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Destino II por ErikaD

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La había vuelto a llamar sin éxito. Tenía el móvil desconectado. 

     Aunque tras un par de hospitales, Ace dio con el que por fin pensó que sería el definitivo. Nada más llegar a la recepción preguntó por su nombre y sin embargo, nada. Suspiró resignado sintiendo como estaba dando vueltas sin sentido por todo Londres. Quizás, ni siquiera estaría ya en la clínica después de todo el tiempo que llevaba buscando.

     Aun así, antes de salir por la puerta pensó que quizás podría ser una buena opción dar una vuelta por la primera planta. Tal vez, los astros se alinearan y daría con ella.

     De manera que, decidido, se dirigió hacia las escaleras.

 

     La joven mamá salió de la consulta más animada de lo que había entrado. Todo marchaba según lo previsto y eso era la mejor noticia del mundo. Se colocó su cazadora vaquera pensando en lo que había ocurrido con el pecoso hacía una hora. A pesar de lo que volvería a doler estar sin él, no cambiaría de nuevo su opinión.

     Bajó los escalones lentamente sacando su paraguas. ¿Cómo era posible que lloviera de esa forma a finales del mes de julio? Suspiró resignada. Odiaba ese clima. Se llevó un mechón de pelo tras la oreja y empezó a rebuscar de nuevo en la mochila intentando encontrar su teléfono móvil.

-Nerumi…

     Nada más escuchar su nombre la mochila se desprendió de sus dedos. Su corazón había dado un vuelco. Notaba sus pulsaciones acelerarse sin control. Alzó la vista topándose de frente con el rostro serio y preocupado de Portgas D. Ace.

     La había encontrado. Como siempre hacía. Dar mil y una vueltas hasta dar con ella.

     Por un momento se mordió el labio debatiéndose en si debía sentirse feliz y abrazarle o si no debía hacerlo. Tenía ganas de llorar.

-¿Por qué estás…?

-No deberías de haber venido.-Le interrumpió agachando el rostro haciendo caso omiso a lo que ansiaba su corazón.

-Por supuesto que tenía que hacerlo. Esa conversación no me ha dejado para nada tranquilo. ¿Qué te ha hecho?-Estaba molesto, serio y firme. Su tono de voz se lo decía.

-Nada.

-No me mientas.-Arrugó aún más la nariz.

-Me hiciste una promesa.-Neru le interrumpió. Le temblaba la voz.

-Me da igual. A la mierda ese estúpido acuerdo.-Frunció el ceño un tanto.-Mírame y dime que no piensas lo mismo.-Por un momento la castaña de rizos alborotados alzó el rostro desviando sus ojos de un lado a otro con nerviosismo. Tenía miedo de que la escucharan, de que la vieran allí con él. Tenía miedo de que le hiciesen daño por su culpa.-Nerumi…-Ace subió un escalón más, ella se tensó.

     Pero en ese momento, sus ojos se encontraron y ella sintió como comenzaba a llorar sin poder evitarlo. Ace relajó las facciones de su rostro molesto, se estaba pasando de dureza con ella.

-¿Qué te ha hecho…?-Volvió a preguntar en un tono suave y tierno. Solo para que ella lo escuchase.

-Sácame de aquí.-Le rogó negando con la cabeza.-Ya no puedo más…

     Ace subió los peldaños que le faltaban hasta llegar a uno de su altura. Cuando la tuvo cerca, la abrazó con todas sus fuerzas dándole un beso lleno de amor sobre sus rizos castaños. Pero también se había dado cuenta de algo más. Algo que ella había pasado por alto e ignorado en sus últimas conversaciones telefónicas. Se separó de ella sorprendido. La agarró de los antebrazos y guió sus ojos negros desde su vientre abultado hasta sus esferas verdes y llorosas una y otra vez. Ese detalle les ponía en una situación comprometida. El único obstáculo que podía separarlos para siempre por mucho que quisieran lo contrario.

 -No es lo que crees.-Nerumi sabía por qué él se comportaba así. Se apartó las lágrimas intentando recomponerse. Esa afirmación desconcertó al pecoso.

     Esa parte aún era complicada de explicar.

-Tienes poca barriga pero está bastante claro.-Alzó el rostro para mirarla a los ojos.- ¿Por qué no me lo dijiste?

-Porque tenía miedo de arruinar tu plan. Pensé que no lo querrías. Imaginé que sería una noticia demasiado chocante como para contarla así sin más. Además, supuestamente no íbamos a volver a vernos. Y…cuando me dijiste lo de Nojiko creí que era mejor no decir nada.-Todo aquello le resultaba tremendamente extraño. Ace se sentía absurdo y estúpido.

-No te comprendo.-Y de pronto, las lágrimas se apoderaron de las mejillas sonrosadas de la castaña. Se sentía tan culpable que dolía.-Pero me da igual que estés embarazada. Entiendo que siguieras con tu vida con Law. Yo al fin y al cabo volví también con Nojiko y…

-Es tuyo.-La intensidad con la que se estaban mirando incrementó.

-¿Cómo…?-Ace se había quedado sin palabras por completo.

-Estoy esperando un hijo tuyo, Ace.-Se mordió el labio.

-No lo estás diciendo enserio…-El pecoso aun no salía de su asombro.

-Me temo que sí. Aquella vez, en tu casa de Kioto…No me estaba tomando ningún anticonceptivo, no usamos nada de protección y simplemente nos dejamos llevar. Había una posibilidad. En ese momento no me importó pero ahora…-Durante algunos segundos el silencio se apoderó de aquella escalera. Hasta que ella lo rompió notando como la culpa la ahogaba.-Dios…Me siento fatal, tenía que habértelo dicho cuando…

     Antes de que siguiera con su discurso sintió los fuertes y cálidos brazos de Ace rodearla de nuevo con toda la fuerza y el cariño del mundo. Y esta vez, su aroma se coló por sus fosas nasales inundando su cuerpo de paz. Notaba sus grandes manos apresarla contra él. Se escondió bajo su barbilla e incluso dejó de llorar dejándose llevar por ese fantástico sentimiento que solo él le producía. Apresó su chaqueta y su camiseta con sus dedos impidiéndole escapar.

     Era el abrazo que llevaba meses deseando.

-¿Estás enfadado?-La oyó susurrar contra su pecho. Dulce y tierna. Ace sonrió.

-Es la mejor noticia que me podían haber dado nunca. Sería incapaz de enfadarme contigo por eso.

     Se despegó un tanto de ella, alzando sus manos y adueñándose de sus mejillas sonrosadas. Se miraron. Se sonrieron.

-Te quiero Ace.

     En respuesta, el moreno se acercó a su rostro sonriendo divertido, jugueteó con su nariz un par de segundos antes de cerrar los ojos y besarla. Deseaba arrebatarle ese beso desde hacía tanto tiempo que no quería parar. Así que, hundió su lengua en su boca saboreando cada resquicio de aquellos labios.

     La adoraba y había sido incapaz de olvidarse de ella ni un solo minuto desde que desapareció de su vida. Estaba loco por ella desde la vio por primera vez recordándole que en otra época había luchado y vivido por los dos.

     Esta vez, no permitiría que se fuera. No la dejaría escapar.

-Nos vamos.-Le susurró nada más despegarse de sus labios pero no lo suficiente como para volver a besarla de nuevo.-Iremos a tu casa, recogerás tus cosas y te vendrás conmigo. No voy a dejarte con Law ni un minuto más.-La periodista sonrió sintiendo un rastro de felicidad apoderarse de su cuerpo.- ¿De acuerdo?

-Por favor…-Escondió las manos en su nuca revolviendo el pelo oscuro que le caía volviendo a abrazarle.-Escapémonos de aquí…

     Se separaron. Ace recogió su mochila del suelo, la agarró de la mano y empezaron a caminar a toda velocidad saliendo de la clínica. En la calle, la lluvia no impidió que continuaran su escapada romántica e incierta. Ni siquiera les preocupó mojarse o esperar más de quince minutos al autobús. Se cogían de la mano entusiasmados y con una maravillosa sonrisa.

     En cuanto llegaron a las verjas de la bonita casa, Ace se quedó completamente boquiabierto.

-Es aquí.-Nerumi abrió otro paraguas saliendo del propio.

-¿De verdad vas a cambiar eso por mí?-Señaló la puerta lleno de incredulidad. Ella rió.

-¿Todavía estoy a tiempo de rectificar?-Ace la miró a los ojos tomándose en serio aquella ridícula pregunta.

-Si lo prefieres...

-No seas tonto, era una broma.-Llegaron al porche cerrando sus paraguas.-Te prefiero a ti siempre.-Le sonrió y él se quedó mucho más tranquilo.

     Nerumi abrió la puerta sigilosa asomando primero la cabeza. Observando atenta a su alrededor. Tenía que asegurarse de que Law no hubiese regresado por alguna casualidad.

-¿Te quedas aquí?-Ace asintió.-Seré muy rápida.

-No te preocupes por lo que te haga falta, lo compraremos.-Neru se adentró en su casa dejando la puerta encajada. El pecoso esperó.

     Había una punzada en su interior. Le dolía el estómago y el nudo de la garganta parecía ahogarle. Miraba a un lado y a otro de la calle vigilando que nadie se interpusiera en su camino. Ahora tenía que decidir qué hacer. Quizás no podrían aguantar todo un mes más en Londres pendientes de que no les encontraran. Tal vez, tendría que abandonar su trabajo antes de tiempo para volver a París. Y eso sin contar que Law tenía los contactos suficientes como para dar con ella de cualquier forma. Empezando por Thatch. Tendría que pensar un plan para que no les descubriesen.

     Sin embargo, a pesar de las preocupaciones, sonrió sintiendo la adrenalina de la aventura subirle por la espalda. Era como si volvieran a escapar de una ciudad de Japón antes de que una bomba les cayese encima. Le encantaban ese tipo de riesgos. Sobre todo, le encanta que el motivo fuese ella, y ahora su hijo.

     Un hijo. Un bebé.

     Aun no podía llegar a comprender de qué se trataba exactamente esa experiencia. Aun no creía que fuese suyo sin más. Estaba ahí de repente y sin esperárselo. Sonrió al pensar que hacía algunos meses saliese precisamente ese tema de conversación con sus amigos…

     Y de repente, abrió los ojos de par en par dándose cuenta de lo que Thatch intentaba decirle en aquel instante. Se cruzó de brazos y soltó una leve carcajada.

-¿De qué te ríes solo?-Neru salió de la casa con una gigantesca maleta y un macuto.

-De nada, cosas mías. Déjame ayudarte.-Ace se echó al hombro una de las maletas y la otra empezó a arrastrarla.

     Para su suerte había dejado de llover.

-¿Ningún inconveniente?-La joven negó.

-No sé si eso me asusta más o hace que me relaje. Ha sido todo demasiado fácil.-Observó preocupada su teléfono móvil. No tenía ninguna llamada perdida salvo las de Ace. Así que lo apagó le abrió la carcasa y sacó la tarjeta SIM para tirarla en la primera alcantarilla que encontró.

-No te inquietes. Te mantendré a salvo. Volaremos a París en cuando arregle algunas cosas.

-¿Y tu trabajo?

-Ya veremos.-Le sonrió intentando calmar todas sus dudas. Ella suspiró.

     Diez minutos más tarde empezó a llover torrencialmente y tuvieron que caminar lo más rápido posible durante otros cinco minutos hasta llegar al portal del apartamento del pecoso.

-Madre mía.-Nada más entrar al bloque, la joven se quitó la empapada chaqueta y cerraron los paraguas.- ¿Cómo es posible que llueva tanto en tan poco tiempo?-Ace sonrió empezando a subir los escalones.

-Puedes darte un baño ahora para recuperar el calor.

-Eso suena muy bien.-Neru le siguió.

     Nada más entrar en el pequeño y bonito apartamento de soltero que Ace tenía alquilado, Nerumi se sintió completamente aliviada. Era como si nada malo le pudiese ocurrir allí dentro. Se sentía a salvo y completa. Como si estuviese en casa.

-Al fondo está la habitación con el baño. Tienes un aseo a mano izquierda.-Le señaló en el pasillo.-Aquí a la derecha está el salón y la cocina. Puedes dejar tus cosas en el dormitorio.-Se giró sonriente y se dio cuenta de lo feliz que parecía estar la joven de ondas mojadas y revueltas, mirando atentamente todo lo que la rodeaba.-Estás en tu casa, puedes curiosear lo que quieras.

-Gracias.-Neru clavó sus ojos en los de él y sonrió.

-Date un baño antes de que te resfríes. Prepararé algo de almorzar.-Ella obedeció sin poner objeción. Cogió sus cosas y las arrastró hacia el dormitorio.-Aunque en cuanto lo haga, tengo que volver al trabajo.-La joven se giró con la inquietud en sus esferas verdes.-Tranquila no sabe que estás aquí. Estás a salvo. Intentaré buscarte una nueva tarjeta para el móvil con un número diferente.-Ella asintió.-No estás sola. ¿Quieres que le diga a Thatch que venga a verte?

-No te preocupes. Prefiero que Law no sepa a donde va y viene Thatch. Le conoce y podría dar con nosotros.-Nerumi le dedicó una sonrisa más calmada y se volvió de nuevo sobre sus pies comenzando a andar.

     Ace la observó mientras avanzaba por el pasillo. Tenerla allí a pesar del peligro, le hacía sentir completo…

                                                              ………………

      Esa tarde en cuanto Law llegó a casa sintió como algo había cambiado. Frunció el ceño ligeramente. Había algo en el ambiente que le irritaba sobremanera y tenía que averiguar cuanto antes qué era.

-¿Mira?-Avanzó hacia la cocina donde un estupendo olor a pescado salía del horno.

-Buenas noches señor.

-¿Dónde está Nerumi?-Nada más hacer aquella pregunta Mira palideció.

-¿No ha llegado con usted? Estaba  aquí esta mañana y la vi salir sobre las diez para ir a la ginecóloga. Pero hoy he estado prácticamente el día fuera comprando y haciendo…

-¿Y dónde está?-Volvió a preguntar serio. Notaba como el enfado le subía por la espalda. No era una persona muy paciente así que cualquier rodeo que diera aquella mujer sobre el paradero de la periodista le traía sin cuidado.

-No lo sé señor. Pensé que vendría con usted.-Fue clara y concisa. Justo lo que él quería.

     Inmediatamente, Law notó un fuerte vuelco recorrerle el pecho. Sin pensárselo dos veces, subió las escaleras y abrió la puerta del dormitorio que ambos compartían. Frunció un tanto el ceño. Todo parecía estar en su sitio. Sin embargo, al acercarse al tocador vio una pequeña nota sobre él.

     “Ha venido mi hermana esta mañana de visita. Me he ido con ella a York a visitar a mis padres durante unos días, por lo visto mi madre ha cogido no sé qué virus. Me he cargado el móvil esta mañana así que intentaré arreglar uno para llamarte en cuanto pueda. Si necesitas algo, llama a Hanon a casa.

     Espero no haberte molestado. Nos veremos pronto.”

     Tras leer la nota, Law arrugó aún más la nariz. Todo le parecía demasiado extraño. Además justo después de enterarse de que Ace estaba allí. Quizás habría querido quitarse del medio para mantenerle a salvo como siempre había hecho. Suspiró resignado. Tenía que llamar a Hanon para contrastar esa información. Así que cogió su teléfono móvil y marcó.

 

     En el norte de Reino Unido la morena de ojos verdes bajaba a toda velocidad las escaleras de casa con una toalla enredada al cuerpo. Casi resbalándose al final del pasillo consiguió entrar en la sala de estar y coger el teléfono a tiempo haciendo un increíble salto del suelo al sofá sin que se le cayese la toalla.

“-¿Dígame?-Respiró hondo intentando recuperar el aire que había perdido al caer.

-¿Hanon?

-¡Law!, ¿qué tal?-La morena sonrió divertida. Comenzaba el espectáculo.

-No muy bien. Nerumi me ha dejado una nota diciendo que la habías llevado a York.

-Así es.-Hanon se cruzó de brazos. Su hermana le había contado absolutamente todo lo que había ocurrido entre ellos dos. No le dejaría pasar ni la mitad. Y por supuesto estaba al favor del pecoso al cien por cien a pesar de haberlo visto solo una vez en su vida.-Mi madre está un poco enferma y puede que no baje a Londres para el nacimiento de su primer nieto. Por eso hemos pensado que antes de que no pueda viajar venga de visita.-Law gruñó.

-Debía de habérmelo dicho antes de marcharse. Sabe que no me gusta que me informe así de las cosas.

-Ha sido todo muy rápido Law. No te inquietes. Ella se está dando un baño. ¿Quieres que te llame más tarde?

-Da igual. Dile que la llamaré mañana a este número por la mañana.

-De acuerdo. No muy temprano o nos pillarás a todos dormidos.-Rió. Su risa tintineante se clavó en los oídos del médico que soltó un pequeño resoplido.-Hasta mañana Law”.

     Y simplemente colgó. A pesar de no estar del todo conforme, Hanon se había demostrado terriblemente segura. No le había dado la opción de desconfiar de su palabra…

                                                              ……………….

     Todo era nuevo e inimaginable para el pecoso aquel día cuando llegó de trabajar. Era una de las cosas con las que siempre había soñado, ¿cómo sería llegar a casa y verla a ella? Sin duda la respuesta estaba clara, era algo maravilloso.

     Habían cenado juntos unos sándwiches y después de ponerse un poco al día de sus asuntos sobre el sofá, decidieron que era una buena hora para ir a la cama.

-Iré a por mí almohada. No suelo taparme así que las sábanas no importan.-Neru observó al pecoso recoger, extrañada.

-¿Dónde piensas dormir?

-Pues aquí, en el sofá.-Ace se giró con el bol de palomitas vacío entre los dedos.

-¿Por qué?

-Mañana me tengo que levantar temprano. Tengo una reunión a primera hora y no quiero molestarte.

-¿Estás de broma?-Rió la joven sintiendo que la situación se tornaba más absurda a cada palabra que salía de sus labios. Él se quedó totalmente desconcertado no sabía exactamente qué contestar.

-No…no lo estoy…-Ace apretó el bol entre sus manos mirándola fijamente a los ojos. Se estaba poniendo nervioso sin saber concretamente por qué motivo.

-Podemos dormir juntos. No vas a molestarme, al contrario.-Nerumi sonrió sacándole un sonrojo involuntario al pecoso, ¿qué diantres le pasaba? Era como si fuera un chiquillo de quince años acobardado por dormir con una mujer.

-Si insistes…

-No estoy insistiendo. Además estamos en tu casa, ¿qué es lo que te pasa?-La sonrisa divertida de la joven le sacó un vuelco al corazón. Se estaba comportando como un completo idiota, pensó.

-Dios, tienes razón. No sé qué me está pasando de repente.-Se rascó la nuca con una mueca de circunstancia. Ella amplió su sonrisa.-Adelántate. Voy dejar esto en la cocina.-Alzó el bol y se esfumó tras la puerta.

     Nada más entrar en el dormitorio, la joven castaña se cambió poniéndose el pijama. Una vez hecha esa primera parte, se sentó sobre el lado izquierdo del colchón, se desató la trenza y cogió el cepillo para quitarse algunos enredos.

     En ese momento, se dio cuenta de un factor importante que habían dejado a un lado en la ecuación. Una expresión triste se apoderó de su bonito rostro. La culpa empezó a expandirse en su interior y sintió un nudo apretarle la garganta.

     No podía dejar de mirar esa bonita foto bajo el Arco del Triunfo de París. Sintiendo como toda su presencia estaba completamente fuera de lugar.

     Fue cuando sintió a Ace entrar por la puerta del dormitorio sin decir absolutamente nada. Algo había ocurrido. Podía notarlo sin ni siquiera mirarle.

-Oi Neru, me ha llamado Nojiko.-Al oír ese nombre Nerumi se mordió el labio. No se atrevía a girarse y toparse con él. No cuando tenía unas ganas horribles de echarse a llorar. 

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