Fanfic Es
Fanfics en español

Flor de Noche. Especiales. por Outlander

[Comentarios - 0]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

Notas del fanfic:

Subiré los especiales a lo largo de la historia, no tan seguidos como los capítulos.

Notas:

Grupo Especial de Operaciones, conocido popularmente como el GEO.

Funciones: Operaciones contraterrorismo, terrorismo urbano, secuestros, crimen organizado, abordajes, asaltos, delincuencia especializada, operaciones de alto riesgo, protección de personalidades.

 

Grupo de Operaciones Especiales de Seguridad, más conocido como el GOES.

Funciones: Operativos Contraterrorismo, secuestro, crimen organizado, delincuencia violenta o especializada, atracos, servicio de protección de diplomáticos

 

El GOES técnicamente depende del GEO y es una unidad que se creó para aquellos casos en los que no es necesaria la actuación de éste.

Especial 1. º. Viaje a San Teodoro, Cerdeña, Italia.

A las ocho de la mañana ya hacía un calor horrible. Sólo había pasado unas pocas horas desde que llegamos a San Teodoro. Íbamos nueve chicas de mi pueblo y dos adultos, uno era el representante de la asociación con la que habíamos hecho el intercambio en julio y el otro representaba al ayuntamiento de Olula. Como siempre me pasaba, esa noche no pude a penas dormir y me acojoné cuando escuché que unos pasos lentos se paraban en la puerta de la tienda de campaña que compartía con mi amiga de toda la vida, Beatriz. Al principio pensé que se trataba de unos coordinadores del intercambio, ya que luego escuché hablar en italiano, pero no sé qué pensar… ¿Y si era algún psicópata que se excita a ver a la gente dormir? Pero hasta que esos pasos no se alejaron, no me quedé tranquila. Después de tantos años, Beatriz y yo nos volvimos  a ver en la primera reunión que tuvimos con Lagarto Negro. Ni Beatriz ni yo pudimos pegar ojo, aunque yo lo intenté pero nada, no pude. Cansada de dar vueltas, decidí levantarme y caminar hacia la verja que separaba el camping de la playa y me quedé mirando al amanecer hasta que me percaté que mi amiga estaba allí.

El lunes por la mañana, estábamos en el Coffe Break cuando lo único que deseaba era que llegase la noche para dormir. La noche anterior habíamos salido y me había acostado a las seis y media. Lo peor de todo es que me había levantado a las ocho de la mañana. Desde que estoy aquí, apenas puedo dormir en condiciones. Echo de menos que Dylan me estreche entre sus brazos cuando, cansados, caemos rendidos en la cama. También, el hecho de dormir en un colchón inflable no es muy cómodo para alguien que está fofisana. Ya sé que no tengo un cuerpo diez pero tampoco puedo declarar que me sobran unos pocos kilos. Estoy fofisana. Tanto mi prima como yo somos de curvas.... Desde la noche anterior, siento la garganta áspera y me duele. Y por lo que me he podido dar cuenta, voy a estar tocada y un poco afónica durante los días que nos quedan. Esa mañana, en el desayuno, nos han dicho que esa noche haríamos la cena intercultural… Pero el grupo que veníamos de Olula no hemos preparado nada, ni si quiera nos habíamos preocupado por ello. Me acerco a mi grupo mientras enciendo el cigarro y escucho que estaban hablando de ello.

-Tenemos que hacer algo. No vamos a ser las únicas que no hacen nada – comenta una de las chicas. Tenía el pelo rizado, con mechas rubias y corto por encima de los hombros. Esa chica se llamaba Eva.

-Pues sí, porque si no quedaremos mal – habla otra que tenía el pelo largo, rubio y rizado. Su nombre era Encarni.

-Pero, ¿qué podemos hacer a estas alturas? El otro grupo de españoles ya han traído embutido. No podemos hacer lo mismo - contestó Beatriz, que era una chica bajita, con el pelo largo, rizado y castaño. También tenía gafas.

-Podemos hacer una sangría como la que hicimos en la cena intercultural en Olula – comentó Juan Luis, el representante de Lagarto Negro y encargado del proyecto que estábamos haciendo.

-Me parece buena idea – intervengo.

-Sí, no tenemos otra cosa – dijo una chica que se llama María del Mar.

-Entonces vamos a comprar esta tarde. Si queréis que os compramos algo, decídnoslo – sentencia Juan Luis.

Esa tarde, mientras que algunos han ido a comprar los ingredientes para la sangría, decido ir la playa y me siento en la arena, más bien me dejo caer. Me había prometido que no volvería a la arena tras unas picaduras, aunque no sé si son de posibles bichos o de los mosquitos que residen en las algas, pero aquí estoy. Contemplando el mar. No me gusta bañarme ni en la playa ni en la piscina pero… de vez en cuando no viene mal y más si el calor es tan insoportable. Aunque me esperaba más calor en Cerdeña. Según me contó Andrea, el chico italiano que se quedó en mi casa, en esta isla italiana hace mucho más calor. Una de dos, o me estoy poniendo mala o yo no encuentro este calor tan asfixiante como el primer día. Vale, lo confieso. Mi manera de soportar el calor tiene dos trucos. Uno, es siempre pillar la sombra y dos, la gorra. El oftalmólogo me dijo que debía procurar que el sol no me diese directamente en el ojo, bueno, en los dos. Al parecer el desprendimiento me los ha dejado sensibles al sol, sobre todo el derecho. Levanto la cabeza para ver mejor la playa, ya que la visera me impide ver bien. Creo que lo mejor que puedo hacer para pasar el tiempo es darme una ducha o sino, luego habrá que hacer cola y como que no me apetece, la verdad.

Tras la ducha que me ha sentado como dios, regreso a nuestra zona en el camping y me siento en el muro donde me froto los brazos. ¡Será posible que tenga frío! Bueno, voy de tirantes finos y pantalón corto pero… aun así es muy raro que tenga frío. Sinceramente, me estoy poniendo mala y no es por la garganta. La consecuencia de salir la noche anterior es que me he quedado ronca. En realidad hay que sumar que tengo el pelo mojado, quizás por eso tengo frío. Para esperar a que todos vengan de la playa o de las duchas, decido levantarme para darme una vuelta por el camping pero entonces me encuentro con Carmen. Ella es la mayor de todo el grupo de olulenses, o cebolleros como nos llaman el pueblo de al lado al mío, y trabaja en la Casa de la Juventud del pueblo. Creo que ronda los treinta y algo, puede que sea hasta mayor que Dylan, no estoy segura… Aun así, puedo asegurar que tiene mucha más marcha que todas nosotras que estamos en los veinte. Si no hubiese sido por ella, ya me hubiera rascado un montón de veces las picaduras de la pierna izquierda, sobretodo la que tengo a la altura del Tendón de Aquiles. Lo peor no es el picotazo sino el hecho de que toda esa zona está demasiada dura como para ser un picotazo de mosquito normal. ¿Puede ser que sea alérgica a los mosquitos italianos?

-¿Qué? ¿Lista para esta noche? – Le preguntó a Carmen con un poco de guasa.

Aunque no lo parezca y sea una fofisana, no suelo cenar mucho y menos si no me entra por los ojos lo que hay. Supongo que la cena de hoy será con algunas cosas típicas de cada país pero no sé si probaré algo. Luego, cuando pongan la comida, veré lo que hago.

-No voy a comer. Yo primero veo y, si luego me gusta algo, lo pruebo pero que no… – me contesta mientras niega con la cabeza. Ella es de las mías.

-Habrá que probarlo… – rió sin poder remediarlo. – Pero, escucha. Que no creo que yo lo haga. Quiero hablar con mi novio y seguro que me pilla todo el tiempo…

-Ya… ay… - mece la cabeza hacia los dados. No puedo evitar reírme más. – Al menos procura estar al principio y luego si quieres desaparecer, desapareces. Por hacer bulto más bien.

Estuve un rato más hablando con ella hasta que llegó el coche con las pizzas. La cena. Pero antes de que podamos comenzar a cenar, incluso a echarnos los ingredientes para darle un poco más de sabor a esas pizzas de plástico, unos hombres con unos pasamontañas puestos llegaron. Uno de ellos hace sonar su fusil con varios disparos al cielo haciendo que todos los que estábamos allí, nos agachemos asustados. En el movimiento de agacharme, mi cena se va al garete. La Ley de Murphy es cierta. La pizza ha caído boca abajo.

-Ahora que tenemos vuestra atención, poneros a un lado todos reunidos y en silencio – habla uno de esos chicos en italiano. – Y nada de avisar a la Policía.

Aunque mi italiano no es muy bueno, les hago una señal a Carmen y a las demás chicas para reunirnos con los chicos polacos, rumanos, búlgaros y con los otros españoles. Todos vimos como esos hombres buscaban en las tiendas en busca de algo de valor. Por suerte, tengo mi móvil y mi dinero conmigo. Muevo la cabeza hacia los lados para contar cuantos son y me sorprende que sean diez hombres. Posiblemente sean jóvenes pero con los pasamontañas no puedo estar segura. Gracias a que Lucas me enseñó cómo debo comportarme si alguna me encontraba en una situación como en la que estoy, no pierdo los nervios como los demás pero sí que estoy asustada. Sé que todos nos vigilan por si marcamos el número de la Policía o avisamos a alguien de lo que está sucediendo porque no paran de mirarnos. Uno de ellos nos manda callar cuando escucha que Samantha, nuestra coordinadora, nos traduce lo que están diciendo. Miro hacia mi tienda y pienso en mi amiga que se había acostado ya que le dolía la cabeza. Como puedo y con bastante disimulo, intento acceder a mi Whatsapp para mandarle un mensaje a Dylan o alguno de los chicos. Miro hacia el móvil con disimulo y escribo el código de comunicación entre los policías que Lucas me obligó a aprenderme cuando estuve en su casa. Según él, me lo hizo aprender por si algún día me encontraba en una situación parecida. Dudo durante unos minutos en si mandarlo o no. Si esos tipos me descubren, pueden dispararme y todavía soy joven para morir. Me percato de que se están empezando a poner nerviosos. En un despiste, aprovecho para mandar el mensaje a Lucas, utilizando un código secreto que inventamos los dos y escondo el móvil para que no lo vean y no se den cuenta de que he avisado a los G.E.O. La noche había caído y habíamos sabido que varios grupos policiales se encontraban en los alrededores. Uno de los de los búlgaros se queja de que necesitaba levantarse porque tenía las piernas dormidas, por lo que todos nos levantamos con cuidado. Nos han separado en cinco grupos; los búlgaros por un lado, los polacos por otro, los rumanos, los españoles y los italianos. Cada grupo es vigilado por varios de los secuaces que nos retienen y que, incluso, nos impiden pestañear.

-A todo esto, ¿dónde está Beatriz? – Pregunta Carmen, una joven morena y con un pearcing en el labio.

-Durmiendo – respondo en un tono bajo para no ser descubierta.

-Se está perdiendo la diversión – ironiza Pablo, un muchacho malagueño moreno y con gafas.

-¡Ese grupo de allí, callaros ya! – Nos grita uno de los hombres en italiano.

-¿Es que la Policía no piensa a hacer nada? Llevamos aquí retenidos mucho tiempo – comenta otra muchacha morena de nombre Marta. – Y no sé vosotros, pero yo tengo hambre.

-Créeme, Marta, cuando te digo que todos tenemos hambre – habla Estela, una chica castaña y, como los otros dos, era malagueña.

Esto no es normal. Sé que ha pasado ya tiempo desde que he avisado a Lucas de lo que está pasando y no hay señal de ellos. Quizás manden a los G.O.E.S. y no vengan ellos. Sino vienen ellos, mi gozo se quedará en un pozo. “Dylan…” pienso en él por duodécima vez, por lo menos, desde que estos italianos nos han tomado como rehenes. Por lo que he podido entender, hay más hombres por todo el camping pero que su objetivo es uno de nosotros. Pero ya no sé si somos alguno de los españoles o de los otros países con los que estamos. El sonido de un disparo al aire hace que todos nos agachemos asustados. El tipo que parecía ser el cabecilla del asalto, se gira hacia nosotros con cara de mala uva y nos pregunta en español para sorpresa de todos:

-¿Quién de vosotros es Sixta Edrea Abades Bisen?

No puedo evitar abrir los ojos al escuchar ese nombre. Ese era mi nombre antes de ser adoptada y tener el nombre de Paula Sixta. Ninguno respondemos. Saber que yo soy su objetivo no es nada agradable. Observo como todos se miran al oír la pregunta. Cierro los ojos, asustada pero mantengo mi entereza y serenidad, aunque en esos momentos lo único que me apetezca es salir corriendo. Menos mal que el grupo con el que he venido, no sabe ni que soy adoptada, ni que ése era mi nombre. Estela, que parece ser la portavoz del grupo español, contesta:

-Aquí no hay nadie con ese nombre.

-¿Me estás llamando mentiroso, troia? – La apuntó con el fusil y con una sonrisa irónica en los labios.

-No, claro que no. Sólo le he respondido a lo que usted nos ha preguntado – dice Estela claramente nerviosa.

-¿Para qué queréis a esa chica? – Preguntó Juan Luis en italiano.

-Porque hay alguien, en España claro, que quiere “conocerla” – ese hombre sonríe de medio lado al ver la cara de perplejidad que seguramente tenemos todos. – Si sois listos, nos diréis quién de vosotras es Sixta Edrea. Os daré diez minutos sino… empiezo a cargarme a gente – nos amenaza.

“¡Dylan!” Pienso nerviosa. Ese hombre me quiere por algo. Seguro que la persona que quiere “conocerme” le ha prometido algo por llevarme. Por un momento, me quedo quieta donde estoy mientras que los demás se han alejado un poco para hablar entre ellos. Cuando reacciono al fin, después de que me llamasen unas cuantas veces, camino hacia el grupo de españoles pero una mano me coge del brazo y me tira hacia la derecha, hacia la oscuridad. Cierro los ojos, asustada, cuando notó que mi brazo choca con algo duro y noto una mano en tapándome la boca. Me sobresalto todavía más. Al ver que esa persona, o al menos pienso que es una persona, no me hace nada y que me está sujetando con el otro brazo por debajo del pecho, abro un ojo y luego el otro para luego encontrarme con un trozo de carne a la altura de la muñeca y donde hay un reloj. Levanto un poco la cabeza y la echo hacia atrás. Me encuentro que alguien me está mirando, tal vez con guasa, e intento averiguar quién es. Pero nada, tras unos segundos mirándolo no sé quién es. Miro hacia el lateral del brazo y abro los ojos al comprobar que lleva el emblema del G.E.O. ¡Han venido! El hombre me hace una señal con cabeza y sin poder negarme, cosa que hago con la cabeza ya que no me quitaba la mano de la boca, me aparta sumergiéndonos en la oscuridad. Ladeo la cabeza para ver a mis compañeras. Caminamos hasta la arboleda donde hacemos las actividades por la mañana, cuando me percato que varios hombres se dirigen hacia donde nos encontrábamos segundos antes. Con una linterna ilumina las escaleras que bajan a la playa. Con su ayuda, bajo las enormes escaleras y cogida a su mano, caminamos por las rocas hasta llegar a la otra playa. Una vez allí, me hace una señal para que no me mueva y desaparece por donde hemos venido. Miro a mi alrededor para contemplar el oscuro paisaje mientras me abrazo a mí misma. De pronto, una mano se posa sobre mi hombro y no puedo evitar pegar un brinco. Al girarme, encuentro a otro agente y, tras que se quitase el casco y el pasamontañas, compruebo que es Dylan. Me muerdo labio inferior antes de lanzarme a su cuello para abrazarlo con fuerza. Mi cuerpo tiembla todavía del miedo producido por los recientes hechos y me aferro todo lo que puedo a él. Siento como me abraza también con fuerza, como si hubiera temido a perderme. No sé cuánto tiempo estamos de esa manera, abrazándonos con fuerza pero me da igual no saberlo. Sin darme cuenta, he comenzado a llorar y, cuando al fin nos separamos unos pocos centímetros, noto como me seca las mejillas con los guantes todavía puestos. Nos besamos con felicidad de vernos pero de nuevo noto como él me aferra a él, a su cuerpo, para sentirme más cerca. Estoy acostumbrada a que él haga eso, y más, desde que nos casamos. Cada vez que se marchaba a trabajar y pasaba días fuera de casa, me besaba de esa manera tan… él. Claro, eso fue antes de saber que era un geo y cuando éramos novios. Como es natural al ser más baja que él, me tengo que poner de puntillas pero, entre las chanclas y la arena, me cuesta un poco, por no decir demasiado.

-Dime que estás bien, por favor – me dice con ambas manos en mis mejillas.

-Lo estoy, osito – le aseguro con una sonrisa y le acaricio la barba con ambas manos. – No sabes lo feliz que estoy de que al fin hayáis venido.

-Es mi trabajo, ¿recuerdas? La liberación de toma de rehenes es una de las funciones del G.E.O.

-Lo sé – le sonrío. No puedo evitar no hacerlo. Me tiene enamorada hasta la médula. - ¿Qué miras?

-Lo hermosa que estás a la luz de la luna – le empujo un poco hacia atrás pero él me sigue tocando los brazos cuando retrocede.

-Mira que eres tonto – me muerdo el labio inferior mientras esbozo una sonrisa.

-Ven – me dice cogiéndome una mano, coge el casco y el pasamontañas del suelo. – Sin miedo, Duendecilla – me dice para luego empezamos a caminar hacia la mitad de la playa, donde me percato que hay una tienda de campaña bastante grande.

-¿Y eso?

-El Comisario Jefe nos ha permitido quedarnos aquí un par de días para vigilaros.

-Vigilarnos… - repito asintiendo un poco.

-Paula, esto no es una toma de rehenes normal – se detiene y me mira serio. – El grupo que se encuentra en el camping es una banda criminal de hombres que son capaces de matar a sus madres por dinero, incluso por placer – en ese momento, me siento como una estúpida y entiendo su seriedad. – La Policía italiana nos han dicho que un jefe de una banda española, ha contactado con esos hombres para que secuestren a un español que se encuentra aquí. Por lógica y deducción, suponemos que debéis ser alguno de los españoles que os encontrabais aquí y ahora – suaviza su mirada mientras entrelaza sus dedos con los míos. – Y no me puedo permitir perderte.

-No es cierto. Permitiste perderme en Madrid, cuando permitiste que me marchara a mi pueblo – bromeo. No me gusta verlo tan serio.

-El peor error que he podido cometer – acerca su rostro al mío mientras habla y me da un beso que me deja sin aliento durante unos segundos. – Como hay involucrados españoles, el G.E.O. tiene la aprobación de permanecer aquí hasta que la banda al completo esté detenida.

-¿Y estará detenida en un par de días? – Preguntó caminando a su lado, con mi mano sobre su antebrazo y sin soltarle de la mano.

-Esperemos que sí, porque entonces no podréis volver hasta que sea así – le miró. ¿Está de broma, verdad?

En silencio llegamos a la puerta de la tienda, aunque las miradas no nos faltan. Una vez allí, me percato que él se vuelve a poner el pinganillo, posteriormente el pasamontañas y me da un beso en la frente con él puesto y no evitar sentir como la piel se me eriza. Mete un brazo en la tienda donde coge un fusil y, tras ponerse el casco, me mira cargando el fusil. ¡Dios que sexy está! Entonces, en ese momento me dice:

-Te puedes quedar aquí si quieres. Volveré cuando todo esté calmado y deje a alguno vigilando.

-Ten cuidado – le digo.

-Lo tendré – me dice.

En sus ojos veo que sonríe aunque por el pasamontañas no lo vea. Lo veo marcharse corriendo y no puedo evitar preocuparme. Creo que debo haberle contado a Dylan que es a mí a quien buscan pero, para eso tendría que explicar y hablarle de ese tema que no me gusta nada tocar. No puedo evitar entristecerme al darme cuenta que, si me hubiera entregado, podría estar en un peligro mayor. ¿Por qué me estarían buscando? Me froto los brazos cuando soy consciente de que empieza a hacer frío y eso que esta mañana hacía un calor insoportable. Me meto en la tienda de campaña y me siento en el colchón a esperar. Miro el macuto que hay debajo del doble techo y rebusco hasta que encuentro lo que quiero. Una camiseta de él. Me quito la chaqueta y me la pongo encima de la camiseta de tirantas y luego me quitó los vaqueros. Me tumbo en el colchón y miro hacia el techo. No sé cuándo habrán montado las tiendas, que al parecer hay más un poco más alejadas, pero al menos me alegro de que hayan venido. Ahora que estoy dentro de la tienda, me percato que la había visto en el Decathlon cuando fui con mis padres a comprar lo que me faltaba para el viaje. Ósea, que por lo menos cabe una familia u ocho personas. Espero que estemos los dos solos. Me pongo de lado, mirando hacia la puerta, me pongo muy nerviosa cuando me doy cuenta del silencio y de la oscura que rodeaba ese pequeño lugar. Dentro hay luz pero lo que me asusta es lo que rodea a la tienda. Como es normal en mí, mi cabeza empieza a imaginarse cosas raras y me siento nerviosa sobre el colchón con las piernas dobladas hacia un lado y apoyo mis manos para mantener el equilibrio. Me giro hacia atrás cuando escucho unos murmullos pasar por detrás de la tienda. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que Dylan se ha marchado pero deseo que vuelva ya…

-Acompañad a la policía italiana para ayudarles con los detenidos – escucho una voz de pronto. Esa voz me suena... – E intentad averiguar a quien querían.

-A la orden, Inspector Arez – se escucha otra voz al lado de la tienda.

¿Inspector Arez? ¡Dylan! Gateo hasta salir completamente de la tienda y me siento sobre mis piernas cuando salgo ya que me encuentro con cuatro hombres hablando en corrillo. Ellos me miran y uno de ellos me ofrece la mano. Me levanto con una sonrisa y me bajo la camiseta para que no se me vea nada. La camiseta me llega por la mitad del muslo pero me encanta dormir con su ropa, además de que me tapa lo justo y necesario. Los cuatro hombres se quitaron sus cascos y los pasamontañas y niego con la cabeza cuando veo la mirada de guasa de Lucas.

-¿No te habré asustado antes? – Me pregunta Lucas con guasa.

-Nooo… que va – ironizo cruzándome de brazos por debajo del pecho. – Espera, ¿eras tú quien me ha sacado de ahí? – Pregunto con sorpresa.

-Pues claro que sí. El nenaza me ha amenazado que, como no te sacase de ahí, me iba a cortar mis partes viriles – miro a Dylan que también le estaba mirando con una ceja levantada. – Nah, es broma. Sólo me iba dejar estéril y eso no lo puedo permitir.

-Qué pena… – le digo apretando los labios. - ¿No se supone que debéis mantener el anonimato y esas cosas?

-Bueno, tú sabes a lo que nos dedicamos – responde Carlos cruzándose los brazos. – Además, todos fuimos a vuestra boda. Así que los conoces a todos.

-Entonces, ¿seré la única que sabrá quiénes sois? Mola…

-Contando que debemos protegeros hasta que esa banda sea detenida… Sí – habla Damián. A él le gusta Carlota pero el pobre no es correspondido de la forma que le gustaría.

-Por ahora será un par de días sino… - Lucas se puso las manos sobre el cinturón.

-Lo sé, Dylan me lo ha dicho ya – miro a mi marido y sonrío.

-Paula, escúchame. Aunque hemos hablado con los organizadores de tu intercambio te lo digo a ti – me dice Carlos sonriendo un poco de lado. – Habrá cuatro hombres con vosotros en todo momento, ¿de acuerdo? El resto estaremos intentando pillar a la banda al completo. Así podréis regresar el día que lo tenéis programado – me cuenta él y asiento con la cabeza. – Ah, otra cosa. Raquel me he dicho que te diga que el álbum de vuestra boda estará listo para cuando llegues a España.

-De acuerdo a ambas cosas – me pongo la mano sobre la boca y bostezo. Vaya, ya me está dando el sueño…

-Será mejor que nos marchemos a dormir. Ha sido un día largo – comenta Dylan mientras que yo sigo bostezando.

-Uy, parece ser que alguien ha trasnochado – comenta Lucas riéndose.

-Di más bien, que alguien sólo ha dormido dos horas… bueno, no. Dos horas no. Una hora y media – encojo los hombros cuando noto las miradas de sorpresa de los cuatro. – Salimos anoche y… bueno, ya nos quedamos a ver el amanecer.

Me despido de los amigos de mi marido, y también míos, y Dylan y yo nos metemos en su tienda de campaña. Sé que debería estar en el camping pero esa noche necesito que él me abrace si quiero descansar algo. Pongo el despertador a las ocho y lo dejo al lado del colchón. Dylan cierra las dos cremalleras de la tienda y se cambia de ropa. Después se tumba a mi lado y echa una manta por encima de ambo. Sé que esto está mal pero no deseo dormir sola… y con sola me refiero en la tienda de campaña del camping donde Beatriz y yo apenas dormimos a gusto. Mientras que Dylan nos tapa con la manta, yo me acurruco contra su pecho como si fuese un bebé y levanto la cabeza cuando noto que me abraza con sus brazos. Me da un beso en la frente. Noto como me voy quedando dormida entre sus brazos…

A la mañana siguiente, cuando despierto, él ya no está a mi lado. ¿Cómo es posible que se pueda levantar temprano tan fácilmente? Suspiro ya que me hubiera gustado darle un beso de buenos días pero me parece a mí que eso no va a pasar. Con una pereza supresa por las horas, me pongo mi ropa y salgo de tienda, la cual cierro para que nadie tenga la tentación de entrar. Me rasco un ojo y creo ver a alguien de negro mirándome o mirando hacia donde yo estoy. Pobre, no sabe lo que le espera vestido con eso. Cuando consigo desperezarme tras varios bostezos y estiramientos con los brazos, me pongo en camino para volver al camping. Tardo unos diez minutos en llegar ya que voy medio dormida, aunque la verdad es que no tengo ninguna prisa en llegar. Miro hacia atrás, intentando no tropezarme con alguna roca para no estrellarme contra el suelo y me percato que el geo me sigue a una distancia prudente. Al llegar a las tiendas, me doy cuenta que todos están desayunando pero las chicas de mi pueblo me miran sorprendidas al verme aparecer. Pongo la excusa que había salido a caminar temprano porque no podía dormir tras lo ocurrido anoche. Carmen y yo vamos juntas al baño para despertarnos un poco más y, cuando regresamos, me fijo que hay más hombres de los que Carlos me había dicho que se quedarían con nosotros. Al menos dos más. ¿Tanto peligro corríamos? O mejor dicho, ¿corría?

Todavía le estoy dando vueltas a que es a mí a quien querían pero no encuentro el sentido. Sólo soy una chica normal, que le gusta escribir y que sus gustos musicales no son como la mayoría de la gente a la que conoce. Durante toda la mañana estoy en las nubes y apenas me centro en las actividades. Además de eso, tengo un horrible picor en la pierna izquierda debido a los picotazos de los mosquitos. En el Coffe Break, cuatro personas vamos a San Teodoro, al pueblo, a una farmacia a por algo para el picotazo de la parte de atrás de la pierna. No estoy segura si Dylan y los demás son los que están haciendo guardia pero, es ir o morirme del picor y del dolor que siento en la parte de atrás. Llevo con el picotazo así desde que el sábado y estamos en martes. Hoy me he percatado que no puedo doblar bien la pierna gracias a mis “amiguitos” los señores mosquitos. Al volver ellos están haciendo otro juego en conjunto y nos separan en los grupos que ya están hechos. Sara, una muchacha morena y malagueña, habla con las otras dos chicas en inglés y Carmen y yo nos sentimos un poco incómodas porque nuestro inglés no es muy bueno. Mi nivel es de instituto y hace muchos años que no lo he dado. Lo mío es más el japonés o el italiano. Aun así, intentan que yo me entere de lo que tengo que decir o hacer.  En un momento dado, regreso a mi tienda y bebo algo de agua. Detrás de donde duermo, me encuentro con dos Geos que están hablando entre ellos y no puedo evitar pensar en Dylan. A decir verdad hoy tendríamos que haber ido a hacer esnórquel pero al parecer que, tras lo sucedido, no habrá. Aunque no lo sé porque no estaba cuando hablaban de ello. Giro la cabeza cuando noto que alguien me toca el trasero y niego con la cabeza al ver que se trata de mi amiga Beatriz. No me creo la energía que tiene, no obstante lo entiendo. Se acostó temprano y no se enteró de nada. Seguro que ha dormido como dios ella  sola en la tienda.

-Esta noche no has dormido en la tienda. ¿Te encuentras bien? – Me pregunta Beatriz antes de beber agua.

-Sí, lo estoy. Es que anoche fue movidito y luego no pude dormir del todo bien – comento agachándome y entro en la tienda para buscar algo. – Menos mal que no estabas despierta. Ni si quiera cenamos.

-Ya me lo han contado – salgo y todavía sigue a mi lado. - ¿De verdad buscaban a alguien?

-Eso parece pero vamos, no lo encontraron.

-Ya veo… Bueno, mira el lado positivo. No hay nada que lamentar – caminamos hacia nuestros grupos. – Lo que no entiendo es por qué esos policías están aquí.

-¿Cómo sabes que son policías?

-Bueno, aparte de que en el chaleco pone POLICÍA… me lo han dicho cuando les he preguntado.

-Al parecer todavía corremos peligro, al menos los españoles, así que están aquí para que no vuelvan a intentar tomarnos como rehenes – contesto sin darme cuenta de la mirada de mi amiga.

-Dirás que es esa chica, la que buscan, quien corre peligro – comenta ella haciendo que la mire. - ¿Qué…? Escuché un poco de lo que pasaba. Me despertó el aquel tiro que dieron.

Por mi culpa todos corren peligro. El resto de la mañana permanezco callada y sólo hablo cuando debo hacerlo. El sentimiento de culpa me corroe y encima me duele el ojo derecho. Todavía tengo sangre en el ojo, para mi desgracia y temo que tenga otro desprendimiento de retina. No es agradable no ver… Cuando nos dan el descanso para comer, se me acerca uno de los agentes y me dice que todos quieren que coma con ellos. Acepto de inmediato. Con disimulo, me dirijo hacia la playa donde se encuentran las tiendas de campaña de los Geos. Como siempre, intento no matarme con las rocas que hay en la orilla de la playa y camino hasta encontrarme con Carlos, que sale de su tienda con el bañador y sin camiseta, dejando ver un abdomen trabajado. No me extraña que Raquel se casara con él tan joven. Carlos tiene un buen cuerpo pero nada que envidiar al de mi Dylan. Me acerco a él y me pregunta mientras se pone una camiseta de manga sisa:

-Me han dicho los chicos que te has ido a algún lado esta mañana. ¿Te encuentras bien?

-Sí, a comprarme una crema para la picadura – respondo. Si no hubiera sido por él y por Rachel no hubiese ido julio a Sigüenza y no me hubiera casado con Dylan. – No ha sido nada – sonrió.

-De acuerdo, pero ya sabes que puedes contar con los chicos si necesitas alguna cosa. Sólo debes decírselo o decírnoslo, ¿de acuerdo? – Asiento. Lo sé o al menos con Carlos, Lucas y Damián puedo contar. – O sino el nenaza se preocupará demasiado y cuando se enfada…

-Es un pajarito – bromeo y ambos rompemos a reír.

Estamos ahí parados durante unos minutos más hasta que se nos une Damián y Lucas. El Dúo Sacapuntas. Sonrío al escuchar las ocurrencias que tienen y no me puedo contener a reírme al oírlos. Una vez que se reúne Dylan con nosotros, que se estaba cambiando tras haber estado todo el día con la Policía italiana, nos dirigimos al bar que hay un poco más lejos de las tiendas. No tenía ni idea que ese local estuviese allí. A los pocos minutos de sentarnos, se agregan los demás agentes vestidos de paisanos. Saludo a Jandro Velázquez. A él le hice un interrogatorio mientras me acompañaba al baño cuando fui con Rachel a una exhibición del G.E.O. en la Base de Guadalajara. Desde entonces, nos llevamos bien. Es un chico bastante majo. Lástima que tenga novio. Durante la comida, me sumerjo en mis pensamientos y en mis miedos. Sé que no me ocurrirá nada mientras que esa banda italiana no sepa que la chica a la que buscan soy yo pero no puedo evitar pensar en el daño que puedo causar si lo averiguan. Más de una vez tienen que llamar mi atención pero les sonrió y les digo que todo está bien. Les comento lo que teníamos que hacer ese día y más de uno se queja porque se había cancelado, ya que más de uno quería ver a italianas en bañador. Por debajo de la mesa, noto los dedos de Dylan acariciando mi mano y le miro. Les agradezco que ninguno me pregunte cómo estoy después de lo de anoche, porque realmente no sabría que responder.

A la tres de la tarde, tengo que regresar rápido al camping porque comenzamos con las actividades. Me despido de los hombres con la mano y me marcho por donde había venido. Creo que Dylan se ha dado cuenta de que algo me pasa. Se lo he notado cuando le ha dicho adiós. Tan ensimismada estoy pensando en mis pensamientos que, cuando noto una mano cogiéndome el brazo, no puedo evitar pegar un brinco. Me giro para ver quién es y sonrío un poco al ver a Dylan. Me acerca a él y nos besamos. Cuando me separo de él, me siento culpable por mentirle. Si realmente estoy en peligro, él también lo está por estar conmigo. Me separo de él y veo como arquea la ceja. No está acostumbrado a verme decaída. Lo sé, se lo noto en la mirada. Noto su pulgar sobre mi mejilla, que me la acaricia, pero yo aparto la cara. La verdad, estando a punto de hacer lo que voy a hacer prefiero que no me toque. Doy unos pasos hacia atrás y le miro a la cara. Noto el desconcierto en su cara. Es la primera vez que le aparto la cara.

-Dylan… yo… lo siento pero… - me detengo. No puedo hacerlo.

Me tiro a su cuello y lo abrazo con todas mis fuerzas. Sé que es egoísta esto que estoy haciendo pero no quiero dejar que otra lo tenga. Noto como me abraza titubeante pero acaba por abrazándome fuerte. Creo que se ha dado cuenta de lo que iba a hacer. Iba a dejar a la persona que más amo en este mundo aparte de mi familia. Me pone la mano sobre su mi nuca, por encima del cabello y esconde el rostro en mi hombro. Seguro que muchas personas nos están mirando pero me da igual. Le quiero demasiado como para dejarlo. Nos separamos y ahora sí que me marcho porque si no llegaré tarde. Me giro y comienzo a caminar pero me detengo de golpe. Me doy media vuelta y le beso tirando de su camiseta para agacharlo un poco. Al separarme de él, le sonrío.

-Te quiero muchísimo, osito – le digo tras besarle de nuevo y marcharme de sino, acabaré llevándomelo a su tienda de campaña.

Notas finales:

Espero que os guste.

Outlander >'<

 

Este especial ocurre entre los capítulos 5 y 6.

Usted debe login (registrarse) para comentar.