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Fuego Secreto por Candy-Uchiha

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Notas del fanfic:

Es una adaptación de una de mis autoras favoritas, Johanna Lindsey, y deseo compartirlos con ustedes espero que tambien les guste tanto como a mi, en cuanto la leí dije que este historia me ancataba para un Sasusaku.

Notas:

Los personajes de Naruto no pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto, asi como tampoco la historia es mia es una adaptacion del libro con el mismo titulo de Johanna Lindsey.

Londres, 1844
Se avecinaba otro aguacero primaveral, pero Sakura Saint John Haruno hizo poco caso del cielo encapotado que pendía pesadamente sobre ella. Distraída se desplazaba por el jardincillo, cortando rosas rosadas y rojas que más tarde dispondría para su propia satisfacción, en un jarrón para su sala de visitas y otro para su hermana Ino. Su hermano Naruto estaba ausente, en su típico empeño de divertirse en alguna parte, por lo cual no necesitaba flores para adornar una habitación donde casi nunca dormía. Y a su padre, Minato, le desagradaban las rosas, así que no cortó ninguna para él. “Dadme azucenas o lirios, o hasta margaritas silvestres; pero guardaos esas rosas tan empalagosas para vosotras, las niñas”.
A Sakura no se le ocurriría obrar de otro modo. En tal sentido, era adaptable. Por eso cada mañana se enviaba un criado en busca de margaritas silvestres para el conde de Strafford, aunque no fuesen fáciles de encontrar en la ciudad.
-Eres una maravilla, mi querida Saku -solía decir su padre, y Sakura aceptaba entonces el cumplido como justo.
No era que ella necesitara elogios; ni mucho menos. Lo hacía por orgullo propio, para su autoestima. Le encantaba que la necesitaran, y la necesitaban. Tal vez Minato Saint John fuera el jefe de la familia, pero era Sakura quien dirigía la casa, y ante ella cedía él en todos los aspectos. Tanto la Mansión Haruno, aquí en la Plaza Cavendish, como la Residencia Brockley, la finca rural del conde, eran los dominios de Sakura. Ella era la anfitriona de su padre, su ama de llaves y su administradora. Tenía a raya las trivialidades domésticas y los problemas con los arrendatarios, lo cual dejaba al conde libre de preocupaciones para meterse en política, su pasión.
-Buenos días, saku, ¿Vienes a desayunar conmigo?
Cuando alzó la vista, Sakura vio a Ino asomándose por la ventana de su dormitorio, desde donde se divisaba la plaza.
-Ya he desayunado, cariño, hace varias horas- contestó Sakura con voz apenas audible. No era propensa a gritar cuando podía evitarlo.
-¿Café, entonces? Por favor -insistió Ino- Necesito hablar contigo.
Sakura sonrió asistiendo; luego llevó adentro su cesto de rosas. A decir verdad, había estado aguardando pacientemente a que su hermana se despertara, para poder hablar con ella. Sin duda ambas pensaban en el mismo tema, pues las dos por separado habían sido llamadas al estudio del conde la noche anterior, pero por la misma razón: lord Shikamaru Nara
Lord Nara era un joven elegante, de apostura diabólica, que había tomado por asalto a la inocente joven Ino.
Se habían conocido a comienzos de la temporada de ese año, la primera de Ino, y desde entonces la pobre muchacha no había mirado a ningún otro hombre. Estaban enamorados. Pero ¿quién era Sakura para mofarse tan sólo porque pensara que esa emoción era tonta y un desperdicio de energía que era mejor dedicar a alguna actividad útil? Estaba contenta por su hermana menor, o al menos, lo había estado hasta la noche anterior.
Mientras se encaminaba hacia la escalera, hizo correr a los criados para cumplir sus órdenes: enviar arriba una bandeja con el desayuno, llevar la correspondencia a su oficina, enviar al conde un recordatorio de que lord Sheldon tenía una entrevista esa mañana y llegaría dentro de media hora; despachar dos doncellas al estudio del conde para asegurarse de que estuviera en orden para recibir un huésped (su padre no se distinguía por su pulcritud) y llevar jarrones con agua a la sala de visitas de Ino. Ella arreglaría las rosas mientras conversaban.
Si Sakura hubiese sido de las que postergan las cosas, habría eludido a Ino como la peste. Sin embargo, no era esa su actitud. Aun cuando no estaba segura todavía de lo que se proponía decir exactamente a su hermana, estaba segura de que no rechazaría el ruego de su padre.
-Tú eres la única a quien ella escuchará, Saku“le había dicho su padre la noche anterior-. Debes hacer comprender a Ino que yo no me he limitado a formular amenazas ociosas. No permitiré que mi familia se asocie con este farsante. Sabes que no acostumbro a ser autocrático. Eso te lo dejo a ti, Saku.
“ Ambos sonrieron por esto, pues ella podía realmente ser despótica cuando se justificaba, aunque eso era poco habitual, ya que todos se esmeraban para complacerla.
Minato Saint John Haruno continuó su defensa-. Quiero que mis hijas sean felices. No dicto la ley, como ciertos padres.
-Eres muy comprensivo.
-Me agrada pensar que es así, desde luego.
Era verdad. Saint John Haruno no interfería en las vidas de sus hijos, lo cual no quería decir que se despreocupara. Ni mucho menos. Pero si uno de ellos se metía en aprietos “más exactamente, cuando Naruto se metía en aprietos-, encomendaba a Sakura arreglar el enredo.
Todos dependían de ella para que las cosas anduvieran sin tropiezos.
-Pero te pregunto, Saku, ¿qué otra cosa podía hacer yo? Sé que Ino cree estar enamorada de este mozo. Probablemente lo esté, en efecto. Pero lo mismo da. He sabido por las mejores fuentes que Nara no es lo que afirma ser. Está a un paso de ir a la cárcel por deudas. ¿Y qué me dijo a esto esa muchacha? “No me importa”, dijo. “Me fugaré con Shikamaru si es necesario.” Vaya señorita impertinente. “Y luego, en un tono más sosegado, un tono pleno de incertidumbre-: No se fugará realmente, ¿o sí, Saku?.

-No, estaba tan sólo alterada, padre “lo había tranquilizado Sakura-. Ino dijo simplemente lo que necesitaba decir para aplacar su dolor y su desengaño.

La noche anterior, Ino se había ido a la cama llorando. Sakura se había acostado entristecida por su hermana, pero era demasiado práctica para permitir que ese giro de los acontecimientos la deprimiera.
Se sentía responsable en parte, porque había sido la acompañante habitual de su hermana y, de hecho, había estimulado el creciente cariño entre los dos jóvenes. Pero no podía permitir que eso influyera en ella. Todo se reducía a un solo simple hecho: Ino ya no podía casarse con lord Nara. Era necesario hacérselo ver y aceptar.
Llamó a la puerta una sola vez antes de entrar en el dormitorio de Ino.
Su hermana menor estaba todavía desaliñada, con un peinador de seda rosa sobre su camisón de lienzo blanco. Se la veía exquisita en su melancolía, con los suaves labios vueltos hacia abajo en las comisuras. Pero, claro está, pocas cosas podían disminuir la deslumbrante belleza de Ino Saint John Haruno.
Las dos hermanas se parecían tan sólo en la altura y en el color de sus ojos, ni verdes ni azules, sino de una sutil mezcla de ambos colores. Todos los Saint John Haruno poseían estos ojos de color turquesa claro, bordeados por un verde azulado más oscuro.
Los criados solían jurar que los ojos de Sakura se iluminaban con una luz impía cuando algo la desagradaba. Falso. Era sólo el color claro y el hecho de que sus ojos, que a su criterio eran su único rasgo bueno, tendían a hacer que el resto de sus facciones se esfumaran en la nada.
Para Ino, el bello color turquesa complementaba su cabello rubio claro, las cejas doradas, más oscuras, las armoniosas líneas de su rostro. Tenía una belleza clásica, heredada de su madre al igual que Naruto.
Sakura se parecían a su padre, con cabello castaño oscuro, una altiva nariz patricia, barbilla enérgica y tenaz, pómulos altos y aristocráticos, y labios llenos, generosos. En Katherine, eran demasiado severos. Era muy menuda para que se beneficiase con el efecto arrogante de esos rasgos.
Pero lo que a Sakura le faltaba en belleza, lo compensaba con personalidad. Era una mujer cálida y generosa, de personalidad multifacética.
A Naruto le gustaba burlarse de ella diciendo que era tan versátil, que debería haberse dedicado al teatro. De un modo muy natural, podía adaptarse a cualquier situación, ya fuese para hacerse cargo o para colaborar humildemente, si otros dirigían.
Sin embargo, no todas sus cualidades eran innatas. Mucho había aprendido durante el año en que había sido una de las doncellas de la reina Victoria. Si la vida de la corte enseña algo, es versatilidad y diplomacia.
Eso había sido dos años atrás, después de su propia primera temporada, que había sido un fracaso estrepitoso. Ya tenía veintiún años, pronto cumpliría veintidós, y se la consideraba definitivamente dejada a un lado. Ese era un término antipático, tan malo como “solterona”.
Eso se murmuraba de ella, pero no era lo que ella misma se consideraba. Katherine estaba plenamente decidida a casarse algún día, con un hombre reposado, mayor, no guapo y elegante, como los hombres a quienes buscaban todas las jóvenes debutantes, pero tampoco desagradable. Ninguna de sus amistades negaría que ella podría ser una esposa excelente. Pero no estaba lista todavía para ser esa esposa. Su padre la necesitaba todavía, su hermana la necesitaba, hasta Naruto la necesitaba, ya que sin ella tendría que admitir sus responsabilidades como heredero del conde, cosa que no tenía deseo alguno de hacer por el momento.
Con un ademán, Ino despidió a su joven doncella; luego buscó la mirada de Sakura en el espejo, sobre su tocador.
-Saku, ¿te ha contado papá lo que ha hecho?
Qué expresión tan angustiada... Los ojos de Ino brillaban, muy cerca del llanto. Sakura sintió compasión, pero sólo porque era su hermana quien sufría. Simplemente no podía entender tanta emoción dedicada a algo tan tonto como el amor.

-Sé lo que ha hecho, cariño, y estoy segura de que has llorado hasta hartarte por eso, de modo que ahora anímate. No más lágrimas, por favor.

Sakura no se proponía mostrarse tan fría. Deseaba realmente poder entender. Suponía que era demasiado pragmática. Estaba firmemente convencida de que si no se podía ganar después de agotados todos los recursos, había que rendirse y ver el lado bueno de la situación. Nadie iba a sorprenderla golpeándose la cabeza contra un muro.

Ino se volvió con presteza sobre su pequeño escabel de raso, y dos gruesas lágrimas rodaron por la blanca extensión de sus mejillas.

-Para ti es fácil decirlo, Saku. No es a tu prometido a quien papá ha rechazado y echado de la casa.

-¿Prometido?

-Pues claro. Antes de venir a pedir la bendición de papá, Shikamaru me lo preguntó y yo acepté.

-Entiendo.

-¡Oh, no me hables en ese tono, por favor! “gritó Ino- ¡No me trates como a una criada que ha cometido una falta!

-Lo siento, Ino“dijo con sinceridad-. Sé que yo misma nunca estuve en esta clase de situación, por eso no me es fácil concebir...

-¿Nunca has estado un poquito enamorada, tan sólo una vez? “insistió Ino, esperanzada. Sakura era la única que podía persuadir a su padre para que cambiara de idea, pero si no se daba cuenta de lo importante que era...

-Sinceramente, Ino, tú sabes que no creo en... Lo que quiero decir es que...

La expresión implorante de su hermana menor estaba haciendo muy difícil aquello. La criada, al llegar con el desayuno en una bandeja, la salvó de decir la verdad: que se sentía enormemente afortunada por ser una de las pocas mujeres de su época que podían ver el amor de manera práctica.
Era una emoción necia e inútil. Producía altibajos en los sentimientos que no tenían por qué desordenar la vida de las personas. Pero Ino no quería oír que o que estaba sintiendo en ese momento era ridículo. Necesitaba comprensión, no escarnio.
Tomando la humeante taza de café que le ofrecía la criada, Sakura se acercó a la ventana. Esperó hasta oír que la criada salía y cerraba la puerta; luego se volvió hacia su hermana, que no se había movido hacia la bandeja con su desayuno.

-Hubo un joven que, según creí, me gustaba “dijo titubeante Sakura.

-¿Te amaba él?

-Ni siquiera se daba cuenta de mi existencia “repuso Sakura, pensando en el joven a quien ella había considerado tan guapo-. Nos vimos durante toda la temporada, pero cada vez que conversábamos, él no parecía verme. Era a las damiselas más atractivas a las que agasajaba.

-¿Entonces has sufrido?

-No... lo siento, cariño, pero verás, yo era realista ya entonces. Ese joven era demasiado guapo para interesarse por mí, aun cuando no estaba en tan buena situación económica y yo soy muy buen partido, es decir, financieramente. Supe que no tenía la menor probabilidad de echarle mano, por eso no me molestó no lograrlo.

-Entonces no lo amabas en realidad “suspiró Ino.
Sakura vaciló, pero finalmente sacudió la cabeza.

-El amor, Ino, es la única emoción predestinada a morir con notable regularidad. Fíjate en tu amiga Karin. ¿Cuántas veces ha estado enamorada desde que la conoces? Cinco o seis por lo menos.

-Eso no es amor, sino apasionamiento. Karin, no tiene edad suficiente para experimentar verdadero amor.
-¿Y tú sí, a los dieciocho años?

-¡Sí! “repuso Ino con énfasis-. Oh, Saku, ¿por qué no puedes comprender? ¡Yo amo a Shikamaru!
Era tiempo de llevar a fondo la dura verdad. Evidentemente, Beth no se había tomado a pecho el sermón de su padre.

-Lord Nara es un cazafortunas. Perdió toda su herencia en el juego, hipotecó sus fincas y ahora necesita casarse por dinero, y tú, Ino, eres dinero.

-¡No lo creo! ¡Jamás lo creeré!

-Papá no mentiría respecto de algo así, y si lord Nara te dice otra cosa, será él quien miente.

-No me importa. Me casaré con él de todos modos.

-No puedo permitir que hagas eso, cariño “dijo Sakura con firmeza-. Nuestro padre hablaba en serio... Te dejaría sin un chelín. Tu y Shikamaru seríais mendigos entonces. No permitiré que eches tu vida a perder por ese bribón.

-Oh, ¿cómo se me ocurrió que tal vez tú me ayudarías? “clamó Ino-. Tu no entiendes. ¿Cómo podrías? ¡Si no ere más que una vieja ciruela reseca! “Ambas lanzaron una exclamación simultánea-. ¡Dios mío, Saku, no he querido decir eso!
La acusación dolió, sin embargo.

-Lo sé, Ino“Sakura procuró sonreír, pero no lo consiguió.

Llegó otra criada trayendo los dos floreros con agua que ella había pedido. Sakura le indicó su propia sala de visitas; luego se dispuso a salir de la habitación, recogiendo su cesta con rosas. En la puerta se detuvo.

-No creo que debamos seguir hablando de esto durante un tiempo. Sólo quiero lo mejor para ti, pero en este preciso momento no puedes verlo.

Ino se retorció las manos durante cinco segundos; después se incorporó de un brinco y fue en pos de Sakura, al otro lado del pasillo. Jamás había visto una expresión tan agobiada en el rostro de su hermana. Por el momento Shikamaru quedó olvidado. Tenía que reconciliarse con saku.

Con una seña, hizo salir a la criada de la vasta habitación, llena de muebles Chippendale, engalanados con fundas que la propia Saku había bordado. Entonces comenzó a pasearse de un lado a otro, pisando la gruesa alfombra que cubría el suelo de una pared a la otra. Sin hacerle caso, Sakura se dedicó a acomodar las rosas.

-¡No estás reseca! “exclamó Ino-. ¡Y por supuesto que no eres vieja!
Sakura alzó la vista, pero todavía no logró sonreír.

-¿Pero a veces soy una ciruela?

-No, una ciruela no, tan sólo... tan sólo recatada y decorosa, que es como debes ser. Entonces Sakura sonrió.

-Me volví de ese modo al tener que agasajar a tanto ancianos diplomáticos alemanes y españoles en el palacio. Tan pronto como se supo que yo hablaba ambos idiomas con fluidez, nunca me faltaron acompañantes para cenar.

-Qué aburrido “ se compadeció Ino.

-No digas eso... Fue fascinante oír hablar sobre otros países de primera mano, casi tan bueno como viajar, cosa que padre no me ha permitido hacer.

-¿Nunca has tenido que agasajar a ningún francés elegante? Hablas francés tan bien como si hubieras nacido allá.

-Pero también lo hacen todos los demás, cariño.

-Por supuesto “repuso Ino, sin dejar de pasearse de un lado a otro.
No era suficiente. Saku había sonreído, pero aún había dolor en su mirada. ¡Oh, esas horrendas palabras! Ojalá tuviera ella tanto control como Saku.
Saku nunca decía nada que no quisiera decir.
Al dar la vuelta por la habitación, se acercó a la ventana que daba a la calle. El carruaje que se estaba deteniendo abajó le pareció conocido.

-¿Papá espera a lord Seldon?

-Sí. ¿Ya ha llegado?
Ino se apartó de la ventana asistiendo con la cabeza.

-Nunca me ha gustado ese viejo chivo pomposo. ¿Recuerdas cuando éramos niñas y tú derramaste esa jarra de agua por la ventana sobre la cabeza del viejo? Me reí tanto que... “Se interrumpió al ver una expresión traviesa en los ojos de Saku.
Dios, hacía años que no veía esa expresión-. ¡No te atreverás!
Sakura levantó el otro florero con agua y se acercó lentamente a la ventana. En ese instante, un lacayo de librea ayudaba a lord Seldon a apearse de su carruaje.
-No debes hacerlo, Saku“le advirtió Ino, pero sonreía de oreja a oreja-. Nuestro padre se enfureció la última vez. Ambas recibimos azotes, ¿recuerdas?

Sakura no dijo nada. Aguardó hasta que el confiado lord Seldon llegó a la puerta, bajo la ventana donde ella estaba, y luego derramó el contenido del florero. Se apartó, transcurrió un segundo, y a continuación la joven prorrumpió en risas contenidas.

-Dios santo, ¿has visto su expresión? “dijo Sakura entre jadeos-. Parecía un pescado muerto.
Al principio Ino no pudo contestar, pues había abrazado a Saku y reía con demasiada fuerza. Finalmente preguntó:

-¿Qué le dirás a papá? Se pondrá furioso.
Sí, indudablemente. Y yo le aseguraré que despediré a la torpe criada responsable de semejante afrenta.

-No te creerá “rió entre dientes Ino.

-Claro que sí. No se dará cuenta, no se interesa por los problemas domésticos. Y ahora debo ir a ver a lord Seldon. No puedo permitir que me salpique todo el vestíbulo. Reza por mí, cariño, que pueda recibirlo muy seria.

Y lady Sakura Saint John Haruno salió rauda del aposento para hacer lo que mejor hacía: apaciguar y componer. Además, había logrado aliviar la tensión entre su hermana y ella.
Notas finales:

Bueno espero les guste el primer capitulo en le siguiente ya hara aparición nuestro querido principe Sasuke 

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