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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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La puerta del elevador se abrió con un chasquido y Tass asomó la cabeza fuera. El vestíbulo estaba desierto como lo suponía. Suspiró aliviada y arrastró el pesado bolso fuera del ascensor con gran esfuerzo, lamentando como por decima vez no haber tomado uno de los carritos del mercado..
Atravesó el solitario puesto de guardia y entró al pasillo que conducía a las diferentes celdas del calabozo. Como era de esperar solo la última celda del pasillo estaba cerrada, pero algo de luz se filtraba por debajo de la puerta. Tass arrastró el equipaje hasta la misma y se asomó por la pequeña ventana.
Will estaba acostado con la vista fija en el techo. Al menos estaba despierto.
—¿Will? —pregunto.
El joven pestañeó y movió la cabeza en dirección al sonido que lo había perturbado. Pareció bastante confundido durante unos instantes pero al final reconoció la voz. —¿Tass?
La joven acercó el Pad al sensor de seguridad y la puerta se abrió de inmediato. —Por suerte estas despierto. —dijo mientras arrastraba el enorme bolso dentro de la celda.
—¿Que carajo estas haciendo acá? —preguntó mientras se restregaba los ojos y sentaba en la cama. —¿Que hora es?
—Las tres de la mañana Will. —contestó ella mientras la puerta se cerraba tras ella. —Dame tu Pad y no digas nada, estoy agotada.
La orden fue tan repentina que al joven ni se le ocurrió protestar. Estiró el brazo y tomando el aparato de arriba de la mesita de luz se lo pasó en silencio. En verdad que el semblante de la joven estaba bastante demacrado y las ojeras se destacan bien oscuras bajo los lentes redondos.
—Gracias, esto me llevará unos minutos. —dijo ella mientras conectaba un cable rojo a una pequeña computadora portátil que había extraído de uno de los bolsillos de su traje.
Will observó en silencio como Tass desmontaba hábilmente la parte trasera del Pad con un pequeño juego de destornilladores. La rapidez y seguridad que la joven demostraba al manipular las pequeñas piezas era algo que despertaba una maravillosa admiración en Will, quien consideraba a su amiga como “Sempai” en lo que a tecnología se refiriera.
—¿Que estas haciendo? —preguntó finalmente el joven sin poder aguantar más la curiosidad.
Tass removió el chip de identificación de la placa principal y lo reemplazó por uno idéntico pero de color verde que extrajo de un pequeño bolsillo de su pechera. —Estoy haciendo lo posible por ofuscar un poco tu Pad Will. —contestó. —Lo vas a necesitar para cuando estes lejos de aquí.
Will miró con atención a la joven. —¿Así que van a ayudarme a escapar? —preguntó. —Tass, enserio, aprecio muchísimo lo que tu y Matt están haciendo pero no puedo involucrarlos más… yo…. yo ya estoy enterrado hasta el cuello en esta mierda y no quiero arrastrarlos a ustedes tambien.
Tass dejó de atornillar la tapa del Pad y miró fijamente a su amigo por primera vez. —Tarde, Matt ya tiene tu mierda hasta los tobillos y yo casi hasta las tetas— dijo con evidente enfado. —Pero nosotros ni por asomo estamos tan jodidos como lo vas a estar vos si los militares ponen las manos encima a esos registros del radar.
El joven suspiró y apoyó la espalda contra la pared metálica de la celda. —¿Fugitivo eh? —pareció decirse a sí mismo. —No suena tan mal… es… hasta romántico.
—Huy si, totalmente idílico. —respondió Tass con sorna mientras colocaba el film protector que sellaba al Pad de forma perfecta. —Ten y no la pierdas. —exclamó arrojando el aparato al regazo de su amigo.
Will atrapó el aparato y lo examinó con atención mientras Tass abría el enorme bolso y revolvía buscando algo en su interior. —¿Hay algo de tu celda que necesites llevarte? —pregunto.
Will guardó el pad en su bolsillo y echó una mirada alrededor. —¿A donde voy? —quiso saber.
—Nueva Caledonia— respondió Tass mientras arrojaba una serie de paquetes de un material metalizado sobre la cama. —Cuando bajes de la Rio vas a poder elegir vos el destino, pero te aconsejo que sigas moviéndote en dirección al centro de la Galaxia.
Will extendió un brazo y tomó uno de los paquetes. —¿Raciones MRE? —preguntó sorprendido.
—Vas a tener que permanecer escondido un tiempo bastante largo. —respondió la joven mientras señalaba el bolso. —¿Tenés ropa interior de repuesto?
Will suspiró y se puso de pie de un salto, luego abrió un cajón que se encontraba bajo la cama y se puso a sacar varias mudas de ropa, de pronto se quedó quieto, como si lo que acababa de escuchar hubiese hecho efecto en ese momento.
—¿La Rio? —preguntó dándose vuelta. —Tass ¿Como….?
Tass tomó la ropa y la arrojó al interior del bolso. —Llevalo vos, pesa una tonelada. —dijo mientras se ponía de pie y abría la puerta.
El rostro del joven se había puesto pálido pero obedeció ante la voz autoritaria de su amiga. —Déjame ponerme los zapatos al menos.
—Rápido. —contestó Tass sin apartar la vista del pasillo.

Unos minutos más tarde ambos salían del Lobby en dirección al ascensor. Tass llamó al mismo con su Pad y echó una mirada hacia la celda que había vuelto a cerrarse. —Si la Rio despega a la hora programada deberías tener un par de horas de ventaja hasta que el primer guardia venga al turno de la mañana.
Will asintió en silencio mientras sostenía con firmeza el equipaje contra su cuerpo. —Es muy poco tiempo Tass.
La joven asintió. —Ni siquiera Amanda podría obligar a la Rio Grande a salir de un FOLD para devolverte a la Colonia… no, incluso si la Capitan ata los cabos rápidamente, tendrias al menos una semana entera de ventaja sobre cualquier perseguidor.
—¿Pero y si me están esperando en Nueva Caledonia?
—Al menos no serán los militares. Amanda deberá informar primero a la Fundación Unity y serán ellos quienes decidan que hacer.
Will sufrió un escalofrío. —Las Amazonas. —dijo. —De pronto los militares no me parecen tan malos —murmuró el joven nervioso. —¿Conoces los rumores acerca de la división de seguridad de Unity, verdad?
—Todas guerreras Meltran Micronizadas— respondió Tass. —Si, yo misma he visto un par de informes sobre sus actividades… no te preocupes Will, dudo mucho que Unity use a su mejor equipo de seguridad para ocuparse de una molestia menor…
—Uh…¿Gracias?
En ese momento llegó el elevador y las puertas se abrieron frente a ellos.
—En todo caso no será tan evidente tu desaparición en la Rio. —dijo Tass entrando al ascensor. —Usaré una copia de tu Pad para hacer creer a los sistemas de seguridad de la Rainbow que has desaparecido en el Interior. Amanda no creerá que te haz ido de la Colonia, no hasta que te haya buscado por los todos los rincones de la Rainbow con cada cámara y cada drone que tenga disponible.
Will entró junto a Tass y apoyó la espalda contra el fondo del elevador mientras la joven marcaba el destino en el panel de control y confirmaba su acreditación de seguridad. —Amanda no confiará en ningún sistema de seguridad estando tu involucrada en mi escape. —Lo se, pero aun así deberá respetar todos los protocolos antes de acusarme o tomar alguna otra medida más drástica. Eso te hará ganar tiempo Will.
La respuesta arrancó otro suspiro del joven. —Tiempo… todo se reduce al maldito tiempo ¿Eh?
El ascensor se puso en marcha con una leve vibración. A medida que ascendían por los niveles de La Torre el nerviosismo de Tass se incrementó visiblemente. Al pasar por el nivel del hangar Will contuvo un grito.
—¿No vamos al hangar? —preguntó confundido.
—No, más arriba.
Las puertas se abrieron dos niveles por encima de donde la Rio Grande reposaba en silencio. Estaban en una zona de mantenimiento y acceso de operarios que trabajaban sobre las maquinarias que colgaban de las vigas del techo del enorme hangar.
En completo silencio los dos jóvenes salieron del ascensor y recorrieron furtivamente el puente de pasarelas que conectaba los accesos de personal al elevador principal.
—Ponte esto. —dijo Tass alcanzando un objeto a su amigo. Will lo tomó y comprobó que era un par de gafas protectoras, parecidas a las que se usaban en los talleres de maquinarias pesadas. Solo un pequeño dispositivo adosado al marco de plástico denotaba que no era una simple protección cualquiera. Will se la puso y de inmediato una pequeña lamina traslucida se desplegó frente a su vista, iluminando los alrededores con un resplandor verdoso.
—Pensaste en todo. —dijo. Tass refunfuñó algo inentendible y se colocó sus propias gafas de visión nocturna.
—Rápido. —dijo.
Avanzaron por una serie de pasarelas cada vez más estrechas. Will sabía que Tass tenía memorizadas donde estaban todas las cámaras de seguridad en esa parte del hangar, en definitiva era ella quien las monitoreaba rutinariamente. Al cabo de veinte minutos de dar vueltas llegaron a una pequeña escalerilla y descendieron con cuidado una decena de metros hasta llegar a una enorme plataforma desde donde surgian una serie de estructuras de vigas metálicas en dirección al techo y pared cercanos.
—Esto…. ¡Esto es el muelle de los contenedores! —exclamó Will reconociendo el lugar.
—¡Silencio! —lo reprendió la joven. —Vas a embarcar desde aquí.
—¿Dentro de un container? Voy a necesitar algo más que raciones de emergencia para viajar en uno de estos. —exclamó el joven señalando las dos enormes moles de metal que descansaban en la estructura metálica.
—No te preocupes, encontré un contenedor con soporte vital, podrás sobrevivir al viaje Will.
El joven cerró la boca y miró preocupado hacia donde señalaba su amiga.
—¿De verdad es seguro?
—¿Tenes alguna idea mejor?
Will no la tenia asi que se limitó a guardar silencio. Se pusieron en marcha nuevamente y rodearon la estructura central por medio de una angosta pasarela que discurria a lo largo de los dos enormes contenedores.
—GMC/SV38534 —dijo Tass mientras apoyaba la palma de la mano en el frío metal. —Es este.
El enorme contenedor se erguía ante ellos en completo silencio. Tal y como la joven había observado en los registros era una pieza de equipo bastante vieja; llena de abolladuras y con la pintura saltada aquí y allá, pero en relativa buenas condiciones.
—Bueno —dijo Will rascándose la cabeza. —No será primera clase pero algo es algo. ¿Cómo hacemos para entrar?
Mientras tanto Tass se había sentado en el suelo de metal. Sacó su computadora personal de la mochila que llevaba en la espalda y la pantalla iluminó a ambos.
—Hay una entrada auxiliar que hace de cámara de descompresión ahí. —dijo la joven señalando unas marcas naranjas en la desgastada pintura. —Necesito que me ayudes con la conexión de datos.
Will tomó la mochila de Tass y sacó un rollo de cable de datos de su interior. Extendió una de las puntas a su amiga y con el otro se encaminó hacia el extremo de la enorme caja, justo en el lugar donde una enorme pieza de metal servia de articulación amortiguante con el otro contenedor. Una pequeña luz verde indicaba la presencia de un panel corredizo, Will accionó el mecanismo y un pequeño panel de control con una terminal de datos quedó al descubierto.
—Conectando. —dijo Will mientras insertaba la ficha en el puerto de datos.
La conexión se estableció de inmediato en la pantalla de Tass. Una serie de tareas de diagnóstico se ejecutaron automáticamente y la telemetría devolvió los datos correctos.
—El contenedor tiene un sistema de soporte vital que funciona de forma autónoma con respecto a la nave que lo lleva. —dijo Tass sin dejar de teclear frenéticamente. —Pero solo se pondrá en funcionamiento cuando se encuentre sellado y despachado.
—Osea que no podemos ponerlo en marcha aquí mismo ¿No?
—Exacto. Solo podemos sellarlo y dejarlo listo para que se ponga en funcionamiento en cuanto la Río Grande lo recoja dentro de unas horas.
Will miró la enorme caja con preocupación. —¿Como respiro entonces?
—Hay aire suficiente dentro del contenedor hasta entonces. —contestó Tass sin sacar los ojos de la pantalla. —Por las dudas puse una mascarilla de oxígeno en el bolso, pero si todo sale bien no tendrás que usarla, además…
El haz de la linterna dando de lleno en el visor nocturno fué como una explosión de luz que los cegó completamente. Tass y Will se cubrieron los ojos como si hubieran recibido un golpe directo.
Los habían descubierto. Will se interpuso de inmediato entre la luz y su amiga para protegerla de lo que sea. Levantó los brazos en actitud sumisa —¡No estamos armados! —gritó.
—¿Quien anda ahí? —gritó una voz mientras dirigía el brillante haz de luz hacia los dos jóvenes acurrucados. —¿Que están ha…..? ¿Will????
La linterna redujo la intensidad del brillo y el haz quedó apuntado hacia el suelo. Tanto Will como Tass se quitaron los visores y miraron asombrados al visitante inesperado.
—¿Mike?
—¿Que mierda estan haciendo ustedes dos acá? —preguntó el copiloto de la Río Grande mientras se acercaba cautelosamente a la pareja de jóvenes. —Will ¿No se supone que estabas en el calabozo?
Will se puso de pie y estrechó la mano de su amigo. —Viejo, casi me das un infarto.

Mike devolvió el apretón de manos y ayudó a su amigo a ponerse de pie. —El infarto se lo van a dar a Gray, de eso seguro. Vuelvo a repetir ¿Que carajos….?
—Voy a escaparme de la Rainbow Mike, ahi adentro. —dijo Will señalando el contenedor.
El joven copiloto miró a Will sin entender del todo. —¿Escaparte…? ¿Ahí? —repitió incrédulo mientras apuntaba el haz de la linterna hacia donde señalaba su amigo. —¿Es broma?
—Ojalá. —contestó Tass volviendo a abrir la pantalla de la computadora que había cerrado instintivamente al ser sorprendida. —Ya te imaginaras en que clase de lío estará metido para que lleguemos a este extremo.
—Viendo que te involucró a ti también Tass, ya veo que no es cualquier travesura normal. —respondió Mike mientras bajaba la linterna. —¿Es tan grave la cosa?
—Hasta el cuello de mierda. —dijo el joven haciendo un gesto con la mano. —Tengo que huir de los militares por un tiempo.
Mike se rasco la cabeza sin saber qué decir. Al parecer la cosa iba en serio y esos dos no estaban bromeando. —No vas a poder viajar en un Container Clase SV, no funcionan cuando están abiertos.
—Ya lo sabemos. —contestó Will poniéndose de cuclillas junto a la joven. —Tass tiene un plan.
—¿Plan? —Ahora Mike parecía visiblemente confundido. —No se puede despachar un contenedor sin… ehhh???? —Su exclamación de sorpresa fue tan estridente que Will tuvo que taparle la boca con la mano.
—Silencio! —dijo sin soltarlo.
Mike señalaba la pantalla de la computadora de Tass con insistencia. —Esa es la interfaz de la computadora de la Rio! —murmuró nervioso en cuanto Will hubo retirado la mano de la boca del nervioso copiloto. —¿Como rayos hicistes eso?
—La emulé. —contestó Tass sin dejar de teclear frenéticamente.
—¿Emulaste la interfaz de la computadora?
—Emule toda la Rio Grande.
Mike y Will se miraron confundidos. —Es Tass. —dijo finalmente Will encogiéndose de hombros. —Si ella dice que emuló toda la puta nave es porque realmente lo hizo.
—¿Tass es una Emulator? —preguntó asombrado Mike. —Mierda… mierda! —repitió sin poder creer lo que había escuchado. —Pensaba que los Emulators eran una Leyenda Urbana…. increible.
—Seremos una leyenda, pero no somos despachantes de mercancías intergalácticos Mike. ¿Podrias darme una mano con esto? —preguntó Tass mientras se hacia a un lado y señalaba la pantalla. —Despacharía mucho más rápido el container con Will dentro si me mostraras como lo hacen ustedes normalmente….
Mike dio un paso atrás mientras su semblante perdía el color. —Ah no. —dijo. —Yo no quiero problemas, ni con el Capitán Gray ni con Amanda…. a mi no me involucren.
—Tarde. —dijo Will moviendo la cabeza. —Culpa tuya por andar metiendo la nariz donde no te llaman.
—¿Eh??? —exclamó enfadado el joven. —¡Se supone que yo vine a revisar los contenedores, es mi trabajo!
—Mala suerte entonces… al menos tuvimos suerte que no haya sido el Capitán Gray quien hiciera la revisión en persona.
Mike suspiró y señaló una de las pestañas de la interfaz de carga. —Segundo menú de la derecha, cuarta opción, no pienso darte los códigos del manifiesto porque esos solo los conoce el Capitán…
—No te preocupes, ya los tengo. —contestó Tass como si nada. —Gracias Mike.
El aludido volvió a suspirar, esta vez más profundamente. —Es una locura… Gray se va a dar cuenta enseguida.
Will y Tass levantaron la vista de la pantalla. —¿A qué te refieres?
—A que en cuanto vea que un contenedor SV está funcionando, lo primero que va a hacer es revisar el porque salimos de la Rainbow con una carga cerrada. No es normal.
—Pero por suerte el confiable y eficiente Mike revisó dichos containers y tranquilizará al Capitán. ¿Verdad? —preguntó Will
—Y además estos equipos son viejos… no sería extraño que algún sensor falle de vez en cuando ¿No? —insinuó Tass.
—Ok ok… ustedes ganan. —se rindió Mike. —Espero que puedas aguantar la respiración hasta que salgamos Will. —dijo señalando el contenedor.
Will levantó el pulgar. —Gracias viejo.
—Solamente prometan no delatarme con Amanda… prefiero mil veces enfrentar los puños del Capitán Gray a los horrores de La Torre.
—Los calabozos no son tan malos. —dijo Will encogiéndose de hombros.
—Si… por eso estás escapando de ellos. —contestó Mike aún más intranquilo.
Una serie de pitidos en la computadora indicaron el fin de los preparativos. Tass cerró la pantalla y quedaron solo iluminados por el resplandor de la linterna del copiloto.
—Todo listo. Es hora Will.
El joven abrazó a su amiga y permanecieron un largo rato en silencio.
—Gracias Tass, nunca olvidaré lo que hicieron por mi.
Las lentes de la joven estaban empañadas por la transpiración y ocultaban las lágrimas en sus ojos. —Trataremos de arreglar la situación lo mejor que podamos desde aquí. —dijo entre sollozos. —Cuidate Will, no hagas mas locuras por favor.
—Saluda a los chicos. Prometo regresar en cuanto todo se aclare. —dijo el joven separándose con gran dificultad de Tass.
Mike desconectó el cable de datos del panel y accionó los controles para abrir la pequeña compuerta de emergencia. —Intentaré distraer al viejo piloto, pero no prometo nada Will, todo va a depender de tu buena fortuna.
Will asintió y tomando el bolso se acercó a la puerta que se abría en ese momento.
—Suerte viejo. —dijo Mike.
El joven desapareció en el oscuro interior del contenedor, segundos después la puerta se cerraba tras sí.
—Hice todo lo que pude. —dijo Tass cayendo rendida sobre el piso de metal.
Mike sintió una profunda pena por la joven. Sin saber que mas hacer por sus amigos se limitó a ayudar a Tass levantarse y juntos abandonaron la plataforma, sin percatarse de la solitaria cámara de video de vigilancia remota que había estado siguiendo sus movimientos desde que llegaran a la bahía de atraque.
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