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Como gritarle al amor y no ser escuchado. por Hollie

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Los modales son la carta de presentación del estatus económico y el nivel de educación que posees. Cuando eres pequeño tus modales y comportamiento ante las amistades de tus padres puede ser sin importancia o todo lo contrario. Mi caso fue este último, donde a diferencia de otros infantes de mi edad yo no podía moverme, hablar y por poco respirar sin autorización. Me sentí durante tantos años como un perro, decorada y vestida con ropas y joyas hermosas pero que solo servía como un medio para exhibir la estabilidad económica de mis padres. En un mundo de opresión, reprimendas, soledad y apariencias cualquier vestigio de calidez puede confundirte y destrozarte. Varías veces me pasó.


Conformé creces los roles de género se vuelven más importantes y el concepto de belleza o atractivo toma relevancia en la vida. Yo lo consideró una estupidez. No soy una mujer hermosa o atractiva a mi parecer, sin embargo muchas veces me lo han dicho. Aduladores y falsos. Principalmente porque soy alta, delgada, de tez morena clara, cabello ondulado y castaño, de personalidad "dulce". Más bien he sido insegura, sumisa, miedosa, dejada y obediente. En una sociedad machista una mujer así es hermosa y una joya. Ironico. Teniendo que vivir situaciones de acoso, abuso y maltrato físico, emocional y psicológico por parte de hombres que intentan aprovecharse. Hay una frase que mi padre siempre repite y dice así: "Lo que le pasa a una mujer es porque ella se lo provocó/buscó". Estúpido pensamiento y percepción.


De ser una persona pase a ser un objeto que observar, presumir, juzgar, herir, un perro y una muñeca que lucir, y de la cual tirar de una correa. Las apariencias y el que dirán agobió durante años mi vida. El cumplir expectativas ajenas, imponerme ser otra persona, negarme y callarme mis gritos de dolor, no fueron momentos agradables. Fui yo siendo otra. La ideal, educada, amable, aplicada, obediente, afeminada, pudorosa y reservada. Su hija amada y aprobada por la sociedad. Fui lo que ellos querían, llorando en las sombras y a solas. Conforme pasaban los años las expectativas se volvieron más altas, y yo era cada vez más suprimida.


Hasta que un día lo conocí, él era amigo del novio de mi mejor amiga, y apenas teníamos 14 años.


Sergio Aloin Daleem Ulsini, ese es su nombre, ese es él.


Que cómo lo conocí. El sistema escolar se encargo de eso. Claro, además de vivir en las cercanías a las escuelas más grandes y antiguas de la zona, sin darnos cuenta, estuvimos cerca del otro desde pequeños. Conocí su nombre por primera vez a la edad de 11 años, coincidimos en salón de clases, pero eramos polos opuestos desde ese entonces. Yo la aplicada, tímida, solitaria y rara chica que no le gustaban los niños a diferencia del resto de sus compañeras; y él, el juguetón, desobediente, de calificaciones promedio, que aprovechaba cualquier oportunidad para no trabajar en clases y jugar. Tan distintos, que eso nos llevo a conocernos, o al menos a mi me hizo conocer su nombre. Por ser como fui la profesora siempre que asistía a alguna junta o llamado a la dirección me pedía que le hiciera una lista de los que no trabajaban, se levantaban de sus asientos y/o solo jugaban. Y su nombre casi nunca falto en cada ocasión, en fin, conocí erroneamente su nombre por boca de otros para anotarlo en una lista "negra". Digo erróneamente porque me dijeron que su nombre era Sergio y su apellido Alion. Grave error, como jugar al teléfono descompuesto. Así que primero lo conocí como Sergio.


Pasaron los años y no volví a saber de él, aún cuando seguimos estudiando en un mismo instituto. Solo cuando teníamos 14 años, fue la primera vez que en verdad nos vimos, cuando el novio de mi mejor amiga llevo a dos de sus amigos hasta la puerta de mi salón. Evidentemente si mi amiga salia yo también lo haría, íbamos a todos lados juntas.


Entonces él me vio, le sonreí levemente por cortesía y me giré en dirección a mi amiga. Tengo que admitir que no le presté atención, era el chico que conocía por nombre y el que todo mundo conocía por su reciente suspensión de la escuela. Otro chico más, otro amigo del novio de mi amiga, otro y no más. Otro que comenzo a frecuentar la entrada de mi salón, sin una razón aparente.


Grande fue mi sorpresa cuando me entere que yo era parte de esa razón. Incluso que no asistía o salía de sus clases para verme, aunque nunca iba solo siempre acompañado por algún amigo, merodeando mis rutas dentro del instituto para casualmente encontarnos, saludarme o detenerme a charlar.


Con el tiempo diversos sucesos ocurrieron: se me declaró y pidió que fuera su novia, lo rechace por temores. Sin embargo el no perdio el tiempo, rechazado por mí a la semana ya tenía una novia: Jade. 


Parecía restregarla en mi cara, sin embargo yo continuaba con mi vida aun cuando sintiera extraño verlos junto. Rara vez hablabamos a través de mensajes, asi me enteré por él que al mes había terminado con Jade, fui dichosa y creí tendría otra oportunidad, cuando a mis espaldas algo grande se ocultaba. Sergio había besado a Elena, mi mejor amiga y novia de su amigo, en una borrachera. La idiotez ya estaba grabada en él.


Su retomada conquista por mi estaba a punto de irse al inodoro, y surgiendo en mi un complejo de inferioridad ante Elena. 

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