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El reencuentro por silvy1990

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Notas:

Hola a todos, ¿cómo están? ^^

Aquí regreso con un nuevo capítulo en el que conoceran a varios personajes (estoy segura de que algunos les caerán mejor y otros peor) así que espero que les guste.

¡Nos leemos! ;)

CAPITULO 5.

Me sorprendió ver que Alex se acercaba a un coche blanco. No sabía que había ido en coche hasta mi casa y mucho menos un vehículo tan bonito como ese, de una marca tan reconocida y cara, también. Al llegar, Alex introdujo una llave en el asiento del conductor y las luces del coche se encendieron, indicando que podíamos montarnos. Alex se acercó al asiento del copiloto y me abrió la puerta, permitiéndome pasar, con un gesto muy caballeroso. Le di las gracias y una vez que me monté en su coche, él se dirigió al asiento del conductor.

Una vez que se montó y encendió la marcha para empezar a conducir, encendió la radio y trasteó en aquel aparato hasta que dio con la emisora que quería. Justo en ese momento, sonaba Laura Pausini, mi cantante favorita desde que tenía uso de razón y él lo sabía. Entonces, me di cuenta, de que no era una emisora, sino un CD. Justo sonaba la canción “Entre tú y mil mares”.

-¿Y esto? –la sorpresa había hecho mella en mí-.

-Me volví un hombre sensible –se encogió de hombros-. ¿Aún te gusta?

-Desde que tengo uso de razón. Lo sabías muy bien–le miré intensamente-.

-Las personas cambian, solo esperaba tener suerte esta vez –se rió-.

-¿Dónde vamos? –Dije mirando a través de la ventana-.

-A mi casa, por supuesto –se detuvo en un semáforo-.

-Lo sé, pero me refería –le miré y me interrumpió-…

-¿Después? Vas a tener que hacer de guía turística –me guiño el ojo-.

-No creas que el pueblo ha cambiado tanto –le quité importancia al asunto-.

-Aún así, creo que eres la persona adecuada para hacerme ese favor. Además, me lo debes –canturreó-…

-Lo que te debía era una cita –intenté defenderme-…

-Pero yo elijo el plan –sentenció-...

-¿Y quién ha decidido eso? –Me crucé de brazos con el ceño fruncido-.

-Me encanta cuando pones esa cara, pequeña guerrera –sonrió dulcemente-. ¿Acaso se te ocurre otro plan, señorita?

-Está bien, tú ganas… Pero no te acostumbres –cedí-…

-Eres caprichosa y cabeza dura, además de revolucionaria y muy hermosa… Te prometo que la próxima vez, elegirás tú –me guiño el ojo-.

-Y tú siempre has sido mandón y –intenté ganar la batalla dialéctica, pero me quedé bloqueada-…

-¿Y te mordió la lengua el gato? –Enarcó la ceja-.

-¡Eres insoportable, a veces! –estallé-.

-Es parte de mi encanto natural –movió las dos cejas en un movimiento muy gracioso, haciéndome reír-.

-Está bien… Tú ganas… ¿Contento? –le pregunté con rabia-.

-Te he echado mucho de menos, Amanda –colocó su mano sobre mi rodilla brevemente-.

Aquel roce fue sutil y delicado, pero una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo. ¿Qué demonios me estaba pasando?

Minutos después, el coche se detuvo. No me di cuenta, pero Alex acababa de aparcar cerca de tres altísimas torres, al parecer él vivía en alguna de ellas. Alex bajó del vehículo solo para abrirme la puerta del copiloto y dirigirnos hacia una de esas torres. No recordaba que viviera ahí, pero me explicó que al tener que marcharse de su hogar tan repentinamente, tuvieron que vender su casa para intentar sacar dinero y ahora su madre y él vivían en un pequeño apartamento pagando una renta mensual.

Al entrar en aquel bloque, Alex llamo al ascensor, bromeando conmigo que su piso era el último. Tragué saliva, tenía mucho vértigo. Y no, no había sido una broma. Su piso era el último, ya que pulso el botón de la planta número veinte. Al llegar a su piso, abrió la puerta y un fuerte e intenso ladrido nos recibió. Un precioso labrador de color crema se acercó a nosotros sin parar de ladrar. Alex tenía un perro. Y era precioso. Me encantaban los perros, de hecho, cuando era niña, tuve un perro que murió demasiado pronto y al que disfrute poco; pero me asustaba que un perro se acercase ladrando de esa manera.

-Calla, Ben… No asustes a Amanda, es una amiga –alzó un poco la voz al animal-.

Y en perfecta sincronía, aquel perro paró de ladrar y se sentó, observando de hito en hito a su dueño y a mí. Finalmente, se levantó y se acercó a mí hasta quedar tumbado a mis pies.

-Tranquila, Ben es muy dócil a pesar de su tamaño –Alex se agachó y acarició al perro-.

-¿Qué ocurre? –Estaba un poco asustada-.

-Acaríciale, lo está deseando… Te dejo en buenas manos, Amanda… Iré a cambiarme, no tardo –besó mi frente antes de marcharse-.

Alex se retiró por un pequeño pasillo. Le miré hasta que escuché una puerta abrirse y cerrarse. Miré al perro que tenía a mis pies. Me agaché a su lado sin que él apartara sus ojos de mí y le acaricie, tal y como me había recomendado Alex. Ben cerró los ojos, como si disfrutara la caricia y hasta sacaba la lengua, haciéndome sonreír como una tonta y recordar a mi pobre perro, que también era un labrador.

Al tiempo que acariciaba al perro, observé la casa a mí alrededor. Justo al entrar, me encontraba la cocina y un pequeño cuarto de lavandería y al girar a la izquierda, me encontraba un gran salón-comedor, una sala grande y diáfana y al lado de esta sala, una puerta que llevaba al pasillo y al resto de las habitaciones y al baño, supuse.

En ese preciso momento, Ben se alzó sobre sus patas, me chupó la cara con esa enorme lengua y se acercó ladrando a la puerta. Me puse en pie al oír cómo se abría la puerta de la casa. Debí suponer que era la madre de Alex.

-¿Hola? –Parecía sorprendida al ver a una chica en su casa-.

-Buenas tardes, señora –la saludé-.

-¡Oh, Amanda! ¿Cómo estás, cariño? –aquella señora de cabello negro, ojos claros ocultos tras unas gafas y estatura parecida a la mía, me abrazó-.

-Veo que se acuerda de mí –me sonrojé-…

-¿Y cómo no hacerlo, especialmente cuando Alex no habla de otra cosa desde anoche? –Acarició mis mejillas-.

-¿En serio? –me sorprendí-.

-¡Claro! ¿Cómo va todo? ¿Y la familia? –se interesó-.

-Todo va bien, gracias –le sonreí-.

-¡Estás guapísima, por cierto! ¿Y qué haces por aquí? –Me arrastro a sentarme junto a ella en el sofá-.

-He pasado el día con Alex y algunos amigos en la piscina. Aún así, me gustaría enseñarle el pueblo a Alex –le expliqué-…

-Estás esperando a que se cambie, ¿verdad? –razonó-.

-Sí, exacto –asentí-…

-Oh, hola mamá –Alex apareció en la sala con unos vaqueros claros y apretados y una camiseta negra que se pegaba a sus formados abdominales-…

-¿Cómo no me dijiste que vendrías con Amanda? –Le miró con los brazos en jarra-.

-Surgió así –se encogió de hombros-. ¿Nos vamos, Amanda?

-Sí, claro –asentí y me despedí-… Me gustó mucho verla, señora…

-Nada de señora. Llámame Rosa. Y por favor, me gustaría poder verte y hablar más tranquilamente contigo y tu madre en otra ocasión. ¿Crees que sería posible? –Quiso saber-.

-Por supuesto, Rosa. Mi madre se alegrara mucho al saber de tu regreso -sonreí-.

-Oh, esperad… ¿Podría haceros una foto para celebrar vuestro reencuentro? ¡Me haría tanta ilusión! –Nos preguntó con cara de cordero degollado-.

-Con esa cara, no puedo negarme a nada de lo que me pida –me confesó Alex sobre su madre-. Por supuesto, mamá.

Rosa se levantó del sofá, aplaudiendo feliz y haciendo que Ben ladrara a su lado de felicidad. Sonreí ante esa escena y Alex se acercó a mí, colocando su brazo sobre mis hombros. Le miré, sorprendida por su repentina cercanía y en ese momento, se escuchó el flash de una cámara. Justo en ese momento, recordé que Rosa era fotógrafa, aunque no sabía si se dedicaba a ello de forma profesional.

Rosa reviso aquella foto, pero al no gustarle, nos insistió para hacer otra foto más y nos pidió que posáramos de alguna otra forma. Alex apartó su brazo de mis hombros y se posicionó a mi lado, metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón. Yo, a su lado, me posicioné de modo lateral, aunque solo un poco y usé mi mejor sonrisa. Rosa parecía encantada con esa pose y nos hizo una foto más. Volvió a mirar el resultado y esta vez, parecía más satisfecha.

-Espero que nos veamos pronto, Amanda –insistió Rosa-.

-Por supuesto –le recordé-.

-Pasadlo bien –nos deseó y nos acompañó hasta la puerta principal- … ¡Hasta luego!

La alegría de Rosa era contagiosa. Ambos le dimos las gracias y salimos de aquel pequeño apartamento, en dirección al ascensor.

-No esperaba que encontrásemos a mi madre, se supone que estaba en la piscina –puso mala cara, mirando su reloj-.

-Sí estuvo en la piscina municipal, solo pudo estar allí hasta las siete y media, ya que es cuando cierran –le expliqué-.

-No lo sabía –se encogió de hombros y me abrió la puerta del ascensor para que pasase-… Bueno, ¿dónde me llevas?

-Podríamos dar un paseo por el centro y ver tiendas. Después, podríamos ir al centro comercial, allí hay cine y bolera –le conté-.

-Es un gran plan –asintió y me preguntó-… ¿Necesitaré el coche?

-Te será muy complicado aparcar, así que será mejor que dejes el coche donde está y caminemos –le sugerí-.

-Entonces, vamos.

El ascensor llegó a la planta baja y Alex volvió a abrir la puerta para dejarme pasar. Sin duda, jamás me había cruzado con un hombre tan caballeroso. Al salir de su edificio, Alex se dejó llevar por mí. Así que, al salir de allí, cruzamos y bajamos una calle. Al final de esta calle, se encontraban todas las tiendas del pueblo. Pasamos a todas y cada una de ellas, solo para observar, no para comprar y después de eso, volvimos nuestros pasos hacia el centro comercial.

Por supuesto, fue una salida de lo más divertido. Alex mezclaba su caballerosidad con sus bromas y su cercanía. Sin duda, aunque como hombre me provocase cosas, como amigo era el mejor de todos. Lo había echado mucho de menos, pero no era tarde para retomar nuestra amistad. Aún nos quedaba una larga historia por escribir.

-Mañana es la feria del barrio de Ruth. Todos los años nos invita y supongo que este año no será la excepción –le expliqué-.

-¿Una feria? Es un buen plan, lo pasaremos bien –aplaudió mi idea-.

-Sin duda –me reí y añadí-… Me lo estoy pasando muy bien contigo.

-Soy encantador, ¿acaso lo dudabas?

Me hizo reír con su comentario y nos dirigimos a la bolera para jugar un rato. Jugar a los bolos se me daba realmente bien, no era por presumir, pero si le ganaba a Alex, podría irme aún más contenta a mi casa. Nos acercamos a la barra para pedir una pista, unos zapatos de nuestro número y pagar, antes de ir a jugar.

Nos estábamos preparando, de hecho, la primera en iniciar el juego sería yo. Todo iba muy bien, hasta que después de dos meses y ahora que había decidido eliminarlo de mi vida, su voz volvía a incordiarme.

-¿Amanda?

Levanté mi mirada, ya que me estaba atando los cordones, y me encontré con Leo. También sentí la mirada de Alex, que dejó de prestar atención a lo que hacía, analizando al recién llegado. Yo también le observé con atención, casi no había cambiado; pero sí lo que me hacía sentir. Él tuvo su oportunidad y no supo estar conmigo, ahora tendría que atenerse a las consecuencias.

-Leo –me levanté y decidí ir hacia la pista, ignorándole-.

-¿Vas a seguir ignorándome, igual que cuando te llamo o te envío mensajes? –me agarró del brazo para detenerme-.

-¿Acaso te mereces otra cosa? –Me solté de su brazo con rabia-.

-No dejaste que me explicara… Malentendiste las cosas… Y ella, también… Sandra solo era una buena amiga –se explicaba a trompicones-…

-¿De verdad esperas que me crea eso, Leo? –le enfrenté-.

-¡Es que es la verdad! –intentó defenderse-.

-Aún así, ¿te parece normal quedar a solas con una amiga teniendo pareja? –Enarqué una ceja-.

-Lo he hecho miles de veces cuando he tenido otras parejas y no ha habido ningún malentendido –se justificó-.

-A mí no me vas a ver la cara de estúpida. Creí que te quedó claro, pero te lo recordaré… Hemos terminado, Leo –di por finalizada la conversación-.

Pero claro, Leo tenía que quedarse por encima, así que se acercó a grandes zancadas a Alex y le encaró. Solo se llevaban cinco centímetros y era divertido ver su intento de intimidación hacia mi amigo, que no parecía asustado. Detuve mi marcha a la pista de juego y me acerqué también hasta Alex.

-¿Tú quién eres? –Leo miró de arriba abajo a Alex-.

Alex también miró a Leo de arriba abajo y soltó una risotada. Mi amigo había escuchado la conversación y había visto la clase de persona que era Leo. En ese momento, yo también me di cuenta de mi falta de criterio… ¿Cómo podía haber compartido seis meses de mi vida con alguien como él? Alex y yo cruzamos una rápida mirada y me guiñó el ojo. Como había escuchado la conversación, y aunque yo no le había hablado nunca de Leo, Alex parecía dispuesto a ayudarme, cosa que agradecí internamente. Tal vez, si alguien distinto, le hablaba, se retiraría ofendido y me dejaría en paz.

-Soy Alex, el novio de Amanda –le tendió la mano a Leo-.

-¡El novio de Amanda… soy yo! –Leo dio un paso atrás-.

-¿Estás seguro de eso? Tenía entendido que Amanda y tú lo habíais dejado, ya que tú la habías engañado –le explico un sonriente Alex-…

-¡Amanda me malentendió! –Leo parecía exasperado-.

-¡No malentendí nada! ¡Estabas con Sandra! –intervine-.

-¡No es verdad, Amanda! ¡Yo estoy enamorado de ti, ¿cómo voy a estar con otra?! –Se mesó el cabello, desesperado-.

-Sea como sea, te agradezco que me engañases. Gracias a eso, he encontrado a un hombre muchísimo mejor –dije con malicia-.

-¡Te vas a arrepentir de haberme cambiado por otro! –me amenazó-.

En ese instante, Alex acortó la distancia que lo separaba de ese tipo y le agarró del cuello de la camisa. Me eché las manos a la boca, pensé que se matarían. Sin embargo, Alex se acercó a su oído y le dijo algo, soltándolo unos segundos después. Leo le dedicó una mirada furibunda a mi amigo y me echó un último vistazo, antes de marcharse, no sin antes dedicarnos unas palabras.

-¡Esto no se quedará así!

Suspiré aliviada cuando Leo se marchó. Miré a Alex, muy agradecida, y sabiendo que le debía una explicación. Me senté a su lado y me apretó la mano con fuerza.

-No tienes que explicármelo –acarició mi muñeca-…

-Lo sé, pero eres mi amigo y me quedaría más tranquila si te lo contase –necesitaba hacerlo-…

-Como quieras, te escucho –me animó-.

-Conocí a Leo en la universidad. Nos enamoramos e iniciamos una relación. Hace un par de meses, descubrí que me engañaba y lo dejamos –le expliqué-.

-¿Y estás bien, de verdad? –Quiso saber-.

-He pasado dos meses encerrada en casa, llorando sin parar. Cuando volví a salir con mis amigas, me di cuenta de que la vida continuaba y si él no me quería, no se merece mis lágrimas –me sinceré-.

-Me alegra oírtelo decir. De todas formas, si necesitas cualquier otra cosa, recuerda que no estás sola, me tienes a mí –me abrazó-.

-Muchísimas gracias, Alex. Sin duda, eres el mejor amigo que cualquier persona podría tener –correspondí su abrazo-…

-Bueno y ahora… vamos a jugar –se separó y me dedicó una linda sonrisa-…

Sonreí en respuesta y me acerqué a la pista para iniciar el juego. Fue bastante terapéutico estar allí con Alex, jugando y riendo, sin ahondar en temas tan serios como lo era Leo.

Después de jugar a los bolos, cenamos y tras la deliciosa cena regresamos a casa. Alex me acompañó hasta la puerta de mi hogar, nos despedimos con sendos besos en las mejillas y prometimos vernos mañana, ya que posiblemente, iríamos a la feria del barrio de Ruth.

Cuando entré en mi casa, sola de nuevo, cerré la puerta principal y puse la alarma. Realicé el mismo ritual de la noche anterior, me desvestí, me duché, me puse el pijama y me tumbé sobre la cama. Realmente, había sido un día largo y estaba agotada… Estaba deseando echarme a dormir y dejar de pensar… Además, por fin, había liberado toda la tensión acumulada y le había dicho a Leo las cuatro verdades que se merecía… Así, podría dormir, por fin, libre de tensiones y dolor…

 

Notas finales:

¿Qué os ha parecido este capítulo? 

Habéis conocido a la encantadora madre de Rosa y al famoso Leo... ¿De verdad créeis que Amanda le ha olvidado? 

Nos leemos muy pronto en el próximo capítulo, os agradezco cualquier sugerencia o comentario... ¡Gracias por leer! ^^

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