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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Evans dejó pasar a Hal primero, antes de cerrar la puerta dió un breve vistazo a las mujeres que habían quedado solas en el interior de la Torre de control pero una mirada fría como el hielo de la Capitán Kyle le hizo cerrar la puerta de inmediato.
—Tass está muerta. —dijo Hal suspirando profundamente. —Amanda la va a fusilar.
—¿Fusilamiento? No creo que Tass tenga tanta suerte… no, no quiero ni imaginarme lo que nuestra Capitan le depare a esa pobre chica si realmente fue ella quien sacó a Will de la celda… ¿Es que todos se han vuelto locos estos últimos días? —preguntó el hombre sabiendo que nadie estaba en condiciones de darle una respuesta.
Hal se encogió de hombros y señaló la puerta cerrada. —No me gusta esto de dejarla ahí dentro sola pero…
—Lo se. Yo también tengo mis órdenes. Al menos nos queda el consuelo que Tass es aún más importante que nosotros en los planes de Amanda. Sea cual sea el castigo que le espera, no será algo que la pobrecilla deba enfrentar de inmediato.
Ambos hombre caminaron unos metros hasta la zona del estacionamiento donde un vehículo eléctrico los esperaba. —Yo manejo. —dijo Hal sin esperar la respuesta del médico. El hombre asintió en silencio y ocupó el asiento al lado del conductor.
Se pusieron en marcha de inmediato, dejando atrás la torre de control mientras circulaban por el estrecho túnel que conectaba las dos secciones de la superestructura donde descansaba el puente de mando.
—¿Qué es lo que quiere buscar Amanda en el Interior? —preguntó Hal mientras consultaba el mapa que se desplegaba en el panel de mando del vehículo.
—A Funes. —respondió Evans mirando distraídamente las luces naranjas que marcaban el camino entre las diferentes secciones de metal. Hal pisó el freno de golpe y el vehículo se detuvo en el acto.
—¡Eh! ¡Ten más cuidado! —comenzó a decir el hombre mientras se recuperaba del brusco movimiento..
—¿Dijo Funes? —preguntó azorado Hal —¿EL Funes?
Evans suspiró y miró al conductor con gesto cansado —¿Acaso conoces a otro? —preguntó señalando el mapa. —Será mejor que te pongas en marcha de una vez.
Hal obedeció y volvió a poner en marcha el transporte. —Funes. —dijo moviendo la cabeza. —El viejo ermitaño de la flota 37… para la mayoría de los Colonos es una leyenda urbana ¿Sabía?
Su compañero asintió. —A decir verdad tengo mis dudas de que esté vivo… ¿Hace cuánto que no ha dado señales de vida?
—Años. —respondió Hal con seguridad. —Recuerdo que Ralph había comentado algo sobre captar sus murmuraciones con ese amplificador de voz humana que tiene siempre en la oreja… pero si era eso o un murmullo de algún altavoz perdido en las tuberías… no estoy seguro.
Llegaron al ascensor principal y bajaron del transporte justo cuando las puertas se abrían ante ellos.
—Por cierto Hal. —Evans había bajado la voz y eso no pasó desapercibido para el operario. —Con respecto a Ralph….
Hal entró al elevador y marcó una de las cubiertas intermedias. —Si, se lo que va a decirme… es sobre el Ghost ¿No?
Evans asintió. —Tu sabes que no soy partidarios de los secretos, menos que menos si involucran a amigos y compañeros cercanos pero…
—A decir verdad no estoy seguro sobre que voy o no voy a decirle al viejo Ralph todavía. —dijo.
—Si aceptas el consejo de un veterano, yo recomendaría que no le digas nada. Ralph puede ser muy….. apasionado en lo que él cree que es lo correcto…
Hal asintió. —Y justamente estamos hablando de armamento en la Colonia.
Las puertas se cerraron con un leve chasquido y el elevador comenzó a descender hacia las entrañas de la gigantesca nave. Ambos hombre permanecieron en silencio mientras las pantallas a ambos lados del habitáculo mostraban información de actividades culturales y avisos publicitarios.
—Han reparado el espejo. —dijo Hal señalando el cristal que ocupaba una parte del fondo del elevador.
—Espero que nadie se haya lastimado seriamente. —respondió Evans.
—Hablando de eso… —Hal miró al facultativo a los ojos. —He visto lo que la música de Matt hizo en las heridas de Ralph. El chico se esta volviendo muy bueno en sea lo que sea que está haciendo.
Evans continuó mirando su imagen reflejada en el inmaculado espejo. Le pareció que había envejecido varios años en los últimos días. Al menos unos cuantos mechones de sus finos cabellos blancos se habían caído durante la última ducha.
—¿Doctor?
El hombre apartó la vista del espejo. —No te creas que todo fue mérito de Matt. —dijo restándole importancia al asunto. —Ralph tiene el cuerpo de una armadura de combate, puede soportar cosas mucho peores que esa, recuerda que fui yo quien tuvo que meter medio cuerpo dentro del agujero que trajo en el pecho seis años atrás para suturar una arteria.
Hal frunció el ceño. —Eso fue..
—Eso fue una locura. —respondió bruscamente Evans. —Y ahora está por ocurrir nuevamente.
El operario apartó la vista del médico. —Ralph… Ralph tenía sus razones, todos en las barracas lo apoyamos.
—Nos mintieron, a todos. Se llevaron el transporte pesado, atacaron una instalación de investigaciones de la flota Galaxy y se robaron algo… a Ralph casi le volaron el corazón de un disparo de Gunpod… y tu todavía lo defiendes.
Hal apretó los puños. —No robamos nada. Ralph fue a buscar lo que ellos le quitaron.
—Casi lo matan. —sentenció Evans. —Y casi los matan a ustedes tambien. ¿Qué crees que diría Amanda si llegase a saber la verdad? ¿Que no fueron Piratas los que destruyeron el transporte?
El joven se dió vuelta y miró fijamente al doctor con fuego en la mirada. —Lo prometió. —dijo. —Prometió no decir nada.
—Si. Lo hice. —respondió Evans cruzándose de brazos. —Y mantendré mi palabra de honor, puedes estar seguro de ello, pero estoy harto Hal, estoy harto de las mentiras.
Las puertas del elevador se abrieron en la cubierta donde se encontraba la clínica médica pero ninguno de los dos hombres se movió.
—Esto es lo que conseguimos por vivir ocultandonos cosas todo el tiempo… Ralph, tú, Amanda y Yo… no hemos estado haciendo más que ocultarnos cosas los últimos veinte años. Esto tiene que terminar.
Hal no respondió y Evans salió del ascensor con las manos en los bolsillos.
—Doc.
Evans se dió vuelta.
—Lo que hizo Ralph… lo hizo por amor.
—Lo se. —contestó el médico. —Por eso fue algo tan estúpido.
Las puertas se cerraron y Evans permaneció en silencio observando el pulido metal.
—¿Amor eh? —dijo suspirando profundamente.
Sacó el Pad del bolsillo de su delantal y buscó uno de los contactos. El nombre de la Inspectora Cinthya Ross apareció resaltado junto con un pequeño retrato de la muchacha. Evans hizo el ademán de seleccionar la llamada pero se arrepintió a último momento. Quería pensar bien que decirle a la joven y en el estado en que había quedado luego de su charla con Hal no era la mejor ocasión para discusiones delicadas.
Volvió a guardar el aparato y entró a la Clínica.
Había un par de pacientes esperando en el hall a quienes saludó cordialmente. Sin nada más que hacer entró en el pasillo de los consultorios y caminó hasta el fondo donde estaba la puerta que comunicaba con su laboratorio. No se sorprendió al ver casi todos los monitores de su escritorio encendidos, Matt había estado tocando el piano esa tarde y los equipos habían estado registrando la actividad en modo automático.
La enorme cantidad de datos hizo que Evans se rascara la cabeza. Iba a tener que sumergirse en esos graficos durante horas en busca de los patrones que deseaba analizar para poner a prueba sus teorías.
—Café —dijo en voz alta y la pequeña cafetera del laboratorio se encendió enseguida con un silbido mientras el hombre se sentaba cansadamente en el sillón frente al tablero de instrumentos.
—Vamos a ver que tenemos aqui. —dijo extendiendo las manos sobre las cuales se proyectó un teclado de luz holográfica.
Una espectrografía se desplegó a lo largo de la mesa de trabajo. Era la firma de energía que la música de Matt había estado generando durante la hora y media que había durado la sesión de práctica. Evans utilizó gestos de las manos para seleccionar diferentes fragmentos del espectro visible para estudiarlos con atención, acercando y alejando los diferentes picos de datos en busca de anomalías.
Evans perdió la noción del tiempo. Solo el incesante pitido de la cafetera avisando que el café había sido recalentado al menos cuatro veces pudo sacarlo del trance en el que había estado mientras examinaba los miles de datos registrados esa tarde. El hombre se quitó los lentes y se pasó la mano por el rostro mientras se levantaba lentamente de la silla. No pudo terminar de hacerlo.
—Pero que caraj…
El gráfico que estaba desplegado sobre el escritorio sufrió un cambio abrupto. Las líneas rojas se desplazaron hacia la izquierda y un sector con nuevos datos se agregó de pronto desde la derecha. Evans miró incrédulo como una nueva emisión de energía dimensional cobraba intensidad a medida que la gráfica crecía de tamaño. —Mierda. —dijo casi en un susurro mientras su cerebro trataba de comprender lo que estaba pasando.
—Salón. —exclamó de pronto y uno de los monitores superiores se activó mostrando el oscuro interior del Salón de Actos donde el piano se encontraba. Estaba desierto.
—No puede ser… ¿Donde…?
Con un gesto de la mano abrió una nueva ventana. Se trataba de un plano de visualización que formaba una grilla de coordenadas color verde sobre un fondo oscuro. De inmediato los datos comenzaron a formar un patrón de ondas.
—Sound Energy… ¿Pero de dónde viene? —se preguntó Evans rascándose la barbilla. Utilizando dos dedos de la mano hizo un gesto para alejar el zoom de la imagen, lo que vió lo dejó perplejo.
—Por todos los…. ¡Es imposible!
Otro cambio en las gráficas interrumpieron sus cavilaciones. Algo estaba pasando en el campo dimensional y sus instrumentos estaban registrando niveles extraordinarios de energía. Ahora una serie de curvas de color turquesa se superpusieron sobre la firma recién detectada. La forma de esas ondas era inconfundible. —Resonancia. —exclamó sorprendido Evans sentándose de pronto y sin sacar los ojos de la proyección holográfica.
Con un gesto de la mano recortó la parte donde las curvas de resonancia se superponian con la energía dimensional y las amplió.
Lo que vio lo llenó de asombro y dudas.
—Esto es el cristal. —dijo separando una línea… —Pero esta otra… esta es... ¿Cinthya? ¿Está… resonando..?
Con un gesto brusco de la mano barrió toda la información y gráficos fuera del escritorio. Todas las imágenes se apagaron al unísono dejando al hombre sumido casi en las tinieblas.
—Tengo que llamar a Amanda. —dijo mientras tomaba el Pad de uno de sus bolsillos. Con manos temblorosas buscó el contacto y dió prioridad máxima a la llamada.
Los segundos que la comunicación tardó en establecerse parecieron durar una verdadera eternidad para el nervioso hombre. Finalmente la llamada fue contestada.
—Aquí Kyle ¿Que sucede Evans…?
—Amanda, Matt está en peligro.
Se hizo un silencio en la comunicación. Al cabo de unos momentos la voz de la Capitán Kyle volvió a escucharse.
—Explíquese.
—El cristal FOLD… yo me equivoque… ¡Tenemos que encontrar a Matt lo más pronto posible!
—Calmese Evans, no podemos ayudar a Matt si no me explica que esta pasando.
El hombre se pasó la mano por la frente perlada de sudor. —Cometí un error grave Amanda, le di a Matt el Cuarzo Fold.
—¿Esa piedra exótica? ¿Porqué…?
—Estaba seguro que las propiedades del cristal harían que la Sound Energy de Matt se amplificaría, pero me equivoqué.
—¿Que está sucediendo? ¿Qué es lo que le está pasando a Matt?
Evans empujó la base del escritorio y la silla se apartó del mismo mientras el hombre no dejaba de tomarse la cabeza. —El Cuarzo Fold no amplifica la energía Dimensional, lo que hace es resonar con ella.
—¿Resonar?
—Absorbe Sound Energy y la envía a través del espacio dimensional, pero a la vez emite un tipo de onda diferente… una especie de...Onda FOLD.
—Y esa Onda…
—Es lo que está haciendo que Matt cambie sus genes. —respondió Evans con la voz temblando. —Además hay otra cosa… es la inspectora Cinthya…
La voz de Amanda sonó diferente. —¿Qué sucede con la Inspectora Ross?
—Ella también está resonando con la Sound Energy.
Se hizo el silencio durante unos segundos del otro lado del aparato. De pronto la voz de Amanda sonó con impetu y resolución. —Enviaré a personal de seguridad a que cierren el Salón de Actos, Matt no puede volver a tocar ese piano.
—Amanda…
—También será mejor que evitemos la reproducción de música en los parlantes de la Colonia. Estableceremos una cuarentena musical hasta saber lo que..
—Amanda…. escucha.
—¿Que pasa..?
—La Sound Energy… viene Del Campo.
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