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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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—¿Quien eres? —preguntó Green.
No obtuvo respuesta. Que extraño, estaba segura que la habían escuchado.
Ella raramente hablaba con palabras, fundamentalmente porque ninguno de los Colonos parecía escucharla. Pero esta presencia era nueva y diferente. En los años que llevaba viviendo en la Rainbow era la primera vez que sentía una presencia como esa.
—Soy Green ¿Estás perdida? —preguntó.
Tampoco obtuvo respuesta, pero algo pareció cambiar en la presencia; al parecer había tomado nota de la existencia de Green y estaba tratando de ocultarse.
La voz sin palabras llamada Green escuchó con atención. Los mismos sonidos de siempre, la gotera de la humedad que se condensaba en la tubería de enfriamiento 43b, la abrazadera con el tornillo flojo que producía el traqueteo en la pasarela de la cubierta 51d, los ronquidos de aquel que se hacía llamar Funes, el sonido lejano de las pisadas de Ralph cuando caminaba por el dique tres llevando algo muy pesado. El estruendo que aquella cosa pesada produjo cuando Ralph la depositó en el suelo.
Se dio cuenta que la recién llegada (porque aparentemente había llegado desde el exterior hace solo unos días) se movía silenciosamente por la Colonia, casi tan silenciosamente como la propia Green.
Era algo realmente muy raro, parecía… si, parecía como si estuviese buscando algo. Green podría ayudarla a encontrar sea lo que sea que estaba buscando, total conocía todos los rincones de la vieja nave como si… bueno, como si ella fuera la propia nave.
No, eso no estaba bien… Green no era la nave, de eso estaba segura. Simplemente habitaba la nave como si fuera una simple inquilina. Su casa estaba en otro lado.
La presencia se ocultó aún más, detrás de muchas puertas y cerraduras. Green decidió dejarla en paz, tal vez pudiera ayudarla más tarde.
Volvió su atención hacia los habitantes de la Colonia.
Vio como los obreros movían enormes piezas de metal usando las enormes y ensordecedoras grúas de carga.
Vio como en las cocinas los cocineros preparaban el almuerzo de los obreros.
Vio como Amanda discutir acaloradamente con Ralph
Vio como Evans volvió a su laboratorio con expresión preocupada
Vio a Tass despertarse y tomar su Pad para hacer una llamada
Vio al piloto que había llegado en el avión azul contestar esa llamada
También vió a la joven que lo acompañaba. Al parecer.
estaba preparándose para salir de su camarote.
Miró hacia la escuela y vio a los chicos comer y reírse en el salón.
Vio a Mina y Akemi, vió a Silvia y a Manuel.
Vio a Matt y supo que algo no estaba bien.
Matt tenía una expresión preocupada, la había tenido desde el día anterior cuando desde su piano tocara sus hermosas canciones. Green adoraba la música de Matt, pero en aquella oportunidad su canción había sonado diferente.
Era muy curioso. Todos en la Colonia habían empezado a actuar diferente desde hacía solo unos dias. ¿Estaría relacionado con la presencia de todos los recién llegados? Le gustaría mucho saberlo, tal vez hasta pudiera ayudarlos a ellos también.
Green amaba a los Colonos y haría lo que pueda para ayudarlos. Era una verdadera lástima que ellos no notaran su presencia…. bueno, al menos casi todos ellos. Matt la había “tocado” varias veces con sus canciones, pero solo de forma accidental, Green no estaba segura si el chico sabía que su música la acariciaba, la rodeaba, le daba una forma diferente… en todo caso era una sensación pasajera. La música no estaba dirigida hacia ella. Las notas viajaban más allá, hacia el exterior, hacia el espacio….
Hacia ese lugar que llamaban El Campo.
Green no podía llegar hasta allí. Había una especie de fuerza que emanaba de aquella dirección y frenaba sus sentidos. A veces podía seguir a Ralph, Will, Nix y Hal mientras viajaban con el transporte hacia el lugar de donde volvían con esas enormes partes de robots, pero nunca más de unos pocos kilómetros.
Simplemente no podía llegar tan lejos.
Will, cierto. El chico se había ido de la Colonia aquella misma mañana. Se había metido dentro del mismo container del que había salido la joven de anteojos el otro dia ¿Porque les gustaba viajar dentro de esas cosas? Eran oscuras y seguro muy incómodas.
La joven del cabello castaño y anteojos. Green solo sabía que se llamaba Quinn y al parecer sólo Amanda había hablado con ella, el resto de la Colonia no se había enterado de su llegada.
Era todo muy extraño, se dijo Green. Nunca hubo tantos visitantes en la Rainbow al mismo tiempo y además… además había habido otro de esos apagones. Ya no podía comunicarse con la Red Galaxy, simplemente se habia desconectado.
Decidió investigar lo que sucedía en su amada Colonia. En realidad mirar era todo lo que podía hacer.
Así que observó en silencio.

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—¡Eso es un Ghost! —gritó Hal sentado en el piso señalando con el dedo tembloroso lo que había aparecido debajo de la lona.
Ralph frunció el entrecejo. —¿Qué significa esto Amanda? —dijo arrojando furioso la lona al suelo. —¡Explicate!
La mujer se plantó frente al gigante con las piernas abiertas en posición desafiante.
—Es un Drone. —dijo calmadamente.
—Es una puta arma ¡Maldita sea! —respondió Ralph bruscamente señalando el objeto. —¿Que mierda estabas pensando….?
Amanda se cruzó de brazos. —Otro insulto como ese y considerate bajo arresto.
Ralph cerró la boca de forma tan brusca que todos sintieron el profundo chasquidos que sus dientes hicieron al chocar entre si. El gigante miró con verdadera furia a la mujer pero no dijo nada, solo se limitó a dar un terrible pisotón que hizo que Nix y Hal dieran un salto hacia atrás.
Amanda no se inmutó y siguió en el mismo sitio mientras observaba al gigante descargar su furia contra las placas metálicas. Ralph dejó de patear el piso y a continuación comenzó a golpear violentamente las paredes del dique. Cada puñetazo hacia temblar las paredes y provocaba una incesante lluvia de oxido hacia donde se encontraban los aterrorizados obreros.
—¿Terminaste? —preguntó en cuanto Ralph se hubo detenido con evidente fatiga. Las enormes depresiones en las placas de metal de las paredes eran perfectamente visibles para todos.
—Terminé. —dijo el enorme obrero restregándose el brazo por el rostro. —No deberías enfurecerme así Amanda, bien sabes que estos cuerpos gigantes no son buenos controlando la ira.
La mujer se acomodó la trenza y caminó hasta el contenedor abierto. —Se perfectamente lo que es un Ghost. —dijo.
Hal se incorporó y seguido de Nix se acercó también al aparato. —Nunca había visto uno de cerca. —dijo extendiendo la mano con algo de temor reverencial. —Este color amarillo me imagino que es por algo ¿No?
—Pertenece a Unity por supuesto. —explicó Amanda. —No se suponía que debíamos usarlo hasta que obtengamos la independencia completa del Gobierno unificado pero la situación amerita el riesgo.
Ralph se restregó los magullados nudillos. —Estas cometiendo un error Capitán. —dijo. —No deberíamos tener una de esas cosas aquí.
Hal miró al gigante y luego volvió a mirar el aparato. —Tiene razón en algo Ralph. —comentó mientras señalaba la trompa del Drone. —No es un arma.
—¿A qué te refieres Hal?
Como respuesta Hal tomó una pequeña linterna que colgaba de su traje de mantenimiento e iluminó diferentes partes del fuselaje. —Aqui deberian estar los cañones láser, en estos módulos o “Pods” a cada lado de la nave. El modelo que usan los militares lleva dos a cada lado y uno en la parte inferior. Cuando la linterna de Hal iluminó el sensor óptico que se encontraba encerrado en la “nariz” de cristal del Drone les pareció a todos que el ojo brillaba como si estuviera vivo.
—Esta cosa me da escalofríos. —dijo Nix. —No me gusta para nada.
—Los Ghost tienen mala fama entre los pilotos de combate. —dijo Hal apagando la linterna. —Pero rara vez se los usa para otra cosa que no sea reconocimiento.
Ralph suspiró profundamente. —¿Para que quieres esta cosa? —preguntó.
Amanda se quitó el casco de seguridad ante la mirada desconsolada de Nix y volvió a ponerse la gorra de Capitán. —Como bien ha dicho Hal, lo quiero para reconocimiento.
—Osea que vas a enviarlo al Campo. —dijo Hal.
La mujer asintió. —Y necesito de tus habilidades.
El hombre abrió los ojos asombrado. —Eso es… imposible Capitán, no estoy capacitado para eso.
Amanda suspiró. —No digas estupideces Hal, si no te considerara capaz ya te hubiera expulsado de esta operación hace años.
—No es lo que…
—Ya sé lo que has querido decir. —lo cortó Amanda. —Y sigo opinando que son tonterías. Vas a ponerte a trabajar en este Drone lo antes posible, es una orden.
Hal se dió por vencido. —Está bien. —dijo suspirando. —Espero que tengas el manual de usuario a mano… no creo que mi software de configuración de los Drones de exploración sea compatible con esa cosa.
La mujer sonrió. —Por supuesto, pero no te preocupes por el software… de hecho te recomendaria que dejes todo eso en manos de Tass, lo que necesito de ti es que diseñes el plan de vuelo y aproximación al disco interior, solo tu conoces la mejor forma de acercarte a la zona más peligrosa del Campo y maniobrar un Drone con seguridad.
—El irregular. —dijo Ralph de pronto. —Quieres usar el Ghost para llegar a la armadura de Virya.
Amanda asintió. —Con el Transporte fuera de servicio es nuestra única oportunidad de volver a encontrarla.
Nix sacudió la cabeza. —Imposible Cap. —dijo. —Ningún Drone, por más avanzado que sea, puede ser operado desde aquí si está dentro de la zona de radiación del Campo, ningún Datalink resiste la interferencia de la radiación de neutrones de la anomalía.
Hal miró a Nix y luego a Amanda. —Ella no quiere que lo manejemos nosotros. —dijo.
—¿Eh? —esclamó Nix confundido…. —¿Quien va a pilotarlo entonces?
—Una IA —dijo Ralph.
Hal se puso pálido. —Oh mierda. —dijo mirando el aparato. —Si hubiesen leído las historias que se cuentan sobre estas cosas no hablarian de Inteligencia Artificial de forma tan casual…
—Leyendas Urbanas. —dijo Amanda haciendo un gesto de desdén con la mano. —La NUNS usa IA’s en su flota de Ghosts desde hace décadas sin problemas, mas te vale que no me salgas de nuevo con esas tonterías Hal.
El susodicho se quitó el casco para rascarse la cabeza. —Leyendas Urbanas o no, tengo mis serias dudas de usar una IA Militar en esta operación Capitán. —dijo.
Amanda se cruzó de brazos. —No vas a usarla, esta unidad no tiene ningún tipo de software cargado, Sus bancos de memoria están en blanco,
Los tres hombres se miraron confundidos. —¿Entonces? —preguntó Ralph.
—Eso dejaselo a Tass. —Contestó la mujer. —Ella se hará cargo de todo.


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Evans suspiró aliviado. Sea lo que sea que estuvieran haciendo los obreros ese dia en el dique por fin había terminado. Jamas habia escuchado un estruendo semejante, parecía que estuvieran usando un martillo y yunque gigantes. Apostaría su sueldo entero que Ralph tenía algo que ver con eso.
Volvió a concentrarse en la pantalla del microscopio electrónico. El resplandor púrpura que reflejaba el Cuarzo Fold era la única fuente de luz del laboratorio y teñía todos los equipos electrónicos y de investigación con los mismos tonos rojizos que el rostro del hombre.
A pesar que miraba una y otra vez su pequeña muestra no podía creer lo que sus registros mostraban. El día anterior los cristales habían entrado en fase, irradiando energía dimensional en todas direcciones a pesar de estar encerrados en el compartimento de seguridad.
Volvió a consultar el Pad y los registros coincidian; Matt había ido al salón de actos a tocar y sea lo que sea que había ejecutado esa tarde había causado una reacción inusual en los cristales. Maldijo en silencio que sus deberes lo hayan mantenido alejado de su laboratorio cuando eso sucedía. De haber estado presente hubiese recogido invaluable información sobre la misteriosa energia.
Lo hecho, hecho estaba. Solo poseía una limitada cantidad de datos que sus equipos de monitoreo pasivo habían recogido de forma fortuita el dia anterior. Esos datos se proyectaban en una pantalla holográfica sobre el Pad y se expandieron cuando Evans pasó su mano por los gráficos.
Datos, lo que habían aparecido en pantalla era algún tipo de código o información desconocida. No se trataba de la energía que las notas musicales generaban cuando Matt tocaba el piano. Había algo intercalado entre las ondas dimensionales, una especie de registro.
Evans tomó un sector de esos datos y los proyectó en forma gráfica, pero carecían por completo de sentido. Era como intentar descifrar un lenguaje desconocido sin tener la piedra de Rosetta, una tarea imposible.
El hombre suspiró y se reclinó hacia atrás en la silla con gesto cansado. No tenía ni idea de lo que podían ser esos datos.
Mientras estaba así reclinado miró hacia un lado, hacia la repisa donde guardaba varias pilas de libros y catálogos. Un pequeño portarretratos captó su atención por un momento.
—Luz. —dijo y el laboratorio se iluminó con la luz blanca de los focos del techo.
Evans se levantó de la silla y caminó hasta la repisa, donde tomó con delicadeza la fotografía enmarcada en una pequeña pantalla digital.
Era una fotografía de su ya fallecida esposa, de la época en que recién se habían conocido mientras ambos estudiaban en la universidad. La mujer de la imagen llevaba un guardapolvo blanco y guantes amarillos mientras sostenía un vaso de precipitado lleno de alguna sustancia verdosa con gesto de emoción.
El hombre acarició la pantalla con ternura, habían pasado tantos años desde entonces… al pasar sus dedos sobre el cristal la interfaz táctil del portarretratos registró el gesto y aplicó un acercamiento a cierta parte de la imagen. Evans observó la imagen ampliada del cuello de quien fuera su amada esposa y tuvo una idea.
—Si. —dijo emocionado. —¿Por qué no…? Es una buena idea Lucy.
Dejó la fotografía en el mismo lugar de donde la tomara y abrió uno de los cajones del mueble, donde guardaba sus efectos personales.
Tras revolver un momento encontró lo que buscaba; una pequeña cajita negra. Evans la tomó con cuidado y se encaminó hacia la mesa de trabajo junto al microscopio.
La cajita era muy vieja. Al parecer había contenido recuerdos de la familia de Lucy y había pasado de generación en generación vaya uno a saber desde cuando… ahora estaba allí, en la Rainbow, en el otro extremo de la Galaxia.
Evans la abrió y contempló con fascinación el objeto que estaba en su interior.
Era una delicada cadenita de oro, forjada con pequeños eslabones dorados de la que colgaba una pequeña gota de un cristal increíblemente translúcido.
Lucy tenia una igual cuando la enterraron en La Tierra, probablemente todavia seguia alli.
Con delicadeza la sacó de la pequeña cajita y la examinó profundamente. Serviria perfectamente para lo que pensaba hacer.
Dejó el collar en la mesa y estirando el brazo tomó una de las máquinas para manipular muestras. Era un instrumento parecido a un microscopio pero en vez de lentes una serie de taladros y tubos podían ajustarse sobre las muestras para extraer material del interior de rocas o cristales.
Evans no quería extraer nada, solo necesitaba hacer unas modificaciones a la pequeña piedra que colgaba de su collar. Tomó la delicada gota de cristal y usando unas pinzas separó la piedra del engarce dorado. Luego la colocó en la bandeja de muestras y usando la mecha más pequeña realizó una perforación hasta el centro mismo del cristal.
El hombre no era muy bueno con los trabajos manuales, por suerte su equipo contaba con manipuladores mecánicos para el manejo de muestras pequeñas. Así que simplemente colocó la caja blindada cerca del taladro y uso un delicado brazo robótico equipado con un manipulador gravitacional para tomar el minúsculo cristal FOLD e insertarlo en la perforación de la gota de cristal.
Todo el proceso demoró casi media hora. Evans colocó una gota de pegamento en el engarce de la cadena y fijó la piedra con el cristal dentro.
El investigador contempló con admiración su obra. La gota de cristal ya no era más una piedra translúcida; de alguna manera el diminuto cristal había transferido su brillo púrpura a su nuevo recipiente. Era algo realmente bello.
El reloj de su pad indicó que ya eran las tres de la tarde, debería apurarse si queria entregar el collar ese mismo dia.
Se puso de pie y guardó su obra dentro de la cajita negra, luego metió la cajita en uno de los bolsillos de su guardapolvo blanco y salió del laboratorio en dirección al transporte que lo esperaba cerca del acceso principal.
Demoró unos diez minutos en llegar a la plaza. Dejó el vehículo en la cubierta principal y ascendió lentamente la escalera hasta llegar al parque. Varios colonos paseaban entre los canteros o charlaban sentados en los bancos.
Caminó hasta la escuela esperando que Matt estuviera todavia alli, por suerte vio al grupo de chicos salir juntos por la puerta principal del edificio.
—¡Eh Matt! —gritó cuando estuvo cerca. —¿Como va eso?
El joven levantó la cabeza y miró al médico confundido. ¿Evans lo buscaba en la escuela? Eso era inusual en el facultativo. Mina también miró extrañada al hombre. —¿Sucede algo Doctor? —preguntó.
El hombre se detuvo frente a los chicos y fue directo al grano. —Venía a darte esto. —dijo sacando la cajita de su bolsillo.
El chico miró lo que Evans le ofrecía y luego miró al propio hombre —¿Para mi? —preguntó aun más confundido.
—Primero abrelo y te explicaré. —respondió el hombre.
Matt hizo lo que Evans decia y abrió la cajita mientras sus amigos lo rodeaban. Akemi soltó una exclamación de asombro al ver el collar. —¡Que hermoso! —exclamó
—¿Eso es oro? —preguntó Manuel con un silbido de admiración.
Fue Mina la que notó el tenue brillo púrpura de la delicada gota de cristal. Cuando Matt levantó el collar y lo mostró a todos comprendió de pronto de que se trataba.
—Eso es… oh rayos ¿Es eso lo que creo que es? —preguntó asombrada mirando a Evans.
El hombre asintió. —Esto Matt es para ti, creo que puede ayudar a que tus canciones lleguen más…. lejos.
El joven miró el collar y luego miró a Evans. —¿Más lejos? —repitió confundido.
—Una especie de amplificador. —dijo.
—Eso que tienes ahi es un Cuarzo FOLD. —dijo Mina señalando la pequeña roca con el dedo. —Tiene propiedades dimensionales y reacciona con la energia musical aparentemente. —explicó, luego volvió a mirar a Evans —¿Está seguro de eso Doctor…?
El hombre volvió a asentir en silencio.
Matt contempló el regalo, a la luz de las enormes pantallas atmosféricas parecía brillar tenuemente con luz propia, pero eso era imposible ¿No?
—¿Que se supone que hace? —preguntó.
—Todavía no estamos del todo seguro. —dijo Evans. —Pero parece reaccionar con tu música, enviándola a través del espacio dimensional más rápido que la luz.
Akemi abrió la boca asombrada —¿Más rápido que la luz?
—Como sea, me pareció que podía ayudarte. —respondió el hombre encogiéndose de hombros. —Con esto tal vez tu música pueda llegar a donde realmente quieres.
Matt asintió. —Gracias. —dijo. —¿Puedo probarlo ahora?
El hombre asintió y Akemi ayudó al chico a ajustar el pequeño broche al cuello. Al terminar la joven dió un paso atrás y contempló a su amigo. —No está mal. —dijo dándole un codazo. —hasta hace juego con tu pelo. —dijo bromeando.
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