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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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La pantalla holográfica se desplegó por encima de ellos de forma tal que abarcaba una gran parte de la plataforma. La figura de Breka-Nel apareció nítidamente resaltada contra el fondo oscuro y pronto los bordes de aquel rectángulo enorme desaparecieron dejando solo la figura holográfica del gigantesco Zentran dominando todo el espacio sobre sus cabezas. Su voz sonaba extraña, artificial… era evidente que no estaba hablando al pequeño grupo de Zentradis que observaban la escena en silencio.
—Los preparativos han culminado y entramos en la última fase de configuración antes del ingreso de los datos genéticos y de memoria al núcleo de la Superfortaleza.
Varias luces se encendieron alrededor de ellos y la estructura en el centro quedó perfectamente iluminada. Enormes venas recorrian todo el exterior de aquella especie de caparazón que envolvian al ¿Ser? que estaba destinado a convertirse en un gigantesco Comandante Supremo.
Breka-Nel movió los apéndices que salían de su cabeza y estos quedaron fuera de la pantalla, pero era evidente que había realizado una serie de conexiones físicas importantes.
Un rugido profundo se escuchó a lo lejos, como un trueno muchos kilómetros de distancia seguido de una vibración apenas perceptible.
—El núcleo operará de forma automática hasta que el proceso de crecimiento del cuerpo principal esté lo suficientemente desarrollado para que el nuevo Comandante tome el control por cuenta propia.
Unos relámpagos restallaron sobre y por debajo de ellos.
—Removiendo anclajes de protección, liberación de las unidades gravitacionales confirmado. —la vibración iba en aumento a medida que el gigante repasaba los numerosos componentes que eran necesarios para dar vida a la instalación.—Activando reactores del núcleo… ahora.
Enormes descargas de energía dorada saltaron por las paredes a medio construir del recinto, trepando por las vigas y saltando de panel en panel hasta perderse en la negrura del abismo que se encontraba bajo de la plataforma.
Virya, Maya y Exedore contemplaban en silencio la increíble representación que era la puesta en marcha de aquella fortaleza titánica. A pesar de ser apenas un esqueleto de vigas y material biológico de refuerzo, la enorme nave había cobrado vida, alimentada por vaya a saber qué monstruoso reactor en las entrañas de la misma.
Los tres lo sintieron. No fue solo el profundo temblor que recorrió a toda la nave y retumbó en el pecho de cada uno de ellos. Era como si…
—Como si algo hubiese despertado. —exclamó Maya en voz alta ante la mirada atónita de Virya.
Exedore no dijo nada pero giró la cabeza en dirección a la enorme estructura que dominaba la plataforma y las dos Meltran hicieron lo mismo.
Lo que estaba dentro de aquel saco se estaba moviendo.
El grupo de Zentradis contempló como hipnotizado los rítmicos movimientos de la misteriosa cosa que se sacudía allí dentro, prácticamente ciegos a todo el pandemonium de actividad que se había desatado a su alrededor.
Enormes torres de metal segmentado surgieron de las profundidades todo alrededor de la gigantesca plataforma. Cables y tuberías articuladas emergieron de huecos en las paredes que aparecieron de la nada, creando una enorme red que pronto los rodeó en todas direcciones.
Enormes descargas de energía reptaban por aquellas nuevas estructuras, alimentando ¿La construcción? ¿El crecimiento? Era difícil definir con palabras lo que estaba sucediendo. Metal y carne parecían mezclarse en una amalgama de colores y texturas a medida que los agujeros se rellenaban, las paredes eran levantadas y todo aquel recinto crecía y se transformaba en todas direcciones.
Cables que reptaban como enormes gusanos, esqueletos de metal que se elevaban como una red por sobre sus cabezas para ser rápidamente cubiertos por un entramado de fibras de aquel material poroso que de lejos parecía roca verduzca pero en realidad estaba vivo y respiraba, cambiaba de forma, arrastrándose lentamente por todas las columnas en busca de su lugar apropiado.
Breka-Nel contemplaba su obra en silencio. Su enorme cuerpo holográfico era atravesado aquí y allá por las vigas y cables que conectaban la enorme crisálida a la nave en construcción pero el gigante guardaba silencio.
Otro cambio notable se produjo en aquel embrión amorfo que ahora latía a un ritmo cada vez más veloz. Los brillos esmeraldas habían cambiado a tonos rojizos y toda una serie de nuevas venas y tuberías habían rodeado el exterior de la membrana opaca que protegía a lo que latía dentro. Las vainas a los pies de aquella monstruosidad estaban abiertas pero ahora emitían una luz rosada y nubes de vapor surgían de las mangueras que las rodeaban.
Virya comprendió que el final había llegado.
—Es hora. —dijo Maya cerrando los ojos.
Exedore asintió en silencio sin quitar la vista de aquellas masas palpitantes. Todos habían aceptado su destino pero nadie se movía. Sus voluntades parecían estar detenidas en el tiempo a la espera de la orden irreversible de Breka-Nel.
Virya dió un paso hacia Maya, forzando a su cuerpo a romper aquel hechizo, solo por unos momentos.
—Maya. —dijo casi con hilo de voz. —Quiero… quiero decirte algo.
La joven guerrera dirigió la mirada hacia los ojos de su mentora y asintió en silencio. Las dos Meltran se alejaron de Exedore y este no hizo ningún ademán de seguirlas; era claro que no lo necesitaban.
Breka-Nel seguía con la mirada fija en el núcleo palpitante mientras las dos guerreras se alejaron unos pasos hasta el borde de la plataforma. Enormes bloques de metal y cables habían creado una especie de pared a su alrededor que crecía continuamente. Virya y Maya se sentaron una frente a la otra en uno de aquellos tubos que sobresalian a medias del piso de la plataforma.
—¿Como…? —Virya notaba la dificultad de hablar en aquel momento pero se obligó a decir lo que sentía. —¿Cómo te sientes? —preguntó.
Maya no contestó inmediatamente y la veterana guerrera se dió cuenta que sufría la misma presión que ella para hablar. Pero confiaba en ella, sabía que podía superar todos los obstáculos. Maya no la defraudó.
—Me siento… —Maya sacudió la cabeza como descartando palabras. —No…. no lo se. —dijo mirando fijamente a su compañera. —No encuentro las palabras. —dijo como dándose por vencida.
—Entonces no uses palabras. —respondió Virya.
La guerrera asintió y tomando una de las manos de Virya la llevó hacia su pecho izquierdo.
—Siento algo aquí. —dijo apretando fuertemente la mano sobre su pecho. —Pero no se como describirlo, es algo que no había sentido nunca.
—Virya asintió y tomando a su vez la mano libre de su compañera imitó el gesto sobre su propio pecho. —Yo también lo siento. —dijo.
Las dos Meltran sintieron simultáneamente el latir de sus corazones durante un tiempo que parecía no tener fin, como si el propio universo se hubiese detenido para presenciar la escena que se estaba desarrollando en aquel extraño lugar. Una escena que no habia ocurrido jamás y cuyas consecuencias era verdaderamente impredecibles.
—Somos iguales. —dijo Maya mirando los ojos de Virya. —Los genes, la corrupción, no importa lo que nuestros superiores o nuestros creadores digan.
Virya asintió. —Nuestros corazones laten al mismo ritmo, con la misma intensidad. —respondió.
Maya soltó la mano de Virya y la alzó hasta el rostro de la guerrera, acariciando suavemente la mejilla mientras una lágrima rodaba por entre sus dedos.
—Estas son… ¿Lágrimas? —preguntó fascinada viendo cómo sus dedos se humedecian sobre la pálida piel de la guerrera. —Es tan… extraño.
Pero mientras lo decía ella misma había comenzado a derramar lágrimas. Virya alzó también la mano y acarició la mejilla de la joven, sintiendo como la humedad de las lágrimas bañaba sus dedos. —Extraño… no, esa palabra no es la adecuada para esto. —dijo sintiendo que algo se derramaba en su interior, como si enormes barreras y diques monumentales colapsaran bajo una fuerza incontenible.
Las dos Meltran se abrazaron envueltas en lágrimas. Aquello que las hacía ser lo que eran se había roto momentáneamente y las lágrimas fluían como un torrente por sus rostros.


Exedore sufrió un estremecimiento. Lo que estaba viendo era por completo incomprensible. Algo en su interior también se agitaba, una sensación nueva, una poderosa presencia que dormitaba en su interior. ¿Eran sus genes defectuosos? ¿Se estaban despertando en aquel momento? ¿Que era lo que estaba presenciando en ese momento? ¿Qué poder oculto, que fuerza incontenible había atravesado las poderosas barreras de acondicionamiento para despertar aquellas extrañas sensaciones enterradas tras miles y miles de ciclos de férrea disciplina?
Miedo, esa era la palabra que Exedore conocía y no se atrevía a mencionar.
El miedo, aquella sensación poderosa que solo existía como un nombre, un dato, un conocimiento remoto…. tabú, eso era, algo que no debía existir entre los guerreros Zentradi.
Y sin embargo estaba aflorando allí mismo, en el centro mismo del poder de toda la raza Zentradi.


El tiempo parecía haberse detenido si, pero aquello no podía durar demasiado tiempo. Los latidos de la gigantesca mole de cables y bultos no se había detenido. Su misma presencia era la prueba irrefutable de que su tiempo había llegado a su fin. Las Meltrans se separaron al fin y se miraron una a la otra como si fuera la primera vez que se veían.
Virya fue la primera en hablar tras haberse secado las lágrimas con la manga de su traje de vuelo. —No te abandonaré. —dijo sujetando las manos de su compañera. —Pase lo que pase te prometo que permaneceré a tu lado. —Tal vez… tal vez algo de ti permanezca en tu nueva forma, si es asi quiero luchar junto a ti.
Maya asintió y dejó que Virya secara sus lágrimas. La joven respiró profundamente y tomó coraje. —Yo tampoco la olvidaré Capitán. —dijo. —No se se como, no lo se realmente pero… de alguna forma voy a seguir a su lado… lo… lo intentare.
—No, prometemelo. —dijo Virya. —Es una orden.
Maya se rió y aquella manifestación extraña de alegría hizo que el propio Breka-Nel bajara la mirada hacia ellas, preguntándose qué rayos había sido aquello.
—Sí Señor. —contestó la joven poniéndose rápidamente de pie. —Una Almirante no puede desobedecer la orden de una Capitán. —respondió tendiendo la mano hacia Virya.
La guerrera tomó la mano de la joven y se levantó con una extraña sonrisa en el rostro.


Aquel extraño momento atemporal había pasado, la actividad pareció resumirse alrededor de las Meltran en cuanto volvieron a su sitio al lado del Archivista Exedore quien no había apartado la vista de las dos guerreras mientras duró su despedida.
Un neblina de vapores rosados había cubierto lentamente el piso de la plataforma de modo que ahora parecía que el pequeño grupo de Zentradis caminaba sobre una nube gigante, en cuyo mismo centro surgía aquel monstruoso huevo rodeado de máquinas y tuberías.
Exedore dirigió una mirada de reproche a la veterana guerrera en cuanto esta se puso a su lado. —Eso fue…. peculiar. —dijo con su habitual estilo de elegir la palabra más adecuada.
Virya se encogió de hombros y ante la sorpresa de Maya colocó su mano sobre la cabeza del Zentran. Increíblemente el diminuto Archivista no reaccionó ante la extraña muestra de cordialidad.
—Voy a extrañarlo a usted también… creo. —reconoció la Meltran retirando la mano de la abultada cabeza.
—Somos más parecidos de lo que pensaba. —reconoció Exedore suspirando profundamente mientras agachaba la cabeza. —Es una pena que las circunstancias no hayan previsto que nos conociéramos mejor. Estoy seguro que de haber sido diferentes las cosas nuestras capacidades hubieran sido una enorme ventaja para la flota de Dortrad-Jen…
—De haber sido diferentes las cosas ahora estaríamos muertos. —respondió la guerrera.
Exedore asintió. —Por supuesto. —dijo.
Maya se adelantó un paso y miró al Zentran con curiosidad. —¿Archivista Exedol?
Exedol levantó la vista hacia la joven guerrera. —¿Sí, excelencia?
—¿Usted también puede derramar lágrimas?
El desorientado Archivista abrió la boca mientras su cabeza temblaba violentamente, al parecer tratando de encontrar una respuesta adecuada a la pregunta de Maya, no obstante la profunda voz de Breka-Nel interrumpió aquella búsqueda exhaustiva de datos.
—Prepárense para entrar a las vainas. —dijo Breka-Nel mientras su enorme figura se movía alrededor de la plataforma. —El proceso de transferencia debe ser iniciado de inmediato.


Maya y Exedore dieron un paso al frente mientras desprendían los agarres de sus respectivas vestiduras. En unos instantes ambos quedaron completamente desnudos mientras remolinos de niebla rosada se enroscaban entre las piernas.
Virya contempló a las dos figuras asombrada. Eran tan desiguales una de la otra, como si se tratara de dos especies completamente diferentes. El esbelto cuerpo de Maya, bañado en la brillante luz clara que irradiaba de las alturas y le daba a su piel un tono lechoso era completamente opuesto al pálido y arrugado cuerpo de Exedol, quien se encontraba ahora encorvado sobre sus raquiticas piernas, ya desprovisto del soporte que la rígida túnica le otorgaba.
Pero eran Zentradis, apenas diferentes caras de la misma moneda y, como ella, partes de un todo que existía solo para un propósito que estaba mas allá de su forma física.
Ella, más que nadie lo sabía muy bien. Sabía lo que era ser varias partes de un todo. Comprendía que, en el fondo, nadie podía sentirse completamente entero sin otros que lo complementaran y, en su caso, esos otros habían sido sus personalidades interiores durante todos sus ciclos de continuos combates en la flota de Dortrad-Jen, pero solo tras haber perdido a su escuadrón y haber conocido a esos dos… si, realmente ahora comprendía lo que Exedore y Maya significaban para ella.
El Archivista había hablado de circunstancias ¿Pero acaso esa palabra podría resumir todas las experiencias, todas las situaciones y elecciones que Virya había tenido que afrontar desde que saliese de su vaina de entrenamiento en cuanto fué despertada al servicio de su flota? ¿Era posible que semejante camino hubiese desembocado en aquella situación de otra forma?
La guerrera sacudió la cabeza. No, claro que no. Estaban frente a la culminación de algo en lo cual Virya nunca había tenido una verdadera posibilidad de modificar en lo más mínimo.
Ella los había llevado hasta allí y a cambio ellos le habían dado un propósito.
Virya dió un paso al frente y extendió las dos manos hacia sus compañeros. Ambos comprendieron el gesto y cada uno se tomó de una mano de la guerrera antes de avanzar hacia las vainas de transferencia.
Breka-Nel observó la escena en silencio y siguió con la mirada los movimientos de los tres Zentradi a medida que se acercaban al enorme embrión palpitante. Una vez frente a las cápsulas Virya abrazó a Maya solo un momento, pero con una fuerza que sorprendió hasta a la propia Meltran.
—Cumple con tu deber, Maya. —Susurró Virya. —Y recuerda tu promesa.
La joven asintió pero ninguna lágrima asomó en sus brillantes ojos. Ahora era una guerrera a punto de cumplir su última misión, no había lugar para lágrimas.
—Sí Capitán. —exclamó haciendo el saludo Meltrán.
Maya se recostó en la vaina mientras jirones de niebla escapaban del interior del aparato Virya estiró la mano y tomando la manija de la puerta la cerró con un movimiento mecánico. El interior de la vaina se iluminó permitiendo ver a la Meltran que estaba dentro a pesar de la opacidad del grueso cristal. Maya parecía tan pequeña ahí dentro…
Sin darse cuenta ambas guerreras habían apoyado su mano sobre el cristal en un último gesto de despedida. Podían haber estado asi por horas pero Exedore tiró de las ropas de la guerrera en evidente estado de nerviosismo.
—Capitán….
Virya retiró la mano y comprendió el porqué del nerviosismo del Zentran. Breka-Nel los estaba mirando con una expresión de perplejidad absoluta.
—Vamos.
Exedore y Virya se dirigieron hacia la otra vaina. Era mas pequeña que la otra y parecía ser de una tecnología completamente diferente. El interior no estaba acolchado con esa especie de espuma similar al interior de las cámaras de sueño o recuperación, las paredes de la vaina estaban tapizadas de pequeñas protuberancias redondeadas, cada una con un pequeño filamento luminoso que sobresalia del extremo.
—No se ve muy cómodo. —dijo Virya mirando el interior del aparato.
Exedore sopló disgustado. —Claro que no se ve cómodo, es mi cabeza la que va a recibir todo el tratamiento, mi cuerpo no es importante.
Sin esperar que el Zentran lo solicitase Virya levantó el pequeño cuerpo en el aire y lo depositó dentro del aparato de la forma menos brusca que pudo lograr.
Exedore quedó boca arriba, recostado sobre aquella especie de cama de bultos y de inmediato una serie de tentáculos y cables rodearon su enorme cráneo protuberante.
—Es la despedida, supongo. —dijo Virya mirando como la cabeza del Archivista casi desaparecía bajo los cables y aparatos que la habían atrapado fuertemente.
Exedore no podia hablar, su boca había quedado paralizada y una baba verde se escapaba entre los grises labios… pero sus ojos estaban brillantes y miraron fijamente a la guerrera en cuanto esta cerró la puerta.


Estaba hecho.


—Misión cumplida. —se dijo Virya alejándose de aquella cosa palpitante. Finalmente había dejado atrás los restos de su antigua vida: su flota, su escuadrón, sus camaradas… Maya.
Breka-Nel pareció reaccionar a la presencia de Virya en ese momento y se inclinó en toda su altura sobre la plataforma.
—Capitán Virya.
La Meltran se detuvo al instante e hizo el saludo meltran llevándose el puño al pecho. —Si Excelencia. —respondió mirando hacia lo alto, hacia la imponente figura holográfica de aquel poderoso ser.
—Ahora está usted bajo mi mando. He revisado los reportes del Archivista Exedore y concuerdo en que sus habilidades son, en efecto, extraordinarias. Queda ascendida al rango de Comandante y tendrá una escuadra de naves a su mando. Preséntese de inmediato en los astilleros del sector ocho para iniciar los preparativos logísticos pertinentes.


Mientras Breka-Nel asi hablaba, un enorme agujero circular se había formado en la plataforma frente a Virya donde la niebla comenzó a caer lentamente por los bordes del mismo. Una enorme sombra surgió de las profundidades al cabo de unos segundos y tras elevarse varios metros por sobre los vapores que se arremolinaban alrededor quedó iluminada por las luces blancas del techo.


Todo había sucedido tan deprisa. Había dejado atrás una historia y ahora otra había comenzado a desarrollarse frente a sus ojos. La guerrera apretó los puños; en realidad no había cambiado nada. Su vida seguía estado atada a las órdenes y caprichos de sus superiores. Asi habia sido siempre
Así era como debía ser.
Su Rau Rojo brillaba como la sangre fresca, su cabina abierta proyectaba una sombra oscura que ocultaba el interior de la armadura como unas enormes fauces abiertas de par en par.
Virya bajó la mano del pecho y se encaminó lentamente a su máquina de guerra, tomando apenas conciencia de la vida que estaba abandonando y la que estaba naciendo frente a ella.
No había vuelto la vista atrás en ningún momento, pero no tuvo más remedio que hacerlo en cuanto hubo saltado dentro de la cabina. Por entre los tenues jirones de humo se podían ver las cápsulas a los pies de aquella monstruosidad latente. Los vidrios eran iluminados por dentro con sucesivos resplandores escarlata. Virya apartó la vista y cerró la cabina para no ver semejante espectáculo.
La oscuridad la envolvió con su familiar atmósfera de intimidad. Aunque Virya sabía que era una sensación momentánea, esos pocos segundos de calma fueron un verdadero oasis para su convulsionada mente.
La pantalla frente a sus ojos se encendió y una interfaz extraña cubrió con docenas de nuevos datos y canales de comunicación las imágenes que se proyectaban a escasos palmos de su rostro. Breka-Nel no solo le había dado el mando de una escuadra completa. Ahora también disponía de las herramientas necesarias para ello.
Virya suspiró y movió sus piernas. La armadura se elevó por sobre la plataforma dejando un remolino de niebla tras sí.
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