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El reencuentro por silvy1990

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Notas:

Hola a todos, ¿cómo están? 

Sé que actualice hace muy poquito, pero no me he podido resistir, así que aquí les traigo un nuevo capítulo que espero que disfruten. 

¡Nos leemos! ^^

CAPITULO 3.

Tras despedirme de Alex, regresé a mi casa. Una vez dentro, cerré la puerta principal y puse la alarma, cuyo código se cambiaba cada semana desde la empresa de seguridad que instaló la alarma. Me dirigí a mi habitación, que se encontraba en la planta superior de la casa en la que vivía, y me di una ducha antes de ponerme el pijama de verano, que consistía en unos pantalones cortos de color azul marino con detalles de anclas y una camiseta blanca de tirantes, e irme a la cama.

Tumbada sobre la cama, no podía creer todo lo que había sucedido aquel día. En tan solo unas horas, había vuelto a encontrarme con uno de mis mejores amigos de la infancia. Realmente, estaba feliz de tenerle de nuevo en mi vida. Y esta vez, intentaría no tener que separarme de él, de nuevo.

Sonreí como una tonta al recordar todos los momentos tan hermosos que habíamos vivido durante la primaria, cuando nuestra amistad estaba latente. Estaba claro que había pasado mucho tiempo y aunque en parte fuésemos las mismas personas, tal vez habíamos cambiado, tanto por fuera como por dentro evidentemente, y ni siquiera teníamos cosas en común; pero hasta ese momento, todo parecía ir bien y era por eso por lo que acepté su invitación del día siguiente.

Intenté dejar mis pensamientos a un lado para intentar descansar. No dormía desde hacía bastante tiempo y me apetecía poder cerrar los ojos y abrirlos al día siguiente, pero no lo conseguí porque no podía sacar a Alex de mi mente.

Me levante de nuevo de la cama y encendí la luz de la habitación. Me acerqué a una de las estanterías y me dispuse a buscar un álbum de fotos. Cuando lo encontré, lo agarré y volví de nuevo a la cama. Me senté como los indios y coloqué el álbum delante de mí. Empecé a ver las fotografías que había en su interior.

Necesitaba recordar aquella época, viendo fotos de cuando era una niña y mi madre me cortaba el pelo, demasiado para mi gusto. Recordar aquello me hizo poner mala cara.

También vi a mis amigas Ruth y Miriam, que casi no habían cambiado. En una de las fotos, las tres estábamos poniendo caras en la terraza de mi hogar, demasiado cerca de la piscina.

Al lado, en otra foto, era con Alex con quien posaba y quien me abrazaba con una linda sonrisa. Sin duda, mi infancia había sido maravillosa y había encontrado buenos amigos.

A Ruth y Miriam siempre las había tenido. Y siempre pensé que tendría a Alex hasta que se marchó a Madrid de forma tan repentina por el trabajo de su madre. Aún así, aquella pulsera de flores azules que me regaló y aún conservaba como mi mayor tesoro, era un recordatorio de su existencia y su presencia en mi vida. Al comienzo de su marcha, pensé que regresaría y cada día lo esperaba con ansias. Un día, supe que no regresaría y me enfurecí. Hasta me quité la pulsera y la guarde en un cajón, con tristeza. Recuerdo que mis padres y hasta mis amigas hablaron conmigo para hacerme entrar en razón, ya que de niña, solía ser caprichosa y cabeza dura. Finalmente, volví a posicionar aquella pulsera en mi muñeca, y esta vez, de forma definitiva. Me di cuenta, de que volviera o no, él siempre iba a formar parte de mi vida, aunque estuviera ausente.

Sin duda, había llovido mucho desde entonces. Si ahora, él había regresado y quería retomar nuestra amistad, no sería yo quien lo impediría, porque realmente, quería volver a tenerle en mi vida. Un bostezo involuntario surcó mis labios. Cerré el álbum y volví a guardarlo en su lugar, dirigiéndome a la cama. Tenía que aprovechar aquel único síntoma de cansancio que había sido mi bostezo e intentar dormir.

Utilicé un truco que me había enseñado mi padre hacía muchos años, que consistía en cerrar los ojos y no moverse, por lo que finalmente, obligaría al sueño a aparecer. No sé si el truco funcionó o no, pero al menos, dejé de pensar durante un momento…

Cuando mis ojos volvieron a abrirse, me di cuenta de que la tenue luz solar se encontraba tras mi ventana. Me di la vuelta en la cama para mirar el reloj digital que había sobre mi mesilla de noche y me di cuenta de que eran las diez de la mañana. Abrí los ojos como platos y me levanté de la cama hasta quedar sentada sobre ella. Después de noches sin poder descansar, había sido capaz de dormir ocho horas seguidas. Canturreé feliz por ese hecho y me levanté de muy buen humor.

Me acerqué al vestidor, agarré unos pantalones cortos de cuadros negros y blancos y una camiseta blanca de tirantes y me dirigí a la ducha para comenzar el día con buen pie. Cuando terminé, doblé el pijama y lo guardé bajo la almohada. Por supuesto, hice la cama y bajé a desayunar. Aquel día, me preparé un buen tazón de cereales de fruta y chocolate y un vaso de zumo de naranja recién exprimido y desayune escuchando un poco de música.

Después de eso, tal vez, nadaría un rato en la piscina; realmente, me apetecía, ya que hacía tiempo que no lo hacía y me encantaba practicar natación. Por eso, cuando terminé de desayunar, volví a mi habitación para agarrar un bikini de color agua marina y una toalla, además de agarrar el móvil y protector solar.

Cuando llegue a la terraza donde se encontraba la piscina de tamaño medio, me acerqué a una pequeña mesa redonda y dejé sobre ésta el móvil y el protector solar, coloqué mi toalla sobre una hamaca cercana y me acerqué a la piscina, que estaba impecable. Aún así, al tener un sistema de limpieza automático, pulse un botón para hacer una pequeña revisión.

Como ese proceso llevaría un rato, me tumbé sobre la hamaca y agarré el móvil, viendo que tenía muchísimos mensajes y llamadas de mis amigas, de un número desconocido y de Leo.

Puse mala cara al ver los mensajes y llamadas de mi ex. Creí que mi indiferencia le había quedado más que clara, no entendía por qué seguía insistiendo en que le perdonase, hecho que no iba a ocurrir jamás. Aquel día, me levanté con más fuerza que nunca y tomé una decisión respecto a Leo. Busqué su número en la agenda y lo eliminé. Sí, había llegado el momento de empezar desde cero y borrar los vestigios de nuestra relación. Y no solo le eliminé de la agenda telefónica, sino de todas las redes sociales en las que era amigo. También borré nuestras fotos, las fotos que tenía con la otra chica y todos los datos que tenía de Sandra. Ese sería el final de mi historia con Leo y el comienzo de mi nueva vida.

Después de eso, revisé los mensajes de mis amigas. Al parecer, estaban organizando, como todos los años, un viaje a la playa, a la casa que los padres de Miriam tenían allí y nos dejaban todos los años cuando ellos viajaban al extranjero. Sonreí feliz, sin duda, un viaje con mis amigas era justo lo que necesitaba.

Por último, me fije en el número desconocido de mi agenda. Solo tenía un par de llamadas de ese número y ningún mensaje, tal vez, se habían equivocado. Decidí borrar el número del registro de llamadas.

Después de eso, dejé el móvil sobre la mesa y agarré el bronceador para aplicarme protección solar. Una vez lista, me acerqué a la piscina. Aún quedaban un par de minutos para que se limpiara completamente y justo en ese momento, mi móvil sonó. Me acerqué hasta él y vi que era el mismo número desconocido de antes. Esta vez, decidí atender la llamada. Tal vez, no era un error y era algo verdaderamente importante.

-¿Diga? –Pregunté con desinterés-.

-Buenos días, Amanda –reconocí aquella increíble y varonil voz-.

-Alex, ¿cómo estás? –una sonrisa apareció en mi rostro-.

-Anoche te llamé un par de veces, no podía dormir y me apetecía hablar contigo –quiso saber-.

-Me pillaste profundamente dormida, me temo –me disculpe-.

-Lo imagine –se rió-. En fin, te llamaba para recordarte nuestra cita esta tarde a las seis en la crepería.

-Sí, lo recuerdo. Y allí estaré, seré muy puntual –le tranquilice-.

-¿Has desayunado? –Cambió de tema-.

-Acabo de hacerlo, ¿por qué lo preguntas? –Tenía curiosidad-.

-Estoy muerto de aburrimiento y pensé que tal vez, te apetecía desayunar conmigo –parecía entristecido-…

-Lo único que puedo ofrecerte es que pases el día conmigo, en mi piscina –le propuse-…

-Eso sería maravilloso –parecía feliz, pero añadió-… ¿Tus padres no se molestarán con mi presencia?

-No te preocupes por eso –me reí, ya que yo también estaba aburrida y además, pasaría sola prácticamente todo el verano-…

-Está bien –me lo imaginé encogiéndose de hombros-…

-¿Recuerdas cómo llegar? –dudé-.

-Sí, estaré allí en media hora… ¿De acuerdo? –me sugirió-.

-Perfecto, aquí te espero –le despedí-.

Ni siquiera sabía por qué se me había ocurrido esa idea. No me gustó oírle triste y le hice el ofrecimiento, pensando que lo rechazaría. Jamás había invitado a un chico a mi casa, no cuando mis padres no se encontraban en la casa. Ni siquiera Leo había entrado allí.

Volví a revisar los mensajes y las llamadas de mis amigas, así que se me ocurrió invitarlas a pasar el día en casa con Tom e Iván, pero rechazaron mi invitación por un extraño motivo. Me sorprendió que pasaran de la piscina, sobre todo, porque era de los pocos medios para combatir el calor del verano en nuestro pueblo.

Subí de nuevo a mi habitación y volví a coger la ropa que había elegido mientras desayunaba y también un pareo largo atado al cuello para recibir a Alex, cuando llegara. Aunque me fuera a ver en traje de baño, me moría de vergüenza de recibirle así.

Media hora después, puntual como un reloj, el timbre de mi casa sonó. Fui a abrir la puerta principal y cuál fue mi sorpresa al encontrarme no solamente con Alex, sino también con mis amigas y los amigos de Alex. Me reí al ver a las chicas y las regañe por su pequeña mentira a lo que ellas me miraron con inocencia, haciendo que me riera aún más fuerte. Tom e Iván me saludaron con su típica caballerosidad, aunque parecían más reacios a estar allí, no como Alex. Cuando él llego y nuestras miradas se cruzaron, me sonrió con felicidad y me dio un fuerte abrazo.

-¿Podéis explicarme que significa todo esto? –Mire a mis amigas con los brazos en jarra-.

-Estuvimos hablando anoche y decidimos darte una sorpresa –mi amiga Ruth se encogió de hombros-.

-Tal vez, deberíamos haberte avisado con más tiempo –dudó Iván-.

-No, Iván –le detuve-. Me ha encantado la sorpresa, muchas gracias a todos –les sonreí-.

-¿Nos enseñas la casa? –Me sonrió Alex-.

-Claro, chicos.

Los seis pasamos al interior de la casa. Mis amigas se quedaron en la planta baja, preparándose para el primer chapuzón de la temporada. Los chicos, por su parte, me acompañaron y les enseñé el resto de la casa, para que al menos, supieran donde tener que ir cuando alguno de ellos necesitara ir al baño. Por el camino, les comenté que mis padres estaban de viaje y que pronto les acompañaría. A fin de cuentas, los chicos seguían siendo “desconocidos” para mí y no me apetecía contarles tantos detalles de mi vida, al menos, tan pronto.

-La casa no ha cambiado en lo absoluto –reflexionó Alex-.

-¿Acaso aún la recuerdas, Alex? –Enarqué una ceja-.

-Recuerdo que me gustaba mucho pasar el tiempo aquí y sobre todo, la piscina –miró al exterior, donde mis amigas y sus amigos, ya estaban en el agua-…

-Ven conmigo.

Agarré la mano de Alex, ante su gesto de sorpresa, y le arrastré hacia la cocina, ya que desde allí, nadie podría interrumpirnos. Le ofrecí algo de beber o tomar, pero rechazo mi oferta de la manera más educada que se le ocurrió, sentándose en una de las banquetas altas de la cocina. Me senté a su lado, me quité la pulsera de flores azules que me regaló y jugué con ella entre mis manos. Alex detuvo mi movimiento inquieto y agarró la pulsera entre sus manos, mirándola con tristeza. Sus ojos se aguaron y su mirada se desvió hacia el infinito, como si estuviera inmerso en sus recuerdos.

-Sabes que no elegí marcharme, pero no tenía otra opción –dijo entristecido, sin mirarme-.

-Lo sé –susurré-…

-También sabes que prometí regresar a buscarte algún día –me recordó-.

-Estás cumpliendo tu promesa y sinceramente, creí que no lo harías –confesé-.

-No sabes cómo he necesitado de tu amistad, Amanda –me abrazó con ganas-.

-Cuando te fuiste, esta pulsera se convirtió en el único recuerdo de tu presencia en mi vida –se me aguaron los ojos y me deje llevar por los recuerdos, apartándome de él-… Cada día, pensé que regresarías y te esperaba con ansias, hasta que me di cuenta de que no podía esperarte eternamente. Aún así, siempre tuve la esperanza de que regresaras…

-¿Y cómo no hacerlo? –Me sonrió, mientras acariciaba mi mejilla con suavidad-. Soy un hombre que cumple sus promesas –me guiñó el ojo-.

-No sabes lo feliz que me hace tenerte de nuevo en mi vida, Alex.

Aquella vez, fui yo la que lo abracé con fuerza. Lo había echado tanto de menos, y no me había dado cuenta hasta ahora.

-Creo que deberíamos ir con los demás, Amanda –no parecía convencido de sus palabras-.

-Prométeme que no volverás a marcharte y si lo haces, que no perderemos el contacto de nuevo –le pedí-.

-Esta vez, he venido para quedarme –me sonrió-.

Aún nos quedaba mucho más por hablar, pero con esa explicación, de momento, tenía más que suficiente. Tal vez, era muy infantil al pensar que un niño que se marcho y que era mi mejor amigo, cumpliría una promesa, pero no solo la estaba cumpliendo sino que su presencia de nuevo en mi vida era como el mayor de los regalos. Alex siempre había sido una persona muy especial y no había cambiado nada.

Notas finales:

¿Qué os ha parecido el capítulo? 

Espero que sigáis apoyándome, lo agradezco muchísimo. 

¡Gracias por leer! ^^ 

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