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Little Witch Academia: The Last Dark Stars por The Last

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Little Witch Academia: The Last Dark Stars

 

 En medio de la ciudad se podía ver en el cielo una batalla como nunca se había visto, y para la mayoría no era sorpresa, ya que en se estaba transmitiendo en vivo como un grupo de brujas se enfrentaba a un misil, el cual, por razones que nadie entendía, parecía moverse por voluntad propia, he incluso defenderse por su cuenta. Este se movía de manera errática, cambiando de forma, dividiéndose y volviendo a su forma original. Mientras tanto esas brujas no paraban de moverse de un lado a otro, evitando todos y cada uno de sus ataques. Según se había escuchado hace una hora, ese mismo misil se dirigía en dirección a ese mismo país. Más concretamente hacia esa ciudad, por lo que una parte de la población había entrado en pánico, mientras que otros se fijaban en las brujas que intentaban por todos los medios detener la amenaza. Todavía nadie lograba creer lo que estaba pasando: un grupo de brujas se estaba enfrentando contra un misil que se movía como si tuviera vida propia. De repente, las brujas de dirigieron en línea recta hacia arriba, mientras el misil las perseguía, con unos ojos y boca que podía sentir que emanaban una ira descomunal. No se logró ver más allá, debido a que las nubes cubrieron el cielo, pero se podía ver un resplandor a lo lejos; un resplandor como nunca se había presenciado. Un sonido increíblemente fuerte se escuchó en los alrededores. Un gran destello ilumino los alrededores. El color blanco inundo cada rincón del lugar. El cielo se partió a la mitad. Nadie podía ver hacia arriba debido a la gran cantidad de luz. Cuando todo se calmó se pudo ver como una especie de polvo de todos los colores caía, junto a criaturas de diversos colores y tamaños que solo habían sido vistos en espectáculos de magia hace mucho tiempo. Todos parecían celebrar el haber sido salvado por aquellas brujas, mientras se maravillaban del espectáculo celestial y reían por estar vivos. Pero mientras los demás le prestaban atención a las maravillas que caían del cielo, un chico de cabello negro y ojos cafés, miraba en la dirección contraria: la dirección en la que las brujas que los salvaron se marchaban después de haberles salvado la vida. No podía distinguirlas, ya que las nubes empezaban a volver. Lo único que pudo notar es que iban vestidas de blanco de pies a cabeza, que iban en una escoba con mango en forma de flecha de color carmesí, con alas que se extendían al final de ella. Mientras se alejaban, pudo ver como un pequeño destello caía de la escoba. Sin pensarlo un segundo, fue a ver que era aquello que había caído. Cuando lo atrapo, pudo ver que era una pequeña piedra en forma de estrella, con un resplandor blanco en su interior, el cual después de unos segundos, se convirtió en polvo que se deshizo en sus manos, para luego desvanecerse. Pudo sentir una alegría que no había sentido desde hace mucho tiempo: una alegría que solo había logrado sentir cuando era niño, en un show de magia de una bruja que realizaba espectáculos. Lo único que podía hacer era mirar en dirección al horizonte, mientras toda la ciudad celebraba aquel espectáculo. Desde ese día, busco a las brujas que los habían salvado de la destrucción, para poder darles las gracias. Pero por más que buscaba, no encontraba ninguna pista sobre ellas. Pasaron dos meses, y después de pensarlo mucho, sintió que solo había una manera de averiguar donde se encontraban. Decidió arreglar sus cosas y volver a entrenar la magia, esta vez de manera seria. Estaba decidido: se iba a convertir en brujo, con tal de encontrarlas.

                                                                                          

- 3 meses después –

 

 Después de mucho preparamiento y un largo viaje, por fin había llegado: la línea Leyline. Había sido un difícil llegar, aun teniendo en cuenta de que sus padres no contaban con mucho dinero, pero después de usar parte del dinero que estaba ahorrando y el apoyo de mi familia, había logrado llegar hasta aquí. Obviamente antes de venir, contacto con alguien autorizado de la academia para ver si podía ingresar. Después de algunas pruebas hechas por un profesor cualificado de la academia para saber si podría ingresar, le dieron un “aprobado”, y todo lo que faltaba era tomar el avión más cercano a la estación Leyline.

 Si era sincero consigo mismo, no esperaba que el punto de partida fuera tan… antiguo. Según veía a la distancia, era un torreón de piedra, cubierto por enredaderas y un árbol en lo más alto de este, que a primera vista no parecía gozar de una buena infraestructura. En fin, que no había llegado a juzgar la arquitectura, había venido en dirección a la academia Luna Nova.

 La estación que lo llevaría a la academia se encontraba cercana a una ciudad. Para él era una sorpresa. Más bien se esperaba que estuviera en una locación más apartada de cualquier rastro de sociedad, aunque no se quejaba, ya que se le hacía más fácil llegar. En fin, que se encontraba corriendo en dirección a la estación, y por casualidades del destino, o más bien por distraído y ser un ansia, termino chocando de frente con un grupo de personas que venían en sentido contrario a su andar. El golpe que recibió por ello fue bastante intenso, tanto que le hizo perder el equilibrio y caer como un muñeco de trapo sobre el sendero de piedra. La cabeza no hacía más que dolerle, y por un momento perdió la noción de donde estaba. De repente, sintió que alguien estaba a su lado. La luz del sol hacía que esas personas parecieran sombras vivientes a la luz de día, y cuando recupero sus sentidos, pudo ver con claridad. Eran brujas, y de la academia Luna Nova, teniendo en cuenta el sombrero, el cual llevaba de adorno un círculo dorado con tres puntas 

 -Ten más cuidado por donde andas- le dijo una de las brujas del grupo. Su cabello era largo y negro, con ojos del mismo color, que era acompañada de otra bruja de cabello castaño, amarrado con una “cola de caballo”.

 –Lo siento, de verdad lo siento- dijo de manera automática, sin pensárselo dos veces.

 - ¡Ya déjalo, Barbara! Tenemos asuntos más importantes. No tenemos tiempo para preocuparnos por nimiedades. – exclamo la bruja de cabello castaño con cierto aire mezclado con prisa y altives. Tal parecía que, o bien le daba igual que él estuviera ahí, o tenía demasiada prisa como para preocuparse de los modales. El chico decidió que era mejor ignorarlo. Se paró, me limpio el polvo del abrigo, y se puso a hablar con ellas.

 –Disculpen, ¿me podrían decir como tomar la línea Leyline? –pregunto el chico, ya que no tenía ni la más remota idea de cómo se usaba. –Es que quiero llegar a la Academia Luna Nova.

- ¿Y se puede saber qué quieres hacer en un sitio tan prestigioso como la Academia Luna Nova? -pregunto la chica que según intuía el chico con la conversación anterior, se llamaba Barbara.

-Bueno, supongo que no pasara nada si les digo. Lo que quiero hacer al llegar, es aprender todo lo que pueda sobre la magia y como usarla.

- ¡¿No me digas que lo que quieres es…?!

-…convertirme en brujo, por supuesto- respondió antes de que siquiera acabara su pregunta. La que estaba a su lado, Barbara, abrió los ojos cual búho, al igual que su compañera.

- ¡¿Pero estas de broma o estás loco?!

-No entiendo, ¿a qué se refieren?

 Entonces me explicaron cierto detalle que le confundió bastante: tal parece que la Academia Luna Nova solo admitía chicas. Apenas lo escucho, se quedó de piedra. No entendía para nada lo que pasaba. Si solo admitían chicas, ¿entonces cuál fue la razón para que le permitieran su ingreso en primer lugar?

-Pero… ¿Qué demonios? Pero si incluso me pusieron a prueba para poder acceder.

-Mira, no tenemos tiempo que perder para hablar con plebeyos, así que si nos disculpas, tenemos prisa –respondió la compañera de Bárbara, algo airada. Y sin decir una palabra más, partieron en dirección a la ciudad.

 

 

 Petrificado. Es la única manera en que se puede describir el cómo se encontraba. Si resultaba que lo que habían dicho era verdad –aunque podría también ser falso o una confusión perfectamente ¿Significaba que había llegado hasta aquí en vano? ¿Todo lo que se había preparado, y sus esfuerzos para llegar hasta aquí se irían por el drenaje? Algo hizo *clic* en su mente.

-No –dijo en un tono tan bajo que perfectamente podría describirse como un susurro. No se iría así como así sin antes constatar que aquello era cierto o no. Tenía que hablar con alguna autoridad de la academia. Pero un muro se interpuso en su camino: no sabía cómo llegar, ya que no entendía cómo funcionaba la susodicha Línea Leyline, ya que nunca pensó que la dichosa línea funcionara de una manera tan diferente, fuera cual fuera esa manera. 

 Una idea cruzo tan rápido como un cometa en la noche estrellada: le iba a pedir ayuda a las mismas brujas con las que se cruzó hace unos instantes, así que se giró con mucha rapidez para ver donde estaban e ir directo hacia ellas para conocer el funcionamiento de la línea. Pero para su mala suerte, cuando se giró para ubicarlas, de ellas ya no quedaban ni sus sombras. Lo más seguro es que se fueran a paso veloz con tal de atender ese asunto del cual su mente no conocía y era tan importante. Se derrumbó de rodillas con el gran torreón de piedra a sus espaldas, erigido como un estandarte en medio de aquella verde colina.

 Necesitaba respuestas urgentes, pero no había nadie en las inmediaciones para ayudarle. De pronto, llegaron una serie de pensamientos y suposiciones, los cuales unió como si fueran telas de araña, las cuales le llevaron a una conclusión: tal vez esas no eran las únicas brujas que estuvieran en el exterior de la academia, y si era así, el lugar más cercano para buscar era la ciudad al pie de la colina. Sin siquiera replantearse lo que había pensado, partió con el corazón latiendo casi tan rápido como la velocidad de su andar. Además, no debía perder más tiempo del que quería, ya que la entrada a clases, según le habían comentado, era dentro de tres horas, así que no había tiempo que perder.

 Las calles de ladrillos de piedra grisáceos bajo sus pies se extendían por todo el camino. Resultaba más agotador de lo que pensó recorrer todo el lugar, ya que la ciudad era más grande de lo que parecía, y para colmo, hacía calor, lo que lograba que sus energías menguaran más rápido de lo normal. Si bien él no era de los que practicaban deportes, eso no quería decir que no pudiera recorrer un buen trecho sin empezar a cansarme, pero el clima había elevado la dificultad de la búsqueda más de lo que estaba acostumbrado, y el hecho de que llevara una mochila de viaje y sus maletas (la cual al principio no era ninguna molestia, pero que se empezaba a hacer pesada) no ayudaba en nada. Tomo una botella de agua que tenía guardada en la mochila, y la bebió con bastante fuerza.

 Pasaron varios minutos mientras deambulaba por las calles buscando a alguien que lo ayudara, y si era una estudiante del colegio, mucho mejor. Pero viendo que tanta búsqueda no lo llevaba a nada, y el calor era insoportable, decidió recostarse bajo la sombra de un árbol cercano, intentando recuperar fuerzas, mientras pensaba en que era lo que debía hacer a continuación.

 “Esto es más engorroso de lo que esperaba”, pensaba mientras lanzaba un largo bostezo. Si bien sabía que no contaba con todo el tiempo del mundo, tampoco contaba con energía ilimitada. “Solo será por unos minutos”, decía mientras cerraba los ojos, y el mundo se oscurecía.

 Un vacío total. Oscuridad. Algo lo llamaba desde la lejanía. Algo antiguo. Algo descomunal e incomprensible. Lo buscaba.

 Habían pasado veinte minutos, o al menos eso decía el reloj de muñeca, que tenía programado una alarma. El chico se levantó, adormilado y confundido, de un sueño que pareció durar horas, del cual no recordaba apenas nada. De repente, se escuchó un zumbido en el aire que lo sorprendió. Miro hacia arriba, preguntándose que era. Escobas. Eran escobas de brujas, y llevaban el uniforme de Luna Nova. No lo dudo ni un segundo. Tomo su equipaje a la velocidad del rayo, y comenzó a seguirlas. Sea lo que sea que era todo eso que soñó, en aquel momento le era totalmente irrelevante, sin saber que, en un momento futuro, su mente se encargaría de recordarle eso y un poco más.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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