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Little Witch Academia: The Last Dark Stars por The Last

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Capítulo 1: Problema resuelto y contratiempos

 

 Dicen que la esperanza renueva la fuerza de los hombres. Bueno, pues eso era lo que estaba pasando, ya que aquel chico paso de estar hecho un lastre a ponerse a correr como si nunca se hubiera pasado una hora buscando por toda la ciudad.

 En un seguimiento que pareció durar horas, (pero en realidad duro unos minutos) termino con el siguiéndolas hasta una tienda de artículos mágicos algo escabrosa a la vista. Al entrar, se lograba apreciar una gran cantidad de objetos bastante raros: desde varitas mágicas hasta objetos que costaba describir dada sus raras características. No se veía a nadie que atendiera el lugar, lo cual lo hacía algo más tenebroso de lo que ya era.

- ¡Hola! ¿Hay alguien aquí?- pregunto el chico, a lo cual no recibió ninguna clase de contestación - Bueno, supongo que no hay nadie.

-  En eso te equivocas - le dijo una voz que sonaba muy cerca de sus espaldas.

 Apenas la oyó, pudo sentir un escalofrió recorriéndole cada centímetro de su espalda. Dio un pequeño brinco hacia adelante para darse vuelta hacia el que le había contestado. Resultaba que no era más que el encargado de la tienda, el cual llevaba un delantal gris. Era un señor con cabello castaño, lo bastante largo como para que le llegara a los hombros, una camisa verde oscuro, con una barba anunciada en su mentón, un tatuaje verde en su antebrazo derecho y de cuerpo rechoncho.

- ¡Que susto, por Dios! –dijo el chico inclinándose hacia adelante, afirmándose sobre sus rodillas con ambas manos.

- Tampoco es para tanto. En fin, ¿qué es lo que buscas?

- Ah, cierto. Estoy buscando a unas chicas que entraron en este local. Parece que eran brujas de la Academia Luna Nova. ¿Las ha visto?

- Se encuentran en la parte trasera. Buscan un par de varitas de repuesto.

“Pues parece que las varitas no tienen algún tipo de seguro. Algo a tener en cuenta”, pensó en chico. Aunque aquel sitio tenia fachada de tienda, por dentro daba un aire algo diferente, si contamos con el hecho de que además de los productos mágicos, había una especie de mesas para tomar él te o algo así, más algunos objetos que daban bastante repelús con solo observarlos.

- Y… ¿tardaran mucho en salir? Es que me gustaría preguntarles algo- dijo el chico mientras se sentaba en una de las sillas que decoraban el sitio.

- ¿Y qué pregunta sería esa?

- Es que tengo dudas sobre cómo funciona la línea Leyline. No tengo idea de cómo funciona, así que pensé que alguna alumna de la academia Luna Nova podría ayudarme.

- Si solo es eso, yo puedo ayudarte –respondía el atendedor mientras formaba una sonrisa que, aunque pretendía parecer amistosa, las extrañas ojeras bajo sus ojos le daban un tono algo apagado a su rostro –La línea Leyline solo puede ser conducida con escobas. Más concretamente las escobas mágicas. Aunque existe una entrada la cual puede ser usada por vehículos normales y corrientes. Eso sí, no es posible cruzarla caminando, ya que si lo intentas, terminaras siendo arrastrado a algún lugar aleatorio.

 La información resultaba bastante útil. Aunque si aquello que le había dicho estaba en lo correcto, eso le dejaba con un problema: no tenía escoba, o algún otro vehículo. Todo el viaje lo había hecho en avión y en tren.

- ¡Pero no tengo ninguna de esas cosas! ¡No puedo cruzar la línea!

- También podrías pedir que te lleve alguien que si tenga.

- La cuestión ahora es quien podría llevarme.

- Oye, además de las varitas, ¿no tendrás herramientas o engranajes? –pregunto una chica que salía de la parte trasera de la tienda. Tenía el cabello despeinado, de color rojo claro y anaranjado, con las puntas hacia arriba, con ojos color verde. Llevaba el uniforme de Luna Nova, lo que indicaba que era una estudiante, a pesar de llevar zapatillas casuales, en lugar de los zapatos de la academia.

- Esta es una tienda de artículos mágicos, no una ferretería –respondió el encargado de la tienda.

- Pues es una lástima. Bueno, eso último tendremos que buscarlo en otro momento. Además, creo que podemos pedir prestado algunas piezas en la escuela. ¿No crees, Constanze?

 A su lado se encontraba una chica de estatura bastante pequeña. Tenía la apariencia de una niña, aunque su mirada tan seria indicara lo contrario.

 Ella no respondió. En lugar de ella, respondió un pequeño robot, diciendo: “Creo recordar que habían tirado unas cuantas junto con una maquina a la basura. ¡Vamos, vamos!”

- Disculpen ¿ustedes son de la academia Luna Nova? –pregunto el chico acercándose un poco.

- ¿De parte de quien viene la pregunta? –respondió la chica de cabello rojo

- Supongo que debería presentarme. Mi nombre es Gianfranco Garay, pero pueden llamarme Franco. Y aquí es cuando tú me dices tu nombre.

- Supongo que no importara que te lo diga. Me llamo Amanda O´Neill, y la que está a mi lado se llama Constanze.

 Constanze permanecía sin formular palabra. En su lugar, el pequeño robot que la acompañaba hablo en su lugar: “Hola, es un gusto” con una voz robótica con cortas pausas entre palabras.

- Ahora me gustaría saber de qué estaban hablando entre ustedes cuando llegamos.

- Lo que pasa es que quiero ir a la Academia de Luna Nova, pero para llegar hay que atravesar la línea Leyline, y no tengo manera de llegar, a menos de que alguien que pertenezca a la academia quiera llevarme…

- …y pensabas que nosotras podríamos llevarte.

- Si no les resulta una molestia. No se preocupen, que no las molestare en el trayecto.

 Amanda y Constanze lo miraron de arriba abajo, intentando ver si tenía alguna intención oculta.

-Lo que me gustaría saber es, ¿qué tienes que hacer en Luna Nova? No pareces ser un político o el hijo de alguno. Al menos no con esas pintas.

-No, no soy el hijo de nadie importante. Vengo a la academia porque soy un estudiante recién ingresado.

 Durante lo que fueron cuatro segundos, el silencio se mantenía en el ambiente, hasta que Amanda decidió hablar.

-Es un chiste, ¿verdad? Por favor dime que es un chiste.

-¿Mi cara te hace parecer que es en broma?

- Pues parece que te han tomado el pelo muy fuertemente,  ya que Luna Nova es exclusivamente para chicas.

- No, eso no es posible, ya que la persona que me ayudo a venir a estudiar aquí era una profesora de la academia, que fue autorizada por la directora para que yo pudiera venir a estudiar. Si mal no recuerdo, se llamaba Ursula…

- ¿…Ursula Callistis?

- Exactamente.

La situación resultaba bastante peculiar. El solo hecho de que un chico fuera estudiante de la Academia Luna Nova, seria tomado como un chiste. Y no cualquier chiste, sino de esos que más que hacer gracia, provoca el efecto totalmente opuesto. No existía manera de que alguien como él pudiera estudiar en un lugar así, por lo que Constanze y Amanda tenían bastantes razones para pensar que tal vez esas no eran sus auténticas intenciones. Tendrían que ir a corroborarlo con la directora.

 -Muy bien, te ayudaremos.

 -¿En serio?

 -Claro. No hay ningún problema. Si lo que nos dices es verdad, entonces seria de muy malas personas dejarte aquí tirado. Y si nos mientes, bueno, no nos costara nada sacarte a patadas en el trasero de la academia. ¿Verdad, Constanze?

 Ella solo asintió en señal de afirmación.

 -Muchas gracias. Pensé que no podría llegar a tiempo. Se los agradezco de verdad.

 -Bueno, ¿nos marchamos de una vez?

 

 

 -Entonces, ¿cómo lo hacemos? –pregunto Franco frente a la torre de piedra.

 El, junto con Amanda y Constanze, habían llegado hasta la entrada de la línea Leyline. Ambas tenían listas sus escobas de vuelo. La de Amanda era bastante común, y no se diferenciaba de las demás. La de Constanze era diferente, teniendo varios ensamblajes mecánicos, seguramente puestos por cuenta propia, entre los que destacaban un motor, una hélice, y un tubo de escape, que tenía sus bordes ennegrecidos por el humo.

 -Fácil. Tus iras en la escoba de Constanze. Al tener mejoras mecánicas, puede llevar más carga que una escoba normal. Podrías ir en la mía, pero eso haría que fuera más lento teniendo en cuenta también tu equipaje, y te diré un secreto: no es que me agrade ir a paso de caracol.

 -¿No tienes problema con ello, Constanze?

 Constanze movió la cabeza de izquierda a derecha, en señal de negación.

 -Muy bien. ¡Nos vamos! –exclamo Franco.

 Montar el equipaje resulto algo complicado, pero con algunos arreglos, se pudo solucionar rápidamente.

 -La mochila la llevo yo, y la maleta la pongo enganchada del mango en medio de la escoba. Bien, parece que está todo listo. ¿Empezamos?

 Amanda y Constanze se ubicaron con sus escobas en medio de la torre de piedra, mientras recitaban el hechizo de vuelo:

 -Tia Freyre.

 En ese momento, las escobas comenzaron a expulsar un brillo verdoso, mientras estas comenzaban a elevarse. Al acercase al borde de la línea, Franco sintió una sensación de estar siendo absorbido, como si se tratara del efecto de un agujero negro. Como si todo tu ser se distorsionara hacia un punto en específico.

 Después del “efecto agujero negro”, en los alrededores solo se lograba observar un gran conducto verdoso, que se extendía hasta el infinito.

-¿Esto es la línea Leyline?

- Acertaste. Nos conecta directamente con Luna Nova.

- Yo me la imaginaba diferente.

- Ni se te ocurra caerte, porque…

-… puedes acabar en un sitio aleatorio. Me lo advirtió el señor de la tienda. ¿En serio esta cosa se extiende por cada rincón del planeta?

 Antes de que se pudiera dar una respuesta, una gran ráfaga de viento los golpeo en dirección opuesta. Por momentos, parecía que serían arrastrados hacia el fondo de la línea, pero supieron mantener el equilibrio y no caerse.

- ¡¿Qué demonios fue eso?! –pregunto Franco mientras se aproximaba otra corriente de aire más fuerte que la anterior.

- Esto es extraño. Estas sacudidas no suelen suceder, a menos que… -Amanda y Constanze miraron a Franco por unos segundos –Oye Franco, ¿por casualidad no llevaras sal en tu mochila?

- Solo por curiosidad, ¿qué pasaría si la tuviera?

- La línea Leyline no soporta la sal.

-Oh.

 

 

 La Línea Leyline funciona de manera curiosa. Esta suele sufrir de turbulencias en su interior por algún tipo de intolerancia a la sal, lo que puede señalar una de dos cosas: que o tiene vida propia, o simplemente es algún tipo de efecto químico. La mayoría de las veces no representa ningún problema. A menos de que seas un recién ingresado, que no tiene ni idea de ello, y que lleva una bolsa de frituras abierta en la mochila.

-¡Apresúrate de una vez! ¡No creo que las escobas soporten más sacudidas, y nosotros tampoco! –exclamaba Amanda, mientras intentaba que las ráfagas de aire no la tiraran de la escoba, mientras Constanze luchaba contra la fuerza opuesta poniendo el motor a todo  lo que daba. Para peor, Franco no recordaba en que bolsillo lo había dejado, por lo que se la pasaba revolviendo cada parte de la mochila.

-¡Lo encontré, lo encontré! –decía mientras sacaba la bolsa de papas de la mochila.

-¡Lánzalo!

Agarró con todas sus fuerzas la bolsa de papas que había sacado de su mochila, y la lanzo con todas sus fuerzas. Se podía ver como caía hasta el fondo, hasta que desapareció.

- Listo. Ya la lancé. ¿Estás bien, Amanda?

- Sí, no te preocupes. Nada que no pueda controlar.

- Bien. ¿Y tú, Cons-?

 Antes de que nadie pudiera reaccionar, una última ráfaga de aire choco con ellos de frente. Amanda y Constanze se sujetaron con todas sus fuerzas a sus escobas, mientras intentaban mantenerlas estables ante la fuerza que las empujaba. El ruido del aire era increíblemente intenso, hasta un punto que resultaba imposible escuchar otra cosa. Después de que se acabara, se inclinaron hacia adelante, con la cabeza dándoles vuelta, mientras un mareo bastante intenso se les subía a la cabeza.

- Constanze, ¿estás bien?

El robot que Constanze llevaba en la espalda contesto: “Estoy bien”.

 -Okey. Franco, ¿cómo lo-? ¿Franco?

Al lugar al que hablaba Amanda, no quedaba más que una maleta. Ellas no les hacía falta pensar mucho para hacerse una idea de lo que había pasado, aunque les hubiera gustado estar equivocadas. 

 

 

 

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