo con mi tío, un viejo pastelero alegre y muy simpático, amante de la buena comida y la lectura. Solo somos nosotros, no tengo más familia, mis padres; o mejor dicho la hermana de mi tío, la cual vendría a ser mi “madre” me abandonó cuando tenía tres años de edad, no se preocupen, casi no la recuerdo «casi» y mi padre; bueno, jamás supe nada de él.

 

Mi vida no es muy interesante, estudio psicología, estoy a un año y medio de recibirme. No trabajo, me dedico a los libros y hacer las entregas de los pasteles en nuestra destartalada camioneta.

 

A cambio, recibo propinas y una mesada para mis gastos. Tío Jiraiya me entrega una humeante taza de té con limón. «Mi favorito» Estamos en nuestra gran y despintada casa, es muy cálida, mi hogar desde que tengo uso de razón. Tío está amasando

 

Tortas fritas, una típica preparación de mi país y un clásico de los días de lluvia. Son unos discos de masa con un pequeño orificio en medio u ombligo como se les dice, las que se fríen en grasa y luego se espolvorean con azúcar. El secreto está en comerlas bien calientes, cuanto más calientes más ricas y más grande la indigestión, pero bueno, “SARNA CON GUSTO NO PICA”.

Como les contaba anteriormente estoy o mejor dicho estamos en bancarrota, las entradas del tío como pastelero, no alcanzan para mantenernos, y mis magros ingresos como repartidora menos que menos.

 

Los impuestos se están acumulando y no tenemos respiro. Dentro de algunos meses nos

remataran la casa. Mi tío no sabe esto aún, temo que se enferme por tantas preocupaciones, por lo que planee pedir un préstamo estudiantil, saldar los pagos de impuestos y buscar un empleo urgente o sacarme la lotería; o ¡algo! Necesito un trabajo de verdad, uno de ocho horas. Es momento de dejar a un lado mis estudios y retribuir todo lo que el tío ha hecho por mí, deséenme suerte me voy al banco.

 

—¡Tío me voy!

 

—¿Pero con esta lluvia? ¿A dónde vas querida?

 

—Me junto a estudiar con las chicas, vuelvo de tarde. — sé que no debería mentirle, pero es por su bien. Beso su frente calva, coloco mis botas de lluvia, campera, bolso y me voy.

 

En la calle el agua cae sin piedad. Abro mi paraguas transparente y comienzo a caminar en busca de un autobús, un condenado autobús que me lleve al puto Banco. Un despiadado camión, que pasa a toda velocidad por un bache hace que el agua salte

empapándome de pies a cabeza. Tengo ganas de ponerme a llorar. Ganas de que alguien me abrace y cuide, una madre, un padre, un novio, alguien que aligere el stress de vivir con el corazón en la boca, por las deudas. En fin no voy a llorar, no voy a llorar, no voy a llorar repito una y otra vez como si fuera un mantra. Sin darme cuenta choco contra una mujer la cual reacciona de mala manera insultándome y empujándome contra un semáforo, mi paraguas se rompe.

 

«Listo, ¡corten!»

 

En un momento así, solo queda reír. No se puede hacer más que eso, cuando las fuerzas de la naturaleza están en contra de uno ¿verdad? Claro que la “pesadilla” continúa, subo al autobús que va repleto de personas. Dentro el vapor deja los cristales empañados, no hay ni siquiera una ventana abierta, el gentío más la humedad del día impide que se respire bien. El viaje dura unos treinta minutos, cuanto ya casi no puedo mantenerme

en pie, llego a destino y bajo del sauna con ruedas.

 

«Mi celular» ¡No puedo creer! ¡Me robaron el celular! Oh si señores, claro que sí, ilusa yo de viajar con el teléfono en el bolsillo de mi chaqueta en un medio de transporte capitalino ¡repleto!

 

Lo único que me queda es abrazar fuerte mi bolso «paranoica» e ingresar al lujoso Banco a toda prisa. No es raro que el guardia de seguridad me observe de arriba abajo deteniéndose más de lo necesario en mi “delantera”.

 

Mi pelo es un desastre, está pegado a mi frente por la lluvia, el maquillaje se me ha corrido, la máscara de pestañas se transformó en un gran manchón debajo de mis ojos, parezco un mapache ojeroso, la ropa está empapada y aún gotea.

 

«¡Vergüenza!»

 

Llega mi turno de ser atendida. Una gentil dama de unos cincuenta años me invita a tomar

asiento. Entrego mi documento de identidad y formularios completos para el préstamo, no es tanto dinero el que necesito, solo diez mil dólares. A cambio traigo como respaldo las escrituras de mi casa que están a mi nombre. Uno de los tantos resguardos de mi paranoico tío. En el caso de que le suceda algo, yo pueda contar con un techo donde vivir. Y no terminar siendo una indigente que viva en las calles con un carro de supermercado rodeada de perros; textuales palabras suyas.

 

“Nena, estudiá mucho. No soy eterno, en algún momento no estaré. Y si eso ocurre ahora, ¡puedes terminar viviendo en las calles!, salvo que te saques la lotería o te cases con un viejo calvo y millonario” Mi respuesta siempre era la misma “Jamás me casaré, prefiero jugar a la lotería”.

 

—Buenos días. Tome asiento por favor, enseguida ingresamos los formularios —pide

amablemente la ejecutiva.

 

—Gracias señora, hoy fue un día un poco complicado. Creo que mi cuota de mala suerte queda cumplida con la tarde de hoy. —Comento al tiempo que cuelgo mí ensopado abrigo en el respaldo de la silla.

 

—Bien, nombre completo ¿Sakura Haruno?— escribe sin mirar la profesional

empleada.

 

—Correcto…

 

—¿Segundo apellido? —la pregunta que atormentó mi vida desde niña.

 

—No hay segundo apellido. —tengo mis manos entrelazadas sobre el escritorio, éstas

comienzan a transpirar.

 

—Lo siento —se disculpa incómoda.

 

—No lo haga, no hay problema. De niña me era más difícil responder esa pregunta. Por suerte ya no. —Comento en un balbuceo, mientras descascaro el esmalte de mis uñas.

 

Cuando ingresa mis datos en el ordenador la observo. Cuánta elegancia. Viste falda y chaqueta negra. Cabello castaño no muy largo, gafas sin montura, anillos y en su cuello una cadena de oro, que lo más cerca de ella que puedo estar es sacando una foto con mi teléfono, desde fuera de la joyería; claro, eso si tuviera móvil. Tendrá unos cuarenta años; quizás más, es bella y educada.

 

Corroboramos unos cuantos datos más y ¡CATAPLUM! O algún sonido onomatopéyico que pueda reproducir el de mi culo cayendo al suelo a causa dela noticia que recibo.

 

—Bien señora Haruno, solo nos faltaría la firma de su esposo para poder ingresar el pedido de préstamo. En el caso de los matrimonios firman ambos cónyuges.

«Matrimonio» ¡Pero si esa palabra no entra en mi vocabulario!

 

—¡No!, disculpe pero debe haber un error. Yo no soy casada —Me produce risa imaginarme casada, pero ¡no definitivamente no! Es que nunca estuvo en mis planes el matrimonio, ni lo estará.

—Pero en el sistema figura que usted está casada con…. —la elegante y desquiciada mujer corrobora en su ordenador. Y con sus lentes apoyados en la punta de la nariz escupe el nombre — Señor Sasuke Uchiha—en ese instante, fue la primera vez que escuche su nombre. Su maldito nombre.

 

Respiro hondo. Trato de explicarme mejor. Aclaro mi garganta.

 

—Perdón señora, pero le repito. ¡Yo no estoy casada! —noto que poco a poco me voy

alterando. El tono de mi voz aumenta unos decibeles, está bien que tenga una buena actitud ante la vida, y que trate de sacar lo positivo a cada situación. Pero esto es simplemente ¡demasiado!

 

—¿Te separaste?

 

«La mato.»

 

—¡Pero como mierda hago para que entienda, no sé quién cuernos es ese hombre! —la palma de mi mano golpea fuerte sobre el escritorio de la loca mujer. Tocan mi hombro. Un guardia de seguridad, me advierte que baje la voz o tendré que salir del recinto en ese momento. Levanto mi dedo índice y pido solo un minuto.

 

—Disculpe mi manera de hablar, pero le juro soy soltera. Jamás me case, ni comprometí, es más no tengo novio,… ¡si hasta soy virgen! Le ruego me crea —Estoy temblando y ahora sí noto que estoy perdiendo los modales. Tengo ganas de romper todo y gritar, no puedo controlar más mis ganas de llorar. Una lágrima escapa, la limpio rápido con mi mano.

 

—Bueno señorita, aquí le anoto el nombre de su NO esposo, háblelo con él y arreglen sus

asuntos —y si los estaba por perder, a mis modales me refiero, en ese instante los pierdo por completo, y lejos estoy de encontrarlos nuevamente.

 

Estoy furiosa e indignada y escupo toda la mierda que venía conteniendo —¡Que no soy

casada! ¡ESTUPIDA MUJER DE LENTES DE VIEJA! —grito a todo pulmón antes de ser sacada a la fuerza del Banco.

 

«Desgraciados»

 

Miro el post it amarillo que hay en mi mano.

 

Sasuke Uchiha, debo conseguir la dirección de este hombre. Todo es muy raro, estas cosas no pasan, bueno o no deberían pasar. Esa noche en la seguridad de mi hogar, salgo del baño, ya con mi pijama puesto y una toalla en la cabeza. La ducha de hoy duró más de lo que acostumbro. Pase cuarenta y cinco minutos bajo el agua tratando de limpiar esa mezcla de frustración y enojo, con la música a todo volumen.

 

Hay días como el de hoy, en el que disfruto el tener música en el baño. Un capricho un tanto excéntrico de mi tío, el cual adopté yo también. Menos mal que en casa hay dos retretes, porque con este chiche, demoramos bastante más de la cuenta en bañarnos.

 

Entro en mi dormitorio.

En la puerta aún continúa un cartel desde mi rebelde adolescencia, PROHIBIDO ENTRAR, recuerdo con humor el día que lo martille en ella, es que sino el tío jamás se hubiera dado cuenta que ya no era una mocosa de siete años. Y seguiría entrando sin golpear a traerme chocolate caliente a la cama en las noches de invierno.

 

Amo al tío, ¡que viejo lindo! Lástima que nunca se casó, es que antes todo era más complicado. Seguro sus padres lo hubieran catapultado. En esa época, había que hacer lo que Dios mandaba, casarse, tener hijos, ir a misa y tener un trabajo odioso de ocho horas.

 

De esa forma prefirió seguir soltero, mejor dicho “solterón”. Y dedicarse a su pasión, que es la cocina y la repostería. “Open mind Sakurita, no todos tenemos los mismos gustos.”

 

Acostumbra a decir moviendo mucho sus manos. Al tío le debo mi vida. Sus historias antes de dormir, el permitir acurrucarme junto a él cuándo mis pesadillas me despertaban. Tardes de lluvia y rompecabezas, en fin todo; madre, padre, tutor amigo.

 

«Todo»

 

¿Qué si el tío es gay?

 

¿Importa?

 

¡No! Claro que no.

 

¿Importa si les cuento que es repostero, y que sus pasteles de boda son los más bellos?

¡Sí! ¡Claro que eso importa! ¡Cocina de re chupete!

Prendo el ordenador, Google.

 

Escribo el nombre, Sasuke Uchiha Montevideo-Uruguay espero, y espero un poco más a que la mula se tome su tiempo. ¡Bingo! Uchiha & Asociados. ¿Una empresa? Sigo más abajo y veo el portal de un diario.

 

*Arquitecto Sasuke Uchiha junto al Economista Naruto Uzumaki en la inauguración de Represa Hidroeléctrica* En la fotografía se ven a dos hombres jóvenes. Ambos muy guapos, uno de ellos detez blanca y cabello oscuro, el otro castaño claro, casi rubio, de piel dorada y ojos azules «Lindos»¿Son altos? Sí, creo que sí. Tienen espaldas anchas, ¿serán rugbiers? ¡Basta Sakura eso no importa!,solo necesitas llegar a él para arreglar el no “matrimonio”. Me pregunto cuál será mi esposo.

 

«¡El rubio espero!» ¡Shhh! ¡Basta! siempre esa maldita voz de mi cerebro que opina por mí. Continúo buscando hasta dar con lo que necesito, los datos de contacto de la empresa, teléfono y dirección. ¿Llamaré ahora? No son las nueve de la noche, solo debe de estar el portero. ¿Y si pregunto por el supuesto Sasuke? ¿Trabajará allí? o solo será una casualidad. ¡Qué relajo! mi vida ya estaba patas para arriba, como para esto. No necesito una preocupación nueva.

 

Nota mental, leer algún libro de metafísica sobre actitudes de vida. Seguramente estoy

enfocando mal mi energía y debo atraer solo lo malo. Sip, algún libro de esos que tiene el tío sobre ley de atracción y otras cosas.

 

Disco el número de la empresa, una grabadora contesta.

 

Bienvenido a Uchiha y Asociados, nuestro horario de atención es de Lunes a viernes de 8 a 17 horas. Si desea puede dejar un mensaje luego de la señal.

 

Cuelgo. No pienso dejar un mensaje, mi voz tartamuda, intentando explicar el cuento que busco a mi supuesto esposo. ¿Para ser el cotilleo de todo el mundo en la oficina?

No ni loca. Golpean mi puerta, es el tío.

 

—¿Prohibido entrar, puedo pasar?

 

—Sí tío, pasa.

Asoma su pelada cabeza con anteojos dorados. —Mi niña está la cena pronta y calentita,

lasagna, tú favorita.

 

Que rico, ya siento el olorcito subir por las escaleras. Mi boca se hace agua, amo las pastas.

 —Voy en un segundo.

 —Te espero pochoclita —me tira un beso por el aire y se marcha. Me rugen las tripas, no he probado bocado en todo el día. Una rica cena después de un nefasto día, es el broche final antes de archivar este capítulo.

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