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Aventura en las tierras antiguas por J Palace

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PRÓLOGO:
Se dice que todas las grandes aventuras o anécdotas de los héroes se guardan para la posteridad en libros escritos por reconocidos autores (Otras veces estos alcanzan la fama después). Tenemos los ejemplos de Homero y la “Ilíada”, de Apolonio de Rodas y la “Argonáutica" o Virgilio y la “Eneida" .

Y como se lleva haciendo desde la antigüedad, la vida de Alejandro Rojas también fue documentada en libros. Bueno, realmente solo su última empresa, la que corresponde al manuscrito que tengo en mis manos. Debido a que él mismo se encargó de contarnos sus anteriores hazañas.

Seguramente os estaréis haciendo muchas preguntas. Tales como: ¿Quién soy? ¿A quién pertenece la autoría de dicha obra? ¿Por qué el Guardián no continuó su diario? Etc. Intentaré resolver vuestras dudas. Quien sea, no es relevante ni debería importaros. Respecto a la segunda cuestión, no hay un solo nombre. Son varios los que ayudaron. Unos escribiendo, otros rememorando. Para acabar, no puedo responder a la última pregunta. Sencillamente, porque no soy Rojas (Ya podéis descartar a alguien) y no conozco los motivos que le impidieron terminar su relato.

Creo que mi intervención es suficiente. Antes de marcharme, os pondré en situación. La tercera y definitiva parte de la vida de Rojas, comienza al tercer día de su llegada al país de sus padres. No sé sabe con certeza que hizo antes, aunque si hubiera sido importante seguro que estaría en su biografía ¿No creéis?... Ahora si, me voy. Disfrutad.

CAPITULO:
Nuestro protagonista se encuentra sentado en su cama, hablando por teléfono con su familia mientras utiliza el portátil. Los primeros días los había pasado de viaje en viaje con sus primos mayores, tíos… Era la primera vez que tenía un rato para contemplar la gran casa que sus padres habían construido en Ecuador. Y la primera vez que estaba en su supuesta habitación.

Es consciente de que ya había gastado el plazo que le dio Amanda. Y que sus nuevos compañeros estarán al caer. Con el ajetreo que supuso su llegada, se había olvidado de sus nombres. Solo recuerda que eran un chico y una chica.
- Vale, mamá. No te preocupes, me lo estoy pasando genial- dijo antes de despedirse- Me tengo que ir ¿Vale? Adiós.
- Cuídate mucho, no hagas tonterías. Adiós- colgó.
- Justo cuando se preparaba para hablar por Skype, apareció su abuela- Alex.
- Dime ¿Ocurre algo?
- Dos chicos acaban de llegar y preguntan por ti. No sabía que conocías a alguien de tu edad en Ecuador.
- Sí, es lo que tiene Internet- mintió- Ahora bajo a recibirlos.
- Bueno pero no tardes.
- Escribió a sus amigos, diciéndoles que hablarían en otro momento- A ver que me has conseguido Amanda- pensó.

Rebuscando en la maleta, logra encontrar su arma y después de mirarse al espejo para comprobar que tal estaba, baja las escaleras de los dos pisos que le separaban de los dos Guardianes. Al llegar a la primera planta, comienza a escuchar sus voces. Cosa que le pone nervioso.

Tras la puerta que separa el recibidor del interior de la casa, se encuentra con una chica de tez morena, pelo oscuro y liso, de ojos marrones y algo más baja que él. Vestida con un pantalón corto y camiseta blanca, además de con sandalias. Lo primero que piensa es que la chica es bastante guapa y que no da la impresión de ser una guerrera. A su lado estaba un muchacho fornido, de tez blanca, pelo negro rapado por los lados y echado hacia un lado y ojos color avellana. Su vestimenta consistía en unos vaqueros negros, una camiseta gris y zapatillas del mismo color.
- Supongo que eres Alejandro Rojas ¿No?- la expresión de su compañera era alegre.
- Sí, un placer- se dieron dos besos- Perdonad pero no me acuerdo de vuestros nombres. La memoria me suele fallar.
- La chica sonríe- Yo soy Elizabeth Chuquirima y el gruñón es Gabriel Jaramillo.
- Encantado- Rojas extiende su brazo.
- Gabriel a regañadientes, hace lo mismo- Dejémonos de presentaciones, hay mucho trabajo que hacer.
- No seas impaciente- Elizabeth lo mira como regañándolo- Los amigos, lo conocemos como Gaby. Y si quieres a mí me puedes llamar Eli.
- ¿Gaby? Suena bien.
- Tú llámame Gabriel ¿Entendido?
- Eli le da un golpe- Podemos seguir la conversación en el coche. Trae tus cosas Alejandro.
- Está bien, voy a por mi maleta- se va corriendo.
- No tienes porqué ser tan agresivo ¿Qué tal si tratas de conocerlo? No parece mala gente.
- Es lo que tu y yo sabemos. No deberíamos darle tanta confianza.
- ¡Dios! Eso fue hace cientos de años. Yo creo que es una buena persona.

Rápido como la luz, Rojas prepara su maleta. Ropa, desodorante, jabón, cepillo de dientes y dinero. Lo básico para sobrevivir lo que durara la aventura. O eso intuía, ya que tampoco sabía el tiempo que les llevaría. Una cosa estaba clara, no sería coser y cantar.

Antes de marcharse y retomar todo aquello que dejo atrás a principios de año, se despidió de su abuela. A la que, por obvias razones, engañó afirmando que le habían invitado a conocer el Amazonas y que tardaría en volver.
- Listo ¿Nos vamos?
- Sí, será lo mejor- Gabriel abre la puerta.
- Perdónale, se comporta así con los desconocidos.
- No pasa nada. Por lo menos tú eres más maja.
- ¿Maja?- ríe- ¿Eso que es?
- Simpática, amable… Vamos, todo lo contrario a él.
- Cuando lo conozcas cambiaras de opinión.
- Ya… Seguro que si- dice en tono irónico- Por cierto, a mi me puedes llamar Rojas. Que es como me conocían en mi época de Guardián.
- Lo sabemos.
- ¿En serio?
- ¿Qué pensabas?- Gabriel se gira- ¿Qué no íbamos a investigar a nuestro “compañero"? Alejandro Rojas Palacio, descendiente de una de las mejores familias de Guardianes, antiguo líder de los incas en España, el primer inca nacido en Europa en conseguir ese puesto y en renunciar a él, el guerrero que derrotó a Atoc, Huáscar, Ayar Cachi y Huarcuna ¿Me olvido de algo?
- Creo que no… No me dio tiempo a hacer más cosas.
- Tienes un currículum impresionante. Incluso ayudaste a que tus amigos lucharan por los dioses. Te tomaste la libertad de nombrar a una no Guardián como tu sucesora- se coloca enfrente de Alejandro- Sin embargo, eso es historia. Llevas medio año retirado, sin entrenar, sin practicar. Te eligieron porque no había más opciones.
- Es verdad. Fui el último recurso- le reta con la mirada- Pero no creas que he venido por ti, por los dioses o por los Guardianes. Eso me da igual. Como si desaparecéis ahora mismo. Yo estoy aquí porque me lo pidió mi amiga. Sí, esa a la que nombre líder. Si no hubiera intervenido…. ¡Tú y tus dioses os estaríais pudriendo solos!
- Que haya paz. Venga, no discutáis- Eli los separa- Rojas, guarda tu maleta en el coche que hoy tenemos misión en… en… ¿Cómo se llamaba esto?
- Azogues.
- No eso no. Sé el nombre de la ciudad en la que estoy.
- ¿Entonces?
- Las ruinas…
- Ah ¿Hablas de Ingapirca?
- Exacto. Tenemos que ir allí.
- Pues es una hora de viaje y tienes que organizar todo para poder entrar…
- Tranquilo. Ya esta todo arreglado. Mañana a las once empieza nuestra visita.
- ¿Y por qué habéis venido hoy a por mí?
- ¿Acaso no quieres pasar la noche en la posada que hemos reservado?- intervino Gabriel.

Alejandro no contestó, se limitó a seguir caminando. Su nuevo aliado no le caía especialmente bien y el sentimiento era mutuo. No entendía porque era tan borde, no le había hecho nada.

Unos minutos después, Eli le advirtió que se detuviera, debido a que ya habían llegado al coche. Un vehículo de tres puertas algo anticuado color gris. El maletero era pequeño, así que tuvieron que ingeniárselas para que cupiera el equipaje.

En un intento de hacer más ameno el viaje, Eli se sentó detrás al lado de Rojas mientras Jaramillo ocupaba el asiento de conductor y ponía rumbo a Ingapirca. Fue gracias a esto que el ex retirado Guardián, se enteró de varias cosas referentes a sus compañeros.

Supo que Elizabeth nació en Guayaquil y que era un año más pequeña que él. Por su parte Gabriel era colombiano y tenía diecinueve años. Ambos habían sido parte del mismo equipo desde que les nombraron Guardianes. Según contó la chica, al principio eran cuatro. Sin embargo, los dioses reasignaron a sus amigos a otra zona y perdieron el contacto.

Pronto Rojas comenzó a relatar sus aventuras. Habló del primer camaquen que vio, de como conoció al puma místico, de la vez que tuvo que huir de una casa que estalló etc. Eli le miraba asombrada y se preguntó como Viracocha dejó escapar a un Guardián tan bueno y curtido en batallas.
- ¿Qué te hizo renunciar?- la guayaquileña no aguantó la curiosidad- Si puede saberse.
- A Rojas esto, lo pilló desprevenido- Fueron muchas cosas- suspiró- Estaba harto de tener una doble vida. Perdí a gente por eso.
- ¿Te refieres a…?
- No, he tenido suerte. No me ha pasado- cortó entendiendo de que hablaba- Quiero decir que se enfadaron y me alejaron de su vida.
- Lo siento mucho…
- No importa. Ahora ya no me afecta tanto- sonrió- Pensaba que sabrías todo sobre mí.
- No somos detectives privados. Leímos lo que hay en la “base de datos" de los dioses.

El tema se zanjó con esa frase. Eli sabía más cosas de las que Alejandro creía pero aún no había suficiente confianza como para mencionar ciertas cuestiones. Así que se limitó a interesarse por sus aficiones.

Luego de un rato Gabriel avisó de que ya habían llegado a las ruinas. O por lo menos todo lo cerca que podían ir en coche. Lo que restaba de trayecto lo harían a pie.

- Deja Eli, yo te ayudó con eso- se ofreció el muchacho.
- Puedo yo solita Gaby- se esforzaba por parecer convincente.
- Tu mochila pesaba bastante y de la maleta, mejor ni hablemos.
- De momento estoy bien. Gracias- el chico se puso en cabeza del grupo.
- Has sido un poco seca ¿No?- Rojas se encontraba a su lado.
- ¿Cómo?
- Antipática, fría… Ya sabes.
- Se lo tiene bien merecido. No me gusta como te trata.
- Sus motivos tendrá.
- Son estúpidos, eso tenlo claro.
- ¿Celos?
- ¡¿Qué?! ¡No, no! ¡No somos nada!- Ante tal alboroto, Gabriel se giró a mirarles. Por lo que ambos bajaron la voz- Créeme que eso no.
- Rojas escuchó que decía algo susurrando- ¿Hablas quichua?
- Un poco. Mi familia es de Cotopaxi y me enseñaron.
Continuaron caminando hasta que se hizo evidente que la chica necesitaba ayuda. No tanto por el peso, sino por el estado del camino en el que transitaban.

- Creo que aquí vas a tener que dejar de hacerte la dura y darme tu maleta.
- De verdad…
- No voy a aceptar un no. Conmigo no estás enfadada- sonriendo, Rojas le quitó parte del equipaje.
- Bueno pero si te cansas dilo.
- Trato hecho- su teléfono empezó a vibrar- Un momento- Eli se alejó- ¿Quién es?
- Pues quien voy a ser.
- Me alegra escuchar tu voz. Dime ¿Has hecho lo que te pedí?
- Sí, te llamaba por eso. Estoy en Toledo, en casa de Rebeca.
- ¡Hoy nos vamos de fiesta!- gritó su amiga toledana- ¡Te echo de menos Rojas!
- Yo también.
- Escucha. ¿Sabes que no me parece bien lo que quieres, no?
- Lo sé. Pero necesitáis ayuda y creo que puede funcionar.
- Ojalá no te equivoques.
- Por favor Amanda. Soy infalible.
- Bueno hombre infalible, me voy que estas llamadas son muy caras.
- Cuídate.
- Una última cosa.
- Dime.
- ¿Recuerdas lo que pasó en el aeropuerto?
- Mira, besas genial…
- Muchas gracias. Tú tampoco lo haces mal.
- Espera que no he terminado. No sé si quiero volver a una relación. Me encantas ¿Vale? Pero es un poco pronto.
- Te entiendo. Solo quiero que sepas que ya he esperado mucho. Así que voy a hacer que cambies de idea- se escucha un beso.
- ¿Mucho? Si solo son tres días.
- He querido que pasara eso, desde que te conozco, más o menos.
- ¿En serio?
- Sí y me voy ya. Adiós.
- Hasta luego- colgó.

Al guardar su móvil, su cabeza se llenó de preguntas. ¿De verdad llevaba tanto tiempo enamorada? ¿Le habría hecho daño alguna vez sin querer? Lo peor era que no podía hablarlo con ella cara a cara.

Hasta que Eli no le dijo algo, siguió en trance. Amanda le había descolocado totalmente. No obstante, al ver la enorme posada en la que se quedaría esa noche, decidió dejar las dudas para otro momento. Era hora de divertirse, de disfrutar las pocas cosas buenas que tenía ser un Guardián.

Notas finales:

Espero que os guste. Sé que ha cambiado mucho la forma de contar la historia pero me parecía que era hora de un cambio. De explorar nuevas formas de narración.

Os agradeceré mucho vuestros comentarios, críticas etc.

Un saludo.

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