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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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—Se acabó el tiempo!
Silvia dejó la tiza electrónica en uno de los bolsillos de su guardapolvo mientras dirigía la vista hacia la fila de pupitres donde los chicos “grandes” habían finalizado su prueba escrita de Inglés. —Matt ¿Puedes recoger las hojas?
El muchacho del cabello rojo asintió y tomando sus propias hojas se levantó del asiento. Mina, Akemi y Manuel recogieron las suyas y se las pasaron a Matt mientras este recorria los pupitres.
—Gracias Matt. Ponlas sobre mi escritorio y apenas termine con cuarto Grado las corregiré.
Mientras el joven cumplia la orden Manuel comenzó a reorganizar los pupitres de forma que volvieran a formar la gran mesa grupal que solían usar en las clases normales.
—¿Como te fue? —preguntó Akemi a Manuel mientras empujaba las sillas para hacer lugar a las mesas.
El joven suspiró resignado. —Todavía no logro comprender porque tenemos que estudiar inglés existiendo los malditos traductores universales. —dijo señalando el Pad de Akemi sobre su escritorio.
La joven chasqueó la lengua. —Es bueno aprender otro idioma tonto, hace trabajar el lado opuesto del cerebro que usas para tu lengua natal.
—Además. —agregó Mina, —Al contrario de una computadora, tu cabeza funciona las veinticuatro horas del dia Manu, y es mucho más fiable que una simple máquina.
—Y ni hablar de la mejora substancial que logras cuando intentas cantar una canción en Inglés. —dijo Matt sentándose cansado en una de las sillas.
Mina miró preocupada al joven. —¿Estas bien Matt?
Manuel y Akemi tomaron asiento junto a sus amigos. —De seguro estuvo estudiando toda la noche. —dijo Akemi mientras guardaba su Pad en la mochila.
—Y encima te perdiste de ver a la Inspectora con solo una toalla. —bromeó Manuel dando un codazo a su amigo. Akemi le arrojó una mirada amenazadora pero ni Matt ni Mina parecieron darse cuenta.
—Como sea. —dijo Manuel cambiando de tema con tal de evitar las represalias de su amiga. —¿Cómo está tu mano Matt?
El joven levantó la mano derecha y la mantuvo en alto para que sus amigos la examinaran. Se había quitado el vendaje y solo un pequeño enrojecimiento en los nudillos denotaban la presencia de la herida.
—Se ve bien. —observó Akemi.
El salón comenzó a oscurecerse lentamente. La profesora Silvia había accionado las cortinas de las ventanas que automáticamente se estaban bajando para proporcionar el ambiente adecuado para una presentación de imágenes.
Una de las niñas de sexto grado se puso de pie y adelantándose hasta estar cerca del pizarrón/pantalla comenzó a dar una lección.

—El cúmulo globular de Brisingr se encuentra ubicado en la región periférica del Brazo Escudo Centauro, en el otro extremo de la Vía Láctea. Su exploración comenzó en el año 2025 dando como resultado el descubrimiento de más de veinte planetas habitables, muchos de ellos con poblaciones nativas de civilizaciones creadas por la Protocultura.
La profesora Silvia asintió con la cabeza y dirigiendo la tiza hacia la pantalla hizo aparecer un diagrama del cúmulo de estrellas. —¿Puedes nombrar los planetas más importantes del cúmulo, Luci?
La niña estaba visiblemente nerviosa, lentamente se dió vuelta para mirar la imagen y señaló con el dedo un par de estrellas que se encontraban resaltadas sobre el fondo oscuro. —Los principales mundos habitados son Windermere, Ragna, Vordor y As… Al… Alj…
—Alshahal. —dijo Silvia divertida. —A mi también me costó aprenderlo.
Los niños de la clase se rieron y Luci se sintió más relajada.

—Tu habilidad se vuelve cada vez más potente Matt. —dijo Akemi mientras señalaba las manos del joven. Vi con mis propios ojos cómo curaste los golpes de Ralph por y esta vez no solo fué una mejoría, creo que lo sanaste por completo.
—¿Que sintieron? —preguntó el joven pelirrojo de pronto. —¿Notaron algo diferente esta vez?
Manuel se cruzó de brazos intentando recordar la sensación. —No se como explicarlo exactamente. —dijo cerrando los ojos. —Se sintió diferente que otras veces, pero no puedo decir por que..
—A mi me pasó igual. —comentó Akemi con interés. —La música era la misma de siempre, pero cuando cerré los ojos la sensación era diferente. ¿Evans estuvo probando algo nuevo?
Matt sacudió la cabeza. —No. —dijo. —El Doctor no estaba ayer en el piano.
De pronto Mina tomó la mano de Matt y la examinó con cuidado. —A ti no te hizo tanto efecto como a Ralph. —dijo preocupada.
El contacto cálido de las manos de Mina hicieron que el joven se sonrojara de inmediato. Manuel y Akemi se rieron disimuladamente e intercambiaron una mirada cómplice. —Deberías dar prioridad a tus propias heridas antes que a las de los demás Matt. —agregó.
El joven se encogió de hombros y miró la pantalla del salón, donde Luci continuaba dando su lección sobre el Cúmulo Brisingr y sus curiosos habitantes. —¿Y tú qué sentistes, Mina? —preguntó cómo por casualidad.
Ahora fue el turno de Mina de sonrojarse. Soltó la mano de su amigo colocó sus manos en el regazo. —Yo… también lo noté…. diferente Matt. —dijo dubitativa.
El joven volvió la cabeza y su mirada se cruzó con la de Mina. Algo en la forma en que la chica lo miraba desató un cambio, una reacción en la mente de Matt. De pronto sintió algo que no había sentido nunca y el tiempo pareció detenerse.
—¡Matt! —Silvia golpeó suavemente la cabeza del chico con el Pad. —Te estoy hablando.
El joven reaccionó al golpe y levantó la vista confundido. —¿Que…?
—Te pregunté si podrías nombrar algún producto del Cúmulo Brinsingr que hayas probado en la Colonia. —dijo ya resignada. —Olvidalo…. ¿Mina...?
La joven suspiró, el momento mágico había pasado para siempre. —Las manzanas de Windermere. —dijo.
—Muy bien, las manzanas del planeta Windermere son famosas en toda la Galaxia… ¿Alguien sabe porque...?
Aparentemente nadie del salon lo sabía. Silvia escrutó uno a uno los rostros de sus alumnos pero al parecer ninguno de los chicos conocía la respuesta. —¿Nadie se anima a adivinar al menos?
Silencio. Ahora fue el turno de la profesora Silvia de suspirar. —¿Mina?
—Las manzanas que crecen en Windermere no se oxidan. —dijo la joven como mencionando algo que debía de ser conocimiento general.
—¿Como? —preguntó Manuel mirando primero a Mina y luego a Silvia.
La profesora asintió. —Las manzanas que la humanidad trajo desde La Tierra suelen oxidarse una vez que la fruta es pelada o cortada. La variedad que crece en el planeta Windermere sin embargo no tiene este problema y los gajos mantienen su color claro durante días sin necesidad de tratarlos con algún antioxidante.
—En el bento de hoy puse algunos gajos de manzanas de Windermere. —dijo Mina sacando su caja de debajo de pupitre. —¿Quieren ver?
Los niños se acercaron y formaron un círculo alrededor del grupo de bancos de los chicos grandes. Mina quito la tapa de su caja de Bento y procedió a mostrar a todos los delicados gajos de la manzana que había cortado de forma que parecieran pequeñas liebres. —Como ven el color del interior de la manzana sigue siendo el mismo que apenas cortada. —explicó Silvia a los niños.
La vista de los exquisitos bocadillos produjo más de un rugir de estómago entre los alumnos, cosa que desató varias carcajadas entre los más pequeños.
—Bueno. —dijo Silvia apagando la pantalla. —Ya que estamos todos con hambre y a la vista de semejante delicias ¿Que les parece si almorzamos ahora?
Los chicos asintieron con varios gritos y comenzaron a sacar sus cajas y viandas para el almuerzo. Las luces se encendieron y las ventanas volvieron a abrirse para que la luz de las ventanas panoramicas entrase al aula.
Mina tomó la caja de Matt y se la alcanzó mientras sacaba el mantel y ordenaba la mesa. El joven tomó su vianda con ambas manos sin apartar la mirada de su amiga,
—¿Y ese planeta solo exporta Manzanas? —preguntó Akemi.
Silvia miró a la joven y asintió lentamente. —Así es. Windermere es una sociedad con muy poco desarrollo industrial y casi todas sus exportaciones son derivados de la agricultura. Lamentablemente es una situación muy común en los planetas de la periferia.
—¿”Lamentablemente”? —preguntó Matt intrigado con los palillos en la mano,
Silvia asintió. —Porque es una de las prácticas favoritas del Gobierno Unificado para mantener el control de las economías fronterizas.
—¿Control? —Akemi miró con curiosidad a la profesora mientras sacaba su comida de la lonchera. —¿Control económico?
—Al mantener un gran desequilibrio de la balanza comercial entre lo que el planeta importa y lo que exporta se logra limitar el desarrollo de la sociedad. —explicó la maestra. —En el caso de Windermere, pocos recursos naturales y una sociedad estratificada del tipo feudal hacen que este tipo de presión comercial sea más efectiva todavía.
—¿No hay un gobierno civil en Windermere? —preguntó Manuel.
—Es una monarquía. —dijo Mina. —El Reino del Viento.
—Que primitivo. —opinó Akemi mientras daba un mordisco a su sándwich. —Aunque eso de un reino con princesas, caballeros y todo lo demás… suena muy pintoresco ¿No?
Los demás asintieron pero Silvia frunció el ceño. —Windermere es un planeta con muchos problemas. —dijo mientras se cruzaba de brazos. —Y los políticos no hacen nada para apaliarlos. Hay un gran descontento de la población debido a la presión que el Gobierno Unificado ejerce sobre los planetas de la periferia para que importen casi todos los bienes de consumo desde los planetas manufactureros cercanos a La Tierra. Ya hubo varios incidentes en el pasado y podrían escalar aún más en el futuro, además los Windermerenses tienen un gran factor militarista en su cultura, creo que el Gobierno Unificado debería cambiar su actitud con las demás razas hijas de la Protocultura o arriesgarse a rebeliones masivas a lo largo de toda la periferia de la Galaxia. Ya ocurrió así una vez con los Zentradi.
Akemi y Matt asintieron en silencio. Manuel dejó sus palillos a un lado y miró a Silvia a los ojos. —Parece que no somos los únicos con ganas de librarnos del Gobierno Unificado ¿No?
Mina tosió y pareció atragantarse con el bocadillo. Silvia en cambio sonrió. —Pero nosotros no somos guerreros. —dijo.
—¿Pero tenemos posibilidades de lograr la independencia? —preguntó Akemi
La Profesora Silvia asintió. —Si. —dijo seriamente. —Las condiciones ya están dadas para el cambio y la fundación Unity está llevando a cabo las gestiones necesarias. Si todo se mantiene en marcha y de acuerdo a lo planeado tendremos total independencia civil y económica antes que acabe el año.
—¿Entonces los rumores son ciertos? —preguntó Matt.
—No se de que rumores hablas. —contestó la maestra. —Si hablas de esos que dicen que Unity va a conseguirnos un planeta para nosotros solos… creo que es una exageración, una muy grande exageración.
—¿Pero entonces seguiremos siendo una flota inmóvil? —Manuel bebió un sorbo de jugo de naranja y suspiró satisfecho. —¿Nos quedaremos en este cementerio de naves Zentradi para siempre?
—Eso lo decidiremos en una asamblea, —dijo Mina muy seria. —Será la mayoría la que elija qué hacer.
Matt mordió uno de los Onigiri y lo saboreo en silencio mientras seguía con interés la discusión de sus amigos. La política no le interesaba demasiado pero lo que estaba sucediendo en la Colonia en esos momentos sería clave para el futuro.
—Pero Unity es la dueña de la Rainbow. —opinó Akemi. —¿Podemos decidir nosotros qué hacer con la nave?
—No, pero a lo mejor podríamos construir nuestra propia flota de naves Coloniales. —dijo entusiasmada Silvia. —Las Three Star pueden fabricar otras naves desde cero, pero solo siendo realmente independientes podríamos hacerlo… y además el Campo puede proveernos de todo el material que necesitamos.
Los chicos guardaron silencio, tratando de comprender el verdadero alcance de lo que Silvia acababa de revelarles.
—Por eso ustedes son tan importantes para Amanda y los demás. —continuó diciendo Silvia. —Matt, Akemi, Mina y tú Manuel, ustedes serán la primera generación de jóvenes que podrán dirigir los destinos de la Colonia Rainbow. Ya sea buscar un planeta propio o construir nuestra propia flota para vivir viajando por las estrellas, eso es algo que ustedes deberán decidir por su cuenta.
—Pavada de responsabilidad. —bromeó Manuel sacudiendo la cabeza.
Los demás se rieron y terminaron la comida entre risas y bromas, disfrutando de los últimos momentos de tranquilidad.
La tormenta ya estaba casi sobre ellos.
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