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Destino II por ErikaD

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Esa noche cuando Law la encontró acurrucada en la cama antes de cenar supuso que algo malo había ocurrido. Aun así, y sin meterle presión, comenzó a cambiarse de ropa sin pronunciar palabra.

-¿Bajas a cenar?                                          

-No tengo hambre.-Susurró la castaña abrazándose a la almohada. El médico arqueó las cejas extrañado.

-¿Qué ha pasado?

-Nada.

-¿Segura?-La vio asentir.- ¿Y aun así no quieres cenar?

-Necesito hablar con Koala.-Soltó de pronto. Law suspiró dándole la vuelta a la cama para mirarla de frente. Nerumi lloraba.

-¿Qué ha pasado?-Repitió agachándose justo enfrente.

-No lo sé. De pronto he sentido que tenía ganas de encerrarme y llorar.

-¿Thatch te ha hecho algo?-Ella negó y él sintió un poquito la culpabilidad rondado por su cabeza fría y sensata.-Sé que la echas de menos. Pero aun así, no sé cómo podrías contactar con ella. No sabemos cuál es su número de teléfono.-Nerumi asintió con la mirada perdida.-Tienes que animarte. ¿Qué tal la entrevista?

-No he ido.-Eso sorprendió al moreno más de lo que hubiese imaginado. Ella estaba muy feliz con esa oportunidad, ¿qué había ocurrido entonces para cambiar tan drásticamente su decisión? Iba a intervenir pero ella siguió hablando.-Lo pensé un poco mejor y tenías razón. Esta mañana me he cansado mucho y…la revista será demasiado estresante para mi estado.

-Dijiste que estaba exagerando.

-Supongo que no.-Aun mantenía la mirada fija en un punto distante. Law se incorporó sin dejar de observarla.

-Descansa. Le diré a Mira que te suba algo caliente al menos.-Y sin más, el médico salió por la puerta del dormitorio tan distante como había entrado. Sin dedicarle un beso o una caricia, absolutamente nada. Eso la deprimió aún más e inmediatamente, no dudó en compararle con Ace. Habría deseado verle y perderse en su sonrisa aunque supiera que nunca podría ser.

     Una lágrima más descendía por su bonito pómulo cuando sintió su teléfono móvil vibrar levemente. Tenía un mensaje en la bandeja de entrada: “Perdóname. Por favor.” Lo soltó a un lado cerrando los ojos con fuerza. Era el tercer mensaje que le mandaba Thatch ese día. Uno más que no llegaría a contestar.

     Y allí, al otro lado de la ciudad en un pub, el castaño del tupé observaba su teléfono completamente expectante ante la posibilidad de que ella respondiera de alguna forma.

-Oi, ¿qué te pasa hoy a ti Romeo? ¿Te ha dejado plantado alguna chica?-La broma de Ace ni siquiera despertó su curiosidad. Le vio reír junto a Nojiko mientras se llevaba su cerveza a los labios.

-No seas cruel con él, Ace. Lleva unos días muy ocupado. Será el estrés.-Marco salió rápidamente en su defensa.

-¿Quién es la afortunada de la que te estás ocupando?-Sonrió Nojiko divertida. Él la miró siguiéndole la sonrisa. Si no se animaba acabarían pescándole.

-Una bonita rubia de ojos azules y enormes tetas.-Bebió de su jarra un gran trago mientras los dos novios le observaban impresionados.

-¿Y por qué diablos no está aquí?-Ace abrió los ojos sorprendido.

-Porque no existe esa mujer.-Fastidió Marco la noticia. Thatch arrugó la nariz y le dedicó una mirada llena de odio. Los otros dos se echaron a reír.

-¿Así que son estos los bares que frecuentáis en Londres?-Preguntó con interés la mujer del grupo.-Os habéis convertido en unos viejos. En el instituto ni se os pasaba por la cabeza pisar un bar tan excéntrico como este.

-Nos toca vivir esta etapa. ¡Así que por los viejos tiempos!-Marco alzó su jarra para brindar con sus amigos de toda la vida. El resto lo siguió de buena gana para después beber un sorbo largo y fresquito de cerveza.

-Lo raro es que no tengamos críos ya.-Thatch suspiró aliviado ante esa idea.

-Esperemos que pase mucho tiempo hasta que eso ocurra.-El rostro de Ace se llenó de pánico al mentar cualquier cosa relacionada con bebés. Marco rió pero Thatch frunció el ceño un tanto, luego lo relajó y se lanzó a la piscina. Era la hora de las preguntas.

-¿No te gustaría tener hijos Ace?

-No es mi fin. Y prefiero no tener que pensar en ello.

-Parece que Thatch quiere meteros presión.-La peli morada soltó una pequeña risita ante el comentario del rubio.

-Quizás Nojiko no piense como tu.-Los tres hombres la observaron curiosos mientras ella bebía algo más de cerveza.

-¿Yo? ¿Hijos? No me gustan nada los niños, son sucios, hacen ruido y tienes que estar las veinticuatro horas del día a su entera disposición. Si tuviese un hijo sería porque Ace lo necesitase mucho o tuviera un arrebato paternal de repente.

-Mejor no.-Rió el pecoso.-Un mundo sin niños siempre será mejor para todos nosotros.-Alzó su botellín en un brindis imaginario. Marco rió y observó de reojo como Thatch parecía divertirse interiormente. Algo ocultaba.-Además, no quiero condenar a ninguna criatura de este mundo a llevar la sangre de mi padre.

-Eso es exagerado.-Se quejó la peli morada.

-Mejor no hablemos de niños y centrémonos en la boda.-Rió Thatch observando a los dos tortolitos casi atragantarse con sus bebidas.

-Aún es muy pronto.-Respondió Ace raudo y veloz.

-Además, ¿quién la pagará? ¿Tú?-Marco miró a su amigo castaño sonriente.

     Pero de pronto, en medio de la conversación y antes de que pudiera contestar, el móvil de Thatch comenzó a vibrar. El castaño lo sacó del bolsillo y sonrió amplio al ver de quién se trataba.

-Perdonadme un momento.-Se levantó de la mesa y salió del local a la fría intemperie.

-Al final existe esa chica misteriosa.-Comentó Nojiko observando la puerta por la que había desaparecido.

-Creo que está ocultando algo diferente.-Marco se quedó mirando a Ace con una sonrisa divertida. Nada más darse cuenta de a qué se refería, el moreno, sintió un fuerte vuelco en su corazón e inmediatamente se volvió hacia la puerta por la que su amigo había salido. Apretó su botellín de cerveza entre los dedos.

     Nada más salir, Thatch descolgó el móvil entusiasmado.

“-¿Neru?

-Te perdono.-El castaño sonrió al escucharla.

-Gracias a Dios. Pensé que no podría volver a hablar contigo después de lo de esta mañana.

-Iba a decantarme por esa opción pero me lo he pensado mejor. ¿Qué tal fue lo del hospital?

-Muy bien.-Se metió la mano libre en el bolsillo del pantalón.-Aunque se te echó de menos.

-No es para tanto.-A pesar de lo que Thatch esperaba, la joven no mostró signos de simpatía en ningún momento de la conversación y comprendió, que quería algo a cambio de su perdón.

-¿Tengo que hacer algo para compensarte lo de esta mañana?

-Puede ser una buena idea.-Él sonrió. Había dado en el clavo.

-¿Un nuevo desayuno quizás?

-No. Quiero que me consigas el número de una amiga, se llama Koala. Sé que Ace lo tiene. ¿Podrías hacerlo por mí?

-Por su puesto. Te mandaré un mensaje más tarde. Aunque creo que podría facilitarte a los mediadores y darte directamente el suyo.

-Thatch…no sigas…

-De acuerdo. Era una broma mujer.

-Gracias. Nos veremos pronto.

-Oi Neru, espera un segundo. Déjame que insista, tenéis que veros. Ace debe saber lo del bebé. Es su hijo.-La oyó suspirar.

-Él tiene su vida y yo ya tengo la mía. Darle la vuelta a las cosas no funcionará. Les haremos daño a muchas personas.

-Pero os queréis.

-Nos queríamos Thatch. Las cosas son diferentes ahora.

-No te creo.

-Nos veremos en otro momento.”-Y sin poder dejar que él se despidiera, la muchacha colgó. Thatch suspiró observando la pantalla vacía de su móvil. Odiaba tener que relacionarse con personas tan cabezonas.

     Entró en el local y se sentó de nuevo con sus amigos.

-¿Y bien? ¿Era la chica rubia?-Nojiko rió divertida. Thatch sonrió.

-Rubia no, pero morena sí.-La joven abrió los ojos sorprendida.

-Espero que nos la presentes la próxima vez.-Se levantó de su asiento.-Voy al baño. ¿Nos vamos después?-Fijó sus ojos azules en Ace quien asintió.

     Los tres observaron como Nojiko se marchaba hacia el baño. Fue el momento en el que Marco vio la oportunidad perfecta para desenmascarar a su amigo.

-Thatch queremos la verdad.-Ace miró al castaño detenidamente. Quería saber que estaba ocultado. El susodicho desvió sus ojos de uno a otro hasta suspirar resignado.

-Está bien.-Cogió una servilleta y se sacó un bolígrafo del bolsillo. Empezó a apuntar algo en ella.-Pero que conste que llevo intentando que seáis sinceros desde que has llegado.

-En una semana quiere resolverte el problema de meses.-Se burló Marco, después de aquella frase sabía perfectamente que estaba pasando. Thatch obvió el comentario y le tendió el papel al pecoso.

-Es el número de Nerumi.-Al oír ese nombre, Ace sintió como su cuerpo se llenaba de calidez y paz.-Me ha llamado para que te pidiera el de Koala-san. Sabe que estás aquí, yo se lo he dicho hoy. Y me ha costado una discusión.-Soltó una lenta bocana de aire recordando dicho enfrentamiento.-Me da igual lo que hagáis con vuestra vida, lo único que quiero es que por lo menos habléis las cosas en frío. Ya ha pasado el tiempo suficiente para ello y no sois unos niños.

-No puedes decidir ese tipo de cosas por él, Thatch.-Comentó Marco.

-Lo sé, y por eso no voy a intentarlo más. Te dejo a ti la decisión.

    

     Esa noche nada más llegar a casa, el pecoso decidió subir a la azotea de su nuevo edificio a fumar. Necesitaba pensar muy bien las cosas. Necesitaba tener claro cómo iba a llevar las riendas de esa situación. Sabía que quería volver a oír su voz y, verla de nuevo como esa mañana, sería un subidón de alegría a su día pero, había un importante problema en la ecuación.

     Ya no estaba solo. Ahora salía con Nojiko.

-No bajes muy tarde, ¿vale?-Se asomó al pasillo observando como Ace se colocaba una chaqueta.

-Tranquila, solo será uno.-Le sonrió.

-¿Quieres que suba contigo?-Apoyó su hombro en el marco de la puerta cruzándose de brazos. Ace cogió las llaves.

-No. Prefiero que te acuestes y descanses.

-Intentaré esperarte.-Se sonrieron y cada uno tomó un camino diferente.

     En cuanto pisó esa bonita azotea, los recuerdos se atrincheraron en su corazón. Si todavía siguiesen en Japón estaba completamente seguro de que no dormiría esa noche con Nojiko, sino con ella. Estaba convencido de que habrían hecho todo lo posible para salir ganando sin embargo, las circunstancias no estuvieron siempre a su favor y al final terminaron separados.

     Observó el reloj de su teléfono móvil. Era la una y seis minutos de la madrugada.

-Es muy tarde.-Chistó con la lengua encendiéndose el cigarrillo.-Tal vez mañana lo intente.-Susurró clavando sus ojos en el cielo oscuro y nocturno de aquella extraña ciudad donde ahora vivía. Su nuevo hogar…

     Pero no fue así. Ni siquiera se atrevió a guardarlo en su agenda. Cogió la servilleta y la escondió bajo la solapa de su libro favorito.

     Durante muchas semanas se dedicó a trabajar, a la fotografía, a sus amigos y a Nojiko. De vez en cuando llamaba a sus hermanos y viceversa. Tenían ganas de verse y de volver a la normalidad en París. Sabo le contó que Koala había aprobado el examen para entrar en la clínica más importante de la ciudad como enfermera auxiliar. Un puesto que con el tiempo iría aumentado de valor. Y Luffy tenía pensado abrir junto con sus amigos un local de comida rápida. Contó enérgico como había convencido a Sanji para que les cocinara en su nuevo proyecto, y como Nami parecía que llevaba sus nuevos estudios en geografía a las mil maravillas.

     Todo estaba en su sitio.

     Pasaron los días, e incluso los meses. Poco le quedaba ya de su estancia en ese bonito lugar. Tan rápido pasó el tiempo que incluso Nojiko había abandonado Londres hacia un par de semanas cuando Thatch le envió un mensaje desesperado al móvil.

     “¿Sabes que lleva esperando ese maldito número de teléfono dos meses y medio? Creo que deberías decírselo ya. Va a matarme…”

     Ace sonrió sintiéndose completamente triunfal. Saber que la integridad de su amigo dependía de él, le entusiasmaba. Pero tenía razón. Ese día pensaría detenidamente qué hacer. Al fin y al cabo, solo se trataba de una llamada o de un mensaje para darle algo que le devolvería un poco de felicidad.

     Así que aquella noche, tras beberse una buena cerveza, sacó la servilleta de su escondite y marcó cada número en su teléfono móvil. A medida que iba pulsando las teclas sentía como su corazón se aceleraba. Notaba su respiración coger un poquito más de velocidad. Aunque antes de lanzarse por completo, le escribiría un mensaje.

     “Nerumi, tengo el número de Koala, ¿puedo llamarte?”

     Tras pensárselo un buen rato, le dio a enviar. Luego, esperó. Esperó observando fijamente la pantalla durante diez minutos y cuando empezó a desistir fue hacia la cocina para prepararse algo de cenar. Pero nada más volver…

     “¡Lo tienes, es genial! Llámame cuando quieras. ¿Has cambiado de número? O.O”

     Notaba sus pulsaciones vibrar con fuerza en su garganta. Casi le temblaba el pulso. Se le había cerrado el estómago. Ya no tenía hambre. Tenía que acabar con ese momento lleno de presión o terminaría volviéndose loco. Antes de marcar su teléfono respiró hondo y cerró los ojos. Cogió un cenicero y un par de cigarrillos, abrió a la ventana y observó como la luna se alzaba sobre el cielo.

     Luego simplemente, marcó. Se llevó el móvil al oído, dio una larga calada a su tabaco y esperó. Podía oír perfectamente los tonos de llamada hasta que alguien descolgó el teléfono.

“-¿Sí?-Nada más oírla se formó una gigantesca sonrisa en los labios del pecoso.- ¿Hola?-Poco a poco, notó como se le desaceleraba el pulso. Sintió una tremenda calidez llenarle el alma. Tenía tantas ganas de oírla que ahora no sabía exactamente qué decir. Ni siquiera lo había pensado.- ¿Hay alguien ahí?-Al otro lado, Nerumi escuchaba el más absoluto de los silencios. Ese tipo de cosas la ponían tensa.- ¿Thatch?-Ace sabía que tarde o temprano tenía que decir algo o perdería esa fantástica oportunidad.

-No soy Thatch…-Nada más escuchar ese tono, un nudo se aferró a la garganta de la periodista. Conocía perfectamente esa voz. La había escuchado tantas veces dentro de sus sueños que ni siquiera creía que ese instante fuese verdad. Poco a poco y sintiendo sus piernas temblar, se sentó sobre uno de los sillones que había en su bonito porche en el jardín.

-¿Y quién eres?-Lo sabía pero necesitaba confirmarlo. Sus ojos se empezaban a llenar de lágrimas que evitaban desbordarse.

-Soy Ace, Neru.-El pecoso sintió como sus nervios terminaban de apagarse. Volvió a dar otra calada. Ella sonrió feliz dentro de la vorágine de emociones que se atrincheraban en su interior. Llevaba más de cinco meses sin oír su voz. Sin saber de él. Sin nada.

-Dime que no es un sueño.

-No, no lo es.

-Estas incumpliendo tu promesa, ¿lo sabes?-Se mordió el labio. Él la oía reír y se sintió más feliz que nunca.

-Me da igual.

-Estás loco.-Lanzó una lenta bocanada de aire mientras sus pómulos se llenaban de lágrimas.-Voy a mataros a los dos. Puedo adivinar de quién es el maldito plan.

-Lo ideo hace un par de meses. Pero yo tenía que elegir así que…No encontraba el momento.

-Me alegra que dieras con él.-Soltó un pequeño puchero. Ace sonrió.

-No llores. Harás que me sienta fatal y me arrepienta de haberte llamado.-La joven asintió y se apartó un tanto las lágrimas. Respiró hondo e intentó calmarse.

-Te he echado de menos. ¿Puedo decirlo o arruinaré algo?

-Serías incapaz de arruinar nada.-Siguió fumando hasta que terminó aquel primer cigarrillo lleno de nervios.-Yo te he echado de menos cada día también.-Sonrió.-Pero escucha, seré un poco breve. No quiero que tengas problemas así que, te daré el número de Koala, me prometerás que eres feliz y colgaré. Intentaré no volver a llamarte. De hecho tirare tu número y lo borraré del móvil. Te dejaré tranquila y…podrás seguir con tu vida como hasta ahora.-Esa idea la horrorizó.

-Por favor, no lo hagas.-Una última lágrima descendió por su bonito rostro.-Las cosas no van como tú crees.-Se llevó una mano al vientre tentada a decirle la verdad pero se contuvo. No era el momento ni el medio. Además estaba asustada. Ni siquiera sabía que podía pasar si se lo contaba. No quería cargarle con ese peso de repente. Estaba convencida de que ya se sentía bastante mal.-No puedo prometerte que soy feliz, no quiero el número de Koala-chan si no puedo volver a escucharte. Me dan igual cada uno de los problemas que me esperen. No quiero seguir tranquila como hasta ahora. Te quiero a ti, Ace.-El moreno tragó saliva al escucharla. Cerró los ojos con fuerza y apretó el puño de la mano libre.

-Lo sé pero, las cosas han cambiado Neru…

-Volviste con Nojiko.

-Sí.-Ella se mordió el labio con fuerza. Agachó el rostro.-No se lo merecería.

-Por supuesto que no. Ha luchado mucho por volver a tenerte.-Se le pasó, por un instante, el momento que la dejó completamente vendida frente a Law. No iba a contarlo. Ella no jugaba de esa forma.-Qué derecho tengo yo de querer persuadirte después de dejarte allí hace cinco meses en la cubierta del barco, ensangrentado y mal herido…-Se sorbió la nariz.-Me equivoqué por completo en la decisión que tomé. Lo siento.

-Me da igual todo lo que hiciste.-Ace suspiró.-Ojalá pudiera hacer que las cosas fueran diferentes. Yo te sigo queriendo tanto como el primer día pero…

-Estoy desesperada.-Le cortó.-Este encierro me supera Ace. No…no sé qué hacer…

-Te daré el número de Koala para que te sientas un poco mejor. Y…aunque sabemos que no podemos, te prometo que voy a llamarte cada día hasta que estés bien y vuelvas a sonreír. Nojiko ya no está en Londres. Tengo un poco más de espacio para hacerlo.

-¿Y si no vuelvo a estar bien?

-Lo estarás, ya lo verás.

-¿Cuánto tiempo te quedas?

-Me voy en un mes y medio a París. Estamos viviendo allí desde lo que ocurrió.-Ella asintió.

-Es un bonito lugar.

-Oi Neru, vuelve a sonreír para que podamos seguir adelante. Sé que es difícil, pero es lo que decidimos.

-No, es lo que yo egoístamente decidí.

-Para protegerme.

-¿Y lo he conseguido? ¿Tú estás bien?

-Deja de decir tonterías, no he vuelto a estar bien desde que te fuiste. Por cierto, conservé el sombrero…”

Notas finales:

Esta semana un día antes!! Espero que lo disfrutéis, muakss!! ;)

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