Fanfic Es
Fanfics en español

El reencuentro por silvy1990

[Comentarios - 0]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
Notas:

Hola a todos, ¿cómo están? :)

Lamento el retraso en las actualizaciones, pero he estado teniendo problemas para entrar en la página :(

Aquí les dejo el nuevo capítulo, espero que les guste ^^

CAPITULO 8.

Tenía una apariencia que guardar, por eso, cuando Alex se cansó de besarme y comprobar que aunque me negara a mis sentimientos, sentía algo por él, pataleé como una niña pequeña ante su sonrisa de victoria y me senté en una de las bancas altas de la cocina para desayunar. Él se sentó frente a mí, aún con esa sonrisa en la cara. Me estaba sacando de quicio.

-Me estás poniendo nerviosa con esa sonrisita –estalle-…

-Estoy feliz, no sabes cuánto tiempo desee hacer eso… ¡Qué buen beso! –parecía burlarse de mí-.

-¡No me lo recuerdes! –Miré hacia otro lado-.

-¿Por qué? –Quiso saber-.

-Mira, Alex… Es verdad, me gustas mucho, pero… No confió en los hombres, no quiero enamorarme otra vez… ¿Entiendes? –le confesé finalmente-.

-Lo entiendo y lo respeto, pero te gusto. Y quiero que sepas que lucharé por ti hasta que me des una oportunidad –sentenció-.

-Genial –rodé los ojos-…

-Sé que te han hecho daño y lamento que haya sido así, pero no todos los hombres somos así –me recordó-.

-Sé que eres un buen hombre, Alex. Y es por eso, que no quiero estropear nuestra amistad –le pedí-.

-Y así será, pase lo que pase. Te lo prometo, Amy –me juró-.

-Gracias –de verdad esperaba que cumpliera esa promesa-…

-De hecho, este beso, no cambiará nada… Al menos, nos hemos sincerado –se encogió de hombros-.

Le miré con mala cara. La sinceridad era muy relativa, sobre todo, la forma en la que había conseguido que le confesara mis sentimientos. ¡Qué coraje me daba ser tan predecible!

Pero, debía admitir, que necesitaba ese beso y que me gusto muchísimo más de lo que quería reconocer y fue por eso que me asusté. Cualquier otra chica, en mi situación, estaría feliz e intentaría tener algo con él, pero no podía ni siquiera pensarlo porque me paralizaba.

La última vez, cuando inicié mi relación con Leo, lo hice casi sin pensarlo. Ahora que sabía muy bien lo que era y que la mayoría de hombres (al menos, así había sido con Leo) estaban interesados en el sexo, no quería volver a hacer las cosas de forma precipitada y volver a equivocarme. No podría con otro fracaso en tan poco tiempo.

-¿En qué piensas, Amy? –se interesó-.

-El desayuno estaba delicioso, eres un buen cocinero –comenté-.

-Gracias, es lo menos que podía hacer –sonrió-.

-Voy a recoger antes de irnos –me ofrecí-.

-Yo me encargo de eso, tranquila –me detuvo-.

Accedí a lo que Alex me pedía. Le observe en silencio, desde la banqueta de la cocina. Alex era muy especial y me sentía realmente mal por no poder corresponderle como me gustaría, como él se merecía; pero, de momento, era lo que tenía que hacer para estar en paz conmigo misma.

Cuando Alex terminó, salimos de la casa, ya que la hora de quedar con nuestros amigos, se acercaba. Alex pasó su brazo por mis hombros y bromeo conmigo un par de veces, haciéndome olvidar lo sucedido hace poco en mi casa. Sin duda, nuestra relación no tenía por qué cambiar…

Al llegar al centro comercial, nuestros amigos, ya nos esperaban. Había que comprar un par de cosas para hacer una pequeña fiesta cuando llegásemos a la casa de la playa, solo para celebrar nuestra presencia allí una vez más. Además, este año era diferente y especial, ya que nos acompañarían los chicos, nuestros nuevos amigos. También, las chicas querían comprar bañadores, toallas, bronceadores y sombrillas, todo lo necesario para tomar el sol con precaución. Yo no necesitaba nada de eso, pero las acompañaría encantada.

-Llegáis los últimos –nos riño Ruth, señalando su reloj-.

-Nos entretuvimos –Alex se encogió de hombros-.

-¿Qué estabais haciendo? –Tom enarcó una ceja-.

-Desayunando -Alex rodó los ojos-.

-Bueno, vayamos a resolver nuestros asuntos de la casa de la playa –intervino Miriam-.

Entramos al centro comercial, donde lo compraríamos todo. Miriam sacó una lista de su bolso y mando a los chicos al supermercado a comprar algunas cosas, mientras que nosotras nos quedaríamos mirando en las tiendas para encontrar lo que necesitábamos. Las tres nos enganchamos del brazo y paseamos por las tiendas, viendo los escaparates para después volver a empezar y entrar en cada una de ellas. Las chicas parecían encantadas, aunque yo no era tan fanática de las compras.

Además, tenía la cabeza en otra parte. No paraba de pensar en lo que había pasado en mi casa. Alex iba a luchar por mi amor y aunque no quería que lo hiciese por miedo a perderle, me moría de ganas de que luchase y consiguiese hacerme olvidar todo lo malo que había pasado hasta su llegada. Tenía miedo de sus besos, pero me aterraba aún más que él jamás volviera a besarme.

Estaba confusa. Y claro, era expresiva con el rostro y mis amigas sabían que algo me rondaba, siempre lo averiguaban.

Así que, cuando terminaron las compras, nos dirigimos a una heladería del centro comercial. Cuando hicimos nuestro pedido, nos sentamos en una de las mesas y sus preguntas comenzaron.

-¿Va todo bien, Amanda? –Miriam cogió mis manos entre las suyas-.

-¿Ha pasado algo con Alex? –Quiso saber Ruth, llevando su mano a su corazón-.

-No… Bueno, sí… No sé –dudé-…

-Me estás asustando, amiga –Miriam puso mala cara-…

-¿Qué ha pasado? –Insistió Ruth-.

-Alex me besó –dije con velocidad y con los ojos cerrados, esperando no tener que repetirlo-.

-¿Qué? –mis amigas hablaron al mismo tiempo, mirándome con sorpresa y mirándose entre ellas-.

-¿Cómo ha pasado? –Cuestionó Ruth-.

-¿De verdad tengo que explicarte cómo funcionan los besos, Ruth? –Enarqué una ceja-.

-No me refería a eso, tonta… ¿Cómo ha conseguido besarte así tan de repente? –Repitió Ruth-.

-Le invité a desayunar y no sé cómo, nos acercamos más de la cuenta y me besó –me sonrojé-.

-¿Y cuál es el problema? –Miriam no parecía entender mi preocupación-.

-Mi relación con Leo fue precipitada y aunque tengo superada la ruptura, no quiero repetir la historia con Alex –me explique-.

-¿Solo te ha besado o ha pasado algo más? –Tanteó Ruth-.

-Me confesó sus sentimientos –me sonrojé de nuevo-…

-¿Te ha dicho que le gustas? –asentí ante la pregunta de Miriam y ella insistió-. En ese caso, ¿qué es lo que tienes que pensar?

-No quiero precipitarme y fracasar de nuevo, en tan poco tiempo. No lo resistiría –sollocé-.

-¿Alex te gusta? –Me pregunto Miriam con suavidad-.

-Muchísimo –admití-.

-Entonces, tómatelo con calma. Si tiene que surgir algo entre vosotros, surgirá aunque opongáis resistencia –bromeó Ruth-.

-Sois las mejores amigas del mundo, os quiero –las abracé-.

-Y nosotras a ti –me animó Miriam-.

-¿Sabéis una cosa? Hacía tiempo que no salíamos de esta manera, tenemos que hacerlo más a menudo –razonó Ruth-.

-Es que desde que estás con Tom, no quieres cuentas con nosotras –la riñó Miriam-.

-¡Mira quién habla…la que está enamorada de Iván! –Ruth se cruzó de brazos-.

-Bueno… solo un poco –reconoció Miriam, haciéndonos reír-…

Terminamos nuestro helado hablando de cosas tontas y sin sentido. Sin duda, poder contar con ellas, era increíble.

Pocos minutos después de terminar nuestro helado, los chicos regresaron cargados de bolsas, pero al menos no habían tenido que ir de tiendas con nosotras, ya que normalmente, ir de tiendas era algo que los chicos odiaban profundamente. Al tenerlo todo, lo guardamos en el coche de Tom, excepto la ropa y los bronceadores que lo guardarían las chicas. Así que, Tom se ofreció a llevarnos a casa, pero como yo vivía prácticamente al lado, me despedí. Alex me acompañó, ya que tenía el coche muy cerca de mi casa.

-¿Te has divertido con las chicas? –se interesó-.

-Sí, hacía tiempo que no salíamos así –sonreí-.

-Deberíais hacerlo más a menudo –dudó-.

-Sí, de eso estuvimos hablando –asentí-.

-Por cierto, ¿sabes de algún veterinario que sea bueno? –me cuestionó-.

-¿Le pasa algo a Ben? –me preocupe-.

-No, pero me gusta hacerle revisiones mensuales y desde que llegamos de Madrid, no he ido aún –me explicó-.

-Al final de esta calle, hay un veterinario muy bueno. Le intentó salvar la vida a mi perro, pero era imposible hacer algo por él –le expliqué-…

-Cuando regresemos de la playa, iré a esa revisión. ¿Me acompañarías? –Quiso saber-.

-Me encantaría, pero lo paso muy mal en esos lugares –me entristecí-.

-Está bien –agachó la cabeza y dejó de insistir-.

-Me lo podría pensar –no soporté verle tan apagado-.

-Aún tienes tiempo para pensarlo –se encogió de hombros-.

-Claro… ¿Nos vemos mañana? –dudé-.

-Me gustaría aprovechar el día con mi madre, pero si quieres, puedo cenar contigo y quedarme a dormir para ahorrarle un viaje a Tom –propuso-.

El lunes nos íbamos al viaje de la playa e iríamos en el coche de siete plazas de Tom, pero como saldríamos temprano, él aseguró recogernos de uno en uno. Sin duda, la idea de Alex no era tan mala, pero ¿quedarse a dormir? ¿De verdad podía aceptar eso, sabiendo lo que sentía por mí? Bueno, la casa era grande, no tendría que haber problema de espacio y tampoco creía a Alex capaz de hacer algo indecoroso, ¿verdad?

-De acuerdo, puedes cenar conmigo y quedarte a dormir –acepte-

-Nos veremos mañana, entonces. Que pases buena noche, descansa –besó mi frente-.

-Buenas noches, hasta mañana –besé su mejilla-.

A pesar de todo, Alex era mi amigo y confiaba en él. Al menos, quería confiar en él aunque nos hubiésemos sincerado con nuestros sentimientos.

Entré en la casa y cerré la puerta principal, además de encender la alarma. Como cada noche, me duche, me cambié y me metí en la cama. Abracé la almohada y no pude evitar sonreír al acordarme del beso que había compartido con Alex. Solo lamentaba que hubiese llegado a mi vida en esas circunstancias, sin duda, era un chico muy especial…

A la mañana siguiente, al despertar, me di una ducha rápida para ponerme un vestido playero de estilo ibicenco y color blanco para andar por casa. Aunque era domingo, tenía mucho que hacer y es que al día siguiente, nos iríamos al viaje de la playa.

Rebusqué una de las maletas y me acerqué al vestidor. Escogí un par de biquinis, toallas para la playa y la casa, ropa interior, ropa y zapatos para salir, para estar en casa, para dormir, bronceadores y por supuesto, documentación para estar identificada, algunos libros para leer, el móvil y su cargador, y cómo no, un neceser con todo lo necesario para el aseo personal. Y creo que no me olvidaba nada.

Después de hacer las maletas, el resto del día pasó sin pena ni gloria. Y cuando se aproximaba la noche, empezaba a ponerme nerviosa, ya que Alex iría a cenar y a dormir conmigo. Aunque fuésemos a hacerle un favor a Tom y ahorrarle un viaje, me estaba echando la soga al cuello. ¿Podría soportar la presencia de Alex tan cerca de mí aquella noche?

Notas finales:

Espero que les haya gustado, cuidense.

¡Un saludo! ^^

Usted debe login (registrarse) para comentar.