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El reencuentro por silvy1990

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Notas:

¿Cómo están? ^^

Aquí les traigo un nuevo capítulo... Esta historia comienza a animarse. En este capítulo, Alex y Amanda tienen una cita pendiente en la crepería, pero os vais a llevar una grata sorpresa jeje. 

PD: Estoy publicando otro fic, se llama "Bajo el mismo techo", pasen a leerlo, me gustaría conocer su opinión :)

¡Nos leemos! ;)

CAPITULO 4.

Tras nuestra pequeña conversación en la cocina, Alex y yo salimos con los demás. Mis amigas estaban sentadas en el borde de la piscina, mientras que los chicos ya estaban nadando dentro del agua. Alex se me adelanto y se acercó hasta la mesa donde minutos antes se encontraban mi móvil y mi bronceador. Se quitó la camiseta sin titubeos y se lanzó a la piscina, salpicando a todo el mundo. Por mi parte, me aproxime con lentitud al mismo lugar y me quité el pareo que llevaba, dejándolo perfectamente doblado junto a mis pertenencias.

Cuando me acerqué a la piscina, les observaba con detalle. A mis amigas ya estaba harta de verlas y aún así, cada día que pasaba, conseguían sorprenderme más. Eran bastante guapas, al menos, me parecía que eran mucho más guapas que yo.

Observe más detenidamente a los chicos. Parecían buenas personas, de eso no cabía duda, además de ser extremadamente guapos; sin embargo, el que conseguía que se me secase la boca era Alex. Tenía muy buen cuerpo, de ese típico cuerpo de hombre de película por la que cualquier mujer suspiraría. ¿Cómo había cambiado tanto? Siempre había recordado a Alex como un chico bajito, regordete, con gafas y aparato de dientes; pero aquel hombre no era nada de eso. Suspiré y sacudí la cabeza.

Tom e Iván tampoco se quedaban atrás y parecían modelos sacados de revista. Además, realmente, Tom parecía estar interesado en Ruth y no de manera veraniega. Solo esperaba que aquella relación tuviese algún futuro. Aunque, era muy posible, que entre Miriam e Iván surgiera algo también, no había más que ver como se miraban entre ellos.

Llegue al lado de mis amigas y me senté junto a ellas al borde de la piscina, con todos esos pensamientos.

-¿No te ha molestado que hayamos traído a los chicos, verdad?

-Claro que no, Ruth. Nos tenemos que conocer y no se me ocurre mejor forma –la tranquilice-.

-Además, no queríamos que pasases el día –dudó Miriam-…

-¿Sola? No hay problema con eso, Miriam. Lo prefiero a tener a mis padres sobrevolándome –reí-.

-Pareces bastante animada desde que te has reencontrado con Alex –Ruth me miró con una sonrisa pícara-.

-Sí, bueno… Tengo que enseñaros nuestras fotos de primaria… Son horribles –me reí más fuerte-.

-No remuevas el pasado, por favor –Ruth parecía asustada-.

-Ayer no quise preguntarte nada, pero –Miriam dudó y finalmente, se atrevió-… ¿Sabes algo de Leo?

-¡Miriam! –La riño Ruth-. No me parece que sea la pregunta más adecuada, es muy pronto…

-No importa, Ruth –le hice un gesto con la mano, quitándole hierro al asunto-. Durante todo este tiempo, él me ha estado llamando y enviando mensajes… No os lo había contado porque no quería preocuparos más…

-Hemos estado preocupadas por tu estado de ánimo… De hecho, has perdido bastantes kilos –Miriam se entristeció-…

-Estoy bien, Miriam –agarré su mano con fuerza-. Además, esta mañana me levanté con la fuerza suficiente para borrar de mi vida todos los recuerdos de Leo.

-Lo estás superando, eso es genial –me abrazó Miriam-.

-De todas formas, tal vez, Alex también podría ayudarte –insistió Ruth con tono picarón-.

-No sé qué quieres decir, Ruth –me crucé de brazos-.

-Míralo bien porque está buenísimo y está interesado en ti –Ruth tocó la punta de mi nariz-.

-Sea como sea, chicas… Alex es mi amigo… Y no quiero pensar en hombres durante una temporada –sentencié-…

-Yo tampoco quería pensar en hombres, pero Iván –Miriam suspiró-…

Ruth y yo sonreímos y Miriam nos contó cómo se sentía respecto a los sentimientos que empezaban a crecer hacia él. Por supuesto, cuando termino de contarnos su historia, Ruth la lanzo al agua en el momento justo en el que Iván nadaba cerca de nosotras. Ruth rió y también se lanzo al agua, a buscar a Tom.

-Tú también deberías entrar al agua, está buenísima –se acercó Alex-.

-Se nos fue el tiempo volando al empezar a hablar –me encogí de hombros-…

-¿Cosas de chicas? –Enarcó una ceja-.

-Exacto –sonreí-.

-¿Todo bien? –insistió-.

-Sí, todo bien –le tranquilicé-.

-Pues… ven al agua, conmigo –me pidió-.

Asentí y me puse en pie para lanzarme al agua, pero justo cuando me levantaba, Alex apoyó sus manos en el borde de la piscina para alzarse. Creí que iba a salir de la piscina, pero sostuvo todo su peso sobre un brazo, mientras que con el otro, me agarraba de la cintura y me metía al agua. Ambos quedamos abrazados, dentro del agua, demasiado cerca. Me sonrojé sin poderlo evitar mientras sentía la sonrisa de Alex. Alcé la mirada y vi que tenía una linda sonrisa torcida. Volví a bajar la vista, quedándome absorta con sus pectorales. Justo entonces, sentí que Alex volvía a acercarse a mí y acercaba su boca a mi oído. Temblé.

-Aún tenemos una cita pendiente, no lo olvides.

Iba a responderle, quería hacerlo; pero en vez de eso, mi boca prefirió no emitir sonido alguno así que asentí con la cabeza. Alex se apartó y besó mi frente antes de marcharse con sus amigos, de nuevo.

Me quedé pensando en todo lo que había pasado hace uno momento. Alex me ponía de los nervios cuando se acercaba más de la cuenta (ocurrió en el centro recreativo y también ahora), pero en otras ocasiones su cercanía no me impactaba tanto (como cuando estuvimos hablando en la cocina). Debía haberme dado el sol en la cabeza.

No quería saber nada de hombres, pero cuando miraba a Alex, mi estómago se revolvía. Debía ser la emoción de haberme reencontrado con él y el impacto de ver cuánto había cambiado, nada más. Y no me permitiría que fuera cualquier otro tipo de sentimiento, no confiaba en los hombres.

Reí al recordar lo que pensaban mis amigas sobre mi estado de ánimo desde que me había reencontrado con Alex. Estaba feliz, por supuesto. Él era mi amigo y siempre lo iba a ser. Y ese sentimiento sería sagrado y eterno, ¿verdad?

Pasamos bastante rato jugando, nadando y riendo en la piscina. Realmente, lo estaba pasando muy bien y me di cuenta de que, accidentalmente, nuestro grupo se había ampliado y sinceramente, estaba feliz porque Alex, Tom e Iván formasen parte de nuestras vidas.

Un rato después, llegó la hora de la comida. Los chicos insistieron en cocinar, ya que era lo mínimo que querían hacer por mí, ya que se estaban divirtiendo mucho; pero me negué y les sugerí llamar a un restaurante chino para pedir comida. Hacía mucho tiempo que no probaba ese tipo de comida y me gustaba mucho la comida oriental. En realidad, yo siempre estaba abierta a otras culturas y sobre todo, la gastronomía. Me gustaba comer, pero debido a que hacía mucho ejercicio, me mantenía en forma y no engordaba ni un centímetro. Cuando era niña, estaba algo regordeta y tenía mucho complejo, no quería volver a ese estado, por lo que me machacaba diariamente en el gimnasio o salía a correr o en verano, nadaba en la piscina.

Así que, los seis salimos de la piscina y dispuse los dos baños de la planta baja y de la planta superior (excepto los baños de la habitación de mis padres y la mía) para que se asearan y no se sintieran incómodos con el cloro de la piscina pegada a su piel. Las chicas y yo subimos al baño de la habitación, mientras que los chicos se repartieron entre los otros baños.

Unos minutos después, nos reunimos en la sala y agarré una guía telefónica para llamar al restaurante chino y pedir nuestra comida. Al ser un día entre semana, nos decantamos por pedir el menú para seis personas que ofrecían en la carta y que ofrecía platos diversos y deliciosos. Afortunadamente, a todos los presentes nos gustaba ese tipo de comida.

Ruth, que tenía un gran don de gentes, fue la encargada de hacer el pedido, que según nos dijeron, llegaría en media hora. Mientras esperábamos, Miriam nos volvió a hablar del plan de ir a la casa de la playa, ya que todos los años, viajábamos allí, aunque… Aquel año, Miriam quería invitar a nuestros nuevos amigos. Aquello no me gusto y puse mala cara.

Normalmente, aquel viaje era una cosa de chicas. No es que no quisiera que ellos no fueran con nosotras, es solamente que se me hacía raro que aquel año fuésemos el doble de personas, pero supuse que era falta de costumbre. Sacudí la cabeza, no debía preocuparme por nada, ya que ellos me caían bastante bien.

Finalmente, Miriam planificó el viaje para el par de semanas siguiente. Los chicos parecían abrumados con tantas atenciones, pero se ofrecieron poniendo a nuestra disposición sus coches. Más concretamente, Tom se ofreció a conducir hasta la playa en su coche de siete plazas. Miriam, Ruth y yo nos miramos sorprendidas. Las tres nos habíamos sacado el carnet de conducir recientemente, pero no disponíamos de vehículo propio por lo que nuestros padres nunca nos prestaban sus coches y además, nos daba miedo conducir en carretera. También se ofrecieron a preparar la música que escucharíamos, ya que suponían y no se equivocaban, en las escasas fiestas que tendríamos, ya que más que fiestear, nos gustaba ir a la playa y hacer un tipo de cosas que en nuestro pueblo no podíamos hacer. Además, ellos se encargarían de la compra una vez que llegásemos allí. Sin duda, esos chicos parecían caídos del cielo, eran unos caballeros de los pies a la cabeza.

Sacudí la cabeza. Estaba feliz por Ruth, ya que había tenido mucha suerte al encontrar a Tom, era un buen muchacho. También estaba feliz por Miriam, ya que en el tema amoroso, ella y yo nos parecíamos y sabía que Iván le interesaba de verdad. Yo también estaba feliz, pero al mismo tiempo, nerviosa.

Jamás había estado de vacaciones con alguien más que mi familia o mis amigas y la sonrisilla de Alex al pensar en esas vacaciones, no auguraba nada bueno. Lo único que conseguía con esa sonrisa torcida que parecía sacada de una película, era irritarme y ponerme de los nervios. Sin duda, Alex había cambiado. Ahora, parecía muy seguro de sí mismo. Entonces, lo recordé absolutamente todo.

Cuando estudiábamos en primaria, el resto de niños se metían con él por ser “gordito y feo”. Tal vez, cuando se marchó a Madrid, sufría la misma clase de vida y cuando creció decidió cambiar para evitar esos insultos y luchar contra las injusticias.

Justamente, recordé nuestras fotografías. Mis amigas no se acordaban, pero tenían fotografías con Alex, al igual que yo. Alex había formado parte de nuestras vidas. Mientras todos conversaban me escabullí a mi habitación para buscar el álbum de fotos.

Una vez que lo encontré, salí de mi habitación, dispuesta a regresar al salón, pero antes de comenzar a bajar las escaleras, sonó el timbre. Ya debía haber pasado media hora y ahí debía estar nuestra comida. Bajé lo más rápido que pude, con tan mala suerte que tropecé. Pensé que saldría rodando escaleras abajo, pero caí contra algo duro y al mismo tiempo, suave. Abrí los ojos, ya que los había cerrado por el susto y encontré a Alex debajo de mí, con sus manos en la cintura y los ojos bien abiertos. Me volví a sonrojar y me levanté, muerta de vergüenza. Le tendí una mano a Alex para ayudarle, pero negó con la cabeza, recogió el álbum y se puso en pie de un salto.

-¿Te encuentras bien, Amanda? –Preguntó con preocupación-.

-Creí que saldría rodando escaleras abajo –dije tapándome el rostro con las manos, presa de la vergüenza-…

-Hubiera sido divertido de ver –me tomó el pelo-.

-¡Alex, no tiene gracia! –Le pegué un codazo en el costado, aunque de manera sutil ya que no quería hacerle daño-.

-¿Qué es esto? –Me preguntó señalando el álbum-.

-Un álbum de fotos –me encogí de hombros y me dirigí a abrir la puerta-.

Al abrir la puerta principal, con Alex a mi espalda y el álbum de fotos en su poder, me encontré con un muchacho de nuestra edad que vestía uniforme y gorra y traía un par de bolsas en sus manos. Le pagué lo que le debía por la comida y también una pequeña propina, ya que debía ser muy duro trabajar en esas condiciones. El pobre pasaba calor conduciendo esa moto que había sobre la acera, a su espalda, mientras nosotros disfrutamos del frescor del hogar.

Alex se acercó para ayudarme con las bolsas y las llevó al salón sin ningún esfuerzo. Cerré la puerta, agradeciendo una última vez al repartidor y le alcancé. Mis amigas ya se habían encargado de poner la mesa, ya que conocían todos y cada uno de los rincones de esta casa. Los chicos estaban sacando la comida y la bebida de las bolsas y sirviendo varios platos.

Poco después nos sentamos a degustar la deliciosa comida sin que faltase tema de conversación, por supuesto. A la hora del postre, nos pusimos a ver las fotos del álbum entre risas, maldiciones y anécdotas. Un rato después, mis amigos empezaron a marcharse, eso sí, después de ayudarme a recoger los platos que habíamos usado en la comida. Alex se quedó un poco más, sin duda, se sentía como en su propia casa.

-¿De verdad no te hiciste daño antes? –me recordó-.

-Estoy bien, gracias por la ayuda –le dije sinceramente-.

-Tal vez, estés cansada y no te apetezca salir a dar una vuelta…

-¿Bromeas? ¡Te debo una cita y me encantaría salir contigo!

-Entonces…

-Dame unos minutos para prepararme y después iremos a tu casa para –me interrumpió-…

-¿Quieres aprovecharte de mí? ¿En mi propia casa? –Puso cara de cordero degollado-.

-¡No seas tonto! Me refería a ir a tu casa para que te cambiaras de ropa –me sonrojé-…

-Perfecto… Vamos, te esperaré en el salón –me empujó escaleras arriba-.

Volví a mirarle con cara de pocos amigos ante su risa encantadora. Me encerré en la habitación una vez que estuve arriba, me acerqué al vestidor y elegí unos jeans de pitillo y una camiseta de tirantes de color ocre, con bolso y zapatos a juego de color beige. En el baño, con todo preparado, preparé también mi maquillaje, que sería suave para no llamar demasiado la atención y no podía faltar mi labial rosa.

Era totalmente consciente de que Alex me esperaba en la planta de abajo y también que estábamos solos en casa. Por suerte, mis padres siempre avisaban antes de regresar y no creo que regresarán justo en ese momento que estaba a solas con Alex, ¿verdad?

Unos veinte minutos después, ya estaba preparada para salir. Salí del baño en dirección a mi habitación, para ponerme los zapatos y preparar el bolso. Cuál fue mi sorpresa al encontrar a Alex en mi habitación y más concretamente, tumbado sobre mi cama, con los brazos detrás de la cabeza.

-¿Qué estás haciendo aquí? –Le miré con mala cara-.

-Dejaste tu móvil allá abajo y empezó a sonar. Llamé a la habitación para avisarte, pero no me escuchaste o no sé –se encogió de hombros-…

-Podrías haberme esperado abajo –le quité el móvil de sus manos de malos modos-.

-Era lo que estaba haciendo hasta que sonó tu teléfono, así que ya aproveche para subir el álbum –sonrió-…

-No lo vuelvas a hacer, me has asustado –guardé el álbum en su lugar-.

-Lo siento… Por cierto, estás muy guapa… ¿Ya estás lista? –Quiso saber-.

-Sí, ya estoy… Vámonos –pasé por su lado, empujándole-.

-Lo pasaremos bien, ya verás –me guiñó el ojo al tiempo que sostenía la puerta abierta para dejarme salir del cuarto-.

-Si tú lo dices –me encogí de hombros-.

-Espero no haberte molestado –dijo entristecido-…

-No pasa nada –sonreí para quitarle importancia al asunto-…

Ambos bajamos las escaleras y cerré la puerta principal de la casa al salir, con Alex detrás de mí, siguiendo muy atento mis movimientos. Estallé al salir de casa.

-¿Podrías dejar de hacer eso, por favor? –le pedí-.

-¿Hacer el qué? –Enarcó una ceja-.

-Estar tan encima de mí, invades mi espacio vital –le dije con un gesto de las manos-.

-¿Te pongo nerviosa, Amanda? –se acercó aún más a mí-.

-No, que va –mentí-…

-Es una lástima –susurró cerca de mi oído y se apartó-. Bueno, vamos a mi casa, tengo que cambiarme y de paso, presentarte a alguien.

 

 

 

Notas finales:

Amanda va a conocer a alguien, ¿quién será? 

Y sí, por fin, tienen una cita... ¿Qué pasará? 

Espero que estéis disfrutando del fic, un saludo ^^

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