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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Para sorpresa de las guerreras, emergieron directamente frente al enorme ojo de la superfortaleza de Dortrad-Jen.
La flota entera había adoptado la posición de combate, lista para saltar a la batalla ante la orden del Comandante Supremo. La tensión se sentía en el aire como una vibración poderosa, algo que incluso Virya no había sentido nunca de forma tan intensa. Todos los Zentradi se preparaban para combatir, incluso aquellos cuyas tareas implicaban dar soporte indirecto a los soldados de primera línea estaban ahora armados y listos para combatir. Los soldados de infantería rara vez se utilizaban durante un combate en el espacio, pero en esta ocasión no sería así; miles de transportes de tropas serían arrojados sobre las naves más grandes del Ejército de Supervisión para intentar abordajes que posibiliten la destrucción de los enemigos desde dentro. Otros miles llevarían enormes cañones portátiles y desde el exterior de sus naves intentarán derribar a cuanta armadura tuvieran a tiro, sin importar lo vulnerables que serían al fuego enemigo. Ningún Zentradi haría otra cosa en la batalla que no sea luchar con todas sus fuerzas.
Y morir por supuesto.
¿Cuántos de esos millones de soldados sabían que se trataba de una misión suicida? ¿Lo sabían los Capitanes? Virya sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento ridículo. No hacía falta saberlo, no lo necesitaban.
Exsedol maniobró la nave de transporte que se sambuyó debajo de la Superfortaleza en busca de la entrada mas cercana. Una serie de luces intermitentes de iluminaron en cierto punto y hacia allí dirigió la nave el Archivista que, desde que iniciaran el procedimiento FOLD habia estado extrañamente callado.
Salvo las parpadeantes luces amarillas de maniobra, la flota estaba a oscuras. Incluso en aquella región de enormes nebulosas y nubes de polvo que ocultaban la luz de las estrellas, la flota aguardaba en silencio.
Sintieron el leve tirón que la gravedad de la gigantesca nave impuso a la recién llegada cuando atravesaron la compuerta y continuaron en silencio hacia las entrañas de la fortaleza. Al parecer estaban tomando una ruta diferente o todo el interior de la nave había cambiado por completo. En todo caso no se dirigieron hacia las plataformas de atraque y el transporte atravesó el espacio vacío en dirección al propio núcleo de la fortaleza.
El poderoso cuerpo de Dortrad-Jen se erguía en el centro mismo de la nave, masivo e imponente, iluminado contra el fondo de tinieblas que lo rodeaba. Exsedol acercó la nave hasta estar casi debajo del gigantesco Comandante Supremo y aterrizó en una plataforma circular que emergió de entre las sombras.
—Prepárense para salir. —dijo Virya y su voz le pareció extraña, débil. Como si mover la lengua en aquel lugar fuera una tarea pesada.
Las dos guerreras supervivientes de su mortífero escuadrón asintieron en silencio. Virya seguía preocupada por Melia; sabia que los fármacos que el traje había aplicado automáticamente al detectar la amputación del brazo no harían efecto por mucho más tiempo. La perdida de sangre había sido importante, si el dolor se intensificaba era posible que el corazón de la guerrera no resistiera tanto. Necesitaban volver a una fragata con vainas de recuperación de inmediato.
Tomó los restos de la parte superior de su traje de vuelo y los anudó en su cintura. Pasara lo que pasara no quería revelar su secreto al Comandante Supremo.
Las luces del transporte se apagaron y la compuerta de desembarque se abrió junto a ellas.
—Desciendan. —ordenó Virya mientras se ponía de pie.
Maya ayudó a su compañera a bajar la rampa, mas la guerrera no aceptó ayuda para caminar.
—Estoy bien. —dijo apartando la mano de Maya. —Puedo permanecer de pie.
Virya y maya asintieron en silencio. Tras ellas el Archivista Exsedol descendió del transporte con la misma expresión en el rostro que había tenido durante todo el viaje.
Los cuatro Zentradi supervivientes caminaron por la plataforma hasta el mismo borde del abismo. En ese momento un ligero temblor sacudió la plataforma y ascendieron (¿O fué Dortrad-Jen el que descendió?) hasta que la enorme cabeza del Comandante Supremo estuvo a la altura del grupo.
Virya abrió los ojos de par en par; Dortrad-Jen era realmente gigante. La cabeza del ser era del tamaño de una nave de asalto, cada uno de los ojos tenía el tamaño de una armadura completa.
Las tres Meltrans y el Archivista permanecieron unos segundos en silencio, de pie ante el terrible espectáculo del ser más poderoso de toda la flota Zentradi.
Antes que ninguno de los presentes dijera nada, Exsedol extendió uno de sus extraños apéndices o tentáculos desde debajo de la túnica y haciendo que se alargara sobre sus cabezas, estableció una conexión con uno de los miles de cables o filamentos que se
extendían desde la cabeza de Dortrad-Jen hacia todas direcciones.
Los enormes ojos parecieron brillar en cuanto la conexión fue establecida. ¿Que clase de datos estaban siendo transmitidos?
Fue rápido. Brutalmente rápido.
Los reflejos de Virya pudieron detectar el movimiento, pero su mente fue más rápida. «No te muevas» dijo alguien en su cabeza y era la acción adecuada. Virya no podía hacer absolutamente nada.
Un relámpago pálido cruzó el aire frente a ellos, como si por un momento un rayo de luz hubiese penetrado en el recinto. Pero no era luz, no era ni por asomo algo tan rápido y Virya pudo ver con espantoso detalle como el apéndice fibroso se sacudió a una velocidad vertiginosa sobre el grupo.
Melia continuó de pie a pesar que su cabeza había sido separada de su cuerpo. Maya fue la siguiente en reaccionar, abriendo la boca asombrada, ahogando un grito de dolor ante lo que veía.
Lo siguiente que ocurrió fue el surtidor de sangre que manó de la herida abierta. A decir verdad teniendo en cuenta la enorme cantidad de la misma que la guerrera había perdido previamente, no fue algo demasiado impresionante. Melia sólo mantuvo los ojos abiertos mientras su cabeza caía. ¿Todavia seguia bajo los efectos de las drogas? ¿Estaría dándose cuenta de lo que sucedía? De pronto un agujero apareció debajo de la desgraciada chica y el cuerpo cayó de pie junto con la cabeza, dentro de la oscuridad del abismo que los rodeaba.
Solo la cabeza de Exsedol pareció reaccionar a lo acontecido, apenas un latido de una de sus grandes venas azuladas.
—«Lo sabía». —pensó Virya. —«El maldito sabía que iba a pasar eso». —se dijo a si misma y deseó matar a la pequeña criatura con sus propias manos, allí mismo. Sintió sus músculos tensarse, su sangre calentarse. Su cuerpo se sacudió deseando la lucha, la violencia. Quería matar.
Pero no, no era ella la dueña de su destino. Estaban dentro del propio Dortrad-Jen, allí no tenían voluntad propia. Virya apretó los dientes. Los apretó tan fuerte que creyó que se romperían.
—«Calma, debes calmarte Virya». — se dijo mientras saboreaba su propia sangre. —«No puedes pelear. No puedes matar…. solo…. escucha».
—«Solo escucha». —repitieron otras voces en su cabeza.
El agujero se cerró en silencio y de pronto no había nada allí en la plataforma. Era como si nunca hubiese habido algo. Ahora su mortífero escuadrón era de solo dos guerreras.
Y un Archivista.
—«Solo escucha».
La voz de Dortrad-Jen retumbó en sus cabezas, como si el sonido atronador llegara desde todos lados al mismo tiempo, incluso desde el interior de sus cerebros.
—¿Qué significa esto? —Bramó el gigantesco ser. —¿Acaso no fueron claras mis órdenes?
—«Escucha»— volvieron a repetir las voces en tono desesperado. —¡Escucha Virya!»
—¡Solo la mejor guerrera debía volver de este combate! —La voz era cada vez más atronadora. Virya vió con aterradora claridad como los filamentos del apéndice de Dortrad-Jen estaban comenzando a tensarse nuevamente.
—«¡Debura!» —pensó. —«Lo va a volver a hacer»
—«¡Escucha!» —gritaron las voces.
—«Maya…»
—¿Una lisiada? ¿Una novata sin experiencia? ¿Acaso esto es lo que he pedido?
Si las voces gritaron algo, Virya ya no las escuchaba a su cabeza. Había cerrado por completo su cerebro concentrada en el enorme tentáculo que había retrocedido, listo para golpear en cualquier momento.
—¡Solo la mejor y más experimentada guerrera puede aportar sus valiosos y perfectos genes en esta operación! ¡No necesitamos individuos inferiores! —gritó Dortrad-Jen blandiendo su apéndice con furia.
Maya cerró los ojos. Virya no. Finalmente había escuchado lo que quería escuchar.
Esta vez se movió más rápido que las voces de su cabeza. Los músculos de sus piernas se expandieron de forma tan repentina que sintió como sus huesos se doblaban ante la enorme presión. De un solo salto interpuso su cuerpo entre el mortal látigo y su compañera Maya.
Ahora fue el turno de Exsedol de ahogar un grito.
Dortrad-Jen detuvo el golpe a solo un palmo de la cabeza de Virya. La cosa fibrosa quedó suspendida en el aire como si repentinamente las fuerzas que gobiernan el universo obedecieran al instante las órdenes del Comandante Supremo.
Un mortal silencio se extendió por toda la nave.
—Tú.
La palabra sonó extraña. Carente de significado, como si el sonido no llevara nada relacionado a lo que Dortrad-Jen estaba diciendo.
Una repentina luz roja alumbró la plataforma y el gigantesco cuerpo que se inclinaba hacia ellos.
—¡TÚ! —gritó el gigante desplegando docenas de apéndices en dirección a la guerrera. —¡¿COMO TE A-?!
Virya dejó caer los restos de su traje de vuelo. Sabía que no había ninguna palabra capaz de reemplazar lo que estaba a punto de hacer. Las piezas de tela cayeron a los pies de la guerrera, ahora completamente desnuda frente a su Comandante Supremo.
Los tentáculos se detuvieron. Las luces rojas se apagaron. Dos enormes ojos observaron en silencio, escrutando, evaluando.
Exsedol seguía con la boca abierta y los ojos aun más abiertos todavía.
—Defectos genéticos. —dijo el Comandante Supremo.
—Genes defectuosos. —balbuceó el Archivista avanzando lentamente hacia la guerrera, ahora iluminada por un haz de luz blanca que la hacía resaltar por completo del fondo oscuro de la enorme caverna donde se erguía Dortrad-Jen.
La luz se tornó amarillenta, casi pálida. El gigantesco Comandante se retiró varios metros, como si no quisiera estar cerca de la plataforma.
Maya también retrocedió aturdida y contempló atónita la figura envuelta en luz. No podía comprender lo que estaba pasando. Había algo diferente en Virya, en su postura en su… cuerpo. Ese cuerpo… ¿Que era lo que le sucedía a ese cuerpo? Una sensación extraña la recorrió de punta a punta al contemplar la figura desnuda de su Capitán.
—Ahora comprendo. —dijo Dortrad-Jen mientras enormes descargas de energía saltaban de uno a otro lado de las conexiones de su titánica cabeza. —Archivista Exsedol.
El Zentran se detuvo al lado de Maya y levantó la vista hacia el enorme rostro. —¿Su excelencia?
—Análise a esa criatura. —dijo.
Exsedol asintió y desplegó sus propios apéndices tentaculares. Virya permaneció en su sitio sin moverse. Dejó que los pequeños cables la rodearan, la palparan. El Zentran recorrió todo el cuerpo desnudo de la guerrera sin dejar un solo lugar sin investigar. Luego de unos minutos retrajo los apéndices y se puso a analizar los datos. Su cabeza temblaba y se sacudía a una velocidad increíble, parecía que estallaría en cualquier momento.
—¿Y bien? —preguntó Dortrad-Jen
El Archivista levantó la cabeza. —Sus genes están completamente retorcidos. —dijo. —Cuento al menos cinco variables genéticas diferentes sin distinción entre género o especialización. No comprendo cómo su cuerpo se mantiene de una pieza con semejante mezcla de genomas incompatibles entre si.
Una sirena comenzó a sonar dentro de la gigantesca nave. Era la señal para la guerra.
—Es hora. —dijo el Comandante Supremo. —Debemos partir a la batalla ahora mismo, no hay tiempo para arreglar esto.
—¿Maya?—preguntó dudosamente Exsedol mientras retrocedía unos pasos.
—Maya Lagrexia 732 —la enorme cabeza se inclinó sobre la guerrera quien de pronto había pasado a ser el centro de la atención. —Quítese el traje.
La joven obedeció automáticamente. Usando los controles ubicados en sus muñecas soltó los amarres del traje de vuelo que cayó de una sola vez a sus pies.
Comparado al musculoso cuerpo de Virya, Maya era delgada, toda fibra. Era un cuerpo ágil y veloz para nada resistente, pero que dentro de una armadura podía moverse con una gracia incomparable.
—Analisela. —exigió Dortrad-Jen.
El Archivista dió un paso al frente y extendió los apéndices hacia la guerrera. Esta vez el proceso pareció ser más detallado y minucioso, el Zentrán deslizó sus tentáculos por el cuerpo desnudo sin dejar escapar ningún detalle.
—Análisis completado. —dijo Exsedol una vez que su cabeza hubo terminado de procesar los datos. —Sus genes están en perfecto orden su Excelencia.
Dortrad-Jen clavó los dos ojos en la Meltran. —Queda ascendida al rango de Almirante, Maya Lagrexia 732. A partir de ahora cumplirá una misión de importancia absoluta para la victoria total de nuestra guerra.
Maya se llevó el puño al pecho a modo de saludo. —Si Comandante!
Ahora fue el turno de Virya de abrir la boca de forma desmesurada ¿Almirante? ¿Maya? ¿Pero que rayos…?
El Comandante se incorporó y desplegó uno de sus apéndices pequeños hacia el Archivista. Una vez que la conexión quedó establecida, ambos seres intercambiaron datos de forma privada.
—Es menester que la ubicación de la Matriz no sea descubierta por nuestros enemigos. —dijo el gigante. —Deben partir ahora mismo y alejarse lo más que puedan de esta flota antes de hacer el salto que los lleve hasta ese lugar, de lo contrario podrían ser seguidos.
Exsedol aun seguía procesando los datos recién recibidos pero interrumpió su tarea preocupado. —¿Qué hay de la Capitán Virya? —preguntó.
Dortrad-Jen no apartó los ojos del Archivista al responder. —Debe ser destruida por supuesto.
Virya no se sorprendió en absoluto. Lo que sí la sorprendió fue la reacción de Maya:
—Pero no ahora. ¿Verdad? —preguntó mirando a quien fuera su Mentora por tan solo un dia. —No aquí.
—No. —respondió el Comandante. —Esta criatura no es una Meltrán, ni siquiera es un Zentradi. No debe seguir con vida en esta flota.
Para sorpresa de los otros tres presentes, Maya señaló con el dedo a Virya. —La quiero conmigo. —dijo. —La necesito.
El poderoso Dortrad-Jen gruño o acaso algún órgano o maquinaria en su interior hizo un sonido desagradable. —¿Que quiere decir, Almirante Maya?
—Su cabeza. —dijo la joven. —Su cabeza es invaluable para mi. Necesito su experiencia y recuerdos si esta misión es tan importante.
—Lo es. —aseguró Exsedol mirando de reojo a la joven. —Pero no necesita a Virya, yo seré su Archivista y Consejero.
—Lo que yo necesito es una guerrera. —dijo Maya mirando el gigantesco rostro delante de ella. —Necesito a Virya.
Un silencio profundo se generó en el ambiente. Parecía que todo en la gigantesca fortaleza se había detenido momentáneamente para que el monstruoso Comandante tomara una decisión con respecto a la vida o muerte del ser conocido como Virya. Las luces de la caverna volvieron a cambiar de color, esta vez a un naranja brillante. Evidentemente Dortrad-Jen tenía prisa.
—Llevesela. —dijo irguiéndose en toda su altura. —Usen su experiencia, aprenda todo lo que necesite saber de ella, pero recuerde Almirante Maya. —la voz del Comandante se volvió aún más profunda. —Ese ser no es un Zentradi. Es una abominación, un error genético. Debe matarla en cuanto no le sea más de utilidad. Es una orden.
La joven volvió a realizar el saludo Meltrán.
—Si, su Excelencia.
La cabeza desapareció entre las sombras del techo mientras la plataforma descendia a su posición original. Exsedol suspiró y se dirigió a Maya.
—Su excelencia…
La joven tardó varios segundos en comprender que se estaban refiriendo a ella
—¿Qué sucede? —preguntó dándose la vuelta.
—Debemos irnos inmediatamente. La fortaleza está pronta a hacer FOLD.
En vez de mirar al Archivista, Maya se dirigió a Virya, quien permanecía en el lugar donde el Comandante la había dejado. —¿Capitán?
Virya levantó la cabeza. —Ya ha oído al Comandante. No tengo rango, no soy un Zentradi.
Exsedol asintió en silencio. Maya frunció el ceño. —Eso lo discutiremos más tarde. ¡Suban al transporte!
Maya había dado su primera orden.
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