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El alumno masculino del 3-A por RoyIchihara

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Notas:

Notas preliminares:

*Un nuevo comienzo. Esta historia es un “remake” de una serie de fanfics que hice hace varios años. Dudo que aquí haya un lector que recuerde esta serie de historias, pero dejo la constancia para que no se me acuse de plagio o de robar el fanfic de otro autor.

*Se entiende que los personajes de esta historia hablan la mayor parte del tiempo en japonés. Si algún otro personaje habla en otro lenguaje, sus diálogos estarán escritos en cursiva. Del mismo modo, los pensamientos del protagonista estarán expresados igualmente en cursiva.

*Algunos puntos que no haya dejado claros se explican con mejor detalle en las notas posteriores del capítulo.

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Revisé nuevamente el aspecto que tenía frente al espejo. Un chico de 15 años, con aspecto ligeramente desaliñado, en un uniforme hecho a medida, ya que sería el único estudiante varón en una secundaria femenina. Vaya surrealista situación, dije para mis adentros. Un agente de la Orden de Guardias Dimensionales, con mil quinientos años de batallas, luchas contra entidades oscuras, duelos mágicos y esa clase de experiencias, ahora hacía el papel de un estudiante de secundaria ya que debía infiltrarme en la academia Mahora para seguir de cerca al hijo del desaparecido Nagi Springfield, sujeto que se había esfumado hace una década con un misterioso artefacto y la única pista respecto a él fue que se usó hace cinco años en un pequeño pueblo de Gales, justamente donde el hijo de Nagi vivía.

-Sigo sin entenderlo, Yuko.-Dije al salir a mi jefa, Yuko Nishitani.- ¿Por qué convertirme en un alumno y no en un colega profesor? Tendría mayor libertad de acción. De hecho creo que para ser el agente 000 de OGD, debería poder operar enteramente por mi cuenta en el mundo mágico de este universo (*1).

Yuko aspiró un poco del cigarrillo con boquilla que bailaba entre sus dedos y exhaló unos aros de humo antes de mirarme de pies a cabeza.

-Me extraña que lo digas de esa forma, Roy.- Replicó Nishitani, serena.-Ya has vivido casi veinte años en este universo sin volver a tu mundo de origen. Pensé que te gustaría vivir aquí, en esta realidad a la que te has aferrado tanto, la adolescencia que tu condición de guardían dimensional te niega en ese universo al que te resistes a volver.

Esquivé su mirada. Hace veinte años, tuve una misión en esta realidad. Estuve involucrado en una guerra mágica que amenazaba con atravesar los límites de su propio universo. Pero esa guerra había terminado hace diez años. Sin embargo, cuando acabó esa misión, no regresé a mi mundo. No quería regresar a ser el adolescente retraído, depresivo y antisocial que era al retornar a casa, una vida que no podía cambiar pero cuya infelicidad era lo que, como a todo agente de OGD, nos marca como arrastrados, aquellos que tarde o temprano consiguen atravesar los diferentes universos.   

Había una razón por la que no había retornado. Había alguien que tenía que buscar, pero en esa búsqueda acabé asumiendo otra vida. Había hecho nuevos amigos, incluso había vuelto a encontrar el amor. Era feliz, y me acostumbré a esa felicidad. Pero cuando eres alguien que es virtualmente inmortal capaz de controlar su juventud a placer, sabes que tarde o temprano toca decir adiós a esas relaciones porque, aunque puedas resistir al tiempo, los que te rodean y no son ni pueden saber de OGD, no. Y al contrario de lo que pudieran pensar, mil quinientos años viendo gente entrar y salir de tu vida no te insensibiliza al respecto. Renunciar a lo que había vivido en Hinatasou fue un golpe que pensé que había encajado bien. Pero a tres años de mi brusca partida de la residencia Hinata sin siquiera despedirme de mis amigos o de Motoko aún pesaba el recuerdo en mi espíritu (*2). Había hecho misiones para la Orden, pero en lugar de retornar a mi mundo de origen, siempre regresaba a este universo.

-Como sea, veo que recordártelo te deprime.-Yuko hizo un gesto de incomodidad al tiempo que se incorporaba mientras caminábamos por el pasillo hacia la oficina del director de la escuela.-De todos modos, te necesito como estudiante por otras razones. La primera es que no puedes intervenir de forma tan directa como hace veinte años. Si empiezas a buscar el artefacto por tu cuenta, llamarás la atención y seguramente alguien más podrá sospechar que esa cosa aún existe, y no queremos repetir la situación de entonces.

-¿Y cómo seguir al hijo de Nagi nos ayudará con ese artefacto?-Pregunté escéptico.-Apenas se ha graduado de la escuela de magia. Por lo que me has contado, ahora está haciendo práctica como profesor aquí en Japón.

-Se sabe que el muchacho está interesado en la figura del Thousand master, así que seguramente va a intentar averiguar su paradero. Encontrando a Nagi Springfield, encontrarás lo que estamos buscando.

-¿Sabemos siquiera que está vivo? Nadie ha sabido de él en diez años.

-Nadie más que él y tú conocen el artefacto. Y sin embargo, hace cinco años fue usado en Gales. Une los puntos, Roy. Nagi está vivo, pero no quiere ser encontrado y su hijo es quizá el único modo de llegar hasta él. Y para entrar en la vida de ese muchacho debes hacerlo como alguien que verá constantemente.

Entramos a la oficina del director Konoe. El lugar era un habitáculo bastante ancho con altos ventanales desde los que se contemplaba el distrito de la academia Mahora, un gigantesco complejo educacional que englobaba desde secciones de preescolar hasta un campus universitario, así como escuela primaria y secundaria tanto masculina como femenina. El director era aún más anciano de lo que suponía. Y ese aspecto de maestro de kung fu borracho y viejo verde desentonaba con el aspecto formal y occidental de su despacho.

Comenzamos la entrevista en la que mi jefa, interpretando el papel de mi madre, rogaba que me admitiese en la secundaria femenina.

-No tiene idea de los problemas que me ha dado este chico.-Afirmó con la mentira que habíamos planeado de antemano.-Me lo han rechazado de todos los otros institutos de Japón, y sólo me queda Mahora.

-Pero ¿La secundaria femenina?- El anciano acariciaba su luenga barba con natural extrañeza ante la insólita petición.- ¿Por qué lo necesita en la secundaria femenina?

-Verá usted.-Mi jefa me dio una suave palmada en la Nuca.-Este mocoso se queda más calmo con las mujeres. Por alguna razón cuando está rodeado de chicas se cohíbe y entonces no sólo deja de revolotear, también se aplica más a los estudios.

El director alzó una ceja, escéptico ante una mentira tan poco creíble que podía pasar por verdad al ser tan estúpida de encubrir. Finalmente accedió y tras un apretón de manos, me dio la bienvenida a la academia. Yuko pidió unos minutos para despedirnos y me llevó afuera.

-Muy bien, Roy-kun.-Su mirada calmosa contrastaba con lo serio de su voz.- A partir de ahora quedas solo. Únicamente recuerda que debes tener cuidado con tus poderes. La magia en esta realidad fluye bastante y no debes quedar expuesto ante tus compañeras ni profesores. Sé discreto y recurre a tus poderes sólo cuando sea necesario ¿Necesitarás algún arma u objeto de OGD?

-Tengo todo lo que necesito.-Dije alzando mi mano, en el aire se materializó la katana negra que me regalara Motoko años atrás, mi único recuerdo de ella.

-Entonces esto es un adiós por un tiempo.-Sentenció mi jefa.-Recuerda que eres un chico problemático, así que trata de ser pervertido o algo para justificar que te tengan acá.

Yuko se desvaneció y yo volví a la oficina. El director me miraba en su silla con las manos acariciando su barba cana. Haciendo caso a Nishitani, adopté una actitud chulesca y me senté colocando mis pies sobre el escritorio.

-Muy bien, vejete.-Dije con sorna.-Supongo que toca meterme al corral ¿Qué clase llena de coñitos esperando que las desvirgue me va a tocar. 

-No hace falta que me mientas, Roy-Kun.-Repuso el anciano.-Yuko-kun me ha contado lo que necesitas

De golpe adopté una postura tensa. Nuevamente mi jefa se había burlado de mí y acordado todo con el director a mis espaldas, haciendo este trámite sólo para que dijera alguna estupidez impropia de mí como la que había dicho.

-Necesitas incorporarte a la clase del profesor Negi Springfield-Kun ¿No es así?

-Esto… sí, señor.-Contesté avergonzado.

-Perfecto, la profesora Shizuna te llevará al 3-A. Pero antes, debo decirte algo.

-¿Sí?

-Yuko-kun tiene razón respecto a este trabajo. Si Quieres encontrar al padre de Negi-kun, sólo podrás hacerlo a través del muchacho.

-…

-Digo esto porque aunque tengo nociones de por qué estás aquí, no tienes carta blanca para hacer lo que te plazca, podrías ser expulsado y aunque creas que eso te dé más libertades para realizar tu misión, nunca encontrarás al Thousand master sin el pequeño Negi.

-Entiendo, director.-Quedé pensativo respecto a qué tanto sabía el anciano respecto a mi misión, así que le pregunté directamente.-¿Sabe qué me encargo Yuko-san que hiciera?

El viejo hizo una mueca que no pude interpretar.

-Sólo sé que involucra al Thousand master. Más allá de eso, no se más de ustedes ni su Orden.

Suspiré tranquilo. La orden prohíbe a los agentes revelar el máximo secreto. Esto es, la existencia de universos alternos y cómo viajar entre estos. Revelar dicho secreto constituye la expulsión inmediata del agente y la reescritura de la realidad en que el secreto era revelado. Por tanto, que el director supiese de mi misión y mis poderes era seguro mientras no adivinase que estos provenían de mi condición de arrastrado, viajero entre universos.

Unos golpes se escucharon en la puerta. Una voluptuosa mujer ya entrada en sus treinta entró al despacho. Su aire maternal, sonrisa cordial y movimentos tranquilos contrastaban con el bamboleo casi obsceno de sus enormes pechos. Sostuve como pude la mirada y respondí  su sonriente saludo con fingido desdén.

-Ichihara-kun ha sido admitido en la secundaria femenina.- Le dijo el director.- Se le ha asignado a la clase de Negi-sensei ¿Podrías llevarlo a su aula, por favor?

-No hay problema, señor director.-Sonrió la mujer

¿No hay problema? Pensé. ¿En serio no hay problema que un chico sea admitido en la escuela femenina? Esto es convenientemente raro… Miré al director y este sólo me devolvió una mirada que me decía que con ella sí tenía que mantener la mentira que mi jefa había acordado.

-Sígueme por aquí, Ichihara-kun.- Shizuna-sensei abrió la puerta y la seguí con paso desganado. Era una pena tener que fingir quince años. Las sensuales caderas de la mujer se movían a un ritmo hipnótico que me distrajo de la primera pregunta que me hizo y que solo respondí con un bufido.

-Roy Ichihara…- Continuó en un segundo intento de conversación.- Tu apellido es japonés, pero nombre suena a extranjero, y tu cara es obviamente extranjera…

-Mi padre era funcionario de gobierno en un país sudamericano.-Repetí la mentira que debía decir, saliendo del trance.- Mi madre trabajaba en la embajada japonesa. Se conocieron en un evento y nueve meses después salí yo. Digo “padre” en un sentido enteramente biológico. Mamá nunca ha hablado de él más que eso y el tipo fue transferido a otro país…

Decía aquello con los brazos en la nuca y mirando hacia la ventana tratando de evadir la vista de la generosa figura de la profesora. Por eso no reparé en cómo esta de pronto se volteó para darme un generoso abrazo apretándome contra su prominente delantera. Gracias, pasado inventado nº 912, me dije. No recordaba que una excusa barata para evitar preguntas sobre una familia que no existía podía dar agradables recompensas.

-Pobrecito.-Dijo Shizuna-sensei maternal apretándome hacia su cálido pecho, quitándome algo de aire.-Por eso es que quizás has pasado por problemas en otras escuelas. Espero que en Mahora encuentres el cariño que te ha hecho falta.

Tomé algo de aire al despegarme del abrazo y sólo asentí bobamente a la cordial y a estas alturas sempiterna sonrisa de la profesora. Seguimos caminando por los pasillos del gran edificio hasta encontrar una puerta sobre la que colgaba un cartelito que rezaba

CLASE 3-A

PROFESOR TITULAR: NEGI SPRINGFIELD.

 

Unos golpes en la puerta y luego esta se abrió para dar paso a un niño de no más de diez años, cabello rojo intenso y pequeñas gafas redondeadas. Este enano era quien debía observar de cerca. El hijo del Thousand master, aquel mago que la leyenda atribuía el dominio de mil conjuros. Reí para mis adentros. La leyenda de Nagi Springfield era muy diferente al vástago suyo que tenía en frente de mí. El joven Negi poseía un semblante servicial y caballeroso, que quedó patente en el gentil y correcto saludo con el que se presentó a pesar de su evidente mohín de preocupación por lidiar con una situación tan particular.

Mientras el niño profesor y Shizuna-sensei hablaban sobre mi situación, miré un poco a través de la puerta abierta. Un par de miradas curiosas y luego unos murmullos hicieron que la sensación de ser observado a través de la pared fuera algo más que un incómodo presentimiento. Reparé entonces en mi futura condición. Un alumno varón. En una clase enteramente compuesta de chicas en una escuela solamente de chicas. Tragué saliva. Para un quinceañero como lo que aparentaba ser, debía ser una fantasía hecha realidad. Pero la experiencia me había enseñado que si había algo peor a estar en una fosa llena de monstruos u enemigos queriendo matarte, era estar rodeado de adolescentes. A mis enemigos podría al menos atacarlos y acribillarlos con algún hechizo aprovechando la alta cantidad de magia que había en esta realidad, pero ese recurso no podía utilizarlo con jovencitas seguramente alocadas y en una etapa de la vida en que son una maldita bomba de relojería.

-Bueno, bienvenido a la clase, Roy-san.- Un nuevo gesto de Negi Springfield haciéndome pasar al salón me saco de mis cavilaciones.- ¿Quieres presentarte o lo hago yo?

-Hagamos esto breve, niño-sensei.-Espeté con el desdén que debía fingir.-Sólo presénteme, asígneme un asiento y esperemos a que no me quede dormido en su clase.

Quedé en frente del salón. 31 pares de ojos clavados en mí con diferentes miradas de curiosidad, sorpresa, una que otra con sorprendente indiferencia y un buen puñado de expresiones de travesura que me hicieron tragar saliva. Mierda, me dije. Entre un muro de ladrillo y un muro de chicas de secundaria. No sé si sentirme afortunado o maldito.

-Bueno chicas.-Negi llamó algo de orden y los murmullos bajaron el volumen sin cesar del todo.- Como pueden ver, tenemos un nuevo estudiante en nuestra clase.-Miró nuevamente el papel donde el director le notificaba mi situación.- Ichihara Roy-san. Espero que sean buenas con él y…

-¡KAWAIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

De la nada una marea de adolescentes se abalanzó hacia mí a acosarme con preguntas. Me maldije a mí mismo por no  prevenir esto. Un alumno nuevo, chico y además, extranjero. Claramente iba a ser de todo menos discreto para este primer día. Maldije nuevamente a Yuko por encasillarme en esta situación mientras mis compañeras me lanzaban pregunta tras pregunta sin siquiera dejarme responder.

-¡¿UN CHICO?!

-¿DE DÓNDE VIENES? ¿ERES JAPONÉS?

-¡POR SU CARA ES OBVIO QUE NO, PÁNFILA!

-¡ES MUY GUAPO!

-¿QUÉ HACES EN LA SECUNDARIA FEMENINA? ¿ERES TRANSEXUAL?

-¿TIENES NOVIA?

-¡¿YA TE ESTÁS LANZANDO?! ¡ACABA DE LLEGAR!

-¡Y ADEMÁS TÚ TIENES NOVIO!

-¡¿ERES EL PREMIO DE CONSUELO PARA LA QUE SE QUEDE SIN NEGI-SENSEI?!               

Quise abrir la boca para al menos acallar el torrente de preguntas que estaba hasta perdiendo el sentido. Negi intentaba mantener el orden, y las pocas alumnas que no se habían lanzado hacia mí contemplaban ya fuera con una sonrisa divertida o un gesto de molestia cómo yo ni siquiera podía escapar por ningún costado de aquella marea humana.

Finalmente hubo algo de silencio para dejarme responder. Abrí la boca para decir algo y entonces sonó la campana del receso. Suspiré aliviado y entonces atiné a decir.

-Esto… creo que quiero ir al baño.

-¡KYAAAAAAAAAAAAH! ¡EL CHICO NUEVO ES UN PERVERTIDO!-Gritaron las chicas y corrieron hacia afuera en tropel.

Oh, claro. Golpeé mi frente con la palma. Escuela solamente de chicas. Baños solamente de chicas. Me acerqué hacia el niño-profesor, el cual con gesto algo lastimero ordenaba sus textos antes de irse a la sala de profesores.

-Sensei, creo que tengo un problema con los baños de este lugar…

-Oh, sí.- Negi revisó con aire distraído el papel que le enviara el director.-Aquí dice que puedes usar el baño de profesores, está junto a las escaleras del final de pasillo. No tiene pérdida.

-Gracias, sensei.

Me encaminé hacia el baño entre numerosas miradas de sorpresa y me relajé descargando un nutrido chorro contra el orinal. Era evidente que antes de que terminara el día toda la academia sabría que había un chico en la escuela femenina. Y no sabía si eso me haría el hazmerreír o sólo sería perseguido tanto por histéricas temerosas de ser atacadas por un pervertido como por calenturientos envidiosos del chico que se la pasaba rodeado de mujeres. Terminaba de secarme las manos cuando la puerta se abrió violentamente y un profesor entró con prisa y se encaminó hacia mí.

-¡TU! ¿QUÉ COÑO HACES AQUÍ?

-¿Yo? Pues estudio aquí…

-¿Tú? Esta es la escuela femenina, graciosillo. Podríamos meterte en la correccional por esta jugarreta.

-¡Pero si es en serio!

-¡TE VIENES CONMIGO A LA OFICINA DEL DIRECTOR O LLAMO A LA POLICÍA!

-Ya cálmese, Morita-sensei.

Un segundo sujeto entró al sitio. Alto, de cabellos claros y una delgada barba, con anteojos delgados cubriendo una mirada cansada para los veintimuchos que aparentaba. Espera, este sujeto se me hace familiar…

-Takahata-sensei.-Dijo Morita irritado.-Las chicas de 2-D me dijeron que había un muchacho rondando por el edificio. Aquí tengo al pervertido…

-No es ningún pervertido, profesor.-Takahata se acercó y me miró con curiosidad.-Tú eres el chico que el director acaba de admitir en el internado femenino ¿No? ¿Cuál es tu nombre?

-Roy, Roy Ichihara.-Contesté intentando reconocer al sujeto de lentes. Esa mirada melancólica, esa postura firme al tiempo que relajada, me recordaba a un sujeto con el que luché en la guerra hace veinte años. Pero Bandenburg había muerto. Entonces, el sujeto que estaba defendiéndome era… oh, ¡Oh! El mundo en serio es un pañuelo.

Morita se retiró con una mirada suspicaz y quedé a solas con el otro sujeto.

-Bueno, primero Negi-kun y ahora tú, Roy-Kun. El director está haciendo bastante excentricidades últimamente.-El tipo me extendió la mano con una sonrisa amistosa.-Bueno, mi nombre es Takamichi Takahata…

-¡Takamichi!-Reaccioné sorprendido. El discípulo de Bandenburg había crecido bastante.

-Bueno, acá en Japón no es muy educado llamar a la gente por su primer nombre a secas, jovencito.-Takamichi alzó una ceja.-Pero tienes suerte de que no soy quisquilloso.

Cierto, Takamichi era un preadolescente cuando lo conocí en la guerra, además que en aquellos tiempos mi apariencia era de un adulto joven y no de un quinceañero como ahora. Pensé en revelarle quién era, pero lo desestimé. Me disculpé pobremente y me dirigí al salón. Encontré un pupitre vacío que supuse sería el mío de ahora en adelante. Disfruté unos minutos de paz y tranquilidad, recostándome en la silla y poniendo los pies en la mesa, hasta que escuché los pasos de algunas de mis compañeras. Abrí un ojo para ver que eran tres chicas de aspecto tranquilo y algo intelectual. Supuse que al menos no me atosigarían aunque era obvio que se acercaban a mí.

-¿Roy-san?

La que habló fue la más bajita de las tres. Se suponía que tenía quince años, pero parecía mucho menor por su baja estatura y cuerpo nada desarrollado. Sin embargo, su amplia frente y mirada pasota a juego con su voz desganada hacían ver que quizá era la más avejentada respecto al semblante vivaz de su compañera de lentes o la inocencia tímida de la chica con flequillo que las acompañaba.

-Hola.-Respondí con sequedad.-¿Ustedes son…?

-Me llamo Yue Ayase y estas son Nodoka Miyazaki y Haruna Saotome. Haruna tiene una pregunta para ti.

Miré a la mencionada Haruna. Era la más alta del trío. Cabello oscuro, mirada vivaz bajo unos lentes cuadrados y una delantera respetable para una estudiante de secundaria. La chica se inclinó hacia mí y me examinó con la mirada antes de preguntar con actitud intrigada.

-Pues conversamos con las chicas el porqué te admitieron en nuestra clase, y tengo la teoría de que en realidad eres una chica transexual o una hermafrodita ¿No es verdad?

-¡¿QUÉ MIERDA TE HACE PENSAR ESO?!-Respondí tan estupefacto que no me di cuenta que ni siquiera contesté en Japonés.- ¡SOY HOMBRE Y TENGO TODO BIEN PUESTO!

-¿Qué?-Haruna me miró con evidente extrañeza.

-Está hablando español, Paru.-Contestó Yue sin variar su monótono tono de voz.-Recuerda que Roy-san es extranjero. Dijo que en realidad es un hombre y tiene todo en su sitio.

-Oh, vaya.-Saotome sonrió con picardía.-¿Así que hablas español, eh? ¿Eres europeo?

-Sudamericano.

Me hubieran hecho más preguntas, pero afortunadamente las campanas de regreso a clase volvieron a sonar y prontamente llegaron las demás alumnas, las cuales no alcanzaron a lanzarse sobre mí porque el profesor llegó con rapidez al aula. Tragué saliva, el profesor era Morita, el mismo sujeto que no reaccionó bien ante mi presencia en la escuela.

De pronto una chica ocupó el puesto a mi lado. Era bajita, de cabello largo y rubio, ojos azul claro y semblante europeo de expresión rígida. Por su mohín contrariado supuse que intentar conversar con ella sería inútil, así que me limité a responder las preguntas cuchicheantes que me llegaban de alrededor mientras Morita daba su lección de historia. Repentinamente comenzó a preguntar a la clase sobre la materia, y así fue como tocó el turno de mi silenciosa compañera de puesto.

-Eva-san ¿Qué aprendimos hoy sobre la decadencia de los Tokugawa?

¿Eva? Miré nuevamente la muchacha de pie a mi lado respondiendo con un ligero acento británico. A pesar de su desganada respuesta, su postura de brazos cruzados y mirada esquiva denotaban una actitud irritable. Oh, vamos. No puede ser cierto ¿Acaso todo el mundo está en este sitio?

Una vez que respondió, la chica se sentó, apenas reparando en que la miraba fijamente.

-¿Qué estás mirando?-Dijo ya irritada. Era ese semblante iracundo lo que necesitaba para reconocerla.

-¿Evangeline? ¿Evangeline A.K. McDowell? ¿En serio?

-¿Te conozco?-La rubia alzó una ceja, escéptica ante la posibilidad de conocer de antes al chico nuevo.

Quedé pensativo unos momentos. Evangeline había logrado alcanzar una situación inusual respecto al máximo secreto. Nos conocimos en tiempos de la guerra, a pesar de que ella se mantuvo al margen del conflicto, ya entonces era una leyenda viviente, una vampiresa maestra en hechizos de frío. Eventualmente tuve que enfrentarme a ella en un par de ocasiones, algunas junto al Thousand master. En una de esas ocasiones, ella logró inferir por su cuenta acerca de mi origen. Era de hecho de las pocas personas que sabían acerca de ello sin que me penalizaran. Consideré seguro poder revelarme ante ella.

-Soy yo, Eva.-Por unos instantes mostré mi rostro más adulto que lucía cuando nos conocimos.-¿Me recuerdas ahora?

La chica vampiro abrió los ojos como platos y gritó asombrada.

-¡TÚ! ¡ROY-SAN!

Supongo que era raro para sus compañeras oír a Evangeline gritar de esa manera. Absolutamente toda la clase miró hacia atrás boquiabierta, salvo Morita, que con expresión iracunda clavó su mirada en mí.

-¿Puede explicarnos la causa de sus gritos, Eva-san?-Bramó sin apartar sus ojos de mí.

-Ehhh… no es nada.-La propia vampiro había reparado en lo anormal de la situación. Adoptó nuevamente su postura indiferente y contestó.-No creía recordarlo, pero aparentemente conozco a Roy-San desde antes.

Nuevos murmullos comenzaron a recorrer entre las alumnas, al parecer, gracias a lo dicho por Evangeline (Que al igual que yo, era normalmente poco comunicativa) ahora rumoreaban que éramos amigos de la infancia o algo similar. Contuve una risa que terminó de sacar de quicio a Morita

-¡ICHIHARA!-Bramó con voz notoriamente furiosa.-¡¿Has siquiera prestado atención a la clase?!

Realmente no lo había hecho demasiado. Historia era mi fuerte, por lo que no solía prestar atención a algo que generalmente sabía que era una versión recortada y comprimida de lo que había averiguado por mi cuenta. Pero asentí para evitarme problemas. Con todo, la ira de Morita no se había saciado.

-¿Puedes decirnos entonces Porqué Tokugawa Ieyasu era apodado “la vaca”?

Respuesta fácil, pensé. El tipo usaba piel y cuernos de vacuno en su armadura. Abrí la boca para cerrar la arrogante sonrisa de Morita, pero vi una oportunidad de salir de un ambiente con demasiadas colegialas mirando suspicazmente hacia mí. Por eso contesté la primera estupidez que  se me vino a la cabeza.

-¿Por qué era el general más gordo?

Carcajada general seguida de un golpe en la meza y un ademán a la puerta de parte del único personaje al que la tontería que dije no le hizo gracia.

-Sal de mi clase.

-Pero sensei…

-Largo ¡AHORA!

Farfullé un par de maldiciones y me retiré entre el silencio y las miradas de las chicas. Al salir del salón suspiré aliviado. Gracias a los alaridos de Morita había cumplido con la cuota de aparentar ser un alumno problemático. Miré un quiosco por la ventana y me acerqué a él para comprar un paquete de galletas de coco para luego sentarme en la columnata del pasillo a pensar en que, si personajes como Takamichi y Evangeline estaban en esta escuela, quizá algo más que el pequeño Negi era el motivo por el que me asignaron esta misión.

-¿Qué estás haciendo aquí?

Evangeline estaba con expresión furibunda y cruzada de brazos. Tras ella, una chica de anteojos y largas trenzas empujaba un carrito donde reposaba una especie de robot vestida como estudiante ¿Un robot estudiante? Esta escuela definitivamente está loca.

-¿Coco?-Ofrecí a las chicas.

-No quieren.-Replicó Eva cortante, y añadió a la chica de lentes.-Hakase, lleva a Chachamaru a reparar. La necesito operativa lo antes posible.

Hakase hizo un ademán afirmativo y continuó su camino. Eva y yo quedamos en silencio un minuto o dos.

-“El Evangelio de la oscuridad” “La maga nosferatu” “La emperatriz del helado infierno” Convertida en una colegiala de secundaria.-Dije con ironía.-Eso es de risa.

-¿Qué mierda estás haciendo aquí?

-Toma una galleta.

La vampiro contempló perpleja el paquete y sacó uno con ademán contrariado para sentarse a mi lado.

-No vine por ti si es lo que piensas. De hecho vine por él.

Evangeline me miró sorprendida.

-¿Por el mocoso?

-Por su padre.-Contesté serio.- Vine para encontrar a Nagi Springfield.

======C=O=N=T=I=N=U=A=R=Á===== (*3)

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Notas finales:

Notas posteriores

 

*1-Para dar un contexto general y rápido de la situación de Roy sin spoilers ni del manga original de Negima! Ni de mis propios planes para esta serie: Roy pertenece a OGD, organización que mantiene el orden entre las diferentes dimensiones o universos. Hace veinte años, se le encomendó una misión que involucraba un artefacto con poderes desconocidos pero que se relacionaba con la estabilidad de las dimensiones, misión en la que además se vió involucrado en la guerra del mundo mágico de este universo. En ella conoció al Thousand master,  el padre de Negi, y sus compañeros, así como a cierta pelirroja de relevancia para la historia, viviendo varias aventuras en ese período entre veinte y diez años atrás. Poco antes del final de esta guerra, Roy acabó su misión, dejó el artefacto a cargo de Nagi Springfield y desapareció en una especie de autoexilio en este mismo universo por alrededor de diez años, sólo apareciendo para hacer misiones en su organización. Al parecer, se avecina una crisis relacionada con el artefacto, pero su custodio, Nagi Springfield, desapareció hace diez años, por lo que la actual misión de Roy es encontrarlo a través del hijo de Nagi, el pequeño Negi, sin levantar sospechas en el mundo mágico. Al pertenecer a otro universo, Roy puede acceder a poderes increíbles como el uso de la magia, que sin embargo, no es de la misma naturaleza que la de los magos de este universo, pese a que superficialmente son muy parecidas.

 

*2-Esta información hace referencia a Love Hina, otro manga de Ken Akamatsu, autor de Negima! Y que por conveniencia de estos fanfics, comparten universo. Durante los diez años de exilio de Roy, se supone que pasó tres en la residencia hinata del manga antes mencionado. Durante ese tiempo, vivió con los personajes de esa historia y entabló un romance con la espadachina Motoko Aoyama, la cual le enseñó técnicas de su escuela de kendo Shinmei-ryu. Hace tres años, Roy tuvo que abandonar la residencia por razones ligadas a su condición de OGD.

 

*3- Este capítulo transcurre en una versión alternativa al capítulo 20 ó 21 del manga original. La razón es porque, aunque esta historia ocurre en paralelo y en ocasiones exactamente igual que en la serie original, No quise comenzar en los dos primeros y poco interesantes tomos del manga, y en su lugar quise introducir a Roy dentro del primer arco más o menos serio de la saga.

Vaya, nunca pensé que haría un remake de esta historia, pero es una a la que le tuve mucho cariño en su tiempo, aunque al leerla se notaba lo idiota que era a los catorce años, cuando la comencé a escribir. Ahora quise contarla de nuevo, como dije, porque le tengo cariño, aunque esta vez sin tantas exageraciones ridículas ni con la mentalidad de un mocoso de catorce que se creía mejor que los demás. Puede que el inicio sea algo lento, pero espero que una vez arranque les guste esta historia tanto como a mí el escribirla. Nos vemos en el siguiente capítulo, donde Roy es guiado a través de la escuela para conocer mejor su futuro entorno. No sólo eso. Evangeline tiene algo que hablar con el sujeto de otro universo.Pronto en Fanfic.es.

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