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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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—¿Enserio? —preguntó Matt sorprendido.
Cinthya asintió. —Si ¿Que casualidad, verdad?
Matt sacudió la cabeza. —crei… crei que esta sangre era algo raro… exótico.
Cinthya sonrió enigmáticamente. —Lo es… o eso me dijo una vez mi padre. Recuerdo que una de las primeras cosas que aprendí cuando empecé a salir sola de casa allá en Ciudad Macross era que siempre debía llevar mis datos médicos al alcance de la mano… tu sabes, en caso de un accidente o emergencia, nosotros no podemos recibir cualquier sangre en una transfusión.
El joven asintió. —¿Te dió problemas alguna vez?
—Nunca… bueno, se supone que en caso de querer quedar embarazada debería consultar antes con mi médico pero… no es más que procedimientos de prevención. —dijo Cinthya sonrojándose. —Yo tampoco sé mucho sobre mi sangre, mi padre me contó algunas cosas pero…
Matt se incorporó del lugar donde se había sentado y caminó nuevamente hacia el piano mientras colocaba sus manos en los bolsillos. —¿Tu padre tambien tenia esa sangre? —preguntó mientras recogía un trapo que estaba apoyado sobre uno de los extremos.
Cinthya negó con la cabeza. —No. —dijo. —En mi familia solo las mujeres han tenido este tipo de sangre. Mi padre me contó que, antes que yo naciera, mi abuela materna era la única persona con esa sangre. Al parecer es un fenotipo común en algunas islas del Pacífico y en toda Asia, allá en La Tierra.
—¿Tu familia viene de allí?
—Si, mi abuela fue parte de un grupo de refugiados que fueron rescatados de los bombardeos durante la Guerra de Unificación, antes que los Zentradi llegaran al Planeta Tierra. Mi abuela y su familia permanecieron a bordo de un buque de guerra durante muchos meses, allí conoció a mi abuelo que era un soldado de las fuerzas Pro-Unificación y se casaron a bordo del mismo barco. Luego ella se alistó como enfermera y juntos sirvieron en la flota hasta que abordaron la Macross durante la evacuación de la isla de Ataria del Sur.
Matt escuchó la historia en silencio mientras deslizaba el trapo por sobre las blancas teclas del piano. Luego repitió la operación sobre los paneles de madera del frente y sobre el instrumento.
—A veces. —continuó contando la joven. —A veces me resulta increíble que sigamos en la misma historia. ¿No te parece?
El joven se detuvo un instante al escuchar la pregunta. —¿La misma historia? —preguntó confundido
—La historia de cómo la humanidad sobrevivió contra todo pronóstico.
—La historia de Minmay. —dijo Matt. —Te entiendo Cin.
Cinthya se reclinó hacia atrás y dirigió su vista hacia el techo, como si el gesto le permitiese ver las estrellas a través del metal. —Su canción sigue sonando ¿Verdad? —preguntó la joven.
Matt asintió. —Las canciones de Minmay no solo salvaron a la humanidad de la aniquilación. Son también la fuerza que la impulsan a través de la Galaxia… o al menos eso creo yo.
Cinthya cerró los ojos, como si tratara de percibir aquella fuerza que se extendía por la Vía Láctea.—La música es algo maravilloso, por eso creo que no deberías preocuparte Matt.

El joven desvió la mirada hacia una de las paredes del salón. —Yo no estoy preocupado… al menos no creo que la música sea dañina para mi propio cuerpo ¿No?
La joven miró con preocupación el rostro del chico, levemente iluminado por el brillo de los monitores. —Yo tampoco lo creo Matt. Algo tan bello no puede causar daño.
Matt levantó la mano y la observó detenidamente mientras abría y cerraba los dedos. —Hay tantas cosas que son invisibles… tantas cosas que no conocemos. —dijo con voz apenada. —¿Qué otras cosas nos ha hecho la Protocultura? ¿Que parte de nuestros cuerpos es verdaderamente nuestra? ¿Somos realmente los dueños de nuestro destino?
Cinthya no tenía la respuesta y francamente dudaba que alguien la tuviera. Guardó silencio respetuosamente mientras Matt terminaba de limpiar el resto del piano.
Una vez que hubo terminado, dobló cuidadosamente el trapo y lo colocó sobre el teclado. Acto seguido cerró la tapa del instrumento y permaneció contemplando el reflejo de los monitores en la superficie barnizada. —¿Eres creyente Cinthya?
La pregunta sorprendió a la joven. —¿Creyente? ¿Yo?
Matt se sentó en el taburete y contempló a la joven. —Perdón si la pregunta te hace sentir incómoda Cin…
La joven negó con la cabeza. —No te preocupes… en realidad no sabía muy bien que contestarte. No soy creyente… pero tampoco soy lo que se dice una persona Atea… creo… creo que si hay algo superior que nos rodea, algo más allá de nuestra comprensión y posibilidades. Algo superior incluso a la Protocultura.
—Es difícil hoy en dia ser creyente cuando la humanidad sabe exactamente de dónde viene. —dijo Matt girando lentamente en el taburete. —Sin incertidumbre no hay mística.
Cinthya miró al joven con curiosidad. —¿Tu crees?
El joven meditó unos instantes mientras detenía el impulso que lo había hecho girar como un trompo. —¿No se supone que es lo desconocido lo que impulsa a la gente a creer en dioses? —preguntó.
La inspectora Ross se incorporó y caminó hacia el joven con una enigmática sonrisa en los labios, antes que Matt pudiera reaccionar la joven colocó su dedo índice sobre la frente del joven. —¿Es eso lo que te impulsa a buscar eso que dices está ahí afuera? —preguntó. —¿En el Campo?
Matt se sonrojó y apartó la vista de la Inspectora. —No es algo místico. —dijo sintiéndose ofendido. —Estoy seguro que es algo real. Y voy a encontrarlo.
Cinthya se cruzó de brazos mientras permanecía de pie junto al joven. —¿Como? —preguntó.
El joven se mordió un labio y desvió la mirada. —Yo…. no… ¡Maldición! —de pronto pareció haber tomado una decisión y mirando a la joven directamente a los ojos sonrió. —¿Quieres saber cómo? ¡Te lo enseñaré! —dijo poniéndose de pronto de pie.
La inspectora se sorprendió ante la repentina reacción del joven, pero eso no fue nada cuando Matt tomó de la mano a la joven mientras señalaba la puerta.
—¿Vamos? —preguntó.
Cinthya miró primero al joven y luego la puerta. Estaba indecisa pero… algo en su interior la impulsaba a seguir al joven. —De acuerdo. —dijo casi sorprendiendose de escuchar su voz.
Matt sonrió aún más intensamente y soltando la mano de la joven se dirigió hacia la parte posterior del escenario. —Espérame mientras junto mis cosas. —exclamó a la vez que revolvía unas cosas tras una pila de cajas.
Las diferentes máquinas y monitores habían vuelto a aletargarse, como si supieran que ambos jóvenes estaban a punto de retirarse. Un monitor que mostraba una delgada línea roja sobre un plano azul se apagó de pronto con un silbido.
Matt emergió de detrás del piano llevando una mochila al hombro —¿Lista?
La joven asintió. —¿A dónde vamos?
—Primero al Hangar Principal, necesito recoger algo que dejaron para mi el otro dia.
Los dos jóvenes salieron del salón de actos y la claridad casi los deslumbró. Se habían acostumbrado tanto a la penumbra y al brillo de los monitores que la luz artificial de la Colonia y los enormes ventanales atmosféricos casi parecían como si de un día soleado se tratase.
Unas cuantas parejas caminaban por el parque charlando mientras un par de niños reían de algo que se proyectaba en sus Pads.
—El aire…. se siente diferente. —exclamó Cinthya aspirando hondo.
Matt miró hacia lo alto, donde las pasarelas y caños se entrecruzaban casi fuera de la vista. —Ozono fresco. —dijo imitando la inspiración profunda de la joven. —Es lo más parecido que tenemos a la lluvia en la Colonia.
—En La Tierra decimos que es olor a Tierra Mojada. —dijo Cinthya. —¿Lluvia eh? Eso me trae recuerdos.
La joven caminó hasta la barandilla de la cubierta y recostó sus brazos sobre el borde mientras miraba con melancolía la enorme estructura de la torre que se erguía entre las diferentes cubiertas. —En La Tierra tampoco llueve muy seguido. Se han hecho muchos avances en la restauración de los ecosistemas y los ciclos climáticos, pero las temporadas de lluvia sobre Ciudad Macross solo tienen una o dos precipitaciones anuales. —dijo mientras observaba a los colonos ir de aquí para allá en el último piso de la cubierta principal.
El joven se acercó y miró en la misma dirección. —Debe ser algo especial ver llover. —dijo Matt pensativo.
—A los espíritus melancólicos les gusta la lluvia. —reflexionó Cinthya mirando a su compañero. —Supongo… sí, supongo que yo pasé por esa etapa de mi vida cuando era adolescente, dias y dias mirando las nubes bajas sobre Ciudad Macross, días y noches por igual, a veces la lluvia era una especie de acontecimiento especial que quebraba la monotonía del paisaje.
El joven asintió en silencio. Comprendía perfectamente como se sentía Cinthya ¿Acaso no había sentido él lo mismo durante tanto tiempo? No había nubes bajas en la Colonia ¿Pero no era una cortina de metal lo que lo separaba del cielo de estrellas del espacio exterior? ¿Acaso no era la Rainbow una gran nube hecha de soportes, cañerías y módulos de construcción todos entrelazados como las moléculas de agua en estado gaseoso que formaban las verdaderas nubes?
Sin decir una palabra se incorporaron y bajaron las grandes escaleras en dirección a la planta baja del centro comunal. Había poca gente en la calle, pero quienes se cruzaban a la pareja los saludaban amablemente.
—¿Vamos en un transporte? —preguntó Cinthya mirando una pequeña fila de vehículos eléctricos aparcados cerca del hall desde donde se accedía al ascensor principal. Matt negó con la cabeza. —Yo no se manejar… bueno, en realidad si, pero no me gusta…. además conozco un atajo.
Sin decir más entraron al elevador y descendieron varias cubiertas. Cuando las puertas se abrieron al llegar a su destino, un enorme pasillo se descubrió frente a ellos. Matt salió del elevador mientras Cinthya se rezagaba unos segundos.
—Matt
El joven se dió vuelta y miró a la joven.
—Este atajo… ¿Es seguro?
—Si claro. ¿Por qué lo preguntas?
Cinthya salió del ascensor y miró nerviosa a su alrededor. Estaban en una cubierta que se extendía entre grandes bloques de estructuras tubulares, como si el interior de uno de esos enormes órganos de iglesia se tratase. El conjunto de tuberías se erguía imponente hacia el centro de lo que parecía ser una especie de conducto troncal que desaparecía en las profundidades de un abismo inmenso.
—Akemi me advirtió acerca de estos lugares. —dijo Cinthya tomandose de una de las barandillas de la pasarela.
El joven caminó hacia Cinthya y la tomó de la mano. El contacto de la cálida piel de Matt hizo que la inspectora se sintiera más tranquila de inmediato.
—El interior. —exclamó. —No, no estamos todavía allí. Estas son las cubiertas de acceso periférico, lo que sucede es que ya es tarde y no hay mucha gente yendo y viniendo, pero esta es una zona por donde generalmente los obreros acceden a los diferentes sectores de mantenimiento.
Cinthya soltó la mano de la baranda y se dejó guiar por Matt, quien la llevó por la estrecha pasarela hasta una de las decenas de puertas que se alineaban a lo largo de la vía de acceso.
—Hay muchas leyendas tontas acerca del interior de esta vieja nave. —comentó Matt girando la palanca de la compuerta. —Pero son solo historias que los grandes inventaron para asustar a los más chicos.
La joven inspectora asintió en silencio mientras la pesada puerta se abría y revelaba un pasillo oscuro. —No te preocupes, traje una linterna. —La tranquilizó Matt mientras sacaba el aparato de uno de sus bolsillos.
El rayo de la linterna iluminó un pasaje bastante ancho que descendia levemente y parecía estar destinado al tránsito de equipos de mantenimiento o carretones de mercancías, tal vez una vía de acceso alternativa para cuando los elevadores no funcionasen. Matt dió unos pasos hacia la oscuridad y tiró levemente del brazo de Cinthya.
—Es seguro, te lo prometo.
La promesa dió ánimos a la joven quien dejó que la puerta se cerrase tras ella con un fuerte estampido.
La pareja comenzó a descender por el pasillo a paso vivo. No es que tuvieran realmente prisa por llegar al hangar principal, era más bien el apuro por salir de aquel túnel oscuro y de la atmósfera que, según creía percibir Cinthya, se había vuelto demasiado pesada. La sensación parecía ir en aumento y en una de las decenas de vueltas que el camino daba sobre si mismo a medida que descendía entre cubiertas, Matt se detuvo.
Cinthya casi se tropieza con la espalda del joven cuando este se hubo detenido de golpe.
—¿Sucede algo Matt?
El muchacho no respondió, parecía estar concentrado en algo, movía la cabeza lentamente de un lado a otro como tratando de captar algo con sus oídos. Finalmente apoyó la palma de la mano libre en una de las paredes metálicas y pareció sentir algo a través del metal.
—¿Matt?
—Escucha.
Cinthya aguzó el oído lo más que pudo pero no podía escuchar nada más que su respiración y los latidos cada vez más acelerados de su corazón. Entonces imitó el gesto del joven y apoyó su mano sobre la pared.
Había una serie de vibraciones en el frío metal, como ecos distantes de una máquina que ronroneaba en alguna parte de la enorme nave. ¿Era eso lo que Matt sentía? Se sobresaltó al oír la voz del muchacho de pronto. —Sostén la linterna un segundo Cin. —dijo mientras extendía la mano con el aparato. Cinthya tomó la linterna y alumbró el sector que tenían por delante mientras Matt apoyaba ambas manos contra la pared. Su comportamiento estaba poniendo muy nerviosa a la inspectora.
El joven pareció notar la incomodidad de su compañera. —Lo siento Cin… es que siento… no se como explicarlo realmente, siento que algo ha cambiado en la Rainbow. Yo crecí dentro de esta enorme nave y desde pequeño me acostumbre a sus sonidos…
—¿Y ahora la Rainbow suena diferente? —preguntó la joven.
Matt asintió con la cabeza sin quitar ambas manos del metal. —Si, algo ha cambiado. No se como decirlo pero… hay un sonido… un tono especial que se propaga por el esqueleto de vigas, por la piel de acero. Algo… no, alguien está resonando junto con la nave.
La forma en que Matt dijo estas últimas palabras sobresaltó a la joven. La linterna resbaló de su mano y cayó al suelo de metal donde se apagó de inmediato.
Para sorpresa de ambos, no fueron rodeados por la oscuridad.
Había una fuente de luz, algo que flotaba entre ellos y creaba un aura de luz rosada alrededor.
—¿Matt? ¿Que es..? —comenzó a balbucear una asustada joven cuando Matt se apartó lentamente de la pared.. —¿Esto es…?
El joven se abrió el cuello del traje de mantenimiento y extrajo la misteriosa fuente de luz adosada a una fina cadenita dorada. Sea lo que sea brilló más intensamente en cuanto estuvo frente a los jóvenes.
—¿Que…?
Matt cerró el puño alrededor de la pequeña gota de cristal y miró hacia un punto fijo en la pared que tenía enfrente. Cinthya no estaba segura pero creyó saber hacia donde estaba mirando Matt.
Hacia El Campo.
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