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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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«—¿Qué otros cambios hubo luego de su micronización?» Había preguntado Exsedol. La simple pregunta había disparado recuerdos almacenados en la cabeza de Virya por decenas de ciclos, apartados, casi olvidados. Solo para resurgir como un torrente de fuego enemigo justo delante de sus ojos.
—Cientos, Miles— hubiese querido responderle, pero no lograría nada con eso. Ella era una guerrera Meltran, la mejor guerrera Meltran de toda la flota. No dejaria que ningun otro Zentradi pusiera en duda sus capacidades.
Y sin embargo algo la hacía diferente del resto.
No era solo esa cosa que le colgaba entre las piernas, se había acostumbrado a su presencia luego de todos esos ciclos desde que apareciera tras su misión de rescate. Eran todo el conjunto de nuevas sensaciones, ideas, conceptos, detalles que otras guerreras solían pasar por alto pero eran insoportablemente obvios para la mente de Virya.
Exsedol ya había abordado la nave de transporte dejando a Virya sola en medio de la plataforma. Un pesado silencio había envuelto el interior de la gigantesca fortaleza. Sean cuales fueran los preparativos que había comenzado el Comandante Supremo, ya había culminado.
Estaban a la puertas de la batalla y la flota aguardaba en silencio la orden de lanzarse al combate, pero ni Virya ni su escuadrón formarian parte de ella.
La guerrera dio la espalda al oscuro abismo y se dirigió a su armadura. Pensaba en su primer escuadrón, en Yuwe, en Vaal, también en Dulmei… todas muertas, todas víctimas de alguna de las incontables batallas en las que ella había participado a lo largo de su existencia.
Pero Virya seguía con vida, aferrada a la promesa que hiciera dentro de esa pequeña cápsula de micronización.
«Quiero Vivir» —había dicho.
Pero jamás pensó en el precio que debió pagar para ser lo que era. ¿Y que era ella? Una guerrera, una estratega, una líder.
No, era en realidad una máquina, una simple maquinaria de guerra que había estado rota, pero que con un golpe había vuelto a funcionar. ¿Pero quién había asestado ese golpe? ¿Vaal? ¿Dulmei?
Entró en su armadura, tal y como lo había hecho miles de veces, con un solo movimiento fluido, dejando que sus piernas se deslizaran a través del material gomoso que se pegaba a su traje de vuelo como si una segunda piel se tratase.
Era más fuerte, más veloz, su mente analizaba sistemáticamente el entorno que la rodeaba y le permitía predecir las cosas que sucederían a su alrededor. Y sin embargo algo no encajaba, había una pieza faltante que de alguna forma evitaba que Virya se sintiera verdaderamente completa. Solo al estar dentro de su armadura remitia la sensación y todo su potencial se desplegaba.
Dentro de la cabina del QRau las pantallas se encendieron y la familiar oscuridad dió paso al flujo incesante de información que todos los sensores de su armadura registraban y proyectaban a la piloto para informarle de todo lo que pasaba a su alrededor.
Levantó el brazo derecho y cerró el puño con fuerza, observando cómo las poderosas articulaciones se cerraban sin un solo quejido.
Virya sonrió satisfecha, pero esa sensación conocida fue tan fugaz como su sonrisa.
Ahí estaba ella, lista para el combate, lista para enfrentar sea lo que sea que sus comandantes le pusieran delante, derrotarlo, destruirlo y volver a su base para alistarse al próximo combate.
¿Próximo combate? ¿Y cuando seria eso? Dortrad-Jen había proclamado abiertamente que era una misión suicida. Sin la flota de Kreegan (Que se estrellaria contra la retaguardia del Ejército de Supervisión) la menguada flota no tendría chances contra el grueso del enemigo. Todo esto le resultaba tan evidente… tan…. ¿Inútil?
Si la flota de Dortrad-Jen era destruida ¿A donde volvería el escuadrón de Virya?
Por primera vez en muchos ciclos, Virya contempló seriamente la posibilidad de estar frente a la que podría ser su última misión.
—Consejero Exsedol. —la voz de Virya quebró el silencio de radio. —¿Qué precedentes existen de la misión que estamos a punto de realizar?
El Archivista permanecía de pie en el centro del compartimiento de tropas perdido en sus propios pensamientos. La voz de la Capitana pareció traerlo de vuelta.
—No en esta flota —dijo haciendo una pausa. —No obstante tengo conocimiento de que se ha hecho antes entre los Zentradis.
—¿Y no puede decirme el propósito de esta misión? —pregunto Virya.
—Por órdenes directas del Comandante Supremo, no puedo hacerlo. —respondió secamente el Zentran.
Virya cortó la comunicación y apretó con fuerza el puño, había algo más, estaba segura. Volvió a abrir el canal de radio y se aseguró que todo el escuadrón escuchara su voz. —¿Todas escucharon eso? —preguntó.
El escuadrón completo asintió con un «Sí Capitán!»
—Bien, ahora quiero que cada una me diga lo que piensa…. lo que piensa sobre esta misión, lo que sea…. —hizo una pequeña pausa. —Es una orden.
La sorpresa golpeó a las guerreras como la onda expansiva de un arma de energía. La Capitán Virya jamás había dado una orden como aquella ¿Opinión? ¿Sobre la misión? El silencio en el canal de radio era palpable para todos, especialmente para la Capitan.
Que fuera Maya la primera en hablar no sorprendió en absoluto a la Capitana.
—¿Solo nos enfrentaremos a otras Meltrans? —preguntó. ¿Porque no contra un escuadrón de Zentrans?
Virya sabía que su “consejero” temporal responderia con gusto a cualquier pregunta que no contradijera la orden del Comandante Supremo. Pensaba aprovechar todo lo posible esa valiosa fuente de información. —¿Consejero? —preguntó sabiendo que la respuesta no tardaría en llegar.
—En esta misión solo pueden participar Meltrans. —respondió.
Virya memorizó la información. —¿Alguna otra pregunta?
La voz de Fanra fue la siguiente. —¿Usted también participará de la lucha, Archivista Exsedol?
—Así es— dijo.
—¿Que rayos…? —Fue Tyna la que interrumpió la transmisión con una maldición —¿Tenemos que cuidarlo a él también?
Virya sintió impulsos de ordenar que se callara, pero sabía que Tyna había expresado lo que todo el escuadrón sentía en ese momento.
—Soy parte del escuadrón de la Capitán Virya— dijo Exsedol sin cambiar el tono de voz. —Seré también parte de la batalla.
—Más bien será un blanco más junto a la novata. —Soltó despectivamente Melia.
El canal de radio se llenó de voces que discutían las últimas noticias. Virya no había visto jamás semejante desorden en la radio, pero había ordenado que cada guerrera dijese lo que pensaba. Mantendrá esa orden.
—Maya. —dijo Virya de pronto. —ocúpate de destruir los Archivistas de los dos escuadrones enemigos. ¿Entendido?
—Si Capitán. —exclamó la joven.
—Bien, eso evitará que nos estorbe al inicio de la misión. —exclamó Melia satisfecha.

Virya suspiró y entró al transporte. El escuadrón estaba apostado a los lados del compartimiento de armaduras mientras Exsedol permanecía silencioso en medio del grupo.
—Afuera. —dijo moviendo el brazo derecho. Las seis armaduras restantes levantaron las cabezas al unísono.
—¿Afuera…? —preguntó Melia pero sabia que no tenía sentido decir nada. Era una orden.
—Afuera. —repitió la Capitana. —Vamos a entrar en FOLD fuera del transporte, que solo quede el Archivista dentro.
Las siete armaduras salieron del transporte de a una a la vez y formaron un perímetro alrededor.
—Despeguen. —ordenó Virya.
El pesado transporte despegó seguido del escuadrón de Raus. Tras elevarse una decena de metros, se dirigieron lentamente hacia la enorme esclusa de salida que se abrió solo parcialmente para dejarlos pasar. El panorama que se vislumbraba al atravesar la puerta era completamente diferente al que estaban acostumbrados.
La flota había cambiado su forma, ahora se extendía en dos inmensas alas con la gigantesca fortaleza en el centro. Todos los grandes cruceros de batalla se habían ubicado al frente de la formación, listos para el combate.
—El FOLD de la flota es inminente. —informó el Archivista desde las entrañas del transporte. Al parecer podía ver los alrededores a través de las cámaras de observación de su propia nave.
El Rau rojo de Virya se elevó por sobre la formación y escrutó la flota. —No veo la flota de Kreegan— dijo. —¿Habrán entrado en FOLD?
—No —respondió el Archivista. —Según el plan harán el salto simultáneamente.
Fue Rika quien divisó los pequeños puntos de luz lejanos. —Ahi estan Capitán.
Virya observó con atención la que, de pronto, le parecía una diminuta escuadra de naves ¿Esa pequeña fuerza iba a atacar la retaguardia de la poderosa flota del Ejército de Supervisión? —Vamos allá. —ordenó.
El grupo puso rumbo a la lejana flota a toda potencia.

Mientras se acercaban a las fuerzas de Kreegan la cabeza de Virya no dejaba de pensar en el despropósito del sacrificio. —Kreegan es el mejor comandante de la flota. —dijo en voz alta sin pensarlo. —No deberían enviarlo a morir de esa forma.
El grupo guardó silencio, solo Exedore comprendía el verdadero significado de las palabras de la Capitana.
—No coincido con su análisis. —comentó con el habitual tono de consejero. —Solo un Comandante como Kreegan puede ejecutar un ataque lo suficientemente brutal y preciso para confundir al enemigo y hacerle creer que se enfrenta a fuerzas mucho más numerosas de lo que realmente son.
La guerrera apretó los dientes y no respondió, se estaban acercando a la retaguardia de la flota. De inmediato quedó en claro para todos, no solo para Virya y el Archiviste que no se trataba de una formación corriente.
La flota de Kreegan parecía haberse duplicado en número en las últimas horas, cosa verdaderamente extraña en tan poco tiempo de preparativos y no hacía falta ser un experto en táctica para darse cuenta del motivo.
—Kreegan va a utilizar las naves de soporte. —dijo Tyna asombrada.
Mezcladas entre los destructores y cañoneros de la flota se encontraban todo tipo y clase de naves de suministro, refinamiento y transporte asi como tambien las naves destinadas a acondicionamiento y entrenamiento de nuevos guerreros. Había naves tan dañadas que solo uno o dos de sus múltiples motores funcionaban a duras penas para mantener el ritmo de avance de la flota.
—Debura! —exclamaron varias de las guerreras al observar la extraña mezcla de naves en formación de combate.

A la cabeza de aquel rejunte de naves estaba la enorme Nupetiet-Vergnitzs, con todo su armamento desplegado, lista para entrar en combate. El escuadrón de Virya flanqueó la gigantesca nave por estribor y se adelantó a poca velocidad a lo largo del casco.
Al pasar por la sección media de la nave Virya no pudo dejar de observar la antigua cicatriz que el enorme misil había dejado en la vieja nave. El agujero perfectamente redondo seguía estando allí, chatarra y basura se había acumulado en su interior a lo largo de los ciclos, pero seguía estando igual que siempre. El sacrificio de la Capitana Vaal había salvado la poderosa máquina de guerra Zentradi que ahora sería usada para asestar un golpe terrible a sus enemigos ¿Cuál sería la situación actual si la misión de Virya hubiese fracasado? ¿Estaría Kreegan al mando de una nave más pequeña? ¿La estrategia sería diferente? ¿No tendría que luchar contra su propia gente en esa especie de prueba de combate?
Su cabeza creaba situaciones y escenarios cada vez más complejos, tratando de evaluar cada una de las alternativas que sus acciones podrían haber cambiado de haber resultado diferentes, Virya no quería saber nada de eso, no quería saber nada con el pasado, solo le interesaba el ahora, su armadura, su escuadrón, incluso a su Archivista Temporal, eran su responsabilidad.
—Los combates no se ganan con recuerdos. —murmuró y recordó la respuesta de Exsedol.
Pero ella era algo más que una simple guerrera.
El escuadrón había llegado a la proa de la Nave Capital cuando Virya levantó la mano y ordenó cortar el impulso. Ahora todos se movían a la misma velocidad con relación a la nave de Kreegan atrapados en el ligero campo gravitatorio que los rodeaba.
No había ventanas en la Nupetiet-Vergnitzs, pero Virya estaba segura que en esos momentos la imagen de su escuadrón estaba siendo proyectada en las enormes pantallas que se erguía frente al propio Comandante Kreegan. Casi de inmediato una comunicación de video se proyectó frente a las cabinas de todos los integrantes del escuadrón.
La imagen del Comandante ocupó toda la superficie de la proyección, se encontraba de pie, cruzado de brazos y con la misma expresión que recordaban la primera vez que lo vieron, al menos la que tenía momentos antes de abalanzarse sobre la Capitán Virya e intentar aplastar su garganta.
—Capitán Virya. —dijo el enorme Zentran mirando fijamente la pantalla. —No esperaba volver a verla.
—Ni yo —respondió la guerrera. —Nuestros Puntos de Salto coinciden, eso es todo.
Era una mentira y Virya estaba segura que tanto Kreegan como Exsedol lo sabían, pero había aprendido que a veces no importaba tanto lo que uno decía, sino lo que no se decía. Como si algunas palabras tuvieran más importancia cuando no se pronunciaban en voz alta.
El Comandante hizo una mueca… ¿Era una especie de sonrisa? ¿Podían hacer eso los Comandantes?
—Ya veo. —dijo simplemente. —Le agradezco que se haya detenido un instante antes de su misión ¿Como se siente tener a un Archivista bajo su mando? —preguntó.
—Es útil. —contestó con soltura. —Sabe muchas cosas.
—Exacto— respondió Kreegan y el atisbo de sonrisa se borró de su rostro. —El Archivista Exsedol concentra todo el conocimiento de nosotros los Zentradis y nuestras batallas en esa cabeza… le sugiero, Capitán Virya, que haga lo posible por cuidar que se mantenga lo más intacta posible.
—Lo mismo me atrevería a sugerirle a usted. —dijo Exsedol. —Aunque esta vez mi consejo no le sea de provecho.
El poderoso Zentran pareció mirar directamente hacia donde estaba su Archivista, como si de alguna forma pudiera detectar su presencia a través de las enormes capas de metal y espacio vacío que los separaban en ese momento. —Tengo mis órdenes y las cumpliré hasta el final, mi supervivencia no es algo a tener en cuenta durante esta batalla.
—Que sea una gran victoria. —respondió el Archivista desde la oscuridad del transporte de tropas. —Ha sido todo un honor servir bajo su mando.
—Opino igualmente. —aseguró tajante Kreegan. —Procure ser igual de eficiente con su nuevo Capitán. —El Zentran levantó la vista y miró fijamente la pantalla. —Capitán Virya.
—Si señor!
El Comandante permaneció inmóvil unos segundos, como si se preparara para algo. —Gracias. —dijo simplemente.
La guerrera no estaba segura de porqué había sucedido, pero de alguna forma su boca se había abierto de par en par..
—Gracias por traer al Archivista Exsedol hasta aquí.
Virya no sabia que responder, pero algo en su interior le dijo que en ese momento no había nada que pudiese decir que valiese más que el silencio. Asintió en silencio, sabiendo que en ese momento Kreegan, Exsedol y ella, por increíble que pareciese, estaban pensando lo mismo.
—Es hora. —dijo Kreegan extendiendo el brazo. —Es hora de cumplir nuestra misión, de hacer lo que fuimos creados para hacer.
—La destrucción de nuestros enemigos! —El grito salió de cada una de las armaduras del escuadrón de Virya.
Sin decir una palabra mas los guerreros se separaron, cada uno en pos del cumplimiento de su propio destino. Los motores rugieron y en pocos minutos las luces de la flota de Kreegan no eran más que otro puñado de estrellas en la Galaxia.
Volaron en silencio, siguiendo la ruta que el Comandante Supremo había trazado para ellas cada vez más lejos de la flota.
—Alto. —dijo Virya de pronto.
El escuadrón se detuvo en el acto y formó alrededor de Virya y el transporte de Exsedol.
—Es hora. —exclamó el Archivista y todos levantaron la vista en la dirección en la que habían venido.
Una terrible explosión de luz encendió el espacio, como una masiva supernova de energía que transformó brevemente la negrura en pura luz esmeralda. La Flota de Dortrad-Jen saltaba en ese momento al espacio FOLD simultáneamente.
La batalla estaba a punto de comenzar.
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