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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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—Mas, mas, mas… ahi!
Le pesada pieza de equipo se detuvo de inmediato y los dos hombres se acercaron para examinar las conexiones mientras Ralph retrocedía unos metros y se inclinaba para examinar mejor la zona de trabajo.
—¿Que opinas? —pregunto.
Hal hizo que la linterna iluminara el puerto que formaba parte del conector de la pieza que estaban instalando y levantó el dedo pulgar en señal de aprobación. —Servirá. —dijo haciendo una mueca. —Hay que remover un poco de material del borde para que el encastre sea perfecto, podremos hacerlo sin problemas Ralph.
—¿Y la fuente de energía?
Nix cerró una de las compuertas de acceso de mantenimiento y se sacudió las ropas. —Debería alcanzar sin problema. Estos reactores de tipo militar tienen unas especificaciones impresionantes. No creo que nos quedemos cortos con la alimentación de los anclajes.
—Será mejor estar seguros. —respondió el gigante mientras se recostaba sobre una de las paredes del dique y observaba con desconfianza a la aeronave que colgaba inofensiva de la grúa principal de las barracas.
—Entonces… —Hal miró a sus compañeros antes de señalar el aparato. —¿Lo conectamos?
Ralph y Nix suspiraron casi al unísono. —Adelante. —respondió el gigante decidido. —No podemos seguir hasta no saber si esta cosa funciona o no.
Hal asintió y abrió la compuerta de conexión externa de la energía mientras Nix desenrollaba los cables y los acomodaba de forma que no estorbaran en el pequeño andamio que habían montado en el borde de la cubierta superior.
—Energía conectada. —informó el técnico luego de terminar de asegurar el grueso cable al puerto del Ghost. —Ahora el Datalink.
Los sistemas de la aeronave cobraron vida al instante de recibir la energía externa. Una serie de luces se encendió en la proa vidriada y las luces de posición y maniobra destellaron brevemente indicando que los sistemas habían comenzado a activarse.
La conexión de datos se hacía a través de un simple cable de red que Hal había conectado a su Pad, en cuanto el puerto estuvo asegurado a la nave el joven técnico activó el software de monitoreo y configuración.
—Estamos en linea. —confirmó levantando el dedo índice. —Iniciando rutinas de revisión de sistemas.
Nix se sentó junto a la barandilla y dejó que sus piernas colgaran hacia el abismo. Todo lo que correspondía al software de los equipos corría por cuenta de Hal, ninguno de los otros Recolectores tenía el conocimiento necesario sobre el manejo de los Drones de la Rainbow.
—Vaya a saber todas las cosas que Amanda tiene escondidas en ese almacén. —comentó el operario mientras balanceaba las piernas.
Ralph asintió con gravedad mientras se cruzaba de brazos. —Lo lazos de Unity con empresas y contratistas ligados a la industria armamentística no son secretos. —dijo mirando al Drone. —Su división de seguridad está armada con el mejor equipo que una organización civil puede comprar en el mercado en estos tiempos.
—Crees que… —Hal bajó el Pad y miró a Ralph inquisitivamente. —¿Crees que Unity vaya a establecer una unidad de seguridad aqui? —preguntó.
—Seguramente. —respondió el gigante. —En cuanto la Rainbow declare su independencia la seguridad pasará a ser la prioridad número uno de Amanda.
Nix estiró un brazo y abrió una pequeña heladera portatil de donde sacó una lata de refresco. Luego de abrirla dió un trago largo y suspiró satisfecho. —Amanda debería crear esa unidad con gente de la Colonia. —dijo.
Ralph gruñó disgustado. —¿Te parece que hay soldados entre los Colonos? —preguntó visiblemente enojado. —Yo lo pensaría dos veces antes de darle un arma a cualquiera… o dios no lo permita, un Caza Variable….
—Estás pensando en Will. —dijo Hal sin levantar la vista del Pad.
—Estoy pensando en el imbécil de Will. —confirmó Ralph. —¿Enserio se fugó de la cárcel…?
Nix apretó la lata y la aplastó con el puño. —Esta vez la hizo buena. —dijo arrojándola hacia el vacío.
Los hombres permanecieron en silencio mientras Hal controlaba el funcionamiento del Drone militar. De vez en cuando un zumbido se escuchaba en el interior del aparato seguido por un aumento o disminución de la intensidad de las luces de navegación en las puntas de las alas. En un momento se escuchó un chasquido y tanto los alerones como las superficies variables de las turbinas se movieron varias veces.
—Las superficies de control se ven bien. —dijo Hal mirando las alas plegadas del Ghost. —El hardware está en excelentes condiciones, creo que podemos montar el bastidor ahora mismo. —dijo bajando el pad.
Nix se puso de pie y ayudó a Hal a colocar las piezas que tenían que adaptar sobre un carro de herramientas. Todo el trabajo que tenían que hacer era demasiado delicado para Ralph, así que el gigante permaneció recostado contra la pared mientras proyectaba una versión enorme de la pantalla de su Pad en la pared que tenía frente a él. —¿Vas a dejar esa cosa encendida? —preguntó mientras señalaba el generador portátil al que Hal había conectado el Drone.
Hal dejó que Nix llevara el carrito hacia el banco de trabajo y giró la cabeza para contestar al gigante. —Tass me dijo que lo dejara encendido y conectado a la red de las Barracas en cuanto montaremos el bastidor de los anclajes magnéticos.
Ralph asintió con la cabeza. —¿Crees que esa cosa pueda arrastrar un QRau completo? —preguntó.
El hombre acarició los pocos pelos de su incipiente barba mientras miraba el andamiaje donde descansaba la máquina en la que estuvieron trabajando durante casi todo el dia. —Es posible. —dijo. —El reactor tiene la potencia bruta para hacerlo, lo que me preocupa es cómo afectará la maniobrabilidad del Drone entre toda la chatarra del Campo.
—Amanda no consentirá que vueles esa cosa sin que sepas exactamente lo que vaya a encontrarse ahí fuera…
Hal se cruzó de brazos. —Lo se. Voy a correr un par de simulaciones para ver cual es la posición de captura más adecuada.
—Ten en cuenta que ese Irregular estaba dañado. —dijo Nix desde uno de los bancos llenos de herramientas en donde había comenzado a poner las piezas que tenía que manipular. —Le faltaba un brazo ¿No?
—Y parte de la cabina. Tendrás que tener todo eso en cuenta a la hora de planificar la captura.
Hal se rascó la cabeza. —Si si…. no se preocupen por eso. —Dijo para tranquilizar a sus compañeros.
Utilizaron un torno para rebajar el diámetro de cada uno de los conectores que usarían para instalar el bastidor de anclajes magnéticos por debajo del fuselaje del Ghost. Trabajaron en silencio, concentrados en las piezas y las medidas que habían tomado como referencia. El hardware de grado militar poseía especificaciones diferentes del resto de los equipos que usaban en la Rainbow y había sido necesario adaptar las piezas para que funcionasen en el Ghost.
El plan era simple: Buscar al irregular, fijar el drone a la armadura con los anclajes magnéticos y volver a la Rainbow de una pieza. Hal escuchó la idea de Amanda y sacudió la cabeza resignado.
—Hay tantas cosas que pueden salir mal Capitán…
La mujer se habia cruzado de brazos y habia respondido simplemente que por su bien mas le valia que tuviese una respuesta a cada una de esas situaciones o le quitaria su permiso de operación de Drones.
—Es tarde. —dijo Nix depositando la última pieza en la bandeja frente al torno a la vez que miraba su reloj de pulsera. —¿Lo montamos ahora?
Hal asintió. —Si, quiero dejarlo listo y conectado para que Tass pueda calcular la masa crítica y modifique el perfil de vuelo para empezar con las simulaciones. Amanda le ha dado prioridad total a esto así que no me extrañaría que la obligue a trabajar doble turno.
—Pobre Tass. —dijo Ralph suspirando.
Llevaron las piezas nuevamente al andamio y las instalaron ante la atenta mirada del gigante. Una vez que el armazón estuvo completo solo faltaba instalarlo bajo el Ghost usando los anclajes de armamento del fuselaje.
—¡Bajalo Andy!. —gritó Ralph al operador de la grúa una vez que Hal y Nix alinearon los conectores bajo el Drone.
Del otro lado del Dique se podía ver, perfectamente iluminada, la pequeña cabina del operario de la grúa. Estaba colgada de un soporte articulado que le permitía cambiar su posición para tener siempre la mejor vista del área de trabajo. Andy levantó el pulgar y accionó la enorme maquinaria.
Lentamente el Ghost comenzó a descender mientras los operarios vigilaban con cuidado la posición de los anclajes. El enorme drone se posó sobre el armazón de metal y los encastres se cerraron automáticamente.
—Perfecto. —dijo Hal encendiendo la linterna. —Revisemos más de cerca.
Los anclajes estaban firmemente ajustados y Hal corroboró en su Pad que la nave había reconocido la carga extra y mostraba el inventario actualizado como “Armamento cargado”
—Mira. —dijo Nix señalando la pantalla. —El Drone cree que le montamos un par de bombas.
Ralph gruño y Hal apartó nervioso la vista del Pad.—Voy a activar el puerto de datos inalámbrico para que Tass pueda subir el software desde La Torre. —una serie de pitidos indicó que las instrucciones habían sido recibidas y el técnico desconectó el cable de su Pad y cerró la compuerta de un golpe.. —Dejaremos el cable de energía externa conectado hasta que nos avise que todo está listo.
Se escuchó un ligero zumbido y una antena se desplegó desde la parte superior de la nave.
—¡Súbelo!. —dijo por el comunicador mientras guardaba el aparato.
Andy volvió a hacer un gesto afirmativo y lentamente el Ghost se elevó un par de metros con la nueva carga firmemente adherida a su fuselaje.
Los tres hombres admiraron su trabajo en silencio. Ya de por sí era algo extraño ver una nave en las barracas y más extraño todavía que fuera un Drone de esas dimensiones.
—Una cosa menos. —dijo Ralph satisfecho. —Dejemos todo por hoy.
Andy hizo un gesto con la mano desde su puesto y luego de apagar las luces y salir de la cabina bajó por una escalerilla hasta una plataforma que se extendía por debajo del puesto de mando de la grúa. Ralph se acercó y colocó la palma de la mano hacia arriba con el pulgar levantado. El hombre saltó sobre la mano del gigante y se sujetó del dedo.
—Agárrate fuerte.
Ralph cruzó todo el dique en solo dos pasos y depositó al obrero del otro lado de la cubierta, justo cuando Hal y Nix terminaban de replegar el andamio y comenzaban a guardar las herramientas.
Mientras el resto de los hombres terminaban con sus tareas del dia Ralph se quitó el casco de seguridad tamaño Zentradi y lo puso en uno de los enormes nichos del dique.
—¡Hey Ralph! —gritó Nix (Aunque sabía que gritara o no el gigante lo escucharía igual) —¿Jugamos unas manos de Poker esta noche?
El gigante giró la cabeza en dirección a la cubierta superior. —Claro. —dijo. —No me vendria mal unos créditos extra.
—Ya se va a acabar esa racha tuya. —comentó Hal echando su bolso al hombro. —¿A las diez entonces?
—A las diez. —repitió el enorme obrero.
Los hombres agitaron las manos y salieron por la compuerta que conectaba al pasillo de acceso a las barracas. Afuera los esperaba un transporte eléctrico listo para llevarlos al módulo habitacional.
Ralph echó una última mirada al piso del dique y luego de cerciorarse que todo estaba en orden golpeó con el puño un enorme interruptor y todas las luces de la barraca se apagaron al unísono.
Solo unas pequeñas luces rojas permanecieron encendidas en la proa del Ghost, denotando que los sistemas de la nave estaban conectados y listos para recibir los datos cruciales para la misión. Ralph miró con desagrado los reflejos rojizos en el ojo del principal sensor visual del Drone y salió del dique murmurando algo ininteligible.
La enorme compuerta se cerró tras él con un estampido. Ralph debía atravesar el almacén principal y utilizar uno de los enormes ascensores de equipo pesado para llegar al siguiente nivel de la Rainbow.
La Rainbow no estaba diseñada para que Zentradis o Humanos Macronizados trabajaran en su interior. La mayoría de los equipos y accesos que Ralph utilizaba diariamente eran parte de la infraestructura que se usaba para operar con los enormes robots militares o de construcción, así que la comodidad no era algo que abundara en la nave.
Entró al gigantesco montacargas y activó el interruptor para subir hasta su cubierta. La ascensión demoraría un rato, esos elevadores no estaban diseñados para llevar operarios rápidamente de un piso a otro, sólo enormes máquinas o robots con excruciante lentitud y seguridad.
Casi diez minutos después la puerta se abría y Ralph emergió del elevador con evidente fastidio marcado en el rostro; odiaba esos lentos ascensores, eran una de las cosas más incómodas de toda la Colonia.
Así y todo tanto Unity como la propia Amanda habían hecho todo lo posible para facilitar la vida del gigante a bordo de la nave. Tenía un camarote privado a su medida y ciertas comodidades acorde a su tamaño. El excusado de proporciones gigantes era uno de esos lujos ya que Ralph había oído historias espeluznantes sobre los retretes improvisados que los Zentradis solían usar en algunas partes de la galaxia.
Justamente hacia allí se dirigió Ralph mientras se desabrochaba el enorme cinturón y se rascaba el trasero con desgano.
Los Zentradi no tenían un sistema digestivo demasiado activo. Sus cuerpos estaban diseñados para obtener los recursos y energía necesarios de una forma eficiente y casi sin producir desechos. Si bien un humano macronizado tenía algunas sutiles diferencias con respecto a un Zentradi “fabricado” en una de esas secretas plantas de Genoconcepción, en cuanto a alimentación y excreción ambos cuerpos funcionaban de forma similar.
Básicamente Ralph cagaba una vez por semana, por decirlo de una forma más simple.
El “pequeño” excusado estaba justo delante de la compuerta de su camarote. Ralph abrió la puerta y maniobró su enorme cuerpo sobre el retrete mientras se bajaba los pantalones, finalmente se sentó y dejó escapar un suspiro de alivio. Los operarios que trabajaban en la zona de tratamientos de afluentes solían bromear con que cada vez que el gigante se sentaba en el excusado todas la Colonia lo escuchaba.
Ralph desplegó la pantalla holográfica de su Pad frente a la puerta cerrada y dejó que su cuerpo se ocupara de la tarea de forma automática.
Estaba preocupado. No solo por la perspectiva de usar un aparato militar en El Campo, también sobre las implicaciones de lo que Hal había dicho ¿Una división de combate en la Rainbow? Amanda tenía personal de seguridad por supuesto, pero la media docena de hombres que servían en la Colonia apenas portaban algo más peligroso que una pistola aturdidora.
Si había armas de fuego en la Rainbow, Amanda las tenía bien guardadas y a decir verdad en todos los años que había trabajado allí nunca se dió una situación que implicara usarlas ¿Por qué habría de cambiar de idea ahora?
La respuesta era la declaración de Independencia, claro estaba.
¿Pero que? ¿Acaso podían correr más peligro que antes? ¿Qué nuevas amenazas se podían cerner sobre la Colonia que no hubiesen estado presentes hasta entonces? La posición de la Rainbow en ese lugar alejado de la Galaxia era el principal motivo por el que habían estado tan aislados de los problemas… a menos que.
¿Se atrevería Amanda a mover la Colonia?
Ralph sacudió la cabeza disgustado con la idea. No, no podía ser. El Campo suministraba toda la materia prima necesaria para la operación de la Colonia y ni ellos ni Unity pagaban absolutamente NADA por los derechos de explotación del gigantesco cementerio de naves. Abandonar ese lugar sería…. ¿Un error?
Pero había otra explicación posible. Todos los obreros sabían que las operaciones de la Rainbow no eran comercialmente viables. Todo el material que se extraía era procesado y reciclado pero jamás abandonaba la Colonia. Ocasionalmente un transporte de Unity llegaba con alguna pieza o componente demasiado grande para que la Rio Grande pudiese con él, pero siempre se iban vacíos. El depósito principal estaba a rebosar de materiales y componentes y los astilleros estaban en excelentes condiciones y, a pesar de estar completamente desiertos y vacíos, podían ponerse en funcionamiento en cualquier momento.
¿Esa era la respuesta? ¿Pondría Unity a la Rainbow en total funcionamiento para producir naves espaciales?
¿Iban a crear una nueva flota Independiente? El gigante cerró los ojos y suspiró.
Era una posibilidad que varios de sus compañeros barajaban. Crear una flota y buscar un planeta no era algo tan imposible, especialmente disponiendo de los recursos técnicos de la enorme nave factoría. Con los contactos y personal adecuado podían construir cualquier tipo de nave civil y adaptarla a sus necesidades ¿Cargueros? ¿Transportes? ¿Transbordadores? Los astilleros de las Three Star podían producir varias naves al mismo tiempo siempre y cuando tuviera el personal disponible.
Tal vez ese sería el destino de la Colonia Rainbow.. quedarse en este cementerio de naves mientras que la flota recién creada cruza la galaxia en busca de un nuevo planeta donde echar raíces. ¿Y entonces que seria de el? ¿Se iría con ellos en esa especie de diáspora galáctica?
La respuesta era no, por supuesto.
No dejaría atrás a Midori, nunca más. Ralph tenía la mente muy clara con respecto a eso. Jamás la abandonaría.
Un repentino resplandor rojizo hizo que Ralph volviera en sí.
—Atención. Se ha declarado Alerta Amarilla en toda la Colonia. —La pantalla holográfica que se proyectaba sobre la puerta del excusado frente a Ralph mostró un enorme recuadro rojo con el símbolo de exclamación negro y la palabra EMERGENCIA resaltada en el mismo color.—Esto no es un simulacro. Todo el personal de Seguridad a sus puestos. Repito; esto no es un simulacro… —La voz de Rebecca era inconfundible y algo en el tono de voz de la mujer le hizo saber a Ralph que la cosa era en serio.
El gigante se puso de pié tan de prisa que casi hace volar la puerta frente a él.
—¿Y ahora que mierda pasa? —gritó luchando con sus enormes pantalones mientras abría la puerta y salia corriendo al pasillo.
Recordaba muy bien el protocolo de emergencia y sabia a donde debía dirigirse en cuanto se declarase una.
El enorme montacargas estaba abierto y listo para bajar pero Ralph sabía que en una emergencia no disponía de los diez minutos que demoraba el enorme elevador en llevarlo de una cubierta a la otra. Había una ruta más rápida.
A un lado del elevador se encontraba una de las esclusas principales donde las enormes tuberías del sistema de enfriamiento del sistema primario iban desde la base de la nave hasta la punta de la torre principal donde descansaba el enorme reactor. Ralph saltó desde su cubierta y sujetándose fuertemente del enorme tubo descendió por el pozo rápidamente, cuidando de no golpear ninguna de las tuberías más pequeñas con sus enormes botas. Amanda había autorizado esa vía de acceso siempre y cuando fuera una emergencia y el gigante no rompiese nada.
La cubierta del hangar principal estaba completamente iluminada y Ralph aterrizó sobre la plataforma que sobresalia con un estampido.
Sin perder un minuto se dirigió a toda prisa hacia su posición en la bahía uno.
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