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El reencuentro por silvy1990

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Notas:

¡Hola a todos! ¿Cómo están? :)

¡Ya hemos superado las 100 lecturas (105 concretamente) y estoy super feliz! ¡Muchas gracias a todos por el apoyo! =)

Os dejo disfrutar de un nuevo capítulo, espero que os guste ^^

CAPITULO 6.

A la mañana siguiente, un sonido insistente me sacó de la ensoñación en la que estaba sumida. Abrí los ojos y busqué el lugar de donde provenía el sonido. Al coger el móvil, vi que se trataba de mis padres, por lo que me forcé a mí misma a despertar para hablar con ellos.

Mis padres me comentaban que todo estaba bien en la casa de la playa y que en un par de semanas regresarían por motivos de trabajo, ya que mis padres eran empresarios. Por mi parte, les hablé del reencuentro con Alex y también de que la semana próxima era posible que hiciese el viaje anual a la casa de la playa de Miriam, a lo que, como siempre, no ponían ningún impedimento.

Cuando la charla con ellos terminó, volví a tumbarme en la cama y dirigir mi mirada hacia el reloj digital sobre la mesilla de noche. Eran las diez y media. Sonreí encantada al darme cuenta de que cada vez descansaba mejor, lo cual indicaba una excelente mejoría en mi estado de ánimo, además de haber recuperado el apetito, de hecho, el rugido de mi estómago me forzó a levantarme de la cama y bajar a desayunar.

Cuando desayuné, volví a subir a mi habitación para hacer la cama y cambiarme. Esta vez, sí, estaría en la piscina y ni nada ni nadie me interrumpiría, pero antes de salir del cuarto, mi móvil volvió a sonar. Respondí a Ruth y conversaba con ella mientras me dirigía a la planta baja. Como había supuesto el día anterior, estábamos invitados a la feria de su barrio. Era una feria pequeña, pero lo pasábamos bien, ya que Miriam y yo vivíamos cerca del centro comercial, en un barrio con menos tradiciones, y aunque había una pequeña feria, había quedado más bien para entretenimiento de los niños pequeños que disfrutaban montando en atracciones infantiles y también para entretenimiento de gente más mayor, ya que hacían muchas actividades y convivencias.

Cuando terminamos aquella charla sobre la feria, le conté sobre todo lo que había hecho ayer en la tarde. Pareció feliz cuando le conté que había salido con Alex y que había enfrentado a Leo en la bolera, al verle. Sin embargo, y aunque preguntó pocas cosas, sabía que en cuanto me viera, me acribillaría a preguntas, y también Miriam querría conocer la historia al detalle.

Cuando terminé de hablar con Ruth, dejé mis pertenencias sobre la mesa de la terraza y me zambullí en la piscina, en la que hice, al menos, trescientos largos en una hora. Tenía que hacer mucho ejercicio en la piscina, ya que era de tamaño mediano. Cuando me cansé de nadar, salí a tomar el sol un rato. Y esa era la rutina: cada vez que me vencía el aburrimiento, cambiaba la actividad.

Un par de horas después, regresé a la casa. Me di una ducha para quitarme el cloro de la piel y me vestí con unos leggins hasta la rodilla de color negro con una franja lateral en color naranja y una camiseta de tirantes de color naranja, también, a juego con la franja deportiva.

Cuando salí de la ducha, me di cuenta de que era casi la hora de comer y realmente, me moría de hambre, así que abrí el frigorífico para ver qué podría cocinar. Finalmente, al ser verano, me decanté por preparar una ensalada de pasta, ya que si sobraba podría guardarla para la noche o para el día siguiente.

Agarré una olla y la llené de agua hasta la mitad para hervir el líquido. Una vez que el agua estuvo lista, metí la pasta, que tenía forma de pajarita, y removí hasta que la pasta quedó lista para consumir. Utilicé un colador para eliminar el agua de la comida y después lo pasé a un plato hondo para remover la pasta con el marisco, la verdura y la salsa de mayonesa. Una vez listo, el olor invitaba a comer como si no hubiera un mañana. Y justo cuando me disponía a poner la mesa, el timbre sonó.

Me acerqué a la puerta con todo el sigilo que pude y miré por la mirilla para ver de quién se trataba. Me sorprendió ver a Alex, tan impecable como siempre con unos vaqueros oscuros y una camiseta blanca con decorados de pintura negra derramada que le hacía verse tan sugerente como era. Abrí la puerta principal y le permití el paso.

-¿Alex, qué haces aquí? –Fruncí el entrecejo-.

-Mi madre ha revelado las fotos que tomo ayer –me mostró un sobre que traía en sus manos-.

-Podrías habérmelas dado esta noche… Hemos quedado a las nueve con los demás –cogí el sobre y empecé a abrirlo para ver las fotos-…

-Lo sé, pero quería verte… Además, mi madre está trabajando y no quería comer solo… ¿Puedo acompañarte? –me pidió-.

-Claro, vamos… Estaba a punto de poner la mesa… Espero que te guste la ensalada de pasta –le sonreí-…

-Sí, me gusta… Si me permites, yo pongo la mesa –se ofreció-…

-Está bien, aquí te espero –me encogí de hombros-.

Me acerqué al sofá con las fotos en mis manos. Me senté en aquella mullida superficie y observé las dos fotos que ayer mismo nos había tomado Rosa. Realmente, no solía ser fotogénica, pero en aquellas fotos, parecía una modelo sacada de revista. Alex y yo salíamos muy bien en esas fotos, muy sonrientes y felices. Suspiré encantada, tenía que admitir que hasta parecíamos hacer buena pareja.

-Has salido genial en las fotos, Amy –se apoyó en el respaldo del sofá, detrás de mí-.

-No suelo salir bien en las fotos, pero he de darte la razón esta vez –sonreí y me giré hasta verle-… Espera, ¿me has llamado Amy?

-¿Te ha molestado? –parecía sorprendido-.

-No, claro que no… Es solo que hacía tiempo que nadie me llamaba así –volví mi vista a las fotos-…

-Claro, porque yo era el único que lo hacía –se hizo el interesante-.

Me reí al darme cuenta de que llevaba razón. Él siempre me había llamado Amy, pero cuando se marchó, no soporté que nadie más lo hiciera. Para mí, que abreviase mi nombre, era un sello propio y particular de él; y además, un recordatorio.

-La mesa ya está… ¿Comemos? –Apretó mis hombros desde la parte de atrás del sofá-.

-Sí, por favor… Me muero de hambre –sonreí-.

Me levanté del sofá, dejando las fotos sobre la mesita que había justo frente al sofá y me dirigí a la mesa donde ayer mismo había comido con el resto de mis amigos. Esta vez, solo estábamos Alex y yo, pero eso no era impedimento y mucho menos, señal de aburrimiento. Realmente, lo pasaba muy bien con él. Comimos entre risas, como siempre y cuando terminamos, ambos fuimos a fregar los platos. Alex insistió en hacerlo él solo, pero como no sabía donde guardarlos, decidí ayudarle. La verdad es que me parecía extraño que después de tantos años, solo con la mirada, nos entendiésemos tan bien, pero eso me gustaba.

-Gracias por la ayuda, Alex –le agradecí-.

-Gracias a ti por permitirme comer contigo, Amy –acarició mi brazo con una sonrisa-.

-¿Qué te apetece hacer? –Quise saber-.

-¿Vemos alguna película? –sugirió-.

-Está bien, voy a ver qué películas tengo –me acerqué a una de las estanterías que había junto a la televisión-…

-Mientras buscas una película decente, tengo que ir al coche… Olvidé algo –se rascó la cabeza-.

-Está bien –asentí-.

Alex salió de la sala en dirección a la puerta de entrada. La abrió y cerró mientras buscaba una película decente, aunque entre la gran variedad de películas que tenía, no me decidía. Tampoco tenía muy claro el gusto cinéfilo de Alex, así que pensé que lo mejor sería esperar a que regresase. Unos minutos más tarde, volvió a llamar al timbre. Al abrir, vi que llevaba una tarta de chocolate entre sus manos. El chocolate era mi mayor perdición. Dejé entrar a Alex y le acompañé hasta la cocina, para guardar la tarta.

-¿Cómo has podido dejar eso en el coche? –le reñí-.

-En realidad, te mentí –me miró con gesto de disculpa y explicó-… Anoche, cuando te dejé en casa, fui a la tienda de enfrente y encargué la tarta.

-¿Recordabas que el chocolate era mi perdición? –estaba impresionada-.

-No solamente la tuya, a mí me encanta el chocolate –sonrió-.

-Eres increíble –sacudí la cabeza-.

-¿Has elegido alguna película? –me recordó-.

-No estaba segura de si te gustaría lo que eligiese –me mordí el labio-... ¿Me ayudas?

-Sí, pero no deberías hacer eso –dijo sin mirarme, rebuscando en mi estantería-.

-¿A qué te refieres? –Tenía curiosidad-.

-No deberías morderte así el labio, es demasiado sensual –dijo en un suspiro-.

Tragué saliva. El ambiente se volvió un poco tenso. ¿Le había escuchado bien? ¿De verdad me había dicho eso? ¿Acaso ese acto involuntario le ponía nervioso?

-¿Qué te parece ésta? –Alex agarró una película y me mostró la portada-.

-De acuerdo –asentí-.

Puse el DVD en la televisión y me senté en el sofá, con el mando entre mis manos, para manejar la película. Alex se sentó a mi lado, aunque dejando un poco de espacio entre nosotros. Pulsé el botón de inicio y la película empezó. Observé de reojo a Alex y vi que movía el pie derecho con nerviosismo. Me mordí de nuevo el labio y comencé a pensar que tal vez, al igual que me pasaba con su cercanía en ciertos momentos, él se estuviera sintiendo así en ese momento. Sacudí la cabeza y me dispuse a ver la comedia americana que Alex había elegido.

La película trataba de un mujeriego que tenía una buenísima relación con su mejor amiga, pero al enterarse que ella iba a casarse, se dio cuenta de que estaba enamorado de ella. De hecho, aquel hombre, la ayudó en su boda, pero le hizo replantearse sus sentimientos por su futuro marido y finalmente, esta chica eligió a su amigo y se casó con él. Ya había visto esa película alguna vez y no estaba nada mal.

-No sabía que te gustasen este tipo de películas, Alex –tanteé-.

-Creía recordar que no te gustaban las películas de miedo –me sonrió-.

-Has acertado con la elección, no te preocupes –le guiñé el ojo-.

Alex volvió a apartar la mirada de mí ante ese gesto, ¿qué le pasaba? En ese momento, me quitó el mando y pausó la película, solo para dirigirse a la cocina y servir dos platos con sendos trozos de la tarta que había comprado, además de dos cucharas pequeñas para tomarla. Cuando regresó, reinició la película para continuar viéndola donde nos habíamos quedado.

La tarta estaba realmente deliciosa y tomarla viendo una película divertida era un placer. Sin embargo, cuando terminó la película, aún quedaban un par de horas hasta la hora en la que habíamos quedado con los chicos.

-¿Qué te apetece hacer ahora, Alex? –Quise saber-.

-¿Estás demasiado aburrida para ver otra película? –propuso-.

-Pues, la verdad es que sí –le confesé-…

-¿Te estás aburriendo conmigo? –Se llevó la mano al corazón en un gesto muy cómico-.

-No… Me aburriría ver otra película –me expliqué-.

-Se me ocurre algo para aprovechar el tiempo, pero no es adecuado –arqueó las dos cejas-.

-¿Qué se te había ocurrido? –Quise saber-.

-Olvídalo, es una tontería –sacudió la cabeza y señaló la mesita-… ¿Por qué no te ayudo a guardar esas fotos en algún álbum?

-Venga, vamos.

Me levanté del sofá y cogí la mano de Alex para ir a la habitación. Era ahí donde tenía todos los álbumes y había uno de ellos en el que aún había espacio. Era el álbum de fotos donde tenía todas las fotos más recientes y solamente con mis amigas. Al ser un álbum de fotos de anillas, era muy sencillo guardarlas. Agarré un bolígrafo y detrás de las fotos puse la fecha, ante la mirada incrédula de Alex. Después de eso, guarde las fotos y cerré el álbum, antes de volver a guardarlo en su sitio.

-Hay fechas que no conviene recordar, Amy –dijo ausente-.

-Es una pequeña manía que tengo y creo que nuestro reencuentro merece ser recordado –me defendí-.

-No lo decía por eso –sacudió la cabeza-… Me estaba acordando de mi ex… No te he hablado de ella y me gustaría hacerlo…

-Si aún te duele, no tienes por qué –agarré su mano entre las mías-…

-No se trata de dolor… Nunca se lo he contado a nadie, lo tuve que superar sin ayuda y… Tú te sinceraste conmigo respecto a tu ex, yo también quiero hacerlo –afirmó-…

-Aquí me tienes, cuéntame –le animé-.

-La conocí en la universidad y meses después de iniciar nuestra relación, la descubrí engañándome con mi mejor amigo –resumió-.

-Lo siento… Nunca comprenderé porque algunas personas engañan a las personas que se suponen que quieren –le dije con tristeza-…

-Hace tiempo que lo supere, pero quería ser sincero contigo –me sonrió-.

-Con lo encantador que eres, no entiendo por qué –me interrumpió-...

-A veces, la vida no es justa –se encogió de hombros-…

Asentí y le di un fuerte abrazo a lo que él correspondió. Sin duda, detrás de su carácter extrovertido, estaba un chico que había sufrido también por amor y casi de la misma forma en que yo lo había hecho. Al menos, yo había contado con el apoyo de mis amigas, pero él era la primera vez que se lo contaba a alguien, aunque ya lo tuviese superado. Hasta sentí celos de esa mujer sin conocerla, ya que había tenido la oportunidad de ser su novia. Alex era un chico muy guapo y no entendía por qué una chica le había hecho eso…

-Gracias a eso, decidí apuntarme al gimnasio e impedir que volvieran a hacerme daño y a burlarse de mí –gruñó haciendo fuerza con sus brazos-.

-Te sienta bien –le sonreí-.

-Tú también eres una mujer hermosa, jamás creas lo contrario ni te conformes. Tú vales mucho y mereces lo mejor –me sonrió-.

-Por eso, te tengo a ti –le abracé y él sonrió encantado-.

-Deberías prepararte, no debemos llegar tarde. Te esperaré abajo –dijo levantándose de mi cama-.

-No tardaré –le recordé-.

Sin duda, todos teníamos nuestra historia detrás de un rostro bonito. Alex se había decantado por ir al gimnasio y mejorar su forma física para evitar las burlas y el dolor, pero por todo lo que había visto y sabía de él (no había cambiado tanto como parecía), era un buen chico y muy sensible. Por eso, era mi mejor amigo y esperaba que lo fuera hasta el final de los tiempos.

También recordé cómo algunos de mis gestos le habían puesto tenso. Él no se había dado cuenta, pero su mandíbula se había tensado y eso le hacía verse muy sexy. Suspiré resignada. Tal vez, si no hubiera sufrido tanto con Leo, no dudaría en intentar algo con Alex. Sin embargo, la realidad era que entre Alex y yo no podía, no debía pasar nada… Si no quería estropear nuestra amistad, claro…

Notas finales:

Es uno de mis capítulos favoritos, porque conocemos un poco más a Alex, aunque... ¿Por qué creeis que está tan nervioso? ¿Ocultará algo? 

Nos veremos en el próximo capítulo, donde les traeré un poco más de esta historia... 

¡Un saludo! ^^

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