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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Los poderosos reflectores cruzaron sus haces sobre las ventanas del carguero haciendo que las tenues luces rojas que iluminaban la cabina retrocedieran. Gray y Mike entrecerraron los ojos tratando de distinguir las enormes formas que los rodeaban.
—Son decenas. —dijo el joven asombrado.
Gray movió la cabeza. —En todos los años que llevo con este trabajo jamás vi o escuche nada igual. —dijo. —Tengo un muy mal presentimiento.
Para corroborar sus temores. La computadora de la Río Grande comenzó a ejecutar una serie de instrucciones mientras ambos hombres miraban las pantallas sin hacer nada.
—Están purgando los contenedores. —dijo el viejo piloto con un hilo de voz.
Por la cámara de video trasera pudieron ver como los dos container se separaban del carguero mediante un breve disparo de los propulsores de gas comprimido.
Mike tuvo un escalofrío pensando en lo que estaría viviendo su amigo Will en esos momentos. ¿Cuánto aire tendria disponible en cuanto el sistema de soporte vital dejase de funcionar? —Oiga Jefe. —dijo tragando saliva. —Tengo que decirle algo importante..
—Ahora no Mike, tengo que pensar..
Mike suspiró pero cuando abrió la boca para hablar nuevamente no pudo articular palabra.
—Mierda. —solo atinó a decir.
Dos enorme moles estaban siendo arrastradas por cuatro armaduras hacia ellos. Las formas eran fácilmente reconocibles.
—Contenedores. —dijo Gray. —¿Que rayos están…?
Sin poder hacer otra cosa que mirar, los dos tripulantes fueron testigo de como los dos contenedores pasaron sobre ellos y fueron colocados en posición detrás del carguero. En ese momento la computadora volvió a tomar el control del timón y con unos pequeños impulsos de los retropropulsores delanteros, la nueva carga quedó asegurada firmemente en la Río Grande.
Una vez terminada la operación de amarre, las armaduras volvieron a su posición de guardia junto con los otros transportes que rodeaban a la Rio Grande. No pasó mucho tiempo hasta que una nave de aspecto utilitario comenzara a acercarse por babor.
La voz que habian escuchado al principio volvió a oirse por los canales de comunicación general.
—Por favor, permanezcan en sus asientos mientras terminamos.
Gray hizo una mueca de desagrado y miró de reojo la compuerta de entrada. La cerradura estaba abierta y los seguros habían sido desactivados. El sonido metálico que hizo la nave al atracar en la esclusa fué como una campanada lúgubre.
—Bueno, ya están aquí. —dijo Mike nervioso. —¿Algun consejo…?
—Solo…. quédate quieto. —respondió el Capitán Gray poniendo sus brazos a los costados.
Los hombres aguardaron en silencio el desenlace de lo que el destino les habia preparado aquel dia. No era la primera vez que Gray se había encontrado con Piratas, pero lo que estaba sucediendo ahora delante de sus ojos… no tenía ni pies ni cabeza.
La compuerta de salida se abrió y la presión entre ambas naves se equilibró con un lugubre sonido.
Los haces de luz de las linternas adosadas a los rifles de asalto iluminaron a los tripulantes de la Río Grande. Dos hombres vestidos con trajes de combate para gravedad cero entraron flotando a la cabina sin dejar de apuntar al Capitán y su copiloto. Otros dos hombres entraron inmediatamente después y permanecieron a los lados de la entrada con el mismo tipo de armamento. Finalmente quien parecía ser el líder de ellos entró flotando en último lugar.
Estaba enfundado en un traje espacial del mismo tipo que Gray y Mike usaban en esos momentos, pero por el tamaño era evidente que se trataba de una persona de contextura grande.
El recién llegado se detuvo en medio de la cabina e hizo un gesto con la mano. Los dos guardias que estaban junto a la puerta salieron por la esclusa en silencio.
—Saludos Capitán Gray. —dijo mientras encendía los agarres magnéticos de las botas y se erguía de pie en el piso. —Espero que el DEFOLD no haya sido demasiado brusco.
Gray gruño algo incomprensible mientras giraba su silla ante la atenta mirada de los hombres, quienes mantuvieron las miras láser de sus armas apuntando al pecho de los pilotos. —Lo fue, gracias por preguntar. —dijo mirando fijamente al intruso. No podía ver mucho a través del casco pero se dió cuenta que los ojos del hombre mostraban inteligencia y determinación.
—Bien, perdonen que deba limitar el tiempo disponible para las presentaciones pero… tenemos algo de prisa… ¿Caballeros?
Sin decir una palabra el hombre que estaba junto a Mike guardó su rifle y tomó al joven copiloto por detrás del casco, levantandolo de su asiento.
—¿Pero qué ray…? —Comenzó a gesticular Mike pero el ruido que hizo el cañón de una pistola automática junto al visor del casco lo hicieron callar de repente.
—Guarda silencio muchacho. —dijo el desconocido mientras caminaba hacia la consola de mando. —Ahora serás nuestro rehén por un tiempo mientras tu Capitán y yo charlamos rápidamente sobre…. negocios.
Mike y su captor salieron flotando de la cabina dejando a los tres hombres solos. Quien parecía estar al mando caminó hasta el asiento de Mike y sentó despreocupadamente frente a la consola.
—Bien. —dijo girándose hacia el Capitán. —Vamos a ser claros y directos; la vida de su copiloto está en sus manos Capitán así que espero de sus más absoluta y dedicada colaboración. ¿Me ha comprendido?
—Si.
El hombre asintió complacido. —Bien, esa es la clase de respuestas que quiero escuchar, directas y concisas… verá Capitán, hay muchas cosas en juego y no quiero dejar NADA librado al azar. —dijo enfatizando las palabras.
Mientras hablaba hizo una seña con la mano y el guarda se alejó hasta la entrada de la cabina mientras colocaba el rifle en posición de descanso.
—Aclarado ese punto… será mejor que continuemos… ¿Me recibes Otako? —El hombre pareció hablar por un canal diferente de comunicaciones y Gray no escuchó la respuesta.
—Perfecto, ven aquí que voy a presentarte a alguien. —dijo.
Al cabo de unos momentos una persona enfundada en un traje de vuelo amarillo entró a la cabina. Al contrario del hombre junto a la silla del Capitán este recién llegado era de contextura delgada y parecía estar en un traje que le quedaba demasiado grande. La cara que se distinguía a través del visor del casco era demacrada y llena de pecas, los ojos eran brillantes pero grandes ojeras remarcaban los parpados caidos de un rostro que parecía recién salido de una mala noche de bebida.
—Capitán Gray, le presento a Otako… el es quien ha estado volando su nave, si puede disculparlo por semejante atrevimiento.
Como respuesta una pantalla holográfica se proyectó desde un dispositivo ubicado en la muñeca del joven y se materializó frente al casco. Gray reconoció rápidamente la interfaz de navegación de la Río Grande.
El llamado Otako deslizó los dedos por la interfaz holográfica y en todas las pantallas de la cabina de la Rio Grande apareció un dibujo en tonos verdes que representaba una carita sonriente con un parche en el ojo.
—¿No es un amor? —preguntó el desconocido con sorna.
—Tus DEFOLDS apestan. —respondió Gray escupiendo las palabras. —Mi nave te queda grande.
El joven mostró los dientes, al parecer el comentario lo había molestado bastante.
—No sea duro con Otako. —dijo el hombre con un gesto conciliador de la mano. —No es muy sociable que digamos… es de la clase de personas que se lleva mejor con sus hologramas 3D que con la gente de verdad.
—¿Uno de esos NEET’s virgenes? —preguntó Gray echando una mirada de desprecio hacia el joven. A través del cristal del casco pudo ver claramente como su cara se ponía roja de ira.
El desconocido se rió y aplaudió con fuerzas —¿No te decía yo que el Capitán Gray es una persona muy observadora, Otako? Por supuesto que es virgen, pero se ha equivocado con lo demás, este joven ha trabajado muy duramente con nosotros… estoy seguro que le va a encantar todo lo que ha preparado para esta ocasión. —dijo señalando las pantallas de la consola. —Pero bueno, creo que estamos perdiendo tiempo valioso… Otako, danos control.
El joven asintió y volvió a manipular la interfaz de su terminal. Enseguida las luces rojas de la cabina pasaron al blanco y las pantallas fueron restauradas a sus funciones normales.
—Excelente. —exclamó el hombre mientras consultaba los instrumentos. —La Río Grande es toda suya Capitán… Ya puedes retirarte Otako.
El joven volvió a asentir en silencio y se alejó flotando mientras no dejaba de ver la información de las varias pantallas que se desplegaban delante de su casco. En cuanto atravesó la esclusa seguido por el último guardia armado, la compuerta se cerró en silencio.
—Gracias. —respondió Gray colocando las manos sobre el comando. Se sintió mucho mejor al tocar los controles y saber que podía tener el mando de su nave en su totalidad, no obstante, por solo un instante, tuvo una sensación de desagrado al pensar en la persona que había estado jugando con ellos hacía tan poco tiempo.
El hombre a su lado sonrió ampliamente.
—¿Qué es lo que quieren? —preguntó entonces sin soltar los mandos.
—Oh vamos Capitán Gray…—El hombre pareció desilusionado. —Es usted perfectamente consciente de lo que queremos ¿Verdad?
Gray cerró los ojos y asintió. —Volver a la Rainbow ¿Verdad?
Su ahora compañero de cabina chasqueó la lengua. —Muy bien Capitán, eso es exactamente lo que queremos y para ello…. bueno, se que no es exactamente su fuerte pero voy a tener que pedirle que ejecute conmigo un poco de actuación para… suavizar las cosas.
Gray movió la cabeza. —Nunca lo lograrán. —dijo. —La Rainbow es una fortaleza, Amanda los aplastará antes que puedan ver las luces de la Colonia.
—Tss, tss, tss… —chistó el hombre mientras movía el dedo índice de un lado a otro. —En eso se equivoca amigo. No crea que no disponemos los medios para asaltar a esa Colonia por la puerta del frente… los tenemos y créame que esto. —dijo señalando las naves que se veían a través del cristal de la cabina. —Esto que ve aquí es solamente mi escolta personal. A decir verdad mis amigos están deseosos de lanzarse al ataque de una vez por todas… especialmente nuestros camaradas más… grandes.
Gray podía ver perfectamente a las armaduras Zentradi que custodiaban el perímetro de la extraña congregación de piratas.
—Pero yo… es decir nosotros, necesitamos esa nave lo más intacta posible, Capitán… así que como se habrá dado cuenta, preferimos usar medios no tan drásticos.
—¿Y que le hace pensar que yo voy a colaborar…?
El hombre se encogió de hombros. —Bueno Capitán, si la vida de ese muchacho copiloto suyo no vale lo suficiente, creo que debería considerar que un asalto frontal podría significar una pérdida de vidas mucho más significativa para esa pequeña Colonia… mis muchachos Zentradi suelen excitarse mucho durante el combate y…. en fin, cuesta un poco hacer que se detengan o incluso hacer que distingan entre mujeres y niños… usted sabe cómo son. —Dijo mientras sonreía mostrando todos los dientes.—Créame cuando le digo que la Rainbow ya es nuestra y la verdad es que me gustaría tomar posesión de ella de la forma menos violenta posible.
—Bonito discurso viniendo de un pirata.
Por primera vez en todo ese tiempo el hombre puso una expresión seria. —Le advierto, Capitán, que es contraproducente que utilice esa clase de designaciones para con mis muchachos o mi persona…. nosotros somos una Corporación, una asociación independiente con un objetivo común ¿Piratas? ¡Por favor! Estamos en el siglo XXI Capitán… esas cosas están muy pasadas de moda…. lo que está en boga ahora es esto. —y mientras decía esto último extrajo una pistola automática con la que golpeó suavemente el casco de Gray.
—Nosotros tenemos fuerza y pensamos invertirla en algo más rentable que uno o dos cargueros de la Periferia. ¿Me entiende Capitán?
El viejo piloto asintió sin quitar la vista del arma. —Aun así me parece que piensan meterse en la boca algo demasiado grande. —exclamó suspirando.
—¿Unity? —preguntó el hombre mientras enfundaba la pistola. —Si se refiere a la famosa Fundación y sus fuertes lazos con los militares… le repito que no debe preocuparse, todo está previsto y planeado…. lo que me recuerda que ya es hora que salgamos, no quiero perder más tiempo en charlas banales… ¿Capitán? —dijo señalando los mandos. —¿Nos haría el honor de llevarnos hacia la Rainbow?
Gray gruño y activó los propulsores de maniobra. El carguero volvió a la vida y comenzó a rotar lentamente sobre su eje mientras el misterioso copiloto introducía una nueva ruta de navegación en la computadora frente a su asiento.
—¿Me promete que Mike estará bien? —preguntó mientras miraba preocupado la nueva carga adosada a la popa de la nave.
El hombre giró la cabeza en dirección al Capitán.—Como ya le dije, prefiero evitar el uso de violencia. Esta operación está planificada para evitar la pérdida innecesaria de vidas… dicho lo cual, todo depende enteramente de su colaboración Capitán.
Ahora fue el turno de Gray de encogerse de hombros.
—Soy un pésimo actor. —dijo aplicando potencia a los motores principales.
—Lo se, por eso Otako se encargará de los Efectos Especiales… usted solo actue normal y todo saldrá bien… muy bien.

La Rio Grande aceleró y pronto la pequeña congregación de forajidos fue tan solo unas pequeñas luces entre millones de estrellas en la Vía Láctea. Gray apartó la mirada del monitor trasero y se concentró en su panel de mandos…. Mike, el corazón del viejo piloto sufría el haber tenido que dejar solo al muchacho en medio de esa escoria galáctica pero… ¿Acaso tenía otra opción?

A varios centenares de kilómetros de distancia, varios pares de ojos seguían con atención el vuelo de la Río Grande mientras se desvanecía en la distancia. Finalmente las luces del carguero desaparecieron y la tripulación de la nave de asalto continuó con sus tareas asignadas.
—Está hecho. —dijo un hombre alto enfundado en un traje de combate verde. Su casco estaba decorado con graffitis al igual que el rifle de asalto que portaba en la espalda. Dándose vuelta se alejó de los monitores y flotó hasta un rincón donde el joven del traje amarillo manipulaba datos con ambas manos frente a su pantalla holográfica. —Eh Otako! —gritó el hombre. —¿Alguna señal del número cuatro?
El joven movió la cabeza sin mover los ojos de las pantallas.
—Mala cosa. Con razón el Jefe estaba intranquilo. ¿Reporte del radar dimensional?
Uno de los operarios frente a un pequeño globo holográfico del tamaño de una pelota de fútbol sacudió la cabeza. —Nada todavía.
El hombre de traje verde suspiró. —Si esos idiotas se hubiesen caído del FOLD ya los habriamos detectado… bien, de todas formas ya están muertos, no podemos permitirnos ir a buscarlos por todo el sector a ciegas…. y hablando de perder el tiempo...
—Al decir esto se dió vuelta en dirección al joven que estaba atado en el suelo junto a varias cajas de municiones.
Mike levantó la cabeza en dirección al hombre. —¿Yo?
—Si tú… ven aquí.
Sin decir una palabra tomó al joven del cuello y lo arrastró hasta la esclusa de entrada. —¿Eres Mike, verdad?
El joven asintió asustado.
—Bien… ¿Comprendes tu situación muchacho? —preguntó poniendo una mano sobre el hombro del joven. Mike sintió como un escalofrío le recorría todo el cuerpo. —Su… supongo que si señor.
—Me alegra mucho entonces… yo no soy tan bueno como el Jefe para dar charlas o explicar cosas. —dijo mientras accionaba el control de la compuerta, que se abrió rápidamente.
Mike miró el vacío del espacio y al volver la cabeza se encontró con el cañón de una pistola apuntando al visor de su casco.
No hubo estampido, no había sonidos en el espacio, la cabina estaba despresurizada y solo el fogonazo del arma fue visible mientras iluminaba brevemente los rostros que miraban divertidos la trágica escena. El cristal del casco se resquebrajó y una llovizna tiño el interior del mismo de rojo. El cuerpo de Mike se sacudió y salió despedido por la compuerta hacia el espacio.
—Un cabo suelto menos. —dijo el hombre cerrando la esclusa.—Prepárense para salir, nos movilizamos al punto de encuentro Beta en treinta minutos. Seis ¿Me recibe?
A través de la radio la voz de uno de los Zentradis en armadura de combate fue claramente audible.
—Aquí Seis.
—Ustedes se quedan aquí hasta las 2300, luego reúnanse con el resto de la flota en el punto Delta.
El gruñido del Zentran fue claramente audible para todos.
—Tomaré eso como un “sí señor” —dijo el hombre de traje verde cortando la comunicación. —Malditos Zentradis domesticados. —murmuró para sí mientras flotaba hacia el puesto de mando.
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