Fanfic Es
Fanfics en español

Little Witch Academia: The Last Dark Stars por The Last

[Comentarios - 1]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

 

Capítulo 2: Las cosas no pueden ir a peor

 

 La línea Leyline era lo más parecido a un “agujero de gusano” de los que tanto había leído Franco cuando era niño o visto en esos documentales que encuentras por casualidad sobre el universo de la National Geographic: hipotéticas uniones o “puentes”, los cuales son capaces de cruzar el espacio y el tiempo. Se dice que un agujero negro sería capaz de generar la suficiente fuerza gravitacional como para crear uno. La diferencia con la línea Leyline es que esta no corres el riesgo de desintegrarte y terminar convirtiéndote en polvo cósmico. Eso no quita que caerse en pleno viaje sea un peligro, teniendo en cuenta que no se sabe dónde puedes terminar, y cuando sucede, siempre se termina cayendo desde bastante altura.

 Franco sentía una sensación extraña en su cabeza, aparte del dolor de cabeza causado seguramente por un golpe bastante contundente. Después de unos segundos se dio cuenta de que se encontraba en un estado anti gravitacional, y que por alguna razón, le era imposible abrir los ojos. Uso todas sus fuerzas para recuperar la conciencia y despertarse, hasta que después de unos minutos lo consiguió. Al hacerlo, pudo constatar varias cosas: el dolor de cabeza se produjo por algún tipo de golpe causado por la caída desde unos metros, la herida que esta había producido estaba sangrando, pero no parecía ser tan grave, ya que esta no media más de un tercio de un dedo índice, por lo que cicatrizaría rápido. También se dio cuenta de que el estado anti gravitacional se producía por la razón más corriente de todas: estaba colgando de un árbol con su mochila, que se encontraba encima de una pequeña colina.

 Empezó a ver a sus alrededores para hacerse una idea de donde se encontraba. Parecía ser una gran llanura, cerca de las montañas, repleta de árboles a los alrededores con un verde oscuro en sus hojas. El cielo se encontraba completamente nublado y grisáceo, aunque se podían ver a la distancia luces del sol penetrando por agujeros en el cielo, lo que talvez indicaba que pronto clarearía. Tampoco era ninguna clase de meteorólogo experto, por lo que en esas ocasiones tenía que recurrir a su intuición.

 Sin pasar mucho más rato pendiendo de un árbol, como si fuera alguna clase de piñata festiva, empezó a sacarse la mochila. No era de sus mejores ideas, teniendo en cuenta que el golpe que se daría por la caída sería bastante intenso a una altura de seis metros del suelo, pero era mejor que convertirse en comida para los cuervos, o cualquier otra ave de rapiña. Empezó a aflojar los tirantes de la mochila. Resultaba difícil, teniendo en cuenta que estaba colgando de un árbol a seis metros del suelo, pero después de un minuto forcejeando, logro soltarse. Por supuesto, termino dándose un gran golpe contra el suelo junto con su mochila, pero era un precio bajo por bajar de una vez del condenado árbol. Después de estrellar todo su cuerpo contra la tierra cubierta de hierba, pudo notar que esta estaba húmeda, con pequeñas gotas de agua cada una de sus hojas, lo cual dejaba en claro que había llovido hace poco.

 Giro su cuerpo, apuntando su cara al cielo. La mayoría de las nubes se había ido, dando paso a los rayos del sol, por lo que se podía apreciar mejor el terreno. Se lograba ver que la arboleda se extendía más allá de lo que la vista pudiera permitir, hasta un punto que parecía no tener fin. Por alguna razón, todo ese lugar parecía expulsar un pulso de vida como nunca había sentido en ningún otro lugar.

 Se puso de pie, algo aturdido por la caída, y analizo un poco más a fondo sus alrededores. Se podía escuchar a los pájaros cantando desde los árboles, además del sonido del agua corriendo desde algún lugar dentro del bosque., y el viento moviéndose entre las lejanas colinas de hierba

- Esto es perfecto. Estoy en medio de algún lugar de las montañas, probablemente muy lejos de donde debería estar, no tengo idea de adonde debo ir, perdí mi bolsa de papas, y me di una golpiza en el tórax, la cual me sigue doliendo. Creo que he gastado tanto mi mala suerte, que las cosas no podrían ir a peor. Supongo.

 Las opciones a continuación eran bastante claras: o se quedaba a esperar con la esperanza de que dieran con su paradero, o podía seguir caminando hasta que la suerte dejara de escupirle en la cara y terminara encontrando a algún alma caritativa que lo ayudara, y una cosa era evidente: él no era de los que se quedaban a esperar.

 “Voy a moverme un poco por aquí. Total, tampoco es que me vaya a alejar cinco kilómetros. Ni que me fuera a perder o algo”, pensó mientas tomaba su mochila y se ponía en marcha en dirección al límite del bosque. Al encontrase cerca de este, se podía percibir el olor a tierra húmeda saliendo del bosque, y las hojas de los arboles brillaban por el agua de alguna lluvia pasada. Caminó unos metros dentro del bosque para apreciar mejor lo que el paisaje le ofrecía. Aquella vista parecía desprender de alguna manera magia, irradiando una gran cantidad de vida y pureza en su entorno.

 -Esto no se ve ni en los mejores documentales –dijo acercándose a uno de los tantos árboles que lo rodeaban.

 Se oyó un crujir de ramas. Se dio media vuelta, retrocediendo en dirección a la entrada del bosque. Otro más.  Comenzó a procesar lo que había escuchado. No había sido su imaginación, eso había quedado claro. También la presión de la pisada no podía ser de un animal cualquiera: fue profunda y sostenida. Se trataba de algo bastante pesado. Se oyó otros dos más, de manera consecutiva: se estaba moviendo de tal manera que lo rodeaba. Lo estaba vigilando.

 Se lograba ver un brillo verdoso moviéndose en medio de las sombras de los árboles. Una especie de sonido extraño, como un instrumento musical con eco.

 - ¿Quién está ahí? –preguntó mientras mantenía la distancia entre él y quien quiera que fuese el que se escondía entre la maleza y arbustos. Entonces, se le empezó a acercar. Varias situaciones cruzaban su mente en ese momento, mientras al mismo tiempo ideaba más de una manera de escapar de cada una de ellas. Pero incluso cuando había ideado mil y una artimañas para librarse de todas y cada una de las hipotéticas situaciones, ninguna de estas se acercó siquiera a lo que era en realidad.

 Una enredadera de raíces de árbol con forma humanoide se acercaba a paso lento y temeroso. En lo que sería su pecho refulgía una luz verdosa y brillante como la esmeralda. De lo que debía ser su cara se podía apreciar dos agujeros a modo de cuencas y lo que debía ser la boca, resplandecía la misma luz verde. Las raíces que formaban cada parte de su cuerpo, eran iguales a la de los árboles del bosque, solo que se parecían más a la de los arboles más jóvenes del lugar.

 La situación estaba entre el límite de resultar, o inquietante, o extraña. No existía punto medio. Franco antes de venir se había informado de varias criaturas mágicas que podría encontrarse si volvía a adentrarse al estudio de la magia. Incluso ya sabía de la existencia de algunas criaturas de antemano gracias a la educación y los libros de su abuela cuando era niño, la cual había sido una gran bruja. Pero nunca en lo que llevaba de vida, había escuchado relatos o rumores que se acercaran a la descripción del ser que se encontraba frente a él. Podría ser una criatura pacifica, o también podría ser hostil.

- Ho-hola. Dudo que logres entender lo que digo, pero por intentar no pierdo nada. ¿Me puedes decir en donde estoy, o si es posible, como llegar a la Academia Luna Nova?

 Aquel extraño ser empezó a atenuar y a acrecentar el brillo de la luz que emitía su cuerpo. Si eso era alguna clase de comunicación, era imposible de entender. “Tal vez podría haber otra forma de hacerle entender lo que necesito”, pensó mientras buscaba alguna manera alternativa de comunicación.

 Entonces oyó un aullido en la lejanía.  Pasaron cinco segundos de silencio que parecieron durar siglos. Después se escuchó un gruñido profundo y mantenido a su derecha. Franco se giró con rapidez para lograr ver que era lo que lo acechaba, y cuando aquel ser salió de entre los matorrales y las sombras, abrió los ojos como lechuza, y retrocedió tres pasos hacia atrás.

 Ahora tenía varias cosas claras:

Uno, lo que salió hace unos segundos del bosque era un lobo.

Dos, parecía que perseguía al “chico-árbol”.

Tres, no venía solo.

“Las cosas no pueden ir a peor. Y un cuerno” pensó mientras agarraba al “niño-árbol” para ponerlo sobre sus hombros. Lo mejor era empezar a echarse a correr.

Y cuatro, definitivamente ya no podía darse el lujo de esperar a nadie.

 

 

- Akko, ¿qué te trae por aquí? –pregunto la profesora Ursula, algo sorprendida por su tan repentina entrada. Akko había abierto la puerta de golpe. Se veía fatigada, estaba sudando y le temblaban las piernas.

- ¡Profesora Ursula, es urgente! ¡En la Línea Ley se… y Amanda… y Constanze… perdido… ayuda!

- Akko, cálmate. Necesito que hables más despacio. ¿Okey?

- Bien – dio un gran respiro para luego exhalar con más fuerza todavía –Amanda y Constanze han llegado por la línea Ley. Se encontraron con alguien nuevo en la academia, y lo ayudaron a llegar ya que no sabía cómo. Pero en medio del camino la línea enloqueció, lo que hizo que el nuevo se cayera, y ahora está perdido en quien sabe qué lugar, ¡y necesitamos su ayuda!

- Akko, ¿Amanda te dijo como lucia el nuevo estudiante?

- Eso se lo puedo responder yo, profesora –Amanda apareció atrás de Akko, acompañada de Constanze y Jasminka, la cual venia comiendo una bolsa de galletas.     –Tenía el cabello oscuro, ojos cafés, llevaba un abrigo gris, una mochila azul…

- ¿Y te dijo su nombre?

- Ya llegaba a eso. Se llama Gianfranco Garay. Y no se habría caído si no hubiera llevado esa bolsa de frituras en su mochila. Por su culpa, la línea Ley empezó a expulsar ráfagas de aire que casi nos hacen caer. Pudimos resistir, pero en la última, el muy despistado no se agarró bien a la escoba, y se cayó. Por eso necesitamos que nos ayude a encontrarlo. No quiero que terminen expulsándome.

- ¡Amanda, debemos hacerlo porque es lo correcto! –grito Akko, algo airada por el comentario de Amanda.

- También por eso.

- Chicas, cálmense –Jasminka las separo para que dejaran de discutir. –Tomen una galleta. Comerlas siempre me relaja.

 Akko y Amanda tomaron las galletas y las comieron, algo enojadas.

- Akko, Amanda, creo saber dónde está –la profesora Ursula mostro un mapa de las constelaciones del cosmos. –Está en… “El bosque de la vida”

- ¿El bosque de la vida? –pregunto Akko, algo extrañada. Nunca había escuchado de ese lugar –Suena a un lugar bastante agradable.

- El bosque de la vida es un lugar del cual no se sabe nada. Todo aquel que ha intentado explorarlo, nunca ha vuelto.

- ¡Entonces debemos darnos prisa! ¿Cómo se llega?

- Las guiare yo misma. Nadie sabe que habita en el bosque de la vida, por lo que será mejor si yo las acompaño para que no se lastimen en el camino. Vayan a la entrada de la línea Ley, las alcanzo en unos minutos.

 Todos partieron por la misma puerta por la que habían entrado. Todos, excepto Amanda, que se quedó a solas con la maestra.

- Maestra Ursula, ¿puedo hacerle una pregunta?

- Por supuesto ¿Qué seria?

- ¿Por qué la directora permitió que un varón entrara en esta escuela?

- Amanda, la directora y yo pudimos ver de lo que es capaz ese chico. Ha investigado y practicado la magia desde que era niño. Pude ver en sus ojos una determinación que pocas veces he visto. Además, presiento que algo terrible vendrá. No sé el que, pero de alguna manera, él estará ahí.

 Ella no comprendió muy bien lo último. Ya habían logrado derrotar al Odio materializado hace un tiempo. No se podía imaginar que existiera algo peor que eso, pero tampoco decidió darle muchas vueltas a ello, por ahora

 Y sin decir más, se marcharon a la entrada de la línea Ley, en dirección al Bosque de la Vida.

 

 

 - Creo que estaremos a salvo aquí, por el momento.

 Franco se encontraba escondido en la cima de un gran árbol, con hojas tan tupidas que se haría falta tener una vista afilada para poder verle entre las ramas.

 Parecía que los lobos les habían perdido el rastro en cuanto empezó a llover, aunque tampoco podía estar seguro al cien por ciento. Incluso él estaba sorprendido de que hubiera logrado escapar con éxito, teniendo en cuenta de que estaban escapando de un grupo de lobos, conocidos por ser cazadores rápidos y mortales, pero prefirió no romperse la cabeza con ello.

 El chico-árbol (ya que no se le ocurría otro nombre mejor) parecía exhausto, a pesar de que apenas se había movido desde que se lo llevo para mantenerlo a salvo de los lobos. Parecía que sus pulmones, o lo que fuera que le ayudara a respirar, hacía que se hinchara el pecho, para luego de unos segundos desinflarse como un globo. La luz que salía de él era tenue, pero evocaba una sensación de misterio y antigüedad cada vez que lo miraba.

 - Oye chico, no puedo ayudarte a menos de que sepa que está pasando, así que, si sabes hablar, o tienes alguna otra forma de comunicarte, tienes toda mi atención – le dijo con la cara empapada de agua y el cabello de igual manera. Cuando le hablo, lo que eran sus ojos, de alguna manera lo miraron directamente a los suyos, como si entendiera lo que le había dicho, aunque tampoco podía afirmar ello del todo.

 Entonces sintió como algo trepaba por su cara, envolviéndolo de a poco. Eran raíces, y antes de que se diera cuenta, su rostro fue completamente envuelto, dejándolo completamente a oscuras. No podía hablar. Durante varios segundos eternos, pareció que estuviera muerto. Un destello verde se apareció en su cerebro, después otro, seguido de otro más, hasta que se volvió una luz constante, que se hacía más grande a cada momento. “Listo” le dijo una voz inidentificable, llena de eco y lejanía.

 Cuando su cabeza se liberó de la carcasa que la cubría, vio que seguía sentado en las ramas del árbol, junto al niño-árbol, que lo miraba a través de sus cuencas verdosas. Miro su reloj. Faltaba una hora para que la ceremonia para los recién ingresados empezara, el seguía en alguna parte del planeta totalmente desconocida, y todavía no había llegado nadie. Definitivamente estaba en un problema bastante gordo, sin mencionar que por el bosque rondaban un grupo de lobos que querían saborear la carne humana y despedazar un arbolito con patas.

 - Como me quede atrapado aquí, el regaño del director y mis padres por no asistir en el primer día será uno de mis menores problemas.

 - No te preocupes. Seguro llegara alguien.

 Franco levanto la cabeza, confundido y mirando alrededor. Probablemente se estaba volviendo loco y había empezado a alucinar.

 - Aquí abajo –respondió la voz que lo llamaba. Era débil, tenía mucha reverberación, y le era imposible Bajo su cabeza, solo para encontrarse con el “chico-árbol”, que se encontraba sentado sobre sus piernas.

 - ¿Me hablaste tú?

 - Acertaste

 - Okey: o ya me volví loco debido a que probablemente tengo fiebre y estoy delirando, o esas setas que me encontré mientras corría expulsaron unas esporas medio raras y ahora estoy alucinando muy fuertemente. O realmente me estás hablando.

 - No te preocupes. No te pasa nada. Use un antiguo hechizo para que podamos comunicarnos con los humanos a través del pensamiento. Señor, le debo dar las gracias por ayudarme. Esos lobos empezaron a perseguirme apenas me vieron. No lo entiendo. Nunca hemos tenido problemas con los animales de esta zona. Últimamente han estado actuando de manera extraña: están agresivos.

- A ver: primero, creo que antes de seguir con esta conversación, deberíamos bajarnos. Los lobos se han ido, por lo que creo que se olvidaron de nosotros, y me está empezando a doler el trasero. Segundo, creo entender lo que me acabas de decir, pero para estar seguros, me gustaría que me lo explicaras con más detalle. Y tercero, no sé qué eres ni quién eres.

- Lo siento si esto te incomoda. Responderé tus preguntas en cuanto lleguemos con los otros.

- ¿Cuáles otros?

- Mi familia. Los guardianes de este bosque.

Usted debe login (registrarse) para comentar.