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El reencuentro por silvy1990

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Notas:

Hola a todos, ¿cómo están?

He estado bastante tiempo desaprecida debido a la falta de inspiración, y principalmente, los estudios, pero he regresado con una nueva historia. 

Para mí, escribir es una afición que me gusta compartir con ustedes y hace mucho tiempo que no la llevo a la práctica, por lo que escribir esta historia es como volver a empezar de cero, por eso les pido su apoyo y que le den una oportunidad. 

¡Gracias y disfruten de la lectura!^^

 

 

CAPITULO 1.

Me miré al espejo de cuerpo entero que había en mi habitación, una vez más antes de salir hacia el lugar donde había quedado con mis amigas.

Me encogí de hombros al ver que el resultado no era tan malo, después de todo. Había elegido unos shorts y una camiseta de cuadros en colores azul y rosa, atada a la altura del ombligo, a juego con unas cuñas de color beige a juego con un pequeño bolso del mismo color. Me recogí mi largo cabello durado y ondulado en una trenza lateral, debido al calor que hacía en mi pequeño pueblo andaluz. Mi maquillaje era bastante suave y había elegido un labial rosa.

Mi piel era bastante clara y aquellos días, mi rostro no había sido el más feliz, precisamente. Tan solo hacía unas semanas, había sufrido mi primer desengaño amoroso y no estaba para fiestas. De hecho, durante aquellas semanas, mis amigas habían hecho hasta lo imposible para hacerme salir de casa y por tanto, de la depresión en la que parecía estar sumida. Sin embargo, durante aquellas semanas, lo único que deseaba era permanecer en mi habitación y llorar hasta que mis ojos se quedasen secos.

Había amado hasta las últimas consecuencias a Leo. Cuando le conocí en la cafetería de la universidad una fría mañana de noviembre, conectamos enseguida. Era inevitable no fijarse en él. No era solamente su simpatía y galantería, sino su físico. Leo era un chico alto, al menos, un metro ochenta y cinco centímetros, de piel bronceada, musculoso, de cabello negro y unos hermosos ojos azules… Sin duda, parecía un modelo de pasarela.

Al comienzo de conocerle, sentí que por su actitud, él sentía lo mismo que yo. Para mí, había sido un flechazo. Por eso, al mes de conocernos, en una fiesta de año nuevo a la que acudí con mis amigas, cuando Leo se me declaró, no lo dudé y le di una oportunidad. Comenzamos a salir y todo había ido muy bien hasta el mes de mayo.

Empezaron las contradicciones y las excusas para vernos, hasta que lo descubrí con otra chica en una cafetería. Me reí al recordarlo.

Leo estaba trabajando en una orquesta. Un fin de semana me explicó que tenía que marcharse a un pueblo cercano con su orquesta. Por suerte para mí y desgraciadamente para él, esa misma noche, me encontré con los compañeros de orquesta que él mismo me había presentado en el pueblo, al salir con mis amigas a un local de moda.

Algo dentro de mí se resquebrajó y supe que me había mentido. Recuerdo que uno de sus compañeros estuvo hablando conmigo y me contó una historia. Él había conocido a una chica y Leo se la había arrebatado. Por supuesto, no creí sus palabras, no quería creerlas porque supondría un fracaso en mi relación con Leo. Sin embargo, ese chico tenía pruebas más que evidentes gracias a las fotografías; por lo que me dio el número de teléfono de aquella chica.

Recuerdo que minutos después, les conté esta historia a mis amigas, que indignadas me aconsejaron vengarme de Leo y fastidiar su relación con esa chica. Recuerdo que al principio, me negué a hacer caso a sus recomendaciones, pero horas después, en la soledad de mi habitación y debido a la tristeza interna que sentía, decidí hacerles caso.

Llamé a aquella chica, le expliqué lo sucedido y le envié las fotos que tenía en mi poder, además de todas las fotos que me habían tomado con Leo en fiestas y otros eventos. Aquella chica se sintió tan hundida como yo y por eso, decidimos llevar a cabo una venganza contra Leo.

Una de las tardes en las que Leo solía quedar con aquella chica, que se llamaba Sandra en el pueblo de ella, Sandra se negó e insistió en conocer el pueblo de Leo. Por supuesto, él puso muchísimos inconvenientes, pero finalmente, se vio presionado por Sandra, la tercera en discordia. O quizá la tercera en discordia era yo, no lo sé.

El caso es que Sandra y Leo quedaron en nuestro pueblo y cuando la cita estaba planificada, Sandra me avisó de la hora y el lugar donde se verían. La idea era aparecer allí y darle una lección a Leo. Ambas le dejamos con la palabra en la boca en mitad de la cafetería, avergonzándole por su juego hacia nosotras.

Durante el tiempo que habíamos planeado nuestra venganza, que fue durante todo el mes de mayo, no me había sentido mal. Quizá no me había parado a pensar en lo que realmente me había ocurrido.

Sin embargo, cuando todo aquello pasó, mi mente y mi corazón parecieron querer torturarme. Durante el mes de junio estuve encerrada en mi habitación, sin ganas de nada. Cuando mis amigas me llamaban al teléfono o iban a visitarme, las ignoraba completamente.

Afortunadamente, mis padres jamás supieron de mi estado. Teníamos un piso en la playa y solíamos pasar allí casi todos los veranos. Sin embargo, aquel año, por motivos de documentación de la universidad y otras cosas, no había podido acompañarles. Y por un lado, me alegraba. Si mis padres me hubieran visto así, hubieran buscado a Leo por debajo de las piedras por hacerme sufrir. Y cualquier cosa que le hicieran, sería merecida.

Sin embargo, cuando empezaba el mes de julio, desperté una mañana y me di cuenta que a pesar de todo el daño que me había hecho Leo (también a pesar de sus llamadas cada día desde que le había dejado de esa forma tan humillante), la vida debía continuar. No podía estar lamentándome por perderle de esa forma, ya que a fin de cuentas, el que me había perdido por su actitud era él. Me alegre, al menos, de no haberle entregado mi cuerpo. Estaba claro que éramos jóvenes y con veinte años había ciertas cosas que deberíamos haber hecho, al igual que otras parejas, pero aunque me avergonzara admitirlo (ya que mis amigas ya habían tenido experiencias amorosas y más que eso), yo aún era virgen.

Tal vez, mi pensamiento parecía de otra época, pero no quería perder mi virtud con cualquiera. Quería estar enamorada y sentir que esa persona era la indicada antes de entregarme al placer, a la lujuria, al sexo.

Un sonido muy insistente y lejano me sacó de mis pensamientos. Sacudí la cabeza y me ubiqué. Aún me encontraba de pie, frente al espejo de cuerpo entero de mi habitación, que se encontraba junto a un gran ventanal que conducía a un pequeño balcón. Al otro lado de la ventana, se encontraba el escritorio con una gran mesa y una silla cómoda. Al otro extremo, estaba la puerta de entrada y justo a la derecha, estaba el vestidor; mientras que en la izquierda había una pequeña puerta que conducía al baño y cerca del baño, la gran cama.

Aquel sonido volvió a escucharse. Esta vez, lo sentía más cercano. Me concentré en seguir ese sonido y me acerqué al escritorio, sobre el que había dejado el móvil. Miré la pantalla para ver quién me llamaba con tanta insistencia.

Era una de mis mejores amigas, Ruth. Era una hermosa chica de cabello rojo, ojos oscuros, piel blanca y buen cuerpo. No sé cómo lo había conseguido, pero me había conseguido convencer para salir ese día y presentarme a algunas personas. Realmente, necesitaba salir y distraerme y sobre todo, volver a vivir mi vida.

Miré la hora que marcaba el reloj digital sobre el escritorio y vi que la cita había sido hacía ya cinco minutos. Llegaba tarde. No me gustaba llegar tarde a ningún lugar, sobre todo, si había quedado con alguien. Agarré mis cosas y cogí el móvil para responder la llamada al tiempo que salía de mi casa, dejándola bien cerrada hasta mi regreso.

-¡Hola, Ruth! ¿Cómo estás? –la saludé-.

-¿Dónde estás, Amanda? –parecía preocupada-.

-Lo siento, me he dormido –mentí y añadí-. Estoy saliendo de casa en este momento.

-Está bien, no te preocupes. Miriam y yo aún estamos esperando. Pensé que tal vez te habías arrepentido de venir –expresó-…

-¡En absoluto, voy para allá! ¡Dame quince minutos! –le pedí-.

-De acuerdo, te esperamos -se despidió lanzando un sonoro beso desde el otro lado de la línea-.

Vivía justamente al lado del único centro comercial que había en el pueblo. A pesar de ser un lugar pequeño, había bastantes locales de entretenimiento y además, nuestro pueblo era un lugar famoso gracias a su gastronomía.

El lugar donde había quedado con mis amigas era un centro recreativo. Habitualmente, cuando salíamos, a ninguna de las tres se nos ocurría poner un pie en aquel lugar. Aquello solo ocurría cuando algún chico salía con nosotras, de hecho, Leo me había llevado allí infinidad de veces.

Me detuve en seco. Cuando Ruth me propuso salir, me comentó que quería presentarme a alguien. En aquel momento, no me di cuenta. Pero, ahora que lo pensaba, tal vez, quería presentarme a ese chico que empezó a conocer en el mes de mayo y a alguien más. Me encogí de hombros. Fuera lo que fuera, estaba dispuesta a pasarlo bien, lo necesitaba.

Continúe mi camino hasta el centro recreativo donde según me había dicho Ruth, en su llamada, Miriam y ella me esperaban. Miriam era una chica de largo y rizado cabello castaño y ojos verdes, además de tener buena figura y ser el ser más bondadoso que conozco sobre la tierra. Al igual que yo, esperaba a su príncipe azul, que aún no llegaba.

Miriam y Ruth habían sido compañeras en mi escuela y conectamos enseguida, desde pequeñas. Y nuestra amistad continuaba, de hecho, ya nos avalaban muchos años de amistad y estaba segura de que habíamos pasado la prueba de fuego con alta nota y que nuestra amistad siempre se mantendría.

Ahora, las tres estudiábamos en la universidad. Aunque nuestras carreras fueran diferentes, durante el curso escolar, compartíamos piso en la capital andaluza, ya que era dónde vivíamos. Ruth había elegido la carrera de traducción e interpretación, ya que se le daban muy bien los idiomas, sobre todo el inglés, y quería vivir de eso. Miriam, por su parte, había elegido psicología, ya que la mente humana y sus misterios le apasionaban tanto como el programa de misterios “Cuarto milenio”. Y yo me había decantado por trabajo social, ya que me gustaba muchísimo ayudar a la gente y era una carrera en la que se estudiaban temas muy interesantes.

Cuando llegué al lugar donde habíamos quedado, en mitad de mis pensamientos, vi a mis amigas esperando en la puerta del centro recreativo. Ruth había elegido un short y una camiseta corta de encaje blanco, además de unas cuñas también de encaje blanco y un bolso a juego, además de haber alisado su cabello y recogerlo en una coleta alta. Miriam se había decantado por unos pantalones blancos y una camiseta amarilla con tira bordada al final de ésta a juego con complementos de color amarillo.

No me había dado cuenta hasta ese momento de cuánto las había echado de menos. Los ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Creí que ya estaba seca y no quería llorar ni aunque fuese de emoción. Cerré los ojos con fuerza y sacudí la cabeza para alejar las lágrimas, antes de llegar al lado de ellas.

-¡Amiga! –Ruth me abrazó con fuerza-.

-¿Cómo te encuentras, amiga? –Miriam se unió al abrazo-.

-Estoy bien, creo. Pasando el luto, supongo –me encogí de hombros-.

-Hiciste lo correcto. Si Leo no valoraba tus sentimientos, no te merecía –dijo Ruth agarrando mi mano entre las suyas-.

-Lo sé… Aún así, duele… Fue mi primer amor y jamás creí que me haría algo así –me entristecí-…

-Ha llegado el momento de pasar página –Miriam acarició mi cabello-.

-Lo sé, por eso estoy aquí –sonreí débilmente-.

-Veréis… He conocido a un chico y parece que esta vez, va en serio –se sonrojó Ruth-…

-¿Te ha pedido que seas su novia? –Intervino Miriam-.

-Sí, pero no puedo aceptarle sin vuestro visto bueno –decidió Ruth-.

-Nuestra opinión no importa, Ruth. Debe hacerte feliz y ser sincero, si aún así, lo amas –me encogí de hombros-…

-No sé si aún es pronto para llamarlo amor, pero me interesa mucho –admitió Ruth-. ¡Ahí viene con un par de amigos!

Miriam y yo desviamos la mirada en su dirección. Tres chicos, casi igual de altos y con buen cuerpo, se acercaban al centro recreativo. Me fije en ellos. El chico que iba en el centro era un chico de piel clara, de cabello negro y en la distancia, sus ojos parecían oscuros. Además, parecía ser más alto que Leo y los tres tenían la misma altura. El chico que iba a su derecha parecía tener el cabello castaño y los ojos oscuros, además de tener una piel bronceada y musculosa, como el resto de sus amigos. El chico que iba a la izquierda parecía tener el cabello negro y los ojos oscuros… Tenía algo que no supe identificar… Sin duda, parecían chicos atractivos. Eso no podía negarse.

Ruth, a nuestro lado, empezó a moverse impaciente y cuando los chicos estuvieron lo suficientemente cerca, ella y el chico central cruzaron una mirada y poco después se fundieron en un abrazo. Miriam me miró, enarcando una ceja y respondí su gesto con una sonrisa cómplice. Siempre nos había causado gracia la efusividad de nuestra amiga.

-Chicas, él es Tom –nos presentó Ruth-. Cariño, ellas son Miriam y Amanda, mis mejores amigas.

-Es un placer conoceros chicas –Tom se acercó y nos dio sendos besos en las mejillas-. Ruth me ha hablado mucho de vosotras, tenía muchas ganas de conoceros.

-Encantadas, Tom –habló Miriam en representación mía y suya-.

-Hace unos días, le hice una propuesta a Ruth –explicó Tom, haciendo que nuestra amiga se sonrojase-. Es por eso, y espero que no os incomode, he traído a un par de amigos.

-No nos importa en absoluto –sonrió Miriam-.

-Nunca está de más conocer a gente nueva –intervine con una pequeña sonrisa-.

-Genial, entonces –aplaudió Tom-. Ellos son Iván –señaló al chico castaño- y Alex –señaló al moreno-.

Ambos chicos se acercaron a nosotras, también para saludarnos con sendos besos en las mejillas.

Tras las presentaciones, Ruth propuso entrar al centro recreativo, ya que el calor era insoportable.

Al entrar, Miriam me agarró del brazo para apartarnos hacia la barra y pedir un par de vasos de agua. Justo al lado de la barra, había unas escalerillas para acceder al interior del local que tenía mesas de futbolín y billar por doquier y un par de dianas en la pared final del local, situándose el aseo en la parte derecha del final.

-¿Qué sucede, Miriam? –Quise saber-.

-No sé de dónde habrán salido Tom y sus amigos, pero… ¡Son lindísimos! –Miriam parecía encantada-.

-La verdad es que son chicos atractivos –reconocí-, pero eso no lo es todo.

-Por supuesto –asintió Miriam-…

-Debemos conocerles mejor –le sugerí-.

-Eso no será problema –me guiñó el ojo-.

Ambas bebimos el vaso de agua de un solo trago para calmar nuestra sed. Miriam empezó a removerse nerviosa y salió disparada hacia el baño. Reí por su actitud y pedí otro vaso de agua, ya que no había tenido suficiente para aliviar mi sed. Justo en ese momento, alguien se colocó a mi lado.

-¿Podría servirme otro vaso de agua, por favor?

Mire a Alex que se había posicionado a mi lado para pedir un vaso de agua y pude comprobar que efectivamente era muy alto, tal vez, un metro noventa y su olor era embriagador.

Alex se percato de que le estaba mirando y nuestras miradas se cruzaron. Desvié la vista hacia el vaso de agua, totalmente sonrojada. Agarré el vaso y comencé a beber más lentamente de lo que lo había hecho antes, aún sintiendo la mirada de Alex sobre mí persona. Cuando terminé de beber el vaso de agua, sentí una pequeña risita a mi lado. Miré a Alex con cara de pocos amigos y entonces, me habló, consiguiendo dejarme congelada…

-No has cambiado nada, pequeña guerrera.

 

 

 

Notas finales:

¿Y bien? ¿Qué les pareció? 

Espero leer sus opiniones por aquí para ver si continuo el fic... 

¡Gracias por leer! ^^

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