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El reencuentro por silvy1990

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Notas:

Hola, ¿cómo están? ^^ 

Aquí les traigo un nuevo capítulo, que estoy segura les encantará ;)

Hay un suceso que cambia un poco las cosas entre nuestros protagonistas, ¿lo adivinan? ¿no? ¡pueden hacer apuestas! :)

¡Disfruten de la lectura! n_n

CAPITULO 7

Una vez que estuve lista, bajé donde Alex me esperaba. Nada más verme aparecer en el salón, Alex me miró de arriba abajo, silbando. Me sonrojé al instante…

Tampoco estaba tan especial. Para aquella ocasión había elegido unos shorts vaqueros y una camiseta blanca con lunares negros, a juego con complementos plateados, además de mi suave maquillaje y mi labial rosa.

Alex sonrió y besó mi mejilla antes de salir de casa, que cerré tan bien como siempre hacía. Nos dirigimos hacia el centro comercial, donde habíamos quedado con los demás. Al llegar, ya todos nos esperaban, excepto Ruth, que nos esperaría en la puerta de su hogar.

Alex ofreció su coche para ir hasta allá, además de ser las personas adecuadas para montar en su coche de cinco plazas. Aceptamos la invitación y cuando Alex encendió el coche, me dejo subir al asiento del copiloto, abriéndome y sosteniéndome la puerta, como siempre hacía. Tom, Miriam e Iván se sentaron en la parte de atrás, en ese mismo orden. Una vez que estuvimos todos en el coche, salimos hacia la casa de Ruth. Alex seguía mis indicaciones mientras Tom las confirmaba. Me reí ante lo impaciente que parecía Tom al estar a punto de ver a Ruth. Sin duda, debía quererla mucho.

Tras unos minutos de trayecto, conseguimos aparcar el coche bastante cerca de la casa de Ruth, donde ella ya nos esperaba con impaciencia. Ruth vivía en un barrio más humilde y alejado de los nuestros, pero aún así, su familia también tenía bastante dinero y un buen trabajo. Si no se habían mudado era por no alejarse del resto de su familia. La familia de nuestra amiga era bastante numerosa, por cierto. Era la pequeña de cinco hermanos, sus cuatro hermanos eran varones; tenía muchos tíos, muchos primos… Un caos, vaya.

Ruth nos saludó con efusividad nada más vernos llegar y abrazó a Tom antes de besarle como si no hubiera un mañana. Miriam, Iván y Alex rieron por aquella escena, mientras que yo miraba a otro lado. Bastante mal lo pasaba al ver a otras parejas demostrarse su amor y no saber si de verdad, eran sinceros.

-Bienvenidos a la feria de mi barrio, espero que disfrutéis y lo pasemos bien.

-De eso no cabe duda, cariño.

Ver a Ruth y Tom tan melosos de verdad me sacaba de quicio. Respiré varias veces, tenía que calmarme.

Miriam debió darse cuenta porque cuando comenzamos a caminar se enganchó de mi brazo para apartarme del resto e interesarse por mi estado de ánimo. Comencé a contarle lo que me sucedió ayer en la tarde con Leo y Alex y también el día que había pasado con Alex casi sin esperarlo y hasta de mis sentimientos por Alex.

-Si no fuera por el daño que me ha hecho Leo, no dudaría en intentarlo con Alex… Parece tan perfecto –suspiré, observándole hablar con Iván en la distancia-…

-La perfección no existe, amiga… Pero si Alex te gusta, deberías intentarlo –apretó mi hombro-.

-Ese es el problema. No confió en los hombres y no quiero estropear la amistad que tengo con él –sentencié-.

-Siento desilusionarte, pero creo que él quiere algo más que una amistad –sonrió-.

-¿Qué te hace pensar eso? –Enarqué una ceja-.

-El día que os reencontrasteis, ayer en la piscina, ayer cuando te defendió al ver a Leo y hoy cuando ha ido a comer a tu casa… ¡No hay más que ver lo bien que habéis conectado! ¿Necesitas más pistas? –Miriam parecía desesperada al ver que no lo veía igual de claro que ella-.

-Ese hombre del que habláis es sensual y morboso, por lo que Amanda debería estar dejándose amar por él –Ruth apareció por detrás-.

-No tenéis remedio –sacudí la cabeza-.

Sin duda, cuando a mis amigas se les metía algo en la cabeza, no paraban. Recuerdo cuando me insistieron en intentarlo con Leo y no pararon hasta que inicié mi relación con él. Pero esta vez, no. Esta vez no les haría caso y haría lo que me apeteciese hacer, sin presiones. Y es verdad que lo único que me apetecía era conocer mucho más al Alex de ahora. Me aparté de las chicas y me acerqué a Iván y Alex. Al verme, los dos se miraron e Iván me guiñó un ojo antes de dejarme a solas con Alex.

-¿Va todo bien, Amy? –Pasó su brazo por mis hombros-.

-Mis amigas me están agobiando –le confesé-.

-¿En serio? ¿Por qué? –parecía sorprendido-.

-Son así, ya las conocerás –sonreí-.

-No es por nada, pero a la que verdaderamente me interesa conocer es a ti –me confesó-.

-¿Eso qué significa? –Fruncí el entrecejo-.

-Significa que aunque mantenga la amistad con todos, es tu amistad la verdaderamente importante para mí –se explicó-.

-Siendo como eres, no creo que tengas problema en mantenerme como amiga –le guiñé el ojo-.

-Perfecto, entonces –sonrió-.

La voz de Iván llamándonos nos sacó de nuestra conversación. Al parecer, los cuatro iban a montarse en los coches de choque y quisieron saber si les queríamos acompañar. Alex me miró, esperando mi respuesta, así que asentí y acompañamos a nuestros amigos, que ya estaban preparados y emparejados para montar, así que cedí a Alex el asiento del conductor.

Cuando el juego comenzó, Alex conducía pegado al lateral, por lo que ningún coche podía golpear por el lateral donde estaba mi asiento. Cuando veía a alguno de nuestros amigos, se desviaba de su ruta para golpearles por el lateral donde él conducía, pero nunca por mi lado. Sin duda, intentaba que nadie me golpease y me hiciese daño. Lo agradecía, ya que no me gustaban los coches de choque y era agradable que sin haberle dicho nada, él tuviera esas atenciones.

Después de eso, Ruth insistió en ir a la casa del terror. Si me daban miedo las películas de ese estilo, ya os podéis imaginar. Me negué en rotundo a entrar a ese infierno. Y al parecer, si yo no entraba, Alex tampoco, así que tanto él como Iván, que al parecer tampoco le gustaban esas cosas, nos quedamos fuera, esperando al resto de nuestros amigos.

-Amanda, ¿puedo hacerte una pregunta? –Iván rompió el silencio-.

-Claro, Iván –le sonreí-…

-¿Sabes si Miriam tiene… novio? –dudó-.

-¿Te gusta mi amiga, verdad? –Fui directa al grano-.

-La verdad es que sí, me gusta mucho. ¿Tanto se me nota? –se sonrojó-.

-Un poco… Creo que a ella también le gustas, pero hay algo que deberías saber –le advertí-.

-Te agradecería cualquier ayuda, Amanda –asintió-.

-Miriam es una chica formal y si te acercas a ella, debes saber que ella no querrá una relación corta –comenté-.

-No debes preocuparte, tu amiga me gusta sinceramente y las relaciones que he tenido siempre han sido largas –explicó-.

-No seas exagerado, Iván –intervino Alex-. Solo has tenido una novia durante tres años.

-Sí, bueno –parecía incómodo-…

-Entonces, creo que eres el candidato perfecto para Miriam –le di ánimos-.

-¿Crees que si me acerco a ella, le molestará? –insistió-.

-¡En absoluto! –le sonreí-.

-Muchas gracias, Amanda. La verdad, es que no sabía a quién recurrir. Ruth parece más lanzada, pero a Miriam y a ti os veo más complicidad –confesó-.

-Nos parecemos bastante en ese sentido –reconocí-.

-¿Ves, Iván? Te dije que Amanda era de confianza –Alex le dio un codazo a su amigo-.

-Ahora entiendo por qué sois tan amigos vosotros dos… Y ya sabes, toma nota –le dijo a Alex canturreando-.

-Cállate –Alex le lanzó una mirada fulminante a Iván-.

Reí ante la actitud de ambos, no entendía muy bien las pullas que se lanzaban, pero era divertido verles así. Entonces, los chicos salieron de la atracción y Tom, al ver así a sus amigos, se unió a ellos, haciéndonos reír a las chicas y a mí a carcajadas.

Cuando el ambiente se calmó, fuimos a una hamburguesería a tomar algo. Sin embargo, a la hora de pagar, Alex se me adelantó y pagó también mi parte. Me enfadé mucho con él, ya que no me gustaba que me invitasen a nada. Sin embargo, Alex insistió que era en agradecimiento por haberme dejado a comer con él. Entonces, lo entendí y se me pasó el enfado, pero solo un poco.

Miriam aprovechó la ocasión para recordarnos lo de la casa de la playa y formalizó el evento. Ese día, al ser viernes, ya tendríamos todo el fin de semana para preparar las cosas y marcharnos allá al lunes siguiente, es decir, solo teníamos un par de días. Tom, que era el que nos llevaría en coche, aceptó la idea, aunque fuese precipitada, ya que el vehículo había pasado la revisión la semana anterior.

Me hizo muchísima gracia la forma en la que organizamos todo de manera tan breve, anotándolo todo en una servilleta de la hamburguesería. Sin duda, Miriam tenía prisa por llevar su idea a cabo y marcharnos a la playa cuanto antes para pasar unas vacaciones únicas y diferentes, ya que los chicos nos acompañaban y era la primera vez que eso ocurría.

Después de la cena, decidimos despedirnos hasta el día siguiente que habíamos quedado a las doce para organizar las cosas. Ruth se quedó en su casa y Alex empezó a llevarnos a nuestras respectivas casas con su coche. No sé por qué razón, pero a mí me dejó la última.

-Espero que lo hayas pasado bien, Amy –me miró una vez más antes de que bajase del coche-.

-Contigo, me divertiría en cualquier lugar –le sonreí con la mano en el manillar de la puerta-.

-¿Incluso si me auto invito a comer? –bromeó-.

-No digas eso, siempre serás bienvenido en mi casa –asegure-.

-¿Qué te parece si te recojo mañana antes de quedar con el resto, para ir juntos? –dudó-.

-¿Y si te invito a desayunar, qué me dices? –le propuse-.

-Mucho mejor que mi plan porque así pasamos más tiempo, juntos. ¿Nos vemos aquí a las diez? –tanteó-.

-A las diez nos veremos -asentí-.

-Perfecto. Que pases buena noche, hasta mañana –me sonrió-.

-Hasta luego, Alex –le sonreí y baje del coche-.

Bajé del coche y me dirigí hacia mi casa, sin mirar atrás. No podría ver sus hermosos ojos sin prepararme mentalmente para ello. Cuando entré a mi hogar, cerré la puerta y encendí la alarma, pero apoyé todo mi peso sobre la puerta.

Estaba claro que aunque no quisiera admitirlo, Alex me gustaba. De una forma u otra, deseaba tenerle en mi vida como algo más que como un amigo, pero de momento, disfrutaba de su cercanía tal y como estaban siendo las cosas hasta ahora porque en parte, me daba miedo reconocer algo más.

Subí a mi habitación antes de comprobar que todo estaba bien en la planta baja, me duché, me cambié de ropa y me metí en la cama. Mañana sería otro día, más largo y mejor.

A la mañana siguiente, abrí los ojos a las nueve y media de la mañana. Me incorporé con la velocidad de un rayo al darme cuenta de que había quedado en media hora con Alex. Fui corriendo a la ducha con la ropa que usaría ese día, que serían unos jeans y una camiseta de cuadros negros y rojos, con un bolso y unos zapatos negros a juego.

Y justo cuando iba a peinarme, ya vestida y maquillada, el timbre sonó. Alboroté mi cabello y me di cuenta de que el resultado no estaba tan mal. De todas formas, tenía que abrir la puerta y luego terminaría.

-¡Buenos días, Alex! –Llegué acalorada a la puerta-.

-¡Buenos días, preciosa! –dudó, al verme así-.

-¡Estás en tu casa, pasa! Si me das un momento, voy a terminar de arreglarme –le permití pasar y le expliqué-.

-¿Aún no estás lista? Yo te veo bien –se sinceró-…

-¡Mira mi pelo, tengo que hacer algo con él! –me desesperé-.

-Te queda bien, Amy –insistió-.

-Aún así, tengo que terminar de hacer un par de cosas… No tardo, espérame –le pedí-.

-Está bien –cedió-.

Subí escaleras arriba con la velocidad de la luz y revisé el baño para dejarlo limpio y recogido. Me miré al espejo, realmente, estaba guapa, como decía él. Una vez que estuvo todo listo agarré mis cosas para no tener que volver a subir y bajé a la planta baja, donde un olor delicioso salía de la cocina y no veía a Alex por ninguna parte.

Al llegar a la cocina, vi que Alex cocinaba canturreando una canción. No me había dado cuenta antes, pero ahora que estaba de espaldas y parecía no haber notado mi presencia, podría hacerlo. Aquel día, había elegido unos jeans y una camiseta granate que se pegaba a su cuerpo, haciendo notar su fuerte y ancha espalda. Y además, detallé que estaba muy concentrado en su tarea y que sabía lo que hacía.

-¿Qué estás haciendo? –me hice notar-.

-Oh, cocinaba mientras terminabas… Pensé que si trabajamos en equipo, iremos más rápido –me explicó-.

-¿Por qué tienes tanta prisa? –Quise saber-.

-No he desayunado y tengo hambre –se encogió de hombros-.

-No sabía que cocinabas –le dije impresionada-…

-Soy una caja de sorpresas –se rió-.

-Me he dado cuenta –admití-…

No me había dado cuenta, pero nos habíamos ido acercando mientras hablábamos, hasta quedar más cerca de lo correcto. Alex cerró los ojos durante un segundo y mordí mi labio ante aquella visión. Estábamos solos, demasiado cerca y yo acababa de despertar hacía un rato y por tanto, con las defensas bajas. Y entonces, Alex acortó la distancia, juntando nuestros labios.

Fue un roce sutil pero decidido, que no tardé en corresponder. Alex pasó sus brazos por mi cintura para acercarme aún más a él y yo pase mis brazos por su cuello. Se notaba que no era la primera vez que besaba pero no podía imaginar que lo hiciese tan extremadamente bien. El beso empezó a volverse intenso y no parecíamos querer separarnos el uno del otro, pero tuvimos que hacerlo cuando nos empezó a faltar el aire.

-Amy, yo –empezó Alex sin soltarme de la cintura-…

-No lo estropees, por favor –me aparté un poco de él-.

-Déjame explicarte –volvió a acercarse-…

-No es necesario, solo fue un beso –intenté evitar la conversación-…

-Siempre me has gustado y eso no ha cambiado. Ahora que estás de nuevo en mi vida, voy a luchar por ti –confesó-.

-No compliques más las cosas, por favor –le pedí-.

-¿Cuál es el problema, Amanda? –estalló-.

-El problema es que no quiero perder tu amistad y si intentásemos algo más, no funcionaría –expliqué-.

-No puedes saber si funcionará o no –no parecía entenderlo-…

-No, Alex… Créeme, es lo mejor –le detuve-…

-Solo respóndeme una cosa… ¿Por qué pones esa barrera si es evidente que te gusto? –ahí me descubrió, aunque no debía admitirlo-.

-¿Qué te hace pensar eso? –intenté engañarle-.

Alex enarcó una ceja y volvió a pillarme por sorpresa con un beso. Me conocía demasiado bien, hasta incluso mejor de lo que yo me conocía a mí misma. Era evidente que me gustaba y no podía engañarle. Y fue por eso, por lo que cada vez que me besaba, aunque intentase resistirme, acababa correspondiéndole.

Notas finales:

¡Por fin se han besado! ¿Y ahora qué? ¿Seguirán siendo amigos o surgirá algo más entre ellos? ¿Superará Amanda sus miedos? ¿Y Alex luchará por ella? (se ha quedado en lo más interesante, cuando vi el resultado hasta yo me mordía las uñas jaja)

¡Nos veremos en el próximo capítulo! ¡Gracias por vuestro apoyo!  :)

¡Un saludo! ^^

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