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Serial-Hettie por Candy-Uchiha

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Notas del fanfic:

Esta historia no me pertenece, es de la autora Kelly Oram y por supuesto los personajes de Naruto tampoco. Yo solo transcribo para que disfruten de esta maravillosa historia asi que espero que la disfruten mucho.

Notas:

Esta historia no me pertenece, es de la autora Kelly Oram y por supuesto los personajes de Naruto tampoco. Yo solo transcribo para que disfruten de esta maravillosa historia.

1


Este iba a ser el verano más largo de mi vida. Estar privada de mis tres mejores amigos, Jesse, Josh y Jack —mejor conocidos como los Jotas— era peor de lo que había imaginado que sería. Sólo ha sido una semana y ya me estoy volviendo loca por el aburrimiento del verano. Si no fuera por el chico nuevo al otro lado de la calle ya estaría en un cuarto con paredes acolchadas.


El chico nuevo y su mamá se mudaron un día después de que los Jotas se fueron a un campamento de hockey por el verano. Ni siquiera voy a comenzar con lo injusto que es que no pude ir con ellos, sólo por el hecho de que soy una estúpida chica —un hecho que según mi hermana mayor es discutible— porque sólo me hará golpear algo.


De todos modos, los Jotas se fueron para convertirse en prospectos de la Liga Nacional de Hockey, y sólo cuando estuve segura de que iba a morir literalmente sin ellos, un camión de mudanzas se detuvo en frente de la casa al otro lado de la calle.

Naturalmente tenía curiosidad, así que me senté en mi habitación, con una taza de helado y Weezer sonando ruidosamente a través de mi ventana, y miré como transportaban sus cosas dentro de la casa.


Después de unos minutos, metí una cucharada en mi boca y olvidé sacarla hasta que sentí que se me congeló el cerebro. Esto no era porque soy una idiota y no sé cómo comer helado. Fue porque un BMW, entre todas las cosas, se detuvo junto a la acera de la casa.


Claro que he visto buenos autos antes, y ni siquiera era sobre el hecho de que vivo en el tipo de vecindario donde la gente sólo maneja minivans, ¿pero un BMW? Eso es alemán o algo así. Si te vas a mudar a Detroit —bueno, Canton, que sólo es un suburbio en Detroit, pero aun así— lo menos que puedes hacer es tener la decencia de manejar uno americano.


Esperé para ver qué tipo de personas tendrían el coraje de viajar en un auto extranjero, y la mujer que salió detrás del volante encajaba perfectamente en el estereotipo que tenía en mente. Era súper delgada, lo cual, sin ser grosera con muchas de las mamás de mi calle, era algo a lo que no acostumbrábamos a ver por aquí.

Tenía cabello negro muy brillante, del tipo que ves en los comerciales de champú. Su ropa era probablemente de diseñador, no que yo realmente supiera de eso, y algo le colgaba de la oreja, lo que decidí que era uno de esos accesorios de teléfonos móviles que la gente usa en las películas.

De hecho, ella lucía como alguien que ves en las películas. Luego, él salió del auto y sentí que había muerto e ido a The OC1. Tenía cabello negro oscuro, enmarañado, tan desordenado como el de los chicos con los que juego hockey, excepto que parece que ese estilo lo tenía a propósito. Le caía sobre los ojos, haciéndolo lucir misterioso, y era muy alto. Definitivamente alto como los jugadores de baloncesto universitarios, no que me pareciera del tipo que practica deportes organizados. Y que sea alto es bueno, porque mido cerca de un metro con cincuenta centímetros.


No es que esté planeando nuestra boda o algo así, es sólo por decir. Se veía un poco flaco, pero podías ver la definición debajo de su ajustada camisa polo. Eso le daba la apariencia de un modelo de Abercrombie & Fitch, convirtiéndolo oficialmente en el chico más sexy que he visto jamás. Tan sexy, que podía sentir cómo me sonrojaba a pesar de que se encontraba al otro lado de la calle y no tenía ni idea de que lo miraba.


Y eso fue lo que hice por el resto de la semana. Mirarlo. Me había obsesionado sobre el hecho de espiarlo durante la última semana, ya que era mi única forma de entretenimiento. Bueno, era el entretenimiento más excitante de todas formas. Tenía mi X-box para hacerme compañía, pero ni siquiera Grand Theft Auto podía compararse con el Sr. Abercrombie ejercitándose en su garaje.


Los ejercicios comenzaron la mañana siguiente después de haberse mudado. Cada mañana cerca de las nueve en punto ejercita hasta sudar. La mitad de los días hizo un extenso entrenamiento de cardio, con una cuerda de saltar, entre todas las cosas, y luego le dio una paliza a un saco de boxeo. Eso es muy divertido de ver, pero admitiré que me gustaban más los días en los que levantaba pesas. Él tenía una de esas máquinas de pesas que te permiten trabajar diferentes partes de tu cuerpo, así que después de que ejercitara sus muslos y glúteos, se trasladaba a mi parte favorita, la parte superior de su cuerpo.


Yo como que tenía una vista perfecta, también. La ventana de mi habitación está directamente enfrente de la ventana de su habitación, la cual está sobre su garaje. Así que después de su entrenamiento,usualmente puedo echarle un vistazo quitándose su camiseta sin mangas mientras se dirige hacia el baño para ducharse.

Los mejores diez segundos de mi día. Sólo hoy fue en realidad más como un minuto entero, porque se detuvo a mirar por la ventana mientras tomaba un trago de su botella de agua.


Estaba completamente fascinada por lo sexy que es, y no pensé en esconderme de su vista hasta que nuestros ojos se encontraron. Me asusté y rápidamente me agaché fuera de su vista con la esperanza de que estuviéramos lo suficientemente lejos uno del otro, de que tal vez no me
vio. Tal vez sólo pensé que me había visto.


Esperé un minuto y luego di un vistazo de nuevo para ver si se había ido, pero seguía de pie ahí. No sólo eso, parecía que me esperaba —como si supiera que yo miraría de nuevo. ¿A este punto qué podía hacer, esconderme de nuevo? No lo creo. Ya me había pillado.


En un intento por salvar mi dignidad, y con la esperanza de hacerle creer que acabo de notarlo y no que en realidad lo miraba, levanté mi mano y lo saludé. No me saludó, pero detrás de la intensa mirada que me daba, las esquinas de su boca se curvaron en una media sonrisa. No pude evitar pensar, ¿Se está riendo de mí?


—¿A quién estás saludando? —Una voz estridente habló detrás de mí.


Ino. La temida hermana mayor. Sólo su nombre me hace estremecer. Es sólo un año mayor que yo, pero es suficiente para hacerle pensar que es mejor que yo en todas las formas posibles. La odio porque es muy bonita y usa muchas enaguas y esas cosas, y me odia porque básicamente soy lo opuesto —pálida, flaca, pelirosa, más alta que la mitad de los chicos en la escuela y podía vencer a cualquiera de ellos en el hockey.


Ino irrumpió en mi cuarto tan inesperadamente que salté muy alto al sonido de su voz. —¿Qué? —grité mientras me daba vuelta para mirarla.


—¿Por qué te sonrojas? —exige al momento en que ve mi rostro.


—No me sonrojo. Sólo… Hace calor aquí. ¿Qué quieres?

Me mira con sospecha por un momento y luego pone las piezas juntas. —¡Oh, Dios mío! —gritó—. Veías al chico nuevo entrenar, ¿verdad? —Me empujó fuera de su camino para echarle un vistazo a la ventana al otro lado de la calle, la cual ahora se hallaba vacía, y añadió—: ¿Ya me perdí cuando se quitaba la camiseta?


Es bueno saber que lo de acechar viene de familia. Iba a negarlo y hacerme la tonta, pero aún me sentía tan aturdida de que él me había pillado que solté un “sip” antes de poder detenerme.


Ino suspiró con pesar, pero luego se alejó de mi ventana y volvió sus ojos malignos hacia mí. —Bueno, bueno, bueno, ¿está Sakura Haruni finalmente enamorada de un chico? Ya era hora.


—¿Qué? Yo no...


—No hay nada de que avergonzarse, Saku. —Ino rodó sus ojos altiempo que me interrumpía—. Es totalmente hermoso y tienes casi dieciséis años. Comenzaba a preocuparme de que nunca te dieras cuenta para qué son los chicos.


Ya había tenido suficientes bochornos por un día con todo lo de haber sido pillada espiando y eso. No necesitaba que Ino lo empeorara con algún tipo de discurso de bienvenida a la feminidad.


—¿Qué estás haciendo en mi cuarto? —le grité.


—Dios, sólo buscaba mis prensas negras.


—Luzco como alguien que usaría prensas para el cabello.


—Deberías. De hecho, tienes muy bonito cabello si lo cepillaras de vez en cuando.


No pude evitar tomar mi cola de caballo a la defensiva. —Yo lo cepillo.


Cuando Ino vio mi ceño fruncido, me estudió por un momento y luego suspiró.

—No puedo creer que vaya a decir esto pero, por qué no vamos de compras hoy y te compramos una falda y un traje de baño y puedes venir conmigo al lago mañana.


—¿Disculpa? —Nunca en mis quince años y once meses de existencia había escuchado una frase como esa salir de la boca de Ino.


—Escucha. Sé que extrañas a esos perdedores amigos tuyos, pero tal vez que se hayan ido sea algo bueno. —Me sorprendí porque realmente se escuchaba sincera. Bueno, sincera para ser ella—. Si me prometes no ser tan… tú. —Ahí va la sinceridad—. Te dejaré salir con mis amigos y conmigo. Con los Jotas fuera del camino, podríamos tener una oportunidad decente de convertirte en una chica este verano.


No podía creer lo que escuchaba. ¿Se había vuelto Ino loca? ¿No era yo la única que se volvía loca con las vacaciones de verano? Bueno el infierno tendría que congelarse antes de que yo aceptara un cambio de imagen, y considerando que estaba como a cien grados afuera, empujé a Ino hacia el pasillo y cerré la puerta de mi habitación gritando.

—: ¡No tengo tus estúpidas prensas!


—¡Fenómeno! —gritó Ino a través de la puerta. Supongo que se molestó porque no la dejaría jugar conmigo como si fuera su Barbie.


Bueno, ¡como sea! Sólo porque todos mis amigos son chicos, y me gusta jugar hockey, y que nunca antes me han besado, no significa que no sea una chica. Y para que conste, no estaba enamorada del chico nuevo.


Sólo pensaba que era realmente sexy. Pero incluso si lo estuviera, no sería la primera vez. Me he enamorado de chicos antes. Ninguno de los Jotas por supuesto, pero el año pasado me gustaba mucho mi compañero de biología, Kiba Inozula. No funcionó muy bien después de que disecábamos ranas y mencioné que me decepcionó que no hubiera sangre.


Pero aun así.


Sintiéndome lista para golpear algo, que básicamente es como me siento cada vez que tengo que interactuar con Ino, le subo el volumen a My Chemical Romance y salgo por la ventana hacia el techo del garaje donde me gusta ir cuando necesito espacio. Supuse que ahí era donde pasaría el resto del día porque mi vida era así de emocionante.


De hecho, no me quedé en el techo por mucho tiempo, porque la Sra. Sarutobi se detuvo frente a mi casa. —Saku, cariño —me dijo a través de la ventanilla abierta—, ¿estás libre para cuidar a Azuma esta noche?


—Claro Sra. Sarutobi. ¿A qué hora me necesita?


—¿A las seis en punto está bien?


—Debería estar bien.


—¡Gracias Saku! —Comenzó a manejar, pero luego se detuvo de nuevo—. Oh, ¿y Saku?


—¿Sí, Sra. S?


—Si ves a Bruno, ¿te importaría quedarte con él hasta que pueda recogerlo?


—¿Se escapó? —No pude evitar la sorpresa en mi voz. No es como si Bruno fuera un pequeño Chihuahua que podría escapar a través de un agujero que cavó por debajo de la cerca. Es un bóxer de treinta y dos kilos.

Nunca lastimaría a una mosca, pero igual no es el tipo de perro que te gustaría que anduviera por el vecindario por sí mismo.


—Azuma olvidó cerrar la puerta después de que sacó la basura a la acera esta mañana.


Me reí porque justo así era el Sr. Sarutobi. El hombre que olvidaría sus zapatos por las mañanas si la Sra. Sarutobi no estuviera allí. —¿Quiere que la ayude a buscarlo?


Los ojos de la Sra. Sarutobi se iluminaron ante la oferta. —Oh, ¿lo harías?


—Claro. Déjeme ponerme mis patines y daré un par de vueltas a través de la zona verde por usted.


—Oh, Saku. —La Sra. Sarutibo suspira en alivio—. ¿Que haría sin ti?


Mejor dicho, ¿qué haría yo sin los Sarutobi? Estoy ahorrando para comprar un auto tan pronto como obtenga mi licencia de conducir, y los Sarutobi añaden a mi ahorro para el auto más de lo que cualquier otra familia en el vecindario. Pagan muy bien y sólo tienen un hijo —un bebé que estará en la cama a las siete y media. Además, siempre tienen la despensa abastecida, y tienen todos los canales de películas. Es casi un crimen tomar su dinero.


—Nos vemos en un rato Sra. Sarutobi —dije con una enorme sonrisa amistosa.


No es que buscar a Bruno sea muy emocionante, pero me sentía más que feliz de deslizarme en mis patines y salir a patinar un rato. He estado demasiado tiempo en la casa durante esta semana y podría hacer un poco de ejercicio. Así que, la Sra. Sarutobi continuó manejando por la calle llamando a su perro, y yo fui en otra dirección hacia la zona verde como había prometido.


Vivo en una subdivisión llamada Brookhurst. No me refiero a uno de esos nuevos “proyectos urbanísticos” donde tienes que poner una planta en una maceta o una bandera junto al buzón de correo sólo para que puedas decir cuál casa es la tuya. Estoy hablando de un vecindario real. El tipo de lugar donde puede haber una casa aquí y allá con necesidad de una mano de pintura, pero los árboles son lo suficientemente maduros para producir sombra. A la gente de bienes raíces le gusta utilizar el término “naturaleza”.


Es el tipo de lugar en el que todos conocen a todos y por alguna razón, una vez que te mudas te quedas hasta que mueres. Que es exactamente lo que hace excitante que el nuevo chico se mudara, y también el por qué no podía dejar de pensar en él mientras rodaba alrededor del vecindario.


Fui por todos los caminos de todo el vecindario pero no vi ningún rastro de Bruno. Ya que Michigan es tan caluroso y lo suficientemente húmedo como para ser confundido con un bosque tropical en verano, sólo di una vuelta y luego lo di por terminado. Llegué a mi casa y me quité el casco para limpiar el sudor que se había acumulado debajo de él.


A penas tiraba el casco en el césped cuando escuché el sonido de fuertes patas viniendo hacia mí. Bruno no sólo me ama porque lo alimento con comida chatarra algunas veces mientras estoy de niñera, si no que se veía particularmente emocionado de momento por su libertad actual. Vino corriendo hacia mí a toda velocidad.


—¡Bruno, no! ¡Sentado! ¡Perro malo! —le grité cuando me di cuenta de que no se iba a detener. Pero era demasiado tarde, Bruno saltó y me tiró justo fuera de mis patines.


Todo pasó tan rápido. Me estrellé contra la acera muy fuerte, y por un segundo, todo quedó totalmente negro. Cuando reacciono hay un zumbido en mis oídos, y siento como que voy a vomitar en cualquier momento.


Luego, justo como sospeché que pasaría, una lengua gigante atacó mi rostro. Bruno sólo tuvo la oportunidad de darme una buena lamida antes de que aullara y cayera muerto a mi lado. Fue entonces cuando levanté la mirada para ver al chico nuevo mirándome fijamente con los ojos más intensos que jamás había visto. Y,miren esto. Él tenía en la mano un arma de electrochoque.

—Hola, Saku —dijo con una fuerte y profunda voz—. Es un placer conocerte.


Bueno por supuesto que grité. El psicópata acaba de matar al perro de los Sarutobi. Grité tan fuerte que los Jotas probablemente me escucharon hasta el final del campamento. Luego intenté con todo mi esfuerzo empujar al chico nuevo lejos de mí, pero era demasiado fuerte.


Debí haberme asustado demasiado de que un chico tan sexy estuviera tocándome, pero, ¡estaba demasiado ocupada asustándome de que un chico tan sexy me estuviera tocando! Sujetándome contra el suelo, en realidad.


—Tranquila, Saku —me ordenó el chico nuevo y luego hizo la cosa más extraña de todas. Se quitó su camisa.


No era que yo no apreciara lo que había debajo de su camisa, pero grité de nuevo. Bueno, ¿que se suponía que hiciera? ¿El chico sale de la nada, mata a un perro, me sujeta contra el suelo, y se quita su camisa? Oh sí, y sabe mi nombre. ¿Cómo sabe mi nombre?


No fue hasta que arrugó su camisa y la puso contra la parte trasera de mi cabeza que me di cuenta de que tal vez él no me atacaba. Una vez que entendí esto, finalmente, me di cuenta de cuánto dolor sentía. Había un martilleo en mi cabeza que nunca antes había sentido, y parecía coincidir con el ritmo de los latidos de mi corazón. El pum, pum, pum resonaba en mis oídos y hacía que mi cerebro quisiera explotar, pero pronto fue sobrepasado por un sonido mucho peor. Uno que desafortunadamente era demasiado familiar, y que hacía que me doliera la cabeza incluso cuando no sólo me la había golpeado en la acera.


—¡Sakura! ¿Por qué diablos gritas? ¡Estoy al teléfono! —decía Ino hasta que llegó a la acera y vio lo que ocurría. El grito que siguió fue por la sangre coagulada.


—No te preocupes, estará bien, pero va a necesitar unas puntadas.


Me sorprendí porque la voz se escuchaba muy cerca de mí. Es como si hubiera olvidado que el chico nuevo seguía ahí, y cuando levanté la mirada me sorprendí al ver su rostro sólo a unos centímetros del mío. Son negros, pensé cuando pude ver bien sus ojos. Había pasado toda la semana peguntándome de que color serían.

Era difícil de decir desde mi ventana. Profundos, oscuros, negros como la noche. Hermosos, justo como el resto de él. Me miró de pronto con la misma sonrisa divertida que me había dado desde la ventana de su habitación, lo que pensé que era extraño. Pero tal vez lo miraba bizca ya que levantó un dedo frente a mí y lentamente lo movió de un lado al otro. El movimiento me provocó nauseas.


—Podría tener una conmoción también —dijo, aun sonriéndome. ¿Es una conmoción algo gracioso?—. Deberíamos llevarla al hospital. ¿Están tus padres en casa?


—Los dos están en el trabajo —dijo Ino con voz frenética.


Ella vino corriendo a mi lado como si estuviera completamente asustada, pero noté la forma en la que puso su mano sobre el antebrazo del chico nuevo pretendiendo que se preocupaba por mi bienestar. Sonreí al ver sus dedos aferrados a su piel. Muy evidente, ¿Ino?


Ino de pronto me miraba por alguna razón, y el chico nuevo se rió. Era muy irritante porque la situación era cualquier cosa menos graciosa. Le habría dicho dónde podía meterse esa risa suya, pero comencé a ver estos grandes y oscuros puntos flotando alrededor de mí, y como que olvidé que me había enojado.


Además, él no cayó en las técnicas de CosmoGIRL! de Ino para atraer su atención. Miró hacia la mano en su brazo e inmediatamente la quitó. Con eso se ganó un par de puntos a favor conmigo hasta que tomó su mano y la colocó sobre la camisa que él presionaba contra mi cabeza.

—Sostén esto —le indicó y luego se levantó para dejar a mi hermana cuidando de mí.


Le iba a explicar que tan tonto era el dejar a una chica muriendo en manos de mi hermana, cuando lo vi recogiendo algo enorme con sus brazos, y recordé lo que había pasado. ¡Bruno! ¡Mató a Bruno! ¡Es un asesino de perros!


Quería gritarle, pero ya había desaparecido dentro de su casa. Volvió un minuto después con unas llaves en sus manos en vez del perro, y una nueva camisa para nuestra decepción.

—¿Sabes dónde hay un hospital? —le preguntó a Ino, dándole las llaves de su BMW.


—Uh, sólo unos dos o tres kilómetros de aquí —dijo Ino, viendo fijamente las llaves en su mano.


—Bien. La llevaré. Tú maneja.


Lo siguiente que supe era que fui levantada cuidadosamente del suelo. Mi cabeza respondió con una venganza, y gemí cuando todo empezó a oscurecerse a mí alrededor. Desafortunadamente, no pude desmayarme porque Ino gritó de nuevo.

—¡Hay demasiada sangre!


Pude sentir al chico nuevo encogerse de hombros por debajo de mí, y luego dijo

—: He visto cosas mucho peores.


—¿Has visto cosas peores? —preguntó Ino, vocalizando mis pensamientos.


El chico nuevo no se explicó, sin embargo.

—Ha perdido mucha sangre. Confía en mí.


Ino frunció el ceño pero el chico nuevo sólo pasó a su lado, sin molestarse en lo más mínimo por mi peso —el cual es más de lo que pensarías considerando lo delgada que me veo— y le pidió que le abra la puerta del auto.


Ino hizo lo que le pidió, pero mientras el chico nuevo subía al asiento trasero conmigo, ella preguntó—: ¿La sangre no mancha? Vas a tenerla sobre todo el auto. —Deja que Ino se preocupe por el auto y no por su moribunda hermana menor.

A penas podía entender algo a este punto. Mi cabeza me dolía tanto que el dolor era casi paralizante, y me sentía más cansada cada segundo, pero aún podía escuchar las palabras que él murmuraba entre dientes mientras me atraía hacia su pecho, sosteniendo de nuevo su camisa con fuerza contra mi cabeza. La expresión en su rostro se volvió inquietamente más oscura y murmuró.

—: No sería la primera vez.


—¿Q-qué q-quieres decir con que no sería la primera vez? —tartamudeé, un poco distraída por la amenaza de pérdida del
conocimiento.


Su ceño desapareció tan rápido que ya no estaba segura si estuvo
ahí.

—Shh —dijo con un guiño. Luego miró a Ino y gritó—: Sólo date prisa, ¿de acuerdo?


El movimiento del auto sólo hizo que mi estómago se revolviera. Si hacía muy difícil luchar contra la pérdida de consciencia que ha tratado de superarme. El mundo a mí alrededor parecía desplazarse fuera de foco y luego mis párpados se cerraron.


—Oh, no, no. —La voz del chico nuevo era extremadamente tierna, pero la palmada que me dio en la mejilla, que hizo que mis ojos se abrieran de nuevo fue más como una bofetada—. Nada de dormir.


No lo puedo evitar, pensé. Estoy tan cansada, y eres tan cómodo. Tal vez sí era una posible conmoción, pero esto era lo más cercano que he estado a un chico que no estaba violentamente siguiendo un disco tras de mí, y tenía toda la intención de aprovecharme. Me relajé en sus brazos y disfruté de la sensación de su pecho contra el cual era retenida. Para alguien con unos músculos tan fuertes, el chico nuevo era sorprendentemente suave.


El pecho del chico nuevo comenzó a temblar debajo de mí, levanté la mirada para verlo sacudiendo su cabeza riéndose. Oficialmente había tenido suficiente de este chico entreteniéndose conmigo muriendo. Mi enojo logró darme una pequeña explosión de energía. La suficiente para estabilizar mi mirada momentáneamente y gruñir—: ¿Algo gracioso?


Creí que sonaba lo suficientemente amenazante, pero el chico nuevo no se molestó en borrar la sonrisa de su rostro. Sólo me miró y se encogió de hombros. —Tú lo eres.


Traté de mirar de nuevo, pero no pude enfocar mis ojos lo suficiente para hacerlo. No creo que haya perdido mi consciencia, pero tal vez sí, porque el chico nuevo tocó mi rostro de nuevo. Sólo que esta vez no me abofeteó para mantenerme despierta, comenzó a acariciar con sus dedos
mi mejilla.

La cálida sensación de hormigueo que sus dedos dejaron en mi piel era algo que nunca antes había sentido. Ciertamente nada parecido a cuando los Jotas tiran de mi cola de caballo, o me dan un codazo, o
incluso cuando me dan una mano después de haberme tirado al suelo.

Esto era diferente. Era mágico. Maravilloso, maravillosa magia que hacía que todo el dolor en mi cabeza desapareciera.Estaba segura de que era una alucinación inducida por la conmoción, pero aun así, comencé a pensar que valía la pena. Eso es, hasta que el chico nuevo apartó el cabello de mi rostro y dijo.

—: Tan brillante y radiante cabello rosa. Hermoso, justo como el resto de ti.

Mi estómago dio un vuelco y no tenía nada que ver con la herida en mi cabeza. Reconocí sus palabras. ¿No pensé yo exactamente lo mismo sobre él hace unos minutos? ¿Realmente he estado hablando en voz alta todo este tiempo? De pronto, todo su entretenimiento tenía sentido. La
humillación era demasiada para mí de manejar con todo lo que está pasando en este momento, todos esos puntos negros en mi visión finalmente se agrupan formando un enorme manto de color negro.

Notas finales:

Que les parece dejenme saber si les gusto para continuarla

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